Pasado el tiempo, el nombre de Martín Fiz (Vitoria, 1963) ha pasado a estar en la categoría de iconos, igual que se dice «vamos Indurain» a cualquiera que monta en bicicleta, o «magefesa» a todas las ollas exprés. Sabemos que es algo generacional así que, para entender la amplitud de su significado de una manera atemporal, vamos a sentarnos a intentar condensar algunos de los momentos centrales de su carrera como maratoniano. Hay mucho aficionado a correr que la desconocerá.
A sabiendas de que necesitaríamos muchas más horas, Martín, todo amabilidad, nos acoge en su hogar luciendo su tradicional rostro canoso sin afeitar y un chasis de sesenta y dos años que generaría envidia en cualquier evento deportivo. Detrás de donde nos sentamos, enmarcadas con sobriedad (estamos en Vitoria), cuelgan medallas de campeón del mundo, campeón europeo, Medalla de Oro al Mérito Deportivo y la Medalla de la Orden Olímpica y un ramillete de reconocimientos del mundo del deporte. Lo negará, porque Martintxo es así, pero hubo unos años en los que nadie discutió su posición en el olimpo del atletismo.
Viene de entrenar quince kilómetros en los que ha incluido bloques a ritmos a los que el entrevistador solamente ha llegado esprintando. Para sorpresa de nadie, es la manera que tenemos de romper el hielo los aficionados al atletismo. Disculpen nuestra simpleza. También es nuestro encanto.
Eres un vitoriano un poco de Tamames, en Salamanca. Hijo de la generación emigrada del campo. De gente con el hábito de trabajar como animales y que siempre miró por tirar hacia adelante.
Sí, mis orígenes están en Salamanca, en Tamames. Pero yo nací ya aquí. Tengo un hermano mayor, Aquilino, que sí nació allí pero mis padres ya vinieron a Vitoria a intentar sacar la familia adelante. Mi padre trabajaba en lo que antes se llamaba Forjas Alavesas, que ahora es Acenor, en la rama de la siderurgia. Y tuvimos una infancia dura. Mis padres, dentro de lo que cabe, me dieron todo lo que necesitaba, todas las facilidades. Y eso que yo, en los libros, iba lo justo. Claro, qué se iban a imaginar mis padres que este muchacho se iba a dedicar a esto. Mi padre ya ha fallecido pero aún a mi madre le cuesta pensar, dentro de sus esquemas, cómo he pedido vivir profesionalmente de correr.
¿Fuiste un crío que a todos lados iba pegando saltos y corriendo?
Yo era de la generación de críos de jugar en la calle, dando patadas a un balón o a un bote o lo que quisiera. Pero sí es cierto, he sido bastante nervioso.
Lo que es cierto es que en los años 60 había pocas opciones deportivas. O tirabas para el fútbol, a un incipiente baloncesto o a correr, el deporte de los colegios.
Tengo que decir que de pequeño era muy futbolero. Me hubiera encantado haber jugado con la cantera del Alavés. Es más, estuve jugando con el Txingurri Valverde desde siempre. Veías que tenía talento desde pequeño, el tío siempre metía goles, hasta con la chepa. Ernesto es un poco más joven que yo, tendrá 58 o 59 ahora.
Y coincidíais en el descampado.
Sí, sí, él vivía en un barrio muy obrero de Vitoria, en Adulza. Y yo vivía en Zaramaga, en Reyes Católicos que también era otro barrio obrero.
En el atletismo empiezas…
Tuve la suerte que mis padres me dieron ese talento para correr. Y me encontré con un profesor de matemáticas que era un romántico del deporte. Pero de esos que en lugar de emplear los domingos a dedicarse a su familia, se dedicaba a llevarnos a los crosses, al campo a través del norte. Y no veas, la gente que llevaba eran atletas jóvenes como Maite Zúñiga, que estudiaba en el mismo colegio que yo. Y hasta compartimos clase, y luego atleta internacional. Que todavía mantiene el récord de España de 800 metros desde el año 88.
Otro ejemplo de un profesor que descubre talentos. Es impresionante esa primera labor de los ojeadores. Tienes que haber visto mucho atletismo para identificar un potencial. Ves cómo echa el tranco un chaval, cómo pisa de puntera.
Así es, efectivamente. Yo creo que por la experiencia, nosotros tenemos un don especial para saber qué persona o qué niño tiene capacidades y talentos para correr. Por ejemplo, en el aspecto del fondo, por la calle, entre gente de origen africano que vienen a vivir a España, tienes a muchos de esos niños que ya corriendo por la calle tienen una forma de correr, un estilo y demás. Joder, yo si tuviera la suerte de poder ojear a la gente por aquí. Y claro, que luego los chavales respondan, que estamos hablando de que les guste correr, no que quieran ser Lamine Yamal, que es el camino más rápido al dinero.
Seguimos con los detectores de talento. Tú terminas con una figura como la de Gregorio Rojo, un padre del atletismo español. ¿En qué año das con él?
Yo era categoría Junior. Yo primero estuve entrenando aquí con Víctor Clemente; luego Víctor Clemente se dedicó un poco a entrenar más con el equipo de chicas entre las que estaba Maite Zúñiga y demás, entonces yo entré con otro entrenador aquí en Vitoria que se llamaba Faustino Castillo. A partir de entrenar con él yo ya vi que me podía dedicar más o menos al atletismo como carrera. En categoría junior ya empezaba a despuntar a nivel nacional, incluso ganando títulos de campo a través, y entonces ya di el paso de entrenar con Gregorio Rojo, que allá por entonces entrenaba a José Manuel Abascal, al difunto Teófilo Benito y era como el profesor. Para mí era el que más sabía y además el que cuidaba verdaderamente al atleta.
La biografía deportiva de Rojo creo que tiene una película.
Fíjate, aparte de Abascal, entrenaba a Reyes Estévez, que yo creo que fue su niño mimado en el buen sentido.
En los años ochenta, en los que había atletismo todos los días en el periódico, salías en las clasificaciones de juveniles y de junior de los crosses del Norte, Llodio, Elgoibar, siempre erais dos o tres nombres de un grupo eterno que se mantuvo en el tiempo.
Jose Manuel Albentosa, Abel Antón y yo, sí, siempre estábamos ahí. Ellos eran un poco más rápidos que yo y yo quizá era un poco más crossero que ellos. Cuando competíamos en pista la verdad lo bordaban. Luego dio la casualidad que el primero que se retiró fue Jose Manuel Albentosa; para mí se retiró demasiado joven porque tenía que haber dado el paso también a la prueba de maratón. Pero él tiró hacia el mundo empresarial muy pronto, entró en Reebok, y nos canalizó a sus compañeros de generación, nos fichó a todo mi equipo de cross e hizo un gran equipo. Estábamos Antonio Prieto, Julio Rey…
De aquella generación del cross salió una buena hornada de corredores de pista. Era lo natural en España porque en esos dos ámbitos era donde estaba el dinero porque en ruta no era el caso. Y tu orientación natural fueron los obstáculos. Eres oro en los Campeonatos Iberoamericanos en México (1988).
¿Y sabes quién fue segundo en aquel tres mil? Germán Silva, que luego fue el ganador del maratón de Nueva York.
Que luego corrió contigo en Atlanta 1996.
Pues fíjate, en 1988 él empezaba a destacar. Él es más joven que yo y corriendo en casa, con el cuerpo peleando en México a dos mil metros de altitud, pues que me costó un huevo ganarle porque su organismo se adaptaba mucho mejor que yo a la altitud de la ciudad. Volviendo a lo del cross, yo creo que todos los atletas españoles que hemos triunfado en la prueba de maratón es porque teníamos una base muy buena del campo a través.
Había en España un circuito muy potente a nivel mundial y había tradición, aparte de medios económicos.
Lasarte, Elgoibar, Itálica… Somos muy pocos los atletas de ruta que tenemos medallas en el Campeonato del Mundo de Campo a Través. En equipos, detrás de Kenia y de Etiopía estaba siempre España. Que este año se ha hecho un buen papel en el mundial en Estados Unidos pero ojo, que la generación del año 90 era una pedazo de selección.
Tengo un recuerdo como espectador, cuando estábamos viendo los meetings de atletismo y los Campeonatos Europeos en aquellos ochenta y primeros noventa, había una especie de desilusión. Retransmitiendo atletismo, Gregorio Parra relataba que a falta una o dos vueltas los fondistas españoles perdían opción de victoria por no saber rematar.
Bueno, es que yo era más lento que el caballo del malo. Y la transformación a las pruebas de ruta era algo natural.
Se dice que fuiste uno de los pioneros del maratón en España, siguiendo los pasos de su gran amigo Diego García. Quizá del maratón moderno, sí. Pero la tradición de maratonianos españoles de los 80 había sido muy sólida. Se ha escrito y hablado muy poco de Eleuterio Antón, Santiago De la Parte, Trespaderne, Vicente Antón, Honorato Hernández…
Fue un generación muy buena. Justo antes de nosotros estaban como les decimos los Toledanos, Juan Carlos Montero, Jose María Romera, Jose Esteban Montiel, que era de Granada. Gente muy buena dentro de los límites de lo que entonces se podía hacer. Ahora estamos viendo a la postre que ellos se habían convertido en especialistas de prueba de maratón. Nosotros esperábamos más. Por decirlo así, ellos eran gente que no habían quemado etapas anteriores en cross o pista. Se habían metido de cabeza al maratón.
De aquella gente, tengo un recuerdo: la primera media maratón que yo corrí la hice en Miranda de Ebro. Pues ahí corrió Honorato Hernández que debía estar preparando los Juegos de Seúl 1988. En esa carrera se había presentado con un médico de la Federación Española que creo que era Xabier Leibar, y le estaban haciendo las pruebas de lactatos en la misma prueba. Y yo recuerdo salir a correr sin experiencia, mientras que a él le iban dando los avituallamientos, mientras que yo no tenía ni idea. Pero qué están haciendo, pensaba. Pues gané esa media y a partir de ahí dije, joder, pues igual es que tengo esa resistencia necesaria para el maratón y la ruta.
También hay una cosa importante: esa generación empezó a salir fuera a competir. Romera y Montero ya compitieron con los profesionales en el maratón de Nueva York. De algún modo desarrollaron un embrión de estructura más o menos profesional para que la siguiente generación, que fuisteis vosotros, tuvierais mucho trillado.
Totalmente de acuerdo. De hecho, no hace tanto estuve viendo una película documental que se ha rodado homenajeando a ese grupo de atletas de Toledo y sale este rubio, Romera, que marcha escapado. Cuando lo veíamos, ¡en el maratón de Nueva York, un español en la cabeza!.
Es que es espectacular su cabalgada de decenas de kilómetros escapado por Queens y Brooklyn. ¿No llevaba unos guantes blancos?
Y yo decía, madre mía, qué ganas. Tenía la ilusión de un niño, de ver a Romera y Montero. Montero todavía conserva la mejor posición de un atleta español en Nueva York, hizo quinto ese año. Yo tengo la marca más rápida corrida por un español allí pero él hizo quinto. Romera escapado creo que es quien me hizo picar el gusanillo más con la prueba del maratón.
Tienes treinta años. Das el salto a una especialidad aún en evolución a nivel global. En aquellos años se asumía que un fondista debía exprimir la potencia del cross y la velocidad de la pista antes de saltar a la ruta.
Cuando yo ya me piqué del todo fue después de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Había hecho las series de 5.000 pero como te digo, yo comparado con esos era más lento que el caballo del malo. No logré pasar a la final y me dije que había que buscar una alternativa para seguir en el mundo del atletismo profesional.
El maratón ya está muy profesionalizada a nivel mundial, tras los años de Alberto Salazar, Carlos Lopes, Steve Jones. En los ochenta ya hay un circuito de grandes maratones comerciales, los actuales World Majors. Te incorporas a una prueba donde ya hay un primer contingente africano, están los japoneses, no buscas un sector fácil del atletismo mundial.
Claro, optamos a muerte por el maratón porque no nos queda más recorrido, porque en el cross y en la pista ya no tenemos nada que hacer. No es un sector más fácil. Nos vamos a encontrar con un mundo en que ha dominado un Carlos Lopes, que había sido también campeón del mundo de cross, gente que lo está haciendo muy bien, y todo esto sin saber si tu organismo se va a adaptar a las pruebas de maratón. Dudas si verdaderamente tienes talento para ese cambio porque no es lo mismo correr pruebas de diez kilómetros e incluso de media maratón que corriendo una prueba de maratón. Y allá que nos fuimos. Vamos, en el caso mío me adapté muy bien. Siempre he dicho que al contrario de las pruebas de pista, en maratón era uno de los atletas más rápidos. A falta de los últimos cinco kilómetros me desenvolvía bastante bien.
Y ojo que había gente que se estaba estrellando en esa transición, no es algo automático. Por ejemplo, en esos años Antonio Prieto debutó en Rotterdam y no le fue nada bien. Ser consistente en hacer bien catorce minutos en 5.000 no se traslada automáticamente a hora cuarenta o dos horas y pico. No es una ciencia exacta.
No es automático. Al Taca, a lo mejor por la forma de pisar, de correr, que era más polvorilla… Joder, el mismo Antonio Prieto, que era uno de mis ídolos. Que, de hecho, yo fui una de las personas que le retiré, porque corrimos en el Campeonato de España de cross en Estella, yo fui primero, luego segundo Alejandro Gómez y él fue tercero. Me acuerdo en carrera que nos daba cierta cosa atacarle porque Prieto era nuestro referente. Fíjate, ha sido mi ídolo y ahora me alegro un montón que su hija (Idaira Prieto) esté ahí compitiendo como internacional.
Estábamos todos el lunes siguiente a su debut en maratón esperando a que saliera algo en el periódico, cuando nos enteramos de que le había ido mal a partir del kilómetro treinta.
No se adaptó por su forma de correr, botaba mucho, corría muy reactivo.
Quizá con las zapatillas de ahora, que hacen brincar como más erguido, pero viéndote a ti llevando unas Reebook planitas y parecía que corrías más plano, más arrastrando los pies.
Las Inferno, las tengo ahí arriba (señala la buhardilla). Fíjate cómo han cambiado las cosas. Nosotros buscábamos unas zapatillas planitas muy ligeras, vamos, sin amortiguación y ahora son tochos con las placas de carbono.
O las Joma maratón aquellas, que eran una tela azul en el empeine y una suela finita, que patrocinaba Ricardo Ortega. Oye, estamos desbarrando un poco.
Tú corta cuando quieras, eh. Mira; hablando de Ortega y Fernandez Gaitán, estuve con él hace poco. Me hace mucha ilusión contarlo. Cuando tenía 15 años en el colegio me llevaron como premio asistir al Cross de Lasarte. Allá por entonces, en los años 70 y pocos, congregaba a más de 15.000 personas de público y, todas, para entrar tienen que pagar entrada. Bueno, yo me senté en la gradas del Hipódromo y vi a ese atleta corriendo con la camiseta roja del Club Asland ganando el color de Lasarte. Y yo soñaba con ganar algún año este cross. Nunca gané, lo más que hice fue tercero. Pues empecé una charla hablando de lo importante que fue Gaitán para tener un sueño olímpico, un sueño de ganar una carrera. Qué importante es llevar a los chavales a ver referentes deportivos.
Esto Jorge González Amo lo recalca mucho: lleva vídeos de atletas antiguos, reportajes, para que los chavales se empapen de esta historia. Bueno, sigamos. Tu época de esplendor se inicia en Helsinki 1993. ¿Por qué esa carrera?
Te comento por qué. En junio, en el mitin de Oslo recuerda que siempre se hacen grandes marcas en 5.000 y 10.000. Yo fui a correr el 10.000 junto con Antonio Prieto, Alejandro Gómez, Albentosa, Abel Antón. Fuimos todos. De hecho, ese día no sé quién fue pero se batió el récord de España. Pues yo me tengo que retirar en el kilómetro cinco. Había pasado perfecto en 13:45 y te juro que me dije «voy a bajar de 28 minutos». Pues a la vuelta siguiente me tuve que parar porque no podía con las piernas. Nada, sería el ácido láctico pero no podía con ellas.
Me cogí un tal berrinche que le dije a mí manager, Miguel Ángel Mostaza «búscame una prueba de maratón sea como sea, lo antes posible». Y había una prueba en Helsinki que era muy popular y caía como el 4 o el 10 de agosto. Y me llevó. Todo dentro de la misma temporada. Entrené en verano la base con atletas populares en Vitoria. Ellos me decían lo que tenía que hacer, beber líquido, haz esto tal cual. En la hidratación de entonces no había geles ni isotónicos.
A lo bruto.
Pues a la aventura: me pagué el viaje y todo. El organizador no me pagaba ni el viaje ni fijo, sólo el alojamiento. A ver, era un riesgo.
Helsinki tampoco era un grande ni siquiera un maratón de segunda fila como Estocolmo dentro de Europa u otras.
Y gané la carrera con 2:12:47 o por ahí. Me acuerdo que me dieron un millón de pesetas. Yo creo que Mostaza no sabía todavía el dinero que había en el maratón. Él, en esa época, estaba con Fermín Cacho yendo al mitin de Zúrich, a Estocolmo porque claro allí había mucho dinero, claro. Y cuando le dije a Miguel que gané un millón de pesetas por ganar la carrera y batir el récord de la prueba ya es cuando empezaron a mirar más gente al maratón.
Y sigues con un top-10 en Boston 1993. ¡En Boston!
Junto con Diego García. Ganó Cosmas Ndeti, estaba Andrés Espinosa, Arturo Barrios, que hizo tercero o cuarto, Moses Tanui. Ya se ganaba con 2h07.
En esa época ya hay un nivelón. Has ganado en Helsinki debutando en 2:12 pero tienes que ajustar un montón de cosas.
Claro. Me acuerdo que tanto a Diego como a mí nos trataron fenomenal. Nos tocó un Boston de correr con frío pero con viento a favor y por eso se ganó con una gran marca. Boston es una prueba durísima. Tantos kilómetros de descenso y luego repechos, es la peor que he podido pasar en todos los maratones que he terminado. Muscularmente acabas destrozado. A Diego García le tuvieron que poner suero en meta. Él sí terminó bastante cansado. Al día siguiente casi perdemos el avión porque no podíamos ni andar de las agujetas que teníamos. Pero ahí es cuando ya empezamos el periplo maratoniano, el de correr en las grandes plazas.
¿Cómo se fragua esa casi hermandad con Diego García? ¿Le conocías de competir en categorías o por la zona o porque empezaste a coincidir ?
El era de Azkoitia. Yo aparte le conocía porque evidentemente era un loco de la Behobia San Sebastián. Estaba loco siempre por hacerla y él fue el que nos incentivó a todos para pasarnos a la prueba de maratón. Fue un poco el padre de esta oleada de aletas españoles.
Has hecho pocas Behobias tú, ¿no?
He hecho muy pocas y no es porque no me gustara la Behobia. Me dedicaba mucho al Cross, como el resto de los atletas españoles. Y no nos coincidía bien la prueba, que es a principios de noviembre. Entonces nosotros ya estábamos metidos un poco en la temporada de campo a través, ahí estaban el Cross de Fuensalida, Quintanar, entre muchos otros crosses buenos.
También hay maratonianos que el primer maratón del año lo hacen muy pronto; gente que en febrero están haciendo ya el de Tokio.
Nosotros esperamos un poco más a marzo y abril. En el mes de marzo era el maratón de Otsu (Japón) pero es que nos funcionaba. Preparábamos un poco los crosses y luego ya te metías en el maratón. Era una base muy buena.
Reiteramos que quizá no eran los años locos del dinero pero en el campo a través se podía hacer dinero.
Sí. La pena es que ahora le está ocurriendo al cross que el dinero sale del asfalto. De aquella época me hubiera gustado ver a Paul Tergat o a Haile Gebreselasie si ellos hubieran sabido el dinero que había en el maratón y hubieran cogido la época buena. ¡La marca que hubieran hecho estos dos! Porque estuvieron haciendo cross muchos años, cross y pista. Y con las zapatillas de ahora seguro que ellos serían los que estaban corriendo en dos horas peladas.
Vamos a centrarnos. Ya sois profesionales del maratón. El año 1994 todo está determinado a preparar el Campeonato de Europa de Helsinki. Tengo que preguntarte cuántas veces has visto esa carrera.
Cuando me preguntan qué carrera me ha llamado más, románticamente, la que más me ha llenado, digo que la más especial es esta. Cuando tres atletas españoles copamos el podio en una prueba tan dura como el maratón. Sobre todo porque éramos tres amigos que estuvimos entrenando juntos en la sierra madrileña, en Segovia, Diego y yo a diario y Alberto Juzdado que subía los domingos a Navacerrada, incluso Antonio Prieto venía a acompañarnos porque él ya trabajaba en el Consejo Superior de Deportes. Fíjate, a nivel español, ese Europeo fue increíble. Se consiguieron muchas medallas, Abel Antón en cinco y diez mil, Fermín Cacho, Isaac Viciosa, Tomás de Teresa y cuando nadie lo esperaba llegábamos a la última prueba, el maratón. La gente estaba ya saciada de maratones, creían que nosotros íbamos a ir a Helsinki en plan de vacaciones, en plan de conseguir un souvenir.
Pues es un souvenir cojonudo. Además generáis, abrazados los tres en meta, una de las imágenes más icónicas del deporte español.
Yo creo que junto a las de María Perez, de Álvaro Martín. La nuestra es una gran imagen. Oro, plata y bronce.
Parece que un español hubiera escrito el guión de la carrera.
Estaba Richard Nerurkar que había ganado la Copa del Mundo de maratón de 1993 en San Sebastián. Por cierto, su hijo es ciclista profesional: corre en el equipo del hijo de Joseba Beloki. También Antonio Pinto que quedó sobre el 20 por ahí, que iba para grande, bajó de la hora en media maratón y peleó en Londres con Antón.
Pero sí, se iban quedando unos, luego Alberto, pero no se va a quedar mucho… fue una prueba totalmente por eliminación. La tengo grabada en la retina. Tres vueltas en un circuito bastante sinuoso con un día de calor húmedo. Helsinki es una ciudad llena de lagos y hacía mucha humedad; la supimos leer muy bien. Y encima de haber estado entrenando los tres juntos estábamos como imantados, no queríamos separarnos en ningún momento.
A ver si la gente piensa que se presentan tres aletas españoles internacionales y de repente, bingo. La densidad de maratonianos que teníais era enorme.
Empezando por Toni Peña y acabando Juzdado, Antonio Serrano, había 10 tíos que bajaban de 2:10. No es que sea impensable, pero aquello del Europeo como diría Gregorio Parra, no fue ningún golpe de teatro ni ningún golpe de suerte. Fue algo muy muy trabajado: perseverancia, trabajo y sobre todo también talento en las piernas.
Si repasas los rankings de esos ocho o diez, estáis en toda la salsas.
Fíjate Alberto Juzdado que hace primero y segundo en el maratón de Tokio. Antón gana en Londres, Serrano en Ámsterdam. ¡Es al nivel de ganar ahora un Major, un Nueva York! Entre los japoneses está Nakamura, entre los coreanos me he encontrado con Lee Bong-Ju, con Hwang Young-cho, el campeón olímpico en Barcelona’92, que ganó con 21 años y decía que era un tío mayor para él, que era su ídolo.
En 1995 corres en Róterdam. Otra meca.
Lo que era antes, aunque ahora se han quedado un poco ahí. Jos Hermens (Nota: uno de los managers más poderosos del mundo) ya estaba muy asociado al organizador. Cuando corrí yo, él iba con la moto diciéndome por aquí, tal. En esa carrera, la figura para ese año era Vincent Rousseau, el belga que también había hecho tresmiles y cincomiles a espuertas. Iba a ser la estrella ahí. Pero el tío tenía firmado en su contrato por participar, que si la temperatura salía a más de 17 o 18 grados él no corría. Es la hostia.
Pues hizo el calentamiento, se puso en la salida, él miraba al cielo, al sol y un minuto antes de salir dijo que no salía. Joder, vale que me abrió un poco las puertas, que igual le hubiera ganado. Pero me hacía mucha ilusión correr con él. Me escapé en los últimos kilómetros y le quité a Antonio Serrano el récord de España, que se lo había arrebatado a su vez en Amsterdam a Rodrigo Gavela. Y fui el primer atleta español en bajar de 2:09.
El año discurre y aparecen nuevos protagonistas: Dionicio Cerón, Abebe Mekonen, Ahmed Salah.
Ya, bueno. Nosotros hacemos prácticamente la misma preparación entrenando con Diego García y Alberto Juzdado, que nos hemos ganado la plaza para acudir al Mundial por el éxito del Europeo. Había que rubricarlo porque mucha gente pensó que lo de Helsinki había ocurrido en una carrera con poca densidad de países europeos y tal. Pero este, quiero resaltarlo, era un Mundial en el que también había atletas africanos. La gente piensa que los kenianos, etíopes y ugandeses han entrado a partir del año 2000 pero no, eh. Llevan ganando crosses y maratones desde siempre.
Goteborg, maratón del Campeonato del Mundo de atletismo.
Era una prueba que iba a ser dura. En la cámara de llamadas estábamos ahí con los masajistas, estaba Antonio Prieto, animándome «venga Martintxo», joder, no me animes que estoy ya demasiado caliente y a ver si la vamos a cagar.
Sí que es verdad que los maratones comerciales de los noventa fragmentaron mucho el pelotón, los atletas se repartían mucho. Pero en este Mundial hubo una línea de salida como el de un Major.
Pues sí, ahí andaba Salah que ya llevaba ganando los famosos majors estos de ahora. Japoneses, tanzanos y etíopes, los mexicanos Espinosa y Cerón, que había ganado tres años seguidos en Londres y era el gallo de pelea. Venía a por todas. Fue una prueba bastante dura.
En YouTube se puede ver el juego de quién pilla a quién. Se escapa un corredor de Botswana. Hay mucho que controlar y se demuestra que la estrategia prima tanto como las piernas.
Yo creo que fue preciosa de ver en un circuito también de tres vueltas sinuoso y con mucho calor. Creo que la carrera fue a las 2:30 de la tarde porque nadie se imaginaba que en una ciudad escandinava, en esa franja horaria hubiera calor. Tuvo muchos cambios, gente que se escapaba, gente que se quedaba atrás, muchas, muchas alternativas.
Dos españoles en el grupo de cabeza, Alberto Juzdado y yo. Diego se quedó un poco más atrás al principio y luego llegamos a un final de carrera de infarto con Luíz dos Santos, un brasileño que ganó Chicago dos veces, y Dionicio Cerón era como una atleta de mucha chispa, con muchos cambios de ritmo.
Yo más o menos me fie un poco de lo que me habían dicho de las pruebas de lactatos. Tú no te pases de tres minutos el kilómetro, vete un poco regulando. Tras un cambio de Cerón que me sacó de ritmo, luego no llego a sacarme más que unos sesenta metros. Pero me di cuenta que estaba pisando mal. Creí que tendría algún pinzamiento en la zona lumbar porque se le cayó un poco el hombro del lado izquierdo. Lo llevaba un poco bajo y me fui a por él.
Espera, ¿Te das cuenta de eso en un rival cuando vais medio zombies? ¿Cómo se puede detectar eso?
Aunque tampoco le hayas visto compitiendo tanto, y que no había ni retransmisiones por internet, te vas dando cuenta cómo se va descomponiendo, ya no va igual. Cuando llego a cogerlo, lo primero que hago es pegar un cambio de ritmo a ver si es capaz de aguantar. Y no aguantó ni un metro. Pero vamos que yo no di la carrera por ganada hasta llegar a la pista porque yo muscularmente no iba tan bien. Iba con tal estado de ansiedad por una parte por no querer perder la carrera, y por otra con tantas ganas de ganar la carrera que me llevó en volandas, la verdad.
Eso me parece que se ha perdido en los últimos años: cómo se vive esa entrada del maratón a un estadio.
Yo creo que todas llegadas de campeonatos oficiales deberían de terminar en el estadio olímpico. Que te reciban los aficionados, porque ya sabemos que las calles de cualquier ciudad en unos Juegos o Mundiales prácticamente van a estar llenas. Pero lo que te gusta es cruzar la línea de meta en un estadio. Es el punto diferencial de una prueba larga, pesada, y al llegar al túnel antes de entrar es lo máximo. Oyes el murmullo, pero…
Hará hasta frío en ese túnel de entrada tras la paliza al sol de la carrera. Unos segundos de silencio.
Ese silencio, son segundos de paz, tranquilidad, además reflexionas porque tú ya sabes que lo tienes casi hecho. Y de ese silencio según entras a la pista pasas a un boom. Hay una explosión de la gente.
Vamos con ese 1996 que tiene su jugo. Ganas de nuevo en Gyeongju, Corea del Sur. Aparte de que habría buenas condiciones económicas pero ¿cómo se recibe en esos países, Japón y Corea, al maratoniano europeo?
Cualquiera que vaya a cualquier país asiático, en especial en Corea y en Japón, recibe un trato muy exquisito, muy respetuoso, casi como un Dios. La verdad que el tratamiento es muy bueno, sobre todo porque ellos tienen ahí al capitán olímpico de Barcelona’92 e iba a ser un duelo a muerte entre entre los dos. Pero muy muy respetuoso todo.
Son muy de tener esa figura también: su entrenador es casi como un padre espiritual, y tú tienes a tu entrenador que te estás allí en la pista cambiando y estás medio de coñas.
Es una veneración al corredor de larga distancia muy especial. Disfrutaba mucho al viajar allí, no me arrepentí nunca de ir. En Seúl gané al sprint al favorito local, con 2:08.
Llegan Mayo Junio y hay que meterse en harina.
Si el Mundial había sido la realidad, el sitio soñado era en el cajón en los Juegos de Atlanta.
Es otro escenario totalmente diferente: una humedad horrible, la ciudad que es un espanto pero bueno, desembarcas en otro escenario en el que tú tienes que decir me aíslo…
Están Giacomo Leone que luego ganaría en Nueva York, Tumo Turbo, también corrió también Domingo Castro, Thugwane, otra colección que joder. Fue una carrera súper dura. Los meses anteriores estuvimos entrenando en Mallorca para aclimatarnos en verano al calor y la humedad. Fíjate lo que cambió en comparación con los años anteriores, en los que entrenábamos en la altitud de la sierra. El día de la carrera fue horroroso.
En cuanto a estrategia nadie quiso echarme una mano. Igual, tal vez mi fallo es haber llevado la misma táctica que llevaba a todos los maratones y no ser tan respetuoso con los atletas que se fueron hacia adelante. Creo que si me hubiera ido con ellos, vamos a decir hipotéticamente, podría haber cogido una medalla. No sé si de oro, plata o bronce. Decía, ya les cogeré, ya les cogeré.
Las miradas estaban puestas en Martín Fiz.
Claro, cada uno en los Juegos Olímpicos va con su historia. Yo pensaba que cuando se marcharon estos tres aletas por delante (Nota: Josia Thugwane, Bong-ju Lee y Eric Wainaina) que al final fueron los tres medallistas, que tanto Germán Silva como los demás iban a ayudarme a tirar, a intentar ir hacia adelante. Pero no, y fue todo lo contrario: prefirieron esconderse a mis espaldas y que yo llevase un poco la batuta y luego reaccionar fue demasiado tarde. Hubo un momento que me puse casi a siete segundos del trío de cabeza, pero son demasiados kilómetros.
En la tele se veía cómo te metes detrás de los coches.
Fue un poco estrategia, me escondía tras los coches de carrera para que ellos no me vieran llegar pero nada, se pusieron a trabajar hacia adelante y claro yo también llevo el desgaste del cambio de ritmo y ya no llegas. Van treinta kilómetros en el cuerpo en un día de humedad y físicamente esa humedad nos fue deteriorando a todos. Sí hubo aletas que igual no les hizo falta esa adaptación por su procedencia. Los tres que me ganaron fueron de Sudáfrica, Corea del Sur y luego una atleta de Kenia que entrenaba en Japón.
Es lo que tiene el maratón. Es tan universal que a veces juegas en tu campo y pones un poco las condiciones a tu favor y, otras, te toca lo que hay. Y quedas cuarto, medalla de chocolate. Y toda España opinando.
La opinión pública y la prensa. Yo tenía una mochila ahí… tenía que ganar la triple corona. Pero tenía ganas de coronarme. Entrenas, tú trabajas, vamos a ver cómo se da pero claro. Y hasta que no pasan unos años no te das cuenta que un puesto de finalista o un diploma olímpico es una proeza.
Anda que no lo has llorado tú ya.
Es jodido ser cuarto, como decimos, medalla de chocolate. Me senté a llorar a pie de pista hasta que vino Alberto Juzdado y me empezó a decir oye, que no pasa nada, tú tranquilo que habrá más oportunidades.
Pero en tu cabeza lo ibas a dejar.
Es que era esperar otros cuatro años. Me costó mucho levantar cabeza de aquello.
De todos modos tú ese año todavía vas a correr el maratón Nueva York. El tercero del año.
A eso no podía decir que no. Víctor Clemente, mi primer entrenador como dije al principio, nos hacía dar un montón de vueltas al patio del colegio del Colegio Miguel de Unamuno y nos decía así en plan irónico que el que diera más vueltas nos llevaba al maratón de Nueva York. Con 14 años que tenía yo.
Espera; ¡en el 77, ese señor estaba muy al día porque llevaba la carrera seis ediciones nada más!
Pues yo ya soñaba con correr en Nueva York desde siempre. Luego el recuerdo que se queda es que es un circuito bien duro, bastante difícil, con un terreno que es asqueroso porque es como un cemento donde se corre fatal. Ese día los africanos se pusieron de acuerdo y me dejaron atrás, parecía una prueba de campo a través pero de 42 kilómetros. Pero en el kilómetro 35 me empecé a encontrar bien, fui cogiendo cadáveres y no quería que acabara la prueba. Mira, se dio cuenta el periodista Alex Calabuig que este año hago mi maratón número cuarenta y dos, así que voy a volver a correr allí para celebrarlo. Además voy con mi hijo, que también corre.
Quieres dejar el maratón de élite pero se está cociendo que en Berlín ha ganado tu amigo Abel Antón y tú, eso, no te lo vas a perder.
Ahora debuta Antón ganando en Berlín y hay que continuar. No lo hemos conseguido en los Juegos Olímpicos y me convencí para arrancar de nuevo con todo el ciclo de cross, etcétera.
En 1997 se celebra un festival de galácticos en el Campeonato del Mundo de Atletismo de Atenas. Yo creo que se reúne una de las selecciones más fuertes que se han montado en España nunca en cualquier deporte, al nivel del fútbol, baloncesto o waterpolo: Abel Antón, Martín Fiz, José Manuel García, Fabián Roncero, Alberto Juzdado y Diego García.
Dices que el asfalto de Nueva York es malo, pero veinte kilómetros malos tienen esos los polígonos camino del Panatenaico de Atenas, joder. Si al único que le gustaba aquello y estaba motivado era a Fabián Roncero que decía «cómo me gusta este circuito, es durísimo» (Risas). Y el tío se escapa y todo.
Os imagino en el hotel los días previos. ¿Hubo allí alguna reunión de equipo, de alguna estrategia con tanto candidato a campeón del mundo?
Al final somos profesionales del maratón y todos vamos a luchar por el título mundial. Ojalá fuera igual que en Helsinki, con tres o cuatro españoles en la pomada. Hay una frase que me dijo una vez Fabián Roncero y es que se puede ser a la vez compañeros, rivales y amigos. Ahí se dio esa esa circunstancia. Éramos compañeros y a la vez éramos muy rivales entre todos, entre los seis eh.
Yo creo que Fabián, que era un atleta muy impetuoso, si ese día es capaz de frenarse un poquito al principio tal vez hubiera habido un triplete otra vez con Abel y conmigo. Pero es que aquello fue muy fuerte. Allí que se fue él, a coger la avenida esa grande, todo recto para adelante. Nosotros le dejamos hacer. Se fue con dos atletas africanos y luego el hombre que fue a por ellos fue Luiz dos Santos, el que empezó a liarla. Esta vez sí me fui adelante con él y tomé el relevo poniendo el ritmo, recogiendo cadáveres hasta quedarnos los dos solos en el kilómetro treinta.
Y la estrategia.
Fue una carrera dura donde yo en su momento le pedí un poco ayuda a Abel, pero él estaba haciendo su táctica que era intentar esperar a los dos kilómetros finales. No quiso dar un relevo y al final pues era un atleta más rápido que yo.
También el año siguiente hay un final parecido cuando ganó a Pinto en Londres, Abel también mete un hachazo a pocos kilómetros de meta.
Guardaba mucho, a Abel le quedaba todavía dentro un cambio brutal más.
Te decía del Europeo del 94 pero cuántas veces habrás visto tú esta carrera de Atenas.
Imagina. Incluso hace pocos años estuvimos celebrando el 25° aniversario y corrimos de nuevo. Y revivimos lo que hicimos hasta Atenas. Pues mira, justamente donde Antón, veinticinco años antes me pegó el hachazo y me venció, ¡a Abel se le subieron los gemelos! Y se tuvo que parar a estirar así que entramos los dos juntos de la mano (Risas).
En 1998 la temperatura ha subido pero bien. Antón gana en Londres, tú haces otro 2:09 siendo segundo en Japón.
Sí, ya nos quedan pocas balas. Es el quinto año arriba del todo después de un paso tardío al maratón, Luis. Como decía Fermín Cacho, es que carreras buenas, buenas, que puedas dar el cien pro cien las cuentas con las manos. Es muy difícil hacer lo que ha hecho Antón, lo que ha hecho Kipchoge o lo que he hecho. Ser tan regular durante tanto tiempo en esta prueba.
Es intentar repetir ciclos de cuatro años entre cada campeonato mundial. En cuatro años pueden pasar mil cosas, tanto en el pelotón de élite como en tu cuerpo.
Y a mí las lesiones me han respetado. Muscularmente, es verdad. Ahí están los secretos epigenéticos, como se suele decir, la sabiduría de la familia. Un padre y una madre viviendo de la agricultura, la ganadería, de la cual se tuvo que ir a Vitoria para sacar a la familia adelante. Mi padre tenía que meter horas de noche, además repartía butano por la soldadura, etcétera.
Acabamos descubriendo que es una mierda, pero la pobreza endurece para la práctica deportiva.
Yo creo que si ves un poco en los atletas y ciclistas españoles que han triunfado en el maratón, las largas distancias, si ves un sesgo de en qué entorno familiar se han criado. Y en todos o casi todos en un entorno familiar y humilde y conociendo la escasez. Eso es algo que ahora han heredado los africanos que todos crecen con una escasez tal que les hace pelear más en deportes tan duros.
Vamos con 1999. Esta vez, el festival del Campeonato os lo organizan en Sevilla. En agosto. Tienes casi treinta y siete años.
Sevilla era mi mundial. Yo quería preparar este Mundial aquí. Tenía que ganar a Antón. Para mí y para todos era como El Clásico. Un Madrid-Barcelona. Yo quiero ganar esa carrera por recuperar la hegemonía. Además, y esto es de verdad, mis mejores entrenamientos de toda la vida deportiva me salieron en esa época de preparación para Sevilla.
Dame un ejemplo de esos entrenamientos.
Pues mira: tres semanas, 21 días antes del maratón. Hice una tirada larga que me salió una media de 3:10 por kilómetro durante treinta kilómetros. Tres días más tarde hice tres cincomiles a ritmo de 14:30, a 2:55, recuperando cuatro minutos. Y esa fue mi perdición porque luego, dos semanas más tarde llegué pasado de entrenamiento a un Campeonato del Mundo. Pero lo curioso es que Antón se lesiona dos o tres semanas antes del Mundial. Y, mientras, él hace un poco de descanso, cosa que le permite llegar fresco. Total que él entra vencedor por el túnel del estadio de la Cartuja, yo entro noveno y tengo que dar el do de pecho para ser finalista.
Escarmienta uno a palos.
No fueron los cuarenta grados con los que corríamos. Es todo. Quieres afinar tanto, quieres llegar tan en lo alto, que no haces las cosas bien y llegas sobreentrenado.
¿Pero nadie de tu entorno que te frenara, tuvo la sensación de que eso no funcionaba así?
Pues no. La gestión era que yo tenía que ganar y ganar. Cuando pasaban los días, yo necesitaba entrenamientos de estimulación mental, de validar que estaba al cien por cien. Los chavales ahora lo llevan un poco más estudiado. Hay mucha más información y está todo más estructurado. Ahora sí, el éxito de que yo siga corriendo al nivel que estoy es el conocimiento. Sé que no puedo hacer doble entrenamiento, que no puedo hacer 220 kilómetros a la semana, sino ochenta o noventa.
Después de los sinsabores de Sevilla te falta cerrar con otra convocatoria olímpica, Sydney 2000 y, claro, con lo que acabas de contar, miedo me da preguntar cómo ibas tú de cabeza.
No, no. Iba a intentar retirarme corriendo en unos Juegos con 37 años ya de la manera más digna posible. Ya sabía que había un cambio generacional, que ya no había la misma frescura en mi organismo. Pero fíjate cómo son las cosas que, según iba transcurriendo la carrera, en Sydney yo pensé que podía ser medalla.
Quién está. En carrera están Bong-ju Lee, Thugwane, Domingos Castro, Pinto o Leone de tu quinta pero los personajes van rotando. Henrik Ramaala, etíopes,
Y también la densidad de marcas en torno a los siete y dos ocho. Están etíopes como Abera y Tesfaye Tola, el keniano Wainaina, El Mouaziz. De países punteros no es una selección fuerte para los Juegos, sino que Kenia y Etiopía copan el top cien marcas del ránking mundial de maratón. Del cross venía John Brown, claro que se pelea.
En esa carrera hay una barbaridad de gente que ves haciendo 2:18, 2:26, como Abel, Espinosa, o que se retiraron como Baldini, Elijah Lagat, que ganó Berlín y Boston, Kenny Cheruiyot, 2:07 en Rotterdam, cuéntanos porque es una cosa luego también muy curiosa de ver.
Por ejemplo ahí llegó lesionado Espinosa. La facilidad con que la gente pierde minutos en cuanto que desconectan, porque ya no tienen opciones a medalla. Entonces o te retiras o te vas dejando llevar para no castigarte. Esto le ha pasado hasta a Eliud Kipchoge en plenos Juegos Olímpicos. Te vas dejando la frescura que te queda porque sabes que hay que volver a rendir en otro maratones. Pero dado el pistoletazo de salida…
Habías ganado de nuevo en un maratón en Japón. No recuperas tu mejor versión pero eres competitivo en menos de 2:10.
Pero ya no tengo la misma frescura. Entrenaba bien pero para mí ser sexto allí fue todo un éxito. Fue retirarse muy dignamente.
Analiza conmigo la explosión de esa cantera africana inagotable, inmensa, de chavales que van sin comer y sin zapatillas a que les vean y que les seleccionen para llegar a atletas profesionales. Estás retirado cuando llega ya el segundo gran desembarco de los dos mil.
Yo viví ese primer desembarco ya en los noventa. Además, los que llegan son atletas de maratón jóvenes. Se es igual de humilde con 26 que con 18, hay donde escoger. En esa oleada ya se ve que los managers no son nada éticos. Vieron la bicoca de tener un nido de dinero para ellos. Y a recolectar atletas se meten sobre todo en Etiopía, Kenia y en Uganda. Y empiezan a salir atletas de 18 a 20 y se convierten en los grandes dominadores. Tienen esa fortaleza de la juventud pero, si hubieran estado bien dirigidos, pues iban a durar más años haciendo buenas marcas, pero su vida deportiva va a ser muy muy corta.
¿Son carne de cañón?
Su enfoque es un poco de, vamos a decir, mercenarios del deporte. Es normal, ellos no valoran una medalla olímpica como la puede valorar un atleta europeo. Valoran que el maratón va a ser una solución económica, claro.
Eres un chico pobre en Kenia, ves a gente como Wanyonyi o la pobre Agnes Tirop, que han ganado en unos Juegos y a la vuelta se han comprado cientos de vacas y una casa para su familia, y entiendes que para ellos el deporte es una solución financiera rápida.
Es una solución y cuando estamos hablando de dinero, la gente a su alrededor tiene pocos escrúpulos. Pisos pateras de chavales por Europa, mánagers que los utilizan, pues eso, como máquinas de hacer el dinero, vidas exprimibles. Y cuando no estas tú ya tendré a otro.
Como aficionados al atletismo es triste que nos acusen de que llevamos 150 años en los que todo vale, gente pobre que corre por unas monedas hasta reventar, el asunto del dopaje o estos chicos viviendo en sus carnes el tráfico de personas.
No hay ningún referente. Cada año va a ganar un atleta diferente en un Maratón de Valencia, un Maratón de Sevilla o un maratón de Boston. El problema que está pasando con África, con el tema del doping, en Kenia, que es es el país que ahora mismo más han empezado a hacer más controles, es algo cultural. A ellos creo que lo que más les importa no es que les pillen ni doparse: lo que más les interesa es salir de Kenia o Etiopía y hacer una bolsa y volver a casa.
Son los muñecos de un capitalismo extractivo.
Y en este caso los managers tampoco les han educado para mantener una vida deportiva un poco más ética.
Cuando los ves sentados, en chancletas en el vestíbulo de un hotel, es difícil imaginar en qué estarán pensando. A lo mejor están escribiendo a casa para decir «tengo esto de fijo, pero si hago tercero son 20.000 dólares más que si hago quinto». Es mucho dinero.
En Europa yo te puedo decir las cosas que nos contábamos. Cuando salíamos a competir por ejemplo Julio Rey, Abel Antón, Juzdado, íbamos a las competiciones gente de diferentes managers (en el caso de Julio era Julia García), pero ni en nuestro caso ni el suyo sabíamos el fijo que íbamos a cobrar en las carreras. Claro que nos importaba la bolsa, pero nosotros íbamos esencialmente a competir por la gloria. Tras entrenar y competir bien tú ya sabías que luego te subían el escalón económico.
Lo estamos viendo a diario, con gente que cruza mares y que cruza desiertos huyendo de guerras, cómo vas a decir que no a algo ilegal que me ofrecen tomar.
Y de repente hay un chaval que hace 2:04. ¿Cuánta gente está haciendo 2:04? Insisto en que no hay un referente como yo, Bekele, Kipchoge etcétera. Igual ahora puede llegar a ser Kiplimo, por la marca que ha hecho en media en Barcelona, con 2:02 en Chicago que ha hecho en Maratón, sin exprimirse a tope, porque está un poco regulando. Está muy bien llevado, igual puede ser el hombre referente del futuro. No hay referentes, hay grandes marcas.
Aparte de lo deportivo tiene que ser como es Haile Gebresselasie. Un referente cultural y político a nivel nacional. Una persona que diga a la gente joven «si yo entiendo que tú quieras ser Yamine Lamal», que se entiende porque llama el brillo y el dinero pero aparte hay más cosas.
Un día preguntaron a Haile Gebresselasie si alguna de sus tres hijas iban a ser atletas y él dijo que no. Porque él las llevaba al colegio en un Mercedes y que él, cuando empezó como atleta, tenía que recorrer diez kilómetros andando y diez de vuelta. Y ese sufrimiento es lo que le hizo ser atleta. Gente que tiene claro qué hay en este mundo.
A tus nietos no los vas a recomendar que sean deportistas.
Tengo una nieta, Martina, que yo creo que será atleta popular. Ahora lo único que le gusta es bailar. Y cada vez que le pongo un dorsal no quiere saber nada de los dorsales.
¿Qué es lo que no volverías a repetir de toda tu carrera, de esos casi veinte años en la élite?
Yo repetiría todo. Creo que a mí el atletismo me ha tratado muy bien. Tengo ahora mismo 62 años, soy de los que pudieron convertir su hobby en una profesión y esta sigue siendo mi hobby. Que antes de venir me he metido 15 kilómetros a toda hostia y lo disfruto porque me gusta. Yo no cambiaría nada de mi vida deportiva, ni las victorias ni el cuarto puesto en Atlanta que fue así porque tenía que ser, ni el segundo puesto en Atenas porque me encontré un nombre que era más rápido que yo.
Tienes 62 años y estás haciendo kilómetros a una velocidad de cuando tenías veinte.
Bueno, hoy he calentado tres kilómetros, luego un 4.000 a 3:40, después he hecho dos series desde 2.000, el primero a 3:35 y el segundo a 3:32 y luego he soltado ya cuatro kilómetros a 4:20. Y el más rápido a 3:29.
Ni un 400 hago yo a ese ritmo.
Pero también hago trotes viejunos. Todos los lunes a las 11:45 tengo fisio y por la mañana voy a hacer 40 minutos de trote pero voy fijándome para indicarle después «oye me duele aquí; céntrate en estos sitios».
En todos estos años, ¿qué es lo que has visto cambiar en el mundo de los maratones?
Han cambiado en que ahora hay una oleada, un momento social, en el que hay mucha gente que corre. Hace unos años corríamos mucha menos gente. Sobre todo corrían muy pocas mujeres. Ahora ellas están descubriendo esto, se han equiparado el porcentaje de mujeres y hombres en pruebas cortas y hasta medios maratones y dentro de poco va a ocurrir incluso en maratón.
También que hay mucha más información. Antes tal vez entrenábamos mal. No quiero decir que no estábamos preparados, pero sí para entender mucho más cómo entrenar. Antes éramos de entrenar cantidad y cantidad. Aprovechabas el talento que te permitía hacer un 3.000 a 2:50 y te ponías a ello. Rodar era correr una hora y hacíamos 15 km, sin un mal GPS. Hoy hay una alimentación personalizada, se usa mucho el entrenamiento cruzado: tú entrenas un día fuerte y por ejemplo, el día siguiente te vas a nadar o haces deportes sin impacto.
El material, todo.
Ha cambiado mucho, tecnológicamente han cambiado también el calzado, la tecnología del entrenamiento, yo siempre he estado a favor de todos estos cambios. En su momento nosotros los vivimos y usamos.
Qué diferencia con los 80, en los que salías a correr y te decían cualquier cosa.
Y ahora todo el mundo entiende que uno de los entretenimientos que tenemos es estar saludables. Hay una cultura del correr social. Igual queda gente, los muy románticos, que critica a los influencers. Pero oye, hay gente joven ahora que está entrando al atletismo popular. Hace poco estuve corriendo un sábado por la mañana por el Retiro, y vi un grupo enorme de chavalas y chavalitos de veinte años que habían decidido gastar un sábado corriendo. Yo lo veo fenomenal porque eso al final va a ser, potencialmente, gente que continuará corriendo y vivirán de manera saludable.
Hace veinte años, mi mujer tuvo un encuentro casual contigo en la feria de la primera Carrera de la Mujer. No me dejará entrar en casa si no te la recuerdo. Ella y una amiga recogieron su dorsal y te saludaron al reconocerte. Les dijiste que si iban a correr su primera carrera juntas, que pronto se picarían entre ellas a seguir corriendo. Me dijo al llegar a casa «este hombre no entiende nada cómo enfocamos el deporte las chicas» (carcajadas). ¿Qué hemos aprendido?
Sí. Hay un cambio de mentalidad de cómo se corría y de cómo era el atletismo antes. Ahora es una cosa totalmente social. Y es que nuestro pelotón era simplemente de picarse, de hacer tal puesto o con el que decía tal tiempo.
Recuerdo cuando empezaron a discutir si en los primeros medio maratón masivos se debería poner un límite en dos horas, y la gente protestaba, que aquello no era correr.
Eso afortunadamente cambió. Y hay que respetarlo. Un ejemplo es un maratón grande como Madrid, de cuatro a cinco horas en meta puede haber casi 5.000 personas. Es que además son el sostén, económicamente, de esa prueba. Toda esa gente, tu mujer, en un Maratón de Madrid, a esa gente le importa un huevo quién va en cabeza. Lo que llama la atención es una chavala, por ejemplo, que ha superado un cáncer de mama. Lo que ha cambiado es la filosofía de las pruebas. No importa quién gana (Martín interpela a Javier, el fotógrafo). Eso le importa a este señor, que escribe y es un amante del atletismo. Mucha gente que corre no se apunta a carreras, simplemente un día a la semana salen a correr. Lo que puede pasar en unos años es que se caiga parte del boom de las carreras.
Los sorteos.
Eso eso. Que tú te quieres apuntar a una carrera un poco chula y has de ir a su sorteo.
No es por dinero, que yo pago lo que haga falta. Sí, tú y cien mil personas más como tú.
Lo mismo dentro de poco la gente simplemente va a quedar con los amigos y los domingos no se va a poner un dorsal sino salir a correr. Claro, está el componente de turismo y deporte, pero la gente va a decir que no se puede costear salir de viaje cuatro fines de semana. Lo mismo se va a hartar de pagar para correr. Van a quedar los domingos en cualquier sitio para hacer deporte y luego lo que sea.
Nos despedimos de Martín con un apretón de manos y una foto conmemorativa. Convertido en un abanderado, repasamos mentalmente su generación, un grupo de maratonianos que, visto en perspectiva, acumuló una batería de victorias y podios escalofriante. La selección de 1997 fue premiada con el Príncipe de Asturias del Deporte por un campeonato mundial. Es necesario echar un ojo al palmarés de carreras ganadas, World Majors entre ellas, y mejores marcas de nuestros corredores de maratón del momento: Abel Antón (2:07:57, Londres, Berlín, Atenas, Sevilla, Gyeongju), Martín Fiz (2:08:05, Helsinki, Goteborg, Rotterdam, Seúl, Otsu), Fabián Roncero (2:07:23, Rotterdam, Carpi), Alberto Juzdado (2:08:01, Tokio), Diego García (2:09:51, Sevilla), Toni Peña (2:07:34, Otsu, San Sebastián), Antonio Serrano (2:09:13, Venecia). Durante una década fueron el aderezo de todas las salsas. En cierta medida, correr por cualquier avenida de España, nuestro hobby de hoy, se lo debemos a sus éxitos.













Ciertamente un mito del deporte español, de una época gloriosa de nuestro atletismo.
De ese tipo de gente que aparenta ser buena persona. Y la entrevista reafirma esa impresión. Agradecido, con valores y respetuoso con las victorias de otros.
Pingback: Martín Fiz, un icono del maratón español y su legado - Hemeroteca KillBait
Grandísimo como atleta, se percibe que también es un gran tipo. En otro país sería leyenda absoluta del deporte. Martín, crack.
Gracias a todos por la lectura y vuestras aportaciones.