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Antonio Prieto: «El atletismo me sirvió para quitarme los complejos de cuando era niño y me llamaban ‘enano’»

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Antonio Prieto

En una época, en la que la oficina de trabajo es el teléfono móvil, Antonio Prieto aparece con un maletín de piel como los de antes en el que se envuelve su pasado. Hay fotos que me va a enseñar que retroceden a los años ochenta cuando «la gente se acostumbró a verme con manchas de barro en la cara».

Hoy, tiene 67 años, un currículum infinito y casi la misma planta  que en sus años de atleta gracias a la bicicleta y a largos paseos por la naturaleza. «Las rodillas no me permiten correr. En cuanto intento hacerlo se me irritan». Pero ése es el precio de ser quien fue. «Hacia todos los entrenos de calidad con clavos. Hasta 170 kilómetros a la semana. Acababa con los gemelos destrozados».

Por eso hoy regresamos a los años ochenta, a esa década en la que en el Museo de Cera nos recibía una estatua de Antonio Prieto (Hontoria, Segovia, 1958). «El carnet de identidad de un atleta es la marca», replica él hoy, a solas frente a sus recuerdos siempre desde la positividad. Como dice Fran Ferrer, el fotógrafo, «a este hombre le funciona la sonrisa».

El día del 23-F del 81 volvías de un cross que habías corrido en Túnez.

Sí. Al bajar del aeropuerto, me fui a la residencia Blume, salí a correr a la Casa de Campo y cuando volvía no recuerdo con quién me crucé que me dijo que habían asaltado unos terroristas el Congreso, y ese fue el inicio de aquella noche.

¿Y cómo fue esa noche en la Blume?

Estuvimos en el bar de la Blume reunidos hasta altas horas de la madrugada hasta que salió el rey a emitir aquel mensaje tranquilizador. Entonces ya nos fuimos a la cama. Pero hasta entonces estuvimos reunidos a una mesa con los transistores de la época y la voz de José María García que nos narraba lo que pasaba.

Entonces vivías en una habitación en la Blume.

Estuve ocho años, y el inicio fue curioso. A mí me concedieron la beca en el año 76. Acabé de estudiar Formación Profesional en Segovia. Aquel mismo verano me  puse a trabajar en una empresa de calefactores y el que siempre iba a ser mi entrenador, José Luis Pascua, fue a casa a buscarme porque me había visto correr en campeonatos  para convencerme de que no dejase de correr.

Y te convenció.

Él me propuso que continuase estudiando en Madrid el segundo ciclo de FP en el instituto Virgen de la Paloma, en la Dehesa de la Villa, y me proponía que con mis condiciones podía entrar becado en la residencia Blume. De otra forma era imposible porque yo soy de una familia muy, muy humilde. Mis padres no tenían posibilidades para que yo me fuese a estudiar fuera.

Vienes a Madrid.

Sí, pedí la beca en la Blume y me la concedieron. Pero cuando me llamaron para hacer la entrevista y entro en el despacho del director, Don José Casero Picurio, que era un antiguo militar, yo con toda la timidez del mundo le dije que quería seguir entrenando con mi entrenador que era la persona que había confiado en mí. Pero en la Blume cuando entrabas te asignaban un entrenador. Así que cuando le dije eso le trajeron mi expediente y lo rompió en trocitos. «Se puede usted marchar», me dijo.

Antonio Prieto

¿Y qué haces?

Tengo la fortuna de que en los dos años en el instituto Virgen de la Paloma el profesor de educación física es Teodoro Barrios, que había sido un atleta internacional muy bueno. Él me gestionó el comedor con lo que la comida me salía gratis. El piso me lo pagaba Vallehermoso. Recuerdo que yo traía 500 pesetas para toda la semana y con eso me arreglaba. Era suficiente. Así estuve dos años hasta el 78 cuando entré en la Blume porque ya había sido internacional, ya había logrado cosas importantes.

Fue un acto de reivindicación por tu parte.

Te contaré otra anécdota. En esa época también estaba Antonio Paez, al que el director tampoco le dejaba entrar. A él porque tenía el pelo largo, la melena hasta media espalda. Pero Paez tenía mucha clase. Había sido campeón de Europa. Así que no tuvo más remedio y recuerdo que entramos los dos y, además, seguimos entrenando con nuestros entrenadores de toda la vida.

Después, te he de decir que la relación con el director fue muy buena. Tanto a Antonio Paez como a mí nos quería muchísimo. En mi caso estuve recibiendo su felicitación el día 13 de junio que es San Antonio por mí santo hasta que falleció.

Fuiste el sucesor de Mariano Haro.

No, no. Yo nunca he sido el sucesor de Mariano Haro. Mariano no tiene sucesor. Es irrepetible. En mi caso lo único es que batí su marca por cuatro segundos de los JJOO de Munich en 10.000 (27’47). Pero Mariano era otra cosa.

¿Y cómo era Mariano Haro con un chaval como tú?

Era todo un personaje. Tenía un carisma excepcional. Había roto barreras. Recuerdo que tenía mucho orgullo, mucha autoestima. Sinceramente, creo que siempre se sintió superior a mí. A mí y a todos. Pero conmigo nunca tuvo ningún desplante, entre otras cosas porque coincidimos poco.

De hecho, yo solo corrí una carrera con él. Fue en Alsasua en su último campeonato de España que gana Fernando Cerrada. Yo tenía 20 años, primero de senior, y para él era su última carrera. Recuerdo que quedé sexto o séptimo y él creo que se retiró.

Pero es evidente que yo quería ser como Mariano Haro. Durante mis inicios era mi referencia. Y en 2022 cuando se celebró el Europeo de Münich yo estaba allí y le envié una fotografía del estadio recordando que estaba en un sitio emblemático para él en los JJOO del 72. Y me contestó, exactamente: «muchas gracias por acordarte de mí. Grandes recuerdos. Disfruta. Un abrazo», porque lo tengo aquí, lo estoy leyendo ahora en el Whatsapp.

¿Dónde viste la final de MÚnich del 72?

No recuerdo. En 1972 yo no tenía televisión en casa. Hasta el 76 o 77 no la tuvimos. Teníamos la televisión del bar del pueblo y dos o tres vecinos pudientes que la tenían. Había uno, Vicente, al que le llegaba el teleprograma de las dos cadenas que había entonces. Yo iba a su casa, pero esa carrera no recuerdo haberla visto en directo, sí recuerdo ver los Mundiales de cross de Mariano Haro, que quedaba siempre segundo, pero la de los JJOO no.

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En 1981 opositas a ser campeón del mundo de cross en el hipódromo de La Zarzuela.

El año anterior, en 1980, había sido octavo en París con 22 años. Pero en 1981 lo preparamos muy bien, sí. Desde noviembre hasta Navidad entrenábamos sábados y domingo en el hipódromo con unas heladas tremendas. Íbamos muy temprano porque luego había carreras de caballos. Recuerdo ver a Fernando Cerrada (que siempre venía sin guantes) meter las manos en las mangas de la sudadera. Recuerdo que el suelo estaba blanco, que pensaba que ese era mi momento para subir al podio y que antes de que atacaran los etíopes pensaba hacerlo yo.

Fue el domingo 28 de marzo de 1981.

El caso es que llegué con dudas porque en el campeonato de España me ganaron con facilidad José Luis González y Sánchez Vargas dos o tres semanas antes y…. pero fue imborrable. Fue un día imborrable. Te voy a dar otro dato. Fue la única vez que me vio mi padre competir en directo. Él nunca venía a verme. Su medio de transporte era la bicicleta. Pero aquel domingo vinieron personas del pueblo y lo trajeron. Yo no lo sabía. No sabía nada. Fue una sorpresa cuando me lo encontré después de la carrera.

Y tu padre te vio desafiar a  Yifter, a  Kedir, a Mamede, De Castella o a Graig Virgin que, gracias al error de los etíopes, iba a ganar.

Sí. Fue la primera vez que vinieron los equipos africanos. Primo Nebio lo trajo a los equipos de Etiopía y de Kenia. Un espectáculo. El más difícil todavía. Yitfter había ganado en los JJOO de Moscú. Kedir había sido medalla… Etiopía trajo al mejor equipo pero se equivocaron. Eran cinco vueltas y cuando llevábamos tres lanzaron un ataque. Y cuando les vi salir como balas no sabía qué pasaba. Me enteré cuando acabó la carrera y los vi andando por la meta. De eso me beneficié, claro.

Al año siguiente vuelves a insistir.

En 1983 me quedé a cuatro segundos de la medalla de oro, de ser campeón del mundo de cross. Los tres primeros entraron en el mismo segundo. Ganó Bekele Debele, Carlos Lopes fue segundo, Some Muge tercero, cuarto Alberto Salazar y yo quinto. Siempre me quedé con la duda de si hubiese tenido que arriesgar un poco más. Ahí lo tuve cerca como no lo volví a tenerlo, pero….

En 1984 perdiste la zapatilla.

Estaba entre los favoritos. Había ganado el campeonato de España en La Zarzuela de forma cómoda. Estaba en muy buena forma. Pero pasé muy mala noche, de esas veces que te ves en el podio antes de estar en el podio y no puedes dormir. Pero luego calientas, estás en el embudo de salida y te olvidas de todo.

Antonio Prieto

¿Y cómo fue?

Yo  estaba en primera fila. Esperaba el pistoletazo de salida. Creo que tenía a la derecha a Constantino Esparcia. Había mucha tensión. Alguien me dio por detrás, me pisó sin querer y la zapatilla voló en medio de la marabunta, porque entonces corrían nueve atletas por país.

No me podía parar porque me arrollaban. Date cuenta que estaba en el centro del grupo. Así que seguí corriendo descalzo. El circuito era de hierba pero los dos últimos kilómetros nos sacaban por una pista de arena, de gravilla. Yo iba descalzo y terminé muy atrás.

Cuando volví a España con una desilusión enorme, noté muchísimo cariño. Me animaban allá por donde iba. Fue la recompensa mayor que he tenido en mi vida. La gente lo había visto. En aquella época se retransmitía todo por televisión. También iban muchos periodistas, el Mundial de cross era un acontecimiento….

En la España de los ochenta eras una celebridad.

Era una persona muy popular, sí. De hecho, en 1984 me pusieron una estatua en el Museo de Cera. Le pregunté al director a cuento de qué. Y me dijo que habían hecho una encuesta entre los deportistas más emblemáticos del momento y que yo fui el que saqué más puntuación.

Y eso en una España en la que estaban Juanito, Santillana, Fernando Martín…. ¿Tenías relación con ellos?

Hice relación sobre todo durante los JJOO de 1984. Sobre todo con Corbalán, que era el base de la selección española de baloncesto. Luego, influyó que el preparador físico del Madrid era un entrenador de atletismo Paco López. Ellos venían a hacer toda la preparación física al INEF. Pero no solo Corbalán. También Indio Díaz, Llorente… Y como han seguido yendo a las instalaciones y de vez en cuando llamaban a Paco López y comían allí…, pues yo he mantenido bastante relación mientras trabajaba en el Consejo.

Ahora no hay ningún atleta que sea tan popular como lo fue Antonio Prieto.

Ahora hay muchos canales de TVE. Entonces todo se concentraba en dos canales. A mediodía los domingos siempre te daban una carrera y yo tenía un físico que llamaba la atención. Soy pequeñito, bajito, la gente siempre se identifica con el más débil. Me veían luchar con  gente de más estatura y entendían que yo tenía una desventaja respecto a ellos. Pero aun así era capaz de plantarlos cara y hasta de ganarles.

Fue tu grandeza.

Pero es que yo no tenía ningún complejo. El atletismo me sirvió para quitarme todos esos complejos que sí tenía cuando era niño y me llamaban «enano». Pero una vez que me hice atleta entendía que si tenía alguna debilidad mental estaba acabado. Así que siempre pensé que si yo tenía que dar más zancadas tenía otras ventajas como alimentar menos músculo, mi volumen de oxígeno es muy alto y fisiológicamente … Estuve en los top ten del mundo en 10.000 y campo a través muchas veces. Creo que tenía razón cuando decía que yo tenía mis ventajas, «ellos biomecánica, yo fisiología».

Dices que no fuiste el sucesor de Mariano Haro.

Antes que yo apareció Fernando Cerrada, que era el que se intuía que podía ser su sucesor. Pero mi aparición es posterior. Fue en el año 80 cuando gané el campeonato de España de 5.000 y 10.000 y fui a los JJOO de Moscú, ahí es donde empiezo a emerger pero entonces Mariano ya no está.

¿Vivías por y para el atletismo?

Cuando vine a Madrid terminé el segundo ciclo de FPO. Empecé a hacer ingeniería industrial en Embajadores. Venía de una formación muy básica y el salto a la ingeniería fue terrible. No entendía nada de las asignaturas que tenía: matemáticas, álgebra… Entendí que estaba perdiendo el tiempo y que las dos cosas, entrenar y estudiar, eran imposibles. Así que me hice profesional del atletismo.

Antonio Prieto

¿Y es una decisión inteligente?

Bueno, luego me di cuenta que el atletismo no duraba toda la vida. Quería hacer algo que me gustase. Me identificaba con el deporte. Decidí estudiar entonces Educación Física.

Cuando te retiras del atletismo ¿has ganado mucho dinero?

Cuando me retiré, me compré un piso, y nada más. Tampoco soy yo muy ambicioso. No lo fui nunca. No he sido una persona que haya mirado mucho el tema económico. Pero, sí, en aquella época se ganaba dinero. Me llegaron a ofrecer 6.000 euros de entonces por correr un cross y no lo corrí. Y no lo corrí porque era el año de los JJOO. Recuerdo que era el cross de Elgoibar que entonces se corría una parte por mitad de las calles y la otra por barro. Y entonces debías correr con clavos. Y aquel era el año de los JJOO de Los Ángeles 84. Existía el riesgo de una lesión y lo rechacé por esto. No quise asumir ese riesgo. Me fui a correr a una carrera en la que me pagaban menos.

En aquella época negociabas por ti mismo, no había representantes.

No, no los había. Yo empecé con Miguel Mostaza. Hablé con él en los JJOO de Seúl en 1988. Él era fisioterapeuta de José Luis Gonzalez. Había estudiado la carrera en EEUU. González, que es muy listo, vio que hablaba inglés perfectamente. Su mujer es americana. González lo vio en alguna concentración y lo convirtió en su representante.

Y, a partir de él, los demás.

En aquella época yo negociaba por mí mismo. Me llamaban por teléfono. Me decían lo que me daban. Si me parecía poco a veces yo negociaba, no te voy a engañar. Supongo que mal negociado.

Pero sí recuerdo que las marcas comerciales vinieron a buscarme. He estado prácticamente en todas. Pero el problema es cuando ibas al extranjero. No hablabas inglés. Normalmente, en un meeting preguntabas cual era la habitación del organizador. Cuando terminaba la carrera se ponía un folio pegado con celofán en la puerta del organizador y cada uno ponía el nombre como el que va a la pescadería. Cuando te tocaba entrar, entrabas a ver si te daba algo. A veces debías conformarte con que te pagase el viaje. Eso sí, si habías corrido mal ni se te ocurría entrar.

¿No te propusiste aprender inglés?

Poco a poco he ido aprendiendo. Hacía cursos en aquella época pero no lo dominabas. A lo sumo, era un inglés de supervivencia y para negociar hay que dominarlo.

De hecho, ahora para entrar en un meeting es muy complicado: ya no es lo que te den, es lo que tienes que pagar. Mi hija ha hecho 14’55 en Oordegem (donde logró la mínima para el Mundial de Tokio)  y hemos tenido que pagar 10 euros yo, 10 euros ella, para inscribirnos y luego pagar todos los gastos. Ya no es que te den algo, es que ahora tienes que pagar…

Para ir al campeonato del mundo con mi hija nos hemos gastado alrededor de 2.000 euros para ir a los diferentes mitines en los que pudiese lograr la mínima, a Alemania, Bélgica…. Ahora está muy difícil.

¿Y compensa?

Si al final logras competir en un Mundial sí. Sí compensa porque el estímulo que te da la alta competición no se puede pagar, es una vida muy estimulante, estás siempre motivado, te salga bien o mal. Otra cosa es que es un mundo que económicamente no compensa. Hay poca gente cuando termina sus estudios que lo puede compaginar. El material vale mucho dinero, los desplazamientos, las ayudas sólo te llegan cuando eres bueno. Mi hija no ha tenido una ayuda hasta ahora.

Antonio Prieto

¿Qué años tiene Idaira?

Tiene 28.

Es mucho tiempo.

Gracias a que nosotros tenemos una situación holgada en casa hemos podido mantener su actividad. Pero ella trabaja también de fisioterapeuta en Segovia en un centro de entrenamiento. Por suerte le dan facilidades y utiliza los días de vacaciones para competiciones y los jefes lo entienden y le ayudan mucho.

Está entregada al atletismo.

Sí. El noventa por ciento de su tiempo lo dedica al atletismo.

Y tu eres su entrenador.

Le estoy muy agradecido al atletismo. Vengo de una familia muy humilde. Gracias al atletismo he podido viajar, conocer gente, disfrutar de lo que es la competición, he estado en tres JJOO de atleta y en otros siete trabajando… En total han sido diez. Sólo me perdí los de Barcelona. Pero desde Moscú 80 hasta Tokio 2021 los he vivido todos de una u otra manera.

¿Y qué fue lo más bonito de lo que has vivido en esos diez JJOO?

Tengo recuerdos agridulces. No te voy a engañar. Los mejores fueron los de Seúl 88 en los que quedé décimo y corrí la final. Es verdad que me hubiese gustado entrar entre los ocho primeros, pero no estuvo mal.

En Moscú 80 también llegaste a la final.

Entonces se corrían dos carreras de 10.000. Tenía 22 años. Estaba preparado para correr una carrera pero no para  dos. Hice la primera y pasé a la final cuando yo pensaba que había quedado eliminado porque entraban los tres o cuatro primeros de cada serie. Yo fui quinto y me fui a la grada y, una vez allí, viene Javier Moracho y me dice que me he metido para la final. Recuerdo que me dije a mí mismo: «otro 10.000 dentro de dos días…, ¡me muero!, no puede ser». Y me tuve que retirar en la final. Llegué muerto,  llegué roto.

Y fue un aprendizaje.

Fue lo que tenía que ser. Corrí la final sin que me tocasen las piernas. No llevábamos ni fisioterapeuta. Fue quizá el peor momento de mi carrera, es la única vez que me he retirado con la camiseta de España. Fue muy doloroso. Eso no se olvida.

Los Ángeles 84.

No pasé a la final. Pero es que me fui muy pronto a prepararme a Los Ángeles. Un gran error. Por eso ahora a mi hija le dije que fuese con el tiempo justo a Tokio para no repetir el error. En Los Ángeles no teníamos donde rodar. Me dedicaba a dar vueltas a la pista y fue un error que luego compensé en los JJOO de Seúl donde hice una buena competición.

Antonio Prieto

¿Y como trabajador en los siete JJOO restantes?

Tuve el oro de Llaneras en puntuación en Sidney, las medallas de Induráin en Atlanta, el oro de Ruth Beitia en Río de Janeiro…, yo trabajaba de técnico de alta competición en el Consejo Superior de Deportes, a los JJOO iba a analizar cada jornada y a informar los dirigentes de lo que había pasado cada jornada y de lo que iba a pasar a la siguiente….

En 1993 te retiraste del atletismo.

Quedé cuarto en el Campeonato de España de 10.000 que se celebró en Gandía. Es la primera vez en muchos años que no subo al podio y dije que se acabó. Me presenté a oposiciones para profesor de secundaria en Valladolid. Aprobé pero no tenía puntos.

Y en esto, que recibo la revista del Colegio de Educación Física, porque estaba colegiado, y en la última página de oferta de empleo veo que en el CSD ofertan una plaza de técnico deportivo. Y entonces envío la solicitud. Nos presentamos veintitantos y me la dieron a mí.

Tenías un currículum como atleta.

Sé que preguntaron en la residencia Blume. En aquel momento era Rafael Cortés Elvira el secretario de Estado para el Deporte y el director de la Blume me dijo: «oye, Antonio, me han llamado preguntando cómo eres». Deduzco que ser en aquel momento relativamente famoso influyó. Hicimos un examen y luego una entrevista. Tenía un nombre, sí, pero había otros deportistas que habían sido olímpicos que también se presentaron.

¿Cómo eras?

Yo no tenía ni idea de informática, que entonces no era tan intuitiva como ahora. Yo sí había dado clases de educación física en Mostoles, en Moratalaz, pero de gestión no tenía ni idea. La fortuna fue que había un equipo de técnicos muy experimentados que me ayudaron mucho. Me enseñaron y aprendí porque vieron que yo tenía interés. Fueron buenos compañeros. Nunca les agradeceré todo lo que me enseñaron.

Ya estás jubilado.

Después de más de treinta años trabajando, sí. Desde 1993.

En tu época los atletas no cotizaban a la Seguridad Social.

No, en aquella época no. Por eso he tenido que estar hasta los 66 años y medio para jubilarme. Mira, yo me presenté en Hacienda en Segovia y me recibió el director porque yo quería cotizar y me dijo que no podía ser: «Antonio, no hay ningún epígrafe en el que puedas hacerlo».

Y en 1991 José Manuel Albentosa, que era un atleta que trabajaba en Reebook, me preguntó si quería empezar a cotizar. Me hizo una oferta para trabajar en Reebook, me hizo un contrato laboral en el que yo me distribuía mi propio tiempo para visitar las tiendas de deportes en Madrid y Castilla León para ver cómo estaba nuestro producto y como lo tenían expuesto. Así que, por fin, en el año 91 empiezo a cotizar. Me he jubilado hace un año.

¿Tu hija ahora cotiza como atleta?

Cotiza porque está asalariada en la empresa en la que trabaja.

Antonio Prieto

Como atleta no.

Cuando yo empecé a trabajar y me relacionaba  con los atletas vi que ese era un problema y en el Consejo lo trasladamos. Ahora, los deportistas de alto nivel pueden establecer un Convenio con la Seguridad Social y ser autónomos y pueden empezar a cotizar. Pero mi hija no es considerada atleta de alto nivel.

¿Idaira será Antonio Prieto?

Ella siempre me dice: «voy a ser mejor que tú» y yo la contesto que es muy difícil, pero no se pueden hacer comparaciones porque, además, ella es una mujer. Sí te digo que hace años lo veía imposible, pero este es un trabajo a largo plazo. La suerte es que no hemos quemado etapas, Idaira ahora está en su mejor momento… Quiero pensar que lo mejor está por llegar.

Este es otro regalo que te ha hecho el atletismo.

Sí. Ahora estoy viviendo como cuando era atleta. Me levanto, desayuno, voy a entrenar, venimos, comemos, descansamos, volvemos a entrenar por la tarde en Segovia…. Y el hecho de que mi hija viva conmigo me permite ver si ha dormido bien, ha dormido mal, como ha descansado, en definitiva…. Es un seguimiento constante que te permite ver cosas que de otro modo no sería tan posible.

¿Y eso es beneficioso?

Si se sabe separar una cosa de otra, sí. En nuestro caso lo llevamos muy bien. Sé lo que es ser deportista de alto nivel. De alguna manera ahora estoy reviviendo esa época. Sé cuando tengo que hablar del tema y cuando no. Además, ella tiene su trabajo.

Su pareja es Mariano García.

Sí.

¿Mariano va mucho por Segovia?

Sí, yo creo que le gusta. A pesar de que dice que su pueblo es el mejor del mundo en el fondo le gusta entrenar por Segovia y aquí tiene mejores sitios para hacerlo.

¿Y cómo es Mariano García? ¿lo alojas en casa?

Sí, sí, claro. Ha estado allí todo el verano. Se pasa muchas temporadas.

Antonio Prieto

 

¿Y cómo lo ves?

Los atletas tienen altibajos. Momentos mejores y peores. Yo tampoco soy neutral, pero si pasa al 1.500, Mariano tiene mucho recorrido. Quizá en el 800 a los ritmos estratosféricos que se están corriendo ahora: ya no te vale ni con 1’42” y eso está al alcance de muy pocos. Pero en el 1.500 es diferente… Él viene de correr 3.000 obstáculos en categorías inferiores. Entonces se le abre un campo muy bueno en el 1.500. Creo que puede hacerlo bien. El tiempo lo dirá, en cualquier caso.

¿Y cómo es Mariano García en casa?

Es un poco cabrito. Siempre está pinchándome. Pero también te digo que la imagen que da, de ser muy extrovertido, no lo es para nada. Al contrario. Es muy tímido. Cuando coge confianza quizá da más guerra. Pero yo creo que eso de la moto es un mecanismo de defensa frente a todo el carisma que tiene porque es un chaval que se hace querer.

¿No serás su entrenador?

No. El tiene una relación muy estrecha con Gabi Lorente y lo ha llevado a ser campeón del mundo, campeón de Europa, a tener muy buenos resultados. ¿Qué se puede mejorar? Sería un error.  Hay cosas que creo que no se deben mezclar. Al menos, esa es mi idea.

Pero nunca se sabe. A Antonio Serrano se le ha ido Marta Pérez tras toda una vida.

Esa es otra diferencia respecto a mi época. En aquella época empezabas con un entrenador y terminabas con él. Ahora hay modas. Los atletas ya no son fieles a un entrenador y a mí me cuesta entenderlo. Máxime cuando has tenido resultados. ¿Qué buscas al cambiar, la panacea, el Santo Grial?  Yo no lo haría así a no ser que cambie tu residencia. Pero es que esa fue mi época. José Luis González estuvo con Martín Velasco toda la vida, Abascal con Gregorio Rojo, Mariano Haro con Gerardo Cisneros

¿Fuiste un grande?

No lo creo. Quizá marqué una época durante los años ochenta. Pero, si lo piensas fríamente, no he conseguido ningún resultado relevante. No subí al podio en ninguna competición internacional. Ni en un Mundial ni en unos JJOO, en ninguna gran competición de verano.

Pero tuviste algo más importante que un resultado: la popularidad.

Era otra historia. Los medios estaban más concentrados: el Marca, el As, el Sport, el Mundo Deportivo… Había cuatro periódicos deportivos. Había dos cadenas de televisión. Recuerdo de ver el meeting de Zurich, el de Oslo, la gente nos conocía. No había cadenas de pago, pero ahora…

Mira, yo voy por la calle con Mariano García y hay mucha gente que no le conoce. Eso en mi época no pasó, porque tú encendías la televisión los domingos a mediodía y ahí me tenías peleando en un cross… Es más, diría que la gente me recuerda por verme con manchas de barro en la cara.

Antonio Prieto

Te mantienes bien.

Mantengo la salud. Es lo que doy más importancia. Ya no puedo correr, pero camino mucho por el campo. Me encanta estar en la naturaleza. La suerte en Segovia es que tenemos entornos maravillosos. Desde mi casa veo corzos. Veo pájaros de todo tipo… Por eso me puedes encontrar siempre en el campo. Mi relación con la naturaleza lo es para siempre. Yo me crié en un pueblo de 300 habitantes. Siempre he sido fiel a mi pasado y lo seré. No tengo duda.

8 comentarios

  1. Martín Siebelist

    Taca: un gran hombre, y una enorme PERSONA

  2. Manuel Marín Berdun

    Un grande del atletismo,aunque no ganará grandes campeonatos.

  3. Un gran atleta una gran persona que se ha merecido todo el reconocimiento ,del mundo del atletismo. Suerte como entrenador Antonio Prieto.

  4. Sin lugar a dudas ha sido un extraordinario atleta pero por Segovia damos fé que es aún muchísimo mejor persona.
    El atletismo es su pasión y por donde pasa deja huella.
    El grupo de organización del Cross de Cantimpalos se siente orgulloso de tenerlo cerca porque vive el atletismo de una manera muy pura y me atrevo a decir que también muy apasionada.
    Excelente entrevista amigo Antonio.

  5. No le hizo falta ganar campeonatos ni medallas para ser un grande, quizá con algún golpe de fortuna lo hubiera conseguido. Y mucho hablar contra TVE, pero en los 80 y 90 podías ver absolutamente todos los deportes. Hoy todo se reduce al fútbol, a las tertulietas de gritones y a emitir competiciones por interés político (fútbol femenino, waterpolo, hockey hierba…)

  6. Francisco Madueño.

    Como atleta, un verdadero maestro, al que tengo la suerte de tener como amigo para toda la vida.

  7. Pingback: Antonio Prieto: memoria de una vida dedicada al atletismo y su ética de superación - Hemeroteca KillBait

  8. tomas ezequiel gonzalo sainz

    Excelente atleta y gran compañero , a pesar de ser de lo mejorcito se codeaba con cualquiera , le pedí consejo sobre mis rodillas y recuerdo su respuesta , los que somos bajitos tenemos ese problema , mira , yo vivo de esto y me opero por obligación , tu vives de tu trabajo asi que ni se te ocurra pasar por quirófano , le hice caso , hube de dejar el atletismo y entrenar tan intensivamente y se lo agradezco , un gran tipo El Taca

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