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Pedro Pablo Parrado: «Joan Laporta es el puto amo en Barcelona. Es un populista y cae bien a los culés, que le siguen votando»

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La radio llegó antes que el periodismo. Llegó de noche, desde el otro lado del mar, hasta una habitación de Gijón en la que un adolescente buscaba emisoras extranjeras y escuchaba Hora 25. Pedro Pablo Parrado (Gijón, 1956) soñó entonces con sentarse algún día delante de aquel micrófono. Unos años después ya formaba parte del equipo de José María García. Luego se marchó para dejar de ser el periodista que trabajaba con García y convertirse, sencillamente, en Parrado.

En 1981 puso en marcha Goles, un programa que introdujo tertulias, secciones, jingles y sintonías cuando casi nadie utilizaba todavía esas fórmulas en la radio deportiva española. Por allí pasaron Andrés Montes, Juanma Rodríguez, Enrique Marqués, Joaquín Maroto o Agustín Castellote. Más de cuatro décadas después sigue hablando con la energía de quien aún prepara cada programa como si fuera el primero.

Tu relación con la radio había empezado mucho antes, en Gijón.

Escuchaba muchísima radio por las noches. Había emisoras musicales que entraban por el mar, como Radio Luxembourg o Radio Verónica. Eran emisoras piratas que hacían una radio de la hostia. Tenían otra música, otro ritmo, otra manera de presentar los programas. También escuchaba Hora 25, con Martín Ferrand, José María García y toda aquella gente. Yo pensaba: «Joder, algún día quiero hacer ese programa». Y diez años después estaba haciéndolo.

A comienzos de los setenta llegaste desde Asturias a Madrid para estudiar Ciencias de la Información.

Vine desde Gijón para estudiar la carrera. Era la primera promoción de Ciencias de la Información, a principios de los setenta, y todo sucedió muy deprisa. A los tres años ya estaba en la SER, haciendo prácticas con José María García. Aquellas promociones no tenían nada que ver con las actuales. Éramos treinta, cuarenta o cincuenta alumnos por clase. Muy poca gente. La facultad empezó en la Dehesa de la Villa, donde estaba la Escuela Oficial de Radio y Televisión, y después se trasladó a la Complutense.

¿Cómo consigues llegar a José María García?

Fui directamente a la SER para verlo, sin intermediarios. Le caí bien, me vio y me dio la oportunidad. Allí coincidí con José Joaquín Brotons, Roberto Gómez y Fernando Soria. Ese fue el equipo de Hora 25. García es un animal de esto, un fenómeno de la radio y de la comunicación. También es verdad que en aquella época le resultaba más fácil hacer determinadas cosas porque tenía muchísimo poder, y el poder permite presionar a la gente. Eso no me gustaba. Tenía ese mal vicio de utilizar el poder para presionar o apretar. Pero, como hombre de radio, era un animal.

Las audiencias que había entonces eran una barbaridad. Más de un millón de personas escuchaban el programa cada día y a la mañana siguiente la gente comentaba en los bares lo que se había dicho allí. No era solo un programa de radio: influía en la conversación del día siguiente. Imagínate lo que suponía para mí, que había soñado con estar en Hora 25, encontrarme diez años después haciendo aquel programa. Era la hostia. Aprendí muchísimo a su lado, aunque ya tenía ganas de probar una radio distinta.

Hay una frase tuya que provocó bastante polémica: «Hasta un tartamudo podría triunfar en la SER».

Sí, pero era muy sencillo. No lo decía por el tartamudo. Lo decía por la dimensión que tenía la SER. Algunos lo entendieron como una burla y no era eso.

¿Qué querías decir exactamente?

Que la SER es tan grande que hasta un tartamudo podía triunfar allí. Tiene unas infraestructuras, unas antenas, una potencia y una audiencia enormes. Era redactor jefe de la SER con veinticinco años, así que puedo hablar de lo que significaba aquella cadena. Ahora buena parte de esa ventaja desaparece porque con una aplicación cualquier persona puede escuchar cualquier emisora desde cualquier lugar. Las infraestructuras físicas ya no marcan la misma diferencia.

Sin embargo, en 1981 decides abandonar la SER.

Me llamaron el padre José Luis Gago, que era el director general de la COPE, y Ramón Barba, responsable de deportes, para poner en marcha el primer programa deportivo en cadena de la emisora. Así nació Goles. Estaba dejando el programa con el que había soñado, pero se me presentaba la oportunidad de construir algo propio y decidí marcharme. Era una apuesta, porque abandonaba un sitio muy importante, pero también podía decidir el tono, el equipo y la manera de hacer el programa.

García se tomó mal mi salida, intentó convencerme, me dijo que no fuera así, lo de siempre. Pero tuve los cojones de marcharme. No tenía ningún problema con él. Sencillamente, quería ser yo. A su lado tenía una posición muy buena, pero sabía que siempre me presentarían como el periodista que trabajaba con García. Quería saber qué podía hacer cuando el programa y las decisiones dependieran de mí.

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¿Por qué abandonaste una posición tan privilegiada?

Porque apareció la oportunidad de la COPE y me apeteció aceptarla. Tenía veintisiete años.

Era una decisión ambiciosa.

Y había que cogerla. Igual que después tuve que rechazar la posibilidad de regresar a la SER. Siendo muy joven ya era una estrella y tenía que decidir qué quería hacer con mi carrera.

Además, tuviste la intuición de comenzar a las once de la noche, una hora antes que los demás.

Claro. Conseguías llegar al oyente antes que el resto y marcar una pauta diferente. En la radio, la idea importa, pero también importa saber cuándo ofrecerla. Al entrar antes en antena encontrábamos a muchos jugadores, entrenadores o directivos disponibles y podíamos hablar con ellos antes de que comenzaran los grandes programas de medianoche. Ese horario nos ayudó a hacernos un sitio y a crear una audiencia muy fiel.

Al año siguiente, cuando García deja la SER, Eugenio Fontán intenta recuperarte para Hora 25.

Sí. Eugenio Fontán, que era el director general, me llamó para que volviera a hacer Hora 25. La COPE me pagaba seis millones de pesetas al año, medio millón al mes, y la SER me ofrecía alrededor de trescientas mil pesetas mensuales. Podrían haber subido algo la oferta y además recuperaba mi cargo de redactor jefe, pero preferí quedarme donde estaba.

¿Te planteaste volver?

No. Si volvía a Hora 25, la gente iba a comparar constantemente. Preferí ser cabeza de ratón, quedarme en la COPE y hacer mi propio camino.

Te consideras uno de los precursores de la radio deportiva moderna. En Goles introdujiste una identidad sonora y secciones que entonces eran muy poco habituales.

Creé muchas de las cosas que hoy identificamos con la radio moderna: las tertulias, las secciones, los distintos espacios, los jingles, las músicas y las sintonías. Tenía en la cabeza la radio anglosajona que había escuchado durante las noches de Gijón. Aquellas emisoras tenían otro ritmo, otra música y otra forma de presentar los programas. Los jingles me parecían la hostia y quise llevar esa mentalidad a la radio española. Todo empezó ahí.

Para mí resultaba fundamental que el programa tuviera una identidad propia. Que escucharas unos segundos de música y supieras inmediatamente que empezaba Goles. Abríamos con Jump, de Van Halen, algo que no hacía absolutamente nadie en un programa de deportes. Luego cada día podía cambiar la actualidad o los invitados, pero el sonido del programa tenía que seguir siendo reconocible.

Hacíamos muchas cosas distintas. Había una sección que abría algunos programas llamada Diario de un reportero. Sonaba un teléfono y aparecía un reportero contando la noticia del día. También estaban A balón Parrado, El frontón y muchas otras. Tenía muchísimos indicativos, secciones y espacios. Me los grababa Elías Rodríguez, que tenía la mejor voz que había. Invertía mucho dinero y mucho esfuerzo en el sonido del programa.

Entre aquellas secciones aparecieron también los primeros debates entre periodistas.

Choque, choque, y ahí estaban Juanma Rodríguez y Enrique Marqués. Creé esas tertulias porque los periodistas eran los únicos que decían cosas, por lo que tenía sentido que se les escuchara y hubiera debate. Los futbolistas y los entrenadores tenían el nombre, pero muchas veces respondían con cuatro tópicos. Los periodistas conocían lo que ocurría en los clubes, tenían información y podían discutir entre ellos.

Fui un innovador, transgresor, porque entonces los periodistas apenas hablaban y había mucho que hacer. Quería mezclar noticias, opinión, música y humor. Hoy una tertulia deportiva parece lo más normal del mundo, pero entonces no se construían así los programas.

Enrique Marqués y Juanma Rodríguez, casi nada.

Enrique era un profesional, un pura sangre de esto. Y Juanma es brillantísimo. Para mí, de lo que hay, es de los más brillantes. No solo hablando, también escribiendo. Juanma puede hacer lo que quiera porque escribe de puta madre. Estuvo conmigo quince años. Tuvo una escuela larga. Él vino a trabajar conmigo a través de una recomendación. Una persona que trabajaba en la empresa que gestionaba la publicidad de JB, que era uno de mis clientes, me habló de un chico que acababa de terminar Periodismo. Lo conocí, lo incorporé y enseguida lo vi. Él no se limita a hablar bien y siempre me ha parecido un periodista brillantísimo. Tengo esa virtud: noto muy rápido quién funciona, quién me vale, quién tiene sangre y quién es una momia.

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¿Te recuerdan a los debates que ahora se dan en programas como El Chiringuito, en el que también está Juanma?

Yo hacía debates de veinte minutos o media hora. Punto. No necesitaba estar dos horas dándole vueltas al mismo asunto. Aquello empezó en Cadena Rato, donde llegué en 1986. Estuve allí hasta 1991, cuando pasé a Radio España, aunque el fenómeno de Goles ya había comenzado anteriormente en la COPE.

También llegaste a hacer en televisión algo muy parecido a El Chiringuito.

Sí. Hacía Goles en Radio España y José Frade me llamó para hacer un programa nocturno en Canal 7. Salía de la radio y me iba allí a las doce de la noche. Tenía a Juanma Rodríguez, Enrique Marqués y muchos más. Ese tipo de debate ya lo hicimos en 1997.

¿Qué sientes cuando compruebas que la fórmula que creaste continúa viva?

Me gusta que me lo reconozcan. Afortunadamente, la gente y la profesión lo hacen, y eso para mí es lo más importante. Lo demás es mentira. Me satisface que compañeros que llegaron después recuerden Goles y sepan que muchas fórmulas que ahora parecen normales ya estaban allí. No necesito que me den la razón todos los días, pero sí me gusta que se conozca la historia.

Continúo viniendo cada día con la idea de crear un programa nuevo. Lo que hiciste hace muchos años te da una trayectoria, pero no te resuelve el programa de hoy. Cada vez que enciendes el micrófono tienes que volver a ganarte al oyente.

Aquel primer Goles se convirtió también en una fábrica de periodistas. Andrés Montes empezó contigo.

Andrés Montes era mi productor. Llegó a mi vida porque Roberto Gómez había hecho la mili con él. Un día Roberto me dijo: «Llévate a este chaval, que es la hostia. Llévate al Negro». Lo conocí, me gustó mucho y vi que era un tipo gracioso, creativo, con iniciativa. Así empezó conmigo. Tenía una personalidad distinta y eso se notaba enseguida. Luego incorporé también a Agustín Castellote.

He formado a más de cincuenta periodistas que han terminado en la élite y han triunfado. Es una barbaridad. Tengo facilidad para notar quién tiene algo especial, aunque todavía le falte experiencia. No me fijo únicamente en la voz o en que alguien hable bonito. Me interesa que tenga curiosidad, que trabaje y que no sea uno más. A los jóvenes hay que darles responsabilidades y dejarles espacio para crecer. Goles ha sido una fábrica de periodistas y probablemente sea de lo que más orgulloso estoy.

Mi idea siempre ha sido hacer una radio de opinión, con periodistas opinando, porque los que tienen que opinar son los periodistas. Incorporé a José Damián González, José Carlos Valmaseda o Joaquín Maroto, «el último reportero vivo», como me gusta llamarle.

Manuel Esteban.

Empezó conmigo en Cadena Rato y había gente que me preguntaba: «¿Cómo dejas hablar a ese gangoso?». Yo respondía: «Tranquilos, que ese va a triunfar». Y ya viste cómo triunfó.

Algo parecido ocurrió con Rafael José Álvarez.

También empezó conmigo. Con él lo vi inmediatamente. He tenido la suerte de detectar muy pronto cuándo alguien posee algo especial.

Has cambiado muchas veces de emisora.

Me gusta cambiar cada pocos años. Si no lo haces, estás muerto. Cuando llevas demasiado tiempo en el mismo sitio corres el riesgo de acomodarte y repetir lo que ya sabes hacer. Cambiar de emisora te obliga a conocer otro equipo, trabajar con menos medios algunas veces y volver a demostrar que el programa funciona. A mí esa incertidumbre siempre me ha mantenido activo.

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Uno de esos cambios volvió a cruzarte con Eugenio Fontán.

Sí. Eugenio Fontán ha sido el más grande, el número uno. Primero intentó llevarme de vuelta a la SER para hacer Hora 25, pero entonces rechacé la oferta. Años después, en 1991, llegó a Radio España y volvió a llamarme para que llevara allí Goles. Aquella vez sí acepté y permanecí diez años. La radio da muchas vueltas. En aquel momento nuestros caminos no coincidieron, pero después pudimos trabajar juntos durante una etapa muy importante.

No querías convertirte en un funcionario de la radio.

Nunca. En cada sitio tienes momentos mejores y peores, lo pasas bien y también mal, pero cambiar te obliga a seguir vivo.

¿Siempre tenías preparado el salto al siguiente proyecto o hubo momentos en los que te quedaste sin nada?

También he buscado voluntariamente esa incertidumbre.

¿Cómo se vive sin saber cuál será el siguiente micrófono?

Si quieres hacer algo, terminas consiguiéndolo. Lo importante es saber cómo funciona este negocio. Lo he vivido desde dentro durante muchos años y sé cómo se mueve.

Pero los micrófonos son limitados y siempre están ocupados.

Me he movido buscando la independencia. Podría haber intentado regresar a la SER o a la COPE en algún momento. Tenía una marca, una audiencia y una fidelidad, pero había otros intereses y no me apetecía entrar en determinadas vorágines. Prefería medios más tranquilos en los que pudiera ser yo y trabajar a mi aire.

Eso seguramente me hizo renunciar a más dinero o a una audiencia mayor en algunos momentos, pero podía elegir a mi equipo, decidir el contenido y decir lo que pensaba. Para mí eso siempre ha pesado mucho. Nunca he querido estar en un sitio únicamente por el tamaño de la cadena.

Dices que los futbolistas hablaban poco, pero vuestra relación con jugadores, entrenadores y presidentes era muchísimo más directa que ahora.

No había móviles. Llamabas al teléfono de casa de un jugador a cualquier hora del día o de la noche y podías hablar directamente con él. No había tantos intermediarios ni un departamento decidiendo cada conversación. Con el tiempo terminabas teniendo una relación personal con futbolistas, entrenadores y directivos, y esa confianza también te ayudaba a saber lo que estaba pasando.

He tenido la suerte y el privilegio de hacer Goles por la noche en cualquier parte del mundo, dentro de las habitaciones de los jugadores. A las once estaban allí los futbolistas, los directivos y los entrenadores. Podía hacer el programa con los protagonistas. Ese privilegio hoy es imposible.

Durante mi trayectoria he hecho entrevistas con todos. Antes podía tener a un presidente cada día. Ahora puedo conseguir una entrevista cada seis meses o una al año.

Ramón Mendoza, por ejemplo, fue uno de los grandes personajes de aquella época.

Mendoza era muy listo. Un vividor, pero muy listo.

Y luego estaba Jesús Gil, que parecía capaz de romper cualquier norma.

Gil era un monstruo. No he conocido un personaje como él. Era capaz de enfrentarse a los jueces y a los fiscales sin ningún problema. Le daba igual todo y además iba de cara. Decía que adoraba a la mafia porque se sentía un mafioso. Se equivocó naciendo en España; podría haber nacido en Sicilia. Le gustaban los códigos de la mafia, las lealtades y toda esa forma de funcionar. Y rompió el mercado. El Atlético de Madrid vive gracias a Gil, que además no puso un duro para quedarse con el club. Le costó cero. Vi el talón del Crédit Lyonnais que presentaron y después sacaron al día siguiente.

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También has contado que viste cosas mucho más delicadas.

He visto muchas cosas. Amaños de partidos, muchos. Pero no iba a atacar mi propio negocio ni a poner en jaque la credibilidad del fútbol o del deporte. Vivía de aquello. Tuve la suerte de estar muy cerca del poder, en la parte de arriba, y vi muchas cosas.

Gil y Mendoza estuvieron entre los primeros que hablaron públicamente de Negreira.

El poder atrae a todo el mundo. Mira lo que ocurre con el Barcelona, que hace lo que quiere y parece que nunca pasa nada. El asunto Negreira continúa y nadie toma una decisión. La FIFA y la UEFA son los organismos que son. No quiero decir más.

Además, fuiste testigo de mucha tensión entre aquellos presidentes.

Era época de muchos enfrentamientos en antena. Entre Mendoza y Gil hubo alguno, aunque pocos. Los más fuertes fueron los de Gil con Luis Cuervas, el presidente del Sevilla, y con Lopera, el del Betis. Se decían en directo: «Eres un hijo de la gran puta, te voy a matar». También hubo uno con Ruiz-Mateos a raíz de un arbitraje de Díaz Vega en el Calderón. Pusimos a Díaz Vega con Ruiz-Mateos y este acabó diciéndole: «¿Sabes lo que te digo, Díaz Vega? Que eres un mariconazo».

Eso hoy sería imposible.

Imposible. Pero ahí estaba la magia y la grandeza de la radio. La radio era el medio y cualquier conversación podía cambiar el programa en directo. A mí también me gusta que la gente escriba, porque un periodista tiene que saber escribir y contar historias. Para mí, el periodismo consiste en dar noticias y contar historias. Puedes tener una gran información y no saber explicarla, o escribir muy bien sin conseguir una noticia. Hay que intentar hacer las dos cosas.

Para eso son necesarias tres cosas: contactos, que son fundamentales; intuición para saber cuándo tienes delante una noticia; y valentía, cojones para contarla. Las tres claves del periodista son contactos, intuición y cojones. La noticia está muy cara y muchas veces aparece en una conversación que al principio parecía no tener importancia.

Esa mezcla te permitió contar la salida de Carlo Ancelotti hacia Brasil.

Cuando estaba en Marca conté que Ancelotti se iba a Brasil. Ya había habido contactos y le habían hecho una oferta mientras seguía entrenando al Real Madrid. Después permaneció un año más porque ganó la Champions y la Liga, pero conté aquella noticia a raíz de una conversación con un agente. Surgió por una circunstancia, por los contactos que estaban alrededor de la operación.

Algo llamativo de tu trayectoria es que nunca participaste en las grandes guerras de la radio, como la que mantuvieron García y José Ramón de la Morena.

Nunca. Me daban igual. Tenía clarísimo qué radio quería hacer y bastante trabajo tenía con sacar adelante mi programa. Como entrábamos antes en antena, muchas veces podíamos hablar con jugadores, entrenadores o presidentes sin meternos en la pelea de los espacios de medianoche. Prefería competir preparando una buena entrevista, consiguiendo una noticia o inventando una sección. No me interesaba convertir el programa en una respuesta permanente a lo que hicieran García o De la Morena. Cada uno siguió su camino y yo seguí el mío.

Aunque una exclusiva sobre Javier Clemente sí acabó enfrentándote con García.

Aquello fue la hostia. Me dejó de hablar durante mucho tiempo de otra cosa y se montó un lío de cojones. Fue en Cadena Rato. Yo había hablado con Gil media hora antes y me había dicho: «Ya está hecho lo de Clemente». Clemente estaba esperando para entrar con García y darle la noticia. Entonces lo llamé y le dije: «Vamos a ver, Javier, si ya has firmado con el Atlético de Madrid». Él me contestaba: «No, yo no he firmado nada». Y yo insistía: «¿Cómo que no? Si te aseguro que ya has firmado». Así fue como le jodí la historia.

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Hay otra anécdota en la que Radomir Antić se enteró por ti de que el Real Madrid iba a despedirlo.

Aquello fue genial, una cosa inaudita. Vicente Miera había ido al programa el día anterior y después bajamos a tomar algo. Allí me dijo: «Mendoza va a echar a Antić y va a traer otra vez a Beenhakker». No me lo podía creer. El Madrid iba líder. Al día siguiente llamé a Antić en directo y le dije: «Bueno, Radomir, que te han despedido, que no vas a seguir en el Madrid».

Y colgó.

Colgó. ¿Qué te parece? Son carambolas que se producen en esta profesión.

También conseguiste la última entrevista con Santiago Bernabéu.

Me colé en el hospital con una bata de médico. Bernabéu me conocía desde hacía tiempo y me tenía mucho cariño. Siempre me decía: «Deja a ese maricón, a ese enano maricón», refiriéndose a García. Me colé y le hice la última entrevista.

¿Qué se le pregunta a alguien en una situación así?

Hablamos de la vida. De cómo estaba. De cómo veía al equipo. Nada profundo.

Hemos hablado de Ramón Mendoza y Jesús Gil… nos falta Núñez.

Lo entrevisté tres o cuatro veces. Núñez era peculiar. Se hizo millonario prácticamente de la nada gracias al patrimonio que tenía su mujer, Maria Lluïsa Navarro. La empresa era Núñez y Navarro. La familia de ella ya venía del negocio inmobiliario y él empezó desde ahí. Núñez era un hombre con criterio. No dejó que el Barcelona se politizara, algo muy importante en Cataluña, y además tenía criterio económico. No tiraba el dinero.

Muy distinto al Barcelona actual.

Ahora el Barcelona es una ruina, debe muchos millones y aquí no pasa nada. Laporta sigue ahí y es el puto amo en Barcelona. Él es un populista y cae bien a los culés, que le siguen votando. No lo hacen con Víctor Font, que seguramente será más serio y sabrá mucho, porque no les llega y no les transmite. Laporta sí. La historia es así de sencilla.

En el Real Madrid ha habido elecciones después de mucho tiempo y Enrique Riquelme prometió a Erling Haaland y Rodri si ganaba a Florentino Pérez.

Eso es mentira. Nadie se compromete contigo si todavía no eres presidente, y menos cuando tienes que enfrentarte a Florentino. Hubo mucha gente que apoyó a Riquelme, que era un outsider y consiguió bastantes votos, pero eran votos de castigo a Florentino. No hay más historia. Es imposible comprometer a Klopp, a Haaland o a cualquier otro futbolista si no has ganado antes las elecciones.

El único caso que conozco de verdad es cuando Florentino Pérez firmó un documento para fichar a Figo. Se hablaba de una operación de diez mil millones de pesetas y de una penalización de quinientos millones si alguna de las partes incumplía. Figo aceptó porque no creía que Florentino fuera a ganar. Lorenzo Sanz venía de ganar la Champions y parecía imposible derrotarlo, pero Florentino ganó y Figo tuvo que cumplir.

Muchos hablan del poder de Florentino Pérez y también de su capacidad para influir sobre los medios. ¿De dónde nace?

Primero, de ser presidente del Real Madrid. Después, de tener una empresa multinacional como ACS. Y además ha sabido reunir en el palco del Bernabéu a políticos de un lado y de otro, empresarios y gente con muchísimo poder. Florentino tiene poder porque es así y porque ha construido toda esa estructura alrededor. ¿Cuál es su problema? Que quiere serlo todo: presidente, director deportivo y entrenador. Muchas veces se pasa de la raya. Le gusta hablar, opinar en sus círculos de confianza y poner a parir a este o al otro.

Sé que ha llamado a mucha gente, pero a mí siempre me ha respetado y nunca me llamó para decirme qué tenía que hacer porque se lo dejé claro desde el principio: «Mira, Florentino, voy a hacer lo que quiera. Quiero tener una buena relación contigo, te invitaré a los programas y durante las elecciones te daré el mismo tiempo que a los demás, pero si apoyo más a Lorenzo Sanz o a Mendoza será porque me dan noticias y están conmigo». Entendió perfectamente ese lenguaje y siempre me respetó.

Tu relación con Lorenzo Sanz era muy buena.

Sí. Lorenzo era uno de los últimos presidentes de toda la vida. Un tío de pueblo, cercano. Jesús Gil también era así.

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Podías llamar a Gil cuando no tenías programa.

Lo llamaba y le decía: «Gil, no tengo nada. Estoy tieso». Y Gil entraba en el programa. Cuando decidió meterse en política le advertí: «Te vas a equivocar. Quédate en Marbella. No te metas en Ceuta y Melilla ni montes esa película porque los fiscales van a ir a por ti y te van a matar». Y eso fue lo que ocurrió. Pero le di espacio, lo apoyé e hice entrevistas durante su campaña política porque consideraba que se lo debía.

Hablas mucho de la gratitud.

Soy muy agradecido. Si alguien te da, tú también tienes que dar. No puedes pensar: «Ahora este me va a complicar la vida» y apartarte. Hay que estar hasta el final con la gente que te ha ayudado. Si está en la cárcel, vas a verlo. Así de claro. Con dos cojones.

Junto a Gil estaba Enrique Cerezo, que continúa en el Atlético.

Cerezo es incombustible. Le da igual todo. Es un monstruo y ahí sigue. Ahora, con todo este asunto de Apollo, se va a llevar unos millones de Gil Marín. Gil Marín también lo ha hecho bien. Ha trabajado, ha aprendido y ha colocado al Atlético en la órbita de los grandes.

Aunque el origen de la propiedad sigue siendo discutible. Comentabas que se quedaron con el club sin poner dinero y ahora obtienen un enorme beneficio.

Sí, pero se lo permitieron LaLiga y el Consejo Superior de Deportes. Nadie protestó de verdad. La gente hablaba con la boca pequeña, pero no se atrevía a hacer nada. Prefiero reconocer que Gil Marín ha hecho una gestión brillante. Mi único reproche es haber mantenido a Simeone durante quince años.

¿Por qué?

Porque me da la sensación de que le vale con terminar tercero o cuarto. Cumple con eso. Quince años son demasiados. Un entrenador tiene que estar obligado a ganar títulos.

Pero Simeone heredó un Atlético que estaba muy lejos de la situación actual.

De acuerdo, pero eso te sirve durante cuatro o cinco años. No durante quince.

Existe el miedo a que el Atlético vuelva a ser el equipo inestable anterior a Simeone.

No tiene por qué. Hay entrenadores capaces de cambiar la historia de un club. Luis Enrique pudo ir al Atlético hace unos cinco años, por ejemplo. Marcelino también me parece un gran entrenador. Había alternativas. Para mí, el ciclo de Simeone terminó hace al menos dos años. Sé que esa opinión molesta a algunos amigos míos, como Rubén Uría, pero es lo que pienso.

Jesús Gil también fue quien empujó a José María Ruiz-Mateos a entrar en el fútbol a través del Rayo Vallecano.

Claro. Le dijo: «Métete aquí, que el fútbol te dará popularidad y hará que la gente hable de ti». Así llegó al Rayo.

¿Cómo era Ruiz-Mateos en las distancias cortas?

Había hecho cosas muy importantes en su vida. Después se metió en asuntos muy complicados, vendió historias que acabaron mal, los hijos también influyeron y todo terminó en una ruina con mayúsculas. Pero en la distancia corta te ganaba siempre. Era un tipo con muchísimo encanto personal. Después colocó a su mujer como presidenta del Rayo y se desligó.

Los futbolistas de aquella época suelen hablar de él con cariño pese a todo lo que sucedió después con la suspensión de pagos.

Y es verdad. La gente suele formarse una opinión por lo que escucha, pero cuando conoce personalmente a alguien descubre muchos matices. Con Ruiz-Mateos sucedía eso. Una cosa es todo lo que vino después y otra el trato directo que tuvo con los jugadores durante una etapa.

El fútbol que conociste cuando empezaste no se parece en nada al actual.

No tiene nada que ver. Es otro mundo.

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¿Crees que el fútbol se ha vuelto más feo, que se ha prostituido?

Está todo manejado. El fútbol está prisionero de sus propios intereses. El periodista ya no juega el papel importante que jugaba antes porque han querido quitarle el poder a la prensa. Los clubes han creado sus propios medios de comunicación para decir y hacer lo que les salga de los cojones. Han fichado a periodistas que son la antiprensa. Son compañeros y colegas nuestros, pero eso hay que decirlo. Están allí para contar lo que interesa al club y evitar que salgan determinados asuntos.

Antes podías discutir con un presidente, llamar a un entrenador o hablar con un jugador al terminar el entrenamiento. Ahora casi todo pasa por un departamento de comunicación. El club decide quién habla, cuándo habla y sobre qué puede hacerlo. Hay mucho más dinero y muchos más medios, pero también mucho más control.

Están allí para dar visibilidad a lo que tiene el club, vender a sus jugadores y controlar lo que se cuenta. No te dejan hablar con nadie.

Y es culpa nuestra, porque hemos claudicado. Esa es la triste realidad. Nos hemos arrodillado. No hemos respondido ni protestado. ¿Cómo que no nos dejan hablar con los jugadores? Si nosotros vivimos de esto y ellos están en el mercado gracias también a la prensa. Pero todo el mundo se calló. Cada medio intentó arreglarlo por su cuenta y los clubes comprobaron que podían seguir cerrando puertas.

Ahora nos quejamos de que cuesta conseguir entrevistas o noticias, pero llevamos muchos años aceptando esa situación. Cuando te acostumbras a recibir únicamente lo que prepara el gabinete del club, es muy difícil recuperar la relación que existía antes.

¿En qué momento empieza ese cambio?

A finales de los noventa, con los derechos de televisión. Ahí cambia la película. El fútbol empieza a generar muchísimo dinero y a repartir mucha pasta. Los clubes dicen: «Hay que acabar con la prensa y montar nuestros propios gabinetes y nuestra propia comunicación». Y se acabó. Ahí se jodió todo y nosotros no supimos reaccionar.

Hay periodistas que han trabajado en esos departamentos y después han regresado al periodismo. Joaquín Maroto o Siro López, por ejemplo.

Son gente de raza, como yo.

Por eso terminan saliendo de esos puestos.

Claro. Para un periodista de verdad es insoportable. No puedes vivir así, haciendo y permitiendo determinadas cosas. Maroto salió de allí con dos cojones.

¿La falta de protagonistas ha provocado también un cambio de fórmula en los programas?

Por supuesto. Los protagonistas dan vida a un programa. Una entrevista puede cambiarte la noche, descubrir un asunto que no tenías previsto o provocar una discusión nueva. Para mí, hacer periodismo consiste en crear un programa distinto cada día. Hay mil temas y mil historias en Sevilla, Valencia, Valladolid, Gijón o cualquier otra ciudad. Cada día ocurre algo.

Lo más cómodo es reunir a varios periodistas y hablar durante una hora y media de los mismos equipos. Buscar protagonistas, preparar secciones y hacer llamadas exige bastante más trabajo. Siempre he preferido que el programa tenga varias cosas y que no dependa únicamente de una tertulia.

Sin embargo, muchas veces la fórmula actual se limita a una tertulia interminable.

Ahora no se complican la vida. Hacen una hora y media de chau, chau y ya está. Parece mentira con todos los medios que tienen. Personalmente, hago cada día un programa de la nada, con gente que me quiere y que me ayuda. La profesión me quiere porque siempre he tratado bien a todo el mundo.

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¿No se ha convertido el periodismo deportivo en una especie de Gran Hermano de periodistas?

Sí, aunque la situación también empuja hacia eso. Al desaparecer los protagonistas, los periodistas ocupan su lugar. Pero se podrían hacer otras cosas.

La financiación de los programas deportivos también ha cambiado mucho. Antes existían anunciantes de whisky o tabaco…

La retirada de la publicidad de alcohol y tabaco y las restricciones a las apuestas han matado una parte importante del negocio de la radio deportiva y del propio deporte. Había muchos patrocinadores. ¿Por qué no puedo anunciar JB, Ballantine’s o lo que me dé la gana? La gente adulta bebe porque quiere. Yo fumé hasta hace cinco años. ¿También van a decirme que no puedo salir a la calle a fumar? Pues no me sale de los cojones.

Las apuestas plantean un problema distinto porque pueden arruinar familias.

Depende de cómo se utilicen. Una publicidad controlada ayuda a financiar un proyecto periodístico. Lo que no entiendo es que se permita en determinados horarios y se prohíba en otros de una manera arbitraria. Hay muchísimo dinero en juego.

¿Qué futuro le ves a la prensa y al periodismo de calle?

Complicado, jodido. Me da pena que no se vendan periódicos, que desaparezca el papel y que todo esté en digital. La gente sigue escuchando la radio, pero los jóvenes ya no la consumen igual. Están todo el día con el puto teléfono y ahí lo tienen todo: la radio, la televisión, la prensa o lo que quieran. Cuando voy en el metro y veo a todo el mundo mirando el aparato pienso: «¿Qué está pasando aquí?».

La tecnología también permite escuchar cualquier emisora desde cualquier sitio y llegar a gente que antes estaba fuera de tu alcance. Eso es bueno. El problema aparece cuando se utiliza para hacer todo desde una mesa y dejar de llamar, viajar o hablar con la gente.

También es culpa del camino que sigue la prensa. Falta iniciativa. Hay que transmitir que buscar en internet no es salir a buscar una noticia. Un periodista tiene que hablar con la gente, llamar, moverse, ir a un entrenamiento y conseguir una entrevista, porque las noticias no suelen venir a buscarte al ordenador. Hay chicos que encadenan cursos y másteres, tienen una formación magnífica, pero después se sientan delante de una pantalla y no salen de ahí.

Este oficio también se aprende tratando con los protagonistas. Con el tiempo sabes cuándo alguien te está ocultando algo, qué llamada debes repetir o qué comentario puede llevarte a una historia. Si pierdes ese contacto, resulta mucho más difícil conseguir información propia.

Puedes tener toda la formación del mundo, pero este oficio se aprende también moviéndote y tratando con los protagonistas. Sin calle no hay contactos, ni historias, ni intuición.

También puede verse como una oportunidad. Han aparecido los podcast, YouTube y nuevos canales capaces de llegar a mucha gente.

Se lo digo a los jóvenes: no os equivoquéis. No quiero charlatanes, quiero periodistas. Estar en YouTube no te convierte en periodista. El periodista adquiere prestigio cuando trabaja en un medio. El medio te respalda y la gente te valora. En las redes hay cien mil personas haciendo lo mismo que tú. Que veas a cuatro triunfar y hacerse ricos no significa que vaya a ocurrirte también.

¿No puede un periodista convertirse en su propio medio? Tú eres una marca reconocible.

Pero estoy en un medio. Esa es la diferencia. Entiendo y respeto a la gente que no encuentra sitio y decide buscarse la vida en internet. Soy Parrado y tengo una marca ya construida, pero sigo dentro de un medio. Será mejor o peor, más grande o más pequeño, pero es mi altavoz y me respalda. Mi idea es estar siempre en un medio.

Eres mucho más crítico con quienes se han convertido en especialistas mundiales del mercado de fichajes.

No entiendo el negocio de gente como Fabrizio Romano. No creo en eso. Me parece que muchas veces están al servicio de las agencias de representación. Las agencias les entregan una información determinada y ellos difunden en las redes la película que a esas agencias les interesa vender. A mí eso me toca los cojones. Tú puedes ofrecerme un producto y decidiré si me lo creo o si lo compro, pero no puedes aparecer diciendo que se ficha a este o al otro sin explicar quién te lo está contando y qué intereses existen detrás.

Esas informaciones pueden convertirse en una herramienta de presión sobre los clubes.

Funcionan como una especie de chantajistas. No quiero decir más.

PARRADO73

Cada vez hay más influencers en competiciones y retransmisiones deportivas.

Hasta las federaciones los invitan para hacer programas y entrevistar a los jugadores. ¿Qué quieres que te diga? La culpa también es nuestra. No podemos quejarnos ahora porque hemos permitido que sucediera. Hemos sido responsables y ahora nos toca tragar.

Aunque tu trayectoria se ha identificado sobre todo con el fútbol, también has cubierto muchos otros deportes.

He hecho de todo: fútbol, boxeo y ciclismo. He cubierto doce Vueltas a España.

También pusiste en marcha el primer carrusel radiofónico de baloncesto.

Lo hice en la COPE. Estaban Andrés Montes, Agustín Castellote y mucha gente más. Pedro Antonio Martín Marín era uno de los consejeros de la cadena. Había sido directivo del Real Madrid, responsable de baloncesto y después secretario de Estado para el Deporte. Aprovechamos aquel contexto y creamos el primer carrusel de baloncesto.

Con los años, el fútbol ha terminado devorando casi todos los demás deportes.

Se lo ha comido todo. También al balonmano, que es un deporte que me encanta.

Hubo una época en la que el balonmano tenía referentes muy populares, como Cecilio Alonso o Lorenzo Rico.

Todavía mantengo relación con muchos de ellos. Hace un par de años hablé con varios y cuando hay un Europeo o un Mundial de balonmano intento llamar a los históricos.

Entrevisté a Cecilio Alonso y me sorprendió que alguien tan importante no ocupara el lugar que merece en la memoria deportiva.

La primera final de la Copa de Europa se jugó en el Palacio de los Deportes con Juan de Dios Román como entrenador. Estuve allí de reportero y cubrí la vuelta desde allí. El otro día, en Estudio Estadio, recuperaron también un reportaje antiguo en el que aparecía entrevistando a Ángel María Villar cuando todavía trabajaba como reportero. He tenido la suerte y el privilegio de estar en la pomada durante todos esos años.

De los periodistas actuales, ¿quién te gusta?

Escucho y respeto a todos. Sigo la COPE, la SER y, sobre todo, Radio Marca. Marca me gusta mucho porque me dio la oportunidad de volver al escaparate en un momento determinado de mi carrera y siempre estaré agradecido. El día que me marché, toda la redacción se levantó y me aplaudió. Eso es la hostia para un periodista. Hay muy buena gente y muy buenos profesionales allí. Me gusta cómo narra Varela porque es diferente. Me gusta Manolo Lama, que sigue al pie del cañón con dos cojones. Me gustan Antón Meana y Tala en la SER, Antonio Romero… Sigo a mucha gente, aunque fundamentalmente de la radio.

¿La televisión te interesa menos?

Mucho menos, la verdad. He hecho televisión y he estado en programas como Estudio Estadio, pero lo mío siempre ha sido la radio. Nunca he tenido dudas.

¿Por qué?

Porque la radio es mi vida. Estoy aquí porque es mi vida.

Antes defendías la fuerza de una marca como la SER. ¿La audiencia de un periodista depende más del medio en el que trabaja o de su propio talento?

El medio influye, claro. No es lo mismo trabajar en una cadena nacional, con una estructura enorme y muchísima audiencia, que hacerlo en una emisora pequeña. El gran medio te coloca delante de mucha gente desde el primer día y eso ayuda.

Pero si piensas que todo depende de estar en la SER te equivocas. Da igual trabajar en Radio Vallecas que en la SER. Si eres bueno y tienes raza, terminarán buscándote y fichándote. Puede que al principio te escuche muy poca gente, pero el talento acaba circulando. El medio te da el altavoz; después tienes que demostrar que mereces estar allí.

Aunque al principio no te escuche prácticamente nadie.

Aunque no tengas audiencia.

Hay una filosofía que muchos periodistas repiten: trabajar siempre como si te estuviera escuchando todo el mundo.

Eso es exactamente lo que hago. Salgo cada día como si me escucharan un millón y medio de personas. Me da igual la cifra real. Aunque la audiencia fuera pequeña, prepararía el programa de la misma manera. No puedes esperar a llegar a una gran cadena para tomarte en serio tu trabajo.

Salgo y soy yo. La gente pone la radio y enseguida identifica a Parrado. Lo más difícil es lograr que escuchen unos segundos y digan: «Coño, es Parrado». Cuando consigues que te reconozcan por la voz y por la forma de hacer el programa, ya has construido algo propio.

Hay personas que te reconocen únicamente por la voz.

Muchas. Me escuchan hablar por la calle y se acercan. Para mí eso es la hostia.

También te encontrarás con periodistas de mi generación que te dicen que empezaron a escuchar la radio contigo.

Y me encanta. ¿Cómo no me va a gustar? Es una ilusión enorme que periodistas de otra generación me digan que empezaron a escuchar la radio conmigo. Ese es mi legado. ¿Qué más puedo pedir? He hecho muchos programas y he pasado por muchas emisoras, pero saber que acompañaste a la gente durante años tiene un valor especial. Encima, siento que el público me quiere.

Después de tanto tiempo, ¿hasta cuándo te ves delante de un micrófono?

Mientras me encuentre bien físicamente. Soy de la teoría de los americanos. Mira Larry King, en la CNN: tenía ochenta años y seguía trabajando como un campeón. Allí valoran mucho más la experiencia y no parece que tengas que retirarte únicamente por cumplir años. Si me encuentro bien y sigo disfrutando, no veo por qué tendría que dejarlo.

Me gustaría continuar, al menos, hasta el Mundial de España de 2030. Quiero llegar con ganas, seguir haciendo programas y disfrutar de otro Mundial aquí. Después ya veremos.

Son solo cuatro años.

Es poco. Mientras tenga salud, quiero seguir.

¿Nunca piensas en retirarte?

Tengo la suerte de que esto es un hobby para mí. Lo llevo en la cabeza. Me mantiene activo y eso es lo importante.

Ya no necesitas la radio únicamente para ganarte la vida. La necesitas para sentirte bien.

Sobre todo para sentirme bien, aunque también es una ayuda económica. Tampoco vamos a engañarnos.

La suerte puede permitirte llegar, pero mantenerse durante tanto tiempo es algo distinto.

Eso ya es otro milagro. Llegar puede depender de una oportunidad o de encontrarte con la persona adecuada, pero mantenerse tantos años exige moverte, adaptarte y volver a empezar muchas veces. He pasado por emisoras grandes y pequeñas, por etapas mejores y peores, y siempre he seguido haciendo radio.

Pero lo verdaderamente importante fue poder estar allí y cumplir el sueño de mi vida. Con catorce años escuchaba la radio y pensaba: «Yo quiero hacer esto». Y lo hice.

PARRADO54

4 comentarios

  1. Joan Laporta es la versión blaugrana de Florentino Pérez.

    • Hector Maillo Núñez

      ¿ Pero como se te ocurre comparar a el muerto de hambre de Joan Laporta con don Florentino Pérez que es lo mejor que le puede haber pasado a el fútbol español?.

  2. Un cadáver pseudoperiodístico. Un tipo nauseabundo.

  3. Sara la putilla feliz

    Buena entrevista.

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