
Antes de dar el salto definitivo a la NBA con los Oklahoma City Thunder, Aday Mara dejó una de las entrevistas más completas de su etapa universitaria en Estados Unidos en Hail Media!, fue realizada el 22 de diciembre de 2025 y ha sido liberada ahora. En ella, el pívot zaragozano repasa su infancia en Zaragoza, la influencia de Pau y Marc Gasol, su adaptación a UCLA y las razones que le llevaron a convertirse en una de las piezas clave del Michigan campeón de la NCAA.
Antes de hablar de su presente en el baloncesto universitario estadounidense, Mara recuerda a los jugadores españoles que marcaron su infancia y alimentaron su sueño de llegar a la NBA. Explica que creció viendo a la selección y también tuvo la oportunidad de entrenar o coincidir con referentes: «Sí, claro, era mi sueño. Jugar en la mejor liga del mundo y contra los mejores jugadores siempre ha sido mi objetivo. Cuando era pequeño estaban jugando los hermanos Gasol, Pau y Marc, así que veía muchísimos partidos suyos, también con la selección española. Además, tuve la oportunidad de entrenar o coincidir con algunos de ellos, como Rudy Fernández o Sergio Llull. Cuando era niño había muchos españoles en la NBA y eso me ayudó a ver que llegar allí era un objetivo real».
Cuando le preguntan por Pau Gasol, Mara no duda en situarlo como el gran referente del baloncesto español. Destaca su inteligencia para interpretar el juego y la enorme variedad de recursos que tenía como pívot: «Sí, lo he visto un par de veces. Lo que más me impresionaba era la sensibilidad que tenía para jugar. Siendo un pívot era capaz de hacer muchísimas cosas, como jugar de cara al aro, tirar, pasar… y además dominaba los partidos. Ahora intento ver encuentros antiguos de la selección y ves que hacía prácticamente lo que quería sobre la pista. Por todo eso creo que ha sido el mejor jugador español. Aunque también me fijo mucho en Marc Gasol, porque creo que su estilo se parece más al mío. Jugaba mucho más en el poste bajo y tenía una capacidad extraordinaria para pasar el balón. Los dos me han ayudado mucho a mejorar y han sido referentes de los que intentar aprender».
La infancia de Aday Mara en Zaragoza
Tras recordar a los jugadores que marcaron su infancia, Mara también echa la vista atrás para explicar cómo nació su pasión por el deporte. Cuenta que prácticamente no conoció otra cosa desde pequeño. Su padre, exjugador de baloncesto, y su madre, que practicó voleibol, hicieron que el deporte estuviera presente desde que era un niño. Por eso, antes incluso de decidirse por el baloncesto, pasó por todo tipo de disciplinas: «Creo que desde que era un bebé mis padres ya me ponían un balón de baloncesto en las manos. Jugaba, pero también practicaba muchos deportes: fútbol, voleibol con mi madre, baloncesto con mi padre… Íbamos al parque y también jugábamos al béisbol, al fútbol americano y a muchas otras cosas con mis padres o con los amigos. El deporte ha formado parte de mi vida desde que era un niño».

Mara cree que esa formación tan variada fue importante para su desarrollo como jugador. Considera que cambiar continuamente de deporte le ayudó a mejorar la coordinación y a adquirir habilidades que después trasladó al baloncesto. Incluso recuerda con humor que de pequeño jugaba de portero cuando practicaba fútbol. «Creo que hacer tantos deportes diferentes me ayudó con la coordinación y también a disfrutar del deporte. En el fútbol era portero, aunque alguna vez también jugaba de defensa. También jugaba al voleibol playa y creo que moverme sobre la arena me ayudó mucho con el juego de pies».
Mara también explica una de las diferencias que más le llamó la atención entre el baloncesto de formación en España y el de Estados Unidos. Recuerda que durante su etapa en Zaragoza el entrenamiento ocupaba casi toda la semana y los partidos eran la recompensa al trabajo realizado. Considera que ese modelo le permitió desarrollar los fundamentos antes de dar el salto al baloncesto universitario: «Era muy diferente. Cuando era pequeño jugábamos uno o dos partidos durante el fin de semana. Entrenábamos de lunes a viernes y luego llegaba el sábado o el domingo para jugar. Pasábamos casi todo el tiempo entrenando e intentando mejorar. El partido era como un premio. Durante toda la semana te preparabas para ese momento y, cuando llegaba, lo disfrutabas mucho más porque solo jugabas una vez».
Con el paso de los años, esa rutina fue cambiando a medida que ascendía de categoría. Empezó a competir con varios equipos y aumentó el número de encuentros cada fin de semana. «Cuando te haces mayor hay equipos que compiten en diferentes ligas y yo podía jugar con dos equipos. Así que algunos fines de semana acababa disputando dos o incluso tres partidos».
Mudarse solo a Los Ángeles
El salto a Estados Unidos supuso el mayor cambio de su vida hasta ese momento. Mara reconoce que salir de España para incorporarse a UCLA significó empezar prácticamente desde cero. Tuvo que aprender un idioma nuevo, acostumbrarse a otra cultura y vivir por primera vez lejos de su familia. Aun así, considera que aquella experiencia fue decisiva para crecer tanto dentro como fuera de la pista: «UCLA fue una gran experiencia para mí. Al final cambié toda mi vida. Me fui de España a Estados Unidos, a Los Ángeles, para intentar alcanzar mi objetivo de llegar a la NBA. Me llevo muchísimas cosas buenas de esa etapa. Cada vez que miro atrás pienso que fue una experiencia increíble».

El pívot zaragozano explica que aquellos dos años le obligaron a madurar con rapidez. Aprendió a vivir solo, a compartir el día a día con sus compañeros y a desenvolverse en un entorno completamente diferente al que había conocido hasta entonces. «Aprendí a vivir por mi cuenta, a convivir con mis compañeros, a estar por primera vez sin mis padres y a adaptarme a una cultura completamente nueva. Después de esos dos años creo que maduré mucho como persona. Me encantaba UCLA, su afición y el campus. Echo un poco de menos esa etapa, pero fue una experiencia muy importante para mí».
Después de dos temporadas en UCLA, Mara decidió cambiar de universidad para continuar su progresión. El destino elegido fue Michigan, una decisión que, según explica, tuvo mucho que ver con la forma de trabajar de Dusty May. El técnico le transmitió confianza desde el primer momento y le convenció de que era el lugar adecuado para seguir creciendo como pívot: «Hablé un poco con el entrenador y la verdad es que fue una decisión muy fácil. Tenía más opciones, pero Michigan fue mi primera elección. El año que habían hecho era increíble y, además, él confía mucho en los jugadores interiores. Eso era exactamente lo que yo necesitaba».
Mara también siguió de cerca el trabajo que Dusty May había realizado con Vladislav Goldin durante la temporada anterior. Aquella evolución reforzó su convencimiento de que podía mejorar bajo sus órdenes. Además, todas las referencias que recibió sobre el entrenador fueron positivas. «Empecé a ver partidos de la temporada anterior y vi cómo había mejorado Vlad. El entrenador me explicó cómo iba a trabajar conmigo y cómo sería el equipo. También hablé con mucha gente sobre Dusty y nadie me dijo nada malo. Todo el mundo coincidía en que es un gran entrenador, una gran persona, que siempre dice la verdad y que intenta ayudarte. No se trata de él, sino de hacer mejores a los jugadores. Eso fue lo que me convenció para ir a Michigan».
El buen ambiente de Michigan
Mara también atribuye buena parte del éxito de Michigan al ambiente que se creó dentro del vestuario. Explica que desde el primer día todos compartían el mismo objetivo y que nadie estaba preocupado por las estadísticas individuales. Esa mentalidad, unida a la buena relación entre los jugadores fuera de la cancha, fue una de las claves de la temporada: «Creo que todos sabemos de lo que somos capaces y eso hace que todo sea más fácil, porque estamos en la misma sintonía. Todos queremos conseguir lo mismo. No se trata de una sola persona ni de las estadísticas individuales. Todos perseguimos el mismo objetivo y, cuando todo el mundo piensa igual, las cosas salen mucho mejor».

El pívot español asegura que esa unión también se construyó lejos del baloncesto. Durante la pretemporada organizaron numerosas actividades para conocerse mejor y fortalecer la convivencia, algo que, en su opinión, terminó reflejándose sobre la pista. «Tenemos un grupo de jugadores y de personas fantástico. Cada día nos divertimos en los entrenamientos. Trabajamos muy duro, pero al mismo tiempo disfrutamos jugando al baloncesto. Ganar también ayuda, claro, pero ya en la pretemporada hacíamos muchas cosas juntos fuera de la pista, como jugar al paintball o ir a los bolos. Todo eso nos unió mucho. Estar siempre juntos, compartir el mismo objetivo y no ser egoístas fueron las claves de la química que tuvimos como equipo».
Los amigos en la plantilla
Dentro del vestuario, Mara destaca especialmente la relación que ha construido con varios de sus compañeros. Explica que desde el primer día intentó crear conexiones dentro de la pista para entender mejor el juego de cada uno. Entre todos ellos menciona especialmente al base Elliot Cadeau y a Will Tschetter, dos de los jugadores con los que ha desarrollado una mayor complicidad. El pívot recuerda que incluso antes de coincidir en Michigan ya se había puesto en contacto con Cadeau. Sabía que era un base con una gran visión de juego y estaba convencido de que podían entenderse muy bien sobre la cancha: «Le escribí por Instagram y le dije que se preparara para dominar este año. Sabía que era un gran pasador y tenía muchas ganas de jugar con él porque ve todo lo que ocurre en la pista. Desde el primer día hemos hablado mucho para mejorar juntos. Si los dos entendemos cómo quiere jugar el otro, podemos hacer grandes cosas».
Fuera de la pista también ha encontrado un gran apoyo en Will Tschetter. Mara explica que compartieron muchas actividades durante la pretemporada y que esa convivencia fortaleció su amistad. «Creo que Will es un tipo muy divertido, siempre te hace reír. En la pretemporada fuimos a pescar y también hicimos muchas otras cosas juntos. Tenemos muy buena relación. De todas formas, creo que me llevo muy bien con todo el equipo».
El estado de su juego
Finalmente, Mara dedica parte de la entrevista a hablar de los detalles que está puliendo en su juego. Explica que sigue trabajando cada día para convertirse en un jugador más completo y que presta especial atención a aspectos concretos de su mecánica de tiro y de su movilidad. Confía en que ese trabajo termine reflejándose sobre la pista. Sobre el tiro libre, reconoce que está introduciendo pequeños ajustes para ganar fluidez en el lanzamiento. Asegura que durante los entrenamientos los porcentajes son buenos y que solo necesita trasladar esas sensaciones a los partidos: «Estoy intentando acercar más el balón al cuerpo para que el movimiento sea más fluido. Así el tiro sale en un solo gesto, con más arco. Todos los días meto esos tiros en los entrenamientos. Siempre he tenido buenos porcentajes, así que no me preocupa. Solo tengo que seguir lanzando, ganar confianza y acabarán entrando».

Otro de los momentos de la conversación llega cuando recuerda uno de los mates más espectaculares de su etapa en Michigan, el alley-oop que culminó de espaldas al aro frente a Maryland. Mara explica que todo sucedió de forma mucho más natural de lo que pareció desde fuera. «Fui a poner un bloqueo y después corrí hacia el aro. Vi el pase, salté para coger el balón y, cuando levanté la cabeza, el aro estaba justo delante de mí. Pensé que no tenía sentido girarme para machacar, así que simplemente lo dejé dentro. En el vídeo parece mucho más difícil de lo que realmente fue». El pívot también revela cuál es una de las facetas en las que más insiste Dusty May. «Siempre me pide que corra mejor la pista, que cambie de un lado al otro con más rapidez. Creo que este año he mejorado mucho en ese aspecto», concluye.

