Entrevistas

Joaquín Maroto: «Luis Aragonés decía que Poca Playa, así llamaba a Iniesta, si lo veías por Gran Vía parecía un pintor en su día libre»

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Joaquín Maroto

Joaquín Maroto (Madrid, 1961) pertenece a una especie en vías de extinción: el reportero que estuvo en el lugar de los hechos cuando todavía no había redes sociales, ni insiders, ni la necesidad de ser el primero en equivocarse. Ha vivido ocho Mundiales, ocho Eurocopas, cuatro Juegos Olímpicos y una transformación radical del fútbol y del periodismo. De esa memoria -sin nostalgia impostada- recuerda cómo se contaban las cosas cuando aún importaba estar allí.

Hubo un tiempo en el que los presidentes se quedaban con tu mechero si te despistabas, los periodistas viajaban juntos y un fichaje se explicaba con una servilleta. Maroto estuvo allí. También cuando Florentino Pérez se convirtió en presidente del Real Madrid y el cuadro de Chamartín dejó de ser un club para convertirse en una idea global.

El otro día vi una foto tuya en el Mundial de México 1986.

El pasado mes de agosto cumplí los sesenta y cuatro, por lo que ahí debía tener veinticuatro años. Había aprobado la oposición para Televisión Española, donde entré con Vicente Vallés y Sergio Sauca. Por aquel entonces también colaboraba en Marca y me comentaron que si me quedaba en el periódico y dejaba la televisión tenían una carrera preparada para mí y en primer lugar iba a ir al Mundial. La oferta me la hizo el recientemente fallecido Luis Infantey, personalmente, me atrajo mucho la idea de poder estar en el Mundial y dejé Televisión Española.

Estamos hablando de mediados de los años ochenta, tan solo había una televisión en nuestro país y la veían más de diez millones de personas. Allí me habían ofrecido un programa que hoy lleva el nombre del canal, «Teledeporte», que se hacía después de la tercera edición del Telediario que presentaba Rosa María Mateo. Recuerdo el primer día que presenté aquello, me moría del susto y Rosa María tuvo un detalle fantástico conmigo que nunca olvidaré, ya que después de terminar el Telediario se acercó a mí: «Chaval, como te veo nervioso, me voy a quedar aquí a tu lado y si ves que en algún momento te aturullas, yo sigo. Me quedo aquí contigo a darte protección y si sucede algo me pasas las hojas con la escaleta y sigo con el programa, tú tranquilo». Es algo que no olvidaré.

TVE eran palabras mayores.

Tuve compañeros en deporte que eran auténticos fenómenos, comenzando por Matías Prats, Juan Carlos Rivero y Jesús Álvarez, uno de mis maestros en televisión. Luego también tuve a Elena Sánchez, que más tarde fue presidenta de la corporación, Rosa María Mateo, en el sentido que ella presentaba el Telediario y yo llevaba el bloque de deportes, aunque se llamara de otra manera. Fernando Ors estaba de jefe de deportes, Rafa Marichalar… gente de mucho nivel. También Sergio Sauca o Vicente Vallés, a los que te nombraba antes y que fíjate qué carreras han tenido. Si hubiera tirado por el camino de la televisión, creo que hubiera tenido una trayectoria parecida, pero preferí la prensa escrita, que tampoco me ha ido mal.

¿Cómo fueron esos años en Marca?

Los primeros años fueron maravillosos, una escuela tremenda en un periódico con mucha ilusión y mucho empuje que recogimos prácticamente del suelo y llegamos a poner en casi medio millón de ejemplares. Fue de una manera simple: estando en los sitios y contando lo que veíamos. Eso es lo que sentía Marca. Marca estaba en todas partes y contábamos lo que veíamos.

Comencé con el Atlético de Madrid. En concreto, hacía Jesús Gil. Era un especialista, ahí tenías noticias todos los días. Empecé en 1986, estuve hasta 1989 y no te puedes imaginar lo que me divertí con Jesús, que era una persona maravillosa y absolutamente fantástica, un tío particular y amigo de sus amigos. No puedo decir nada malo de él y, lo que hizo, pues ahí lo ha visto todo el mundo. Esos años fueron un gran aprendizaje personal, porque tenía una personalidad con la que no era fácil lidiar todos los días, en ese sentido complicado. Ahora, con el paso del tiempo, que tengo que decir que, en cierto modo, Donald Trump me recuerda a Jesús Gil. Cuando le vi con el tablón aquel diciendo «te bajo los impuestos, a ti te los subo»,  me parecía Jesús con el rotulador, que era un poco de ese estilo.

¡Vaya inicio!

Una de mis primeras noticias trascendentes en Marca fue gracias a una fotografía. Fue una de Pepe Caballero, el mismo que hizo la foto de Fernando Martín cuando murió en el accidente de coche. En este caso, la estaba mandando al periódico desde México en aquel Mundial de 1986 por medio de lo que por aquel entonces llamábamos «el submarino». Cuando terminó, vi la imagen, que era un papelillo, observé a un grupo de jugadores entrenando y me sorprendió Maceda, que iba en pantalón largo. ¡A cuarenta grados! En el entrenamiento pasan muchísimas cosas y no me había fijado, pero en la foto lo veías claramente. Tenía mal la rodilla, se estaba protegiendo la inflamación y se ponía pantalón largo para que no se la viéramos. He tenido la suerte de trabajar con grandes reporteros como Pepe Caballero, que ahora está jubilado, Juan Carlos Tirado, Jesús Aguilera y ahora con Pepe Andrés.

Antes en las portadas cabía casi todo; hoy parece reducirse a dos escudos. ¿Por qué?

En el caso del Real Madrid, tienes setecientos millones de seguidores en redes sociales. Me parece que somos ocho mil millones de personas en el mundo, por lo que hablamos de un porcentaje bárbaro y nosotros tenemos que dar servicio a esa demanda. Hoy en día, lamentablemente, la prensa en general y los periódicos en particular estamos sufriendo una crisis galopante que va cada día peor. Con los periódicos en papel, digamos que es como vivir en un entierro: vamos todos detrás de la caja esperando a ponerle el último clavo. Eso ha provocado una revolución industrial dentro de la profesión con muchos cambios, fundamentalmente en internet y las redes sociales. Hoy en día, cualquiera con un móvil puede hacer una noticia y eso hace que baje el kilo de periodista.

Nosotros tenemos un punto de vista distinto, otra manera de ver las cosas. Somos más asépticos, tenemos, digamos, un respeto profesional y vemos las cosas con otros ojos. Eso es lo que nos diferencia de los demás, pero es cierto que estamos obligados, por las circunstancias económicas, no a hacer cosas que no queremos, pero a pegarnos a situaciones que no nos gustaría que fueran así. Pero tal y como yo lo entiendo, el periodismo es estar en el sitio donde pasan cosas y contarlas.

Joaquín Maroto

Cuando diste el salto al As comienzas a informar del Real Madrid.

De Marca salí a Canal+, estuve un año como Redactor Jefe de Fútbol y Toros y presenté el Tercer Tiempo antes de llegar al diario As, donde me llamó Rafael Rienzi en el año 1990. Fue ahí donde comencé a hacer el Real Madrid.

Fue una época complicada para la Quinta del Buitre.

Estuve en el partido famoso de España en Portugal en el que Clemente quitó a todos los de la Quinta del equipo. Me acuerdo que hicimos una portada en As con una fotografía de la selección con los jugadores de la Quinta y esa misma imagen una cruz roja tachándolos a todos.

El presidente de aquel Real Madrid era Ramón Mendoza. 

Era muy divertido, pero si te ibas a comer con él, tenías que ir al baño antes y no levantarte de la mesa. Si lo hacías todo el mundo sabía que pasaban dos cosas. La primera, que te robaba el mechero, porque si te dejabas el Clipper en la mesa al volver había desaparecido, preguntabas dónde estaba, el tío se callaba y a los tres días veías que se estaba encendiendo un cigarro con él. La segunda que te ponía a parir. Convenía ir meado a las comidas con Ramón Mendoza (risas). También tuve una relación buenísima con él. Aquellos presidentes de esa época eran divertidos: Cuervas, del Sevilla, Caneda, Lendoiro, Jesús Gil, los Ruiz Mateos padre y madre

Veo en aquel Real Madrid de la Quinta el primer equipo «moderno». Un precursor de lo que vino después.

Creo que los modernos eran ellos, no el equipo. Ellos eran la mitad y no todo el equipo era moderno. Los conjuntos modernos llegan después. Para mí, el primer equipo moderno es el Milan de Arrigo Sacchi y los tres holandeses. Este fue el primer equipo al que vi hacer cosas que no había visto antes.

El Dinamo de Kiev de Valeri Lobanovski que se lleva la Recopa de 1986 también era impresionante.

¿Sabes que he dormido en la habitación de Lobanovski? En la final de la Eurocopa de Ucrania y Polonia, la de 2008. Nos llevaron a Kiev para la final a un grupo de periodistas y, como no había hoteles, nos metieron en la ciudad deportiva del Dinamo de Kiev, donde había habitaciones. Ahí me dijeron que era su habitación. Y efectivamente lo era: tenía un sillón enorme, una pantalla de televisión impresionante que no la tenía nadie y un balcón que abrías y daba al campo de fútbol. Desde ahí, muchas veces, mandaba.

Me ha venido a la cabeza otra foto tuya junto a Leo Beenhakker y Vicente del Bosque en Utrecht. ¿Cómo era el holandés?

Paternalista, como eran los entrenadores de antes. Me acuerdo de que Ramón Mendoza se enfadó mucho con él porque dejó a Butragueño en el banquillo en un partido de Copa de Europa ante el PSV: «¡Usted ha jugado con el patrimonio del club!». No veía a Butragueño como un jugador, lo veía como patrimonio del Real Madrid y, en cierto modo lo era, porque el patrimonio de los clubes son los futbolistas.

Beenhakker era un hombre educado, cariñoso, que no quería problemas con la prensa y cuidadoso en ese sentido. Yo había estado en su casa con él cuando se hizo esa fotografía a la que te refieres porque el Real Madrid tenía un partido en Holanda y, oficialmente, Leo había viajado con Vicente para ver al rival. Pero también había en ese asunto un interés en Van Basten, que era de Utrecht y ya era difícil sacarlo porque era un fenómeno.

Esa volea de la Eurocopa del 88 contra la URSS es inolvidable.

Tuve muy buena relación con él, y aunque luego perdimos el contacto, me invitó a su partido homenaje. Yo había pasado seis meses en Milán en comisión de servicio por el Marca: hicimos un acuerdo, que todavía hoy sigue vigente, que consistía en un intercambio por el que periodistas de Milán trabajaban en Marca y periodistas de Marca trabajaban en Milán. A mí me eligió Luis Infante para estar medio año allí trabajando con ellos y hacía el AC Milan con la Gazzetta dello Sport histórica, donde luego me quedé cuatro años de corresponsal con Candido Cannavò como director y periodistas como Alberto Cerruti, Germano Bovolenta o Salvatore Lo Presti, que hacía el «Annuario del calcio mondiale»… gente de una dimensión tremenda. Fue así como hice mucha amistad con los jugadores de AC Milan como Paolo Maldini o Marco van Basten.

En aquel partido homenaje suyo al que fui, salió con cuarenta años a jugar un rato e hizo un golazo espectacular en un córner. Saltó como una fiera, remató de cabeza y marcó. Cuando acabó, hablamos y le comenté: «Te tengo que poner un tres, macho».

Era una época en la que los periodistas tenían un mayor contacto con los futbolistas. ¿Condiciona la cercanía con el futbolista a la hora de criticarlo?

Lo que ha cambiado ha sido la avalancha de medios de comunicación sobre los futbolistas y sobre el protagonista en general. Esto se entiende fácilmente: cuando fui al Mundial de México toda la prensa que acompañaba a España íbamos en un autocar y solamente iba una televisión. Ahora no cabemos en un avión y las televisiones necesitan otro para ellos solos si metes a técnicos, cámaras, etcétera. A México fuimos menos de treinta y en este último más de trescientos. Ahí tienes el porqué. Evidentemente, eso limita, los jugadores se abruman y además siempre ha sido una relación compleja, un tema complicado, pero no recuerdo ninguna ocasión en la que haya tenido un problema con nadie. Nunca.

Joaquín Maroto

¿Mientras has ejercido como periodista has tenido amigos futbolistas?

Sinceramente, no muchos. He tenido una relación magnífica y muy profesional con muchos con los que me sigo llevando extraordinariamente bien. Pero, por ejemplo, ¿he ido a comer alguna vez a casa de un futbolista siendo periodista? Nunca. ¿He ido sin serlo? Sí, he ido. Y no solamente he ido, sino que he estado en alguna fiesta y hasta he jugado alguna partida de póquer con ellos. Pero ejerciendo el periodismo, no.

¿Esta división también la haces con los internacionales, siguiendo a la selección?

También separo. Les tengo un profundo respeto y admiración a todos, pero también lo hago. Pienso que ni a ellos les interesa estrechar más ese lazo ni a mí tampoco. Te lo digo sinceramente. Pero hay gente, por ejemplo con Luis de la Fuente, con la que tengo una relación extraordinaria. Pero eso no quita que cuando he tenido que ser crítico, lo he sido. De hecho, hace no mucho tuvimos un roce que hemos solucionado.

Tras ese roce con De la Fuente, ¿la relación sigue siendo igual?

Eso siempre depende de la persona, pero tengo que decir que en su caso, extraordinariamente bien. Ayer mismo estuve con él más de dos horas haciéndole una entrevista y hablamos de ese tema que me estás comentando y de algún otro. Y es mérito de él, no mío. Porque él ha tenido la bonhomía, después de ese enfrentamiento público, de concederme una entrevista. Una entrevista ni más ni menos que ha sido la última portada del año del periódico. Ha tenido la gallardía de haberlo hecho cuando podía estar enfadado. Con esto quiero señalar que, cuando pasan esas cosas, siempre y cuando sean los límites profesionales, no pasa nada. Si no hay animadversión ni mala fe, que no la ha habido en ningún momento -era la voluntad de querer saber para informar-, se entiende.

¿Cuál fue tu primer contacto con Florentino Pérez?

Lo conocí porque hice un reportaje en el periódico sobre personas que podían ser presidentes del Real Madrid e incluí su nombre. Al publicarse, me llamó su secretaría, Conchita Tabuyo, amiga mía y magnífica profesional que lleva con Florentino desde los dieciséis años y es una de las personas de su máxima confianza. Ella me comentó que él quería verme, por lo que fui a hablar allí con él y ahí me consultó: «¿Cómo has llegado a mi nombre?». Cuando estuve indagando y pregunté en el Madrid sobre gente que podía ser presidente, me dijeron que había uno que tenía treinta carnets de socio y era Florentino Pérez, al que no conocía nadie. Entre esas personas que me hablaron de él se encontraba el señor Tamayo, conserje del club y profundo conocedor de todo lo que había, así como la hija del que había sido gerente, Antonio Calderón, o el propio gerente en esos momentos, Manuel Fernández Trigo.

Me hablaron de Villar Mir, Ramón Mendoza, que repetía, Juan Palacios, presidente de Viceroy… y ahí apareció su nombre. Ser presidente del Real Madrid no es fácil, pero me comentaron que él tenía cabeza, bolsillo y caché para ser presidente. Al hablar con él le dije que esa era la razón por la que había llegado hasta él, debido a que me había llamado la atención que tenía veintinueve o treinta carnets de socio. Florentino es madridista de toda la vida. De hecho, la única cicatriz que tiene, la que llama su «herida de guerra», se la hizo en el Santiago Bernabéu. Él iba con su padre Eduardo a todos los partidos del Real Madrid y hubo un día en que se cayó celebrando un gol con tan mala suerte que se golpeó en el labio y acabó haciéndose una herida.

¿En qué año fue?

En 1994.

¿Crees que tuviste algo que ver con que a él se le despertaran las ganas de ser presidente del Real Madrid?

Él ya tenía la idea en la cabeza, fue franco conmigo y cuando le conté cómo había llegado hasta su nombre, me reconoció: «Has acertado, efectivamente tengo la intención de presentarme». Fui el primer periodista que conoció, le presenté a todos los demás. Por ejemplo, a José Ramón de la Morena en la inauguración de un ayuntamiento que había construido ACS. Él estaba poco acostumbrado, porque para un ingeniero de caminos este era un mundo un poco extraño.

¿Y en qué momento te dice que le acompañes en la aventura?

Hay un libro de Gaspar Rosety que cuenta una parte. Escribe que hay un momento dado en que yo le dije a Florentino que a Ramón Mendoza le votaban los muertos. Y esa frase, para un ingeniero de caminos, un tío serio que no veía del mundo del fútbol… ahí la expliqué algunos temas de los avales, etcétera y él me pidió que fuera a trabajar con él después de perder las elecciones del 1995 por menos de quinientos votos. Fue en 1998 para preparar las elecciones; él tenía claro que quería repetir. Me ofreció estar en ACS, que había comprado Ginés Navarro, Auxini: «Me va a hacer falta alguien como tú para llevar esto y además que sepa de fútbol porque así me puede echar una mano a preparar las elecciones». En un principio no lo tuve muy claro, porque tengo el periodismo  en la sangre, le respondí que le podía recomendar a una persona y cuando llegaran las elecciones ya veríamos: «De este mundo no sé nada y voy a tardar más tiempo». Sin embargo, él fue claro en su respuesta: «Mira, voy a tardar más tiempo en tomar confianza con tu amigo que tú en aprenderte de qué va esto». Fue así como me convenció y conmigo siempre se ha portado de una forma maravillosa.

Vi unas imágenes tuyas en un documental sobre la época de las elecciones y se te veía muy joven.

Hace mucho tiempo, pero ya tenía treinta y siete años. Todo el mundo me dice: «Pareces muy joven», pero no sé si por suerte o por desgracia, porque alguna vez eso me ha beneficiado y la mayoría me ha perjudicado. Ahora, con el paso del tiempo ya voy pareciendo la edad que tengo, pero para mí no ha sido una ventaja en absoluto, ya que hay gente que a lo mejor dice «Este es joven, que espere un poco» o «Vamos a esperar que tenga más recorrido». El único que no tuvo ese prejuicio conmigo fue Florentino. Él ve el valor, es pragmático y no vio en mi ni mi juventud, mi cara de bisoño o que soy barbilampiño. Vio otra cosa. No sé qué vería, pero fue otra cosa.

Joaquín Maroto

El edadismo.

Recuerdo que estábamos en una cena en Mónaco con motivo de los premios Golden Foot y hubo alguien que se acercó a Amancio -que siempre tuvo un aspecto mucho más joven de lo que era- para preguntarle cuantos años tenía. Él, ni corto ni perezoso, le contestó: «Los que aparento». La verdad es que el tío se quedó bastante chasqueado y es una frase que yo uso ahora mucho. Esa cena fue inolvidable, porque además de Amancio, en la mesa también estaban otros mitos como Paco Gento o George Best, que iban a ser premiados. Aquel día, cuando Best se sentó y le preguntaron que quería de beber, él respondió: «One beer» (una cerveza), pero rápidamente Paco -que no sabía nada de inglés- le advirtió en castellano: «George, no tomes alcohol, que sabes que te sienta mal». Best miró al camarero: «Water, please» (agua, por favor). Lamentablemente, pocos meses después, falleció.

¿Cómo se afrontan unas elecciones en un club que viene de ganar dos Champions? Parecía una misión suicida.

Cuando me iba a marchar, Alfredo Relaño ya había llegado al periódico y me pidió que me quedara. Me llevó al Vips que estaba al lado del Santiago Bernabéu, estuvimos hablando, él me pidió que no me fuera y yo le contesté: «Creo que va a presidir el Real Madrid». «Ten en cuenta que vas a pelear con Lorenzo, que tiene una copa de Europa en cada mano», me insistía Alfredo. Pero yo veía el poderío en Florentino, veía cabeza y que iba a cambiar esto. No veía a los presidentes como los que te he hablado antes, que eran maravillosos, románticos, divertidos o lo que tú quieras. Era otra cosa. Noté que las ideas que tenía para el fútbol, no sólo para el Madrid, iban a suponer un vuelco. Esas ideas iban a convertir el fútbol en una industria.

La idea del fichaje de Luis Figo como vuelco para las elecciones, ¿de quién surge?

De Florentino, fue él quien detectó la situación. Él no es lo que es ni ha conseguido lo que ha conseguido por ser tonto. Aparte de todas las condiciones que tiene en cuanto a preparación académica, tiene también las cosas de la calle, sobre todo el instinto y la intuición. Eso lo tiene. Él entra en una boda, hay trescientos invitados y a los diez minutos te dice quien está enfadado con su mujer, quien se lleva bien… es preclaro. Lo de Figo fue una cosa suya porque detectó que ese jugador no estaba bien ahí, que había dudillas y podía salir.

El fichaje de Figo causó estragos en Barcelona. Las recepciones y el ambiente eran terribles.

Hay una frase de Roberto Carlos que tuvo mucha gracia precisamente sobre esto. Él se sentaba junto a Ronaldo Nazario en el asiento dos del autocar y en el uno íbamos Vicente del Bosque, yo o ambos juntos, por los que ellos estaban detrás. Estábamos llegando al Camp Nou, nos estaban tirando de todo, rompieron una luna y en ese momento tenso soltó él: «¡Qué bonita es esta profesión si no fuera porque se gana poco dinero».

Otro golpe fue Ronaldo Nazario, que a ti te vendió un coche.

Fue uno que le dieron a él por ganar el Mundial 2002 de Japón y luego me acabaron robando. Yo tenía un BMW 330 precioso, recién comprado, Javier Portillo se encaprichó de él, quería comprármelo y me resistía un poco porque prácticamente lo acababa de estrenar. Fue ahí donde Ronaldo me dijo: «Dáselo al chaval y yo te vendo el mío a ti». Efectivamente, así fue.

Y pudiste tener otro un tiempo después.

En 2004 Marca le dio el trofeo Pichichi, yo le acompañé al acto y al salir había un Alfa Romeo blanco, precioso, con una cajita al lado del asiento del conductor. Él ya tenía cuarenta coches, así que se acercó y me dio a elegir: «¿Qué quieres, el coche o la caja?». Le respondí que la caja y era un reloj de Alfa Romeo.

Como en los concursos. Pero que tío más generoso.

Me pareció un abuso elegir otra cosa que no fuera la caja. Si me quedo con un coche suyo, se lo pago, que fue lo que hice.

Incluso llegaste a tener su Balón de Oro en casa bastante tiempo.

Durante semanas. Lo tuve en casa porque lo dejo en el maletero un día que lo llevé no sé dónde y ahí se quedó. «Macho, que tenemos ahí el Balón de Oro», le recordé ya un día.

Todos los compañeros siempre han hablado maravillas de Ronaldo.

Y muchas cosas que la gente no sabe. Melchor Miralles tenía una productora de televisión, estaba haciendo unos reportajes sobre el Real Madrid y en un momento dado, no sé cómo, terminamos en la planta de pediatría del Hospital de San Rafael, donde había niños enfermos. Esto no lo he contado, aunque ahora ya se puede hacer: estuvimos allí un par de meses antes de jugar la Copa Intercontinental ante el Olimpia que ganamos y a él le dieron un coche por ser nombrado mejor jugador. Como le daban la posibilidad de elegir, él prefirió el dinero antes que el vehículo y me pidió que ese dinero lo llevara al hospital en un talón para donarlo y que hicieran una guardería para los niños. Son cosas que los futbolistas hacen muchas veces pero tampoco quieren que se sepa. A mí me consta que Cristiano Ronaldo lo ha hecho con frecuencia, al igual que Zinedine Zidane.

Joaquín Maroto

¿Estuviste en alguna de esas fiestas de cumpleaños? Recuerdo a Helguera decir que fue a una con su mujer y se marcharon al poco de llegar.

Me invitó, pero no estuve. Sí que jugamos alguna partida de póquer, que le gustaba mucho, aunque siempre le decía «pasta no me juego, que no puedo competir con vosotros». Como decía Vicente del Bosque, que tiene mucha gracia: «Si vas a jugar al póquer y a los cinco minutos no te das cuenta de quién es el pardillo, levántate y vete, porque el pardillo eres tú». A Ronaldo le gustaba mucho y un día jugando en casa de Flavio Conceição me desplumaron lo poco que tenía. Y eso que por cada euro que yo ponía, ellos ponían cien.

Esa mentalidad de los brasileños como el propio Ronaldo o Roberto Carlos, siempre riendo, con muchos juegos… siempre me dio la sensación que chocaba un poco con la rectitud de Raúl, que parecía de la vieja escuela.

No tenían nada que ver, pero yo en el Real Madrid aprendí que cuanto mayor era la grandeza de un jugador, era más divertido, humilde y tranquilo. Estos habían sido campeones del mundo y eran unos tíos cojonudos. No es que Raúl no lo fuera, pero efectivamente, como dices, era otro estilo. Un estilo más del Madrid que conocí cuando fui a hacer mi primera entrevista en la selección de Miguel Muñoz a Santillana, me crucé con Arconada y me explicó: «Bueno chaval, espérate aquí, que ahora aviso a don Carlos». Nos hablaban como dones. Ese era el Madrid de entonces, el que yo conocí y un poco lo que representaba Raúl.

¿Cómo era ese Real Madrid al que tu llegas en 2000?

No se podía pagar la luz. Estábamos en un momento crítico. Menos mal que llegó Florentino. Siempre digo que el Real Madrid ganó un gran presidente con Florentino y España lo perdió. Más allá de sus ideas políticas, que no sé cuáles tiene, hubiera levantado el país como lo hizo con el Madrid.

Una de las primeras medidas fue nombrar presidente de honor a Alfredo Di Stéfano.

Tenía un gran sentido del humor. En uno de los primeros partidos de nuestro primer año fuimos a Santander para jugar contra el Racing en un partido en el que llovió muchísimo. El Real Madrid no pudo ganar y cuando nos sentamos en el avión para volver, antes de que llegaran los jugadores me dijo: «Pibe, ahora me acompañas con la canción», y cuando subieron los futbolistas comenzó a cantar: «Esta tarde vi llover, vi gente correr, y no estabas tú…»

Tampoco se me olvida un día en que llevé a mi padre a ver un partido y hablé con Alfredo: «Míster, he traído a mi padre y me gustaría presentárselo, porque le haría mucha ilusión». Él me miró muy serio: «Yo ya conozco a mucha gente, no quiero conocer a más». Le respondí que no había problema y cuando me estaba dando la vuelta fue cuando ya me soltó: «¡Pero que es una broma!».

La entidad cambia rápidamente hasta convertirse en algo muy distinto a lo que era con Ramón Mendoza o Lorenzo Sanz.

Lo que él vio que no vieron otros fue el potencial del Madrid como institución universal. No sé si tanto como terminar con setecientos millones de seguidores en redes sociales como tiene hora, pero no se imaginaba un Real Madrid pequeño ni con la cabeza baja. Él creía que había que invertir mucho en el Madrid porque eso iba a tener un retorno. Vuelvo a lo que te comentaba antes: tenía en la cabeza unas magnitudes diametralmente distintas a las del fútbol de la época. Él era la grandeza frente al menudeo. Hay cosas geniales suyas, como una de las primeras de marketing en la que señaló: «No sabéis el valor que tiene la camiseta del Real Madrid. Si tú vas por el desierto y tienes sed, te bebes un bote de aceite, pero si eres del Madrid, no te pones la camiseta del Atleti, sino la del Madrid. Ese es el valor que tiene y el valor que tenemos que darle».  Uno de los primeros encargos que me hizo fue el carnet de madridista y la revista del Real Madrid.

¿Cómo se enciende la bombilla para esas primeras giras en Asia que en España no se estilaban?

También nació de Florentino Pérez. No hubo recomendaciones de nadie, pero él se fijaba mucho en el modelo norteamericano y luego ponía cosas de su cosecha: «Si en Estados Unidos el deporte tiene una dimensión extraordinaria, ¿por qué no la va a tener aquí en Europa?». El mérito de Florentino es ver las cosas siempre antes que los demás.

Hubo algunos futbolistas que se quejaban de que esos veranos eran de muchos actos y poco trabajo físico y luego se notaba en el campo. ¿Crees que primó el marketing sobre lo deportivo?

No, y la prueba está en que se ganó mucho. En la etapa de Vicente del Bosque se ganó todo. Además, los jugadores entendieron rápido que para ganar lo que ganaban había que hacer eso.

Hubo cierto malestar en la plantilla por la forma en que el club trató a Morientes cuando Ronaldo estaba a punto de fichar y Hierro explotó en Mónaco en la final de Supercopa ante el Feyenoord.

Estaba terminando el mes de agosto, quedaba un día de mercado de fichajes y ya no se podía esconder más: jugábamos la final, volvíamos a Madrid y los jugadores ya se enteraron de que Ronaldo iba a llegar. La plantilla detecta que Morientes se podía ir y no querían que sucediera porque era «uno di noi» para ellos. Entonces, trataron de reivindicarlo.

Joaquín Maroto

¿Cómo gestionaba Florentino Pérez el poder del vestuario?

Florentino sabe mandar. Ten en cuenta que es presidente desde los veintinueve años de todos los sitios donde ha estado. Presidente, director general de Infraestructura del Transporte… está acostumbrado a mandar, sabe mandar y ejerce. Además, lo hace bien. Y Hierro estaba acostumbrado a mandar él en el Madrid. Hierro le decía algo a Mendoza y se hacía. Aunque yo a Hierro le vi con la camiseta del Atleti. Fue cuando finalmente no llegó a hacerse su fichaje porque el Madrid superó la oferta y con la indemnización que dio al Atlético de Madrid Jesús Gil regaló unos relojes a los socios en los que tenía grabado «Regalo de Don Ramón». Hierro quería seguir mandando, pero no calculó que ya no era lo mismo.

En los primeros días de estar en el club, Florentino bajó al vestuario a saludar a los jugadores. En ese momento, no sé exactamente las palabras con las que lo hizo, pero Fernando Hierro le dijo más o menos que aquello era territorio de los jugadores. Fue ahí cuando el presidente le contestó: «No te equivoques: yo aquí no voy a venir mucho, pero cuando tenga que venir, voy a hacerlo, porque esto es territorio Real Madrid».

La importancia de la mano izquierda.

El fútbol ha cambiado mucho. Hace un tiempo escribí un artículo sobre la importancia de que los entrenadores sean buenos gestores. Hablas de Vicente del Bosque o Ancelotti y ellos se molestan, pero un gestor hace lo más difícil. Lo más complicado es convencer a Vinícius para que corra para atrás. Un 4-4-2 te lo hace el entrenador del infantil: lo jodido es lo otro. En una historia como la del Madrid, he comprobado que lo más importante es gestionar eso.

Vicente del Bosque, que era un adelantado a su tiempo, decidió que para los partidos de casa no nos concentráramos a fin de que los jugadores tuvieran un día más en su casa. Hubo un partido en el que jugábamos contra el Atlético de Madrid en el Vicente Calderón, era el final de Liga, nos jugábamos el campeonato y Jorge Valdano le pidió que el equipo se concentrara debido a la importancia del choque. Vicente le respondió que el partido era en Madrid y lo mejor sería no concentrarse, pero que lo hablara con los futbolistas. Ahí, hubo una charla en la que Ronaldo le soltó: «Director, no te preocupes, nosotros no nos concentramos, mañana llego al campo del Atleti, meto dos goles y somos campeones de Liga». ¡Y lo hizo!

Todo estalló en el Txistu con Florentino Pérez diciendo a Fernando Hierro: «A mí no me des con el dedito que no soy el árbitro».

Florentino trataba de hacer entender a los futbolistas que había que ir a actos por respeto a las instituciones de Madrid, pero ellos no querían. Además, era por una pijada, pero los futbolistas tienen una mentalidad muy distinta a la del resto de los mortales. Liaron aquel pollo y Florentino les hacía ver que eso no podía ser así. Pero el caso es que cuando se fueron de la cena, que esto es lo que no se sabe de aquello, unos lo hicieron pensando que había que ir al día siguiente y otros no porque no quedó claro.

Ronaldo, que era un espíritu libre, y alguno más, aunque sobre todo me acuerdo de él, se marcharon pensando que no había que ir a ningún lado. Así, esa noche se fue a tomar algo o lo que quisiera y al día siguiente no estuvo en las celebraciones. De hecho, estaba yo ese día con Vicente del Bosque en Antena 3 porque le estaban entrevistando, se conoce que Ronaldo estaba viendo la televisión en casa y me llamó: «Estoy viendo al míster hablando y están poniendo imágenes de que hemos estado en el ayuntamiento». «¿Y tú dónde estabas?», le pregunté. «Yo, durmiendo».

Con el paso del tiempo, hubo salidas que afectaron al rendimiento del equipo. La clase media prácticamente desapareció.

Hay una frase de Ronaldo que ejemplifica un poco la situación. Hubo un día en que Toni Grande estaba explicando cómo defender un córner, con qué jugador debía emparejarse cada uno y él respondió: «Cojonudo, míster, pero hay un problema: la pelota se mueve y los contrarios también». Es un poco eso, el desgaste de los equipos y que no son eternos. Incluso los entrenadores también se desgastan. Le pasó a Carlo Ancelotti en el Real Madrid o a Vicente del Bosque en la selección, que siempre quieren confiar en aquellos que les han hecho campeones. Ancelotti quería a Modric lo máximo posible y Vicente fue al Mundial de Brasil con los mismos que habían ganado en Sudáfrica, pero ya no era lo mismo. Mueres con tu guardia pretoriana y eso hay que detectarlo a tiempo y poder solucionarlo.

Claude Makélélé.

Hubo un día en que se fue a Segovia junto a Sonia Moldes y les hicieron unas fotos sin que se dieran cuenta que acabaron saliendo en Interviú. Él estaba enfadado y me llamó para preguntarme cómo era posible que sucediera eso. «Si te vas a Segovia en un Ferrari rojo, y siendo quién eres, es imposible que vayas a pasar desapercibido», le respondí.

¿Cuál es la forma de mandar de Florentino Pérez? ¿Desde la autoridad o el convencimiento?

Le hacías caso porque al final llegabas a la conclusión de que el tío tenía razón. Hacías lo que el decía casi sin darte cuenta, te inducía a hacerlo y te dabas cuenta que estaba en lo cierto.

Además, tiene otra cosa que es cómoda y probablemente lo mejor que tiene: siempre te escucha. Si tienes una duda con lo que sea, aunque parezca que un presidente de una empresa del IBEX tiene que estar a otras cosas, está ahí. «Florentino, estoy dudando si sacar a Ronaldo o Zidane en la rueda de prensa». «¿Y por qué tienes esa duda?». Se lo explicas y él te comenta: «Saca a este». La más mínima pijada, en la que él te podría responder: «Vamos a ver, que te he contratado a ti para que eso lo hagas tú». Pero no es así. Él siempre comenta: «Ante la duda, vienes a mí y me preguntas. Si tú tomas la decisión, la tomas y si tengo algún problema ya te pediré explicaciones. Pero si tienes una duda, no la tomes. Ven, pregúntame y lo decidimos».

Joaquín Maroto

Es curioso, pero Ramón Calderón dijo que «no es muy amigo de aceptar consejos».

Ramón era directivo del Madrid y quizá tenía llegada a asuntos a los que yo no tuve. Y es verdad que Ramón y Florentino no son amigos. Yo sí me considero amigo de Florentino.

Te quería preguntar precisamente eso. ¿Después de tantos años se mantiene vuestra amistad?

Somos amigos, sí. Le tengo un profundo respeto y admiración.

Tú que has estado con él dentro del club y fuera como periodista de As. ¿Intenta influir en los medios? Decía Alfredo Relaño que incluso le llamaba para decirle que por qué Pedro Pablo le había puesto un dos a Figo y no un tres. 

¿Quién no intenta controlar a la prensa? Otra cosa es que te dejes.

¿Y da mucha importancia a la prensa dentro del ecosistema del Real Madrid?

No. Él ha conseguido una cosa muy importante: que el Madrid sea independiente de la prensa. Y además, le gusta que sea así. Hay gente que dice: «Voy a influir en este porque voy a llamar a su jefe o voy a hacer tal y cual». Florentino no lo hace así, por lo menos la experiencia que he tenido. Él lo hace como te he dicho, es decir, te llama y te comenta: «A ver, vamos a ver, yo creo que es así, de esta manera, por esto o por esto». Si vas a escribir una cosa, le puedes preguntar por el tema: «¿Qué pasa con la Superliga?», y él te da su versión.

He hablado con Hughes sobre este tema y dice algo que me gusta mucho: «El Real Madrid es un ministerio».

Ahora, quizá pueda ser. Recientemente estuve en la comida de Navidad con ellos y había más de trescientas personas.

Llegó un momento en que acabas marchándote y volviste a As en 2004. ¿Por qué?

Hubo una mezcla de razones personales y profesionales: estaba en un momento en el que mi vida estaba cambiando y el Real Madrid desgasta mucho. Nos despedimos como amigos y ahí quedó mi etapa en el Real Madrid.

¿Cómo tratabas la información referente al Real Madrid en tu regreso?

Había que tener cuidado de no pisar terrenos que no debía en el sentido de que tenía conocimiento de muchas cosas que no podía ni usar, ni utilizar, ni publicar, porque no era ético dado que había tenido acceso a ello debido a mi posición en el Real Madrid, no como periodista.

Revelación de secretos.

Tuve un juicio con Villar por revelación de secretos, que gané. Fue por publicar el caso Soule y además sentó jurisprudencia para otros compañeros después. Además, recurrió y lo volví a ganar en la Audiencia Provincial de Madrid. Me demandó por revelación de secretos y la primera pena que pedían era de tres a cinco años de cárcel. Tuve mucha presión del gerente del periódico para abandonar, pero me mantuve y dije que no.

¿Tuviste miedo?

Estaba acojonado, pero hablaba con el abogado y tanto él como el sentido común, lo decían: «¿Lo que has contado es verdad? Sí. ¿Ha sucedido? Sí. ¿Es de interés público? Sí». Pero aún así, tienes vértigo, claro.

Este retorno a As te permite vivir de primera mano el gran éxito de la historia de España, ese Mundial de 2010.

Fue la leche. Yo he sufrido a Clemente, con el que ahora tengo una gran amistad, muchos años de decepciones, de acabar en la calle en cuartos de final y pasarlas canutas. Pero con quien empieza todo en realidad fue con Luis. Mi gran alegría, la de 2008, es comparable con la de 2010, porque fue la primera. Fue sorprendente, no se lo creía nadie y a mí me produjo la misma felicidad la Eurocopa que el Mundial. Luego, la segunda Eurocopa fue también una gran alegría, pero menos. Y esta última con Luis de la Fuente, también, pero más en el sentido de: «A ver si se repite lo de aquel ciclo».

En esa Eurocopa de 2008, nadie confiaba en España y casi todos los periódicos atizaron mucho a Luis Aragonés. ¿Hasta qué punto pudo influir que dejara de contar con Raúl?

Se juntó el tema de Raúl con el hecho de que llevara lo que nosotros llamábamos los «países bajos», pues llevó a cinco pequeñajos que no parecían futbolistas. Es más, Luis me decía muchas veces: «Si pones a ‘Poca playa’ -es así como llamaba a Iniesta– sentado en la Gran Vía a leer un periódico un domingo por la mañana, la gente se cree que es un pintor que está de día libre». Y llevaba razón. Juntó a Iniesta, Silva, Xavi… gente que tenía un talento natural, innato, y fue lo que nos llevó a conseguir lo que nunca habíamos soñado, aquel ciclo del ocho al doce con dos Eurocopas y un Mundial.

Acostumbrarse a ganar tampoco es bueno.

Siempre le decía algo a los jugadores del Real Madrid cuando se enfadaban conmigo  por alguna cosa: «Mira, tú cabréate conmigo lo que quieras, pero recuerda una cosa, yo no soy gafe». Se lo comentaba porque son supersticiosos y conmigo habían ganado todo.

Joaquín Maroto

Cuando llegas a una final como favorito, parece que se disfruta menos si ganas.

Baja el kilo de copa. Sí, es una cosa curiosa, efectivamente una copa de Europa vale lo mismo a la séptima que la décimo cuarta, pero la siete te hace una ilusión de la leche. Esa final de Ámsterdam la estuve viendo en la tribuna del estadio, con entradas compradas, junto a Florentino Pérez y Goyo Benito, que en paz descanse.

¿Naciste periodista?

Es innato. Siempre he sido muy curioso y mi padre decía que siempre me fijaba mucho en todo. Siempre observación y curiosidad. Y creo que el periodismo es precisamente eso: observación y curiosidad.

De niño recortaba las páginas de El País y luego lo remaquetaba todo pegándolo en folios.

Yo tenía la pared de mi habitación completamente forrada con las fotografías de As Color.

Parafraseando al propio Florentino Pérez: «has nacido para estar en el diario As».

Sí. As Color era la única revista de deportes en color, el resto era todo en blanco y negro y recuerdo aquella fotografía de Santillana saltando, los posters que daban…

Siempre se habla de la triple D de los periodistas: divorciados, dipsómanos y desequilibrados.

Hace un tiempo, en una entrevista que nos hizo Alfredo Matilla, le comenté a un becario en una Eurocopa: «¿Tú quieres ser periodista? Pues debes saber algo: te vas a divertir mucho, vas a ganar poco dinero y te vas a casar por lo menos dos veces».

¿Podemos decir que estás haciendo lo que soñabas de pequeño?

Hago lo que me gusta, gracias a Dios. Y lo más importante: he podido vivir de ello.

¿Crees que el periodismo ha robado a tus hijos tiempo contigo?

Sí, pero más me lo ha robado a mí con ellos. Pero tú eres también periodista y sabes que no se piensa en ello. Todo el mundo se aprovecha de que hacemos lo que nos gusta y por eso aguantamos más que otros. Sucede como con los médicos: las profesiones vocacionales son así. Nunca me he parado a pensar, por ejemplo, en lo que gano hasta que me ha faltado y he pensado: «Coño, no llego a final de mes». Es ahí cuando piensas que tendrás que hablar con alguien porque no te llega o hacer más cosas. Esto es tan vocacional y tan bonito que te ves en el Mundial de Sudáfrica con España jugando la final y pensando: «Estoy viviendo un momento histórico donde estamos doscientos españoles cuando somos cuarenta y ocho millones en el país. Y que luego va a terminar y encima va a llegar Villa, hablarás con él y le dirás ‘David, que tío más cojonudo eres’».

La profesión ha cambiado mucho en los más de 40 años que llevas en ella. ¿Cómo te afecta la necesidad de meter un artículo en Discover a la hora de escribir? Alfredo Relañose marchó quemado por temas como este.

Es como una dictadura. Además, de la historia de nunca acabar: nunca están contentos. Creo en las buenas historias, los buenos contenidos y creo que eso siempre le va a interesar a la gente. Pero también soy consciente de que efectivamente hay un consumo rápido hoy en día de redes sociales y no podemos cerrar las puertas al campo. Por ejemplo, a mi mucha gente me pregunta: “¿Estás a favor de los youtubers?” y personalmente respondo que es de tontos ponerse en contra. Es algo que está pasando, existe y tenemos que tratar de aprovecharlo y aprender de ellos y de lo que han hecho bien, porque algo habrán hecho bien que nosotros no. ¿Por qué ganan audiencia mientras nosotros la perdemos? Hay que preguntárselo, ver por qué pasa y aprender.

Pero para los medios es cada vez más complicado tener entrevistas con protagonistas que acaban en canales de youtube con streamers.

Cuando era director de comunicación del Real Madrid, siempre le comentaba dos cosas a Florentino Pérez. Una era que Marca y As llevaban varias decenas de años en los quioscos y al día siguiente iban a seguir sacando diez páginas del Real Madrid, por lo que si les ayudábamos con contenidos para que hicieran ocho, únicamente tenían que pensar en dos. Sin embargo, si les dejábamos las diez libres, era un peligro, porque las iban a sacar igual. Yo siempre sacaba a dos jugadores cada día y eso ayudaba.

En el último Mundial hubo mucho ruido con Luis Enrique por si entrenaba desde un andamio, los directos de Twitch… ¿Qué opinión tienes sobre él?

Como entrenador ya demostró en el Barça que era buenísimo. Con la selección no tuvo tanta suerte, pero no es lo mismo un club que una selección, no tiene nada que ver. Al margen de esto, lo que hiciera Twitch durante el Mundial no me pareció bien, porque es como lo que me has comentado antes acerca de que lo jugadores se vayan a un youtuber a hacer una entrevista y no lo hagan en los medios: nosotros estábamos allí y si quería hablar podía hacerlo, pero a él nunca le ha gustado la prensa. A algunos de nosotros nos ha gustado como profesional, como entrenador, pero no tanto como comunicador.

La inteligencia artificial también se ha colado en el periodismo.

Tiene su miga. Nos toca, pero digamos que lateral y parcialmente, porque lo que no puede hacer la inteligencia artificial es generar contenidos, sino aprovecharse de ellos. No puede enterarse de las cosas, eso tiene que ser el periodista.

Joaquín Maroto

Rubén Uría siempre repite que un periodista tiene que dar noticias.

Hay pocos periodistas que den noticias. He viajado muchísimo y básicamente me considero un reportero, en esencia. Como dice Pedro Pablo Parrado de mí, «el último reportero vivo». Me gusta que me lo diga.

Hay demasiada inmediatez, la necesidad de ser el primero que da una exclusiva, hacer una captura de pantalla con la hora y paseárselo al resto.

Me parece ridículo, al igual que cuando se da una noticia, no publicarla porque la da otro medio. ¿Entonces los que nos compran a nosotros no se van a enterar de esto? ¿o tienen que comprar todos los periódicos? ¿Si lo da Marca no lo vamos a dar nosotros? Hay que darlo, y si hay que citar, citamos. En cuanto al tema de ser el primero, etcétera, siempre le digo a los chavales más jóvenes con los que tengo confianza que sé que hay mucha presión con internet, pero que no deben tener prisa por ser los primeros en equivocarse.

Otro fenómeno derivado de las redes sociales son los insiders. Tú has sido especialmente beligerante con ellos. 

El verano en el que muchos dieron por cerrado el fichaje de Kylian Mbappé por el Real Madrid y finalmente no llegó, ya sabíamos que ficharía el año siguiente. Yo iba de vacaciones camino de Cádiz, cruzando Sevilla en coche y en ese momento sonó el teléfono y salió el nombre de Florentino en pantalla. Me llamaba para otro tema, estuvimos hablando sobre eso y cuando acabamos, le pregunté: «Oye, y esto de Mbappé, ¿qué pasa al final?». Él me señaló: «Este año no va a venir. El que viene ya veremos, ojalá que sí, terminará contrato y lo intentaremos. Pero este año, nada».

Y claro, llego a la playa y lo primero que veo es una nube de chavales que se acerca y me empiezan a decir que sí, que viene. «Pero, ¿de dónde lo sacáis?». Y ellos me señalaban que si en Twitter y tal. «No quiero daros un discurso, pero no va a venir», les respondí. Se cabrearon conmigo porque les estaba diciendo que no a una ilusión. Entonces, empecé a decir a alguno de los que decían en redes que Mbappé iba a fichar que era un Pinocho y se lo estaba inventando.

A mí siempre me ha gustado jugar al tenis y siempre digo que es peligroso decir que lo haces bien, porque nunca sabes siquiera si eres el mejor de tu portal. Hay que tener mucho cuidado. Recuerdo que hace muchos años, hice la crónica de un partido del Real Madrid en el que jugaba Hagi y cuando quedaban diez minutos le había plantado un cero porque para mí lo había hecho escandalosamente mal. Sin embargo, a poco del final lo cambiaron y vi que el Bernabéu entero se puso en pie aplaudiendo. Ahí pensé «he visto otro partido», cogí inmediatamente y le puse un dos. ¿Cómo voy a tener yo la razón frente a noventa mil tíos que están aquí aplaudiendo? Eso es lo que entiendo en las redes sociales y por eso puse lo de Pinocho. Ellos tienen fuerza, pero yo tuve más, porque al final se quedó aquello.

Tú recibes mucho cariño y respeto en redes.

Tengo mis redes sociales, me gustan y me parecen divertidas. En X tengo pocos seguidores, pero bastantes. Pueden ser considerados pocos con respecto a los grandes y tal, pero para mí treinta y cinco mil personas son muchas. Es más que Vallecas lleno. Pero aunque fueran cien, hay que tener un respeto, decir la verdad y ser honesto. En mi Twitter pongo «aquí opiniones personales». En otra etapa puse: «Ex director de comunicación del Real Madrid, As, trabajo en no sé dónde, hago no sé cuántos…», pero luego lo quité todo.

Leyéndote, repites mucho la importancia de no hacer el trabajo gratis.

Es importante para todos los que vienen ahora detrás. Siempre que me llaman de algún sitio, lo aclaro: «Dame algo, aunque sea poco, pero algo me tienes que dar. Gratis no te lo voy a dar».

Si tú lo haces gratis, nunca van a ofrecer dinero a los que vienen detrás.

Es así. Me parece una putada para la profesión y para los chavales. Por eso siempre hay que cobrar, aunque sea poco.

¿Cómo has vivido los últimos cambios en el diario As con lo sucedido con Alfredo Relaño, la salida de Vicente Jiménez y la llegada de José Félix Díaz?

Con Alfredo Relaño he tenido una gran relación, aunque también ha sido muy difícil para mí en esos años, porque me sentía como un torero en la plaza con dos toros, aunque lo he llevado bien y no me he metido en líos, he hecho mi trabajo y ya está. Además, con Alfredo no hacía el Real Madrid, ni lo quería, porque veía que eso no podía funcionar, por lo que le agradezco que no me lo pidiera y no haberlo hecho.

Sobre los cambios que me comentas, lo de Vicente se veía un poco venir. No voy a hablar mal de nadie y menos ahora que no está. Vicente había sido director adjunto de El País veinticinco años y luego vino a dirigir As, pero yo creo, sinceramente, que no le gustaba. Tenía otra cosa en la cabeza, otra cosa distinta. El periodismo deportivo es muy específico, necesitas un poco de pasión. El periodismo deportivo necesita corazón y el que hacía Vicente era con la cabeza. Es la diferencia entre un periodismo y otro y creo que eso no encaja, por lo que es bueno un cambio por el que venga José Félix Díaz, alguien que conozca esto, que ha jugado partidos en el barrio, le viene divinamente. Es una buena noticia para el periódico en el seno de que vamos a recuperar eso, corazón.

Llegué a escuchar que tu estabas entre las opciones. ¿Te hubiera gustado ser director?

Ser director del periódico, después de tantos años, para qué voy a decir que no. Pero tampoco me lo había planteado mucho, porque es incompatible con ser reportero. Si tienes que dirigir, tienes que dirigir. He dirigido equipos, he dirigido personas, he estado en ACS, en el Real Madrid, donde he tenido gente. Pero en el periodismo, lo sé, o estás a una cosa o estás a otra. A mi me gusta el periodismo y me gusta ser reportero.

Hemos coincidido alguna vez en el gimnasio.

A mí lo que me ha gustado es el tenis, pero lo he dejado hace seis meses después de cuarenta años entrenando. Lo he hecho con toda la pena del mundo, pero ya tengo los dos meniscos partidos. Ahora en el gimnasio busco el principio básico de cuerpo sano, mente sana. Ya tengo una edad y, de mayor, quiero llegar al baño sin hacerme pis encima.

La importancia de cuidarse para vivir.

Tenía mucha amistad con Paco Gento, le hice una entrevista hace algunos años en la que ya era muy mayor y ahí me pidió: «No pongas Paco Gento en la entrevista, pon Paco Gento López». Cuando le pregunté el porqué, me respondió que su madre leía el periódico todos los días y le gustaba ver su apellido. «¿Pero tú madre cuantos años tiene?». Él ya pasaba de los setenta, por lo que debía tener casi cien.

Él rozó los noventa. Yo firmaría esa edad, como un partido de fútbol.

Luis Aragonés, que tenía mucha gracia para contar las cosas, contaba una cosa que me ha venido ahora a la cabeza. Él decía que la vida era como un partido de fútbol y los minutos eran como años. «Tú tienes que procurar, como primer objetivo, que el entrenador (que era Dios), no te quite al descanso. Luego, a partir del minuto ochenta, hay que durar, y si llegas a la prórroga, es la hostia…»

Di Stéfano también pensaba así, murió unos días después de cumplir ochenta y ocho y en la última conversación con Jesús Paredes el día de su cumpleaños le soltó: «Cumplo 88 Jesús, dos barriles de mierda. No sé si acabo el partido».

Sí, la frase es de Luis, pero creo que la idea es de Alfredo. Luis y Alfredo eran amigos íntimos.

Me hablabas de Gento, pero ¿cuál es la entrevista de la que más orgulloso te sientes?

Siempre suelo decir que la última, pero he hecho alguna muy buena como a Florentino Pérez, ya que a Florentino ahora le conoce todo el mundo, pero cuando yo lo hice no había tanta gente. Él era conocido básicamente en el mundo empresarial, pero me sorprendió mucho, porque ya vi que era una persona distinta y tenía algo que iba a cambiar esto.

¿Qué le preguntaría hoy Joaquín Maroto a Joaquín Maroto si estuviera al otro lado de la mesa?

«¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida profesional?».

¿Pero todavía te queda por delante, no?

No tengo ninguna prisa, quiero seguir trabajando, me encuentro con fuerzas y tengo una edad buena. Además, en el periodismo, los años son un grado, ya que te dan experiencia, contactos… no tengo ninguna intención de dejar esto, porque ahora me encanta, me gusta mucho lo que hago. Pero sí, preguntaría eso porque ahora estoy en un momento vital en el que hay que preguntarlo.

Tu primer Mundial fue en México y en unos meses regresas ahí. ¿Puede ser un cierre del círculo?

Hay personas que lo dicen, pero ¿sabes lo que pasa? Que si el siguiente no supiéramos dónde es o fuera en, Arabia Saudí, como parece que va a ser el de 2034… Pero va a ser en España y pienso que me gustaría ser útil con la experiencia que tengo en Copas del Mundo. Sé cómo funciona esto, es precisamente en mi país y mi objetivo es llegar a eso. Ya veremos si se puede, eso nunca se sabe.

Joaquín Maroto

¿Te quedan sueños por cumplir?

Si, personales y profesionales. No soy abuelo, por ejemplo, aunque tampoco tengo prisa. Tengo más prisa por ver casarse a mi hijo pequeño, que tiene diecisiete, que por ser abuelo de los mayores. En cuanto a sueños profesionales, me gustaría ver a España ganar la Copa del Mundo.

Y después de todo lo que has visto, ¿volverías a elegir esta profesión?

Por supuesto.

14 comentarios

  1. Que buen lacayo!

    • Vincent Palmer

      Eso es todo lo que tienes que decir, …se nota que tu cerebro no da para más…seguro que pasas por todos los medios diciendo las mismas cosas…cuida tu inteligencia es lo único que te queda, porque vida no tienes.

  2. Maroto el de la moto

    Patético «periodista».

    Por otra parte, ¿soy yo sólo o últimamente los comentarios a los artículos de Jotdown se están llenando de bots o están hecho con IA? Son tremendamente poco naturales.

    • La educación es algo muy importante que él Sr Maroto tiene y tú poca parece ,que tienes que insultar. Podrá caer mejor o peor pero su trayectoria ahí está , su trabajo lo dice todo . Y por supuesto no insulta ni tiene nada malo para nadie . Un profesional de los más grandes . Mucho que aprender de personas como él . Lacayo de nadie ; de el mismo si acaso que sabe dónde cómo y con quien. Cero manipulable y conocimientos como para tumbar a más de uno. Un señor del periodismo , conocimientos mayúsculas

    • Efectivamente. Hay una serie de comentarios reiterativos y extraños, que suelen ir firmados con nombre y dos apellidos. Cantan muchísimo. No es serio

  3. Me parece una entrevista top, enhorabuena al entrevistador y al entrevistado. Buenísimas anécdotas y creo que son solo algunas de las muchas que debe tener Joaquín Maroto tras diez mundiales y su paso por el Real Madrid. Me parece un caballero que cuenta lo que se puede contar y que da la impresión que vale mas por lo que calla. Me ha encantado lo del «último reportero vivo» es el «último motivado de la profesion.

  4. Sandra Ortiz

    Reportero, Periodista Deportivo, Directivo de Prensa Escrita…. Una extraordinaria trayectoria profesional y que sin melancolías añadidas destaco a mí criterio que forma parte de la mejor generación del oficio. Joaquín Maroto leyenda viva del Periodismo Deportivo.

  5. Pingback: Joaquín Maroto repasa su trayectoria en el periodismo deportivo y su relación con Florentino Pérez y grandes figuras del fútbol - Hemeroteca KillBait

  6. Lo de Pocaplaya es del Yuyu y compañía, de ‘La cámara de los balones’ o ‘El pelotazo’, programas de radio de Canal Sur y la SER. Ya vale de centralismo.

    Y de acuerdo con el comentario inicial… Qué buen lacayo de Florentino es este señor… Puaj,

  7. Francisco Sánchez

    Magnífica entrevista

  8. Desconcertado

    Sí, es realmente una entrevista que se lee con interés, sobre todo por las curiosidades que cuenta. Y seguro que calla muchas más, como se indica en otro comentario. No le considero un articulista deportivo de mis favoritos, porque me parece que abusaba de los tópicos y los juicios fáciles.
    Creo recordar que lo de que de Iniesta pasaría desapercibido si se sienta en un banco, tranquilamente, se lo oí a Camacho. Puede que él se lo hubiera escuchado a Luis Aragonés.
    Sobre su época en el Real Madrid muestra cautela al hablar, lógicamente. Su reincorporación al periodismo tuvo que ser delicada.
    Y estoy de acuerdo en que algunos comentarios parecen propios de un bot.

    • Con el código deontológico en la mano, si este señor tuviera un poquito de dignidad, habría denegado esta entrevista para Jotdown, a pesar de que su trayectoria avale estar presente en el serial de entrevistas a reporteros de periodismo veteranos que están sacando últimamente.
      En calidad de ex-trabajador del Real Madrid debería haberse abstenido con el simple argumento de no convertir la entrevista en lo que finalmente ha devenido: una hagiografía de manual del señor Florentino Pérez.
      No desliza la más mínima crítica (con sus indiscutibles aciertos, las meteduras de pata del actual presidente del Real Madrid, sobre todo en los últimos años, son más que evidentes) y convierte todas y cada una de las respuestas en un masaje al ego del «ser superior» que son de vergüenza ajena.
      En último extremo ha sido interesante de leer porque, involuntariamente, ha hecho una radiografía perfecta del decadente mundo del periodismo deportivo de este país en el siglo XXI.

  9. Florentino Cerca de marcharse del Madrid con 3,4 mill en Caja en el mercado de invierno,gastándose muchos millones en un césped pintado, un Bernabéu sin conciertos,parkings que no se construirán, un nuevo pelotazo urbanístico cancelado por sus vecinos y convirtiéndose en S.A.D.

  10. «El Real Madrid presentará un PLAN para MEJORAR el sistema arbitral»

    «Estará basado en la TRANSPARENCIA, en que se conozca lo que se dice en la SALA VOR…»

    «Y en que se reconozcan los errores, cuando se cometan»
    Cada vez que ven que se les escapa una liga es el mismo deja vú.

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