
Steve Nash y LeBron James han comentado en Mind the Game los temas del año, la longevidad deportiva y la evolución táctica del baloncesto. En un apartado de pura nostalgia y recuerdos, LeBron ha recordado sus mejores años, los movimientos que más le gustaban y cómo los cambios tácticos han cambiado ese baloncesto.
Pero lo más relevante ha sido la lista de elogios que le ha dedicado a su compañero Luka Dončić, de quien ha comentado su movilidad. Dice de él que «no parece el más explosivo, pero se mueve bien para medir 2,03 metros». Y ha sentenciado «Ahora tiene un físico más funcional».
Tras este verano, ha observado cambios importantes en su compañero: «Le he visto más rápido, más dinámico en los movimientos, y eso no le cambia el juego en sí, seguirá haciendo 30, 40 puntos, 15 asistencias y 10 rebotes, pero sí cambia cómo se recupera al día siguiente»
LeBron ha insistido en que la mejora no se verá tanto en las estadísticas como en su capacidad de resistir el desgaste de la temporada: «Cuando estás en la mejor forma posible, el cuerpo responde distinto. Te levantas después de tres partidos en cuatro noches y la rodilla no molesta, la espalda tampoco. Todo se nota».
El estadounidense también ha celebrado la decisión de Dončić de invertir el verano en su preparación física. «Estoy muy orgulloso de él. Es algo que ha hecho por sí mismo, porque lo quería. Nadie se lo ha impuesto». Y ha hecho una broma con seguir su ejemplo: «Voy a tener que copiar un poco su rutina». Para James, la transformación de Dončić refleja ambición y compromiso: «Eso demuestra que le importa, que quiere que el equipo sea grande»

Por otro lado, ha analizado cómo se imagina jugando junto al esloveno en Los Ángeles: «Si Luka lleva el balón y yo me coloco en el codo, podemos crear muchísimo. Tiene un tirador detrás, el espacio se abre, y con dos pasadores altos todo se vuelve muy difícil de defender.» En su opinión, esa combinación puede ser la base ofensiva del nuevo curso: «Podemos manipular a las defensas, jugar rápido o al poste, según lo que necesitemos». Una cosa está clara, tiene ganas de que empiece la temporada porque este año apuesta por él: «Estoy ilusionado por verle moverse esta temporada».
La evolución del juego según LeBron James
LeBron James ha dedicado buena parte de la conversación con Steve Nash a analizar cómo ha cambiado el baloncesto desde que debutó en la NBA hace más de veinte años: «Cuando llegué a la liga no existía el pace and space», ha recordado. «Jugábamos con dos interiores fijos, un base que subía el balón y ocho jugadores metidos en la pintura». Desde entonces, la transformación ha sido radical, los sistemas son más abiertos, las posesiones más rápidas y los jugadores, mucho más versátiles: «Ahora todo el mundo puede botar, pasar y tirar».
Para James, la clave de esta revolución está en la adaptación del cuerpo y de la mente de los jugadores modernos. «Antes había dos o tres que podían crear desde el bote; el resto debía esperar abierto o cargar el rebote. Hoy todos están preparados para iniciar una jugada», ha explicado. Esa polivalencia, ha convertido el baloncesto en un deporte más fluido y menos previsible: «Los equipos jóvenes como Oklahoma o Indiana son el ejemplo perfecto: cinco jugadores capaces de driblar, pasar o tirar».
Uno de los conceptos que LeBron ha abordado ha sido la desaparición del llamado dunker, la zona bajo el aro donde se colocaba el jugador menos dotado para el tiro exterior. «Antes escondíamos al que no tiraba ahí abajo, esperando el pase o el rebote», ha revelado. «Ahora ese jugador tiene que estar en la acción: si no tira, corta o bloquea». Según James, la evolución de la táctica ha obligado incluso a los interiores a convertirse en facilitadores, y los entrenadores más inteligentes han sabido reinterpretar ese espacio.
Como ejemplo, ha mencionado el uso que los Boston Celtics hicieron de Jrue Holiday durante su camino al título. «Los equipos listos aún utilizan el dunker, pero con jugadores pequeños. Boston lo hacía con Jrue. Le daban el balón a Horford o Porzingis y él se quedaba cerca del aro, preparado para cortar o rebotear», ha explicado. «Muchos bases no saben cómo defender eso. Si te metes ahí y eres fuerte, puedes castigar a defensas más débiles y generar segundas opciones».

James ha concluido su reflexión defendiendo que, pese a la fiebre por el triple, la eficiencia real sigue estando cerca del aro. «Los equipos tiran 30, 40 o 50 triples por partido, pero no hay mejor tiro que una bandeja o un tiro libre», ha asegurado muy seguro de sí mismo. «Si consigues romper la defensa y llegar hasta el aro una y otra vez, eso desmoraliza al rival». En su opinión, los mejores conjuntos no son los que más lanzan desde fuera, sino los que generan esos tiros tras una penetración: «Los malos equipos tiran muchos triples porque necesitan una oportunidad de sorprender; los buenos los consiguen después de tocar la pintura y mover el balón». Un punto de vista totalmente en contra de la tendencia actual.
El verdadero baloncesto, según LeBron James
Más allá de la táctica, LeBron ha entrado en lo que él considera la esencia del baloncesto: la inteligencia colectiva. A su juicio, comprender el juego y tomar buenas decisiones no depende del nivel en el que se compita, sino de la mentalidad: «El baloncesto ganador se juega igual en el instituto que en la NBA», afirmó. «La única diferencia está en el tamaño, el talento y la velocidad, pero el juego correcto es el mismo en cualquier lugar».
Ha recordado cómo su formación temprana le enseñó a compartir el balón y leer el juego antes de convertirse en profesional: «En el instituto yo no era el base del equipo», explicó. «Teníamos un director de juego que acabó jugando en Europa, y todos aprendimos a pasar, cortar y movernos. Si no tenías tiro, botabas, y si no podías botar, buscabas al compañero libre. Eso era baloncesto». Ahí está la clave que explica cómo entiende este deporte: «Siempre he creído que ganar tiene más que ver con hacer lo correcto que con quién tiene la bola en las manos».
Por eso, cuando llegó a la NBA, el impacto fue casi un choque cultural. «Me chocó ver jugadores que subían el balón y no lo pasaban en toda la posesión. Pensé: ‘¿Esto es ganar?’», ha confesado. «En el colegio me enseñaron que esto no es golf ni tenis; aquí dependes de tus compañeros. Si uno no confía en el otro, no se gana». Aquel descubrimiento le hizo, con los años, convertirse en un líder que intenta que toda la plantilla esté implicada en el juego y no sufra de estrellitis.
También ha reivindicado el modelo de los San Antonio Spurs como ejemplo de esa mentalidad coral que, según él, anticipó la NBA moderna. «Aquellos Spurs jugaban con un ritmo y una precisión que nadie entendía al principio», ha rememorado. «Tony Parker bajaba a toda velocidad, soltaba el balón, y de repente lo tenía Manu, o Boris Diaw, o Tim Duncan en el centro de la zona. Eran cinco tipos tomando decisiones rápidas. Eso era hermoso baloncesto». Para LeBron, aquel estilo fue «una lección sobre cómo moverse, pasar y pensar a la vez».
James ha reconocido finalmente que su propia carrera cambió cuando comprendió que controlar el balón no siempre equivale a controlar el partido. «De joven pensaba que, si yo manejaba todas las posesiones, mi equipo estaría más seguro. Pero en realidad eso solo te lleva hasta cierto punto», ha rematado. «Para ganar de verdad necesitas capas: ritmo, movimiento, confianza. Si tus compañeros no tocan la pelota durante tres cuartos y de repente tienen que decidir en el último minuto, no están preparados».

Esa visión, que hoy predica en Mind the Game, también la aplica a su forma de jugar con los Lakers: «Cuando consigues que cinco jugadores tomen decisiones rápidas, que el balón se mueva y nadie lo retenga, el juego se vuelve precioso». Para LeBron, ese es el futuro del baloncesto: «El siguiente paso del juego es ver cuántos jugadores puedes poner en la pista capaces de crear una ventaja y mantener el balón vivo. Eso es el baloncesto del futuro, y ya ha empezado».
El martirio del calendario
Otro de los temas que no podían pasar por alto ha sido desgaste físico que impone la NBA actual. Ambos contertulios han coincidido en que el juego moderno, aunque más técnico y espaciado, exige un esfuerzo físico sin precedentes. «82 partidos son demasiados», ha dicho James sin darle muchas vueltas. «Es parte de la realidad de la liga, pero el cuerpo lo nota. Hay más espacio, más transiciones, más kilómetros en las piernas. Antes se decía que el juego era más físico; hoy es más exigente en lo atlético».
Para el alero de los Lakers, las nuevas exigencias tácticas, rotaciones más largas, coberturas, desplazamientos laterales, multiplican –dice-, la carga sobre el cuerpo: «Hay que cubrir más espacio, defender a tiradores que juegan desde ocho metros y llegar a todas partes. Es un desgaste distinto, pero igual de brutal».
James y Nash coincidien en que la velocidad del juego y la amplitud del campo han transformado incluso la naturaleza de las lesiones. «Ahora se trata más de sobrecargas y fatiga acumulada que de golpes», apuntó Nash. Y LeBron añade: «El baloncesto de hoy exige tantas aceleraciones y frenadas, tantos cambios de dirección, que el cuerpo se resiente de otra forma. Son kilómetros ocultos: no se ven, pero están ahí».
El cuatro veces campeón explicó que esa realidad ha obligado a los jugadores a entrenar de manera más científica y consciente. «El trabajo físico ha cambiado. Ya no se trata solo de fuerza o resistencia, sino de movilidad, de prevención, de cuidar las articulaciones y los tendones». En su caso, ha asegurado que la longevidad no se explica solo por genética, sino por hábitos. «Tienes que conocerte, escuchar al cuerpo y ser disciplinado. A veces el mejor entrenamiento es descansar».

El debate ha derivado en uno de los temas más polémicos de la NBA actual: la gestión del descanso o ‘monitorización de la carga. Nash ha reconocido que odia ver a las estrellas ausentes, pero también entiende que es una necesidad. James ha sido claro: «Nadie quiere perderse un partido. No quiero que un niño que ha comprado su entrada para verme en Atlanta se quede sin esa experiencia. Pero la realidad es que hay que ser inteligentes. No puedes jugar los 82 partidos a este ritmo y pretender estar sano en los playoffs».
En su conclusión, ambos coinciden en que la modernidad ha hecho el juego más espectacular, pero también más extremo: «Antes la fatiga era muscular; ahora es total», ha resumido LeBron. «El cuerpo, la mente, los viajes, los husos horarios… todo pesa. Pero el reto de seguir compitiendo a este nivel es lo que me mantiene vivo. Ese es mi combustible».


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