
Estaba yo el domingo con un sosiego grande, que es lo que corresponde a tal onomástica. Estaba, digo, repancingadete en el sofá, con menos acción neuronal que un episodio de Los Serrano, muy cercuca del éxtasis nirvanesco pre-lunes. Y pensé, ya saben, que estaría guay ponernos ahora tiro con arco, que había una competición en Villamandriles de Arriba, y a mí siempre me gusta ver el tiro con arco por la tele. Así que, hop, pincho Teledeporte, que es donde salen estos asuntos y…
El horror, el horror.
Vale, primero lo descriptivo. Allí, en el plató de Teledeporte, hacían un programa especial con «El Clásico». «El Clásico» es un Madrid-Barça de toda la vida, pero con brilli-brilli y hashtag facilón, que vende mucho. Y eso, que estaban empalmando previas, análisis, posfacios, prólogos, secuelas y nocturnidad, hasta sumarse más horas ante la pantalla que Hugo Chávez en mes y pico. Darle vueltas a las alineaciones, comentar que Xabi Alonso se recorta muy bien la barba, analizar polémicas, moviolas, árbitro hijoputa (sin parecer grosero) y una miaja de «lo, lo, lo», porque la bufanda es (casi) inherente al periodista deportivo del Planeta Fútbol.
Claro que lo mejor llega cuando se está disputando el encuentro. Como RTVE no tiene perras para comprar los derechos de emisión (La Liga sale carérrima, y solo se la pueden permitir mercados asiáticos y anglosajones, dicen) pues nos van contando el fútbol pero sin ver el fútbol. La cosa es tal que así… hay un narrador mirando de reojo a la pantalla que los espectadores no ven, y ese narrador trenza jugadas como Pocahontas cabellos. Pero con su voz. ¿Y eso no se parece mucho a la radio?, se preguntará el lector sagaz (aquí hay mucho lector sagaz). Pues miren, sí. Lo mismito, solo que mirando la tele, y en la tele ponen mogollón de rótulos con exclamaciones (menos de dos es falta) y multipantallas cubriendo lo que una sola toma podría cubrir. Ay. También hubo, «charlando» sobre «El Clásico», diferentes analistas, que estaban allí como sin muchas ganas, y responden catando de reojo pantallucas con fútbol, no vaya a ser que la realidad les chafe reflexiones más o menos sesudas.
Lo anterior, solo parcialmente (solo parcialmente) caricaturesco es signo de tiempos y tendencias. Este domingo anduvo Teledeporte secuestrada por un encuentro del que ni siquiera pudimos ver nada, pero es que hay sinergias que uno constata y le preocupan. La conversión de Estudio Estadio, verbigracia, antaño lugar de resúmenes y hoy contenedor de cloqueos y desprecios a la inteligencia de quien ve y escucha, donde los resúmenes son asunto sin (casi) importancia, porque esos videos muestran una realidad que quizá no coincide con la realidad que te venden las sillas calientes (calientes de llevárselo caliente) que allí ocupan viejas glorias del lamebotismo, chisgarabises con el colesterol por las nubes y algún o alguna periodista serio (o seria) al que apenas oyes con el vociferio reinante. Nunca fue, Estudio Estadio, el ágora de Atenas (ni puta falta que hizo, porque su labor era otra), pero es que hoy parece sobremesa de Mediaset (quédense con el símil, que volvemos más tarde).
Es, dije, tendencia de años, con sus puntos más calientes y sus puntos más tibios. Es, con todo, tendencia que se agrava, o yo veo que se agrava, desde que nombraron como director de Teledeporte (cadena pública, por si alguien no pilla por dónde van argumentos) a Felipe del Campo, profesional entusiasta y, según me dicen quienes lo conocen, un tipo fenomenal. Sucede que… a ver, Felipe publicó un libro titulado «Buenas noches, buenos goles», que servidor leyó con pausa e interés (qué quieren, cada cual arrastra sus cosas), y que era una celebración indisimulada del periodismo deportivo al sur de Portalet. Poca crítica, mucha lisonja, algún automasaje (no personal, pero sí a la profesión) que provocaba picorcete. Y, miren, no creo yo que estemos en este bendito negocio como para lanzar aleluyas, y menos si tomamos como ejemplo aquello que Felipe parece entender como ejemplar…

Con todo, iba por otro camino. Tú miras el currículum de Felipe del Campo (extractado de Wikipedia, pueden hacer el chequeo) y consta como director (las más veces) o participante en los siguientes espacios: Minuto y resultado, Futboleros, Tiki-Taka, Directo Gol Mundial, La Goleada, Directo GOL, El Golazo de GOL, Directo GOL directos al Mundial (¿quién aprobó este nombre?), El golazo de la mañana, El Gran Debate de Directo GOL, Marcador Europeo y Buenas noches, buenos goles. Todo eso antes de ser director en Teledeporte.
Llámame loco, pero en Teledeporte veo un patrón.
Miren, a mí me trae sin cuidado que Felipe del Campo haya construido su carrera en base al fútbol. Que es, por otra parte, el deporte más seguido, y a mucha distancia del resto. Guay, perfecto, si también yo tengo interés. Pero me huele un poco peor que, en agosto de este mismo 2025, me lo nombren como director de Teledeporte. Porque lanzas un mensaje clarísimo. Y un mensaje que se da de hostias, directamente, con la naturaleza del canal.
(Alguien con mala leche podría extrapolar esto de Teledeporte al conjunto de RTVE, que importa profesionales del sector privado en una búsqueda por las audiencias y los resultados. Estrategia que, números cantan, arroja réditos. El problema es cuando solo tienes números, porque corres el peligro de, en el momento en que fallen esos números, no estar en condiciones para exhibir ninguna otra cosa. Pero no me meteré yo en tales rollos, que vinimos a hablar de Teledeporte).
Me adelanto… Podemos ver aún, en Teldeporte, auténticas joyas. Los reportajes vintage, algún documental, algún retorno. Entiendo, incluso, esa sobreexposición al fútbol antiguo, partidos de hace cuarenta años (con derechos) haciendo de prólogo a partidos de hoy (sin derechos) y repitiéndose a lo largo de la semana. Yo eso lo entiendo, y también reconozco que hablo del único sitio donde puedes verte algún deporte «minoritario». Eso no se discute, y es digno de alabanza. Pero resulta incuestionable que la nueva dirección de Teledeporte ha escogido el balompié como su producto estrella (a nivel exposición temporal, a nivel inversión económica), y va a volcarse con todo a ello.
Y eso no debería ser, desde mi punto de vista, Teledeporte.
Porque Teledeporte es, volveremos a repetir, una cadena pública, una del entramado de RTVE. Y, se supone, este tipo de cosas existen para proporcionar contenidos que tengan «trasfondo» justificable como tal cadena pública. O, si lo prefieren, que se pueden dar fútboles, pero no solo puedes dar fútboles. Teledeporte no busca audiencia… o no debería buscar audiencia. Entre otras razones porque esa lucha la va a tener siempre perdida de antemano, así que resulta contexto idóneo para exhibir otra actitud, otras virtudes.
Teledeporte, digo, no debería buscar audiencia, sino visibilidad. Visibilidad a todos los deportes, a todas las categorías. Debería dar espacio y voz a auténticas frikadas minoritarias que no me interesa ver, pero me interesa que estén allí. Entre otras cosas porque, quizá, habría que darle repensada a los patrocinios públicos (tomen la forma que tomen) sobre deportes profesionalizados, y lanzar reflexión de si esos (esas subvenciones, esa inversión encubierta con publicidades en camisolas y paneles) no deberían ir dirigidos a la base, a las infraestructuras públicas, a ese inmenso páramo económico que es el deporte amateur (luego bien que sois todos especialistas en kayak cada cuatro años, tú). Yo no quiero, en Teledeporte, la Kings League, sino la Liga interbarrios de Almendralejo. Por cierto, apunte… esa Kings League la pusieron en una tele privada hace no tanto y congregaba unos setecientos dieciséis espectadores, perro dormido arriba o abajo, así que quizás (y solo quizás) nos quieren meter por los ojos invenciones de pólvora que solo sirven para encender bengalas.
Pero esa es, de nuevo, otra historia.
Quiero la Liga interbarrios de Almendralejo, dije, porque esa exposición televisiva (salir en la tele renta mucho, por baja que sea su audiencia potencial) es la que atrae patrocinadores que permiten ir sorteando otro añuco. Y quien dice la interbarrios dice disciplinas minoritarias, juegos de tradición o actividades con fin social. Todo eso es impensable, es insostenible, sin Teledeporte. Porque el dinero público debe repartirse (y dar visibilidad propiciando ingresos por patrocinio también es repartir) entre todos, sí, pero escogiendo antes a los que menos tienen, como les puede explicar cualquiera que haya estudiado el estado social y democrático de Derecho. Y ahí, en ese repartir granos para quien pocos granos recolectan, no entra el fútbol profesional masculino. O no debería entrar. O, como poco, no debería ser lo prioritario…
Es por eso que lo del domingo, por mucho que aderece asuntos con chistes e ironías, resulta un pelín triste. Ridículo, también, porque siempre se pone ridículo el asunto cuando metes la cultura del espectáculo (la vacua, la naif, la que suena a hueco) en espacios que deberían trascender otras cosas. Pero, sobre todo, triste. Debates inútiles (debates sin debates, porque en el debate tú usas tópica y retórica para intentar convencer al otro, y aquí nos limitamos a repetir argumentos en giros de trescientos sesenta grados), gente gritando, un show más televisivo que deportivo, más Crónicas Marcianas que Informe Robinson (y vean que cogí dos ejemplos de cadenas no públicas). A mí no me gusta este tipo de Teledeporte (con los apuntes que hice antes sobre contenidos que continúan seduciendo, ojo), no me gusta este tipo de RTVE. No. No me gusta, no voy a comprarla, llega a indignarme. La buena noticia es que pudiera ser reversible. Que lo es. Que ojalá lo sea. Que ojalá cambie.
Porque yo no quiero perderme mis semifinales de petanca por la previa del Madrid-Escalerillas.


Pues sí, en todo lo que concierne a la forma me tienes de acuerdo (y en otras cosillas más también). Pero es el fondo lo que me hace bailar tu argumento.
Que sí, lo entiendo, pero el enfoque yo lo pongo en otro lado: ¿Cuál es la finalidad de un medio de comunicación público? La principal, por lo menos, yo creo que es informar. Informar minorías, podrás rebatirme con argucia. Pero de igual manera te digo que (desgraciadamente) lo que «importa» lo marca una agenda que, no nos vamos a engañar, está muy pervertida. Y el fútbol es algo que tristemente (o no) en España está igual de pervertido e interesa más que cuestiones mucho menos triviales. Y, con las operadoras privadas pagando el infladísimo globo al contado y queriendo hacer negocio con el mismo, ¿qué españolita/o medio puede permitirse una suscripción que te encasqueta 20 productos innecesarios para ver el producto innecesario que es el balonpié? Eso, los boomer de jersey Cayetano que comentan en ForoCoches. La masa que se cansó de pagar, o no puede, es la que busca esa información y la consume de la manera que puede, incluso la que ahora ofrece TeleDeporte y que se traga con la nariz tapada. Pero al fin, es un servicio público para hacer llegar la actualidad más demandada a aquellas personas a las que de otro modo no llegaría más que en conversaciones de bar u oficina (que ni tal mal ese vintage clasista).
¿Que después se sumen los cuñados de las redes simplemente para opinar y pervertir aún más el corral? Porsupuesto. ¿Que la calidad caiga en picado y el rigor brille por su ausencia? Idem.
Es la fórmula antigua y efectiva del «pan y circo».
Pero las masas fluidas, a día de hoy, pagan cara incluso la desinformación. Quizás sea una posverdad, pero es la que tenemos.
Ah, y los patrocinios… Estaría bien que no hubiera ni que hablar de ellos en todo lo tocante a medios de comunicación públicos. Al igual que estaría bien cambiar el chip y pensar que el campeonato de balon volea de Couso de Abaixo debería poder fomentarlo el ministerio de Deportes, no el apartado de RTVE. Cobertura económica a veces es más sinónimo de éxito que cobertura televisiva (lo digo con el guiño entre los dientes de saber que en esta Copa del Rey el Negreira se embolsó 150 mil Euros porque retransmitieron su partido con la Real Sociedad…). Surrealismo ilustrado.
El tal Felipe Del Campo es una muy mala noticia para TDP y para cualquiera que se llame periodista. Pero es que el periodismo deportivo hoy no tiene nada de periodismo y poros de deportivo. Buen artículo como siempre y de rabiosa actualidad.
El Madrid se reduce a: un porterazo que para hasta casi lo imparable, un delantero que mete goles en partidos menores e hincha sus estadísticas con penaltis, una prensa madridista y unos árbitros sumisos y cagones que en todas las jugadas le pitan a favor. NADA MÁS
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Bueno, ‘Jot Down Sport’ publica refritos de declaraciones de deportistas realizadas a otros medios y tampoco se acaba el mundo por eso.
El equipo del gobierno cada vez más acorralado. Ahora SAD. La pregunta es, ¿Cómo no se cuestionó su informe económico?¿No sería necesario por lo menos que lo cuestionaran?