Historia del tenis

Rafa Nadal: «De niño, mis profesores no fueron Carlos Moyá o John McEnroe, eran entrenadores de Mallorca, pero con pasión por el tenis»

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Rafa Nadal (Foto: Rafa Nadal Academy)
Rafa Nadal (Foto: Rafa Nadal Academy)

Cuando Rafa Nadal era un niño que daba sus primeros golpes en la pista del Club Tenis Manacor no tuvo cerca a entrenadores de renombre mundial. Pero tampoco los necesitó. A la vista está, después de su carrera. Y eso mismo ha querido trasladarse a los alumnos de su academia en una charla. La grandeza de un entrenador no se mide por su currículum sino por la intensidad de su compromiso diario con el jugador que tiene delante.

Con frecuencia, se las familias creen que los nombres se pueden «contagiar» a los críos, pero el aprendizaje es mucho más complejo que eso: «A veces, las familias o los jugadores se confunden creyendo que para los chicos de vuestra edad es tan importante tener grandes nombres a vuestro lado. No creo que tengan razón. Lo importante es tener personas que sean apasionadas y que quieran lo mejor para vosotros. El tenis no es como ir a la luna. No es tan difícil. Lo que necesitas es gente que realmente conozca el deporte, que sea apasionada por el deporte y que esté comprometida con tu mejora cada día».

Tras 22 títulos de Grand Slam, el consejo tiene un peso difícilmente rebatible. Nadal, cuando arrancó su carrera, tenía como entrenador a su tío Toni Nadal, un hombre que en aquel momento, un desconocido en lo circuitos internacionales del tenis. Solo era el responsable de las pistas de un club de una ciudad mediana de Mallorca, con toda la pasión del mundo y sin ningún título que avalar su trabajo: «Cuando empecé con mi tío, Tony Nadal era el entrenador del Club Tenis Manacor, una ciudad de unos 40.000 o 50.000 habitantes. No era nadie en el mundo del tenis. Pero era muy apasionado y sabía de tenis. Ahora, claro, es un gran nombre porque logró lo que logró siendo mi entrenador», explicó con una sonrisa.

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

Pero no fue solo Toni. A lo largo de su formación, Nadal pasó por las manos de varios técnicos del circuito local de Mallorca, y de todos ellos extrajo algo valioso. «De joven no tuve la oportunidad de ir a una academia como esta, pero entrenaba en el centro local de Palma y tuve distintos entrenadores. Siempre respeté a cada uno de ellos e intenté seguir lo que me decían. No hablo de los entrenadores que tuve más tarde en mi carrera, sino de los que tuve cuando era muy joven, y nunca tuve esos grandes nombres».

Aun así, defiende el valor de recibir aportaciones externas, escuchar a otros, incluso a quienes no están en tu rutina diaria, puede ofrecer perspectivas útiles. «A veces pruebas cosas que funcionan y otras que no, pero siempre estuve abierto a escuchar», dijo. En ese contexto, relativizó el peso de los grandes nombres: «No eran John McEnroe o Carlos Moyá, eran entrenadores de Mallorca, pero tenían pasión por el tenis».

Para Nadal, ese compromiso pesa más que la fama. Técnicos con menor perfil pueden ser los más adecuados si están plenamente implicados, mientras que las grandes figuras, por su trayectoria y ocupaciones, no siempre pueden ofrecer esa dedicación constante que exige el desarrollo de un joven jugador. De hecho, según Nadal, los entrenadores de altísimo perfil suelen tener demasiadas cosas en la cabeza, demasiados compromisos, demasiados éxitos propios que digerir, y eso puede restarles la dedicación plena que un jugador joven necesita: «Estos grandes nombres, tienen muchas cosas en la cabeza. Tuvieron mucho éxito, pero no están listos para estar 100% comprometidos con el trabajo diario que necesitas tener a tu lado. Por eso para mi hijo, si quisiera jugar al tenis, no querría un gran nombre. Querría una persona apasionada que trabaje cada día con un gran compromiso».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

Y añadió, en el mismo tono, que recibir consejos de personas ajenas a tu entorno más inmediato tampoco tiene por qué ser negativo, siempre que uno sepa qué hacer con esos inputs: «Recibir aportaciones de distintas personas y distintos entrenadores que quieren lo mejor para ti no es negativo en absoluto. Al final lo pruebas y algunas cosas funcionan y otras no. Pero yo siempre tuve la mente abierta para escuchar a la gente que quería lo mejor para mí».

La final de Dubái de Rafa Nadal contra Federer

Preguntado sobre si recordaba algún partido concreto en el que una decisión táctica había cambiado completamente el resultado a su favor, Nadal no dudó. La respuesta lo llevó directamente a 2006, a una final en Dubái ante Roger Federer que empezó como una pesadilla y acabó como una lección de adaptación: «En el primer set me destruyó. No era capaz de hacer nada. Y entonces en el segundo set simplemente empecé a golpear la pelota sin importar qué, intentando dirigirla hacia su revés, tratando de ser repetitivo en ese golpe, porque cuando él era capaz de tocar el drive era muy difícil volver al punto en una posición de control».

El ajuste era mínimo en apariencia. Nada de grandes cambios estructurales, nada de reinventar el juego sobre la marcha. Solo una decisión sutil, llevar la pelota al revés de Federer de manera sistemática, sin concesiones. Todo cambió: «En el tenis, los pequeños ajustes tácticos que puedes hacer pueden tener un impacto muy grande. Pero el margen que tienes durante el partido para hacer cambios no es mucho. Así que necesitas ser flexible, estar dispuesto a tomar decisiones rápidas. Es muy importante entender lo que está pasando y tener la mente lista para analizarlo de la manera correcta».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

El problema, señaló Nadal, es que cuando las emociones se disparan, ese análisis se vuelve imposible. La frustración ciega. Incluso la euforia también puede hacerlo aunque de otra manera: «Si te frustras demasiado es difícil tener el análisis correcto sobre lo que está pasando en el partido. Y cuando las cosas van bien, no te emociones demasiado, sigue haciendo lo que estás haciendo bien. A veces, cuando estás ganando un partido contra buenos jugadores en el circuito profesional, el rival intenta cambiar la dinámica, y necesitas estar todo el tiempo listo para entender lo que está pasando y decidir de la manera correcta cómo seguir».

Lo que hay que tener claro, dijo a los chavales, es que ese equilibrio mental no se improvisa en el momento del partido. Se entrena. Se construye cada día en la pista, en los momentos en que nadie mira y nada está en juego: «La única manera de encontrar ese equilibrio mental en los partidos es practicarlo cada día en tus sesiones de entrenamiento. Si eres capaz de resolver esos problemas en tu día a día en la práctica, cuando lleguen los momentos más importantes, que son la competición, estarás acostumbrado a enfrentarte a todos esos problemas. Y eso marca una gran diferencia en el resultado final».

La humildad como motor

Otro tema en el que Nadal insiste sin parar, con la misma tozudez con la que luchaba en la cancha, es la humildad. No como virtud abstracta o palabrería, sino como herramienta práctica y concreta para mejorar. Aunque el balear dedicó buena parte de su intervención a desmontar uno de los lugares comunes más extendidos en el mundo del deporte, que se aprende sobre todo de las derrotas: «La gente dice que es muy importante aprender de los partidos que pierdes, y es verdad, pero es mucho más fácil aprender de los partidos que ganas. Las personas que necesitan perder para aprender de esos partidos son personas que, desde mi punto de vista, tienen un ego desmedido, porque necesitan perder para saber que algunas cosas no las están haciendo bien. Cuando eres suficientemente humilde y suficientemente autocrítico, eres capaz de reconocer las cosas que necesitas mejorar incluso cuando estás ganando».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

La ventaja de aprender desde la victoria, argumentó, es puramente psicológica: «Con las victorias tienes confianza. Con las victorias tienes la tranquilidad de probar cosas. Pero con las derrotas tienes menos confianza porque perdiste, tienes menos fe en ti mismo porque en cierta manera perdiste un poco de confianza. Si eres capaz de ser suficientemente humilde para reconocer las cosas que necesitas mejorar cuando estás ganando, tu proceso de mejora va a ser mucho más rápido».

En ese sentido, Nadal habló también de la relación con el punto individual, con el error concreto, con la sensación inmediata de haber fallado. El tenis, recordó, es un deporte construido sobre la convivencia permanente con la imperfección: «El tenis es un deporte de errores y necesitas lidiar con eso y aceptarlo. No todos los puntos tienen el mismo valor. No es lo mismo perder un punto cuando estás cuarenta-cero arriba que cuando estás treinta iguales. Pero si empiezas a practicar tratando de dar lo mejor en cada punto, sin importar el resultado, eso va a crear un impacto positivo increíble en cómo reaccionas después de los puntos que pierdes».

Por eso, explicó, la frustración en los entrenamientos delata algo más profundo que la simple rabia del momento: «Si te vas muy frustrado porque el rival está jugando bien o porque tú estás cometiendo errores, va a ser muy difícil lidiar con el siguiente punto. Cuando no aceptas los errores es porque te consideras demasiado bueno. Cuando Carlos Alcaraz comete no sé cuántos errores no forzados por partido, ¿cómo no vas a cometerlos tú? Y eso me pasaba a mí cuando era un niño».

Ganar cuando no se está bien: la marca de los grandes

Uno de los momentos más reveladores de la charla llegó cuando un joven le preguntó qué piensa cuando no se siente bien sobre la pista, pero sabe que tiene que ganar ese partido. Nadal dio la impresión de haberse visto en esa situación millones de veces: «Uno de los aspectos más importantes en las carreras de los tenistas es cuántos partidos eres capaz de ganar cuando no estás jugando tan bien o cuando no te encuentras tan bien. Porque cuando estás jugando muy bien es normal que vayas a ganar, o vas a perder dependiendo de contra quién juegues, pero tienes buenas opciones. Lo que marca una enorme diferencia al final de tu carrera es cuántos partidos fuiste capaz de ganar cuando no estabas jugando tan bien».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

La razón, explicó, tiene que ver con la dinámica de confianza que se genera dentro de un torneo: «En el tenis no es como otros deportes. En el tenis es como que cada día tienes un partido. Si ganas, si pierdes, vuelves a casa y vas al siguiente torneo. Si eres capaz de pasar esa ronda, eso genera un gran impacto general porque al día siguiente vas a jugar mejor. ¿Por qué? Porque ya ganaste un partido y cuando ya ganaste un partido al día siguiente vas a tener mejor confianza en ti mismo y los sentimientos mejoran de inmediato».

Y lo ilustró nombrando a los mejores para demostrar que esto no es una excepción sino la regla entre la élite: «Los mejores jugadores del mundo, Djokovic, Federer, Alcaraz, Sinner, muchos de estos jugadores, yo puedo poner mi ejemplo personal, gané muchos torneos empezando a jugar de forma terrible. Pero era suficientemente humilde para aceptarlo y luchar con las herramientas que tenía ese día».

La alternativa, insistió, es mucho más costosa de lo que parece en el momento: «Si abandonas ese partido o no pones tu cien por cien de intensidad en ese partido porque no te sientes bien, vuelves a casa y necesitas empezar de nuevo todo el proceso de recuperarte de una derrota, reconstruir la confianza e intentar recuperar tu juego para la semana siguiente. A veces no vas a ganar ese partido, pero al menos necesitas darte una oportunidad real. Y darte una oportunidad real es competir al más alto nivel posible ese día».

El tenis moderno: Alcaraz, Sinner y Djokovic como referentes del juego total

El balear también trazó una panorámica del tenis actual y de cómo el juego ha cambiado desde que él llegó al circuito profesional con 16 años. Hoy el tenis es mucho más agresivo, los puntos son más cortos y los primeros golpes de cada intercambio tienen un peso decisivo: «Cuando llegué al circuito con 16 años, la manera en que la mayoría de los jugadores practicaban este deporte es diferente a la manera en que los jugadores lo practican en los últimos años de mi carrera. Antes los jugadores tenían la mentalidad de preparar un poco más los puntos. Tenías más tiempo para aplicar la manera en que quieres jugar. Más tarde en mi carrera, la manera en que los jugadores juegan es mucho más agresiva. No te dan mucho tiempo para pensar».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

En ese contexto, saber sacar y devolver bien se ha vuelto imprescindible. Pero Nadal matizó que eso no significa que el control y el tacto hayan perdido su lugar: «Si no sacas y devuelves bien, es muy difícil tener éxito hoy en el mundo del tenis. Pero los mejores jugadores siguen siendo los jugadores que tienen control sobre la pelota. Si ves a Carlos, si ves a Sinner, si ves a Novak, todos son buenos devolviendo, todos son buenos sacando, pero también son muy buenos jugando desde el fondo, sienten la pelota de verdad y pueden jugar puntos largos con buen control. Así que hoy, sabiendo que el deporte se juega mucho más rápido que antes, los mejores siguen siendo los que tienen control sobre sus golpes y feeling con la pelota».

En cuanto a las diferencias entre el circuito masculino y el femenino, Nadal apuntó que los hombres tienen algo que aprender de las mujeres: «Las jugadoras femeninas normalmente juegan de forma agresiva, van a por cada golpe. Creo que son muy agresivas en la devolución, intentan hacer los puntos más cortos. Y siento que los jugadores del ATP, los hombres, están jugando ahora un poco más de esa manera. Por eso siempre es importante mirar alrededor y observar los distintos circuitos, porque puedes aprender los unos de los otros».

En ese contexto mencionó a Aryna Sabalenka como caso extremo de potencia pura, y señaló que incluso contra ese tipo de juego existen soluciones: «Es muy difícil competir a veces cuando juegas contra una jugadora como Sabalenka, que va a por todas en cada golpe. Puede sacar como un hombre. Es difícil competir contra eso. Pero con variación, y sabiendo que el movimiento puede no ser tan perfecto, puedes encontrar la manera de competir contra esos grandes golpes con las tácticas correctas y las habilidades correctas».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

Y añadió que, a la inversa, lo que las jugadoras podrían importar del circuito masculino tiene que ver con la flexibilidad: «Las chicas juegan más de manera uniforme, no usan tanto el slice de revés, no cambian tanto la dinámica de los puntos. Y creo de verdad que una chica que sea capaz de hacer eso y de moverse bien va a tener una enorme ventaja».

El saque, el gran reto técnico

Al ser preguntado sobre qué golpe le costó más perfeccionar a lo largo de su carrera, Nadal habló del saque. Dijo que fue su gran asignatura pendiente durante años, lo trabajó demasiado, probando estilos distintos, cambiando mecánicas, buscando sin encontrar durante demasiado tiempo una mecánica que le hiciera sentirse plenamente cómodo: «Hoy en YouTube es muy fácil ver cómo cambié a lo largo de los años. Probé muchos estilos diferentes. ¿Por qué? Porque no era capaz de encontrar el saque que necesitaba para ser tan bueno como me hubiera gustado. Y siempre estaba dispuesto a probar cosas y a probar cosas diferentes para mejorar».

Ese proceso, reconoció, no fue cómodo. Cambiar una mecánica cuando no funciona bien implica pasar antes por un período en que funciona aún peor. Y eso exige fortaleza mental: «Acepté las cosas incómodas para intentar mejorar. Acepté el reto, acepté la sensación de que cuando haces cosas nuevas y pruebas cosas nuevas, claro que no van a funcionar de inmediato. Va a llevar tiempo, va a llevar esfuerzo y va a causar algo de daño mental. Pero si quieres tener éxito, no solo en el tenis, en cualquier cosa en la vida, necesitas superar ese dolor mental y a veces físico. Nadie alcanzó sus límites personales sin pasar por ese proceso».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

La volea y el slice de revés fueron otros dos golpes que también le exigieron un trabajo específico, especialmente al principio de su carrera. Pero en todos los casos, el secreto fue el mismo: disposición para escuchar, para imitar lo que otros hacían mejor y para no cerrar los ojos ante las propias limitaciones: «Siempre estaba dispuesto a aprender de los demás, a intentar copiar de otros jugadores lo que hacían mejor que yo, y a escuchar a los entrenadores. Era un buen aprendiz en el sentido de que siempre estaba dispuesto a escuchar y a seguir lo que la gente a mi lado me decía, y al menos intentarlo. No intentarlo dos veces y si las cosas no funcionan decir que eso no funciona. No. Intentarlo de la manera correcta».

Tecnología, nutrición y recuperación: lo que Rafa Nadal aprendió tarde

La charla también pasó por el papel de la tecnología en el tenis moderno y por los protocolos de recuperación, dos áreas en las que Nadal reconoció sin complejos que cuando era joven no tenía acceso a nada de lo que los jugadores de hoy dan por sentado: «Cuando era un niño no había cámara en mi teléfono para seguir mi mejora en el ritmo o en el movimiento. No tenía fisioterapeuta, no tenía nutricionista, no tenía psicólogo. Hoy vosotros tenéis todo eso. Si lo usáis de la manera correcta, es una ventaja enorme».

Eso no quiere decir, matizó, que la tecnología sea la respuesta a todo. Al contrario, usada en exceso puede convertirse en una distracción que aleja al jugador de lo que realmente importa: «La tecnología necesita ser una herramienta de ayuda. No puedes reemplazar la práctica real por la tecnología. Y a veces la tecnología puede hacerte sentir un poco perdido, hacerte perder la perspectiva y el foco en lo que realmente importa, que es la sensación que tienes cuando golpeas la pelota. Pero creo que es una herramienta que ayuda a demostrar cosas muy específicas que pueden marcar una diferencia».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

En cuanto a la recuperación, Nadal describió su protocolo después de partidos exigentes: unos diez o quince minutos de bicicleta al salir de la pista, masaje con hielo en el vestuario, baños de hielo cuando había máquina disponible, sesión de estiramientos unas horas después del partido, y a continuación tratamiento con su fisioterapeuta, además de toda la hidratación y los batidos de recuperación: «A mí me gustaba hacer los estiramientos no justo después del partido. Me gustaba hacerlos unas horas después. Pero normalmente en el circuito no tienes la posibilidad de hacer todas esas cosas de inmediato porque tienes que pasar por los medios de comunicación. Pero incluso si podía controlar eso, prefería estirar más tarde».

Sobre la nutrición, admitió con honestidad que llegó a lo más alto sin seguir ningún protocolo específico durante sus primeros años: «Me convertí en uno de los mejores jugadores del mundo sin hacer ninguna de estas cosas, lo que demuestra que nada es cien pro cien decisivo. Si hubiera sabido esas cosas antes, probablemente no habría sido un tenista mejor, pero probablemente habría estado más sano, probablemente mi cuerpo habría podido tener menos lesiones».

El éxito más allá de los trofeos

Cuando le preguntaron cómo había cambiado su definición de éxito desde que era un niño hasta ahora, Nadal respondió que los trofeos son el resultado visible de algo que va mucho más hondo. Y ese algo más hondo es lo que permanece: «El éxito más importante es la satisfacción personal que tienes cuando sabes que has dado lo mejor de ti. No se trata de trofeos. No se trata de títulos. Se trata del sentimiento personal de intentarlo cada día, porque eso te da una satisfacción personal mucho mayor y más alta que cualquier trofeo».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

Y desarrolló la idea con una transparencia que no siempre acompaña a los grandes campeones al hablar de sus logros: «Los trofeos al final son solo trofeos. El sentimiento que tienes se queda para siempre. Los trofeos claro que se quedan para siempre, están en el museo. Y estoy orgulloso de ellos. Pero estoy orgulloso porque tuve que trabajar mucho para conseguirlos. Si no hubiera tenido que pasar por todo ese proceso de trabajar duro, aceptar los retos, pasar por todas esas lesiones, todos esos momentos difíciles, todos esos momentos en que las cosas no iban como debían, y fui capaz de seguir adelante, de seguir confiando en la gente que tenía a mi lado, de seguir aceptando todo lo que tenía delante e intentar superarlo, los trofeos serían solo trofeos».

Insistió en que ese sentimiento no es exclusivo de quien gana grandes torneos: «Para todos, al final, el éxito es la satisfacción personal de intentar dar lo mejor de ti cada día. Porque si realmente lo intentas cada día, quizás no te conviertas en campeón de Grand Slam o de Masters 1000, o incluso de un torneo de 250, no importa, pero vas a ser un campeón en tu vida y vas a encontrar tu manera de tener éxito en distintas partes de la vida. Y esa es con toda seguridad la mayor satisfacción personal que puedes alcanzar, más que cualquier título real».

Sobre el golf, su otra gran pasión deportiva, remató: «Para mí, incluso cuando juego un partido de fútbol aquí, cuando voy a jugar al golf, entiendo el deporte de esa manera. No me divierto lo suficiente si voy a jugar al golf y no intento ser lo mejor posible. Y sé que soy un mal golfista. Sé que no voy a tener la oportunidad de ser un buen golfista. Pero me encanta el proceso de intentar ser lo mejor posible. Lo mismo en cualquier deporte. Lo mismo en cualquier cosa en la vida. Se trata de disfrutar el proceso de ir mejorando y mejorando, aunque sepas que no vas a ser una superestrella en eso».

Consejo a los jóvenes: «Las palabras son fáciles, el resultado es mucho más difícil»

Para terminare, los jóvenes de la academia le pidieron un consejo directo ¿qué debería hacer un jugador de 14 o 15 años que sueña con ser profesional? Nadal insistió con lo dicho hasta el momento, nunca se puede parar de evolucionar: «Ve a la pista cada día con el objetivo de mejorar algo. No busques excusas para no dar lo mejor de ti cada día, porque en este mundo siempre puedes encontrar excusas para no dar lo mejor. Todos los días puede pasar algo y es fácil encontrar excusas. Todo el mundo puede tener una excusa, pero al final es solo una excusa personal para no aceptar que por alguna razón no estás haciendo las cosas que necesitas hacer para ser mejor y mejor. Sé honesto contigo mismo».

Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)
Rafa Nadal (Foto: Cordon Press)

Y volvió al principio de la charla, recomendó escuchar a quienes te rodean, confiar en ellos, dejarles ayudarte: «Sé suficientemente humilde para escuchar a la gente que está a tu lado. Sigue lo que dicen y luego al final tú tendrás que tomar tus propias decisiones. Pero las cosas que no ves porque estás dentro, la gente de fuera las ve mucho mejor que tú. Es importante tener confianza y respeto por la gente que está a tu lado y que quiere lo mejor para ti. Actitud, determinación, ética de trabajo, humildad y confianza en las personas que quieren lo mejor para ti. Es simple».

Hizo una pausa y añadió, casi para sí mismo: «Las palabras son fáciles. El resultado es mucho más difícil».

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