
Como miles de gallegos, Emilio Viqueira (Santiago de Compostela, 1974) hizo las maletas para labrarse un futuro lejos de casa. Una constelación de talentosos brasileños le cerró el paso en el SuperDepor, pero el sur le abrió las puertas para acabar convirtiéndose en leyenda del Xerez y Recreativo de Huelva. Vivió ascensos, descensos, una histórica final de Copa y eternos meses de impagos que le llevaron a vender entradas para repartir la recaudación entre sus propios compañeros. Compartió vivencias con nombres como Arsenio Iglesias, Toshack, Schuster, Rubiales o Tebas, con quienes conoció las dos caras del fútbol sin renunciar nunca a su carácter ni a sus principios.
Asentado en A Coruña después de años haciendo y deshaciendo maletas, es él quien nos abre las puertas de su casa. Nos recibe rodeado de historia: la suya y la de las más de trescientas camisetas que conserva como legado de una vida dedicada al fútbol desde el césped hasta los despachos.
Padre de Celta, pero tú escogiste el Dépor con 14 años.
Jugaba en el Fátima y fuimos al Campeonato de España. Cuando acabó el torneo vino a mi casa el Madrid y el Barcelona para firmar. Mi padre era muy reacio a que me fuera tan lejos. Y vino el Dépor, Luisín (Sánchez Doporto, exdirectivo), a hablar con nosotros, y ya en ese momento mi padre me dijo: «Milo, quédate cerca de casa». La verdad es que fue una decisión que en aquel momento creo que era la más acertada: quedarme cerca de casa, ver si iba bien el tema del fútbol y a partir de ahí empezar a pensárselo en serio.
O sea que celtista pero aceptó de buena gana, ¿no?
Sí, sí, sigue siendo el Celta, ¿eh? Pero bueno, ya una vez que yo estuve aquí, también le tira el Dépor. Al final es del hijo y ha sido toda la vida así.
Debutaste en el primer equipo del Dépor, con Arsenio Iglesias, en Copa ante el Oviedo.
Fue un poco surrealista porque es verdad que yo entrenaba con ellos muchas veces a la semana, pero bueno, el equipo estaba hecho y Arsenio no era de dar muchas oportunidades. La verdad es que me salió un partido muy bueno. Y claro, con la euforia, acaba el partido, todo muy bien, los periodistas todo era genial… Me acuerdo en la vuelta en el autobús, que se acerca el míster y me dice: «Emilio, muchas gracias por venir. Mañana, con tu equipo». Claro, ahí te baja ya todo el suflé que tenía… Me trataba excepcional, era un hombre maravilloso. Debuté con él y se lo tengo que agradecer mucho.
¿A ti te dejó tanta huella Arsenio como tiene en el deportivismo?
Yo coincidí año y medio con él. Nos trataba como sus hijos. Era un sabio: te daba consejos, no corras, no tengas prisa… La verdad que con nosotros siempre que subíamos el comportamiento era maravilloso. Solo tengo palabras de cariño hacia él.
Era un hombre también muy particular con los métodos: paseos después de las comidas, alimentación peculiar…
Yo era joven y recuerdo que él venía con la botella de vino, poniendo vino él y Ballesta (segundo entrenador) en las comidas, un vaso a cada uno. Claro, yo no bebía vino y estaba con Martín Vázquez, Aldana, Alfredo y compañía… Me decían: «Tú pide vino…». Recuerdo que pedía el vaso de vino y me decía: «Pero tú, neniño… Ni vino ni café». Bueno, pues así era.
¿Cómo era el día a día de aquel SuperDepor?
Los entrenamientos eran… Yo entraba en el rondo y me acuerdo que no salía. Yo era un futbolista técnico, pero subías al primer equipo y la velocidad de balón, cómo pensaban, lo rápido que era Fran, el otro… Decías: «Hostia, esto qué es…».
¿Quiénes eran los que más te llamaban la atención en esa época?
Martín Vázquez. Lo poco que estuvo, que luego se rompió, pero el mes y medio que él estuvo en pretemporada fue algo… Fran, evidentemente, Mauro, Bebeto, toda esta gente era de otro nivel… Pero es verdad que a mí Martín Vázquez me dejó un poco grabado la calidad que tenía y cómo jugaba al fútbol.

Arsenio te dio la oportunidad en Copa y luego Toshack en Liga. ¿Cómo fue la llamada del galés?
La más surrealista del mundo. Recuerdo que fue un sábado, yo no estaba con ellos, estaba entrenando con el filial. Nos cambiábamos en Riazor y estábamos haciendo el gilipollas. Recuerdo que nos estábamos duchando, yo estaba de espaldas y se cayó todo el vestuario. Me di la vuelta, estaba el míster y me dice: «¡Viqueira! ¿Tienes coche?». Y yo: «Sí». Tenía un AX, fíjate, Toshack y yo en un AX. Y me dice: «Bueno, pues te espero fuera, que me llevas al hotel». Se me montó en el coche, fuimos al Hotel María Pita, vivía ahí. Subimos a su habitación, se sentó allí conmigo y me dice: «¿Tú tienes cojones de jugar mañana con el primer equipo?» Claro, yo era bastante echado para adelante y lo sigo siendo. Y le digo: «Míster, yo, con lo que me digas». Y me dice: «Pues mañana, jugamos a las cinco, te presentas…». Llegué al estadio, me senté allí y nadie sabía que yo iba a jugar. Nadie. Fran me preguntó: «Oye, ¿qué haces aquí?» Y dio la alineación Toshack y me puso titular. Así debuté con el Dépor en Liga.
¿Cómo era Toshack? ¿Tenía tanto carácter de puertas hacia adentro como demostraba ante la prensa?
Era un hombre que imponía mucho. Yo creo que en el tú a tú era muy buena persona. Era un tío que sabía, había mamado el fútbol. También te daba muy buenos consejos. Incluso una vez que yo tenía que renovar, me dio un consejo muy bueno, que aún se lo agradezco. Pero después, cuando él tenía mala leche o no tenía el día, es verdad que es un tío que te imponía mucho. Tenías que tener cuidado de no aparecer en su camino en ese momento. Cuando estaba enfadado era mejor no estar cerca de él.
Me acuerdo de bastantes enfados. He estado en los grandes. Paco Jémez contó alguna vez la de golpear el balón. Esa fue mítica.
¿Cuál fue ese consejo?
Yo estaba para renovar y no estaba contento con lo que me estaban ofreciendo. También en Riazor decían que yo no renovaba y había algunos pitidos… Y él me dijo: «Mira, Emilio, tú toma tu camino. Si crees que tienes que estar en el Deportivo estate, yo el tiempo que estés aquí te voy a ayudar. Y si te tienes que ir, te tienes que ir…». Le dije: «Míster, yo me quiero quedar». Y me dijo: «Pues si te quieres quedar, renueva». Y renové. Me dio un consejo de padre.
¿Cómo era Lendoiro? ¿Sufriste alguna de sus negociaciones nocturnas?
No, no. Si Lendoiro conmigo lo tuvo fácil. Yo venía de la cantera, siempre he aceptado lo que él me dijera. Siempre que he tratado con él me ha tratado con mucho cariño. Fue el que me trajo, con Luisín, y le guardo un gran cariño.
Hay una frase que me quedó grabada. Él cuando empieza a firmar a todas estas superestrellas, que lo son, en una entrevista dijo que «para la gente de la cantera no vale saltar 2’20, hay que saltar 2’60 para estar en el primer equipo». Y en cierto modo yo estaba de acuerdo con él. Cuando ves jugar a Rivaldo, a Djalminha, cuando tienes que jugarte el puesto con Mauro Silva… Yo era muy consciente de que me tenía que ir. Pero después también es verdad que hubo fichajes que no saltaban el 2’60. Se quedaban en 1’80. Que yo creo que esa parcela era, quizás, para la gente de la cantera que se había ganado tres o cuatro puestos y no traer a tanta gente de fuera que no tenía ese nivel.
Él hizo un proyecto de cantera que no lo llevó a cabo. Porque no podía. Porque yo estoy de acuerdo en que en aquel SuperDepor no cogía la cantera. Era imposible. Pero creo que tampoco trajo a tantos futbolistas buenos como para no tener a Marcos Vales, Maikel, David, Deus… Yo creo que teníamos una cantera que ahora mismo estarían jugando en Primera División muchos de ellos.
Hablando de esa dura competencia que has tenido, cada año se te complicaba más…
Es que cada cual era más bueno. Yo era consciente. Es que claro, pelear con Mauro Silva, después viene Rivaldo, Flavio, Djalminha… Es que ni atrás ni adelante. Seguía Donato, gente con mucha calidad… Yo era consciente de que no iba a tener minutos aquí. Me dijeron que me tenía que marchar y me fui. Me cogió Jorge Mendes, que es cuando empezaba aquí a manejar él. Habló con Lendoiro y me llevó a Campo Maior. Me fui a Portugal un año.
Cuando llegó Mendes trajo a Nuno y a Hélder. En ese momento nos cogió a mí y a David y, como teníamos situaciones en las que teníamos que salir, nos echó un cable. Estuvimos uno o dos años trabajando juntos. Ya de aquella se le veía que tenía muchos contactos.

Otro nombre de esa época que ha llegado muy alto: Scaloni.
Coincidí con él y con el hermano. Leo era muy competitivo, cada día lo veías. De cuando vino a los dos meses ya había mejorado muchísimo… Además era un buen tío, muy buen tío.
No te imaginabas nunca que podía llegar a campeón del mundo. Es verdad que se veía que el fútbol le encantaba. También le encantaba hacer música para los Riazor Blues. Cogía las letras, se las daba y las empezaban a cantar ellos. Tenía muchas canciones. Creo que venía de Argentina aprendido y las acondicionaba. Él y el hermano eran mucho de eso. Muy buenas personas. Leo era un chaval que venía con muchísima ilusión y yo creo que se lo ha ganado todo a pulso.
Irureta fue el que terminó ya de cerrarte las puertas en el Dépor.
Sí, totalmente. Creo que el año aquel no se fue justo, creo que había otra manera de poder hacerlo, pero bueno, tocó así. Y es verdad que, siendo honesto, en aquel Dépor no tenía sitio. Y el último año ya viene Valerón… Después del Dépor tiene que haber fútbol, no se acaba el fútbol aquí. Ese era mi pensamiento, porque yo era un chaval bastante maduro y evidentemente pienso que había fútbol. De hecho, pues mira, he jugado ocho años en Primera División, seis en Segunda y después del Dépor ha habido fútbol. Fue duro salir y todo lo que he conseguido se lo debo seguramente a todos mis entrenadores: a Beci, Ballesta, Corral… a toda esta gente que ha sido muy importante.
Te toca hacer las maletas y caes en una zona muy concreta del sur: Jerez y Huelva.
La primera vez voy al Xerez cedido porque a última hora no tengo hueco. Voy a Segunda B. Allí jugamos un playoff, lo hago muy bien y cuando vuelvo firmo dos años. Subimos a Segunda División, vino Schuster, hicimos una campaña espectacular y estuvimos a punto de subir con el Atlético de Madrid. Los caracteres de Schuster y el mío eran muy parecidos. Me quedaban tres años de contrato y, bueno, no encajábamos. Tuve que salir.
Jugamos «una final» contra el Recre, el que ganaba subía (penúltima jornada). Hice un partido muy bueno y me llamó Lucas Alcaraz para firmar en el Recreativo de Huelva, que habían subido ellos a Primera División.
Estuvisteis más de media temporada segundos pero el equipo se desplomó en las últimas jornadas con una racha de ocho partidos sin ganar.
Estuvimos siete meses sin cobrar. De hecho, nos fuimos de la ciudad a Sanlúcar de Barrameda a jugar porque no nos dejaban jugar en Jerez, por temas con el Ayuntamiento y muchas movidas. Fue un año muy convulso y de los últimos diez partidos solo ganamos dos.
Y, pese a ello, estuvisteis casi toda la temporada ahí arriba siendo un recién ascendido.
Sí, sí. Subimos a Segunda, echaron al entrenador y ya ahí estábamos sin cobrar, nos pusieron un poco al día… Después vino Schuster y bien la temporada, lo jugué todo, pero cuando eres capitán tienes que dar la cara. Y a mí me tocó dar la cara con el presidente, con Schuster… No era normal que estuviéramos siete meses sin cobrar, la gente sin poder ayudar a la familia… Y ahí, cuando eres capitán, te enfrentas un poco a la directiva o al míster. Recuerdo que fuimos Lardín y yo los que tuvimos que salir porque era una situación complicada.
Me decías antes que eras muy parecido de carácter con Schuster. ¿Eso te hacía chocar con él?
Sí, chocábamos. Bueno, ahora tengo buena relación con él, fíjate. Pero sí, es verdad que chocábamos mucho porque él era alemán, muy tal… Y yo he sido capitán en todos los equipos donde he estado. Incluso en el Levante, que estuve seis meses, fui capitán. Sería por carácter o por lo que fuera. Y es verdad que chocábamos. Además, coincidía que él defendía un poco al club, él a lo mejor tenía un patrimonio que podía estar siete, ocho o tres años sin cobrar… Y nosotros evidentemente no. Y había muchas familias que estaban jodidas y al final, cuando das la cara y te involucras, pues sales perdiendo. Me quedaban tres años de contrato. Y me marché al Recreativo.
Él estaba empezando a entrenar ahí.
Sí, el Jerez le da la oportunidad de entrenar. Yo creo que como entrenador no quería que hubiera problemas. Es decir: aguantar, aguantar, aguantar… ¿Aguantar? Si yo le tenía que dejar a mi compañero para que le diera de comer a su hijo. Dale tú, que tienes más dinero.
Lardín también se involucró bastante, éramos los capitanes. Al final los caracteres de él y el mío… yo era de ir para adelante, él también… y como mandaba él, pues me tuve que ir.

¡¿Llegabais a esos límites de tener que dejar dinero a compañeros?!
Sí, sí. Ten en cuenta que llevábamos siete meses sin cobrar a final de temporada. De hecho, yo he llegado a vender entradas en el estadio para repartir la taquilla. O sea, los futbolistas íbamos a vender entradas y la taquilla era para repartir entre todos nosotros. El club nos decía: «Bueno, si queréis vender las entradas, lo que recaudéis…» La afición de Jerez fue espectacular. Nos compraban entradas sin querer entrar al campo. Aquello fue la hostia. Recaudabas un partido para poder repartir entre todos. Aquello era surrealista. Surrealista.
En ese Xerez coincides con González, el portero más detestado de A Coruña en ese momento por celebrar aquel penalti parado a Djukic…
Cuando llego allí, él ya llevaba tres años en Jerez. Yo soy bastante directo y en una comida al mes de llegar, le digo: «Te habrá pagado bien el Barça, ¿no?» Ahí tuvimos un encontronazo grande. Yo se lo dije un poco en plan broma y se enfadó bastante. Es un tío bastante serio, bastante vasco y se enfadó. Después tuvimos una relación bastante buena. Nunca me dijo si le habían pagado o no, pero bueno, al final yo le achacaba que no podía celebrarlo. Es verdad que me dijo que se había equivocado.
También llegó de la cantera del Dépor al Xerez, Maikel, que también le vacilaba…
Sí, teníamos buena relación con él, pero sí que cuando había cualquier cosa le metíamos bastante caña, con el tema de la insignia de oro y brillantes del Barça…
También estaba Luis Rubiales en ese equipo.
Con Rubiales tenía una relación, y sigo teniendo una relación, muy buena. Lamento todo lo que ha pasado. Era un lateral izquierdo de mucho recorrido, físicamente era un animal. Allí coincide que nos vamos a Sanlúcar de Barrameda a jugar y que llevamos tiempo sin cobrar. Fíjate después, él estuvo en AFE y creo que hizo una buena labor en base a lo que sufrió. Él se involucró también mucho en estas cosas, si teníamos que hablar con AFE, que no era tan fuerte como ahora… Después coincidí con él en el Levante también.
Nombrabas antes al Atlético de Madrid. Te cruzaste con ellos en uno de los dos años que estuvieron en Segunda.
Nosotros en el Calderón hicimos un partido de la hostia (0-0). Y después en casa nos ganaron ellos 0-1 en Sanlúcar de Barrameda. Recuerdo ver allí a Luis Aragonés y a Jesús Gil en un campo muy viejo, que no había prácticamente grada.
Estaba el «Mono» Burgos de portero y yo me hinchaba a reír porque no paraba de decir tonterías en todo el partido: «Pero ¿cómo juegas aquí, pelotudo? Esto es una mierda…». Además, él jugaba con una gorra porque le pegaba el sol. La grada estaba muy al lado y la gente allí era de tirarte cosas. A lo mejor iba a tirar un córner: «¡Sois unos pelotudos!». Todo el partido diciéndote cosas.
Después de esa temporada cambias Jerez por Huelva.
Me quedaban tres años y me llama Lucas Alcaraz: «Emilio, ¿te gustaría jugar en Primera? ¿Cómo tienes la situación?» Le dije: «Pues mira, se va a complicar». Y nada, llego a un acuerdo con el Xerez y firmo dos años en el Recre.
Esa temporada 2002-2003 es peculiar: descendéis, pero jugáis la final de Copa.
Hacemos una segunda vuelta muy buena en Liga, que parecía que íbamos a salir de abajo. Cogimos una racha que era jugar Liga, Copa, Liga, Copa y jugábamos siempre los mismos. Eliminamos a Osasuna, Betis y al Atlético de Madrid. Nos salió una Copa buena, pero ya llegamos descendidos a Elche a la final. Venía el Mallorca con Eto’o, Ibagaza, Pandiani… Todos con la flecha para arriba y nosotros, bueno, llegamos ahí. Fue un día superbonito, para la afición incluso. Fue muy bonito jugar esa final, pero teníamos pocas opciones de ganar.
Eto’o fue la estrella de esa final.
Iba en moto. Cogimos a Eto’o en su mejor momento, antes de marcharse a los grandes. Se veía que era diferencial en cada cosa que hacía. También estaba Ibagaza, estaba Nadal, el central… Tenían un equipazo. Nosotros competimos la primera parte, marcamos un gol que creo que Iturralde la lía un poco, porque lo anula; si no, ahí podríamos haber competido más, pero después era complicado parar todo aquello.

¿Cómo le explicarías a un joven de hoy en día que dos equipos como Recre y Mallorca pudiesen jugar entre ellos la final de Copa?
Hace relativamente poco el Mirandés estuvo a punto de meterse en la final. Yo creo que la Copa es un torneo superbonito, donde los equipos pequeños tienen muy poco que perder y creo que el calendario a nosotros cada jornada nos fue mejor: eliminamos al Betis, nos toca el Atlético de Madrid en cuartos y ganamos en casa, después allí no fueron capaces de meternos un gol, tienes que tener esa suerte… Después en casa le ganamos a Osasuna 2-0 y las pasamos putas en Pamplona (2-2). Pero bueno, tienes que tener la suerte en el calendario; si a lo mejor te llega a tocar en semifinales el Madrid o el Barça, pues igual estás fuera.
Ese año yo estaba ilusionado porque el Mallorca le gana la semifinal al Dépor. Hubiéramos jugado contra el Deportivo la final.
Y era algo que os garantizaba entrar en Europa porque el Dépor se había clasificado a Champions.
Sí, hubiéramos jugado en Europa. Y en Segunda.
Dijo Javier Tebas en una entrevista en Gol Televisión en 2019 que «ese formato de Copa del Rey existió y fracasó. Hubo una final Mallorca – Recreativo».
Yo trabajé con Javier Tebas en el Xerez, cuando soy director deportivo. Yo creo que él lo lleva al fracaso de la audiencia, seguramente. Lo lleva más al tema económico, no al tema de la nostalgia. Pero yo creo que es superbonito ver equipos como el Recreativo de Huelva en una final de Copa. Creo que a partir de ahí, igual que le pasó al Dépor, el Recre ha sido mucho más conocido. Ahora está en una situación complicada, que no le gusta a nadie, pero ¿por qué no? El fracaso no tiene que ser siempre económico; creo que Javier lo lleva a eso.
Él estaba de abogado en el concurso de acreedores del Xerez.
Todos los días a las seis y media o siete de la mañana teníamos videollamada. El Xerez era como un piloto de todo lo que ha venido después, de lo que quisieron hacer con el concurso de acreedores. Los límites económicos de la Liga, esto se lleva así, y si no se puede hacer esto, se hace otra cosa… Trabajaron muy a gusto, nos dejaba trabajar y muy bien.
Volviendo al Recre, me nombrabas antes a Lucas Alcaraz, el entrenador que te puso el mote de «El Mago».
Lucas era un fenómeno. Entrenando era muy exigente. Recuerdo la llamada de Lucas para firmar en el Recre y fue muy peculiar. Estaba en Santiago jugando un partido de tenis, me llamó y me dice: «¿Tú quieres firmar? El primer día, como llegues aquí y llegues muerto, te vas para casa». Eso me dijo. Más o menos llegué bien. No estuve nunca bien, pero bueno, más o menos llegué allí, y me dice: «Bueno, perfecto».
En los cuatro primeros entrenamientos: «¡Hostia! ¡Tú eres un mago! ¡Tú eres un mago!». Y se quedó «El Mago». De hecho, recuerdo que fallé un penalti una vez en el Benito Villamarín contra el Betis, que lo tiré de Panenka, y él salió en todas las televisiones: «Me da igual, Viqueira puede hacer lo que quiera, tal…». Fue un entrenador que me defendió a muerte siempre. Y seguramente sin que fuera el futbolista ideal para él, de su fútbol. Pero sí es verdad que me dio la oportunidad de jugar en Primera, me valoró mucho, siempre me ponía y crecí mucho con él.
Hablabas ahora del peso, siempre tuviste un poco esa cruz y te vacilaban.
Sí, es verdad. Los años que más me exprimieron fue con Marcelino, que era una locura aquello y sí es verdad que estaba. Pero siempre he tendido a tener algo más de peso de lo que tocaba. Antes no era el fútbol de ahora, ahora mismo no se podría o no entraría.
Yo siempre he sido un futbolista de pensar antes que el rival, de jugar de memoria… Y eso me valía. Los años que he tenido que estar estaba bien. Sí es verdad que el último tramo de mi carrera me pasa factura las lesiones, he tenido bastantes y ya igual tienes que retirarte un poco antes de lo que te toca.
Ahí a principios de los 2000, ¿teníais nutricionista?
Nada, no había nada. No hacías prevención, gimnasio hacías cuando te apetecía. No es como ahora que el futbolista está controlado al 100%. Cuando me empieza a mí a cambiar el mundo del fútbol yo tengo 29 años, con Marcelino. Llega y es terrorífico. Te pesaba todos los días. Al final te das cuenta de que es rendimiento. Estar en forma, estar bien, es rendimiento.

¿Os aconsejaba con las comidas?
Sí. Ahí ya llegó con Ismael, el preparador físico, y nos daba una tabla de comida, te pesaban, te venían a medir la grasa… Ahí es cuando empezó en serio el mundo del fútbol a cambiar. Era una exigencia máxima.
Otra de motes. En Huelva te empezaron a llamar «El Zidane de las marismas».
Allí en Huelva fue un idilio. En Jerez también, y de hecho volví después. Pero en Huelva desde que llegué, desde el primer partido que marqué un gol hasta que me fui, la gente era… Caes de pie. Seguramente entre el Xerez y el Recre jugué los mejores años de mi carrera, cuando más me sentía importante, me sentía futbolista.
Había situaciones que daba algún pase diferente y la gente empezaba a poner motes. En Andalucía muchos ponen motes. También me llamaban gordo a veces (risas). Pero esto es el fútbol, ¿no? Cuando juegas bien eres «El Zidane de las Marismas» y cuando juegas mal eres un gordo. Forma parte, desgraciadamente, de lo que se está formando en el fútbol con las redes sociales.
Uno de tus momentos más recordados en Huelva es el gol en el Bernabéu.
Fue un día trágico. Fue un día jodido porque se murieron cinco aficionados en la carretera y el partido no se iba a jugar. Fue un día supercomplicado. De hecho, después lo cuentas y dices: «Hostia, imposible».
Nosotros, cuando nos levantamos por la mañana, el presidente nos dice que el partido no se juega. Era un 20 de diciembre. El accidente fue de madrugada. Y, claro, iban 4.000 personas de Huelva allí y a nosotros nos dicen que no jugamos. Marcelino dice: «Bueno, si no se juega, vamos a entrenar a Valdebebas». Le pedimos el campo al Madrid, entrenamos y después nos íbamos de vacaciones para casa. Fuimos a Valdebebas, tuvimos un entrenamiento de caña el día del partido. Y cuando estaba acabando, estábamos estirando, llegó Chendo: «Oye, que el partido sí que se juega». Nos fuimos para el hotel y Marcelino nos decía: «Nos van a meter ocho, esto va a ser un desastre…». Y justo cuando estábamos para comer, salió un comunicado que el partido no se juega, se suspende. Comida, dos cervezas, tres cervezas… Y, claro, viene Marcelino corriendo diciendo que sí, que se juega. Nos quitó las cervezas, el vino, quitó todo de allí… Fue un cachondeo. Nos hizo dar un paseo por Madrid una hora y al final ganamos 0-3 en el Bernabéu.
Yo había quedado con mis padres y con mi mujer, que venían a las 16:30 porque ya habríamos acabado la comida y nos íbamos para Coruña. Y ya fue: «Oye, que se juega». Se jugaba porque ya había 4.000 personas en Madrid. Y, claro, decíamos: «Se va a tener que jugar…»
En ese partido te dio la camiseta Beckham
Le pedí la camiseta por mi mujer, porque era muy de Beckham y mi hija ya tenía la tontería… Tengo muchas, pero las que pedí de verdad ha sido a Zidane, Raúl, Xavi… A Beckham me daba un poco de… y le pedí la camiseta cuando acabó el partido. Vi que ponía así una cara tal… y lo dejé. Cuando llegamos al vestuario, estábamos todos celebrando, vino el delegado y entró Beckham: «Viqueira, la camiseta…». Me dijo que habíamos hecho un gran partido, un gran gol de falta y que lo sentía mucho por el tema de los aficionados… Todos los compañeros mirándonos. La verdad que fue un caballero.
Me pidió mi camiseta, igual la tiró por ahí, no sé… (risas). Y me dio la suya. De hecho, está sin lavar. La guardó mi mujer porque decía que olía bien, no sé ahora (risas).
Me decías antes de empezar la entrevista que tienes más de 300 camisetas.
Tengo de Riquelme, Cazorla, Xavi, Iniesta, Raúl, Beckham, Zidane, Guardiola… Al final todas tienen su historia, ¿sabes? Quizás esas son las más, las que todo el mundo diría: «Hostia, qué bien…». Pero me quedo con las de mis amigos: de Santi (Cazorla), de Calle, de Uche… De gente que siguen siendo amigos, pues tengo las camisetas de mis amigos. Para mis hijos las especiales son las otras. Eso seguro.
¿Te han ofrecido mucho dinero por ellas?
Al partido del ascenso del Dépor a Segunda División mi hijo fue con una camiseta de la semifinal de Recopa contra el PSG. Suso (exutillero del Dépor y coleccionista) me dijo: «Emilio, esa camiseta te la van a comprar por 5.000, 10.000 euros…». Fuimos a Valladolid, al ascenso a Primera, y había un hombre allí que quería dar 20.000 euros por esa camiseta. Igual iba un poco tocado, ¿eh?… Se lo dijo a mi hija. Le dije: «Ari, que te está vacilando… ¿Cómo la vamos a vender?».
Tengo un amigo en Portugal, que es coleccionista, y vino un día y me dice: «Emilio, aquí te dan 100.000 euros seguro». Hay camisetas ahí… Incluso tengo del PSG, de Djorkaeff…

Volviendo a aquel histórico Recre, allí estaba también Santi Cazorla.
Llega siendo muy jovencillo. Lo veías y decías: «Hostia, ¿cómo puede ser, tío?» Un chavalito así pequeño y tal… Nada, un espectáculo. Pero de persona y de futbolista. Le pegaba con las dos piernas, nos entendíamos, en el campo era muy fácil jugar con él y la verdad es que allí es cuando explota Santi. Al final yo creo que el contexto era genial para él. Jugaba en Primera División, Marcelino también le exigía bastante… Y nos salió un año de la hostia. Aún tengo mucha relación con él y es un crack, en todos los sentidos.
De hecho, casi entráis en Europa ese año
Sí, nos quedamos a seis puntos de Europa. Y veníamos de ascender. Estaba Uche arriba, Sinama-Pongolle, Javi Guerrero, Beto atrás, Jesús Vázquez en el medio… Teníamos un muy buen equipo.
Allí eras un ídolo, pero sales por la puerta de atrás diciendo que te habían intentado desprestigiar.
Fue el director general. Porque yo llego a un acuerdo con ellos de que iba a renovar tres años. Y tengo una lesión en el tendón de Aquiles, que me opero y ya me recupero. Y cuando vamos a firmar el contrato, el director general, Michael Dumois, me dice: «No, te vamos a renovar un año solo». Le dije: «No, hemos llegado a un acuerdo de tres años. Si no me queréis renovar, me quitáis la cláusula que tengo para renovar automáticamente por jugar veinticinco partidos y me voy, si no me queréis». No me quitaron la cláusula. No jugué. Y eso fue realmente lo que pasó. Al final ellos tenían la prensa de su mano. Yo me hubiera quedado en el Recreativo toda mi vida, de hecho tengo mi casa allí.
Es verdad que yo he sido siempre un tío de mucho temperamento. No creo que haya sido un tío fácil para los dirigentes, porque era muy del vestuario… Mucho de las cosas lógicas. Si tú me prometes que me vas a hacer tres años de contrato, explícame por qué no me los das, si ya estoy recuperado. Y así pasó. Y me hubiera quedado en Huelva seguramente toda la vida. No cumplieron su palabra, las formas fueron fatales en temas de prensa… y me tuve que ir. Lo volvería a hacer cien veces.
Ahí firmas con el Levante, donde no juegas mucho pero un accidente marca tu vida.
Firmo, todo muy bien, empiezo jugando… Y el club entra en concurso de acreedores. Nos dejan de pagar. Estamos cuatro meses sin cobrar. Y en un viaje con la familia, tengo un accidente complicado en Despeñaperros. Ahí creo que me cambió un poco la vida. Mi manera de pensar. Yo cuando no jugaba era un perro verde, era un hijo puta. Llegaba a casa y no hablaba con la familia… Mi forma de pensar era diferente. Me tomaba el fútbol como: o juego o no soy feliz. Y ahí me cambió. Ahí veo a los niños, veo que nos salvamos todos, estamos bien y ahí mi vida cambia en torno a decir: «Oye, ¿dónde he sido feliz?» Me querían ocho equipos de la categoría mejores que el Xerez. El Xerez estaba a once puntos de salir del descenso, estaba último. Y me llama Vicente Moreno, mi amigo: «Emilio, vente para aquí…». Tenía diez equipos de Segunda División para ir, el Elche… todos los equipos. Le pregunté a mi mujer y me dijo que ella ha sido feliz en Jerez. Y nos fuimos a Jerez por eso. Nos fuimos y salvamos la categoría. Ahí me cambia un poco mi mentalidad. Tenía treinta años, me cambia tarde. Pero ya ahí me tomaba el fútbol como diciendo: juego, perfecto; no juego, pues, tío, llego a casa y soy feliz con mi familia y con mis hijos. Y antes no lo era. No jugaba y era que nadie me hablara, no disfrutaba. Y ahí es verdad que me cambió.
Me pegué una hostia de cojones. Vueltas de campana, los niños atrás… ¿Y yo me voy a enfadar porque no juego? Que le den por culo al fútbol… Estuve ahí cuatro o cinco meses sin cobrar. ¡Teníamos un equipazo, eh! Estaba Savio Bartolini, Rigano, Tommasi… Lo que pasa es que todo el tema extradeportivo nos hacía mucho daño. Jugué nueve partidos y cuando pasó esto, dije: quiero ser feliz. Me pasó como en la dirección deportiva: ¿Tengo que aguantar a todos los gilipollas que hay por aquí? Prefiero que mis hijos estén bien que no aguantar a todos los tontos que hay por aquí.
¿En el Levante el tema económico fue tan crítico como en el Xerez?
Sí, sí, sí. Fue crítico porque además allí cuando vas… Vas con unas expectativas, unos contratos quizá más grandes… Y claro, ya no cobras. Estaba Rubiales también. Fue el que organizó todo para que después pudiéramos cobrar gran parte de nuestros salarios. Fue el que se metió, se había metido ya con la AFE directamente y nos consiguió cobrar alguna parte de lo que podíamos cobrar. A él ya se le veía que le gustaban estas cosas, de organizar y de hablar con los dirigentes y con las altas estancias.
Pero fue muy duro. Al final vivir en Valencia no es vivir en Huelva. En Valencia coges un piso y son mil y pico euros y el piso lo tienes que pagar, la comida hay que pagarla… Y no nos daban ninguna solución.

Ahí es cuando regresas al Xerez para vivir los últimos años de tu carrera.
Voy cedido seis meses, nos salvamos y después ya vuelvo al Levante, digo que me quiero marchar y firmo en el Xerez dos años. El primero nos salvamos y el segundo empezamos casi todos los mismos que estábamos. Comenzamos ganando, ganando, ganando, ganando y ganando… que nos presentamos en marzo que éramos de Primera División. Con el mismo equipo que el año pasado nos salvamos, jugando un fútbol que era una cosa de locos y al final nos presentamos y mira, subimos a Primera División sin pensarlo. También con algún que otro problema económico, sin cobrar algunos meses, pero bueno, ya no era tanto como lo otro. Es verdad que entró el concurso de acreedores y ahí se tranquilizó un poco el tema y subimos a Primera. Algo impensable.
Ese año ya pienso en la retirada porque ya sufría mucho, me tenía que pinchar todos los días en el tobillo para poder jugar y para poder entrenar. Era un sufrimiento. El club me pide que siga un año más y sigo el año ese en Primera. Estaba Cuco Ziganda y luego Gorosito. Hice más de ayudante de Gorosito que de futbolista.
Creo que no teníamos plantilla para competir en Primera División, pero la verdad que competimos y al final, hasta el último día en Pamplona tuvimos oportunidad de salvarnos. Con poco que le dabas a la afición del Xerez, o la del Recre, llenaban el campo, te llevaban en volandas y quieras o no, pues era bueno para nosotros.
¿Cómo se puede explicar ahora la situación que hay en Jerez? Ha pasado de tener un equipo en Primera en la temporada 2009/2010 a tener ahora dos en una ciudad dividida (en 2013 se fundó el Xerez Deportivo Fútbol Club ante la posible desaparición por múltiples deudas del Xerez Club Deportivo, que nunca llegó a producirse).
Ha pasado en algunos sitios también, como en Salamanca. Cuando haces dos equipos en una misma ciudad… Yo creo que debían haber esperado a que si uno se muere, haces el otro. Se dividió un poco la afición, incluso yo conozco familias que no se hablan por el Xerez. Yo por ejemplo no me puedo hacer una foto con los del FC, porque si sale una foto y la ven los del Xerez mío, los del CD de toda la vida, me matan. Te llaman para hacer una entrevista de uno y ya no hago entrevistas porque si digo una cosa, malo, si digo la otra también malo… Y al final tengo amigos en el FC y tengo amigos en el otro equipo.
Yo creo que el Xerez de Primera ha bajado por la mala gestión de todos los ladrones que ha habido, así de claro, en la dirección del Xerez. Porque Jerez afición tiene, un espectáculo, tiene instalaciones, tiene todo para estar como mínimo en Segunda División siempre.
Es tremendo lo que cuentas de las familias que no se hablan, eh…
Sí, sí. En la Feria te vas a la caseta del FC y te pasa uno… Bueno, de hecho, estuve con Dani Pendín (exjugador del Xerez CD y, posteriormente, exjugador y exentrenador del Xerez DFC). Iba conmigo y le iban diciendo cosas los del Xerez CD: «¡Dani, eres un traidor…!». Y han pasado diez años desde que Dani Pendín entrenó al FC.
Jerez y Huelva, la gente es como aquí el Dépor. La gente es de su equipo. No es que viene el Madrid y hay más del Madrid que del Xerez. La gente es muy, muy, muy del Xerez. A mí me da bastante pena que esté así tanto el Xerez como el Recre.
Vamos con el final. Te retiras y pasas a ser director deportivo. Primero en el Xerez, luego Nástic y Lugo.
Termino allí en Jerez y me dicen de seguir jugando. Ya era imposible, no me podía ni mover. Y me ofrecen la dirección deportiva. Había sacado el curso de director deportivo con Vicente Moreno en Madrid, pero hostia, el Xerez bajaba con 17.000 abonados de Primera y para mí era una responsabilidad muy grande. Y hostia, dije, déjame pensarlo… Era a Tebas y a los administradores. Al final lo pensé y vi que no tenía nada que perder. Voy a más o menos controlar lo de negociar, controlo de fútbol porque veo mucho fútbol… Y me metí.
El primer año nos fue bastante bien, casi hacemos liguilla. Lo que pasa es que, claro, cuando estás en Primera División la gente se debe pensar que el Xerez tiene que volver a Primera al año siguiente. Y al final, pues, era complicado. El segundo año lo salvamos también. Ahí el concurso se va y vuelve el presidente Morales, que fue el que negoció todo aquello, y yo me voy, me desligo del Xerez. Y ahí me llama el Nástic porque la empresa donde yo trabajaba coge las riendas de la dirección deportiva. Allí me voy. Creo que fue una época bastante exitosa. Estaba en Segunda B. El primer año no subimos, perdemos la final en playoff. El segundo año subimos directamente. El tercero estamos en Segunda y no subimos por un gol a Primera. Y al año siguiente nos salvamos y ya tras cinco años me marché. Y después me equivoco en Lugo. Se equivoca Tino Saqués (presidente) y yo.

¿Por coger el puesto?
Sí. Porque yo, más o menos, cuando voy a un sitio preguntas quién es Tino, él preguntaría quién soy yo… Yo evidentemente de frío industrial no sé. ¿Sabes? Y él… Si firmas a un director deportivo, pues oye, pues déjalo trabajar.
Que yo en el tema de firmar no tuve ningún problema con Tino. No fue un tema de firmar o no firmar, me dejaba trabajar, pero claro, no le valía que el Lugo estuviera en la posición décima, él quería estar más arriba. Yo le avisé: «Si tú quieres un director deportivo que te suba a Primera División, igual no soy yo porque creo que el Lugo tiene sus limitaciones para poder subir a Primera División». ¿Qué podemos hacer una cosa buena? Sí, como todos los años. Pero bueno, me equivoqué por ir y él por firmarme.
Mira, firmo a Toni Martínez, que ha jugado Champions y ha quedado entre los máximos goleadores españoles este año; firmo a Tete Morente que está en Primera División; a Manu Barreiro, a Lazo que está en Segunda… En seis meses hago siete u ocho fichajes que son la hostia. Lo que pasa que siempre es mejor hablar de lo malo que de lo bueno, evidentemente es más fácil. Me gustaría saber cuántos directores deportivos en seis meses han hecho esos fichajes. Pero bueno, sales de allí y sales mal porque firmo cuatro años y me voy a los cinco meses. No tiene mucho sentido estar allí.
Escuchándote veo que te ha desgastado mucho más ser director deportivo que jugador.
Es que ya llega un momento que yo quiero intentar ser feliz. Tú cuando coges la dirección deportiva sabes que vas a tener críticas, que van en el salario, van en el sueldo y en tu profesión. Pero yo creo que en lo que se ha convertido con el mundo de las redes sociales ahora todo esto, te tiene que compensar mucho para coger un trabajo de estos. Porque yo tengo tres hijos que están con el teléfono todo el día. Y yo quiero que mis hijos no vean que digan que mi padre es un ladrón. No, tu padre trabaja y si sale mal el fútbol no es que sea un ladrón, es que salen mal las cosas.
Mis hijos en Lugo eran pequeños, en Tarragona igual… y dices, hostia, no sé si me compensa tanto esto para que mis hijos estén felices. Simplemente por eso. Porque la etapa de director deportivo a mí es, seguramente, la que más me ha llenado de todas. Me gustaba mi trabajo, me pegaba veinticuatro horas viendo fútbol, yendo para aquí y para allá… Pero después llegaban los éxitos y los éxitos evidentemente son de los futbolistas. Siempre ha sido así. Pero las hostias siempre eran para el director deportivo. Siempre digo que somos un saco de boxeo. Te pegan hostias los aficionados con las redes sociales, si van mal las cosas el presidente de turno o el loco de turno… Todo el mundo te pega hostias.
¿Ese desgaste es más debido a las redes que lo que te hayan podido decir por la calle?
No, no. Yo siempre me he sentido respetado en Lugo, en Tarragona, en todos lados. Un día me pasó un tema en Lugo con mi hijo, otro día en Tarragona… A mi hijo mayor le pusieron una foto: «Este es un enchufado, este tal…». Y el niño tenía catorce años. Y claro, él sufrió. Y ver sufrir a mi hijo… Aunque sea por un tonto, seguramente, que lo pone y tal… Es más el miedo a exponer a mis hijos o a mi familia a toda esta feria que a mí. A mí, lo que me diga la gente… Yo estoy tranquilo con mi conciencia y trabajo para hacerlo lo mejor posible. Si me sale bien, cojonudo, y si sale mal forma parte de esto. Pero no por mí… Yo la espalda la tengo ancha, no tengo problemas, al revés. Pero bueno, era más esa situación de ¿por qué me voy a exponer de esta manera? Surgió a lo mejor ir a otro sitio y decía: «Hostia, tío, otra vez con esta historia…». No lo veía.
Ahora ya son mayores, ahora ya podría ser director deportivo, pero no me va a tirar ya la dirección deportiva.
Ahora tiraste por el camino de la representación.
Acabé el tema de la dirección deportiva y tuve cuatro o cinco cosas para poder seguir, que me gustaba muchísimo. Pero bueno, empecé con la representación, con la agencia, y al final hago un poco parecido: intentar ayudar a los chavales lo máximo posible, darle mi experiencia de lo que he hecho bien, lo que he hecho mal, de que tienen que estar bien físicamente y serles lo más claro posible. De momento las cosas me van bastante bien, los chicos que llevo confían en mí y me siento bastante realizado.
Entre jugador, director deportivo y representante, ¿con qué te quedas?
Ser futbolista es lo mejor que hay en el mundo. Es la mejor profesión que me podía haber tocado. En mi carrera todo el mundo decía que no iba a llegar por como jugaba, era lento, era pesado… Y al final he jugado ocho años en Primera y seis en Segunda División. Cuando era director deportivo tenía una anécdota buena con Pita y Seoane en el Lugo. Entré al vestuario y les dije: «¿Cuántos años de vuestra vida de futbolista habéis disfrutado?». Pita me dijo que tres o cuatro. Los que juegan en el Madrid disfrutan todos los años, pero yo que he estado en todos lados, en dieciocho años de carrera he disfrutado cuatro o cinco: los ascensos, el año que te sale muy bien y todo el mundo te quiere… Los demás sufres porque no te pagan, sufres porque te estás jugando el descenso, sufres porque si quieres subir no subes… Y no te sientes pleno. No es fácil. La gente dice que el futbolista tiene la vida fácil. Yo creo que no. A mí nadie me ha regalado nada, de hecho, todos los agoreros que decían que no jugaría al fútbol, mira… Me he tenido que ir del Dépor para ser futbolista, sí, claro. No me quedaba otra, no podía jugar con estos bichos.
Me quedo con futbolista y ahora me siento muy realizado con mi profesión, pero disfruté mucho de director deportivo. A pesar de todo, disfruté. Haces el equipo, firmas el entrenador con la idea que tú tienes de jugar, los futbolistas los firmas pensando en cómo jugaba yo… Si te sale bien es cojonudo, si te sale mal ya es más jodido.

