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Ricardo González Dávila: «El problema en Corea del Norte era que no sabían quién era LeBron y no les sonaba la selección española»

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Ricardo González Dávila

Está Richi, durante nuestra conversación, en Islandia. Y eso, que para cualquier otro dibujaría exotismo grande, torna, en él, casi normalidad por cercanía. Mira, de entre todos los sitios me pillas en uno facilón…

Richi es Ricardo González Dávila (Madrid, 1972), el baloncesto como leit motiv, un alma errabunda que lo mantiene inquieto, que se empeña por empujarlo a lugares y experiencias casi inéditas para el común de sus colegas. Así, entrenando a chicos altotes y con más o menos fundamentos, se ha dado la vuelta al mundo varias veces, y ha figurado en equipos de los cuatro rincones del globo (aunque falte Oceanía… estamos cerca de tachar el debe). Leer su currículum impresiona y asusta. Que si Uruguay, que si Chile, que si Costa de Marfil, Siria o Corea del Norte. Tierras que casi nadie conoció para él son recuerdos, anécdotas, un «sí, recuerdo cuando en Piongyan»…

Hoy nos citamos con Richi para hablar de todo. De Madrid sin la M-30 y triples que valen cuatro puntos. De ligas americanas con poca intensidad defensiva y torneos asiáticos donde toda la intensidad es poca. De lugares y vivencias. Siempre, siempre, con el balón naranja al fondo.

Como si fuera un mapamundi.

¿Cuál es el primer partido de baloncesto que viste?

Yo tengo la suerte de que mi tío, el hermano de mi madre, es Carlos Dávila, un periodista político muy importante, muy vinculado al PP, ha hecho las biografías de Aznar, de Rajoy. Él era muy, muy, muy del Madrid, muy amigo de Florentino Pérez, en su época de Mendoza… Llegó a ser presidente del Castilla en los primeros años de Butragueño. A raíz de él yo era socio del Madrid, todavía me acuerdo del número, el 57575, e iba mucho al fútbol. A mí me encantaba el fútbol, no empecé a jugar al básquet hasta los catorce años. Quizá el gran recuerdo de mi primer partido de baloncesto fue el Open McDonald´s que jugaron los Boston Celtics con el Madrid en el antiguo Palacio de los Deportes de la Calle Goya, que mi tío me consiguió las entradas. Imagínate, veías NBA de vez en cuando, y ves jugar en directo a Larry Bird, McHale, Robert Parish, Danny Ainge… y en el Madrid pues Petrović, mi ídolo desde que empecé en el baloncesto, Fernando Martín… A partir de ahí te enganchas de una forma exagerada, y ahí empezó todo.

Los míticos Torneos de Navidad, ¿viste alguno?

Sí, sí, de hecho, desde que me habían enganchado también empecé a jugar. Entonces con 1.90 eras alto, hoy eres una persona normal. Y me parecía más divertido que el fútbol, porque en baloncesto tú solo con un balón ya puedes divertirte. Y eso, jugar, jugar, jugar todo lo que podía y ver muchos partidos. Y, claro, muchos Torneos de Navidad. Aparte, mis padres vivían en Avenida de América y al antiguo Palacio de los Deportes íbamos caminando. Fui mucho, sí. Y también a la antigua Ciudad Deportiva del Madrid, iba a ver entrenamientos, partidos…

Porque tú naces en el centro de Madrid, ¿no?

Sí, allí nacimos mis cuatro hermanos y yo. Estudiaba en el Colegio Claret, que estaba enfrente de mi casa. Uno con pabellón, pequeñito, pero no había muchos colegios entonces con pabellón. Mucha tradición, muchas canastas, muy buen nivel de baloncesto en aquella época.

Y ¿podíais ir en cualquier momento a jugar o te colabas?

El colegio tenía dos patios enormes, el de abajo, que tenían campos de futbito y tal, y el patio de arriba, que eran canchas de minibasket. Ahí empezamos a jugar, estaba siempre abierto, yo vivía enfrente… El pabellón no era tan accesible, estaba cerrado, pero las canchas abiertas casi todo el día.

Vamos, que no te tenías que colar.

Bueno, alguna vez nos hemos colado, como todos, saltabas la valla y te metías a jugar, no era como ahora que hay cámaras por todos los lados. Lo hemos hecho todos, y ya se puede contar. Era el morbillo de colarte, nos ha pasado a todos con doce, trece años.

¿Recuerdas el primer equipo en el que jugaste?

Mi primer equipo sería el de Claret, y después estuve en el Dribling del Barrio de la Concepción, un club bastante potente, jugaban Nino Morales, Pedro Fajardo, jugadores importantes de entonces. Yo empecé en el cole y llegué a jugar en Fuenlabrada el año en que Fuenlabrada saca su primer equipo profesional, que compra la plaza al Liceo. Fue, además, el año famoso del «Partizán de Fuenlabrada». Yo era junior de primer año y fui al Fuenlabrada vinculado al Liceo Francés. Es cuando se inaugura el Pabellón Fernando Martín, de hecho nosotros empezamos la liga jugando en un campo exterior, creo que se llamaba de Los Olivos, o algo así. Cuando se inaugura el Fernando Martín como un mes después pasa lo del Partizán, y yo recuerdo entrenar y ver allí a Djordjevic, a Danilović, que la gente no los conocía porque eran jovencitos. Los veías entrenar antes que tú y era un espectáculo. Y luego vimos los partidos de aquella Euroliga animando al Partizán.

Pero yo me iba más atrás, el primer equipo del cole… ¿Tú te acuerdas de la camiseta, de los compañeros?

Sí, sí, la camisa era blanca, pantalón rojo, ponía «Claret» en la ropa. Y de nombres me acuerdo bastante, sí. Siempre jugábamos al aire libre, no existía eso de los pabellones. A veces hacía unos fríos, en invierno, diez de la mañana…

Ricardo González Dávila

 

Tú ¿cómo eras? Como jugador, digo. ¿Eras chupón?

No, chupón nunca he sido, empecé muy tarde y llegué a los fundamentos muy tarde. De hecho, después, cuando entrenas tú, te das cuenta de qué entrenadores te ayudaron y cuáles no te enseñaron nada. Yo era un jugador que estaba muy bien, hacía mucho deporte. Jugaba de tres o de cuatro, entrenaba mucho solo, me encantaba jugar solo, cogía un balón y me pasaba horas así. Acabé teniendo muy buenos pies, jugaba bien de espaldas, un tirador correcto…

En aquella liga donde estaba yo, había jugadores muy buenos, no éramos estrellas, pero gente buena… Me acuerdo de Paco Garza, Nino Morales, Pedro Fajardo, gente que ha sido muy buena, sin llegar al nivel de ACB pero sí jugador de la actual LEB-1. Era una liga potente, sin tanto extranjero como ahora, jugador nacional muy bueno. Y llegué a un nivel aceptable, evidentemente me di cuenta que nunca sería una estrella, porque había empezado tarde, no media mucho, pero sí era muy buen competidor. Me gustaba mucho ganar, eso es una cosa muy buena que tengo también como entrenador. Era muy competitivo.

Entonces al Richi entrenador le hubiese gustado el Richi jugador.

Sí, creo… a mí me gusta dar confianza a los jugadores, que jueguen cómodos, que desarrollen su talento. No soy de tener tácticas largas, de coartar las cosas. Me hubiese gustado tener algún entrenador, cuando jugaba, del nivel al que he llegado yo entrenando, claro. Pero no sé qué decirte, porque tengo mucho carácter, y no sé si hubiéramos chocado.

Me dijiste que eras del Madrid.

Sí, pero de fútbol, eh, de fútbol. Tengo muchos amigos que entrenan en ACB, en LEB, y ahora la cosa es más de seguir a amigos que a equipos concretos. Pero en fútbol he sido del Madrid, lo soy, mis hijos también, vamos al Bernabéu cuando podemos…

Y de la NBA, en esos ochenta en que empezamos a saber sobre la Liga, ¿de qué equipo eras?

De pequeño siempre eres del equipo que gana, así que me gustaban los Lakers por Magic, los Celtics por Larry Bird y Chicago por Jordan. Conozco mucho Estados Unidos, he estado muchas veces en Chicago, me parece una ciudad increíble, y toda esa fascinación pues te hace un poco más de los Bulls. Pero he sido más de jugadores, de épocas que de equipos. Hombre, mi equipo favorito son los Spurs de Popovich, es el equipo que mejor ha jugado al baloncesto de los que yo he visto. Y es porque todos tenían pasado o formación europea… Thiago Splitter, Tony Parker, Manu Ginobili… Es el que mejor ha jugado, y enganchó a entrenadores y aficionados a ver un baloncesto diferente. Jugar sobre el pase y no sobre el bote, el tema de las puertas atrás… Llevaron el baloncesto a la excelencia.

Siguiendo con tu carrera… a lo máximo que llegas es la segunda categoría, me dijiste.

Entonces se llamaba Primera Nacional, salíamos en el As, me acuerdo que todos los martes había unos cuadraditos naranja, hasta los anotadores salían. De aquella había una primera división, que era la ACB, luego una Primera B y después la Primera Nacional, que tenía cuatro grupos, catorce o quince equipos. En el Grupo de Madrid había nivel, estaban San Fernando, Dribling, equipos de cantera de Estudiantes… Yo llego a Fuenlabrada y juego allí mis dos últimos años. Estudiaba Empresariales y empecé a entrenar muy prontito.

¿Cómo es eso?

Selecciones de Madrid. Estaba en Agustinianos, coincidí con Chus Mateo allí. A través de un entrenador de allí, Miguel Macho, me dicen que estaban buscando un delegado para la selección de Madrid, alguien con coche, con tiempo. Y dije que por supuesto, imagínate. Tendría dieciocho o diecinueve años. En aquella selección estaba Rodrigo de la Fuente, Darío Quesada, Oscar Antón, Borja Barragán, tendrían dieciséis, tres años menos que yo. Fue mi primer campeonato como entrenador, dentro de la Selección de Madrid, el primer entrenador era Tomás González. Así que jugando con Fuenlabrada yo ya entrenaba, estudiaba, tenía mi novia, me gustaba salir como a todos. Y no era como ahora, que está la M-30, la M-40, entonces nada, yo recuerdo chuparme unos atascos infernales para ir a entrenar a Fuenlabrada… Y ahí dejé de jugar. Me ha gustado mucho ganar y vi que mi tope era la tercera liga española. Así que sentí que tenía vocación y me dediqué a entrenar.

Una pregunta un poco tonta… ¿cómo se prepara uno para ser entrenador de baloncesto?

Yo creo que en principio no tienes esa idea, a mí me dicen de ir a la selección de Madrid como delegado y no había vivido el mundo de esos jugadores del Real Madrid, Estudiantes. Pero sí hay que tener la suerte de que haya gente de la que poder aprender. No a nivel técnico o táctico, sino de lo que es la vida como entrenador, los entrenamientos, los partidos… Yo tuve la suerte de coincidir con Tomás González, un gran mentor, alguien que fue entrenador de ACB, entrenó mucho en categorías inferiores del Real Madrid. Empecé con Tomás de delegado, luego ayudante, y acabé siendo entrenador de todas las selecciones de Madrid. Fue un gran aprendizaje, él tenía mucha experiencia.

Siempre digo que los cursos y los clínics tienes que hacerlos porque te lo exigen en la titulación, pero donde aprendes es en el día a día junto a gente que sabe. Y puedes aprender no solo como entrenador sino a nivel personal. Y también aprendemos, los entrenadores, de los jugadores buenos. Imagínate, empiezas y tienes ahí a Rodrigo de la Fuente, un tío de dos metros que jugaba de base, el primer base grande de España, a Borja Larragán, un talento increíble que tuvo muy mala suerte con las lesiones, a Ayuso, que era histórico en selecciones y categorías inferiores. Yo he tenido bastante suerte en ese camino que me ha ido marcando la vida de entrenador.

Ricardo González Dávila

Y una pregunta enlazada… para entrenar en estos sitios donde has entrenado ¿hace falta algo adicional?

En algunos sitios de piden titulaciones, sí, por ejemplo en selecciones nacionales.

Pero yo me refiero a las relaciones con los jugadores… ¿tú haces lo mismo en Siria que en Fuenlabrada?

No, no, evidentemente no. El tema de ser entrenador exige adaptarte un poco a donde vas. Hay países diferentes, cada cultura es diferente, la relación con los jugadores, la forma de entrenar… Yo creo que una de mis grandes virtudes ha sido adaptarme a cada lugar, porque cada baloncesto tiene su sitio. Y respetar, sobre todo respetar mucho lo que hay, porque cuando vas fuera ellos están confiando en alguien extranjero, y siempre hay situaciones que no son fáciles, como me ocurrió en Chile.

Te he leído en redes sociales críticas a estos sistemas de cantera que tienen algunos equipos, fichando chavales que son portentos físicos, que quizá ni cumplen los estándares de edad, y con ello se sacrifican oportunidades y etapas de formación. Se prima ganar una Copa del Rey sub-lo que sea antes que formar jugadores.

Yo de eso hablo porque lo he vivido en primera persona. No voy a dar nombres pero he estado en algún club donde niños y niñas me decían «yo no sé qué hago aquí jugando con gente de trece años si yo tengo dieciséis». Y bueno, yo he estado entrenando en África, en Costa de Marfil, en Túnez, en Camerún, y sé cómo son las cosas. Senegal igual tiene un registro civil en Dakar, gente que vive a mil kilómetros, y hace la partida de los hijos cuando va a Dakar, que igual han pasado algunos años.

Al final esto es pan para hoy hambre para mañana, el papel del jugador español ha decaído mucho, no es fácil eso que vivió España con la generación del 80 y otros como Rudy, Calderón. Eso se acaba, y ahora sufrimos para ganar a selecciones de países con un millón de habitantes. Pero lo que decíamos, es poner a hombres contra niños, es adulterar las competiciones. Ojalá se cortase de alguna manera, sería más justo para los niños que juegan. Ir al Campeonato de España y ver jugadores que hacen setenta puntos y cuarenta rebotes… Eso es grotesco.

¿Tú cómo ves el baloncesto en España hoy?

España tiene una gran ventaja, que son las competiciones y los entrenadores, porque competir aquí es una mejora constante, y el mayor patrimonio de un país siempre van a ser los entrenadores, no los jugadores. Si tienes muchos buenos entrenadores tendrás buenos jugadores, al revés solo saldrán los que vengan por generación espontánea, que esos siempre llegan. A veces lo he dicho en algún país de los que he estado: invertís mucho dinero en campus, concentraciones en altura, captación de talento, y muy poco en entrenadores, que es lo importante. Pero si hay menos jugadores españoles con rol importante, la selección se resiente, claro. No es lógica la diferencia actualmente entre las selecciones masculinas y femeninas, con ellas ganando medalla en todo, y los chicos costando entrar en semifinales en prácticamente todas las categorías. Eso lo marca la diferencia entre la cantidad de jugadores de fuera en masculino y femenino. El otro día leí una estadística que decía que en ACB hay menos de un veinte por ciento de jugadores españoles. Y eso se siente.

Repaso tu currículum como entrenador, a ver si me dejo algo… Burgos, Uruguay, Chile, Bolivia, Corea del Norte, Noruega, Islandia, Túnez, Venezuela, República Dominicana, Siria, Costa de Marfil, India…

Está bien, sí (sonríe). Mi primera salida fue Uruguay, muy jovencito, te estoy hablando del año noventa y poco, no había internet, todo era por teléfono, sin móviles… otro mundo. Luego estuve unos años que me costaba salir, por trabajo, estuve en la Liga EBA, Burgos, y a partir de ahí se abrió la opción de Chile. Yo después de lo de Uruguay tenía claro que quería vivir estas experiencias, porque entrenar en el extranjero te proporciona algo que no te da ninguna otra cosa, es impagable. Ya no he vuelto a  España, han pasado diecisiete o dieciocho años. Y luego Noruega, Islandia, Túnez, Costa de Marfil, Venezuela, República Dominicana…

En la India, ¿no?

Allí di unos campus, pero no he llegado a entrenar.

Y en cada sitio adaptas el discurso.

Yo siempre digo que cuando te llaman es para que aportes cosas nuevas, no puedes llegar a un sitio y hacer lo mismo que hacían. Te buscan porque quieren algo más, un cambio, otra metodología o manera de entrenar. Pero siempre con respeto. Te comentaba antes el tema de Chile, donde a nosotros nos pagaba el Comité Olímpico. Allí todos los head coach de todos los deportes tenían que ser, por ley, extranjeros. Imagínate, un caldo de cultivo complicado, porque si eres un entrenador chileno y alguien de fuera accede a un puesto al que tú no puedes acceder pues… Lo que te decía, respetar el país, la competición, institucionalizarte a ese baloncesto, pero siendo consciente que te han llamado para cambiar las cosas. Aunque sea poco a poco, pero con tu metodología, tu forma de entrenar, tu exigencia. Poner la selección de un país en manos de un extranjero es siempre una responsabilidad enorme.

A nivel cultural, tú vas a un país a entrenar y ¿ves diferencias entre jugadores que vienen de la calle y otros que son más académicos?

Eso lo he vivido muchísimo en República Dominicana. Aquel es un baloncesto increíble, divertidísimo, creo que es el único país del mundo en el que los jugadores juegan doce meses al año. Allí hay una Liga Nacional, que se juega en verano, pero el resto del año están jugando continuamente torneos. Yo no he visto jugadores con tanto talento físico, técnico, con tanta frescura como los dominicanos. Entrenan muy poco y juegan muchísimo, muy de calle, muy de pachangas, de uno contra uno. He disfrutado muchísimo con ellos. Pero claro, les cuesta mucho más jugar ordenados, sobre el pase… Si el dominicano se adaptara al baloncesto europeo… son jugadores brutalmente buenos, tienen un talento único.

Pero me pasó lo mismo en Corea del Norte. Yo estuve con las dos selecciones, masculina y femenina, y en cada una tenía de cada quince jugadores catorce que te metían nueve de diez triples. Una manera de tirar escandalosa. Pero lo de jugar dentro-fuera, penetrar y doblar, jugar sobre el pase… no existía. Primero porque no tienen información, y luego porque tienen otra forma de jugar. Así que en cada país… En Chile, por ejemplo, la media de altura era muy bajita, y debes jugar de una manera diferente.

Al hilo de lo que has dicho, te he leído que eres un defensor de ese baloncesto de calle, de inspiración… y pareciera raro, porque los entrenadores estáis para «reprimir» inspiraciones, ¿no?

Pero yo siempre digo que los entrenadores lo que tenemos que hacer es no molestar mucho, hay que ayudar a los jugadores pero dejarles jugar. A veces algunos se ponen «la dos, la cinco», en cada ataque… hostia, tío, te deja la cabeza que no puedes ni jugar. El otro día hablaba con alguien sobre que en Europa no ha habido un equipo que jugase al baloncesto como el Madrid de Pablo Laso. El tema de que los jugadores desarrollen su talento, jueguen con soltura, eso es lo que busco. Que sean tiradores aceptables, si en el segundo «cinco» está solo tiene que tirar, ¿no?, guardarte el tiro del segundo «cinco» no te garantiza un tiro mejor en el segundo «veinte». Si ves equipos como Valencia Basket o Tenerife, jugando con el pase, rápido, ves a los jugadores felices, y eso es lo que se busca.

Ricardo González Dávila

¿Se puede entrenar hoy igual que te entrenaban a ti en los ochenta? Porque en los últimos años hemos vivido un cambio cultural grande.

Ha cambiado todo mucho. Primero por un tema físico, que no son los de hace treinta años. También las instalaciones, que yo empecé a jugar en pabellón muy tarde, o el tema de los gimnasios… no habré hecho yo escaleras en Agustinianos para coger pierna. Todo eso ha cambiado mucho. Recuerdo, como jugador, que los sistemas eran diferentes dependiendo de si empezabas por la derecha o por la izquierda, y eso es algo que yo jamás he incorporado. Así que muchos cambios, el físico de los jugadores, la línea de tres que ha cambiado el baloncesto totalmente, las posesiones, las mismas posiciones, antes el alero era alero, el base era base…

Y cincos ya casi no hay, cada vez que sale un cinco queremos transformarlo en un cuatro y medio.

Sí, hoy leía a Matt Costello que le preguntaban sobre eso, sobre cómo era jugar en un rol novedoso que le han pedido. Y él contestaba que prefería jugar solo de cinco, que no le gustaba eso de la polivalencia, de las dos posiciones. Yo siempre he dicho que para jugar bien al baloncesto necesitas un gran base y un gran pívot, el resto no importan las posiciones. Pero sin un gran base y un gran pívot es muy difícil ganar. Luego están los que te dicen que Michael Jordan ganaba sin un gran base y un gran pívot… claro, pero es que era Michael Jordan. A mí cuando los presidentes me decían «hay este dinero, ¿qué quieres?», yo siempre digo lo mismo… ficha al mejor base que puedas y al mejor cinco que puedas. Y a partir de ahí nos adaptamos.

Pero, volviendo a lo de antes, pienso en el primer Shaquille, en aquella bestia de los Magic… Hoy le hubieran puesto a tirar de tres, para tener más opciones. ¿No nos obcecamos a veces en tocar cosas que funcionan?

Yo creo que lo que funciona no hay que cambiarlo nunca. Entiendo a los clubes, a las personas, muchas veces es un tema de egos, pero hay que luchar por mantener lo que funciona. A Shaquille le hubieran pedido que tirara algún triple, seguro, pero un jugador tan determinante como era él… Pasa que ahora ya hay pocos jugadores tan claros de hacer su rol, quizá el caso de Tavares, pocos más. Esos jugadores son oro.

Hubiera molado ver a Shaquille tirando de tres, también te digo.

Bueno, habría que verlo, él se retiró muy pronto, si hubiese seguido hasta los cuarenta años… Yo siempre pongo el ejemplo de Felipe Reyes, que era un jugador muy claro de dentro, scon u ganchito, y acabó tirando muy bien, sus dos triples por partido y tal. Cuando tus condiciones físicas menguan y no tienes tanto poder cerca del aro debes evolucionar en tu juego. Y hay jugadores que evolucionaron increíblemente bien en el tema del tiro por necesidad. Aunque no hubiera sido el caso de Shaquille, creo, ni de Patrick Ewing, Olajuwon, esos jugadores, pero es que hoy parece que quien no tira no sabe jugar al baloncesto, se abusa demasiado del tiro. Y a veces sin mucho sentido.

¿Hay alguna diferencia en entrenar baloncesto femenino? Porque muchos de tus equipos eran de mujeres.

No tantos, yo entrené en Burgos mi único equipo profesional femenino, y luego selecciones y tal. Yo creo que por mi exigencia… que nadie se lo tome a mal, pero creo que cualquier buen entrenador de masculino puede entrenar femenino, pero al revés no, y hay muchos casos de eso. En el femenino me fue muy bien porque llegué con la misma exigencia, nunca pensé que fuera un equipo femenino. Y me fue bien, sí. A partir de ahí salió Chile, y otras selecciones femeninas.

Me llaman la atención, claro, tus aventuras fuera… Esa primera de Uruguay que me contabas, ¿cómo surge? ¿cómo te llaman ellos?

Yo trabajaba para la selección de Madrid, y quien era presidente, Juan Martín Caño, que en paz descanse, alguien muy exigente de quien aprendí mucho a todos los niveles, era también responsable del área formativa en la selección española, llevaba todo el tema de titulaciones y demás. Hubo una invitación de la Federación de Uruguay para que España mandase un entrenador y le dije que sí. Esas cosas no son de «mañana te contesto», yo no sabía nada, ni a dónde iba ni nada, te hablo del noventa y algo. Y allí me fui, estuve como cuatro meses, con la selección sénior, con una sub18, viviendo la liga de allí, dando clínics… Recuerdo hacer la memoria para la Federación y el CSD en fotocopias, meter canutillo y mandarlo para España. Una experiencia increíble. Me encantó Latinoamérica, la gente, la comida, la pasión por el deporte… Montevideo es increíble, con ocho o diez equipos profesionales, toda la liga uruguaya está allí. Una muy buena liga, por cierto. Y me quedé impactado con esa experiencia, tuve claro que quería repetirla. Salió lo de Chile, que fueron tres años muy bonitos, y ya decidí que mientras pudiera no iba a volver a España. Y así seguimos.

Cero vértigo, por lo que me cuentas.

Soy de pensar poco estas cosas. Si tú quieres hacer algo y en un papel pones «razones para no hacerlo», siempre vas a tener razones para hacer algo o no hacerlo. Pero por encima de eso está el hacer algo en la vida que te apetezca, que te motive, y eso para mí ha sido un lema vital. Igual que cuando fui a Corea del Norte, si hubiera hecho una encuesta imagínate qué hubiese salido. Y tampoco tuve ninguna duda. Son cosas que te atraen, te ilusionan, te motivan, y para mí eso está por encima de todo.

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Después vas a la Liga de Venezuela, y dices que es la mejor liga del continente tras la NBA.

Ahora ha bajado, pero en aquel momento la liga venezolana era muy buena porque había mucho dinero, hubo años en que muchos ex-NBA acababan en Venezuela. Es una liga muy corta, que se juega en verano, cuando las ligas europeas paran, por lo que muchos jugadores en vez de estar en casa sin ganar un dólar pues juegan allí. Mucho nivel y mucho dinero, yo he tenido jugadores que ganaban quince mil dólares al mes, que aquí no lo ganas en ninguna categoría salvo la ACB. Muchos juegan en España y allí ganaban más dinero. Pero la situación hoy es más complicada, y además el relevo generacional, como pasa en España o en Argentina, lo ha llevado muy mal. Acaban de fichar a Curro Segura como seleccionador, debuta ahora. Creo que Puerto Rico es una liga mejor, pero después de ellos vendría Venezuela.

Aparte tienen lo de los nombres acojonantes, porque tú entrenas a Gaiteros del Zulia.

Donde el Lago Maracaibo, sí, allí íbamos a tomar el aire todas las noches, a partir de las diez o así, que es cuando salía algo de fresco. Una ciudad de la que tengo muy buen recuerdo. La afición al baloncesto es enorme, acaba la liga de beisbol y empieza el básquet. Aquel tiempo en Gaiteros fue histórico, ellos habían ganado Ligas, habían desaparecido, vuelto a salir… La situación política, claro. De hecho, yo me chupé todas las elecciones allí, María Corina Machado vino a mi hotel a dar un mitin, se enteraron y clausuraron el hotel… parecía un hotel fantasma, todos sin luz, sin nada, una cosa horrorosa. La situación política es complicada, pero sí que hay mucha afición. En toda Latinoamérica, en realidad, lo ves con el fútbol, tienen una afición al deporte brutal. Eso sí, pasé un calor que alucinas, no he pasado tanto calor en mi vida.

«Gaiteros es un reto muy especial por la historia que tiene», dijiste. Son las clásicas declaraciones de presentación y tal, pero ¿cuando vas a un club de estos realmente te informas sobre su historia y su situación?

Yo no he sido mucho de eso hasta últimamente, ahora ya sí. Pero cuando fui a Chile no sabía nada, nada. Sin embargo mi mujer lo sabía todo, hasta las estaciones de metro. Ella jugó con la selección española, fue MVP en España, y vino allí conmigo, su último año, ganó la liga de Chile y fue la MVP. Y sabía todo, todo, yo nada. A veces es mejor ir sin prejuicios, si empiezas a leer llegas y… Prefiero descubrirlo todo. A mí no me gusta, por ejemplo, preguntar al entrenador del año anterior detalles concretos sobre tal o cual jugador, porque él te va a contar su experiencia con ellos.

Sí, pero yo hablaba un poco más a nivel histórico… ¿tú vas a Gaiteros y sabes si han ganado tres o cuatro veces la Liga en los últimos diez años?

Estas cosas no son automáticas, te llaman, hablas, negocias, proyectos, jugadores. Y durante ese tiempo te informas… el club, la ciudad, el pabellón, la situación económica que tienen. Al final depende de lo que tengas para poder competir o no, y a mí, como te decía, me gusta mucho ganar. Yo no te exijo un equipo para ganar, pero sí unos mínimos para poder competir.

¿Cómo gestionas esa competitividad cuando vas a sitios donde «solo» buscan aprender, subir su nivel.?

Es diferente, sí, pero creo que la única experiencia en la que me han llamado con esos requisitos ha sido Corea del Norte, que era una época poco competitiva, querían incorporar nuevos conceptos a nivel técnico, táctico, nuevas formas de entrenamiento, un poco entender el baloncesto más moderno pero el equipo no competía. A mí me llamaron para dirigir durante el Campeonato de Asia, en verano, pero fue cuando nació mi hijo y dije que no, hay cosas en la vida que… Pero el resto me han llamado para competir, competir a través de la mejora de los equipos.

En Chile, por ejemplo, hicimos la mejor época a nivel de resultados en la historia. Fuimos sextos de América… de toda América, eso es dificilísimo, porque están Brasil, Argentina, Canadá, Estados Unidos, imagina, el nivel de América es exagerado. Y cuando fui a Siria igual, me dijeron que la selección tenía que quedarse en el grupo A de Asia. Y siempre digo lo mismo, a mí me hablan del nivel del baloncesto en Europa y en Asia hay mucho más nivel que en Europa, sobre todo en femenino. Allí están Australia, Nueva Zelanda, Japón, China, Corea… en Europa están España, Francia y a veces alguien más, pero poco. Y eso, en Siria me dijeron que estaban en la división A de Asia y debían mantenerse. No te llaman solo para mejorar, sino para competir y lograr resultados.

Aquello de Siria… ¿cómo surge, cómo te animas? Porque tú escuchas «Siria» y te suena más a espacio de conflicto que a lugar de baloncesto.

A través de Javier Juárez, que lo conocerás, ha estado en ACB con Fuenlabrada o Murcia, por ejemplo, y es uno de mis mejores amigos. Él firmó como seleccionador de Siria el año anterior, me ofreció ir pero no podía, porque estaba en Venezuela. Y ya quedamos en volver a hablar sobre esa posibilidad. Llevaba yo un año durísimo, con seis meses fuera de casa… cuando lo pienso después no veo cómo fui capaz de hacerlo. Yo me arrepiento de cada día que paso lejos de mis hijos, porque eso no te lo da nada. Y en aquel entonces estuve seguido en Venezuela, República Dominicana y Siria. Estuve con los sub16 y con los senior, que jugábamos en Damasco. A Siria no quería ir, estaba cansado, pero fue mi mujer la que me animó, es una oportunidad, aprovéchalo… Y allí fuimos.

Te encuentras un país con una normalidad extraña, porque hace unos años se estaban matando entre ellos, pero una normalidad increíble. Complicado, también, porque para llegar allí no puedes ir a ningún aeropuerto, aunque tienen en Damasco y Alepo… tienes que ir por Beirut o por Jordania, te llevan en coche, veinte checkpoints en la carretera de esos de cine, con sacos y metralletas revisando cosas… Muy de película todo. Damasco es una ciudad preciosa, preciosa, arquitectónicamente, culturalmente… Pero vas a los mercados y ves los hilos colgando del techo, hay algunos edificios derruidos… una cierta normalidad, aunque con esas cosas. Y la gente increíble, la mejor experiencia de mi vida sin ninguna duda. Cuando ves tanto cariño, tanta pasión, tanto agradecimiento… Y luego en lo deportivo ganamos lo que había que ganar, se mantuvo la primera división y fue algo histórico para Siria. Allí además hay un gran sentimiento de nación, en todos los sitios hay una bandera…

Y siendo seleccionador… ¿cómo seleccionas? Imagino que no es fácil acceder a depende qué partidos o Ligas.

En Siria, concretamente, yo tenía a mi ayudante, que era el seleccionador anterior. Un tipazo, la verdad, prácticamente siempre he tenido mucha suerte con la gente que trabajaba a mi alrededor. Allí él me hizo una preselección de veinticinco o treinta jugadores, y a partir de ahí ya en los entrenamientos voy cortando gente hasta quedarme con los doce con los que juego el campeonato.

Es verdad que luego jugué amistosos contra equipos de allí y veía a jugadores que eran mejores que los de la selección… «es que no los convocaban», ya, pero… No es lo mismo que lo hagas tú o que te lo hagan. Un poco también por tu forma de entender el juego, el baloncesto, igual para ti unos jugadores son los buenos y para mí son otros. Pero cuando tienes poco tiempo, llegas a un sitio, entrenas mes o mes y medio y vas al Campeonato de Asia, necesitas un trabajo previo hecho.

Ricardo González Dávila

Los jugadores, ¿se abren contigo? ¿Te cuentan sus historias? Porque entiendes que en el caso de Siria tu experiencia es más impactante desde el punto de vista humano que deportivo.

Yo conocía algo a los jugadores, los seguía a partir de Javi, siempre he sido mucho de amigos para eso, si hay un equipo donde tengo a un amigo… de ese equipo soy. Y eso, que seguía la trayectoria del baloncesto en ese país. Y ya después allí ves todo, la final fue una auténtica locura, increíble. Me impactó que llegué al pabellón de Damasco y todo el mundo estaba fumando, todo aquello blanco, bengalas… Territorio comanche. Pero la gente muy entregada por su país, sentimiento sirio. Y los jugadores ven que alguien con una trayectoria los está entrenando en un reto tan exigente, ellos están agradecidos y se entregan.

En Siria la mayoría de jugadores hablaban muy bien inglés, así que la comunicación fue muy fácil. En eso era diferente Corea del Norte, donde todo era con traductor y evidentemente no podías hablar nada que no fuera baloncesto. Pero sí, fue una relación muy buena, aun la mantengo con alguno de ellos, cuando hay un buen resultado, cumpleaños. Es de las mejores experiencias mías, y mira que tengo experiencias, ¿eh?, hay para escribir un libro. A nivel personal y profesional de las más gratificantes de mi vida.

Qué hace un seleccionador como tú entre «ventana» y «ventana». Quiero decir… puedo «visualizar» lo que hace el seleccionador francés o el italiano, pero con el de Siria o Chile ya me pierdo.

Yo en Chile estuve tres años y dirigía todas las selecciones… la senior, la sub18, la sub16. Así que el trabajo entre campeonatos era convocar a jugadores, entrenarlos y competir. El resto del año hacías seguimiento de jugadores. Y luego a mí me gusta mucho el tema de formación, daba clínics de formación a entrenadores. Es un país complicado geográficamente, son casi cinco mil kilómetros de largo, todo está muy lejos. Results diferente si solo entrenas a la selección senior, donde tu trabajo es ver partidos, seguir jugadores… Aquí trabajabas con la Federación, hacías esa formación que dije. No, no tenía tiempo de aburrirme.

¿Tú crees que hay un lenguaje universal de baloncesto?

El baloncesto es un deporte de equipo que debes intentar que sea más de pase que de bote, y a partir de ahí lograr que los jugadores den su mejor nivel. Pero cada país es diferente… yo recuerdo aterrizar en Chile, catorce horas de vuelo, seis de diferencia… ver un partido, que meta un jugador una canasta y gritar todos «golazo»… coño, «golazo». Son cosas distintas, el idioma del baloncesto es el mismo, pero hay cosas distintas, incluso reglas diferentes dependiendo del país, cada uno tiene sus particularidades. Pero el baloncesto es solo uno, y yo lo he entendido siempre igual.

Pasamos a tu viaje, seguramente, más conocido, o el que más sale en las entrevistas… Corea del Norte. ¿Cómo surge aquello?

Lo de Corea es un tema… Un día estoy en casa y recibo un mail del Comité Olímpico de Corea del Norte… Yo lo cuento siempre como gracia, abres el correo y hay un mail de la República Popular Democrática de Corea, joder, debe ser un sitio cojonudo, república popular y democrática… A mí me llamaba el tema de esa zona de Asia, que nunca había entrenado y algunos amigos sí, me hablaban de la disciplina, el respeto, la manera de trabajar. Era una de las experiencias que me quedaban por vivir. Ellos buscaban una persona que hubiera trabajado con éxito en baloncesto masculino y femenino, tanto a nivel de clubes como de selecciones.

No sé si se lo propusieron a cien antes y los cien dijeron que no, o si yo fui el primero, pero hablé con mi mujer y me apetecía. Pregunté cosas que me inquietaban mucho, como la comunicación y tal. Todo me lo facilitaron y me tiré a la piscina. Tampoco imaginé nunca el ruido mediático y la locura que se iba a liar cuando me fui. Gasté la batería del móvil tres veces y acabaron llamándome hasta de Sálvame Deluxe. Tuve que cortar, porque llevaron eso a un tema político y aquello era solo deportivo. No fue fácil, en ese sentido, ni la salida ni la vuelta. Así que me debí abstraer un poco de todo, y mantener solo comunicación con medios deportivos, que me trataron muy bien. Y una experiencia impagable, piensa que da igual tu poder o tu dinero, sin una invitación gubernamental allí no entras, así que me sentí inmensamente afortunado. Todo el mundo decía que estaba loco, pero yo siempre digo que hubiera estado loco si no hubiese ido. Es una experiencia que no tiene comparación con nada.

¿Cómo era el asunto a nivel visados, recibimiento? ¿Cómo te lo gestionan?

Fue muy fácil, porque yo dije «sí», ellos me mandan un contrato, lo firmamos y me dicen que se pondrá en contacto conmigo la Embajada de Corea del Norte en Madrid, que entonces había, después la quitaron. Y nada, un día me llaman de la Embajada, que estaba por la M-30, por el pueblo de La Zarzuela, antes de coger la carretera de Coruña. Y eso, pasé a buscar el visado, lo cogí. Imagínate, aquello era un búnker, unas medidas de seguridad brutales, hablé con el embajador un rato, me dan el visado y al día siguiente a Pionyang. Muy fácil.

Y allí, ¿quién te recibe?

Pues el viaje también es curioso, porque tuve que hacer Madrid-Frankfurt, Frankfurt-Beijing y Beijing-Pionyang. Yo recuerdo estar en Frankfurt solo y que me llamen por la megafonía para que acuda a los mostradores de tal compañía. Voy, te hacen preguntas, te piden el visado, te lo revisan… Y recuerdo estar sentado allí y todos los empleados de la compañía mirándome como diciendo «este tío chalao, que se va a Pionyang». Y nada, en Beijing cambio de terminal y otro avión. En Pionyang aterrizamos, no sé, unas seis personas en un avión de cien, un aeropuerto increíble, muy moderno, nuevo, limpio, enorme… Y me fijo en el panel de vuelos: un vuelo al día Beijing- Pionyang y otro Pionyang-Beijing, ese era el tráfico que había. Y te encuentras en el aeropuerto con, no sé, cien personas currando y seis que llegábamos de viaje. Así fue la llegada. Me esperaba un traductor, una chica que era guía turística y un chófer, porque las distancias son largas, Pionyang es muy grande. Y así fue.

Entiendo que no llegaste a ver a Kim Jong-il… dicen que es muy aficionado al baloncesto.

No, no, no lo vi… estuvo antes que yo, pero fue un tema de cantarle unas canciones, «feliz cumpleaños», y ya está. Es más, los jugadores ni siquiera le conocían, fue un tema muy pintoresco. Yo pregunté por él y no le conocía nadie. Sabía que era aficionado al baloncesto, entre otras cosas porque para la llegada de alguien como yo debe ser bendecida por él, si no es imposible. Luego ya tuvimos reuniones con los metódologos del Comité Olímpico, y nos dijeron que le gustaba mucho el baloncesto, que había estado jugando con el presidente de la Federación…

Ricardo González Dávila

Todos estos bulos de que las reglas allí son distintas… Tonterías, ¿no?

Recuerdo una noticia en Marca justo antes de irme, diciendo que en Corea los triples valen cuatro puntos y los mates tres puntos. En fin… Esas cosas yo nunca las he creído, porque ellos juegan competiciones FIBA. Eso sí, solo juegan cuando creen que pueden hacer un papel digno, son muy orgullosos, no van a mandar una selección para que quede última y todo el mundo le gane de setenta, porque a nivel país es algo muy de orgullo. Pero juegan competiciones internacionales, sí. Y el tiempo que estuve allí la selección femenina de fútbol fue campeona del mundo sub 21 y sub 17. A esas cosas del triple y tal nunca le di ningún crédito, no creo que nadie tenga sus competiciones diferenciadas a la normativa internacional. Que en Corea no tienen competición interna, pero se entiende.

Casi no te han preguntado sobre baloncesto en tu periplo coreano, interesan más otros asuntos. Pero a mí me causan curiosidad algunas cosas… ¿tú tuviste relación con otros entrenadores de allí?

Sí, cuatro o cinco entrenadores que trabajan con la selección el resto del año estaban conmigo. Estuve con la femenina tres semanas, dos o tres con la masculina y luego otra vez con la femenina. Y todos los entrenadores estaban ayudando. De hecho, una de las cosas que más gustó al Comité Olímpico es que trabajáramos en equipo, que yo no entrenase y el resto se quedara mirando. Les hice partícipes, participaban en los entrenamientos, nos reuníamos antes o después y trabajábamos en conjunto. Y luego tuve gente que me ayudaba, el preparador físico, el fisioterapeuta. Yo siempre he dicho que las condiciones allí son inmejorables, como en todos los regímenes de este tipo, que tiene dinero para lo que quieren. En Corea del Norte la inversión en deporte es exagerada, porque allí la vida es trabajar, estudiar y hacer deporte, no hay mucho más. Y eso lo tienen muy grabado.

Dijiste en una entrevista que su condición física era excelente, que siempre te habías encontrado en otros sitios a jugadores con sobrepeso y allí no…

Es que yo nunca entrené tanto como allí. Recuerdo el primer día, que me reuní con el Comité Olímpico, me preguntaron por la planificación y les dije «esto». Ellos contestaron que eso era muy poco, que dos horas son muy pocas, que de descansar nada. Así que les pregunté que querían ellos. Y acabé entrenando lunes, martes y miércoles mañana y tarde, sesiones de tres horas, hacen seis al día… y son seis clavadas, porque si acabas un minuto antes te miran como si estuvieras loco. Luego los jueves mañana tres horas, tarde libre; viernes mañana y tarde, sábados mañana y tarde y los domingos solo mañana. Tenía doce sesiones de tres horas, treinta y seis horas semanales. Eso es lo que entrenaría en Burgos igual en dos meses o tres. Entrenas mucho, así que físicamente están muy bien. Y tienen mucho talento para tirar, porque se pasan horas tirando y haciendo técnica individual. Pero el problema es que no saben nada del resto del mundo. A mí me preguntaban quién era el mejor jugador del mundo, decía que Lebron James y ellos no lo conocían. O me preguntaban por el papel de España y tampoco les sonaba. No tienen información de cómo se juega en Europa, de cómo se juega al baloncesto hoy en día, tampoco hay liga interna ni jugadores extranjeros que les ayuden a mejorar.

¿Viste algún superdotado físico? Sabes que se hizo viral una foto de un «gigante» durante el entierro del anterior Líder.

Alguno habrá, en la selección masculina un 2.07 o 2.08 lo había, alguno por ahí… no son pequeños, los jugadores coreanos. Pero alguien exageradamente grande no. Lo habrá como en cualquier lado, pero en baloncesto no conocí a nadie.

¿ Hay más igualdad entre chicos y chicas de la que has visto en otros países?

Allí los medios son los mismos, es un régimen, entre comillas, muy militar, todos con la mismas zapatillas, la misma ropa, y los medios que tuve para ambas selecciones eran idénticos. Sí que es verdad que a nivel resultados en mujeres lo tienen más asequible, es más fácil lograr resultados a corto plazo que en el masculino.

El país ¿cómo era? Estuviste solo en Pionyang, ¿no?

Sí, solo allí. Tenía solo dos tardes libres, que dedicaba a hacer turismo. La ciudad es preciosa, arquitectónicamente increíble. También jugaba al tenis de mesa, que me encanta. Y descansaba, claro, que seis horas diarias exigen, y hasta al mejor entrenador del mundo se le acaba el repertorio cuando tiene que entrenar tanto. Era mucha preparación, descansar, fue el primer viaje en el que me mató el jet lag, las primeras semanas estuve ko… No, no me dio tiempo a hacer nada que no fuera Pionyang, querían llevarme a sitios turísticos, de playa, pero no dio tiempo. Y el invierno en Pionyang es muy, muy duro. Yo tengo en mi móvil el tiempo en todos los países en los que he estado, y Pionyang es el más duro de todos con diferencia. Así que no salí de la ciudad.

Tú paseabas por Pionyang y ¿siempre tenías que ir con alguien o podías ir solo?

R.G.D. Yo podía ir solo, sí, pero es lo que te digo, allí en invierno a las tres de la tarde es noche cerrada y un frío de quince, veinte grados bajo cero. Yo recuerdo por la mañana igual despertarme a las seis y aprovechar hasta las ocho, que venían a buscarme para entrenar, y dar un paseo. Y eso sin problemas, claro. Las distancias son grandes, porque Pionyang es una ciudad muy grande, así que entre eso y el frío pues estaba justificado el chófer. Pero nunca nadie me dijo «no, no puedes ir caminando solo»… Lo mismo que a veces lees que allí está prohibido hacer selfies, tirar fotos, llevar tu ordenador… nada, yo me hice todas las selfies que quise, todas las fotos que quise, no tuve ningún problema.

No te prohibieron nada.

No, a mí no.

Igual por tu puesto…

No, yo veía otra gente haciéndose selfies, y nunca vi que nadie les dijera nada. Todo eso son bulos, cuando no conoces nada de algún lugar siempre surgen bulos.

¿Y mercados? A mí me gusta mucho ir a los mercados cuando llego a una ciudad que no conozco, porque se palpa allí su vida.

Mercados no tuve tiempo, porque por las tardes cerraban y mi horario era justo. Pero sí fui a centros comerciales, por ejemplo, vi mis tiendas, podías comprar en dólares sin problemas. Eso sí lo viví. Pero vamos, que entre el frío que hacía, la noche y el cansancio pues no tenías muchas más ganas que dar una vuelta un rato. Y lo que te dije, Pionyang es una ciudad increíble, no sé si se abrirá alguna vez al mundo, pero si lo hiciera sería tan visitada como cualquier capital europea, porque es muy bonita.

Ricardo González Dávila

También te he leído que todo (los automóviles, por ejemplo) es de fabricación propia y todo muy parecido, muy homogéneo.

Y todo el mundo va en bicicleta, y siempre es la misma bicicleta. Dirías «hay veinte modelos de bici y tal»… no, la misma bicicleta. De coches igual te encuentras tres modelos, pero… Todo es de ellos, allí no encontrarás ninguna marca tipo bebidas refrescantes o cadenas de comida rápida. Todo es propio y no encuentras nada que les relacione con ningún otro lugar.

Ahora que dices esto, ¿comiste comida tradicional de allí?

Sí, yo vivía en el hotel, un hotel que estaba muy bien, en la Avenida de Europa que llaman ellos, la Avenida del Deporte, donde están todas las instalaciones deportivas. Yo tenía allí el desayuno, comida y cena. La comida un poco rara, no es la típica comida china que entendemos en España, a veces no sabías lo que comías… pero comí. Quizá es el lugar donde peor recuerdo tengo de la comida en todos los sitios donde he estado, porque a veces no sabías si estabas comiendo pescado o carne, te ponían siete u ocho platos raros… Se hacía largo, no hablabas con prácticamente nadie excepto cuando venía alguna selección extranjera… En el tiempo que estuve allí llegaron varias selecciones deportivas chinas, y con ellos podías hablar algo en inglés, pero tampoco mucho. Y no tenía mucha más vida, pasaba mucho tiempo solo… Eso es quizá lo peor de esta experiencia.

En el hotel, por ejemplo, ¿había movimiento? ¿Estabas tú solo?

Sí, sí había movimiento con gente de allí, por el hall, bastante movimiento de entradas y salidas. Y luego todo el tema deportivo iba allí. Ellos solo tienen relaciones económicas y culturales con China, y estando yo fueron selecciones de voleibol, de balonmano. Tienes ese ajetreo. Y en el desayuno había bastante gente, pero, como te dije, tampoco hacías contacto con nadie, porque estás en un sitio donde debes tener cuidado con lo que haces, con lo que hablas, y tampoco se te acercaba nadie…

Y tú tampoco podías comunicarte con ellos, imagino. El inglés nada, ¿no?

Nada, no habla inglés nadie, y ellos no quieren que se hable inglés, porque es la vía de contacto y comunicación con el resto del mundo. Así que habla inglés solo la gente del Comité Olímpico, los jugadores ni papa, la gente ni papa, todo con traductor. Imagínate, no puedes hablar nada más allá del tema meramente deportivo, y solo centrarte en el deporte, en el baloncesto, los entrenamientos y poco más.

¿Te has planteado volver a modo de turista? Quizá para ti sea plausible hacerlo, por tu pasado…

Sí, me encantaría, porque es un sitio espectacular, pero piensa que yo tengo hijos pequeños, no es un viaje fácil ni barato. He tenido oportunidades de volver, pero la incomunicación cuando tienes hijos cada vez se hace más cuesta arriba, y allí la única comunicación era llamar tú por teléfono… punto y final. Nadie te podía llamar, no había ningún tipo de videollamada. Así que se hace difícil. Otra cosa sería ir de vacaciones con mis hijos, aunque sería imposible, porque mi mujer no vendría nunca. Y yo siempre digo que es el país más seguro del mundo, porque nunca nadie va a atacar a Corea del Norte, con todo el arsenal que tiene nadie se va a atrever con ellos. Eso, una experiencia inolvidable.

La última ya sobre Corea del Norte… ¿Cómo es vivir sin redes sociales?

Pues mucho mejor, yo pienso que las redes sociales nos han hecho peores a todos. Yo era bastante… no voy a decir que feliz, pero vivía más tranquilo cuando no tenía redes sociales. No porque te enganches, que a veces parece que hay la necesidad de leer, vivir… sino por la cantidad de desgracias que te enteras, tú ves redes sociales y solo hay «ha muerto este», «ha pasado esto». A veces te afectan a todos los niveles. Y luego hay gente que… Instagram o Facebook son redes normales, pero a quienes nos gusta Twitter por un tema informativo e interactuar con la gente… Yo siempre digo que Twitter demuestra que hay wifi en los psiquiátricos, porque la gente se vuelve loca con cualquier cosa que dices. Oye, si no estás de acuerdo con algo no leas, no opines, no escribas, no hace falta… Las redes sociales nos han hecho un poco peores a todos en este aspecto. Pero también sé que no puedes vivir en la incomunicación, sobre todo con tu familia, ya lo hablamos antes.

No sé si es algo que ya tenéis en cuenta los entrenadores, o que se está implantando… la gestión de las redes sociales por parte de los jugadores, porque en chavales tan jóvenes y, en el caso de profesionales, con tanto dinero y el ego tan subido, aquello puede ser un arma peligrosísima que solo puede dar disgustos.

Yo creo que redes sociales y móviles han roto todos los vestuarios deportivos. A mí me pone enfermo llegar a un vestuario antes de un partido y ver que todos están con el móvil, en el descanso alguno con el móvil, acaba el partido y a los quince segundos alguno cogiendo el móvil, me imagino que para decir «el entrenador es un cabrón, no me ha sacado, el árbitro, mis compañeros»… Los jugadores no tienen la culpa nunca, yo nunca he escuchado a jugadores decir «vaya partido que he hecho, no he metido una». Por eso lo de los móviles… te vas a comer o a cenar y todo el mundo con los móviles. A mí no me gusta ser el típico entrenador que prohíbe los móviles comiendo. Evidentemente en el vestuario prohibidos los móviles, antes, después o durante. Pero claro, hasta que llegas al vestuario tú los cogen, así que… Esto es algo de respeto, educación, costumbres, si yo estoy comiendo con alguien a mí no me gusta que la otra persona esté con el móvil. Hoy en día el tema de los móviles es terrible para los equipos, ha quitado mucha comunicación entre los jugadores y es la vía de escape para justificar todo.

Tú eres bastante crítico con la NBA… el cachondeo de la Liga Regular, que yo creo que lo tienen asumido incluso ellos y los propios medios de comunicación, el cachondeo de los pasos, con esa aberración complicadísima del «paso cero», las mismas canchas con pinturas horteras.

Yo, por mi trayectoria y mi manera de ver el baloncesto y la vida, me siento más cercano a América Latina que a España o Europa, son muchos años entrenando allí. Y sufro mucho la influencia de la NBA sobre el baloncesto latinoamericano, porque allí es la misma franja horaria. Los niños no ven Euroliga, no ven ACB, ven solo NBA. Y ellos imitan lo que ven, es todo jugar sobre el bote, jugar uno contra cinco… y eso no es baloncesto. Yo se lo digo, «si vas a España a jugar, que hay muchos dominicanos, tienes que jugar con pases, defender, esto es un juego de equipo».

Me considero un entrenador de baloncesto, a mí estas estadísticas de «llevo 40 puntos, 20 rebotes y un quíntuple doble y tal, me la tiro a tablero yo solo, la fallo para coger mi propio rebote y engordar la estadística»… a mí todo eso no me parece baloncesto. El paso cero, por ejemplo, es un error garrafal, lo han hecho para que cuando Estados Unidos viene a jugar a Europa no ocurra lo de antes. Yo recuerdo a Juan Carlos Navarro cogiendo el balón y dando cuatro pasos sin botar, riéndose, porque en una final de una Olimpiada no pitaron ni unos pasos a Estados Unidos. Antes el baloncesto era muy fácil de entender, muy fácil de aplicar, y ahora ya todo vale, todas las acciones están justificadas por el paso cero, porque a veces ni siquiera los árbitros entienden las normas. Y luego ves un traspiés, que es un movimiento precioso y fácil con el que ganas mucha menos ventaja que con un paso cero, y está prohibido porque lo consideran pasos. Entonces son cosas que… yo no estoy contra la NBA, allí están los mejores jugadores, pero para mí la NBA empieza en las últimas jornadas de la liga regular y en los playoffs. La falta de defensa, de seriedad, el todo vale… a mí no me gusta. Lo de las canchas que decías es solo para captar más audiencia porque partidos de liga regular son difíciles de masticar.

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Y luego hay cosas, entre esas carencias de la NBA, que llaman la atención, como los pocos jugadores con más del noventa por ciento en tiros libres, que algo muy plausible de entrenar para mejorarlo. Da la impresión que ciertas carencias se dan por asumidas y existe falta de entrenamiento.

Con el tiro hay dos cosas muy claras: hay gente que nace con el don de la puntería, que tienen una mecánica horrible pero las meten todas porque nacieron con eso; y otros que no metían ni una y acaban metiéndolas todas, porque se trata de trabajar, trabajar y trabajar. El baloncesto es un deporte de repetición y hábitos, y son esos hábitos los que te llevan a la excelencia. El baloncesto es el único deporte en el que no puedes pensar, porque si piensas no juegas, y si juegas no puedes pensar. En tenis tienes medio segundo para pensar qué vas a hacer, en fútbol lo mismo, pero en baloncesto no. de ahí los hábitos, las repeticiones. A mí que un jugador profesional haga un setenta por ciento en tiros libres me parece indefendible. O que en la NBA haya más jugadores por encima del cincuenta por ciento en tiros de tres que por encima del noventa en tiros libres… son cosas que me cuestan. Sobre todo cuando ves la cantidad de partidos que se pierden por tiros libres. Así que eso me cuesta, y lo posteo porque sé que mis jugadores lo leen, lo comparten.

El mejor jugador que has visto con tus propios ojos.

Para mí Petrović, sin duda. Además tuve la suerte de verlo entrenar… cuando les ves jugar te parecen buenos, pero entrenando te parecen fuera de lo normal. Yo entrenaba selecciones de Madrid, íbamos al antiguo Pabellón del Real Madrid, en Plaza de Castilla, y antes o después entrenaban ellos. Y Petrović me parecía un adelantado a su tiempo, alguien único, y una mentalidad ganadora que lo hacía fuera de lo normal.

Esas leyendas de cien triples seguidos entrenando y tal ¿son ciertas?

Sí, sí, gente de allí me contaba que la primera condición que puso Petrović fue vivir cerca de la Ciudad Deportiva del Madrid y tener las llaves del pabellón. Él entrenaba al cincuenta o sesenta por ciento, nunca lo veías al cien por cien, pero acababa el entrenamiento, ponía a dos cogiendo rebotes y se ponía a tirar triples como un poseso, al doscientos por cien y máximo esfuerzo.

¿Y el mejor jugador al que has entrenado?

Yo tengo la suerte de haber entrenado a jugadores muy buenos. Quizá el que más me ha impresionado es Maciej Lampe, a lo mejor lo recuerdas, llegó a jugar en el Barcelona. Yo lo entrené de cadete, venía de Polonia, y te encuentras un jugador de 2.07 o 2.08 que cogía rebotes, subía el balón, metía un triple de ocho metros y a la siguiente hacía un mate de espaldas. Me pareció un jugador descomunal, fue a la NBA con 18 años, creo que a Milwaukee, luego en el Real Madrid, Barcelona, muchos equipos de Euroliga. Un talento increíble, quizá se fue demasiado pronto a la NBA, un pequeño error. En su momento me parecía algo fuera de lo normal. Y mantengo mucho contacto con él, es muy buen chico.

¿No entrenar en la ACB es una espinita para ti?

Yo siempre digo lo mismo, que no hubiera cambiado unos meses en la ACB por la vida que he llevado. Entiendo que la ACB es una rueda muy complicada, hay entrenadores buenísimos de mi generación que estuvieron en la ACB cuatro meses, cinco meses, y luego no volvieron. Para alguien de nuestro perfil es complicado mantenerse en la ACB. Entonces, si me preguntas si hubiera cambiado mi trayectoria por esos meses en la ACB te digo que no, me siento una persona afortunada por haber vivido lo que he vivido. ¿Cuántos han entrenado en la ACB? ¿Mil? Pero ¿cuántos han entrenado en Corea del Norte, cuántos han entrenado en tantos países siendo el primer español? Es algo que queda ahí para siempre. Y me siento orgulloso, no es fácil, nadie regala nada, hay mucha competencia y muchos buenos entrenadores. A mí nadie me ha buscado nada en treinta años de carrera, yo no tengo representante, la gente no se lo cree. Es meritorio por mis trabajos y mis resultados. Y eso me da más orgullo que un año en la ACB, que por supuesto también me hubiera gustado.

Tienes el objetivo de entrenar en los cinco continentes… ¿Opciones en Oceanía?

Pues he tenido bastantes, sobre todo en Australia, pero allí es dificilísimo a nivel familiar, porque te piden una serie de requisitos, seguros, que lo hacen complicado. No sé dónde, pero lo haré, porque es lo que me falta. De hecho, tengo ya pensado un libro, tengo el índice, algo sobre costumbres y baloncesto, huyendo de la táctica. Y sí, quiero entrenar en Oceanía para decir que entrené en los cinco continentes. Cuando me pongo a pensar en lo que he hecho en el deporte me siento como un abuelo cebolleta, con tantas cosas, pero tengo 53 años, todavía me queda cuerda. Sé que lo voy a hacer, antes o después, sin obsesionarme, pero lo haré. Será cerrar un círculo.

¿Cuál es tu hogar.

Donde cesan mis intentos de huida.

¿Y dónde cesan?

Donde estén mi mujer y mis hijos, evidentemente. Ahora estoy en Islandia y tengo contrato hasta mayo, imagina. Si me sale una oferta de Sidney me voy, porque a mí me gusta mucho esta vida de entrenar fuera, pero luego me pongo a pensar en mis hijos, en mi mujer, y al final eso me para, me hace buscar el momento idóneo para poder hacerlo. Mi hogar, entonces, no es un lugar en el mundo, yo echo cosas de menos de todos los sitios donde he estado. Los amigos, las costumbres, climas, comidas, paisajes. Y en todos los sitios se queda algo de ti. Así que decir «estoy plenamente feliz aquí» en mi caso es complicado.

La última, ¿nunca pensaste estudiar una oposición y tener un trabajo tranquilito?

No, no, no, de hecho admiro profundamente a la gente que es capaz de tener un horario fijo, estar sentado en una oficina siete u ocho horas… yo soy antirutinas, muchas veces mi mujer se enfada conmigo por eso. Pero creo que las rutinas lo matan todo, a nivel baloncesto pero también con tus hijos, tu pareja… Soy ordenado, eso sí, como entrenador, pero me gusta improvisar. Las rutinas me gastan, enseguida me vienen retos o ideas a la cabeza. Y estoy contento con lo que hago.

2 comentarios

  1. Pingback: Ricardo González Dávila: Trayectoria y experiencias entrenando baloncesto alrededor del mundo - Hemeroteca KillBait

  2. No conocía a este tipo, me ha parecido un jugón!

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