Gimnasia

Li Xiaopeng: ocho años para una recepción perfecta

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Li Xiaopeng celebra el oro de barras paralelas en el Gimnasio Nacional de Pekín, el 19 de agosto de 2008. (Foto: Xinhua)

Gimnasio Nacional de Pekín, agosto de 2008. Huele a magnesia y a moqueta nueva. En la grada hay centenares de banderitas rojas plegadas sobre las rodillas de los asistentes, esperando una orden que todavía no ha dado nadie. Sobre el aparato, un hombre de un metro sesenta acaba de soltarse de las barras girando hacia atrás, y lo que ocurre cuando aterriza es que no ocurre nada: ni un ajuste de talón, ni un dedo abierto buscando el equilibrio, ni ese medio pasito que en gimnasia cuesta una décima y que aquella tarde costaba una biografía entera. Nada. Li Xiaopeng se queda clavado en la colchoneta y levanta los brazos.

16,450. Oro.

Con esa nota, un gimnasta de veintisiete años que llevaba dos temporadas entrando y saliendo del quirófano se convirtió en el primer hombre de la historia olímpica en ganar dos veces el mismo aparato individual de forma no consecutiva: Sídney 2000, Pekín 2008. Detrás quedaron el coreano Yu Won-cheol (16,250) y el uzbeko Anton Fokin (16,200), que se llevó a Tashkent la primera medalla de su país en el aparato. Pero empecemos por el principio.

Once días antes, el 8 de agosto, un hombre nacido en 1963 había echado a correr por el aire. Iba enganchado a un cable, a decenas de metros del suelo, dando zancadas sobre el borde superior del Nido de Pájaro mientras a su costado se desplegaba un pergamino de fuego. Corría sin avanzar, como se corre en los sueños. Se llamaba Li Ning, había ganado tres oros en Los Ángeles 1984 y aquella imagen fue el instante que China eligió para presentarse ante el mundo.

Li Xiaopeng nació en Changsha, capital de Hunan, el 27 de julio de 1981, y empezó a entrenar a los seis años porque había visto competir a Li Ning. A los doce estaba en el equipo provincial; a los quince, en la selección nacional; a los dieciséis ganó el oro por equipos en el Mundial de Lausana de 1997 y se convirtió en el campeón mundial más joven de la historia de su país. En paralelas, aquella vez, fue plata.

Ese mismo año una lesión de codo le complicó el caballo con arcos y le cerró, en la práctica, cualquier aspiración al concurso completo. La renuncia resultó ser una carrera al especializarse en salto y paralelas, siendo prácticamente imbatible en ambos durante una década. Tianjin 1999, primer título mundial individual. Sídney 2000: el primer oro olímpico por equipos de la gimnasia masculina china y, cuatro días después, el oro individual de paralelas con diecinueve años. Anaheim 2003: tres oros y el título de mejor gimnasta del mundo. La Federación Internacional acabó bautizando dos elementos con su apellido, uno en cada aparato.

Atenas 2004. China se hunde hasta el quinto puesto por equipos. Li llegaba como favorito al salto, trastabilló en la carrera de aproximación, se fue al suelo en el primer intento y terminó séptimo. En paralelas, invicto en grandes citas desde 2000, se conformó con el bronce. Detrás de todo aquello había un pie y un tobillo que llevaban años dándole problemas.

Plata en el Mundial de Melbourne de 2005, agravando la lesión. Quirófano en China en enero de 2006. Regreso en diciembre para ganar la final de Copa del Mundo en São Paulo. Fractura de talón durante el ejercicio de suelo en el Mundial de Stuttgart de 2007. Llegó a plantearse la retirada porque le faltaba motivación para continuar. A Li Xiaopeng se le dio por amortizado.

La final de barras paralelas se disputó el martes 19 de agosto de 2008, de seis a seis y veintiocho de la tarde. Veintiocho minutos para ocho hombres.

Li había clasificado primero, con 16,425. En el octavo puesto de la calificación quedó el coreano Kim Dae-eun con 16,050, exactamente la misma nota que el alemán Fabian Hambüchen, noveno; como Corea ya tenía dos finalistas y el reglamento limita a dos por país, Kim se quedó fuera y Hambüchen entró.

¿Qué necesitaba Li aquella tarde? Ser perfecto, literalmente: su ejercicio no era el de mayor dificultad del turno y solo podía sacar ventaja por ejecución. No le sobraba ni una décima, ni un ajuste, ni una duda.

Duró menos de un minuto. Abrió con un vuelo de un extremo al otro del aparato que dejó a la grada a mitad de camino entre el aplauso y el susto. Enlazó la suspensión de brazos que lleva su apellido en el Code of Points. Encadenó las grandes vueltas sin un chirrido de agarre. Y salió en doble mortal para caer sobre un pie que le habían operado dos años y siete meses antes.

No se movió nada.

Fue el cuarto oro olímpico de su carrera, y con él superó a Li Ning en número de grandes títulos internacionales. El hombre del cable, que once días antes había corrido por el aire delante de mil millones de personas, felicitó públicamente al niño que había empezado a entrenar por su culpa. Y le supo a gloria.

Li se retiró a finales de 2009. En junio de 2010 se casó en Los Ángeles con Angel Li, hija de dos gimnastas, a la que había conocido en el Mundial de Anaheim de 2003, donde su suegro hacía de intérprete de la selección china. En enero de 2012 nació su hija Olivia, y poco después padre e hija se convirtieron en habituales de un programa de telerrealidad de la televisión de Zhejiang en el que los padres se quedan cuarenta y ocho horas a solas con sus hijos. Li empezó a decir en las entrevistas, con esa clase de orgullo que solo se puede tener en broma, que la niña tenía más seguidores que él.

En 2019 entró en el Salón Internacional de la Fama de la Gimnasia. En el reglamento de la Federación Internacional, junto a unos monigotes esquemáticos dibujados a línea, aparecen dos elementos con su apellido. Cualquier chaval que hoy suba a unas paralelas en Changsha, en Cheltenham o en Cornellá puede ejecutar un Li Xiaopeng sin saber quién fue.

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