Opinión

¿Por qué todo el mundo odia a Juan Carlos Sánchez?

Es noticia
Juan Carlos Sánchez (Foto: Real Madrid)
Juan Carlos Sánchez (Foto: Real Madrid)

Desde que existen las redes sociales, la demoscopia es una ciencia que ha perdido valor. ¿Para qué gastarse las perras en encuestas a pie de calle cuando solo abriendo el portátil y metiéndote en Twitter, X o como diablos se llame ahora ya sabes la opinión de la gente, o, como se dice en plan cursi, «el sentir general»? En fin, que esto viene a lo del título: te pones el traje de buzo para sumergirte en esas cloacas cibernéticas y te cuesta Dios y ayuda encontrar una opinión favorable sobre el regreso de Juan Carlos Sánchez como responsable máximo de la sección de baloncesto del Real Madrid.

Y no es que se estén publicando pocos juicios de valor en estos días de furia y trueno en la canasta blanca, que todavía intenta quitarse la lanza en el costado que ha supuesto el «nadaplete» de una temporada que pudo ser maravillosa y acabó en naufragio. Tras unas semanas de titubeo, el dedo de Florentino Pérez no ha sentenciado a nadie en concreto, sino más bien ha repuesto —aunque nunca se marchó, ejerciendo de asesor externo— al «arquitecto» de una fase prolongada de éxitos que empezó en 2010 y terminó en 2025.

Sánchez vuelve con todas las de la ley y eso ha llevado automáticamente a la marcha voluntaria del dúo que le sustituyó, encabezado por Sergio Rodríguez y completado por Martynas Pocius, dos jugadores que estuvieron bajo su mando durante algunas temporadas. Ambos optaron por la siempre digna decisión de coger la puerta y marcharse cuando crees que vas a estar bajo las órdenes de alguien a quien no soportas. Muchas veces, porque hay que comer, tienes que aceptarlo en esta cruel vida. Hay que tener estómago para seguir dándole contenido que deglutir. Bien por el «Chacho» y Pocius y más leña para la turba contra Sánchez. Juan Carlos, aclaro.

¿Pur qué?

Sí, venga. Ahora que ha vuelto José Mourinho, el madridismo debe revisitar su léxico. ¿Pur qué? En teoría, JCS, como es conocido para abreviar, debería haber dejado un excelente recuerdo en el madridismo baloncestístico, que completó la segunda mejor era de su gloriosa historia durante su reinado, solo superada por la iniciada por Pedro Ferrándiz y culminada por Lolo Sainz a lo largo de dos décadas de dominio nacional (absoluto) y europeo (parcial).

Sánchez recogió una sección deteriorada, en la que era noticia conseguir llegar a finales y no ya digamos ganarlas. Y aunque la apuesta en el banquillo por Ettore Messina, que parecía segura, salió mal, eso dio paso al giro salvaje que aparejó la entrada de un Pablo Laso entonces de perfil bajo. Sin embargo, conseguiría éxito tras éxito, además de ensamblar un estilo de juego que enganchó a una afición que venía muy descreída. Los días intrascendentes en La Caja Trágica parecen ya la Edad de Hierro.

¿Todo el mérito fue de Laso? Es una simpleza. El club, con una estructura potente encabezada en los despachos por Alberto Herreros y Alberto Angulo, tuvo multitud de aciertos en el mercado. En eso también JCS tuvo mucho que decir, si bien parece que su mayor mérito fue seguir convenciendo a Florentino Pérez de que merecía la pena sostener un ambicioso presupuesto que cada vez marcaba más las diferencias respecto a un Barça a la baja. Las hordas de tuiteros desconfiaban de algunos detalles del encargado de la sección, pero tenían que callar ante los siempre inflexibles números.

El que tenga un rato, que mire en Google los títulos sumados desde 2010 a 2025, incluyendo los del trienio de Chus Mateo en el banquillo, otro de perfil bajo que entendió muy bien lo que era ese banquillo. Sin embargo, en la salida de Laso y cómo se produjo, Sánchez se dejó muchos jirones de su frágil popularidad. Se agarró a los problemas de salud del entrenador —un infarto en plenos playoffs— para despedirle. Se sabía que las relaciones eran entre malas y pésimas entre ambos y aquello no estuvo nada bonito. Florentino, que tenía debilidad por Laso, demostró entonces que la tenía más aún por Sánchez. Se sabe que su círculo de confianza es muy escaso.

Sergio Scariolo, propuesto por Juan Carlos Sánchez
Sergio Scariolo (Foto: Cordon Press)

A esas alturas a JCS se le llamaba despectivamente «El Mesonero», por aquello de que era uno de los dueños de un templo gastronómico del madridismo: el Asador Frontón. La verdad es que esto es lo que, humildemente, menos entiendo de todo, con las alegrías que los mesoneros han dado, dan y darán a millones de personas…

Al JCS sin Laso le fue, queda dicho, mejor que a Laso sin JCS: el entrenador vitoriano, aunque sin reproducírsele los problemas cardíacos, sale desde entonces a equipo por año y no ha logrado enamorar con su propuesta ni en su lugar de nacimiento.

La herencia de Juan Carlos Sánchez

Algo pasó hace poco más de un año que se nos escapa a los mortales, una concatenación de momentos que hasta se están demostrando contradictorios estos días. Juan Carlos Sánchez fue instado a dar un paso al lado en la dirección de la sección y cedérsela a Sergio Rodríguez, que traía un aire de modernidad y de carisma indiscutibles. Sin embargo, no pudo elegir entrenador para su primer proyecto: se encontró con un Sergio Scariolo ya fichado por el propio Sánchez, está claro que con el «ok» explícito de Florentino. Se buscaba inequívocamente el «aura» de un seleccionador absolutamente mítico, quizás el mejor de la historia del baloncesto FIBA, aunque de recorrido en el baloncesto de clubes mucho menos lustroso.

En eso no cayó nadie y en general el cambio no fue discutido, más allá de lo desagradable que es que lo supiesen hasta los acomodadores del Movistar Arena mientras que el equipo estaba aún en competición. Aunque sus últimas «Españas» no avanzasen en las citas inmediatamente anteriores, quedaba de «Seryo» no ya el aroma de la época dorada de los Gasol y cía, sino la quimera completada de ganar tanto un Mundial, el de 2019, como un Europeo, el de 2022, con recursos más bien modestos. Además, y más allá de la caricatura de la gomina y de lo bien que viste esta gente, venía acompañado de un discurso potente, de un cuerpo técnico muy a la última y de, lo más importante, más dinero para gastar con la complicidad de Sergio Rodríguez y Pocius. A esas alturas, Alberto Herreros estaba fuera y Sánchez seguro que observaba con curiosidad qué podría pasar.

La maldición del OAKA

Y lo que pasó fue el sainete que hemos visto desde la Final Four de la Euroliga para acá: cómo es posible tal metamorfosis cuando los elogios inundaron a Scariolo por la dignidad con la que primero accedió al partido por el título, venciendo a un Valencia Basket que venía fortísimo, y después por cómo plantó cara a un transatlántico como el Olympiacos, que jugaba en casa. El Real Madrid era ya por entonces una fragata ligera sin sus dos anclas, Edy Tavares y Alex Len, y para colmo el tercer «5», Usman Garuba, se lesionó en el primer partido de Atenas.

Sin entrar en disquisiciones arbitrales, que a mí siempre me dan cosica por lo viscerales que nos vuelven, ¿qué hubiese pasado si el triple de Andrés Feliz entra para forzar la prórroga? Se lo preguntaba el graciosamente cáustico Pablo Lolaso el viernes en la plaza pública. En aquellos días todo eran alabanzas para Scariolo y su minuciosidad preparando la cita, dándole la vuelta a la ausencia de sus «grandes». Parecía baloncesto del siglo XXII, sin posiciones, atacando el aro, con hasta Mario Hezonja centradito. A esas alturas Sánchez seguramente no pensaba aún en que volvería como «macho alfa» de la sección.

Felipe Reyes, Sergio Rodriguez y Rudy Fernandez, entre otros, no conformes con Juan Carlos Sánchez (Foto: Cordon Press)
Felipe Reyes, Sergio Rodriguez y Rudy Fernandez, entre otros (Foto: Cordon Press)

Pasó lo que pasó ante La Laguna, con el equipo totalmente caído, y se precipitó todo, con muchos dedos (esta vez acusadores) contra el técnico de Brescia, aunque por momentos el debate quedó solapado por las elecciones de Florentino versus Riquelme en las que, y esto sí que duele, se habló poquito de baloncesto. Cuando Pérez ha recuperado el sillón que nunca dejó, arreció la tormenta, con tiras y aflojas sobre la continuidad o no de Scariolo y la reposición completa de JCS, claro triunfador de la crisis. Los «insiders» del Madrid dicen que su relación con el «Chacho» fue casi siempre mala. Gasolina para el fuego de las redes porque el exbase canario siempre ha caído sensacional a todos con su «buenrollismo» fuera y dentro del parquet. Laso, otro antiguo director de juego, era un poco lo mismo, aunque intentase hacerse el malote en los tiempos muertos. El ritual de lo habitual, pero es que Florentino, como la gente realmente importante, no tiene Twitter, que se sepa.

Lo último es que la primera decisión del reinstaurado régimen ha sido ratificar a través de los canales habituales a Scariolo, beneficiado quizás porque el hipotético interés en Zeljko Obradovic y Thiago Splitter no ha prosperado. Eso y que además tendría que cobrar cinco millones de eurazos si se le quiere echar porque le quedan dos años de contrato. Pero quizás falte todavía un partido por jugarse en los despachos de la planta noble, los títulos de crédito finales de esta peli todavía no han salido. Y mientras, el Barcelona, que lleva un curso deficiente en Copa, Euroliga y temporada regular de la Liga Endesa, jugándose el título con el Valencia Basket. Con lo que eso duele…

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*