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Yuta Tabuse: «Voy a aguantar hasta que Rui vuelva a Japón»

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Los Ángeles, 7 de abril de 2026. Rui Hachimura (28), de Los Angeles Lakers, lanza ante Shai Gilgeous-Alexander (2), de Oklahoma City Thunder, durante un partido de la NBA en el Crypto.com Arena. Fotografía: Ringo Chiu / ZUMA Press Wire.

Hachimura pregunta primero, casi de pasada, como quien no quiere saber la respuesta: «¿Cuánto tiempo más piensas jugar?». Al otro lado de la pantalla, un hombre de cuarenta y cinco años que mide 173 centímetros que lleva diecinueve temporadas en el mismo club contesta sin pensárselo: «Voy a aguantar hasta que vuelvas a Japón». Se ríen los dos. Hachimura, que acaba de firmar por su tercer equipo en la NBA, tarda un segundo en darse cuenta de que aquello no era del todo una broma. «¿En serio? Pues entonces va a ser bastante tiempo».

El intercambio forma parte del cara a cara entre ambos como antesala de la retransmisión en directo del Black Samurai Summit. No es una entrevista al uso: quien pregunta durante casi todo el metraje es Yuta Tabuse, el primer japonés que jugó en la NBA, que ese mismo día quedaba anunciado como comentarista del partido. Enfrente, Rui Hachimura, el mejor jugador que ha dado su país, recién salido de la mejor temporada de su carrera. Hablan de drafts, de aviones, de por qué a los adolescentes japoneses les cuesta tanto pedir el balón, y de una palabra que un entrenador estadounidense le escribió a Hachimura hace diez años.

La llamada llega un minuto antes

Tabuse arranca por donde arrancaría cualquier aficionado. «Yo vi tu draft», le dice. «Cuando te eligen, ¿te avisan antes o no tienes ni idea?».

«De verdad, como un minuto antes —responde Hachimura—. Llaman al agente. Y el agente te llama a ti. Entonces es cuando lo sabes de verdad».

«¿Y al día siguiente ya estás volando?».

«Al día siguiente o ese mismo día. Depende del equipo, porque algunos están lejos».

La escena ocurrió hace ocho años y sigue siendo el pico histórico del baloncesto japonés cuando, en junio de 2019, Hachimura elegido en el número nueve por los Washington Wizards. Primer japonés seleccionado en primera ronda. Tabuse llegó a la NBA por la puerta de atrás, sin que nadie pronunciara su nombre desde un atril. Se ganó el puesto en la plantilla inicial de los Phoenix Suns en 2004 después de una pretemporada entera demostrando que un base de 173 centímetros podía sobrevivir entre los mejores jugadores del mundo.

«Sé un tigre»

Durante la conversación Tabuse desentierra un recuerdo de 2015. Hachimura tenía diecisiete años y era el único estudiante de instituto convocado con la selección absoluta japonesa. Tabuse, que regresaba a la lista de candidatos tras cuatro años de ausencia, dijo entonces a la prensa que le daba envidia. En el vídeo lo cuenta con gracia.

«Tú eras un chaval de instituto y no te cortabas absolutamente nada —le dice—. Te daba igual quiénes fueran los veteranos. No te aprendías las jugadas ni de broma —risas—, pero salías a la pista a expresarte a tope. Fuimos juntos de gira a Taiwán, creo, y en los últimos partidos jugaste y te llevabas todos los rebotes. Ibas a por absolutamente todos. Eso se me quedó grabado».

Hachimura recoge el guante y lo convierte en la tesis de todo su proyecto:

«Lo que siempre les digo a los chavales es que se expresen. Que eso es lo más importante. El baloncesto es un deporte de equipo, pero la expresión individual también es fundamental, porque es lo que ve un entrenador cuando decide ‘quiero a este jugador por que sabe hacer esto’. Y nosotros, como japoneses, ya sabemos cómo somos: lo primero que nos enseñan es a ser humildes, a no destacar. Fuera de la cancha me parece bien. Dentro de la cancha creo que es malo».

Lo aprendió a golpes al llegar a Gonzaga. «Lo primero que me dijo el entrenador fue justo eso: que era demasiado humilde. Me pidió que fuera más agresivo, que me expresara, que me vendiera». Y entonces suelta la frase que subyace durante toda la entrevista, y que dice dos veces, en inglés y en japonés, como quien recita un mantra que no ha olvidado nunca:

«Me dijeron: sé un tigre. Conviértete en un tigre».

El 7 de agosto de 2026, tres semanas después de grabarse esta conversación, Sato Kuon, alero de segundo curso del instituto Higashiyama, contaba a la prensa en Nagoya que al llegar al Summit había recibido una carta de Hachimura. Dentro, escrito a mano, ponía Be a tiger. El chico, que se había ganado la plaza ganando un uno contra uno en el campus de Kobe, lo tradujo a su manera: «Sacar todo mi ego y lanzarme como un tigre, como un loco». La frase que un entrenador estadounidense le regaló a un japonés de dieciocho años que no sabía inglés ha tardado una década en volver a Japón cerrando el círculo.

Dubái, Nueva York, Toronto

El Black Samurai Summit existe porque Hachimura hizo inventario de su propia adolescencia. En la entrevista enumera: el Mundial sub-17 de Dubái, el Jordan Brand Classic en Nueva York, una academia de la NBA en Toronto. «Yo no sabía inglés, y en sitios así era donde de verdad podía comprobar en qué nivel estaba mi baloncesto. Eso en Japón era difícil de saber. Ahí veía lo que me faltaba y lo que sí me funcionaba».

Aquel Mundial de Dubái, agosto de 2014, merece una nota al pie que él no da. Japón perdió contra Estados Unidos por 122-38. De los 38 puntos de su equipo, Hachimura anotó 25. Terminó el torneo como máximo anotador con 22,6 de media. Tenía dieciséis años y acababa de descubrir simultáneamente el abismo y su propio talento.

De ahí sale la idea: importar el escenario. Este año la segunda edición se celebró del 6 al 8 de agosto en el IG Arena de Nagoya, fusionada por primera vez con la concentración de la selección sub-18 tras una petición del propio equipo de Hachimura a la federación japonesa —«sin la JBA no podíamos reunir a los mejores del país»—, con diecisiete jugadores invitados, Tommy Lloyd —su entrenador en Gonzaga, hoy al frente de Arizona— y Phil Handy, asistente de los Mavericks, sobre la pista. Y el último día, un partido de cuarenta minutos ante diez mil personas, retransmitido en abierto por televisión nacional.

Lo de la televisión fue idea suya, y lo explica sin rodeos: «El tamaño. Hacerlo en directo, que todo el país esté mirando, con el pabellón lleno. En Gonzaga eso era todos los días, cada partido en televisión nacional. Y ahí sientes la presión. Poder hacer tu juego dentro de eso es lo importante. No es lo mismo que jugar en el gimnasio de un instituto».

Tabuse, que a los diecisiete fue seleccionado para el equipo mundial júnior y jugó el Hoop Summit, asiente desde la experiencia contraria. «A mí me pasó igual. Salir ahí, ver a jugadores NBA dando un clinic en el instituto… fue lo que hizo que quisiera intentarlo de verdad. La chispa es lo importante. Después ya depende de cuánto kakugo tengas» —y usa la palabra de Hachimura, esa que él repite siempre y que significa algo entre la determinación y la aceptación del precio— «para no dejarte llevar por lo que digan alrededor».

Lo que vio en las chicas

Cuando Tabuse le pregunta por el nivel de los institutos japoneses en la edición anterior, Hachimura responde que fue más alto de lo que esperaba, y añade algo que no le habían preguntado:

«Sobre todo las chicas. Con las chicas me quedé de piedra, el nivel era altísimo. Y absorben rapidísimo. Les enseñas algo mínimo y escuchan de verdad. Phil también lo decía: mejoran porque escuchan. En el campus lo veías de un día para otro».

También le sorprendió el reverso: chicos que no habían jugado ningún torneo nacional y que en el campus estaban entre los tres mejores. «Estos campus generan esa oportunidad. Le dan una puerta a chavales que hasta ahora no tenían ninguna». Tabuse remata: dar opciones es la tarea de los adultos.

Hasta que vuelvas

La última parte del vídeo es una negociación disfrazada de cortesía. Tabuse le pide, entre risas, que se venga a Utsunomiya. Lo hace dos veces. Hachimura contesta que Toyama —su tierra— pesa, claro, pero que lo que de verdad quiere es jugar en Japón. «No sé cuándo ni dentro de cuánto. Supongo que hacia el final de mi carrera. Estaría bien poder hacerlo entonces».

El 5 de agosto, en el campus de Kobe, lo dijo ya sin condicionales: quiere terminar su carrera en la B.League. El 22 de agosto la gira del proyecto llega precisamente a Toyama, bajo el rótulo Homecoming.

Y entonces Hachimura devuelve la pregunta, y Tabuse responde lo que responde. Conviene medir la frase: cuarenta y cinco años, base, 173 centímetros, la temporada pasada ocho partidos en la B1 con dos minutos y veintidós segundos de media y 1,1 puntos por encuentro. El 30 de junio Utsunomiya le renovó para su decimonovena temporada consecutiva en el club. Es el jugador de mayor edad de la liga y hace tiempo que su función no se mide en estadísticas.

«Yo quiero alargarlo un año más, aunque sea —insiste—. Voy a intentar llegar».

Hay una simetría que ninguno de los dos menciona y que la hemeroteca guarda con paciencia. En la historia de la Winter Cup, el torneo de institutos que ordena el baloncesto japonés, solo tres jugadores han entrado en el mejor quinteto tres años seguidos: Yuji Miura, Yuta Tabuse con el Noshiro Kogyo entre 1996 y 1998, y Rui Hachimura con el Meisei entre 2013 y 2015. En 1998 la generación de Tabuse clasificó a Japón para un Mundial júnior; no volvió a conseguirlo nadie hasta que en 2013 lo logró un chico de Toyama. La lista, leída entera, es una carrera de relevos con dos corredores y quince años de hueco entre ellos.

Ese hueco es exactamente lo que el Summit intenta que no vuelva a abrirse. En la entrevista, Tabuse lo formula como una queja suave: después de Hachimura y de Yuki Kawamura no aparece nadie que pueda plantearse el salto. Habló demasiado pronto. El 9 de agosto, un día después del partido de Nagoya, Kawamura firmó un contrato Exhibit 10 con Los Angeles Clippers, el equipo con el que Hachimura acordó en julio dos años y 28 millones de dólares tras tres temporadas y media en los Lakers. Si ambos entran en la plantilla inicial, será la primera vez que dos japoneses compartan vestuario en la NBA.

Mientras tanto, un hombre de cuarenta y cinco años seguirá saliendo ocho o diez veces por temporada a una pista de la B.League, jugando dos minutos, para que el día que Rui Hachimura vuelva a casa quede alguien esperándole en la cancha. Aguantar hasta que vuelvas: no es una broma de despedida, es la forma más terca que existe de pasar el testigo.

Nota del editor: en este artículo se ha utilizado Claude Opus para la traducir del japonés.

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