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Amalio Moratalla: «La motivación no tiene edad»

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Amalio Moratalla lleva más de cuarenta años mirando el deporte desde casi todos los lugares desde los que puede mirarse. Empezó a ejercer el periodismo durante el Mundial de España de 1982 y poco después entró en Marca, donde recorrió prácticamente todo el escalafón, de redactor a puestos de dirección, antes de asumir responsabilidades ejecutivas en Recoletos y pasar después al mundo de la comunicación y la reputación corporativa. Por el camino cubrió Mundiales, Juegos Olímpicos y grandes competiciones, convivió con una generación irrepetible de periodistas y deportistas y participó en aquellos años en que Marca se convirtió en el periódico más leído de España.

Tenemos esta conversación tras el Mundial con España poclamándose campeona del mundo derrotando a Argentina en la final. Es un buen momento para sentarse con alguien que empezó precisamente en otro Mundial, el de 1982, y preguntarle qué queda del oficio que conoció entonces. Moratalla ha pasado de dictar crónicas por teléfono para que las transcribieran los taquígrafos a llevar, como todos, «una rotativa en el bolsillo». Entre ambos extremos caben cuarenta y cuatro años de periodismo, la desaparición de buena parte de las exclusivas, la revolución digital, las redes sociales y ahora la inteligencia artificial. Él, sin embargo, insiste en que lo esencial no ha cambiado: saber preguntar, contrastar y encontrar una historia donde los demás solo ven algo que ha ocurrido.

En los 80 empiezas en el periodismo.
Era un periodismo distinto. No llevábamos una rotativa en el bolsillo. Ahora, con el móvil, todos somos editores: cualquiera hace una foto de un accidente, cualquiera hace una foto de un árbol que se ha caído… Pero eso por sí mismo no es una historia periodística.

Escribías con máquina de escribir.
Era como se escribía en todas las redacciones.

Y existían los taquígrafos.
Sí. Por ejemplo, cuando estaba de enviado especial en la Copa de Europa recuerdo haber dictado piezas de un partido a vuela pluma desde el propio estadio sin haberlas escrito. Y, efectivamente, todo eso porque había personas, entre otros los taquígrafos, que lo transcribían.

Hoy, casi es una clase de historia.
Ahora no te puedes creer que algo que sucede en cualquier momento del día no aparezca inmediatamente en tu teléfono o en tu ordenador. No tienes sensación de perderte nada porque puedes recurrir en cualquier momento a esa información. Pero entonces tenías que esperar a comprar el periódico al día siguiente.

¿Podrías vivir ahora sin el móvil?
No. Sin el móvil se vive peor. Pero es que el móvil ya no es un teléfono, es una herramienta plagada de subherramientas que te permiten hacer muchas cosas que en esos años ochenta, en los que empecé, era imposible.

¿Es mentira que cualquier tiempo pasado fue mejor?
No, cualquier tiempo pasado genera añoranza, pero eso no significa que sea mejor.

¿Y qué añoras del periodismo del pasado?
Antes las noticias tenían nombre y apellidos. Aquel periodismo te daba tranquilidad para preparar un reportaje con tiempo, contar historias que solo las tenías tú. Sin embargo, ahora tienes la sensación de que la información ya no es de nadie.

¿Qué fue de las exclusivas?
En aquella época nos reunimos en Marca una especie de «dream team» del periodismo. Pero entre nosotros no había rangos, había una familia periodística que trabajaba para un objetivo y ahí aparecían las exclusivas. Aquel concepto de periodismo nos apasionaba y funcionaba.

¿Y esa pasión se pierde?
Para mí no, imposible. Todavía hoy sigo sintiéndome periodista, sigo sintiendo esa inquietud de contar cosas. Nací con esa vocación que me acompañará para siempre.

Tienes 66 años.
Pero no me voy a jubilar. No veo en la jubilación un recodo de paz, sino de aburrimiento. No me apetece: quiero seguir unido al mundo del deporte y de la comunicación, que es mi mundo desde que empecé.

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Entonces tu paz está en el periodismo.
Sí, así es. Es más, te diría que han pasado más de cuarenta años desde que empecé y no me he dado cuenta. Cuando haces lo que te gusta, no te pesa. Mi paz está en mi vocación y en mi profesión.

Cuarenta años después.
No es que sea fácil o difícil. Cada uno tiene su vocación, todo el mundo tiene una y lo importante es que esa vocación te haga feliz, hagas lo que hagas. He tenido diferentes cargos dentro del periodismo. Pero a mí las tarjetas de visita nunca me han importado. Me importaba el desempeño. Me he divertido en todos los sitios en los que he estado. Tuve muchos cargos, porque todo circulaba alrededor del mismo mundo.

También fichabas y despedías gente.
En aquella época fichabas a la gente que tenía ilusión por desarrollar el periodismo que queríamos. Buscábamos contar las cosas de forma amable, desde la serenidad, desde la verdad.

Aquellas portadas de Marca tan inolvidables.
Las portadas eran el momento del día más divertido. Por eso lo vivíamos y lo disfrutábamos, porque buscábamos algo original que llamase la atención sin necesidad de exagerar nada. Buscábamos un impacto visual que tuviese contenido.

¿Quién decidía el titular?
Lo decidía un equipo de trabajo. Pero como en todos los trabajos siempre había alguien que desempataba, triunfaba aquel al que se le ocurriese la mejor idea acerca del tema del día, ahí no había rangos. Triunfaba el que tenía la mejor idea.

¿Y qué había que hacer para estar en esas reuniones?
Tener la idea. Esas reuniones estaban abiertas para todos los que tuviesen el tema o la entrevista del día. Todo el que aportase era bienvenido.

Viajaste por el mundo como enviado especial.
Sí, fue una época bonita. Entonces el periodista estaba muy pegado al deportista. Eso me permitió conocer mucho mundo y muchas ciudades. Hoy tengo poca memoria para datos concretos. Te puedo confundir cosas de un Mundial u otro. Por eso me quedo con la sensación general de haber estado ahí en una época de ídolos con los que la gente quería disfrutar y tú estabas cerca de ellos, fuese en un Mundial, en unos JJOO o en un Masters. Ahí podía estar yo. Desde el principio comprendí que eso era un privilegio.

¿El periodista tiene fecha de caducidad? ¿Uno puede llegar hasta los 65 años haciendo vestuarios?
Todo es válido. El interés nunca sabes cuándo surge. A priori, no hay nada que periodísticamente sea aburrido o no merezca la pena. A veces, lo que crees que tiene menos importancia es lo más interesante. Nada es superfluo porque nunca se sabe dónde va a estar el interés. Y nunca es tarde para averiguar dónde está el foco.

Entonces la respuesta era que sí.
El que quiera estar en la cabeza de carrera debe tener piernas, debe querer estar ahí, tener cabeza para estar ahí. Pero eso no te lo marca la edad, te lo marcas tú. Antes te hablaba de mi caso. Hablábamos de mi edad y te decía que de ningún modo quiero jubilarme, no quiero separarme de lo que ha sido mi mundo toda la vida. ¿Hasta dónde se puede llegar? Yo quiero contestar a esa pregunta con hechos.

Messi casi ha sido el mejor de un Mundial con 39 años
Son cosas extraordinarias que construyen leyendas porque se salen de lo normal. Pero Messi con 39 años ha dado una lección. Incluso el día que falló un penalti ante Japón fue capaz de liderar la remontada marcando un gol y dando la asistencia a otro. Esa capacidad de resurrección es un ejemplo.

¿A los ídolos es mejor no conocerlos?
Tengo muy buenas experiencias. Cuando yo empecé entrevistaba a ídolos, a deportistas que había visto en la televisión. Recuerdo a uno que a mí me llenaba mucho como Santillana. Cuanto más le conocí más me gustó porque era y es un tipo excepcional, también como persona. Y lo conocí bien, porque era un periodismo que se prestaba a la convivencia.

En aquel periodismo había dinero para viajar.
El dinero va en función del objetivo. Nosotros buscábamos proyectos y la manera de financiarlos. A veces con socios de viaje que nos ayudaban en las aventuras de Marca.

Y aquel Marca funcionaba como un reloj suizo.
Batimos récords de ventas como buenos ciclistas, de atrás a delante. Cogimos el Marca del 84, que era un histórico dormido, y lo convertimos en el periódico más leído de España hasta que las nuevas tecnologías lo cambiaron todo. Y mira que yo soy un defensor del papel. Sé que no va a ser masivo, pero me niego a pensar que el papel vaya a morir.

Eres de Madrid. ¿Dónde te criaste?
Me crié muy cerca del Vicente Calderón. Desde mi habitación escuchaba los goles. Sabía cuándo había marcado el Atlético y cuando no porque el sonido era distinto.

¿Y eso fue lo que te hizo periodista?
A mí me gustaba mucho el deporte y hacer deporte. Pero no. Lo que te he contado solo es una casualidad. Mis padres podían haber ido a vivir a otro sitio y yo hubiese seguido siendo el mismo con la misma vocación por el deporte y por contar el deporte. ¿De dónde saqué esa vocación? Pues no lo sé, porque mi padre era profesor y mi madre, la directora general de la casa, y yo soy el menor de cinco hermanos entre los cuales ninguno se dedicó al periodismo.

Y triunfaste en el periodismo.
No trabajé para triunfar, sino para hacer lo que realmente me gusta.

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Ahora, vamos a separar al periodista de la persona.

Un periodista es una persona que ejerce una profesión. Pero hay que entender que dentro de lo público hay cosas privadas.

El periodismo también da disgustos.
Sí, da disgustos, pero si tú me cuentas una confidencia hay que respetarla. Había un dicho muy tremendista que venía a decir algo así como «la muerte antes que la fuente». Y eso te recuerda que en la información no hay que vulnerar a nada ni nadie, ningún principio ético ni moral, no hace falta.

Periodismo.
Bueno, todo lo que estoy diciendo es imprescindible para la vida. En la vida hay que contrastar. ¿Cuántas veces se han contado cosas que parecía que eran verdad y luego no lo eran? Por eso a mí en el periodismo nunca me ha interesado la velocidad, me ha interesado la certeza, que es más valiosa, y no separarme de la verdad.

Sin embargo, en el periodismo de hoy se contrasta poco.
No estoy de acuerdo, porque el periodismo como concepto no es un todo. Hay gente que contrasta mucho y otra que lo hace de forma más frívola o desahogada. Por eso no se puede hablar de un colectivo, a pesar de reconocer que la inmediatez ha ganado mucho poder. Ahora se puede «sacar un periódico» a cualquier hora del día. En el bolsillo llevamos una rotativa con el teléfono móvil. No sé cómo lo hubiésemos hecho en la época de Marca en estas circunstancias, pero algo habríamos inventado. Entonces solo se cerraba una vez. Pero ahora se cierra a todas horas.

Da casi vértigo pensarlo.

Pero es que en el móvil lo tienes todo para contar una historia. Eres tu propio editor. Si ves un suceso, lo puedes contar… ¿Eso es periodismo? No, es alguien que cuenta algo. Un periodista es alguien que tiene conocimiento sobre lo sucedido y cuenta una historia. Por eso una cosa es contar algo y otra, convertirlo en una historia periodística. El periodismo es un oficio y hay que tener conocimiento sobre lo que se escribe. Por eso yo nunca he escrito, después de tantos años, de algo en lo que no estuviese o no me sintiese preparado o documentado.

¿No podrías hacer un texto de economía?
Podría hacerlo mal. Por lo tanto, no lo haría.

¿Quién fue tu maestro?

Nadie en concreto. Un grupo de personas que nos retroalimentábamos una manera de hacer. No había un modelo. Existía un clima de gente muy buena que coincidimos en la época de Recoletos que, además de propietarios, eran editores y periodistas. Dieron con una generación buena que amaba y se divertía haciendo periodismo deportivo para nuestros lectores.

En aquella época salían vuestras fotos como enviados especiales. Quién no quería ser enviado especial.
Eso es verdad, lo entiendo. A mí también me pasaba cuando era pequeño. Éramos unos privilegiados que viajábamos y que podíamos contar las cosas desde dentro. Eso da envidia, envidia sana. A mí me la daba de niño. Yo también quería viajar.

Es un oficio tan vocacional que a veces se ejerce hasta gratis.
Las profesiones no se deben ejercer gratis. Pero alguien que es vocacional no está pensando cada minuto en lo que vale cada foto que tira, sino que se está divirtiendo. Pero es verdad que luego eso tiene un valor que hay que pagarlo. Si no, no es una profesión.

En más de 40 años de profesión tu vocación sigue intacta
Mi vocación me ha gustado. Para mí, al final, el oficio puede con todo: con el horario, con las inclemencias, con las noches, con los viajes… Mira, he tenido oportunidades de hacer otras cosas, pero nunca me quise ir de todo lo que rodea la comunicación en el mundo del deporte.

Entonces pudiste dejar de ser periodista.
Sí, claro, muchas veces.

¿En qué te hubieses convertido?
Hay cosas que no escuchaba porque no tenían que ver con el deporte. Las que tenían que ver con el deporte las escuché, pero no las acepté, porque era alejarme de una profesión independientemente de que me pagasen más o mucho más.

¿Cuántos años fueron en Marca?
Lo que es en la empresa fueron unos 30 años.

¿Y cómo titularías esos 30 años?
30 años de pasión.

Amalio Moratalla: 30 años de pasión.
Podría ser el titular, sí, no tendría ningún interés para nadie más que para mí. Pero podría ser el titular de mi vida en Marca, sí.

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Las entrevistas con los periodistas deportivos normalmente generan mucho tráfico en Jot Down, muchas visitas.
Tenemos unas vivencias bonitas que a veces no podemos contar en su totalidad. Yo mismo podría hacer un libro de cientos de anécdotas que he vivido en el mundo del periodismo deportivo. Pero siempre he tenido el pudor de contar anécdotas, porque no son solo mías, hay terceras personas y momentos privados. No quiero vulnerar la intimidad de nadie. No me gustaría que a mí me lo hiciesen salvo que yo lo hubiese contado antes.

Y no has escrito ese libro.
Podría escribirlo, y sería de varios tomos, son muchos años de experiencias.

Desde el año 1982
Comencé realmente a ejercer en el Mundial de España y no lo dejé.

¿Dónde estuviste en el Mundial de España?
Era un recién llegado, lo viví en Madrid.

¿Estuviste en la final del Bernabéu entre Italia y Alemania?
Sí, sí, con una entrada pagada por mí. Creo que estaba en tercero de la Facultad. Todavía era un invitado de piedra y creo que fue uno de mis hermanos el que me consiguió la entrada. Fue un privilegio porque de niño ya iba con frecuencia al Bernabéu y al Calderón y me quedé con esa magia. No concibo mi vida sin saber lo que pasa cada día en el mundo del deporte.

En un «Pasapalabra» de deporte serías imbatible.
No, porque no me quedo con los datos, me quedo con el concepto. Si me preguntas quién marcó tal o cual gol, seguramente no lo recordaría. Pero para eso está la inteligencia artificial, que nos va a dar el dato rápido.

Pero la inteligencia artificial no podría suplantar un artículo de opinión de Amalio Moratalla.
Yo solo miro datos en la IA, nada más. Todo lo demás es cosecha propia.

El periodismo es único e intransferible.
Grabar con un móvil no es periodismo, aunque acabe en un informativo, pero insisto en que el periodismo es otra cosa: el periodismo es enterarse de quién iba, a qué iba, si hay fallecidos, si han venido los bomberos, etc., y para eso hay que preguntar y saber preguntar. Investigar, conseguir los datos, etc.

¿Ya no se valora tanto como antes escribir bien?
No, no. Escribir bien, como pintar bien o hacer fotografías buenas, tiene mucha importancia. Sin ir más lejos, nosotros, tú y yo, podemos ver el mismo partido y uno de los dos contarlo de forma mejor y más divertida que el otro. Eso es escribir bien, eso es saber contar las cosas y eso siempre tiene valor.

¿En tu época de Marca a los que escribían bien se les pagaba más?
Se valoraba en la medida de lo posible al que ejercía bien su profesión fuese redactor, fotógrafo o diseñador, fuese lo que fuese.

Ahora la precariedad manda en muchos sitios
Atravesamos una época un poco precaria no solo en el periodismo. Hay que adaptarse y cada uno seguir ejerciendo su vocación. Yo no sé si dejaría de hacer algo que me resultase interesante, aunque no me lo pagasen como yo creo que vale. No creo que lo dejase de hacer. Pero hay que verse en esa situación.

Si volvieses a nacer, ¿volverías a estudiar periodismo?
Sí, yo creo que sí, a mí me gusta mucho la pintura y el arte, mi yo interno siempre ha pensado que si me hubiese dedicado a pintar sería un mediocre pintor. Por eso me quedo con el periodismo, que todavía puedo ejercer con cariño y respeto a la profesión y a los protagonistas.

¿Y los cuadros de tu casa están pintados por ti?
Algunos sí, bastantes te diría.

¿Y se parece en algo pintar un cuadro a hacer un texto?
Ambos son un ejercicio intelectual que necesita un entorno de paz, necesita una concentración, nuestra forma de tirar colores es querer contar una historia.

Pero en la redacción de Marca la paz no existía.
No estoy de acuerdo. Te diría precisamente que ese ruido era la paz, el caldo de cultivo ideal para crear, esos teléfonos sonando, uno que iba, otro que venía, esos fines de semana, esas noches, esos cierres, no se nos olvidarán nunca. Es parte de nuestro pasado.

¿Qué sientes ahora cuando vuelves a la redacción de Marca?
Mucho cariño, muchos amigos y muchos recuerdos.

Pero la paz ahora es de otra manera.
Ahora hay otros ruidos, sí, no suenan los timbres de los teléfonos fijos, es otro concepto, pero es igualmente profundo. La forma de ejercer la profesión, el periodismo, el oficio se lleva dentro, porque, de lo contrario, no se ejerce.

En tu caso eres hombre de una sola profesión.
No tuve que cambiar nunca. Me lo propusieron, pero no lo hice.

Con lo que ha logrado el deporte español, ya solo falta que un velocista español sea campeón olímpico de 100 metros.
Sí, no recuerdo nadie que se le acercase. Pero tampoco pensamos que nunca fuese a aparecer una deportista como Carolina Marín, apareció y lo ganó todo. Son milagros del deporte que te permiten que un día aparezca un tenista como Rafa Nadal. Aparece y a partir de ahí cambia la historia de su deporte.

¿Y esas portadas de Marca tiraban siempre igual?
Había días brillantes y días más monótonos. Pero nosotros reconocíamos rápidamente el día en el que una portada había sido brillante o no. Sabíamos que no siempre te sale el cuadro perfecto. Afortunadamente nuestro público no nos castigaba por una portada más floja. No todos los días pueden ser iguales. Todos nos equivocamos alguna vez. Por eso lo que hay que medir es la regularidad.

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¿Y esas portadas se hacían con un escudo en el pecho? ¿Las podía haber hecho Tomás Roncero, por ejemplo?
No lo sé. Yo considero a Tomás Roncero un compañero al que valoro mucho y le tengo mucho cariño. El periodismo tiene que estar influenciado por algo. Todos estamos influenciados por algo ya solo por haber nacido en un sitio. Nada que decir a lo que hacen los periodistas que siguen a sus equipos y tienen su modelo de contarlo. Yo no critico eso. Yo siempre he hecho otro tipo de periodismo.

Vivías junto al Vicente Calderón. ¿Eras del Atlético?
No, no, precisamente mi interés por el deporte en general me hizo no sentir nada excepto cuando los éxitos reforzaban al deporte español como, por ejemplo, el Zaragoza cuando ganó la Recopa. Te pongo ese ejemplo como podría contarte miles. Todo lo que era un éxito para el deporte español me gustaba, independientemente del equipo que fuese. Era lo que me motivaba. No le puse colores, sino interés. Contaba lo que sentía.

Cuantos más éxitos de equipos españoles, ¿se vendían más periódicos?
Sí, el éxito era igual a ventas.

También fuiste empresario.
Nunca sentí eso. Me gustaba saber las ventas, pero nunca hice las cuentas de lo que significaban. Me gustaba saber que nuestro lector había comprado un producto que le satisfacía o entretenía. Pero yo nunca tuve la necesidad o la tentación de hacer números.

¿Por qué dejaste el día a día del periodismo?
En la vida todo tiene su momento. Después de 30 años, entendí que el mundo de la comunicación me interesaba mucho. Me invitó un amigo mío, que era el presidente de la compañía, a desarrollar un área dentro de ella y a ayudar al mundo del deporte desde la comunicación. Y me gustó, vi que tenía recorrido y en ese territorio sigo.

¿Ahora no te verías sustituyendo a Miguelito como inalámbrico de la Cadena Cope?
Miguelito, que es muy amigo mío y se formó en Radio Marca, lo hace muy bien. Pero también te digo que si yo ahora mismo, que estoy hablando contigo, veo que pasa Carl Lewis por la calle, me levanto y voy a hacerle una entrevista.

Con el teléfono móvil.
O con una libreta y un bolígrafo, el caso es la entrevista, el caso es hacer periodismo.

Saber hacer preguntas no es tan fácil.
Es más difícil preguntar que responder. De hecho, una buena entrevista está basada en las preguntas, no en las respuestas. Se puede equivocar el entrevistado, no el entrevistador.

Después de 44 años en la profesión, ¿reconoces una buena entrevista?
Hay muchos buenos entrevistadores. Hay gente que da pausa, que deja hablar. Yo creo que en España el género de la entrevista es bueno en todos los soportes, sea en radio, en televisión o en medios escritos.

Yo te dejo hablar. Apenas te interrumpo en ninguna respuesta.
Interrúmpeme cuando veas.

Impartes recuerdo.
Cuento vivencias y sensaciones. Nos morimos aprendiendo. Si dices un día que ya lo sabes todo, estás equivocado: es importante actualizarse, ver, leer, escuchar y seguir escuchando. Si te lo propones, nunca dejarás de aprender.

¿Y es importante la nostalgia?
No sé si es importante, pero siempre es especial recordar a compañeros que ya no viven o a otros de los que aprendiste mucho. Me gusta recordar los estados de ánimo que te genera el deporte. Pero a mí la nostalgia no me bloquea. Al contrario, me motiva. A partir de ahí hay que saber utilizarla. La nostalgia, en este caso, será dentro de una semana cuando me acuerde de esta entrevista.

¿Al día siguiente leías el periódico?
Lo veía, porque ya para mí era pasado, yo ya quería hacer el del día siguiente.

¿Qué te diferencia del Amalio Moratalla del 82?

Un aspirante a periodista con una gran vocación. Ahora soy un veterano que ha desarrollado y desarrolla su profesión. Pero ya he jugado muchos partidos. Aun así, sigo siendo alguien muy inquieto por el periodismo. No considero que sepa nada. Solo cuento vivencias, experiencias. He sumado muchos acontecimientos y todos con la misma pasión. Es más, te diría que volvería a empezar.

Si pudieras entrevistar a alguien ¿a quién elegirías?
Me encantaría entrevistar al actual Papa.

¿Y la mejor entrevista está por llegar?

Bueno, nunca se sabe. Siempre ha habido momentos. Lo importante es que a uno nunca le deje de interesar lo que hace. Luego, lo normal es que siempre tengas oportunidades. En mi caso te puedo decir que he entrevistado a personajes que parecían inaccesibles, porque no hablaban con nadie. He hecho cosas que ni yo mismo pensaba.

Era el periodismo de las exclusivas
La exclusiva era tener al personaje y que te contase cosas. Ahora es verdad que ya hay muy pocas. Las hay, pero al minuto siguiente ya son de todos y no sabes quién la contó primero. Como te he dicho, llevamos una rotativa en el bolsillo con el móvil. Lo importante es que el periodista tiene que contrastar. Al final, eso es lo que nos diferencia a los periodistas.

En hora y media hemos resumido más de 40 años de vida.
Para que te des cuenta de lo rápido que se pasa todo. Si te ha servido…

A ver qué dicen los lectores
Yo me he entretenido mucho.

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