Ciclismo

Los gregarios más esclavos de la historia del ciclismo

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Gregarios. Armand de las Cuevas y Miguel Indurain (Foto: Cordon Press)
Armand de las Cuevas y Miguel Indurain (Foto: Cordon Press)

Son los reyes de cuando usted duerme la siesta.

Así, sin ambages.

Son los ciclistas que tragan kilómetros y kilómetros mientras las carreras parecieran «solo rodar». Son quienes tapan viento, quienes suben agua, quienes ayudan a meter codos para ganar posiciones. Son los que no salen en fotos (casi nunca), pero resultan indispensables para cualquier victoria (casi siempre).

Son gregarios.

No hay un deporte con figura así. No lo hay. Paisanucos cuyo trabajo es hacer más sencillo el trabajo de otros. Competición individual que se desarrolla por equipos. El rompecabezas último, la dificultad máxima. Y ahí destacan ellos. Los que renunciaron a sus opciones de éxito (que muchas veces existen), los que asumen un segundo plano de discreción y falta de ego (que muchas veces hay).

Freddy Maertens, gregarios (Foto: Cordon Press)
Freddy Maertens (Foto: Cordon Press)

Hay que tener confianza en uno mismo, en lo que representa, en lo que es, para ser gregario óptimo de bicis. Porque no hay mayor muestra de seguridad que trabajar para otros. Confiar en quien no eres tú, dando tú el máximo.

Si lo piensas… es hermosísima, su labor.

Por eso queremos hablar, aquí, de los gregarios. De los mejores y los no mejores, de los que siempre entendieron su curro y los que no lo aceptaron de buena gana. De vocaciones y felicidad. También, sí, de casi feudalismo. Coja el lector la rueda que más guste y acompáñenos por este camino difícil y sacrificado.

Eso sí, nos subirán bidones.

Roberto Laiseka, gregarios (foto: Cordon Press)
Roberto Laiseka (foto: Cordon Press)

Los gregarios que pueden más que su líder

Claro, la definición gráfica de gregario es… en fin, persona que trabaja para otros. Al menos en ciclismo, no nos metemos en cosas que no sean bicis. Y eso, que el gregario aparece supeditado al líder, y cuando el gregario aparece supeditado al líder es porque el líder, condiciones normales, tiene más patas, más opciones de campeonar, que el gregario. Por eso hemos querido empezarles todo este asunto hablando de gregarios que tiran más que su jefe, porque siempre es divertida la revolución y esos inventos de Joseph-Ignace Guillotin para con los que mandan. O algo del aire, no se me vayan a soliviantar.

Es cosa de antiguo, oigan. Si ya hasta de Ottavio Bottecchia dijeron que iba parándose en cada puente para esperar a Pélissier durante el Tour que gana nuestro galo hijo de puta preferido (purparlé). Luego trincó un doble Ottavio, y después lo mataron por antifascista. Como gregario empezó, que aprende a montar en bici durante la Gran Guerra, soldado con ruedines…

Pero a nosotros nos suena más el tema moderneces. Porque es de esas imágenes que se te quedan en pupilas. Olano subiendo aquel culo que tenía por Cerler (por Cerler hasta el pueblo, que es a Cerler lo que Nati Abascal a Axl Rose) y quedándose del Triki, de Chente, de Odriozola y de Jaime Mir, que estaba por allí chupando cámara. Luego le sale bien (a Olano), y termina ganando la Vuelta, pero vaya Vuelta para no guardarte en video, Abraham, vaya Vuelta para no guardarte en vídeo. Menos mal que más tarde trepó Angliru a toda hostia…

También recuerda uno lo de van Garderen y Evans en el Tour donde aquel australiano malhostiao, y con reacciones tipo William Foster sin climatizador, defendía el dorsal «uno». Porque sí, Evans ganó un Tour (Poulidor, Rominger, Vietto y Tarangu no, pero Evans ganó un Tour), y sí, Tejay van Garderen existe, no fue una pesadilla de Mikel Landa. Y eso, que intentó la épica Cadel por puertos alpinos, y lo llevaba el otro con gancho, lo descolgaba en cada curva, lo humillaba (porque eso es humillar) cuando la pendiente se encrespa. Hasta que se lleva dos voces bien dadas, hostias, y no me toques el leoncito de peluche, cabrón.

Ottavio Bottecchia, gregarios (Foto: Cordon Press)
Ottavio Bottecchia (Foto: Cordon Press)

Aquel mismo año, en Pirineos, pudimos ver mi escena preferida en esto de esconjonciar a tu líder. Por la intrahistoria, por las intervenciones posteriores en redes sociales (both wifes special guest stars), por la… en fin, por la imagen tróspida del asunto. Porque si ya es raro que alguien como Wiggins chulee en montaña (ejem) imagina que chulee a todos pero sea chuleadísimo por un gregario al que nadie espera, con más movimiento en la bici que una baticao hasta el culo de farlopa, y con la historia personal (bilharzia, cof, cof) más irreverente e insospechable en esto de las bicis.

Lo de Froome marchándose casi sin querer camino de Peyragudes, Wiggins echando mano del transmisor, Wiggins diciendo que mata a ese tío, te lo juro por Pete Townshend, Froome mirando para atrás con cara de “¿he sido yo?”…. En fin, un descojono.

Acabó raro, como acaban estas cosas.

Así, a modo de ejemplo.

(Luego Froome resulta que era un superclase de la hostia, y ganó un Giro, y una Vuelta, y le regalaron otra Vuelta, y trincó cuatro Tours, y ha robado más dinero a los israelíes que setenta veces Nabuconodosor. Pero hoy no les hablamos de Chris, que este es un artículo serio).

Herminio Díaz Zabala, gregarios (Foto: Cordon Press)
Herminio Díaz Zabala (Foto: Cordon Press)

Jóvenes promesas, viejas esperanzas

Lo más habitual es que uno empiece y acabe su carrera como gregario. Porque la juventud exige fogueo, y los años maduros exigen un poco de tranquilidad, porque lo importante, como en las piscinas de Teruel, es la tranquilidad. Pasa que, sobre todo a última hora, está la peña un poco resabiadísima, y piensa que su tiempo es aun su tiempo aunque haya dejado de ser su tiempo, y decide, unilateralmente, que los chavales se lo trabajen ellos mismos. En ocasiones de forma grosera, a veces pelín taimao.

De estos segundos citaremos, alegremente, a nuestro Perico Delgado, que escaqueó una miaja para lo de currar a Miguel. Que, también te digo, se notaba poco, porque Miguel curraba por catorce, y porque en los primeros noventa no necesitábamos siete compañeros en cada subida, pero… Ese Tour de 1992, ese ataque en Salève, esa calentada con Millar en Restefonds, que es una calentada tipo «cena de antiguos alumnos, vuelvo tres días más tarde con pantalón corto, la camiseta del PSV Eindhoven y un tatuaje en el pecho», ese tirar hasta morir pero sin morirme demasiado. Tampoco me juzguen, yo a Pedro no puedo quererlo más, así que todo me parecía estupendérrimo. Si hasta soñé con el cajón parisino esa Grande Boucle olímpica…

Y en el punto contrario está Claudio Chiappucci. Que era equipier fidelísimo-traicionero en aquella guerra Visentini-Roche post-Sappada. Que fue equipier traicionero-no-fidelísimo a última hora, con Marco Pantani. Pasando huevos de Marco Pantani en Santa Cristina, haciendo su carrera libremente. Espérame en Campitello, aguántate por Monte Giovo. Vale que nadie esperaba tal explosión, pero…

Alberto Leanizbarrutia, gregarios (Foto: Cordon Press)
Alberto Leanizbarrutia (Foto: Cordon Press)

Si es que estas cosas de «la carretera decidirá» molan mucho cuando la carretera decide… pero no tanto si alguien decide que no le gusta lo que decide…

Gente con ideas… peculiares

A veces ocurre que los gregarios no saben que lo son. O no saben que deben serlo en ese preciso instante. O no saben que todo se graba en el mundo bici. O no saben que vivimos en un universo distinto a los trips de amanita muscaria y las reflexiones rollo Carlos Castañeda. Pero cuéntale tú eso al bueno de Armand.

Armand de las Cuevas tiene un récord difícil de igualarse… fue el compañero de equipo que más sacó de sus casillas a Miguel Indurain. Sí, sí, Miguel Indurain, el que parece un perro pachón, el tío tranquilote que podría dividir una herencia entre seis nietos y todos quedarían encantaos. Ese Miguel Indurain. Pues de las Cuevas… lo volvió loco. O lo llevó a su terreno. Porque tú mirabas a Armand, tú mirabas la expresión de Armand, y era ese rostro de estar resolviendo a Poincaré, de estar pensando cómo será un gatito por dentro, de dudar sobre cómo pudo hacerse tan rápido maestra en el Santuario la hermana de Seiya (agujero de guión en un manga, quién lo iba a decir).

Vamos, que… peculiar. E iba mucho a lo suyo. Con calité, no piensen, porque calité para regalarnos. Pero se le subía el asunto. Hasta el segundo Giro de Indurain, el de la Mecair y los muchachos ferrariescos. Allí Armand se cuela en una escapada con Chiappucci. Se cuela para vigilar, en teoría, pero es que se cuela para vigilar desde el primer puesto del grupito, porque tira como un enajenao (ejem). Y Banesto en plan montería, y uno de los suyos en punta. Indurain rabioso, sea como fuere Indurain rabioso. Si casi te regalo Romandía, muchacho, y ahora esto. Nunca más. Menudo gregario de mis cojones.

Javier Murguialday, gregarios (Foto: Cordon Press)
Javier Murguialday (Foto: Cordon Press)

Tampoco piensen que fue la vez primera, ni la última. Que se nos agita el avispero, digo. Y no importa tu currículum, no importan los caireles y similar. Hasta al mismísimo Eddy se lo hacen, allá por Barcelona, Mundial de 1973, que llega Merckx con ganas de comerse el mundo (y el Campeonato del Mundo) tras esquivar al Ocaña del Tour y trincarse solo Giro, Vuelta y dos Monumentos. Poca cosa. Allí, a Montjuïc, acuden los belgas con una selección que metería miedo a Gengis Khan.

A Eddy lo acompañan Joseph Bruyere, Jozef Deschoenmaecker, Roger de Vlaeminck, Walter Godefroot, Jozef Huysmans, Herman van Springel, Frans Verbeeck, Rik van Linden y un chavaluco llamado Freddy Maertens, que es neo y tiene veintiún años, pero lleva ya pódiums en Kuurne, en de Ronde van Vlaanderen y en Dwars, además de puestos de espesor por Harelbeke, Gante o la mismísima Roubaix. Ahí es nada, el currículum.

Pero la pifia.

La pifia porque corre para sí y no para Merckx. O, mejor, corre para sí y un poquito contra Merckx, porque Merckx es flamenco pero menos flamenco de todo lo flamenco que debería ser un flamenco, ya saben. Así que cierra intentona del líder, y luego le dice que prepare su sprint, y Merckx no puede con la vida, y arcobaleno para Gimondi, que trincó palmarés gordo a base de estos asuntos. Un par de décadas estuvieron Maertens y Eddy sin hablarse, con careo incluido por televisión (careo que es la mayor muestra de pasivo-agresividad que jamás puedan ver), hasta que llegaron a hacer paces en cierta reunión de antiguos campeones, allá por el Beaujolais.

Marino Alonso, gregarios (Foto: Cordon Press)
Marino Alonso (Foto: Cordon Press)

Si quieren algo más moderno, por aguijonearles adolescencia… Pues Gotti en el Mortirolo. En aquel Mortirolo, que tú dices «la etapa del Mortirolo» y todos los chavales (en fin, todos los chavales que van con regularidad a mirarse la próstata) saben de lo que hablo. Pues ese día salió Ganni Bugno entre los primeros, salió Ganni Bugno resucitao, mira a ver si no vuelve Gianni, mira a ver si no está centradísimo, con esa elegancia que posee, con esa frialdad. Y su gregario era un mozu llamado Ivan Gotti, uno que a mí siempre se me da un aire a Alf (sí, lo siento, soy así), uno que tiene menos brillo que el baño del Plymouth un sábado a las tres de la mañana (bar mítico de Torralevega, añado), pero que camina mogollón (Gotti, no el Plymouth, el Plymouth ya echó la chapa). Y eso, que pasa un poco bastante Ivan de Gianni subiendo Mortirolo, y le pegan buena bronca, y espera a regañadientes, y dice que, mira, yo para esto me voy. Y se va del equipo un poco después, porque hay paisanos que no nacieron para tirarse tardes en plan gregariato.

Es así.

Los gregarios con calidad y victorias

Los gregarios también tienen días de gloria. Hasta tres semanas de gloria, si tenemos el universo alineao (y rivales con menos punch que Francisco Umbral en Humor Amarillo). Eso, que ellos también triunfan.

Miren lo de Javier Murguialday en Pau. Que, vale, también trinca una Challenge de Mallorca con los jóvenes llorando de alegría, pero, sobre todo, Pau. Menudo escapadón guapo, con Marie Blanque por medio. Allí logra Murguialday, un mítico de los ochenta y primeros noventa, la victoria merecida, la que nos alegró a todos. De paso impide un primer parcial de Richard Virenque, que era bastante insoportable, y siempre es bueno restar minutos de televisión a Richard Virenque…

Me viene, también, Juan Manuel Santisteban, el Santis, tipo de confianza de Tarangu (y anda que no necesitaba Tarangu tipos de su confianza), el que dijo una vez, en mitad del viento, «Taranguín, tú que eres pequeñuco ojalá pudiera meterte en el maillot para que no sufrieras con los abanicos». Ese Santis, ese del que todos hablan bien, del que nadie tiene palabra que no sean cariños. Pues él, luchador y corajudo, también logró victorias grandes, aun siendo el gregario más gregario de todos los gregarios. Hasta dos etapas en la Vuelta, oigan, que una fue por Laredo, al ladito de la su casuca. Qué grande, Santis, qué final más trágico y cruel…

El caso más extremo, con todo, sería lo de Sepp Kuss. Por reciente y por… en fin, por llamativo, que papó el paisanuco toda la Vuelta a España como tercera Grande, rollo Marino pero con aire New Age. Y hasta entonces Sepp Kuss era solo un gregario. Algunos dicen que si el mejor del mundo en montaña, pero yo creo que lucía mucho porque caminaba siempre mogollón al meterse en escapadas con temporeros. O, dicho de otra forma, tenía mejores piernas cuando corría para sí que para Vingegaard, verbigracia. Como si lo necesitase Vingegaard, oigan, que bien saltó al cuello camino de Bejes. Ay. Y eso, que el sano muchachote de Durango, simpatiquísimo por demás, trincó aquel septiembre la ola buena, la marea creciente, el día que entran angulas… trincó todo ello, coronó el primer pódium monocromático en un siglo, celebró la victoria más inesperada. Piensen que sentencia asunto camino de Javalambre, e iba señalando a la moto esas estampas bonitas que desde allí se ven. Todo muy serio, ay. Pero majo de narices.

Y, qué coño, merecido el éxito, que, aunque de lujo, es un currela.

Andrea Carrea, gregarios (Foto: Cordon Press)
Andrea Carrea (Foto: Cordon Press)

Currelas vocacionales

Claro que también hay tíos con ánimo de currela… vocacional. Gente que puede aspirar a premios mayores, y que a veces hasta los consigue, pero prefiere trabajar en pos del equipo, porque no hay ciclista que sea superior a nueve conjuntaos (bueno, igual Tadej, pero me entienden).

Miren, si no, a Herminio Díaz Zabala. Que ustedes recuerdan a Herminio Díaz Zabala (si es que suena fenómeno, suena que se te llena la boca… Herminio Díaz Zabala) calvo, bien moreno y tirando del pelotón, maillot de ONCE, la espalda paralelísima al asfalto, los brazos que se abren mucho. Pero Herminio tenía calidades para lograr éxitos gordos. Era rapidín, arrancaba magnífico cuando quedaban dos o tres kilometrucos, podía rodar mucho rato a velocidad alta sin desfallecer. Así que gana sus cosas (en algunas, como aquella etapa pionera de ONCE por la Vuelta, ni se le distingue, porque se emocionó y terminó tapándose la cara), pero a él lo que le gustaba, lo que le ponía en serio, era contribuir a éxitos colectivos. Era muy bueno en solitario, era de los mejores del mundo para gregariar…

Sumen, a Herminio, su medio hermano (también calvo, también grande, más cara de euskaldún que un secundario de Vaya Semanita) Alberto Leanizbarrutia. Que incluso gana un Intergiro italiano (curioso invento), y ronda puestos de honor por cronos setembrinas, pero nada, su curro era el curro, y bien a gusto lo hacía. Igual que, años más tarde, Isidro Nozal, que hasta casi se nos gana la Vuelta, pero él no quería ganar la Vuelta, y pierde los calzoncillos en Abantos, y no le molesta demasiao, porque Isidro era más de tirar para otros, disfrutaba haciendo su trabajo así.

¿Quieren más? Pues Uriarte o Ramontxu, con Miguel. O Marino Alonso, que tenía motor de la hostia pero también era grandote, casi como Indurain, y al final se convierte en el guardaespaldas de quien tiraniza pelotón. O Arsenio con Belda, y luego con Dietzen, y luego con Rominger, y luego con Olano, y al final hasta con Escartín, porque por Arsenio han pasado más líderes que por el Linda McCartney. O los transalpinos esos que se dedicaban a imponer respeto y custodiar a sus ases… los de pinta chunga y aires chulos de narices, los Enzo Moser, o Calcaterra, o Bortolotto, o Riccomi. Hasta el inefable Loro, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Todos ellos… currelas de bien.

Ivan Gotti, gregarios
Ivan Gotti (Cordon Press)

Gregarios a la vieja usanza

Y terminamos con los gregarios… gregarios. Los gregarios de verdad, los que viven sin vivir en ellos, porque ellos viven para su líder, y etcétera. ¿Victorias? Fruslerías. ¿Destacar? Algo de mal gusto. Nosotros al currele, que es lo que toca. Y los demás… pues ellos se apañen.

Decía Cochise Rodríguez, por ejemplo, que él tiró mucho de Gimondi durante sus años en Europa. Que tiró literalmente de Gimondi, el mítico Cochise, porque lo remolcaba en los altos, ponía su mano en la espalda del líder y… para arriba. Así es el asunto, explicaba. Rafael Antonio Niño, su compatriota, nunca pudo aguantar tales humillaciones y volvió para América, desengañado y triste. También habiendo aprendido dos o tres cosas sobre tácticas y juego grupal…

Claro que si quieren una historia de gregarios… pues Coppi. Siempre Coppi. Que tenía, a su alrededor, una secta más que un equipo. Ettore Milano, su hermano Serse… todos miraban por y para il campionissimo, todos renunciaban a su éxito, a su vida, a su propio nombre para que él pudiera descansar, pudiera hacer mejores entrenos, pudiera, en fin, tornar leyenda. Y, de entre los que renuncian, hay uno con biografía clave. Andréa, se llama. Andréa Carrea.

Porque Andréa Carrea fue muchas más que un gregario de Coppi; pero fue, sobre todo, un gregario de Coppi. Fue, verbigracia, albañil, brazos fuertes, riñones de hierro. Fue, también, socialista, y partisano durante la Segunda Guerra Mundial. Y lo capturan los nazis, y lo mandan a Buchenwald. Y sale de Buchenwald, cuando acaba la guerra, y vuelve hasta Italia recorriendo caminos, recorriendo trocitos de una Europa que se fue, de una Europa que aun sangra. Nunca quiso contar mucho, Carrea, de ese retorno. Para qué, son malos recuerdos. Cuántas cosas no vería… El caso es que vuelve, y empieza a competir en bici, y no hay sufrimientos bastantes para quien sufrió un campo de prisioneros. Así que se desvive por Coppi, es la encarnación ideal del gregario sin intereses, sin mayor ambición que su amado líder. Hasta extremos… en fin, hasta todos los extremos.

Porque Carrea fue el primer hombre en ascender Alpe d´Huez con el maillot jaune. Y lo hizo avergonzao, lo hizo sin ánimo, lo hizo sumido en el autodesprecio y la rabia. Una escapada larguísima, el día anterior. Un grupo de ocho (nombres conocidos… Diggelmann, Marinelli, Raoul Remy, el mito Ahmed Kebaili). Casi diez minutos al pelotón. Y alguien que suma tiempos. Andréa Carrea es líder. Líder de todo un Tour de Francia. Él primero, Magni segundo, Laurédi tercero, luego Coppi, Close y Bartali. Cinco italianos entre los seis primeros. Pero él, Andréa, líder.

Y el drama.

Porque Carrea se nos rompe en sollozos. Tiene miedo de Coppi, se siente indigno del maillot. Fausto, qué dirá Fausto, el amarillo es de Fausto, no de trabajadores humildes. Y Fausto llega, sonríe, abraza al gregario, levanta sus manos, alégrate, Andréa, alégrate. No importa. Se pone el jersey entre lágrimas, apenas duerme esa noche. A la mañana siguiente, antes de la primera etapa que jamás escalaría el Alpe d´Huez, antes de la llegada en alto pionera en la Grande Boucle, Andréa se arrodilla ante su líder. Ven, Fausto. Andréa se arrodilla ante su líder y limpia sus botas (limpia sus botas, vean la imagen) con el maillot amarillo. Uno imagina a Goddet cagándose en todo el Piamonte, en la Casa de Saboya y en Vittorio Emanuele si se le pusiera delante. Pero para Carrea aquello era lo lógico.

Él siempre fue un gregario.

Nada más que un gregario.

Todo un gregario.

2 comentarios

  1. Toda la épica del artículo se cae al suelo cuando uno piensa que muchos de los nombres que aparecen iban muy probablemente dopados. Quizás casi todos. El ciclismo se ha destruído a sí mismo durante décadas.

  2. No entiendo muchas de las expresiones que utiliza el autor. Se me escapa tanto argot ciclista. Lo siento.

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