
La FA Cup inglesa no es que sea la bomba, pero está plagada de historias que difícilmente podría creer un aficionado actual. Uno de esos ejemplos es la eliminatoria que jugaron el Alvechurch y Oxford City en noviembre de 1971. Un duelo que parece sacado de una novela de épica medieval. Duró la friolera de seis partidos de desempate. Fueron 660 minutos de fútbol y, al final, se resolvió gracias a un gol de Bobby Hope en el minuto 588. De todas las veces que tuvieron que jugar replays en la FA Cup, esta fue la que más hubo. Fue el récord absoluto del torneo.
Alvechurch y Oxford City eran clubes semiprofesionales. La saga comenzó en Lye Meadow, el campo de Alvechurch, con un empate 2-2, y siguió con otros cinco encuentros que se disputaron en diferentes campos de las Midlands, pasando por White House Ground en Oxford, el Manor Ground de Oxford United, St. Andrew’s de Birmingham City y, finalmente, el Villa Park de Aston Villa. Fue un viaje épico tanto para los jugadores como para los aficionados. Parecía que estaban de gira ofreciendo al personal un espectáculo de empates.
En aquellos días, los equipos semiprofesionales eran la columna vertebral de la FA Cup. Jugadores como Derek Davis, centrocampista de Alvechurch, trabajaban de noche en fábricas de coches. Tenían que combinar su pasión por el fútbol con trabajos en sectores industriales. Lo mismo ocurría con Eric Metcalfe, de Oxford City, que era maestro escolar y sufrió una fisura en el peroné durante uno de los partidos.

El primero de los replays, se disputó en el White House Ground de Oxford y, como se ha dicho, acabó en empate. El tercer partido, disputado en St. Andrew’s, casa de Birmingham City, siguió el mismo guion, con el marcador empatado 1-1 tras prórroga. En el cuarto y quinto partidos, jugados en el Manor Ground de Oxford United, la situación se complicó aún más con empates a cero. El show iba subiendo de voltaje. “No me importa cuánto tiempo lleve, pero vamos a ganar esta eliminatoria. No me importa ni siquiera otro replay”, dijo el técnico de Alvechurch, Rhys Davies.
La inercia de los equipos estaba marcada por el desgaste físico y la mentalidad de resistencia, una verdadera prueba de fortaleza mental. Resistencia a toda costa. El corresponsal del Oxford Mail, Jim Rosenthal, que seguía de cerca la eliminatoria, llegó a escribir que para el cuarto partido era como una especie de «reunión anual» para los que ya habían visto todos los encuentros. Al final, la diversión se tornó en tragedia, fuera de bromas, un seguidor de Alvechurch falleció tras el quinto encuentro. El partido se había jugado en un frío extremo, con los jugadores empapados por la lluvia y el aguanieve, mientras el público cantaba Keep Right on to the End of the Road y Auld Lang Syne.
Todo culminó en Villa Park. Un partido memorable, Oxford perdió dos de sus jugadores más importantes, Morton y Coulton, porque tuvieron que irse a la mili. El gol de Bobby Hope en el minuto 18 del sexto partido puso fin a una de las sagas más largas y desgastantes en la historia del fútbol. La descripción del gol que hizo Rosenthal es excepcionalmente bella: «Sorprendido de haber tenido opción de salvar el remate, el portero Peter Harris llegó a tocar el balón con la mano derecha, pero este se le escurrió, golpeó su talón y se arrastró como un perro regañado justo al otro lado de la línea».
Sin embargo, esta victoria de Alvechurch resultó efímera, ya que en la siguiente ronda de la FA Cup, en el primer partido oficial, fueron eliminados por Aldershot. En total, fueron seis partidos en 17 días. Y se hizo una fiesta cuando por fin se produjo el desenlace. Doug Ellis, anfitrión y presidente del Aston Villa, sacó champán para celebrar la entrada en el Libro Guinness de los Récords. Todos bebieron juntos en vasos de cartón, cuentan las crónicas, pero no pudieron desfasar porque, al día siguiente… tenían que trabajar. Aunque, como dijo un jugador del Alvechurch, ir a los partidos de desempate ya era “como trabajar todos los días”. John Woodley, albañil, que jugó 900 partidos con el Oxford City, y Kevin Lyne, repartidor de una fábrica de cerveza, ya no tenían más días libres. Otros, como Ralph Punsheon estaban llenos de forúnculos debidos al agotamiento.

El duelo entre Alvechurch y Oxford City sigue siendo, hasta la fecha, la eliminatoria más larga en la historia de la FA Cup. Seis partidos, 660 minutos de fútbol, son un récord que parece insuperable, sobre todo porque los cambios de reglamento impuestos por la FA desde 2024 han eliminado los replays en las rondas iniciales del torneo. Ahora, cualquier empate se resuelve en el mismo día con prórroga y, si fuera necesario, con tanda de penaltis, como hacen los ordinarios profesionales, gentes sin honor. Este cambio, aprobado para aliviar la congestión del calendario, hace imposible que alguien desafíe esta marca inmortal.
No faltan aficionados que afirman que la eliminación de los replays elimina la oportunidad de los clubes más pequeños de generar ingresos adicionales y reduce el factor sorpresa que tantas veces ha dado vida a la FA Cup. Para muchos, la historia de Alvechurch y Oxford City es la última gran muestra de heroicidad en un torneo que, en su formato antiguo, tenía capacidad para dar sorpresas como esta.

Graham Alner, jugador de Alvechurch, recordó años después cómo, al final de la saga, los jugadores de ambos equipos ya se trataban como viejos amigos. La repetición de las mismas alineaciones, los mismos entrenadores y el mismo resultado les hizo desarrollar una relación especial que trascendía el mero ámbito deportivo. “Era un poco como si estuviéramos en una gira, ya no como rivales, sino como conocidos”. Al principio no se conocían, pero al final ya se saludaban por sus nombres : «¿Qué tal, Bill?», «¿Cómo estás, Pete?», recordó en el Guardian.
«Al final, el entrenador, Rhys Davies, ya iba muy justo con las charlas. Nos conocíamos demasiado bien unos a otros. No había nada que decir salvo salir al campo y pelear. El míster era más un motivador que un cerebro táctico, por decirlo así, y al final solo hablaba de carácter. Empezó a usar dos palabras que todavía recuerdo. Decía: ‘Si queréis ganar esto vais a necesitar tonk y bottle’. A día de hoy no tengo ni idea de qué significaban exactamente tonk y bottle. No era precisamente un discurso futbolístico refinado».
La gracia es que el Oxford City ha sido el único equipo que ha llegado a disputar un segundo replay después de que se aboliera la norma, debido a una alarma de incendios mal sincronizada antes de una tanda de penaltis en Wycombe Wanderers en la temporada 1999/2000.


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Gente ruda, gente auténtica
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