
Apodado El profesor y campeón del mundo en cuatro ocasiones, Alain Prost, piloto de Fórmula 1, ha presentado en la televisión francesa una serie documental que cuenta toda su vida y se ha estrenado en Canal +. Son seis episodios de 26 minutos, donde se incide en su infancia y resalta sus orígenes armenios. Destaca el punto de inflexión que supuso en su vida entrar en contacto con el karting y lo que supuso para él, hasta el punto de dar sentido a su vida, la rivalidad con el fallecido Ayrton Senna.
De eso, precisamente, es sobre lo que más ha hablado Prost en una entrevista en Clique TV. Lo más llamativo ha sido una enigmática declaración sobre un secreto que Senna se llevó a la tumba y él, por lo visto, piensa hacer lo mismo. Ha dicho: «Me dijo cosas durante la semana de Imola. Me hizo prometer y jurar que nunca las diría. No se las he contado a nadie, ni siquiera a mi familia. Es algo que permanecerá en mí».
¿Trampas de Schumacher?
Pero el que sale peor parado es Michael Schumacher. En 1994, había sospechas de que su equipo estaba utilizando un software de control de tracción ilegal, entre otras irregularidades. Hubo investigaciones que no llegaron a confirmarlo, pero siempre ha persistido el rumor. Prost, al respecto, ha confesado que Senna no estaba bien emocionalmente en ese año, que estaba preocupado por los riesgos que se estaban corriendo: «El último domingo, me pidió que lo visitara en el garaje antes de la carrera, algo que nunca hacía. Me habló sobre su tristeza, su certeza de que Benetton estaba haciendo trampa, y sobre los riesgos que sentía que enfrentaba».

En aquel momento, Prost y Senna, que habían tenido una de las máximas rivales de la historia, por fin se habían hecho amigos: «Lo que es realmente bonito, de alguna manera, es que después de retirarme en 1993, nuestra relación cambió completamente. Durante los últimos seis meses antes de que falleciera, hablábamos regularmente tres veces por semana». De hecho, deja entrever que antes del accidente estaba más nervioso de lo normal: «En esa semana, me llamó tres veces. No estaba como antes. Era una persona diferente después de mi retirada».
Resulta, según ha revelado, que les unía mucho más de lo que les separaba y que Senna siempre le tuvo en alta estima: «Al principio, no entendía del todo quién era Ayrton. Pero después de su muerte, cuando su familia me invitó a su casa en Brasil, comprendí mucho más. Había fotos mías en su habitación, incluso de cuando competía en karting. Era impresionante».
Eso no había sido así, al menos aparentemente, hasta ese momento. La rivalidad entre los aficionados de uno y otro era similar a las de las hinchadas de cualquier equipo de fútbol: «Desafortunadamente, cuando Ayrton falleció el 1 de mayo de 1994, la comunión entre los fans se hizo realidad. Es decir, ya no hubo odio entre los seguidores». Llegó demasiado tarde, aunque él trató, dice, de que no fuera así: «Siempre le dije a los fans: ‘entiendo que sean seguidores de Ayrton, pero no necesitan odiarme a mí, o viceversa’».
Sin embargo, hoy no se puede entender esa época sin pensar en ambos pilotos, sus enfrentamientos les engrandecieron a ambos por igual, se retroalimentaron de la expectación e hicieron historia en el deporte del motor: «Cuando hablamos de Prost, siempre se habla de Senna. Es algo que estará conmigo hasta el final de mi vida. Es imposible no pensar en él».

Para Prost, llegó a ser una forma de crecimiento personal: «De alguna manera, nuestra rivalidad definió una era de la Fórmula 1, pero también me ayudó a entender muchas cosas sobre mí mismo». Porque, al fin y al cabo, ha quedado ligado a él para siempre: «No hay un día en que no piense en Ayrton. Recibo mensajes de seguidores todos los días, especialmente de Brasil, y todo me hace recordar nuestra historia juntos». Y no tiene ni una sola mala palabra hacia él: «era un competidor excepcional y, sobre todo, un hombre muy inteligente y competitivo. Siempre admiré eso de él».
Un piloto con respeto al riesgo
Aún así, en esta entrevista con periodistas franceses, Prost se ha reivindicado por encima de la leyenda de ambos: «Parece que mi vida como piloto, mi carrera, se resume un poco a un duelo Prost-Senna. Pero hay algo más». Se refiere a sus mundiales de 1985, 1986, 1989 y 1993, con 51 victorias en 199 carreras.
A la hora de explicar cómo logró ese currículum, ha dicho que fue confiando en la tecnología y los mecánicos: «Mi filosofía era siempre configurar mi coche al máximo para que yo solo necesitara conducir al 90 o 95%». Esta forma de ser estaba completamente en contradicción con la de Senna, que era un piloto que arriesgaba mucho más y le gustaba ir al límite. Sin embargo, Prost estaba vacunado: «La enfermedad de mi hermano me hizo consciente del peligro de la competición. Nunca asumí riesgos al 100%, siempre dejaba un margen».
El problema de su hermano le marcó para siempre, hasta el punto de que influyó en su forma de conducir: «Mi hermano estaba muy enfermo, tenía un tumor cerebral. Era complicado. Mis padres se ocupaban mucho de él, y yo también. Maduré antes de tiempo, eso seguro. Me convertí en adulto a los 13 años, cuando tuvo una crisis de epilepsia en mis brazos. Esa primera crisis me marcó para siempre, hasta hoy tengo pesadillas con eso».

Por ese estilo conservador y su incidente con René Arnoux en 1982, le tocó representar un papel de antihéroe durante los años 80. Ahora lo asume, pero todavía considera que no fue justo: «Hubo una orden de equipo que [Arnoux] no respetó, pero al final el villano fui yo. La traición del público y de los medios fue lo que más me afectó».
Alain Prost, el odiado
Se convirtió sin quererlo en el enemigo número uno de la Formula 1. Se vio obligado a abandonar Francia y sobrellevar la presión de la prensa y el público, que le puso en la diana: «Recibía mensajes de odio y amenazas de muerte en el contestador automático antes de cada fin de semana de carrera. Incluso quemaron mi coche. Me escupían en la calle cuando estaba en Francia».
De hecho, ha acabado hablando de los franceses como los españoles hablan de los españoles: «Descubrí esa dualidad en la mentalidad francesa: hay personas que te admiran, pero también muchas que sienten envidia o resentimiento. Es algo que nunca he logrado entender del todo». Para él, lo que ocurre ahora en las redes le trae sin cuidado, ya lo vivió en los 80: «Antes de las redes sociales, ya existía lo que ahora llamamos haters. Mucho antes de que esto fuera común, yo ya lidiaba con gente que me atacaba sin razón».
La única solución que encontró, fue escapar y fijar su residencia en Suiza: «Decidí irme de Francia unas semanas después del incidente en 1982. Había acumulado demasiada presión, odio y estrés. Pedí a mi agencia que me encontraran un lugar fuera del país. Así fue como terminé mudándome a Suiza».
Al igual que Bjorn Borg, se le acusó de no querer pagar impuestos en su país: «Siempre se ha hablado de que me fui por los impuestos, pero no es verdad. Dejé Francia con el equivalente de 30.000 o 35.000 euros después de tres años en Fórmula 1. Me fui para encontrar tranquilidad, no por dinero».
Orígenes humildes
Al menos, su llegada a la Formula 1 no fue una vocación buscada, sino que se produjo de pura casualidad. No fue un niño-diseño hijo de un millonario, sino alguien que sintió la llamada en cuanto notó la fuerza de un motor en el acelerador: «Mi madre me dijo: ‘Tu hermano quiere hacer karting’. Yo estaba cansado, no me interesaba. Pero fui por hacerle un favor. Cuando probé, fue como una revelación. Vi la estrella en el cielo y supe que era eso lo que quería hacer».

De hecho, comenzó a hacerlo muy en precario, con muy poca inversión, como podría hacerlo nuestro Rana en motos en aquellos años: «Cuando llegamos al campeonato de Europa en 1973, todos tenían caravanas y camiones impresionantes. Nosotros teníamos un remolque hecha por mí, que se rompió un mes después».
En lugar de recurrir a la superación, a la típica historia estadounidense, Prost lo que destaca de sus orígenes fue lo que aprendió de la carencia, que le hizo ser distinto a los demás, a los privilegiados: «Venir de un entorno humilde y sin conexiones en el automovilismo me dio una perspectiva única. Aprendí que con trabajo duro y determinación puedes alcanzar tus metas, incluso en un deporte donde los recursos son clave».
Por eso ha hecho esta serie, por si le puede ser útil a alguien su experiencia: «He dejado cosas detrás de mí que cuentan mi historia. Lo que importa ahora es cómo esas experiencias pueden inspirar a otros, especialmente a los jóvenes que enfrentan dudas sobre su camino en la vida». Porque, lo que tiene claro, es que no va a insistir más en su propio ego. Aquí lo deja: «Después de este documental, siento que ya he dejado una huella. No tengo interés en revisitar mi historia en un biopic o algo similar. Prefiero enfocarme en otras cosas».

La prensa francesa, que ya se ha reconciliado con el piloto, ha recibido la serie como un documental «íntimo y conmovedor». Se destaca que Prost siempre ha llevado una vida muy reservada y nunca ha vendido su privacidad, por lo que este documento es especialmente interesante por ese motivo, porque satisface una curiosidad de años.
A los periodistas les ha sorprendido ver cómo ahorraba cada franco para comprarse un kart de 700 francos, sin salir al cine o a los bares, viviendo como un asceta para reunir el dinero. Eso, sumado a los tres episodios dedicados íntegros a su rivalidad con Senna, han dado como resultado una serie «preciosa, rica, apasionante, bien montada y bien dirigida».


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