Entrevistas de ciclismo

Claudio Chiappucci: «En nuestra época no había esos desarrollos que hay ahora, pueden subir lo que quieran»

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Claudio Chiappucci

Su nombre era el miedo. Primera mitad de los noventa, mes de julio, y encendías la tele aterrorizado por si ya andaba delante. Claudio Chiappucci (Uboldo, 1963) se convirtió en el rival máximo de Indurain. Quizá no fuera quien tenía más talento, no era el más elegante pedaleando, pero jamás iba a rendirse.

Y, pese a todo, aun aquella adolescencia indurainesca era imposible odiar a Claudio. Más aun… era imposible no querer un poco (o mucho) a Claudio, no anhelar que alguna vez llegara, que encontrase, al fin, ese premio máximo que un tipo fiable e indestructible le estaba siempre negando. Por eso todos empujamos un poquito en aquel último kilómetro de Sestriere, cuando parecía que Indurain iba a comérselo, cuando Chiappucci terminó por culminar una gesta digna de Coppi. Entró llorando. Llorando de éxtasis, claro, pero también de puro dolor. Ese era Claudio.

Ese y un carisma desbordante. El guerrillero de las cumbres, el tipo que conquistó San Remo atacando a ciento cincuenta kilómetros de meta. El que se retorcía, aceleraba, jamás decía no a las escaramuzas. El tipo sonriente que hoy solo quiere disfrutar de la vida. De todo eso hablamos con él… de sus duelos con Indurain, de lo distintos que son Gianni Bugno y él, de si era más furbo Lemond o Chiappucci, de cuando su padre se quedaba con hambre para dar de comer a Fausto. Es una charla con un cachito de nuestra historia.

El mayor enemigo de entre todos los que llegaste a amar.

P.R.C. Claudio, ¿qué estás haciendo ahora? Porque tienes una actividad frenética.

Sí, muchas cosas, me invitan a muchas cosas, no solo ciclismo. Sigo entrenando un poco, alguna carrera… pero disfrutando, claro, no es como cuando era profesional. Y gracias a ello viajo mucho.

P.R.C. Pero, ¿llevas gente contigo, eres organizador de eventos? Porque alguna vez has organizado viajes.

No, hay mucha gente, pero no los llevo yo. Yo no organizo, a mí me llaman. Puede ser una semana de entrenamiento con grupo, puede ser… (resopla). De todo, puede ser de todo.

P.R.C. ¿Y ganas bien de dinero?

(Ríe). Lo intento, lo intento. Eso también es cosa de disfrutar, disfruto de la vida.

P.R.C. Es que tú eres afortunado, porque has hecho lo que querías en el ciclismo y lo haces ahora.

Sí, pero eso ha dependido del carisma, creo, porque tras concluir mi trayectoria profesional la gente me sigue invitando, me quiere.

P.R.C. Es que caes muy bien, creo… ¿dónde te quieren más? ¿En España, en Francia o en Italia?

En Francia mucho, sí, hay una Granfondo que lleva mi nombre. En España también, allí se disfruta mucho con el cicloturismo, ya me contrataron para ir en 2024 a Tenerife, a Gran Canaria, tengo un programa distinto cada año…

Claudio Chiappucci

M.P. ¿Por qué crees que te quieren más en Francia que en España o Italia?

Es diferente… Soy italiano, y allí es normal, pero me llaman más de Francia o de España. Para mí es importante, no hay muchas figuras italianas que sean muy conocidas en el extranjero.

M.P. Antes has comentado, fuera de micrófono, que estuviste en una marcha cicloturista con Peio por Ibiza… ¿salíais después por la noche?

Cuando se puede (ríe). Disfrutar no es solo estar en bici todo el día, el momento también llega después, cuando bajas de la bici. Creo que eso Peio también lo sabe.

P.R.C. Lo sé pero no me acuerdo (risas).
M.P. Y de profesional, ¿también podías salir por la noche?

No, antes no… para mí no, porque cuando todo el mundo te mira, toda la prensa está pendiente de ti, el equipo… no, para mí no era fácil eso. Pero para mí…

P.R.C. Algún compañero tuyo venía a la Vuelta a España y sí que salía.

Sí, pero no era ciclista para la clasificación general. Trabajador, de etapas, pero los líderes no…

P.R.C. Tuvo mucha fama en España uno del que no voy a decir el nombre…
M.P. Ya lo digo yo… Roberto Pagnin, que le llamaban Gigi el Amoroso.

Disfrutaba un poco con las azafatas, ¿no?

M.P. Pagnin llegó a pedir a los periodistas que no publicasen nada de todos estos asuntos porque él ya tenía novia por Venecia.

Roberto ha tenido muchas novias, no una (sonríe).

M.P. Otro compañero tuyo, también Roberto, que tenía pintas de latin lover… Visentini.

Cuando pasé a profesional, él estaba en el equipo, año 85. Era un gran ciclista, pero su mentalidad era de dinero, de vivir la vida… No disfrutaba mucho del ciclismo, venía de buena familia.

M.P. Los padres tenían una funeraria.

Ahora es suya, sigue trabajando en eso.

P.R.C. ¿Y tiene mucho dinero?

Bueno, es que ese es un trabajo que no termina, no tiene crisis.

M.P. Estará esperando a que se muera Roche.

Ah, sí, siempre están enfadados los dos. Siguen, siguen… Si alguna vez estoy con Visentini él me habla mal de Roche, y si estoy con Roche me habla mal de Visentini…

P.R.C. Tú cómo viviste aquello, aquel Giro de 1987.

Bueno, yo era muy joven, y estaba del lado de Visentini, porque las órdenes del equipo eran estar al lado de Visentini. Puede ser que yo no estuviera de acuerdo, pero era joven… Fue una historia un poco loca, no había necesidad de hacer una guerra así, la cosa era que Visentini trabajase para ganar el Giro y después Roche para ganar el Tour, y ambos se ayudasen el uno al otro. Pasa que Visentini habló que si ganaba en Italia no quería acudir a Francia, se iba de vacaciones, y por eso Roche se enfadó un poco.

Claudio Chiappucci

P.R.C. Y tú a quién dabas la razón?

Difícil, eh, difícil. Pero eso de que Visentini dijera que no iba al Tour pues… entonces Roche no trabaja. Comprendo la reacción de los dos, pero creo que aquel Giro teníamos posibilidades de hacer primero y segundo. Y, en un momento, casi no gana ni uno ni otro. Había corredores que estaban con Visentini, otros con Roche… A nosotros nos mandaba el equipo, y a cada corredor le decía que con uno u otro. No era decisión mía…

P.R.C. ¿Tú siempre has obedecido al equipo en tu carrera profesional?

Casi siempre, casi…

P.R.C. ¿Alguna vez que se pueda contar que desobedeciste?

La etapa de Sestriere no estaba prevista así.

P.R.C. ¿Te dijo el director que parases?

Bueno, es que cuando llega el coche ya estamos subiendo el segundo puerto, y no quedábamos muchos en la escapada, así que… Me dijo que esperase, pero respondí que seguía tranquilamente, a ver qué pasaba por detrás…

P.R.C. ¿No tenías intención de hacer aquello?

Ganar la etapa sí, porque reconocí el recorrido meses antes, entrené por allí… Entonces no llegaban muchas etapas a Italia, y aquella era la que más me gustaba del Tour… difícil, larga, con mucho desnivel, fue algo histórico. Y al día siguiente también era etapa difícil, camino de Alpe d´Huez. Allí el Gatorade me atacó, ¿recuerdas?

P.R.C. Yo obedecía órdenes.

Pero recuerdas que había orden de atacarme en la primera subida, pensaban que estaba muerto… Después Miguel y yo recogimos a Bugno y Fignon en la bajada del Galibier. Y subiendo Croix-du-Fer ellos, Bugno y Fignon… puf (hace gesto de quedarse sin fuerzas). Peio puede contarlo, porque estaba en el otro equipo.

M.P. Dentro de un mes hacemos una entrevista tú y yo a Peio, para ponerle en aprietos.

Sí, es buena idea.

P.R.C. Yo me hubiese llevado mejor como compañero contigo que con Bugno.

Es por el carácter… Gianni sigue igual, siempre parece un poco frío, no tiene mucha alegría, no disfruta… No es como debe ser un italiano o un español.

P.R.C. Incluso con Indurain… él siempre sufría y sufría, Bugno lo admiraba pero estaba obsesionado con él… Tú tenías otra relación con Miguel.

Más abierta, sí. Bugno no hablaba… ni con Miguel ni conmigo. Y ahora es igual… si vamos a tomar una copa de vino, él pide coca-cola.

Claudio Chiappucci

P.R.C. ¿Y tu relación con Indurain?

Bien, bien… y ahora también, nos encontramos en alguna marcha. Pero hay pique, competición, a Miguel le gusta salir siempre a tope, y si él sale a tope yo lo sigo. Pero con él se habla, buenas relaciones, conocí a su madre y a su padre, eran casi tifosi del Diablo. En carrera estamos aislados, es normal, pero fuera…

M.P. Vamos a tus comienzos, Claudio… ¿A qué se dedicaban tus padres?

Tenían una tienda de ropa, trabajaban allí los dos.

M.P. Tu padre estuvo en la Segunda Guerra Mundial… ¿hablaba de eso en casa?

Sí, a veces, me habló de la historia de Fausto Coppi. Él conoció a Fausto, después yo conocí a Gino Bartali, hablaba mucho con él, mi familia tiene origen toscano, como él… no me hablaba muy bien de Coppi (sonríe)

M.P. ¿Cómo era ese Bartali anciano?

Un carácter auténtico, un carácter fuerte. Le gustaba hablar de sí mismo, de su época. Recuerdo que una vez, cuando era un ciclista modesto, en mi primer Giro de Italia, me dijo que le gustaba mi manera de ser, mi carácter. Nunca lo olvidé, comprendí más tarde la magnitud de lo que me había dicho cuando aun era un ciclista joven, uno que soñaba con ser campeón.

M.P. También he leído que tu padre coincidió en un campo de prisioneros con Coppi, y que daba a Fausto parte de su comida.

Sí, es cierto, tenía compasión de él, lo conocía como ciclista, tenía mucho carisma, era muy famoso. Para mi padre era un acto de honor.

M.P. ¿Le gustaba el ciclismo a tu padre?

Sí, y le gustaba antes de ser yo ciclista, porque yo empecé jugando al fútbol.

P.R.C. ¿Por qué dejaste el fútbol?

No me gustaba dónde me ponía un entrenador. A mí me gustaba estar delante, a la derecha, porque era muy rápido, y él siempre me pedía que fuera para atrás, para atrás. Tenía quince años, no me gustaba, no me veía… Me fui. Con mi pasión por el deporte alguna vez he pensado que podía haber sido futbolista profesional…

M.P. Cómo era aquel pueblo de Uboldo donde naces y te crías.

Pequeño, sigue siéndolo, está al lado de Saronno, que es conocido por el Amaretto di Saronno. Bugno tampoco está lejos de mi casa, vive a unos treinta kilómetros, en Monza.

M.P. Y ¿os cruzabais entrenando? Cuando eráis profesionales, digo.

No, porque yo entreno junto al Lago Maggiore y el Lago Como, él iba por Bérgamo y la Brianza.

M.P. ¿Y qué puertos subías en tus entrenamientos?

El más conocido de mi zona es el Ghisallo. Me cae cerca Suiza, también… Monte Generoso, que hubo una cronoescalada un año en el Giro, ganó Lucho Herrera.

M.P. ¿Recuerdas tu primera bici?

Sí (piensa), era muy pesada. Once o doce kilos, más o menos. Me la regaló mi padre. Recuerdo que era de color rosa, imposible de olvidar. Ahora en el Giro quien lleva la maglia rosa se pone entero de rosa, pero cuando yo era joven no se veían muchas.

M.P. ¿Y el maillot de tu primer club?

Era como el de la Bianchi. Se llamaba Pedale Saronnese. Era de Saronno, en mi pueblo no había club.

M.P. Con ese maillot logras tu primera victoria, que ni siquiera puedes levantar los brazos.

Sí, fue con ese… estamos hablando del 80 u 81. En el 82 pasé a la categoría de aficionados, con dieciocho. Empecé bastante tarde. Y tengo ese maillot, tengo toda la colección de mis maillots, de todos mis equipos. Es que no cambié mucho… Pedale Saronnese dos años, aficionados tres años con ISAL Tessari, cuando gané el Campeonato de Italia, y luego en profesionales Carrera. No he cambiado mucho, fui bastante fiel.

Claudio Chiappucci

M.P. Bueno, terminaste al final en Asics y en Amica Chips.

Sí, pero cuando acabó el Carrera. Y la estructura en Asics era la de Carrera, aunque había cambiado el patrocinador.

M.P. ¿Qué tipo de ciclista eras en amateurs?

Bastante completo, ganaba en sprint, ganaba en montaña. Mi único problema ha sido siempre la contrarreloj. Alguna he ganado, pero siempre cronoescalada. En profesionales gané en la Setmana Catalana, por ejemplo, en el Santuario de Berga. Había un sector por la mañana, que gané al sprint, y por la tarde la crono, donde batí a Herrera y a Stephen Roche. Y después, ese sábado, gané la Milán-San Remo. La Setmana terminaba el viernes…

P.R.C. ¿Cuántos kilómetros estuviste escapado en la Milán-San Remo?

Ciento cincuenta.

P.R.C. ¿Y cómo se te ocurre hacer eso?

Bueno, era una carrera de las más difíciles de ganar para mí. Pero, bueno, si no puedo ganarla, lo intento, pero lo intento a mi manera. Y mi manera era atacando de lejos. Bajando Turcchino estaba húmedo, había llovido un poco, no era fácil ese descenso. Allí estaba también Marino Lejarreta, que era un buen bajador. Era a mitad de recorrido, llevábamos ciento cincuenta, faltaban ciento cincuenta. Se fueron conmigo más de diez ciclistas, y eso fue importante, solo hubiera sido imposible. Llegando a San Remo hay pequeños puertos, siempre se va rápido.

M.P. Aquel día te ayuda a hacer el corte Bontempi…

Sí, le dije de atacar. Subimos el puerto casi al sprint, y al pasar el túnel que hay arriba iba todo el pelotón roto. Y de ahí para abajo.

M.P. Después tiras en todas las subidas y te deshaces de Rolf Sørensen en el Poggio.

Ya en La Cippresa él iba en crisis, pero no podía dejarlo, porque aun estaba muy lejos de la meta, para mí era importante que aguantase conmigo, que me ayudase… y pensase que podía ganar. Tú conoces un ciclista y sabes cómo pedalea, se nota si va en crisis, si tiene problemas… y yo he visto eso en Sørensen.

P.R.C. Tú tienes fama de alocado, de ataques muy lejos y tal… pero realmente eras furbo… Cómo se dice en castellano… astuto. O zorro.

En italiano se dice furbo, sí.

P.R.C. Tú sabías aprovecharte de los demás, sí, sabías leer la carrera.

(Sonríe) Disfrutar, disfrutar mucho, disfrutar a cada momento.

P.R.C. No eras nada loco.

No, los demás pensaban que sí, que era una tontería cuando atacaba. Pero no era así, porque a veces llegaba gracias a ese ataque. O hacía segundo, tercero… La única manera para intentar ganar a gente como Miguel era atacar en el momento preciso. Si es muy lejos de meta no era lo importante para mí. Hay muchos «porqués». El ambiente, si hay viento, si alguien entra en crisis…

M.P. Como amateur consigues victorias buenas, ganas el Valle de Aosta, la Friuli-Venecia Giulia, eres campeón italiano… ¿ves cerca el paso a profesionales?

Entonces era obligatorio estar tres años de aficionado, y después, si destacabas, pasabas a pros. El año 84, mi último como aficionado, fui el mejor aficionado del país, en resultados y en victorias. Eso me daba mucha moral, llegar al profesionalismo era un resultado importante.

M.P. Aquellas carreras amateurs con los soviéticos, los checoslovacos…

Era difícil, sí. Pero yo tenía buen equipo y buen entrenador así que alguna carrera ganaba… Por etapas, sobre todo. Mi mejor cualidad era la mentalidad, ser combativo, estar con los primeros… Cuando iba a una carrera siempre estaba para competir, no perdía el tiempo mirando el paisaje o la gente. Si había ciclistas más fuertes que yo me motivaba mucho más.

M.P. ¿Cómo se llamaba era aquel entrenador?

Enrico Maggioni, que también fue ciclista profesional.

M.P. Tú fuiste uno de los primeros ciclistas en llevar casco.

Ah, sí… fue por contrato, era un casco Giro. No debía llevarlo siempre, pero sí en los momentos importantes. Subiendo Iseran, por ejemplo, el día de Sestriere, y hacía mucho calor, no fue fácil. Pero era un casco muy ligero, no molestaba mucho, y es tu trabajo, si hay un buen contrato debes cumplirlo.

P.R.C. Me has roto un mito, yo pensaba que llevabas casco por seguridad.

Eso llegó después, gracias a mí, fue una consecuencia (sonríe).

M.P. Hablando de evoluciones… el pinganillo, el potenciómetro, las etapas más cortas… tú qué opinas de este ciclismo de hoy.

Es un ciclismo totalmente diferente, hay que entenderlo. Nunca me ha gustado el pinganillo, porque tú no puedes correr con alguien que te habla, te habla… No me gusta. El instinto debe estar ahí, si sabes la estrategia, si sabes cómo es la carrera… Después puedes hablar con el coche, claro, pero hablar a cada momento, como si fuera Fórmula 1… es otra historia. Porque nosotros no tenemos un motor, tenemos un cuerpo, todo debe ser natural, no podemos ir a la tecnología. Han cambiado muchas cosas, muchas… las bicicletas, las carreras, el entrenamiento, el vestuario… No hay nada igual a lo de antes. Casi nada.

Claudio Chiappucci

P.R.C. ¿Cómo hubieras vivido tú con pinganillo, potenciómetro, etapas cortas?

(Hace un gesto como si se quitase el pinganillo). Mira, mira… no. Y las etapas cortas… al ataque, siempre al ataque. Si es más larga lo comprendo, pero cortas… siempre atacando. Pero ahora es diferente a nuestra época. Eso sí, ahora no hay contrarreloj tan larga como entonces. Hubiese sido otra historia, antes había dos de sesenta o setenta kilómetros, más la por equipos, más un prólogo.

M.P. Y los puertos como Angliru o Zoncolan, de pendientes muy altas, ¿crees que te hubiesen venido bien?

Con la bici de hoy sí, pero en nuestra época no había esos desarrollos que hay ahora, suben con treinta y seis dientes delante, treinta detrás… con eso puedes subir lo que quieras, con lo que teníamos nosotros no se podía. Cargábamos treinta y nueve por veinticuatro, veinticinco como mucho, con eso subíamos el Mortirolo. Y con una bici que pesaba dos kilos más. Era bastante diferente. Mira los ciclistas, están todos finísimos, también los sprínters, y yo no sé por qué.

M.P. ¿Crees que te hubiesen venido bien esas grandes pendientes o prefieres puertos más largos, más clásicos?

Me hubiese venido bien que no hubiese contrarreloj, como pasa ahora, que hay una y quebrada. Con los recorridos de nuestra época era mucho más abierto.

M.P. ¿Hubieses ganado algún Tour a Indurain con esos recorridos?

No sé, no se sabe… puedo pensar que puede ser (sonríe). Pero es un sueño.

M.P. Y los entrenamientos de tu época… ¿cómo eran?

Han cambiado mucho, ahora están siempre en concentraciones, en altitud, uno o dos meses, y después vuelven a la carrera y ganan… yo no sé cómo lo hacen. En nuestra época tenías que competir para encontrar la condición física, la resistencia, la técnica en carrera… era completamente diferente, hoy hacen muy poquita competición y ganan mucho. Ahora bajan de la concentración y ganan carreras importantes, Clásicas, una Lieja, un Flandes… ¿cómo pueden hacerlo?

M.P. Te lo pregunto a ti… ¿cómo pueden hacerlo?

Es la duda (sonríe), yo no lo entiendo, si viviste nuestra época no lo entiendes.

P.R.C. Yo la única explicación que tengo es el potenciómetro.

Yo ahora tengo todo… tengo dos potenciómetros en la bici. Pero solo lo miro, no es importante… para mí las sensaciones son lo importante, el potenciómetro confirma lo que veo, lo que siento, no me importa hacer trescientos o cuatrocientos vatios…

M.P. Una curiosidad… cuando te invitan a una cicloturista… ¿sigues siendo batallador? ¿Te picas?

Depende. Si viene Indurain sí, porque él me pone ansia… Pero las otras veces no. Estoy al principio con los primeros, disfruto, y después me relajo, vivo el ambiente, la montaña, el paisaje… No se puede ir siempre a tope, no me gusta, no hay nada que ganar, a las marchas vas a disfrutar, así lo veo yo.

M.P. Avanzamos un poco en tu carrera, y llegamos al gran salto, el año 90. Mejor escalador en el Giro, segundo y jaune hasta casi el final en el Tour… ¿qué ha cambiado en ti para crecer tanto tu rendimiento?

La experiencia… vivir al lado de campeones, de líderes, me ayudó. Y después mi físico había madurado, la motivación…

M.P. Pero es un cambio enorme en poco tiempo… tú en el 90 empiezas siendo casi desconocido y en el noventa y uno quizá eres, por resultados, el mejor ciclista del año.

Sí, pero eso fue gracias al noventa, porque ponerme el maillot amarillo fue una victoria importante. En Italia se temía al Tour de Francia, llevaban treinta años sin camiseta amarilla, y eso me motivó mucho, toda la prensa, todos me querían… me cambió mucho mentalmente.

M.P. Y en tu preparación ¿hay cambios?

No muchos, importa más la mentalidad, cuando descubro que puedo ser importante, hacer una planificación como líder, saber que los patrocinadores y la prensa esperaban mucho de mí…

P.R.C. Y en el equipo ¿te trataban como líder?

Sí, pero no fue fácil pasar de gregario a líder. Y tampoco era fácil ser gregario conmigo… A veces tenía que atacar pero no había un equipo de nivel. No tuve la oportunidad de hablar con la escuadra para decirles «me gustaría fichar a este ciclista, a este otro».

P.R.C. ¿Y de presión? Porque ser gregario es muy cómodo, haces tu trabajo y ya, pero los líderes deben estar todo el día delante.

Sí, claro, pero yo con esa presión no tenía problema, nada, a mí me gustaba, me motivaba mucho, siempre. Y si había un problema yo me motivaba más que cuando todo iba perfecto…

M.P. La famosa escapada del Tour, año 1990. ¿Cuál es tu objetivo tras coger esos diez minutos?

En esa etapa el primer objetivo era el maillot à pois (clasificación de la montaña). Al Tour llego bien desde el Giro, donde gané el maillot verde de la montaña e hice una buena general. Hablando con el equipo les comenté que quería ver si era posible ser un líder en el Tour, que me gustaría intentarlo, ver mi límite en una carrera por etapas. Así que primera etapa… objetivo: estar en la escapada. Y no fue fácil, ¿eh? Yo no pensaba en el amarillo, solo en la montaña. Después, cuando cada día iba perdiendo tiempo uno de los cuatro de aquella escapada, ya…

Claudio Chiappucci

M.P. Tú te vistes de amarillo tras una cronoescalada.

Exacto, una cronoescalada por Grenoble. Fue la primera vez que disputaba una crono como esa.

M.P. ¿Qué se siente al ponerse el maillot amarillo? Yo es que no me lo he puesto nunca…

Cuando llegué a la meta vino todo el mundo a felicitarme… te falta el aire y todos ellos allí, rodeándote. Fue un día muy importante, toda la prensa estaba conmigo, no podía comprender la importancia de aquello. Para mí fue enorme, indescriptible, era una cosa que no sabía cómo era, no estaba preparado para ello. Si hay una segunda oportunidad hubiese tenido la experiencia. Aquello cambió mucho mi manera de correr, ya era un líder para carreras por etapas.

M.P. Bueno, cambió tu manera de correr relativamente, porque aquel Tour…

Sí, pero después de eso ya tenía mentalidad de líder, antes solo intentaba. El amarillo fue momento clave.

M.P. Pero tú sigues corriendo igual, porque camino de Luz Ardiden atacas en Aspin.

Sí, pero porque estaba solo, no tenía equipo, el Carrera en aquel Tour no estaba preparado para arropar al líder. En el Aspin todo el mundo atacaba, yo estaba bien y pensé «voy a atacar, a ver qué pasa con los otros». Fue un día importante, todos hablaron muy bien de aquello, también los organizadores del Tour, no se suele ver a un maillot amarillo atacar de esta forma.

M.P. ¿Cómo era Lemond?

No… no me gustaba mucho. Era más furbo que yo, aunque fuese débil… imagínate que ganó un Tour a Fignon por ocho segundos en la crono final.

M.P. En la famosa etapa de Val Louron quien hizo el ataque que destroza a Lemond fuiste tú…

La idea era atacar al líder. Él era el líder, aunque no llevase el amarillo.

M.P. Pero ¿tú lo disfrutas especialmente por ser Lemond?

No, cada año es diferente… yo tenía un año más, más experiencia, ya estaba más preparado para la clasificación general… y Lemond no. Puede que aquello del Tourmalet lo disfrutase especialmente, fue una especie de victoria. Piensa que cuando pierdo el Tour contra él aquella fue mi primera contrarreloj larga a disputar. No era fácil, ni siquiera tenía una cabra de contrarreloj en casa.

M.P. Después de eso, en el llano entre Tourmalet y Aspin, saltas a por Indurain, que había atacado bajando… ¿Cómo se te ocurre ese movimiento?

Con Indurain era otra historia, porque él en esa época trabajaba para Perico, el líder era Perico. Cuando se escapó yo no pensaba que podía ganar el Tour, no lo conocía, no se hablaba mucho de él. Pero en la escapada fuimos juntos, trabajando, perfectamente. Yo pensaba en ganar la etapa, pero también sabía que era un momento importante para la general. Lo que no creía es que Miguel pudiese ser el líder de su equipo.

M.P. O sea, camino de Val Louron tú vas pensando que Indurain se hunde en los Alpes.

Sí, lo pensaba. Ahora puedo decirlo, antes no.

M.P. ¿Habláis durante aquella escapada?

No, casi nada. Disfrutamos de la escapada, no había auriculares, no estaba claro lo que pasaba por detrás… Escapada buena, todos tranquilos, igual no pensaban que pudiésemos llegar, no sé.

M.P. ¿Crees que Indurain disputa el sprint?

Bueno, yo me puse detrás de él, porque no sabía cómo era al sprint, y quería ganar la etapa. Me pongo detrás, y en aquella llegada él pensó más en la general que en el sprint. Pero es que no conocía a Miguel, y cuando no conozco a un ciclista… me pongo detrás. Mejor detrás que delante. Y yo no era malo esprintando.

M.P. Tú eras bastante rápido, en una etapa de la Vuelta a España llegas a hacer segundo en una volata, creo recordar.

Sí, en el Tour también, en el Giro también… Hasta he ganado al sprint en la Setmana Catalana. Un sprint de grupo, el día que había dos sectores.

M.P. Una vez que ves a Indurain, su poderío en montaña y contra el crono… ¿Cómo entrenas para enfrentarte a alguien casi invencible?

La única forma era mejorar en contrarreloj, porque la diferencia estaba ahí. Había que limitar un poco, no perder mucho tiempo. Con cuidado, porque a veces ganabas en la contrarreloj y perdías en montaña…

P.R.C. La parte mala para ti era que perdías mucho en la crono, pero también fue algo positivo… te dio relevancia, popularidad, atacabas de lejos.

Sí, atacar de lejos… yo pensaba que era la única manera para intentar algo que otros ni siquiera intentaban. Si no, Miguel hubiese ganado aun más fácil. Piensa que, además, en las cronos Miguel siempre salía detrás de mí, y no era bueno para la moral. No tengo referencias, eso te pone un poco de ansiedad. La contrarreloj era como una etapa de alta montaña para mí.

Claudio Chiappucci

M.P. Cuando dices que «otros no intentaban atacar a Miguel», ¿te refieres a alguien en concreto?

No, bueno, yo pensaba que la única manera era atacar de lejos, porque su equipo siempre trabajaba para que todo se decidiese al final.

P.R.C. Creo que la pregunta de Marcos iba por Gianni Bugno.

Peio podría hablar un poco más de Bugno… tiene que hablar de este día, el de Sestriere, cuando Peio estaba delante, conmigo en la escapada, y Bugno puso a trabajar a su equipo para cogernos. Y no lo entiendo… Tú lo sabes, Peio.

P.R.C. Ten en cuenta que yo en el equipo estaba solo para trabajar con Bugno.

Lo sé, pero estabas escapado, puedes ir en la escapada y no tirar. Pero ¿por qué el equipo detrás trabaja para Miguel? Bugno debería ser como yo, debería salir a ganar a Miguel, no a trabajar para Miguel.

P.R.C. Pero es que Bugno y tú sois muy diferentes.

Como corría Bugno no es posible ganar a Miguel, porque Bugno iba siempre con él… Hay que dejarle en alguna etapa, no puedes esperar a que entre en crisis. Puede ser, sí, puede haber crisis… de Miguel, tuya, de todo el mundo. Pero…

M.P. ¿Y eso tú se lo has dicho a Gianni?

Sí, hablamos a veces, pero él siempre dice que trabajaba para su equipo y yo trabajaba para el mío (sonríe). Eso lo sabemos, claro, pero también sabemos que de esa forma, haciendo la guerra entre nosotros, ni él ni yo ganaríamos el Giro o el Tour. Miguel ganaba fácil, más fácil que si Bugno y yo estuviéramos aliados para atacarlo… Puede ser que un año yo trabajo con él y Bugno gana el Giro, ok, y yo el Tour, puede ser así. Estar unidos para intentar atacarlo.

P.R.C. Pero ¿llegasteis a hablar de esa posibilidad?

En carrera nunca, ninguna vez, en ningún momento… Ahora sí lo hablamos, pero ahora es tarde, no se puede cambiar la historia.

P.R.C. Yo creo que los dos sufríais, pero lo tuyo era más físico y Bugno sufría más con la cabeza.

Sí, era más débil. A mí me motivaba Miguel, si yo estoy donde estaba Bugno, junto a Miguel, no iba a quedarme mirándolo, no… Yo lo ataco subiendo, bajando, no sé dónde, pero no puedo llegar con Miguel. En ese caso no hay carrera, Miguel es el más fuerte, el que tiene más posibilidades de ganar el Tour, hay que intentar ganarlo de alguna manera. La etapa de Sestriere normalmente no iba a ser así, por ejemplo… Yo no ataco el primero, yo salgo a rueda de otros que atacan bajando, tú también estabas.

P.R.C. Sí, unos cuantos, andaba también Gastón por ahí.

Bajando se rompió el pelotón, no sé quién fue el primero en atacar. Gracias a eso fue la historia de aquella etapa, se revolucionó todo.

M.P. ¿Dónde pensabas atacar en Sestriere?

No sé exactamente dónde… Recuerdo que el día anterior fue una etapa difícil, que el día siguiente era otra etapa difícil… esa donde el Gatorade me atacó… Fignon y Bugno, de salida, con Montgenèvre. Yo pensaba que debíamos ganar a Miguel, pero Bugno era un peligro para mí, «qué va a hacer Bugno hoy, quién sabe lo que hará Bugno hoy».

Casi no atacaba, casi siempre iba a rueda de Miguel o mía, solo al final arrancaba, tenía un sprint un poco mejor, pero eso no era suficiente para ganar tiempo. Sobre Sestriere… etapa larga, etapa difícil, mucho desnivel, creo que es la que más desnivel ha tenido de siempre, más de siete mil metros. Y el kilometraje, porque fueron doscientos sesenta y cinco kilómetros. Ahora, en el ciclismo moderno, ya no hay esas cosas.

M.P. ¿Y qué piensas en todo ese tiempo? Porque estás escapado muchas horas.

Casi seis horas, sí… para mí la etapa fueron siete horas y cuarenta y cinco minutos. Para mí, el primero, imagínate, la mayoría hizo más de ocho horas, ocho horas y media…

M.P. Esa etapa dura más que la jornada laboral.

En seis horas pasan muchas cosas, piensas en muchas cosas. Lo más importante es el equilibrio, tranquilidad, ver qué pasa por detrás. Cuando escucho que Bugno trabaja por detrás… eso sí me puso nervioso, ahí empecé a acelerar un poco cuesta arriba, nadie colaboraba conmigo, tiraba solo, esa es la verdad. El último que me aguantó fue Virenque, pero él tampoco trabajaba, iba a rueda, llevaba a Pascal Lino con el maillot de líder…

Yo hablé con Virenque, si colaboras puedes ganar una etapa importante, Lino va a llegar con una hora perdida, no aguantará el líder, pero él era joven, «no puedo, no puedo»… lo comprendo. Todo eso me puso nervioso, me subió la adrenalina, quería estar solo, hacer camino solo. Y cuando me quedo en solitario pensaba en cómo disfrutar del momento.

Bajaba un poco el ritmo subiendo, iba más tranquilo, y bajando aceleraba, yo bajaba bien, lo que perdía subiendo lo ganaba bajando. Fue importante para mí, no quería que se me bloqueasen las piernas, no quería que entrase el ácido láctico. La única manera era así, no ir a tope subiendo, ir a tope bajando, esa fue mi táctica.

P.R.C. Es una táctica inteligente.

Sí, pero es que yo no pensaba irme solo, faltaba mucho. Cada vez que miraba esperaba ver a alguien llegando por detrás para ir juntos. En cada puerto, hasta en Sestriere.

Claudio Chiappucci

P.R.C. ¿Y en qué punto piensas que ya nadie llega por detrás, que no vas a tener ayuda?

En Sestriere, ahí yo tenía mucho miedo. La meta no estaba lejos, llevaba mucho tiempo solo… espero que no llegue nadie ahora. Iba cansado, la cabeza un poco sensible… si viene alguien para mí es el fin. El momento de mayor sufrimiento fue ese.

P.R.C. ¿Te van dando referencias de Indurain?

Sí, pero no siempre eran creíbles… En un momento tenía un minuto, después cincuenta segundos, después un minuto y medio, treinta, cuarenta, dos minutos… no estaba claro. Pero para mí lo importante es que hubiera tanta gente animando, me motivó mucho, la parte final fue todo moral.

No físico, todo moral. Había muchísima gente, muchísima, fue increíble, es raro ver tantas personas en una etapa, muy raro. Y aquello fue crucial para mí, para mi moral… Pensaba, bueno, estoy un poco cansado, bastante cansado, pero la gente me empuja, me anima, me dice palabras, también me iban dando golpes, ya sabes, pa, pa, pa (hace gestos de ir recibiendo palmadas en la espalda). Y yo no sabía que Miguel iba sufriendo al final.

P.R.C. ¿No lo sabías?

No, fue un momento de suerte para Miguel. Si faltasen más kilómetros no sé cuánto podría perder, estamos hablando de doscientos sesenta y cinco kilómetros… La pájara le llega a un kilómetro, dos kilómetros de meta. Imagina que le pasa antes… lo adelantó Vona. Yo todo esto no lo sabía.

M.P. Termina la etapa y la primera entrevista allí, en meta, la hace Renata, tu madre.

Sí, a mi madre en ocasiones la invitaba la organización. No era cosa mía, pero… Siempre en etapas donde yo iba muy bien, curiosamente. Una etapa que iba de amarillo en el noventa, la de Val Louron, la de Sestriere… tenía suerte, siempre hacía buen resultado. Moralmente era importante, muy importante, pero estaba muy concentrado en lo mío, porque tras Sestriere quedaba otra etapa muy difícil, la del Alpe d´Huez.

M.P. Más o menos por esas fechas te empiezan a llamar El Diablo, creo que el apodo surge en Colombia.

Sí, en el Clásico RCN de 1992. Allí me apreciaban mucho, porque era bastante parecido a ellos, atacante, escalador. Aquel año ganó el Clásico RCN Camargo, le llamaban el Toro Camargo, creo que estaba en Artiach. Cuando me preguntaban en Italia por ello… sí, me llaman El Diablo, interesante, interesante. Es que los colombianos son artistas para poner motes así.

M.P. Hablando de escaladores… en todo tu paso por el ciclismo ¿cuál es el mejor que viste?

He visto mucho, ¿eh? Puedo decirte que alguna vez Miguel me impresionaba, cuando tenía el día subiendo era impresionante. Yo me recuerdo en Alpe d´Huez, tras doscientos kilómetros, él puso ritmo y yo iba detrás así (hace gesto de llevar un gancho en el cuello), iba con el maillot amarillo y yo con el maillot à pois. Un ataque increíble.

Y yo pensaba… si me deja aquí qué va a pensar la gente, el maillot à pois se descuelga del mejor contrarrelojista del mundo, no es posible, no puedo, no puedo. Un momento después Miguel se calmó un poquito, pero fue una aceleración de más de un kilómetro a tope. Como escalador puro pienso que el mejor fue Pantani. Estuvo en el equipo y (piensa) era impresionante. Cuando salía… y él mantenía el ritmo, muchos arrancan y luego bajan, Pantani no.

P.R.C. ¿Preparabais la estrategia para las subidas?

Con Pantani no había estrategia. En aquella época mirabas el momento de atacar viendo a los rivales… la cara, si estaba bien, si no estaba bien, cómo iba sobre la bici. Pero Pantani no, Pantani atacaba siempre, a veces yo pensaba que estaba en crisis pero atacaba.

M.P. ¿Cómo era él?

No tenía un carácter muy abierto, hablar con él era siempre difícil, tenías que irle preguntando. No tenía expresión de felicidad en el rostro. A veces se notaba como… no sé qué pasaba en su vida, fuera del ciclismo, pero… El ciclismo era para Pantani una medicina, creo, una expresión de libertad… Atacar cuando quería, pensar lo que deseaba hacer…

Claudio Chiappucci

P.R.C. ¿Crees que la bici era una terapia para él?

Creo que sí, incluso en aquel tiempo, cuando estaba en el equipo, se hablaba de eso, se notaban estos problemas que tenía. Después cambiaron muchas cosas, cambió de equipo, cambió de compañeros, y los problemas que tenía se vieron. Era importante para él tener cerca personas que quisieran ayudarle. Yo quería ayudarle, pero alrededor tenía demasiada gente que no quería eso…

M.P. Compartís habitación.

Cuando llegó al Carrera no era nada abierto, y muchos compañeros no querían compartir habitación con él. El director me preguntó si quería ser yo, y acepté, pensé que podía ayudarlo, porque era joven. Me gustaba hablar con él de su trayectoria, lo que pensaba que era ser un líder, a qué quería llegar, esas cosas.

M.P. ¿Y a ti cómo te sienta, en 1994, su liderazgo en el Carrera?

Pero es que en ese momento estábamos a la par. La estrategia del equipo era que yo atacase primero y, si no iba bien, Pantani arrancaba después, al final. El problema es que no tuvimos mucho tiempo de correr juntos de esta forma. En cuanto Pantani llega a ser un líder la prensa intenta enfrentarnos a los dos, él era el joven que llegaba y yo el viejo que estaba ya…

Creo que si hubiese estado más años conmigo podríamos haber hecho un ciclismo diferente. Yo siempre he corrido solo, ¿eh?, para mí haber corrido con un líder así hubiese estado bien… disfrutar, jugar un poco, estar al margen de otros equipos, no siempre delante, pegándome, haciendo todo. Él tuvo muchos problemas al principio, muchas caídas, y llegó por primera vez este año sin problemas físicos… Aquel año fue maravilloso, colíderes, juntos… para mí fue la primera vez.

M.P. Y con otros líderes transalpinos… con Cipollini, Fondriest o Argentin… ¿cómo era tu relación?

Bien, porque mi foco eran las carrera por etapas, y allí me topaba normalmente con Bugno. Con los otros no había un contacto tan directo. Yo intentaba ser serio con todo el mundo.

M.P. Abandonas el Carrera y vas al Asics.

Bueno, no abandono Carrera, sino que Carrera desaparece. El Asics es algo así como la continuación de Carrera.

M.P. Ese año 1997 no puedes ir al Giro de Italia por una parada de competición tras dar un 51,7 % de hematocrito en un control…

No sé si fue por el hematocrito… era una época en la que no se comprendía bien esta historia. Yo no estaba bien, no era un momento en que estuviera en buenas condiciones físicas. Tras Carrera noté una bajada, se notó física y psicológicamente, se me hacía muy difícil entrenar, correr, estar lejos de casa… Tenía muchos más problemas que antes, llevaba muchos años corriendo todo, también en invierno porque hacía ciclocross, los Seis Días en velódromo… es mucho tiempo.

M.P. Dices que en aquel tiempo no estaba muy claro el asunto del hematocrito… ¿a qué te refieres?

Bueno, era un momento en que yo no tenía muy buenas relaciones con el Presidente de la Federación Italiana de Ciclismo (Franco Carraro). Y creo que ese fue el problema.

M.P. ¿Crees que él te tendió una trampa, entonces?

Sí, porque después pude salir normalmente en las competiciones. Es él quien me para, yo podía correr.

M.P. Durante tu carrera ¿con qué preparadores trabajas?

C.C. No había mucho preparador, en esta época.

M.P. ¿No fuiste nunca a ver a Conconi, por ejemplo?

No, con Conconi no. A nosotros nos llevaba Giovanni Grazzi. Yo no he trabajado ni con Conconi, ni con Ferrari… con ninguno.

M.P. ¿Para ti qué es el dopaje?

Es un tema muy difícil, ¿eh? Es algo complicado para ver cómo se explica… Yo creo que hay muchas cosas que pueden ser doping.

M.P. ¿por ejemplo?

Las bicicletas esas que tienen motores, eso es doping tecnológico y hay muchos que lo hacen.

M.P. ¿En competición?

(Asiente) Se habla si fue Armstrong el primero… se habla. El problema es ese, que se habla, pero la verdad nunca se sabe.

P.R.C. Ahora hay controles sobre las bicis.

Sí, siempre hay controles, también antidopaje.

Claudio Chiappucci

M.P. ¿Tú alguna vez has competido contra alguien que sabías iba dopado?

No, no puedo saber esto, antes no se hablaba mucho de esta historia, no era un tema que…

M.P. En 1997 confiesas ante Vincenzo Scolastico, procurador de la Prefectura de Arezzo, que consumes EPO desde 1993, pero después te retractas de esa declaración…

A mí me llaman porque intentaban comprender qué estaba pasando, solo iba a explicarles lo que era esa historia, ellos no sabían. Por eso yo era persona informatta sui fatti (figura procesal que designa a una persona de interés, normalmente un testigo), porque ellos querían hablar con los ciclistas. Para enterarse, para ver qué dicen. Yo no he tenido nunca una suspensión, nada.

M.P. Pero entonces esa noticia que salta a los medios, eso de que tú reconoces el uso de EPO.

Dime quién ha dicho eso.

M.P. Bueno, aparece citado en varios medios y libros (en, por ejemplo, Etapes, de Richard Moore).

Eso es falso, falso. En ningún momento he dicho eso, en ningún momento. Son ellos quienes lo dicen, no yo. A mí no me ha salido esta historia, yo no lo dije.

M.P. Yo digo lo que se publicó, yo no estaba allí.

No les queda otra cosa… hablan, hablan, siempre. Tengo que estar en juicio porque uno dice esto, otro dice lo otro, todos hablan y hablan… No sé por qué, hablan. Nunca tuve ninguna suspensión, ninguna.

M.P. Pasamos a otro tema, entonces. ¿Qué le debe al ciclismo Claudio Chiappucci?

El ciclismo ha sido mi vida, desde joven hasta hoy. Disfruto, tengo mucha pasión por este deporte, muchas emociones… los problemas fueron, para mí, motivaciones para ser más fuerte. No sabía dónde iba a llegar con el ciclismo, pero he trabajado siempre para ser un profesional de esto… No sabía si líder, gregario, ayudante… Si hay posibilidad tengo que aprovecharlo, no sé cuánto tiempo será la bicicleta mi trabajo, pero debo hacerlo bien.

P.R.C. ¿Era tu trabajo?

Mi trabajo… pasión y trabajo.

P.R.C. Pero si has dejado el profesionalismo y sigues compitiendo en bici, en todo lo que te pongan por delante…

Es que me gusta. No lo hago para ganar, claro, disfruto la adrenalina de estar con los ciclistas, vivir el ambiente de una carrera. Me gusta estar en el medio, disfrutando, la tranquilidad, no ataco como antes. Pero alguien que ha sido ciclista, como nosotros, siempre tiene un poco esa adrenalina por competir. Dentro de nada voy a Gran Canaria.

M.P. Llévate a Peio y lo atacas… o mejor, a Gianni Bugno y a Peio.

(Ríe) Gianni Bugno iría durmiéndose.

P.R.C. Pero tú, Claudio, es que tienes una personalidad especial… A todos dices que sí, nunca te he visto negarle a nadie una foto, un autógrafo, cualquier historia que te propongan.

Pero para mí no es un esfuerzo, en eso soy diferente. Bugno, por ejemplo, no lo haría. Él siempre tiene prisa… quedamos para comer, llegamos, empieza a mirar el reloj, «en una hora más o menos debo irme», así. Siempre con prisa.

P.R.C. Tú disfrutas de la vida, se te nota.

Eso sí, siempre, cien por cien.

Claudio Chiappucci

M.P. Vamos terminando, Claudio… ¿Cómo te definirías como ciclista?

Un guerrillero.

M.P. ¿Y cómo persona?

Un ángel (risas). Soy diablo, pero ángel también. En competición fui diablo, pero entre amigos me gusta estar así, hablando, disfrutando… Cómo podría tener tantos amigos si no fuera así. Soy un poco de todo. Diablo y angelo (lo dice en italiano).

M.P. ¿Y un agnello? (cordero, en italiano, y un puerto mítico allí).

(Ríe) No agnelloangelo.

M.P. Cómo te surge ir a la Isola dei Famosi (versión italiana de La Isla de los Famosos).

Bueno, me llamaron y me apunté. Era una isla pequeña, de cien metros, dos meses.

P.R.C. ¿Y con las chicas qué tal? Porque aquello es pequeño.

Nada, allí con el hambre y esas cosas… ya vi muchos culos cuando era ciclista (ríe).

M.P. El que menos veía era Indurain, que iba delante.

Miguel miraba el mío y yo miraba el de él.

P.R.C. También has hecho un cameo en una película, ¿no?

Sí, hacía de ciclista.

P.R.C. ¿Y te ves en la carrera de actor?

No… bueno, puede ser. Me llamaron este año para el Gran Hermano pero eso no… Es diferente de la isla, estar en una casa así… me parece un poco falso, la gente hablando, bla, bla, bla. También me han dicho algo de ir a Pekín Express, y eso sí puede ser interesante, me gusta, tiene aventura, dificultades.

M.P. Lo puedes hacer en bici, Claudio, si eso de Pekín va a ser poco más largo que la etapa de Sestriere…

Cuanto más largo hay más dificultad… y a mí me gusta.

M.P. La última… Te leo textualmente algo que dijiste a Richard Moore: «Pensé que era mejor tener personalidad y estilo que un largo palmarés. Quería ser diferente».

A veces me preguntan si quisiera un palmarés más rico de victorias y tal… Muchos campeones tienen palmarés y no tienen carisma como yo. Disfruto de eso, gané un poco menos, pero lo que gané lo hice con dificultades. Nunca fue fácil, pero a la gente le encantaba.

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