Entrevistas

Juanma Castaño: «Florentino Pérez es una figura absolutamente trascendental en la historia del Real Madrid»

Es noticia

7P8A453202

Juanma Castaño (Gijón, 1977) empezó en la radio antes de tener edad para cobrar por hacerlo. De una emisora escolar y los partidos del Sporting en El Molinón pasó a la Cadena SER de Gijón, y de allí, en 2001, a Madrid, donde entró en el universo de Carrusel Deportivo junto a Paco González, Manolo Lama y Pepe Domingo Castaño. Después llegaron la televisión, Canal+, Movistar+ y, finalmente, la COPE. Desde 2016 dirige y presenta El Partidazo de COPE. Aunque la pequeña pantalla ha ido apareciendo por el camino, la radio nunca ha dejado de ser el centro de su vida profesional: “es lo que hago y lo que sé hacer”.

Nos encontramos con él el 8 de septiembre en los estudios centrales de la COPE, en Madrid. La entrevista llevaba varios meses aplazándose entre elecciones del Real Madrid, Mundial y una actualidad deportiva poco amiga de las agendas tranquilas. Era el Día de Asturias, comenzaba la Champions, la Vuelta a España llegaba a su final, Carlos Alcaraz jugaba el US Open y Madrid estrenaba Gran Premio de Fórmula 1. Dentro de unas horas Castaño tendría que sentarse otra vez delante del micrófono de El Partidazo. Antes hubo tiempo para hablar de radio, fútbol, poder, periodistas, Florentino Pérez, Michael Robinson, Pepe Domingo Castaño y de esa ensaladilla rusa que, según él, no pertenece al verano, sino directamente a la vida.

¿No hay verano sin ensaladilla rusa?

Por supuesto que no. Es un plato absolutamente indispensable, pero no en mis veranos, sino en mi vida. Y además tengo suerte de que me sale bien. La asocio mucho a algo fresco, rico, sabroso, algo muy de mi casa, de toda la vida.

Igual que no hay verano sin ensaladilla rusa, ¿un hogar sin radio es como perder el sonido de la vida, tal y como dijo Pepe Domingo Castaño?

Para mí sí. La radio me ha acompañado siempre y de hecho empezó a acompañarme más de la cuenta. No me sé dormir sin que alguien me esté hablando, entonces eso a veces es un problema, porque el silencio me llega a sorprender mucho. Es verdad que también hay momentos en casa en los que estoy en silencio, que no hay nada, ni música, ni televisión, pero me estoy acostumbrando mucho a que me hablen también a mí para irme a la cama. Y yo me voy más tarde que los que me escuchan a mí. Tardo poco, pero ya tengo algunas voces muy definidas, muy identificadas de quién me duerme y quién no me duerme.

¿Quién te dormía a ti?

Toda la vida me durmió José Ramón de la Morena. Fui, digamos, de los primeros del cambio José María García–De la Morena. Los hijos escuchábamos a otro distinto al que escuchaban nuestros padres, que era García, entonces, de repente, hubo como una revolución y nosotros fuimos de De la Morena.

¿A qué suena hoy la radio?

Hoy, más que a vida, suena a crispación. Porque la radio es un reflejo de lo que pasa en la calle, y hoy la calle está más crispada. Y está crispada por todos los sitios: por la derecha y por la izquierda, y el centro es casi inexistente. Por desgracia la radio se ha convertido también en un altavoz de esa crispación que hay en la clase política, en la calle y también en los periodistas. Por eso uno de mis objetivos cuando hago un programa de radio es tratar de hacer debates equilibrados. No soporto que la gente piense igual, que todos en una mesa piensen lo mismo; a mí me gusta la discusión sana, pero la discusión, y que haya ideas de distinto tipo absolutamente diferenciadas. Y en El Partidazo creo que eso lo tenemos. Cubrimos un espectro político muy variopinto porque los comentaristas que tenemos son cada uno de su padre y de su madre, de una región de España y de una idea determinada. Eso me gusta.

Cuentas que te duermes con alguien hablándote (a través de la radio), pero sigue habiendo ruido.

Es uno de mis principales enemigos, el ruido que generamos. Lo que más me cabrea es cuando hablamos muchos a la vez. No nos damos cuenta de que esto no es tele, no nos están viendo, y es mucho más difícil entender. Por eso me molesta mucho cuando los oyentes dicen que han tenido que apagar la radio porque no se nos entendía. Mucha gente nos escucha en podcast durante el día, pero la mayoría nos sigue escuchando en directo a las once y media de la noche, y alguien que te grita a esas horas es alguien muy agresivo.

¿La radio por la noche es distinta?

Yo creía que sí, pero me estoy dando cuenta que no, porque hago un programa de noche que mucha gente escucha de día, con lo cual tiene vigencia; mi tono es exactamente igual cuando hago un programa a las once y media de la noche que cuando me toca hacerlo a las cuatro de la tarde. De hecho, vengo de hacer el programa más de 40 días en Estados Unidos, con luz solar, a las cinco y media de la tarde todos los días y yo era el mismo. Entonces creo que ese tópico de la radio que te susurra por la noche, que te habla, que te acaricia y tal, en el caso de los deportes no lo llevamos a efecto. Y ahora lo hacemos, además, con toda la intención del mundo, porque somos el podcast más escuchado de España, nos escuchan por la mañana o por la tarde, así que no creo que tenga que generar un estilo nocturno radiofónico, ni muchísimo menos. Creo que hay que hacer buena radio, y la buena radio no tiene hora.

7P8A455514

¿Qué es la «técnica neoyorquina»?

[Risas] Esto viene de hace muchísimos años. Había estado de vacaciones en Nueva York y fue una cosa que había escuchado en la radio americana. Es una técnica para mantener al oyente y a los contertulios enganchados. Entonces, cada vez que meto la pata un poco, digo que es una «técnica neoyorquina». Pero ha calado mucho y queda como algo que no sabemos exactamente lo que es, pero es algo que a mí me ayuda mucho a salir del paso y para reírme de mis propios errores.

¿Crees que se está profesionalizando la naturalidad?

Hombre, no debemos confundir naturalidad con un nivel bajo o con grosería. Una cosa es la naturalidad –ser auténtico, expresarte de la forma en la que te entienda la mayoría de la gente, siempre tratando de mantener una riqueza a la hora de ponerte delante del micrófono– y otra cosa es algo que no pase de una barra de bar. Tiene que haber una diferencia. O sea, cuando tú hablas en la radio tienes que mantener un respeto, evitar ciertas cosas que, por ejemplo, en redes no siempre se evitan. Con lo cual, aquí pasamos todavía a un filtro, un control de calidad; cuando hablamos sabemos que estamos no solo hablando por nosotros mismos, sino, en mi caso, por una empresa como la COPE, y si yo meto la pata, no solo me meto yo en un problema, sino que estoy metiendo en un problema a mi empresa. Lo tengo muy metido en la cabeza: no sólo me represento a mí, represento al equipo que está conmigo trabajando y represento a esta casa, que tiene un estilo, una línea que más o menos tengo que respetar. A mí no me mandan en la COPE que sea militante de la COPE, pero yo entiendo que la COPE quiere que no atente contra los principios básicos de la cadena.

¿Era igual en la Cadena SER?

Exactamente igual, sí. Es un sentido de responsabilidad. Es decir: un camarero que está trabajando en un restaurante no quiere tirarle la copa de vino al cliente porque, aparte de la vergüenza que pasa él, a lo mejor ese cliente no vuelve al restaurante, ¿sabes? Esto no es como el que se pone una cámara en su casa y habla en un canal de YouTube y es sólo él mismo. En mi caso hay muchas emisoras por España, muchos compañeros, entonces tenemos que ser conscientes de que estamos representando, cuando hablamos y cuando tomamos la palabra, a mucha gente que está currando y que esto es su vida.

¿Estabas presente la noche de la Super Bowl del 2010?

Pues yo te diría que no, que esa no la hice, y si la hice no me acuerdo.

Pero recuerdas lo que pasó…

Sí, recuerdo lo que pasó. Fue una metedura de pata con un anunciante [Cosentino]. El anunciante se enfadó, la cadena se enfadó, todos se enfadaron… y aquí estamos. Y no nos ha ido mal. Quiero decir que el desencadenante fue trágico, pero la solución fue buena y estamos felices, muy felices.

Luego retomaremos este asunto… Antes quería preguntarte por tu primera vez en El Molinón con tu abuelo.

Fue muy pronto. Mi abuelo era socio del Sporting de Gijón y me hizo socio. Veía los partidos con él y ahí me aficioné no solo a ver los partidos, sino a estar durante la semana pendiente de lo que pasaba en el entorno del Sporting escuchando la radio.

Y a la vez tenías una radio pirata en el colegio.

Sí, pero no era pirata. Lo que teníamos, cuando había fiesta en el colegio, era una emisora de radio y hacíamos un programa de un alcance mínimo, pero las manzanas de alrededor del colegio las pillábamos. Y luego, por otra parte, durante el año escondía un cable a lo largo de la manga, un auricular en la palma de la mano y a veces me ponía en clase con la mano en el oído y escuchaba la radio mientras estaba dando clase.

¿Por qué estudiaste Derecho y no Periodismo?

Porque mis padres no tenían dinero para costearme la vida en Madrid. No podían pagarme estar viviendo fuera de casa, que es algo que le pasa a muchos jóvenes en España, que no tienen la posibilidad de vivir en un colegio mayor o en un piso de alquiler y pagarse la comida. Mi padre era un Policía Nacional que cobraba 200.000 pesetas y había que pagar el piso, la comida… También estaba mi hermana y no llegaba para mandarme 80.000 o 100.000 pesetas al mes de entonces para que estudiara, entonces opté por Derecho. El otro día estaba viendo que en la Universidad de Oviedo iban a incluir nuevas licenciaturas y tal, y es increíble, con el historial que tiene el periodismo asturiano, que siga sin haber Periodismo en Asturias. Todavía hay alguien que se opone a que haya una universidad privada que cubra esa ausencia. Es increíble.

7P8A457921

¿Quién se puede oponer a eso?

El Gobierno del Principado, por ejemplo, no está de acuerdo en que vaya la Universidad Europea de Madrid a Asturias porque interpreta que en Asturias tiene que haber universidades públicas. Yo digo que haya universidades privadas, porque así abrimos la posibilidad de que haya carreras que no están en la pública y que la gente pagará por hacer la carrera pero podrá vivir en casa. Sería un ahorro para muchos que quieren estudiar y tener una carrera que no haya en Asturias.

¿Crees que es un tema político?

Sí, claro. Están los que quieren parecer que siempre son de izquierdas o los que quieren parecer que siempre son de derechas. Y lo digo por los dos lados. Dicen que no les gustan las universidades privadas porque son para pijos, pues no son para pijos, son para gente que a lo mejor le viene bien tener esa licenciatura al lado de casa y pagar una matrícula porque así no tiene que pagar el piso, los viajes, la comida, la ropa, etcétera.

En tu caso, al final la radio te pudo y contactaste con la Cadena SER de Gijón para obtener el teléfono de…

…del Pitu Abelardo [Fernández]. Fui directamente a la puerta de la radio a hacer una entrevista con Manfredo Álvarez primero y después fui a pedir el teléfono de Abelardo. Esto era para una revista del colegio.

La Inmaculada.

La Inmaculada, efectivamente. Hice las dos entrevistas y en la radio vieron que era espabilado, que tenía ganas de moverme… y ellos tenían un programa que se llamaba Jóvenes y Campeones, así que dijeron: «Pues venga, entra». No me hicieron ninguna prueba ni miraron si hablaba bien o mal. Me pusieron delante del micro el primer día y me mandaron a un partido para que después, cuando acabara, entrevistara a dos jugadores y al volver contara el partido y pusiera las dos entrevistas. Y eso fue lo que hice. Hasta hoy.

Le echaste jeta.

¿Ellos o yo?

Tú.

¿Yo? Mucha. Estaba haciendo lo que me gustaba. Es que yo quería hacer eso: trabajar en un programa de radio.

El primer partido que cubriste era de Copa del Rey en El Molinón entre el Sporting de Gijón y el Deportivo de La Coruña. El Depor ganó con dos goles, uno de Javier Manjarín, que curiosamente había jugado en el Sporting de Gijón, y de Julio Salinas, que al año siguiente ficharía por el Sporting. Fue el 30 de mayo del 95. ¿Cómo recuerdas ese primer partido?

Pues con una cagada histórica por mi parte [risas]. Cuando acabó el partido entrevisté a Donato [Gama da Silva]. Recuerdo que él hacía un anuncio en la tele en el que anunciaba un libro que se llamaba Fuerza para vivir. Donato pertenecía a una especie de escuela evangélica o algo así, no sé exactamente cuáles eran las características, y decía que lo más importante de su vida era su relación con Dios. Había varios personajes públicos que anunciaban ese libro. Entonces, al terminar el partido, le hice una pregunta que era algo así: «Bueno Donato, el Sporting necesita fuerza para quedar en Primera División… Te lo digo por lo de Fuerza para vivir y tal». Y bueno, le pareció fatal: «No es un tema para bromear, no me gusta que me hagan bromas con el título del libro…». Pensé que aquel era mi primer y último partido. Me montó un pollo… Luego, con el paso de los años, por supuesto ya nos vemos y nos reímos, pero aquel era mi primer partido y metí la gamba de esa forma.

¿Alguien de la radio te dijo algo?

No. Recuerdo que a Manfredo, que estaba haciendo el partido, le dio un ataque de risa cuando vio el cabreo de Donato conmigo. Yo era un chaval que pesaba 40 kilos y tenía 17 años y claro, estaba temblando mientras Donato me echaba una bronca del copón. Manfredo estaba muerto de risa, pero me dijo que no me preocupara. Luego, al final del partido, Manolo Castelo (compañero de la SER Coruña), que en paz descanse, organizó una especie de encuentro conmigo y con Donato para que le pidiera disculpas o para darnos la mano. Nos dimos la mano y él, como buen cristiano, me perdonó.

7P8A456515

En Gijón cada tres meses te daban un cheque de 20.000 pesetas.

Sí. Ese era mi sueldo. Junté tres cheques y me compré una minicadena, la primera compra de mi vida con mi propio dinero ganado. Pero eran tres cheques de El Corte Inglés, o sea que no era dinero.

Como vales, ¿no?

Sí. Tú no podías gastarte ese dinero en un bar, por ejemplo. Me acuerdo que costaba 60.000 pelas la minicadena, 360 euros de hoy en día. Era de la marca Aiwa, que yo creo que ya no existe, pero era muy mítica entonces.

¿No cobrabas para comer, por así decirlo?

No, no. ¿Cómo? Íbamos allí, hacíamos el programa, y nos decían: «Vosotros sois menores de edad, no podéis andar cobrando, sois chicos que vienen aquí a hacer un programa en plan… jugando y tal…». Luego, cuando cumplí los 18, me hicieron un contrato ganando lo minimísimo. Pero yo estaba encantado de la vida, no me podía creer que me pagaran por ir a la radio. Mi primer sueldo pudieron ser 40.000 ó 45.000 pesetas por ir a trabajar los fines de semana y echar una mano un día a la semana. Era un chollo: vivía en casa de mis padres, me daban 40 y pico mil pelas… Me sentía millonario.

¿Cuándo das el salto a Madrid?

Hace 25 años justo ahora. He cumplido más años en Madrid que en Gijón. Ya soy más madrileño que asturiano. Fui a Madrid en 2001 porque escribí a Paco González. Él un día me mandó una nota, después de una temporada… La tengo muy grabada: «Se acaba la temporada y he querido mandar mil cartas de felicitación o de agradecimiento y al final solo he escrito tres de felicitación y una es a ti. Felicidades por el año que has hecho. Ha sido increíble. Me lo he pasado muy bien contigo. Ojalá podamos trabajar muchos años juntos». Me quedé flipando de tal manera que al principio pensé que era una coña de Manfredo, porque la carta me la habían dejado en la radio. No creía que Paco hubiera reparado en el que hacía inalámbricos en El Molinón. Llamé a Paco y le pregunté. Entonces me contestó: «¡Claro, coño!». Yo le dije que me gustaría probar un día a trabajar tres meses en Madrid y ver cómo lo hacían. Y nada, aparecí un verano en Madrid. Me fui con una maleta y media, dormí en un colchón en casa de mi prima María del Mar en Las Rosas, cerca del Metropolitano, durante todo el verano. Fui inmensamente feliz, no me podía creer que me cruzara por el pasillo con Iñaki Gabilondo, Carlos Llamas, Joaquín Luqui, Fernandisco, Tony Aguilar… Y por supuesto Manolo Lama, Paco González, Pepe Domingo Castaño… Estaba alucinando. Pensé que esa gente tenía otros pasillos distintos a los de los redactores normales. Iba a la máquina de café y estaba allí Carlos Llamas. O iba al baño y meaba al lado de Tony Aguilar. Era increíble, porque estaba con los mejores. Me quedé en Madrid porque el verano fue bien. Le eché la jeta que le he echado a las cosas cuando tengo que pelear por algo. Me preguntaron si quería seguir… y seguí.

¿Guardas la carta que te mandó Paco?

Pues creo que me la tiró mi madre, fíjate. De esto que te vas de casa y hacen limpieza: «Estaba tu habitación hecha un desastre y no tenías ahí más que papeles». Era una cartulina, como una tarjetita. Y no la tuve hasta hace muy poco, pero alguien hizo una limpieza en casa y tiró cosas importantes, y esa lo era mucho. De todas formas no estoy seguro de que esté tirada. Con lo cual, voy a hacer una intentona por echar un vistazo en Gijón, a ver si aparece.

Cuando estabas en Madrid, cobrabas muy poco, tengo entendido, entonces fuiste a José Ramón de la Morena, que te mandó hablar con Antonio García Ferreras.

Bueno, se me acabó el dinero que tenía ahorrado. Estaba viviendo en Madrid y aparcar el coche un día costaba más que el mes de aparcamiento en Gijón. Y luego, claro, la vida era más cara, el alquiler, la comida… Todo eso a mí me lo habían pagado hasta entonces, porque vivía con mis padres, así que llegué a José Ramón y le dije que me iba. Pero se lo dije de verdad. «Estoy encantado, pero es que yo así no puedo, no me llega». Entonces me pidió que esperara un momento y dos minutos después me dijo que subiera a la planta de arriba para que hablara con Ferreras. «¿Qué te pasa?», me preguntó. Y yo: «No, nada… Estoy muy agradecido, pero es que no me da con el sueldo que tengo, de verdad. Me voy a Gijón, que estoy encantadísimo, pero para mí ha sido una experiencia fantástica». Entonces Ferreras me preguntó cuánto quería ganar, pero yo no sabía cuánto, pero por lo menos algo que me diera. Creo que al final le saqué 1.500 euros o una cosa así. Si yo ganaba 700 u 800, le saqué el doble prácticamente. Fue un subidón. Y Ferreras me dijo: «No vengas más a pedir un aumento».

¿Dónde estuviste viviendo? O sea, ¿en algún momento dejaste de vivir con tu prima?

Viví en Atocha, en una época donde para coger un piso de alquiler había que hacer cola en los portales porque no había. No se me olvidará. Los dueños de los pisos hacían un casting, macho. Tenías que ir a ver el piso y luego te preguntaban de qué trabajabas, que si tres meses de fianza… Te miraban, querían saber si tenías perro, si ibas a ir con amigos o con una novia… Hasta que me aceptaron en un piso en la calle Murcia, en Atocha. Es el piso donde pasé más calor de mi vida. ¡Imagínate! Era un piso viejo sin aire acondicionado.

7P8A460326

¿Carrusel Deportivo era de todo menos un programa de radio?

No, era sobre todo un programa de radio, como lo es Tiempo de Juego: la participación de diferentes talentos, diferentes formas de contar las cosas, y sobre todo un concepto, que es estar siempre en directo, estar en los sitios, viajar con los deportistas… Para mí es sobre todo un programa de radio, porque lo otro, lo mío [El Partidazo], ya es más una tertulia, un análisis, pero realmente lo que está pasando en directo es el concepto que ha hecho Paco toda la vida.

¿Crees que en algún momento un estudiante de Periodismo que escucha la radio puede desilusionarse porque ve el truco, lo que hay detrás?

Pues mira, yo diría que hoy en día ya no hay truco porque –no sé si por suerte o por desgracia– ya nos ven. Ahora la radio es televisada, entonces hay poco truco; a mí se me ven mis cabreos, mis gestos, se me ve cuando algo me gusta y cuando algo no me gusta, y desde luego se me ve si estoy guapo, feo, gordo o delgado. Antes la gente no conocía a los locutores de radio, había una magia detrás de las voces que hoy en día ya no existe. Añoro mucho eso. Me pasa con el mundo podcast. Hay uno, Hotel Jorge Juan de Javier Aznar, en el que he estado como invitado. Soy muy fan de Javier por cómo hace las cosas. Vas allí y no te sacan ni una foto ni hay vídeo. Es solo sonido. Eso me parece que tiene un punto romántico que la radio ha ido perdiendo por obligación, porque tiene que competir para sobrevivir, tiene que entrar en todo este juego de la comunicación 360 (la foto, el clip, la noticia en la web…), entonces solo el audio es algo mágico. Ese es el truco que ha perdido la radio.

Dijo Iñaki Gabilondo una vez que «quien te ve por la televisión, no te conoce; quien te escucha por la radio, te conoce».

Es que esa es la complicidad que tú adquieres con tus oyentes fieles. A mí la gente me dice por la calle cosas que me asustan porque es que me conocen de verdad, saben lo que me fastidia, lo que me hace gracia, lo que me enerva… El nivel de conocimiento que hay por parte del oyente ante una persona que se pone todos los días delante del micrófono es bárbaro. También se tiene que desnudar un poco, porque hay mucha gente que se pone delante del micrófono y se protege, pero yo en ese sentido voy bastante a pecho descubierto.

¿Cómo viviste entonces tu paso a la televisión?

Siempre he visto la tele como un complemento de la radio, nunca la he visto como una salida profesional. La he visto como algo que me ha ayudado a crecer dentro de la radio, incluso dentro de la comunicación; me ha ayudado a manejar otros lenguajes, otra forma de comunicarme… Pero nunca se me ha pasado por la cabeza dejar la radio, nunca. Y hay veces que no he estado en la radio muy bien, pero siempre he pensado que merecía la pena seguir en ella. Entonces, cuando apareció la tele, llegó con toda la tranquilidad del mundo, porque nunca he querido ser una estrella de la tele. Al no querer serlo, le quito una presión increíble. No sufro con la tele, la disfruto. Es un medio más de trabajo para mí, pero no es mi objetivo vital y tampoco es mi meta.

¿Cómo te llegó esta oferta?

Por Elena Sánchez Ramos, que en paz descanse. Cuando nació Cuatro, en el año 2005, se puso en marcha un programa que se llamaba Maracaná. Yo iba allí a entrevistar al público. Lo que hacía era lo más irrelevante que puede hacer una persona en la tele, porque es, con todos los respetos, entrevistar a la gente para ver qué opinaban de ciertas cosas. Resulta que yo tenía dos intervenciones en el programa, que duraba dos horas, así que tenía que hacerlas muy bien. Recuerdo que el público era pagado y muchos eran extranjeros que ni tan siquiera hablaban castellano. Estaban allí haciendo bulto, aplaudiendo, pero no sabían de lo que se hablaba en el programa, con lo cual yo tenía momentos de acercarme a alguien para hablar con él y me hacía gestos con las manos, como queriendo decir: «A mí no me entrevistes, que no estoy entendiendo nada». [Risas] Bueno, fue una forma de entrar y siempre se lo agradeceré a Elena. Me acuerdo muchísimo de ella, aparece recurrentemente en mi cabeza.

¿Tuviste alguna intención de quedarte en la tele?

No, nunca. Solo hubo un año que no hice radio, que fue cuando se fueron estos de la SER y yo me quedé en un limbo. No me quería ni la SER y tampoco podía venir a la COPE porque tenía contrato con Canal +, entonces me quedé un año sin hacer radio. Pero sabía que iba a volver, porque en cuanto acabara el contrato con Canal + yo sabía que iba a fichar por la COPE. Entonces estaba tranquilo. Pero siempre he querido estar en la radio.

7P8A455413

¿Fue ManoloLama el que te dijo que no dejaras la radio?

Sí, fue Lama. Esa frase la tiene grabada a fuego: «La radio no la dejes». Creo que es el mejor consejo que me han dado en la vida. No voy a dejar la radio ni aunque me echen. Es decir, si me echaran, yo iría a buscar trabajo a una radio, porque es lo que hago y lo que sé hacer.

[En ese momento se enciende la pantalla del teléfono móvil de Juanma Castaño. Resulta ser, precisamente, Manolo Lama. «Luego le llamo», comenta el entrevistado, que sigue con la conversación.]

Hablas que cuando tus compañeros se marcharon de la SER tú te quedaste en un limbo. ¿Cómo viviste esa situación?

Un poco alejado, fíjate. Lo viví en directo el día que pasó, porque yo estaba con Manolo Lama en Hamburgo haciendo una final de Europa League que ganó el Atlético de Madrid de Quique Sánchez Flores al Fulham. Sin embargo, lo que fue luego todo el proceso de Paco, la entrada y salida, ahí no me enteré de muchas cosas, también porque fue el Mundial 2010 y yo estaba haciéndolo con Canal +, y ellos estaban maquinando todo, y como sabían que yo no iba, pues no participaba. Estaba un poco al margen. No soy la persona más indicada para hablar de todo ese proceso, porque me pilló un poco de manera tangencial, aunque estaba alineado con Lama, Paco y Pepe, clarísimamente.

Entiendo que José Ramón de la Morena no se lo tomó demasiado bien.

No, porque tampoco José Ramón mostró mucho interés en que yo me quedara. Porque tampoco me llamó para decirme: «Oye, vente conmigo». Y me llevo muy bien con José Ramón, pero no me quería ni la SER ni podía ir a la COPE, ya te digo. Me quedé en un limbo, y luego ese limbo se acabó.

Después, José Ramón de la Morena ficha por Onda Cero.

Él siguió en la SER y luego fichó por Onda Cero en 2016, el año que yo empiezo a hacer El Partidazo.

La idea era que El Partidazo fuera presentado por Manu Carreño y por ti.

Y felizmente él tomó la decisión de irse a la SER. Lo digo porque no sé cómo habría ido con los dos aquí a la vez. Pero por separado nos va fantásticamente bien a los dos, con lo cual yo creo que es mejor así. Hay parejas que están mejor separadas y que viven mejor así. Pues este es un ejemplo.

Cuando llegas a El Partidazo, ¿la estructura ya estaba hecha?

Sí, claro. Tú entras en una casa y puedes poner un enchufe aquí o cambiar una lámpara que no te gusta, pero los tabiques están hechos, tiene terraza, está amueblada la casa, la cocina es nueva… Yo en eso no me puedo quejar. El trabajo que se había hecho antes, tanto [Juan Antonio] Alcalá primero como Joseba Larrañaga después, ya dejaba un suelo de oyentes y un sonido muy importantes. Y luego, el comportamiento de los dos, de Alcalá y de Joseba conmigo, fue extraordinario. No sé si habría estado a la altura, como lo estuvo Joseba, por ejemplo. Él ha tenido un comportamiento increíble conmigo, ayudándome siempre que lo he necesitado y siempre con muy buen tono. Joseba es un compañero alucinante.

¿Qué sucedió con Juan Antonio Alcalá?

Con Alcalá lo que sucedió es que en el Mundial de Qatar se vio sobrepasado por las críticas, por las redes sociales, por lo de Luis Enrique… Le ofrecimos renovar el contrato y dijo que no quería continuar. Fue decisión suya, por una cuestión personal; no soportaba esta historia que hay ahora de que dices cualquier cosa y se te echan encima, y no quiso continuar.

Cito textualmente lo que escribiste en su momento en Twitter. «La edición de un audio de Luis Enrique anoche en El Partidazo ponía en su boca una frase, en tono de broma, de una espectadora en el chat de su canal de Twitch. El más enfadado soy yo, lo aseguro, y pido disculpas en nombre del programa. Perdón».

Pedí perdón porque el director del programa soy yo, y pedimos disculpas. Pero nos ha pasado más veces y esto no ha roto la estructura de este edificio, ni muchísimo menos. Durante el año son muchas horas en directo y hay veces que uno comete errores, y lo que tienes que hacer es subsanar el error de la mejor manera posible. Entonces, sencillamente se pidió disculpas por eso y la verdad es que nunca más ha habido ningún problema. Luis Enrique no creo que pueda decirme nada. En su día le pedí perdón. No puedo hacer mucho más.

7P8A456716

Pero una cosa es un error, una metedura de pata sin querer, y otra es que haya una edición de audio previa…

Sí, claro. Ese es el problema. Pero la edición del audio no estaba hecha a mala fe. Buscaba una gracia que no la tenía y esto tuvo unas consecuencias que no fueron buenas. Punto final. No hay más. No estábamos buscando derrocar ni dejar mal a nadie. Sencillamente fue una metedura de pata sin mala intención y sin ningún propósito más allá de buscar reírnos de un contexto que no existía.

Siguiendo con esto y la relación con los jugadores, estaba recordando lo que Isco Alarcón escribió en 2018 sobre ti en sus redes sociales: «Una profesión, dos varas de medir. Vergonzoso». Después, tu respuesta fue: «Tiene todo el derecho del mundo a pensar que lo que yo hago es una mierda, pero entra dentro del juego».

Sí, lo sigo pensando. Isco puede pensar que lo que yo hago es una mierda, pero Isco y cualquier jugador, por supuesto. Pasa una cosa en el periodismo, que es que estamos muy acostumbrados a juzgar, a hablar del trabajo de los demás (de un entrenador, de un jugador, de un directivo, de un presidente…) y de repente nos consideramos intocables. Yo interpreto que pueden perfectamente criticarnos y más a una figura como la mía, que soy el director del programa. Por supuesto, solo faltaba. Solo digo que haya unos límites de educación y de respeto y que tengamos cuidado también a la hora de echar a la gente encima, porque es peligroso. En este caso, a raíz de este tuit de Isco, me vino una marabunta de seres despreciables en redes sociales que en aquel momento me afectó mucho. Hoy en día, con el callo que tengo, no sería lo mismo, pero en aquel momento me afectó mucho.

¿Qué piensa Florentino Pérez de lo que haces?

Bueno, ya lo dijo públicamente en una rueda de prensa: que tengo que ayudar más al Madrid. Pero es que yo no estoy aquí para ayudar al Real Madrid, estoy aquí para contar lo que pasa. Yo entiendo que a Florentino haya cosas que no le puedan gustar, pero es que le pasa lo mismo a Joan Laporta, a Javier Tebas, a Rafael Louzán y a Miguel Ángel Gil. Nosotros, por desgracia, tenemos que contar cosas que ellos no quieren que contemos y opinar de cosas que ellos no quieren que opinemos, pero tenemos una suerte enorme: trabajo en una tele como Movistar +, que tiene los derechos de la Champions League, de La Liga… Y sé perfectamente la libertad que tengo en la COPE para hablar de la Champions, de La Liga y de muchas cosas, porque como somos un medio de comunicación que no tiene una relación comercial con ellos, pues nos permite opinar con mucha libertad. Y como tampoco les debemos nada, porque no nos dan nada, pues estamos en una situación privilegiada en ese sentido.

¿Te ha llegado a responder Florentino Pérez al WhatsApp que le enviaste antes de las elecciones?

No, nunca. Lleva ya sin contestarme por lo menos tres años. No le he escrito mucho, evidentemente, pero ya no me responde.

¿Crees que Florentino Pérez está por encima del Real Madrid?

Pues no, no está por encima. Pero no está por encima ni él ni nadie, porque Florentino se irá y el Madrid va a seguir. Florentino Pérez es una figura absolutamente trascendental en la historia del Real Madrid. Yo creo que es el presidente más importante en la historia del Real Madrid, aunque Alfredo Relaño me riñe cuando digo esto, porque él piensa que es Santiago Bernabéu. A Florentino Pérez le valoro muchas cosas que ha hecho, muchísimas, pero eso él no lo tiene en cuenta. Tiene en cuenta las críticas, que eso sí lo apunta, pero las cosas buenas no las suele apuntar.

Cuando uno tiene tanto poder, ¿se gana más enemigos que amigos? No solo me refiero a Florentino Pérez, sino también a Joan Laporta, Javier Tebas…

Yo creo que el poder lo que te gana son súbditos, más que amigos o enemigos. Los enemigos de esta gente están muy por arriba, porque por abajo no se puede ser muy enemigo de ellos, porque ni te lo consideran y además te pisan con el zapato. Hay una guerra por ahí arriba, en consejos de administración y todas estas cosas que se nos escapan, entonces nosotros nos movemos un poco pisando el suelo y a veces miramos para arriba y los vemos allí, batallando en el cielo, pero no podemos entrar en esa guerra.

Hace unos pocos días, la cuenta de El Día Después en X retiró el vídeo en el que pillaron a Rodri Hernández comentando con Pau Cubarsí en el banquillo del Barcelona lo «flojos» y «malísimos» que eran los jugadores de Valencia. Esto ha levantado sospechas y se cree que se eliminó el clip porque hubo un telefonazo del Barça.

Es muy fácil opinar si no eres el Jefe de Deportes de Movistar +. Si eres el Jefe de Deportes de Movistar + y publicas este vídeo y el Barça te dice que si sigue el vídeo en las redes ya veremos cómo nos llevamos en los próximos meses, habrá que ver la solución que tú tomas, teniendo en cuenta que el vídeo sigue disponible en la plataforma. Yo entiendo que lo normal es no quitar el vídeo, pero Movistar + da todos los partidos del Barça de Champions y la mitad de los partidos de liga del Fútbol Club Barcelona y de Copa del Rey. Eso son muchas entrevistas pospartido, previas, programas… Si tú generas con el Barça una animadversión grave por ese vídeo o porque ese vídeo sigue en redes, a lo mejor alguien ha pensado que van a seguir perdiendo más que ganando con el vídeo y por eso lo han quitado. Dicho esto, el vídeo se ha quitado y es como si no se quitara, porque sigue estando ahí; cuando tú sueltas algo en redes, la gota ya está en el océano y a partir de ahí la mancha se extiende. Entonces, si yo fuera el Jefe de Deportes de Movistar +, diría: «No te preocupes, lo quito de las redes de Movistar +, pero esto está en Marca, en la COPE, en el As, en Instagram… y mi sello de Movistar + va a estar en todos esos sitios». Lo digo consciente de la dificultad que tiene el puesto de Jefe de Deportes de Movistar +, precisamente por tener los derechos de las competiciones que te he nombrado. No es lo mismo ser una tele outsider, de fuera, que ser la tele que da los deportes.

7P8A474445

¿Entonces fue un telefonazo del Barça?

Todo apunta a que sí. Supongo que Movistar + no habrá quitado el vídeo por voluntad propia.

Cito unas palabras de Gay Talese en La Razón: «El periodismo deportivo es el único verificable». ¿Estás de acuerdo?

Hay un imbécil que dijo hace poco que el periodismo deportivo era al periodismo lo que la música militar era a la música. Un gilipollas, un periodista que conozco perfectamente además. El periodismo deportivo es un estilo de periodismo que tiene mil defectos pero que tiene unas virtudes que no existen en otro tipo de periodismo. Uno es el atrevimiento, porque podríamos hacer una noche electoral, los atentados de las Torres Gemelas, una manifestación en contra de lo que pasó en Ceuta… Podríamos hacer muchas cosas en la radio, siempre que fuera en directo y dando testimonios de personas, porque tenemos ese concepto de periodismo que es estar en la calle y contar lo que está pasando en directo sin tener que escribirlo. Así que yo soy un defensor de los periodistas deportivos que son reporteros y que lo que hacen es describir en directo lo que están viendo, que es algo que parece muy básico y que no todo el mundo sabe hacer en la radio porque hay gente que solo sabe leer un papel. Defiendo el papel del periodista deportivo que va a un campo de fútbol y de repente le dan paso y le preguntan qué está pasando y él lo cuenta tal cual. El periodismo deportivo es una cosa que echo muchas veces en falta en otro tipo de periodismo.

En la previa del partido de Champions del Real Madrid contra el Inter de Milán, Kylian Mbappé dio por sorpresa una rueda de prensa en la que, dijeron, se le atacó y él respondió con cierta hostilidad. Tú, en El Partidazo, defendiste que eres de atacar cuando se hace una pregunta.

Sí, hombre. Yo entiendo que estaban todos en su papel y pinchar para que salte el otro es más antiguo que el hilo negro. Tú vas a una rueda de prensa y la intención es no faltar al respeto, pero también es buscar la reacción del protagonista y acudir a esos temas donde tú sabes que puede aparecer algo. Y aparecieron cosas en la rueda de prensa de Mbappé. ¿Por qué? Porque le sacaron las Copas de Europa del Paris Saint Germain, porque le sacaron que no defiende tanto como Raphinha [Raphael Dias Belloli] y como [Ousmane] Dembélé, porque le sacaron el Balón de Oro… Entonces, claro, cuando pisas esos callos, el otro levanta el pie y se revuelve. Y a mí eso es lo que me gusta, por supuesto. Creo que estuvieron todos en su papel y no puedes llamar chulo a Mbappé si se revuelve porque le estás pisando. Si tú no le pisas, no se revuelve.

¿Crees que a los futbolistas se les está tratando como estrellas de rock? ¿Están hiperprotegidos?

Sí, pero es peor, porque pierden rodaje. ¿Sabes lo que pasa? Que no tienen rapidez en la contrapregunta. Han perdido la dinámica de ser ágiles, rápidos, de tener mala leche a la hora de responder. Acuden todos al tópico porque tienen mucho miedo a los titulares y porque los clubes les han metido mucho miedo: «Ten cuidado», «No digas esto», «No digas lo otro»… El futbolista no es tonto, puedes darle un consejo, pero hay que fiarse de él, porque puede hacer cosas buenas. Nosotros en el Mundial hemos hecho entrevistas a jugadores de la Selección Española y todas han dejado bien parados a los jugadores. Y les he apretado, ¿eh? Con lo cual, son más listos de lo que la gente y los clubes piensan. Lamine Yamal, por ejemplo, es un tío, para mí, muy inteligente. La gente le ve y piensa que es un niñato, pero no tiene nada de niñato, solo la edad, porque la cabeza la tiene muy bien amueblada, y en una entrevista personal sabe perfectamente con quién se sienta y lo que tiene que decir. Desde muy pequeño tiene claro.

Fue sonada tu entrevista con Marcos Llorente…

Mira, me pasó una cosa… Yo no soportaba a Llorente, me caía mal, pero fui a hacer la entrevista y salí enamorado de él. Es un tipo con el que estoy en desacuerdo en bastantes cosas, pero me parece auténtico y se la suda todo. Tiene una autenticidad que a mí me hace gracia. Es un ser distinto absolutamente.

Pero tenías un prejuicio…

Claro, lo tenía porque le veía y… Que si lo del sol, que si la coletita rubia, que si luego cuelga vinos de no sé cuánta pasta… Pero resulta que me encontré a un tío que ahora me cae bien.

¿Te han prohibido preguntar algo en una entrevista? ¿Te han censurado preguntas?

Hay temas, a veces, pero pasa muy poco. También porque igual me conocen y saben que precisamente con que me lo digan ya me pongo un poco de uñas, pero sinceramente no me acuerdo de cuándo fue la última vez que me vetaron un tema en una entrevista. No me suele pasar, porque directamente lo que ocurre es que ya no te dan la entrevista. Cuando alguien te da una entrevista es porque ya más o menos está dispuesto a hablar de casi todo.

7P8A463033

Pero eso condiciona, porque no puedes hacer una pregunta con colmillo.

O sí. Puedes darle una vuelta y llegar a decir al final: «Oye, yo no pregunté, pero acabamos llegando a este tema sin que yo preguntara». En eso hay que ser listo.

Bueno, los futbolistas dan muy poco tiempo para las entrevistas.

Sí. Pero, ya te digo, vengo del Mundial, de hacer entrevistas más largas, y no ha habido nunca una línea roja. Ni la Federación nos ha dicho nada, ni los jugadores, ni sus representantes, ni sus jefes de prensa… Nadie. Y eso es una maravilla.

Coincidí con Rubén Cañizares (ABC) en 2023 durante un viaje a México organizado por La Liga para cubrir El Clásico y entrevistar a Fernando Morientes y a Carles Puyol. El equipo de prensa de La Liga nos advirtió que no podíamos preguntarle a Puyol por el caso Negreira, pero Rubén sí lo hizo, lo que provocó el enfado de su mánager, el silencio del jugador y la finalización de las entrevistas. ¿Por qué no preguntarle a Puyol por el caso Negreira, cuando él era capitán del Barça?

Ya. Pues es una mala estrategia por parte de Puyol, porque yo creo que lo que tiene que hacer es prepararse una buena respuesta en lugar de decir «no me preguntes por esto». Siempre creo que evitar un tema concreto canta más que una mala respuesta. Entonces, lo que tienes que hacer es saber que te enfrentas a la actualidad y que tienes que hablar con naturalidad, por ejemplo, del caso Negreira. ¿Qué hubiera dicho yo en su lugar? Pues que se ganaron todos los partidos en noble lid y que si se demuestra lo contrario lo sentiré, pero que no lo notaba en el campo. Punto final.

Entonces el jefe de deportes de Movistar + tendrá que prepararse una respuesta por si le preguntan por qué se retiró el tuit con el vídeo de Rodri…

Pues como no soy jefe de deportes de Movistar +, no pienso hacerle yo la respuesta. Pero te diré que Enric Rojas, precisamente, es un tipo bastante abierto que da mucha libertad para trabajar y que es valiente a la hora de tomar decisiones. Así que no sé si la decisión del tuit es de él o está por arriba o es del presidente de Telefónica. No tengo ni idea. Pero, quien sea, que lo responda.

¿Te sorprende la corrupción que hay en el fútbol?

Corrupción… La corrupción hay que demostrarla. Hacen falta papeles, hace falta saber exactamente de qué tipo de corrupción estamos hablando. El caso Negreira es corrupción, pero todavía está sin demostrarse. Están demostrados los pagos, pero no está demostrado que esos pagos tuvieran un efecto directo en los resultados del Fútbol Club Barcelona todos esos años. Ha habido casos de corrupción que se han demostrado y que han acabado con presidentes. El Barçagate, los mensajes… Todo eso es cierto, pero hacen falta papeles. Tú no puedes salir en antena y decir que te parece que hay una cosa sospechosa ahí, porque necesitas todo.

¿Tenemos la sociedad que nos merecemos?

Es que nosotros generamos nuestra sociedad, somos una comunidad, pero lo que no sé es si tenemos los políticos que nos merecemos.

Pero se les vota.

Pero es que no hay otros. La sociedad es un monstruo que nosotros mismos hemos ido alimentando y que alimentamos cada día. ¿Tenemos la juventud que nos merecemos? Pues sí. Si hemos inventado los móviles y hemos dicho que el móvil es no sé qué y que ni Dios lee un libro, pues tenemos lo que nos merecemos.

Por lo tanto, ¿tenemos el fútbol que nos merecemos?

Pues tenemos el fútbol saneado que ansiábamos hace muchos años, que es un fútbol que paga a los futbolistas a final de mes, paga a los empleados, tiene los campos en buenas condiciones… salvo Vallecas. Tiene una seriedad a la hora de organizar los partidos, las competiciones, se televisan bien los partidos… Pero vemos con mucha nostalgia el fútbol de los 90 y de los 80, entonces hay algo que falla, porque si realmente notamos esa nostalgia de aquel fútbol es que echamos algo de menos y tú no echas de menos algo que no te haya gustado. Esto está muy bien, pero había algo allí, un aura, que se dice ahora, y aquellos sí que farmeaban aura. No sé si es el barro, si son los bigotes de los jugadores, si son las panzas de los árbitros o si son los presidentes cagándose en la madre que los parió después del partido, pero había algo en aquel fútbol que ahora, con todo tan bonito y tan estético, no tiene.

7P8A454609

No sé si me puedo imaginar a Jesús Gil enseñándote el césped del Vicente Calderón mientras te cuenta que está perfecto para jugar al fútbol y que tiene una «tonalidad bermuda», como te dijo Raúl Martín Presa.

Yo no tengo ni idea de lo que es el césped bermuda. Me puede engañar perfectamente, luego se pinta y aquí está. Le agradezco las explicaciones al presidente del Rayo Vallecano, pero a mí me parecía que el campo no estaba muy bien.

Te preguntabas hace unos días cuántos años tenía el fútbol porque todavía no terminábamos de entender las normas y las reglas que hay.

Porque las cambian. A través de monitores y de chips y de no sé qué más van cambiando las normas: el fuera de juego posicional; si el gol es inmediato a la mano, hay que ver si forma parte de la misma acción de ataque; si es residual, si le tapaba la visión pero no llegaba el jugador, si tenía la mano en una posición natural o antinatural… Hay términos que empleamos ahora que no utilizábamos antes y esto es un cambio que nos vuelve locos un poco a todos.

Y ahora el balón va con chip.

Y un balón con chip, sí, que eso viene bien. El otro día estaba con [Jorge Alberto] Valdano en la tele y cuando había una duda de si el balón había salido de banda, me preguntó: «¿Pero no había un chip?», pero el chip es solo para la línea de gol, no para la línea de banda. ¡Para que veas! Y esto lo piensa Valdano. Si lo piensa él, imagínate mi padre. Qué sabrá mi padre del chip, dónde actúa y dónde no, si es en la zona de influencia… Lo estamos liando todo de tal manera que ni los jugadores saben la norma. ¡Ni Mourinho! Porque por lo visto la norma está bien aplicada, pero él no solo no la sabe, sino que días después insiste en el error.

Después del partido del Real Madrid contra el Real Betis, durante la rueda de prensa y precisamente sobre si Marc Bartra debió repetir el penalti, se dijo que José Mourinho había empezado a «sacar la patita» por quejarse de la decisión del VAR.

Pues para mí todavía no ha «sacado la patita». Es un corderito al lado de lo que vimos. Pero vamos, tiene todo el derecho del mundo a quejarse por un arbitraje. ¡Solo faltaba! Lo único que se le pide es que no meta el dedo en el ojo a nadie y que no se suba a lomos de un jugador y no haga las cosas que hacía antes.

¿Qué opinas de cómo se comentan o se retransmiten los partidos ahora?

Ha cambiado mucho. Para empezar, ya no hay un comentarista solo. Antiguamente había un tío en Televisión Española que se cascaba el partido él solo, qué tiene mérito. Ha cambiado el tono, la forma de cantar los goles, las expresiones… También es demasiado panenkita, o un poco. Creo que a veces los canales hacen un fútbol para entrenadores. Que si el bloque bajo, que si las transiciones… ¡Ostras! Hay que hacer unas retransmisiones para el gran espectador, no para el que está viendo el partido con una libreta y poniendo flechas. Yo normalizaría las narraciones, que es lo que tratamos de hacer en la radio. Si el partido es aburrido, tienes que llevar el terreno a otro sitio. En tele es más difícil, pero hay maneras. Es muy difícil contar un partido aburrido en televisión y estar analizado permanentemente que el lateral no está doblando al extremo y que el delantero no ayuda en la presión o que el bloque bajo está muy cerca del centro del campo. Son términos que yo creo que al final están convirtiendo el fútbol a veces en un nicho que se queda reducido solo a los muy cafeteros. Está muy bien que tengas un comentarista que te dé claves, pero macho, 90 minutos dándote claves tácticas es un coñazo. A mí me explota la cabeza en casa muchas veces.

¿Cómo lo hacía Michael Robinson?

Michael te daba frases que te descojonabas. Analizaba de otra manera. No escuché nunca a Michael de esta otra forma que te digo.

Cuando falleció Michael Robinson en 2020 a los 61 años, poco tiempo después hablaste con Luis Fermoso en El Partidazo de la última entrevista que le había hecho para Informe Robinson. En ella, «el inglés» decía que a él le había llovido la suerte y que si de fortuna y suerte se tratara tendría 130 años.

Era un tipo extraordinario, diferente, absolutamente distinto y muy locuaz. Sus cenas acababan a las seis de la mañana. Nunca decía «vámonos para casa». Coincidí años con él en Sogecable. Era un tipo genial. Tenía ese aura –vuelvo al término– que le rodeaba dentro de esa casa, que era un respeto reverencial de todo lo que hacía y decía. Fue muy guay conocerle. Me da mucha pena que para él Maracaná fuera un trauma como fue, porque era un formato que no le pegaba en absoluto. Luego, con el paso del tiempo, fuimos un poco limando… No es que pasara nada entre nosotros, pero yo notaba como que él igual pensaba que a mí me había parecido mal que se fuera de Maracaná, pero nada más lejos de la realidad. Lo entendí perfectamente, es que no estaba hecho para él.

7P8A472143

Cito textualmente lo que Michael Robinson me contó al respecto en una entrevista: «Me obligaron a hacer […] Maracaná cuando nació Cuatro, pero me fui después de una emisión, porque yo no lo dirigía y necesito dirigir lo que hago. No me tomo a mí mismo muy en serio, pero sí me tomo en serio invadir el salón de estar de la gente. […] Cuando salí de Maracaná discutí mucho con la planta noble del Grupo Prisa, en concreto con la parte de televisión. Era incapaz de mentir al público. Podía mentir a los directivos con una mentira piadosa, pero nunca podía mentir al público. Estábamos ofreciendo una mierda y yo no estaba dispuesto a ofrecerle una mierda a nadie, así que me negué. Después de eso le dije a mi mujer que igual había que coger un avión y volver a Inglaterra».

Sí. Cuando vi la entrevista de Fermoso a Michael, caí en la cuenta de lo realmente traumático que había sido para él esa experiencia. Pensé que no pasaba de decir que ese no era su formato y que se piraba. Pensé que era eso, que «el inglés» no se veía ahí tampoco, yo no le veía, y creo que nadie le veía en eso. Como te digo, me di cuenta de lo traumático y lo difícil que tuvo que ser para él y lo entiendo perfectamente. Si yo me viera así en un proyecto tan incómodo, desde luego lo mejor es coger e irse.

Con la muerte de Luis Fermoso, la de Michael Robinson… ¿qué ha perdido nuestro fútbol?

Justo hoy pensé que el mejor homenaje para Fermoso había sido el vídeo de Rodri en el banquillo de Valencia. Porque ese es el espíritu de El Día Después: cazar cosas que no ha visto nadie y que son noticia y que son relevantes y que mueven la conversación, y ese vídeo es de los que todo el mundo habla al día siguiente. La ausencia de Fermoso es la ausencia de una persona que ha generado un estilo, junto con José Larraza (director de contenidos de Telefónica Broadcast Services) y con otros muchos en esa casa, como Antoni Daimiel, Nico Abad… Muchísimos. Los conozco, he trabajado con ellos, y el sello de todos es una intuición periodística mayúscula. Fermoso tenía una genialidad y una originalidad que yo no he visto en otras personas.

Raúl Román, de Informe Robinson, ha escrito en Líbero que Luis nunca tuvo la necesidad de que se le prestara atención, pero le resultaba extraño si se le comparaba con algunos de los que compartieron su oficio: «La calidad y originalidad de su trabajo eran más grandes que su ego».

Es que eso era lo que Luis lo contagiaba al resto. Estuvo muy bien Carlos Martínez cuando dijo algo así como que Canal + era una tele donde no mandaban las caras, sino las imágenes. Era más importante el vídeo de Fermoso que quien presentaba su vídeo. Esto es así. Aunque hay que decir que el que presentaba el vídeo de Fermoso era Robinson, entonces también era importante la cara. Pero yo sé lo que quiere decir Martínez: esa apuesta era por un estilo y por una forma de contar las cosas, y en eso Fermoso generó una imitación a su alrededor que fue muy buena y muy sana. Cuando tú tienes un centrocampista que es un jugón y están los chicos de la cantera viéndole jugar, quieren jugar como él. Esa es la importancia de Fermoso en Canal + y en Movistar +; la gente que hacía vídeos quería ser como él. Se ha ido, pero el legado y su enseñanza queda, y la forma de hacer las cosas. Fermoso de un tropiezo de Thomas Gravesen vio una imagen icónica, la Gravesinha. Eso forma parte del talento que, o lo tienes o no lo tienes, y este tío ha enseñado a muchos a ver cosas que prácticamente no era nada.

Si en el caso de Fermoso querían hacer tele como él, ¿en radio con Pepe Domingo Castaño sucedía lo mismo?

Claro. Pepe ha sido un maestro en la radio y en la vida. Este verano he estado en Rial, la pulpería de referencia de Pepe en Padrón. No había ido nunca y fui y sentí que me había quitado un peso de encima, porque había ido a su casa después de que le perdiéramos. Y su legado es la radio, por supuesto, como hacer grupo y divertirse. Es una de las enseñanzas que me llevo de Pepe.

¿Qué sentiste cuando escuchaste su «¡Hola, hola…!» al comienzo de Tiempo de Juego, después de su muerte?

Yo al principio no sabía cómo iba a sentar que sonara la voz de Pepe. Pero hoy lo pienso y… ¡Joder! Es que es como si le quitas la voz de Michael Jackson o de Joe Cocker a una canción. ¿Por qué tenemos que renunciar a esa voz? Tampoco era una careta radiofónica, para mí era un hit, una canción, una melodía… Y en esa melodía está la voz de Pepe, que es inmortal.

Decía que su familia le había apodado como el Marqués de Gruñón.

Sí. Eso se lo decía yo también. Es que era muy gruñón con algunas cosas, pero era un gruñón muy simpático, porque le duraba muy poco. Yo le cabreaba mucho y me encantaba; todo el mundo sabía que lo hacía adrede, así que cuando se le acababa el cabreo que ya no reíamos.

¿Qué nos queda ahora?

Nos queda un Mundial en casa y la batalla por saber si la final es en Madrid o Marruecos, y la batalla por saber cómo vamos a organizar un Mundial con un país con el que nuestras relaciones ahora son como son. Y ya no hablo de relaciones institucionales, porque hay una fractura entre España y Marruecos, una fractura social, y son nuestros compañeros de Mundial, entonces va a ser complicada esa gestión, aunque también ha habido una fractura entre México y Estados Unidos y han hecho un Mundial. Nos queda eso y nos quedan noches de radio y mucho por contar. Sé que suena un poco a tópico, pero estamos en un momento increíble: tenemos a una selección campeona del mundo que es joven –porque no hay ningún «jubilado» como quien dice– y le viene una Eurocopa y luego un Mundial en casa. Para mí eso es un aliciente para hacer radio atractiva para el oyente y sobre todo para mantener que la gente siga poniendo la radio por la noche.

Vuelvo al principio, cuando te preguntaba lo del verano sin ensaladilla y si un hogar sin radio era perder el sentido de la vida. ¿Gijón es menos hogar ahora que ha cerrado la sidrería El Chaflán?

Hay Chaflán, aunque con otros dueños, pero todavía no me he atrevido a ir. El Chaflán era un refugio personal desde que yo era un crío e iba todas las semanas a cenar allí. Entonces, como fui tan feliz en ese sitio, tengo miedo. Siento como que me prostituyo un poco si voy ahora. Y es injusto, porque a lo mejor los que lo llevan ahora lo están haciendo fantásticamente bien, pero es que yo hice un last dance en El Chaflán cuando cené por última vez y pedí mi menú: mi ensaladilla, mi espárrago relleno, las gambas al ajillo y el solomillo hecho por una cara, que es lo que cené allí durante 25 años. Entonces no quiero cenar otra cosa. No me pongas un pulpo a la brasa, que no sé si lo hay, y no me pongas sushi. Yo quiero lo que cenaba en El Chaflán hecho por Lucinda.

Contaste una vez que teníamos suerte de estar aquí porque nos podíamos ir de este mundo muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos. Cuando nos parta un rayo, ¿qué es lo que quedará para perpetuar nuestro recuerdo?

Pues mira, yo no voy a hacer mucho esfuerzo para perpetuarme en el recuerdo de nadie. Descansaré yo en paz y que descansen ellos de mí. No tengo una intención de ser recordado de manera especial. De verdad lo digo. Con dejarle un buen recuerdo a mis hijos, a mi pareja, a mi familia y tal, creo que es suficiente. No hay que andar preocupado en cómo te verán cuando no estés. Cuando me parta un rayo, pues otro vendrá que bueno me hará. O me hará malo, sabe Dios.

7P8A475546

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*