NBA

Zach Randolph: «En Memphis, con Marc Gasol, Tony Allen, Mike Conley y el resto, el puzle encajó perfectamente»

Es noticia
Zach Randolph (Foto: Cordon Press)
Zach Randolph (Foto: Cordon Press)

Zach Randolph ha repasado su vida y su carrera en Out the Mud, donde ha hablado sin ningún tipo de complejo de la pobreza en la que creció, de la ausencia de su padre, de cómo abandonó el tráfico de drogas para apostar todo al baloncesto y de los momentos que marcaron su camino hacia la NBA.

El exala-pívot recuerda sus años en Portland, Nueva York y Michigan State, reflexiona sobre la importancia de la familia, la lealtad y el trabajo, y explica por qué nunca dejó que el éxito le cambiara. Pero, por encima de todo, reivindica la etapa que le convirtió en una de las grandes referencias de la liga: los Memphis Grizzlies.

La llegada a los Memphis Grizzlies supuso un punto de inflexión en la carrera de Randolph. Después de años en equipos que apenas aspiraban a competir por los playoffs, asegura que en Tennessee encontró por fin un proyecto ganador. «Creo que cuando llegué a Memphis, llegué a un equipo ganador… sentía que estábamos jugando por algo importante. En los otros equipos en los que había estado nunca luchábamos realmente por un puesto de playoffs. Pero en Memphis sabías que estabas jugando por algo». Hubo una combinación de jugadores que lo hizo posible: «Aquel puzle encajó perfectamente, añadiendo a Tony Allen, Marc Gasol, Mike Conley y esos chicos. Todo encajó muy bien».

Zach Randolph (Foto: Wikipedia)
Zach Randolph (Foto: Wikipedia)

Randolph explica que esa ambición colectiva cambió también su forma de enfrentarse al baloncesto cada temporada. «Saber que estás jugando por algo, tener este gran equipo y este gran grupo de jugadores con ganas de ganar… eso lo cambiaba todo. Aquel verano del lockout, estar en Memphis y saber que podíamos competir por algo nos hizo poner todo nuestro esfuerzo en construir aquello».

Y recuerda que trabajó como nunca para llegar en la mejor forma posible y considera que fue una de las etapas en las que mejor respondió su cuerpo: «Simplemente fue dedicarle más tiempo a mi cuerpo… probablemente fue uno de los mejores años que tuve físicamente».

Los duros orígenes de Zach Randolph

Randolph también explica que creció en un hogar con muy pocos recursos y que su madre sacó adelante sola a cuatro hijos haciendo todo lo posible por llegar a fin de mes: «Mi madre era todo para mí. Me crió ella sola. Veníamos de la pobreza… ella hizo lo mejor que pudo. No tenía educación, pero me enseñó de la mejor manera que sabía. Cada primero de mes llegaba el cheque de la asistencia social, los cupones de comida y tenía que pedir dinero prestado a mi tío para poder pagar las facturas».

Asegura que fue su madre quien le inculcó el respeto por los demás y quien le enseñó los valores que todavía mantiene: «Ahora que soy mayor veo las cosas de otra manera. Entiendo que hizo todo lo que pudo. Siempre me enseñó a respetar a la gente. Si le contestaba a un adulto con un «sí» en lugar de «sí, señor» o «sí, señora», me daba una bofetada. Todo lo que soy viene de ella».

Zach Randolph (Foto: NBA.com)
Zach Randolph (Foto: NBA.com)

También recuerda con emoción la ausencia de su padre durante toda su infancia. Creció sin saber quién era realmente y no descubrió su identidad hasta que ya era jugador de la NBA: «No tenía padre. Ni siquiera sabía quién era. El hombre que yo pensaba que era mi padre no era mi padre. Tenía ya 31 años, jugaba en Memphis, cuando un hombre se levantó en la iglesia donde había crecido y dijo: «Zach Randolph es mi hijo». Después me hice la prueba de ADN y el día antes de cumplir 32 años descubrí que realmente era mi padre».

Esa experiencia cambió su manera de entender la familia y la paternidad. Randolph admite que nunca llegó a construir una relación con su padre, pero asegura que aquello le sirvió para convertirse en el padre que él nunca tuvo: «Lo que viví hizo que quisiera ser un mejor padre para mis hijos. No se trata del dinero, se trata del tiempo. Puedes tener todo el dinero del mundo, pero durante nuestra carrera en la NBA nos perdimos mucho tiempo con nuestros hijos. Yo no quiero que ellos sientan lo que yo sentía cuando veía a mis amigos con sus padres y yo no tenía a nadie».

Su estilo de juego

Después, Randolph cuenta que su identidad como jugador se forjó alrededor del juego al poste y del contacto físico, un estilo muy distinto al de los pívots actuales. Rememora cómo pasó incontables horas perfeccionando sus movimientos de espaldas al aro y que aprendió observando a los grandes interiores de la época: «Mi entrenador me hacía trabajar muchísimo en el poste. Dos pasos hacia el centro, drop step, gancho… una y otra vez. Siempre tuve ese toque alrededor del aro». Entre sus referentes cita a «Chris Webber, Rik Smits, Reggie Miller, Dale Davis, Antonio Davis, Patrick Ewing, Karl Malone y Horace Grant», jugadores con los que creció viendo la NBA y que marcaron su manera de entender el baloncesto.

También echa la vista atrás para recordar su única temporada universitaria en Michigan State, donde llegó justo después de que los Spartans conquistaran el campeonato de la NCAA. Aunque era una de las grandes promesas del país, tuvo que aceptar un papel secundario. «Llegué pensando que iba a ser titular, pero el entrenador me utilizó saliendo desde el banquillo. Aproveché cada minuto que me dio. Casi hacía un doble-doble en quince minutos». Aun así, guarda un recuerdo imborrable de aquella campaña: «Llegar a una Final Four fue una experiencia increíble. Crecí viendo esas Final Four por televisión y de repente estaba allí compitiendo por un campeonato nacional».

Zach Randolph (Foto: NBA.com)
Zach Randolph (Foto: NBA.com)

Randolph reconoce que pudo haber dado el salto directamente a la NBA tras el instituto, pero fue su madre quien le convenció para pasar al menos un año por la universidad: «Tenía la carta preparada para hacerme profesional y les pregunté a mi madre y a mis agentes qué debía hacer. Mi madre me dijo: «Quiero que vayas a la universidad, al menos un año»». Aunque varios representantes le aseguraban que sería elegido en primera ronda del draft, decidió seguir su consejo. «Solo fui un año a Michigan State, pero nunca me arrepentí. Aquella experiencia me ayudó muchísimo antes de llegar a la NBA».

La llegada a la NBA

Randolph también recuerda cómo fue el salto a la NBA y el proceso para elegir representante. Explica que inicialmente firmó con un agente distinto, aunque apenas duró una temporada con él. La razón fue una cláusula de su contrato de novato que casi nadie conocía. «Tenía una cláusula de peso. Tenía que pesar 250 libras para cobrar un bonus de unos 500.000 dólares. Llegué con una libra de más y perdí ese dinero. Nadie me había avisado. Ahí fue cuando dije: ’Se acabó’. Cambié de representante». A partir de entonces inició una larga relación profesional con Raymond Brothers, que se prolongó durante prácticamente toda su carrera.

El exala-pívot asegura que Raymond Brothers acabó siendo mucho más que un representante. «Estuvo conmigo desde mi segundo año hasta el final de mi carrera. Siempre estaba ahí. Veía todos mis partidos y después me llamaba para hablar de mi juego, de mis plus-minus, de lo que podía mejorar. Eso es muy raro en un agente». Randolph explica que su apoyo fue especialmente importante durante los momentos más complicados de su vida, como la muerte de su madre o de su hermano.

En los Portland Trail Blazzers

De sus primeros años en Portland, recuerda que llegó siendo apenas un adolescente y que tuvo que hacerse un hueco entre jugadores muy experimentados: «Tenía 19 años y entrenaba todos los días contra Bonzi Wells, Shawn Kemp, Dale Davis… eran hombres hechos y derechos. Yo solo quería aprender todo lo que pudiera». Cree que esa competitividad diaria fue decisiva para acelerar su crecimiento como jugador.

Zach Randolph (Foto: Facebook)
Zach Randolph (Foto: Facebook)

Aquellos años terminaron con un gran contrato, aunque el final de su etapa en los Trail Blazers llegó de manera inesperada. Randolph reconoce que el traspaso a Nueva York le dolió, pero con el tiempo terminó viéndolo de otra manera: «Cuando me traspasaron estaba destrozado. Pero ahora, mirándolo con perspectiva, probablemente fue lo mejor que me pudo pasar. Dios tenía un plan para mí».

En los Knicks

Su etapa en los New York Knicks fue breve, pero guarda un gran recuerdo tanto de la ciudad como de su afición. «Ser un Knick… no hay nada igual. Jugar en el Madison Square Garden, en la Meca del baloncesto, no puede ser mejor». También recuerda con cierta frustración que el equipo fue desmantelado para intentar convencer a LeBron James de fichar por Nueva York. «Nos traspasaron a casi todos porque pensaban que LeBron iba a ir allí. Yo les decía: «LeBron no viene a Nueva York». Y eso que íbamos por encima del 50 % de victorias y creo que habríamos entrado en los playoffs».

Ya en Memphis, Randolph explica que una de las claves del éxito fue el enorme trabajo realizado durante el verano del lockout. Considera que nunca había preparado una temporada de esa manera y destaca especialmente el papel de su preparador físico: «Aquel verano hicimos cosas que nunca había hecho. Subíamos escaleras arrastrándonos con mancuernas de casi cincuenta kilos, atravesábamos paredes… Frank me llevó al límite».

El veterano interior está convencido de que ese trabajo físico fue decisivo para vivir las mejores temporadas de su carrera: «Probablemente fue uno de los años en los que mejor respondió mi cuerpo». Y al final, termina reivindicando que detrás de sus éxitos nunca hubo ningún secreto más allá del esfuerzo diario. Asegura que jamás siguió dietas especiales ni métodos milagrosos, sino que todo se basó en entrenar más que los demás: «Siempre trabajé muy duro. Volvía antes que nadie al gimnasio y no me tomaba días libres. Cuando creces sin muchas oportunidades, solo entiendes una manera de hacer las cosas: trabajar duro. Si quieres tener una carrera larga, tienes que ser un profesional cada día».

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*