
El tenista estadounidense Frances Tiafoe fue una de las primeras víctimas de Carlos Alcaraz y no lo olvida. O peor que eso, se le ha quedado grabado a fuego. Lo ha confesado en Changeover. Eran las semifinales del US Open de 2022. El partido fue muy igualado, de mucho desgaste físico, y el español se impuso por 6-7, 6-3, 6-1, 6-7 y 6-3. Casper Ruud esperaba en la final y también perdió. Alcaraz se convirtió en el número 1 más joven de la historia.
Tiafoe reconoce que al final del partido estaba descompuesto, no se encontraba bien «estaba a punto de venirme abajo», reconoce. «Sentía que me iba a venir abajo, pero al mismo tiempo pensaba: ‘vale, hay 24.000 o 25.000 personas escuchando lo que voy a decir». Sin embargo, en la soledad, fue distinto: «Y cuando llegué al vestuario… ahí sí, ya estaba acabado. Me derrumbé».
Había rozado el sueño con los dedos: «Sí, la racha había sido increíble. Tenía a muchísima gente conmigo. Y pensaba: ‘Joder… este chico de 19 años me está arrasando’».

Y lo grave de todo el asunto es que ese Alcaraz todavía no era la máquina que es hoy, el propio Tiafoe es consciente de ello: «Aún no era Alcaraz de ahora, todavía no había ganado un Grand Slam. Obviamente se lo mereció, acabó ganando, terminó ese año como número uno… pero también era una gran oportunidad para muchos. En la final esperaba Casper Ruud… era una gran oportunidad para él, para mí… Khachanov estaba en semifinales… los cuatro teníamos opciones. Sentía que era una oportunidad abierta a todos».
Pero, según cuenta, la mayor derrota de su carrera no es esa, sino la semifinal contra Taylor Fritz. «Esa fue la más dura. Iba ganando dos sets a uno. Llegar a la final. Y mi cuerpo me abandonó en el quinto set. Era mi amigo, que también lo hace más difícil. Sentí que era mejor jugador ese día y no pude. Pienso mucho en esa».
Los cambios de Francis Tiafoe
En un momento dado, necesitó un cambio de mentalidad, que vino acompañado de un cambio de equipo. Tiafoe fichó al preparador físico y científico deportivo Mark Kovacs para llevar las riendas de su trabajo, una decisión que llamó la atención, entre otras cosas, porque Kovacs también había trabajado con Novak Djokovic en el período previo. «Hablé con él casi a finales de septiembre. Él ya tenía comprometido algo con Novak en noviembre, pero yo lo había contactado antes».

El objetivo de contar con él se debía a un problema técnico concretop: «Mi foco principal era el saque. Él es muy bueno con el movimiento, la mecánica, la preparación física. Y además está muy metido en los datos. Yo quería exprimir el limón al máximo. No necesitaba un entrenador: necesitaba un doctor».
Ahora, como cualquier deportista moderno, Tifoe es un súbdito de los datos: «Me dice esto es por lo que ganas puntos, esto es por lo que los pierdes. No hace falta una Biblia. Dame pequeñas cosas a las que prestar atención. Y con los rivales lo mismo: no se trata de ser increíble, sino de explotar sus debilidades. Los números no mienten. Hay matchups que antes perdía y ahora gano con cierta comodidad porque estamos jugando los porcentajes».
Asumir cambios y no perder la autoestima en el intento es un reto que tienen los tenistas que quieren evolucionar: «En el tenis tienes ego, necesitas tenerlo. Pero estoy haciendo un mejor trabajo de dejarle que lleve el timón. No siempre es fácil, porque llevas haciendo algo toda la vida y te parece que funciona. Pero tienes que ser de mente abierta, porque el objetivo no es volver al top 20 o quedarme donde estaba. El objetivo es estar en el cinco, en el diez».

Por lo que parece, el trabajo está dando sus frutos. «Este año ya he doblado las victorias respecto a las derrotas. El año pasado era prácticamente un 50-50. Como en Alapoco: esa semana hubiera sido imposible para mí el año pasado. Estaba bastante enfermo toda la semana y aun así confié en el físico». La clave está, según él, en los entrenamientos sin pelota: «Aparezco más por la pista de entrenamiento y eso me permite aparecer más en la pista de partido».
Es algo que se ha propuesto con fuerza de voluntad, como Rocky. «Todo es autogestión. Soy yo quien se levanta y va al gimnasio. Lo que más me importa ahora es la disciplina por encima de la motivación. La motivación fluctúa: un día estás a tope, al siguiente estás tranquilo. Hazlo igual. No importa cómo te sientas».
Porque no le quedan tantos años en activo como parece y tiene que aprovechar: «Tengo 28 años. He jugado estos torneos diez u once veces. En los próximos años quiero estar comprometido, casado, probablemente con hijos. Y encima tienes a estos tíos jóvenes que vienen hambrientos. Todos los del top 10 son jóvenes. Ellos no vienen a decir ‘qué guay estar aquí’. Vienen a ganar. Si no tienes el juego a punto, no tienes trabajo. Así es como me siento ahora mismo».
Nishikori por encima de Fritz, y respeto a Djokovic
Más adelante, en una discusión sobre quién fue mejor jugador entre Kei Nishikori en su mejor momento y Taylor Fritz en el suyo, Tiafoe no duda: «Todo el amor del mundo para Taylor, su carrera ha sido increíble y solo va a mejorar. Pero Kei… No creo que la gente se dé cuenta de lo que hacía Kei. En 2018, cuando volvía de lesión, estaba jugando challengers en febrero. Perdió en un challenger contra Dennis Novakov, que jugaba al ping pong, bro [risas], y luego llegó a las Finales de Londres ese mismo año. Piensa en eso. Kei lo que me hacía era quitarme la raqueta de la mano».

También mencionan su relación con Ben Shelton, al que llama cariñosamente Part-time: «Ben es mi gente, bro. Estoy muy feliz por todo lo que está haciendo. Pero cuando jugamos, los dos vamos a por todas. Él ha crecido viéndome jugar. Y ahora nos enfrentamos en los escenarios más grandes. Estamos liderando el juego entre la gente de color, especialmente siendo americanos. Pero más allá de eso, yo no quiero perder contra ese tío, y él no quiere perder contra mí. Son partidos brutales porque los dos vamos con todo, pero un par de semanas después estamos yendo a un partido de baloncesto juntos o nos hacemos un FaceTime para decir barbaridades».
La humillación que lo hizo madurar
Tiafoe también se remontó al inicio de su carrera profesional, cuando de joven proclamó en una mesa de jugadores de futures que su generación, que eran los nacidos en 1997 y 1998, iba a barrer a los de 1992. Harrison, Tomic y otros estaban presentes. «Les llamé basura a todos. Era un ignorante de 17 años que venía del circuito júnior siendo número dos del mundo. Dije que no había manera de que a los 23 yo estuviera jugando futures».
La semana siguiente le tocó enfrentarse a uno de los presentes en aquella conversación, Sekou Bangoura. Perdió 6-0, 6-0. «No podía ni mirarle a la cara. Doblé todas las raquetas que llevaba en la bolsa, una por una. Llamé a mi madre y le dije: ‘Tenías razón, no puedo seguir’. Mi entrenador rechazó la wild card de la semana siguiente y me metió en la qualy. Y eso fue lo mejor que me pudo pasar».

Ahora lo tiene claro y lanza un mensaje a los jóvenes: «Lleva el chip, pero respeta el juego. Cualquiera puede ganarte. No es que sean mejores que tú, pero cualquiera puede ganarte».
Identidad, pertenencia y racismo
Muy interesante también es la parte extradeportiva de la entrevista. Tiafoe habla de una conexión inmediata, casi instintiva, entre personas negras en cualquier lugar del mundo. «Puedo estar en Alemania, en medio de la nada, y ver a un tipo negro al otro lado de la calle… y sabemos. Nos miramos y es como: ‘¿qué pasa?’. Pasa en cualquier sitio. En Rumanía, donde sea. Especialmente en esos sitios. Hay una conexión automática».
Tiafoe es uno de los jugadores más carismáticos del circuito y lo sabe. Forma parte del espectáculo. Y eso incluye situaciones impostadas. «He conocido a gente famosa y he actuado como si estuviera emocionadísimo… sin tener ni idea de quiénes eran. Te lo juro. Luego voy con mi agente y le digo: ‘¿quién coño era ese?’».
Algo parecido ocurre con su insistencia en el esfuerzo: «Quiero hacer cosas difíciles cada día. Levantarme y hacer lo que no quiero hacer. Correr cuando no me apetece. Eso es lo que marca la diferencia». Porque otro detalle importante es cómo ha afrontado este año, con un cambio radical en todas sus costumbres. Los entrevistadores habían visto en Instagram imágenes de sus entrenamientos y sesiones de Pilates, y han querido saber qué ha pasado: «Necesitaba un reseteo y encontrar maneras de rejuvenecerme y emocionarme para hacer el trabajo. Sentía que estaba en un punto en el que podía ir por uno de dos caminos, acomodarme, seguir con un ranking decente y ganar partidos, pero alejarme de donde realmente quiero estar, que es lo más alto. Así que decidí irme por la izquierda. Dije, pongámonos raros un par de meses y centrémonos únicamente en el trabajo».

Se metió en el reto 75 Hard: leer diez páginas al día, beber cuatro litros de agua, dos entrenamientos diarios, donde uno al menos sea al aire libre y, sobre todo, nada de alcohol ni de comidas trampa. «No bebí durante dos meses y medio y lo mantuve durante Australia. En total fueron cuatro meses y medio sin beber. Y eso solo ya te pone fibroso. Para el tema de la inflamación, es brutal».
A eso se sumó cortar con su debilidad confesa por las Oreos y los snacks. El resultado fue visible rápidamente. Perdió peso, mejoró el sueño y, por primera vez en su vida, descubrió el subidón del corredor. «Nunca lo había sentido en mi vida».También leyó. El libro elegido fue Relentless, del preparador Tim Grover, conocido por su trabajo con Michael Jordan y Dwyane Wade. «Me dijeron que leyera un libro y yo les dije: ¿leer un libro? Bro, yo tengo pelotas de tenis, no leo libros. Pero este me vino bien. Me niveló en todos los sentidos».

