
Ha ganado 18 Grand Slams de individuales y 69 majors en total, pero se queda sin palabras cuando se encuentra con las grandes estrellas de su tiempo. Quien reacciona así es Martina Navratilova, que lo reconoció en una entrevista para Andy Roddick: «Entiendo que me he ganado la vida jugando al tenis y que tuve algunos éxitos y algunos fracasos, pero sigo sin poder evitar sentirme impresionado cuando estoy cerca de Arantxa Sánchez Vicario, cuando veo a Chris Evert o incluso a mi buen amigo Jim Courier y a todos los miembros del Hall of Fame aquí dejándose la piel, Stan Smith dando sesiones de exhibición y comprometiéndose de verdad con todo este proceso».
Presión, envejecimiento y el terror de la última final
También es interesante cuando Navratilova habla de lugares comunes del mundo del tenis, como la idea de que los veteranos gestionan mejor la presión porque tienen más experiencia. En su opinión, es justo al revés.
Cuanto más avanza una carrera, más se comprende lo que está en juego y, sobre todo, lo que ya no volverá. Un jugador joven llega a una gran final con la sensación de que hay muchas más por venir. Un veterano sabe, o intuye, que quizás sea la última. Esa conciencia, según Navratilova, es lo que convierte la presión en algo casi insoportable: «En mis primeras finales de Wimbledon estaba feliz, estaba donde siempre había querido estar. Pero en la última final estaba tan nerviosa que casi no podía sacar la raqueta de la bolsa».

Roddick le recuerda que había ganado nueve individuales en Wimbledon, pero ella no se inmuta: «Exactamente. Pero sabía que era la última. Y aunque no lo hubiera sabido del todo, ya con el tiempo cada final pesa más, no menos».
Los pánicos al qué dirán y a la reacción del público, para ella, se producen al final de tu carrera. Cuando, como le ocurre a Djokovic, cuando se pone en duda que siga a su edad: «Al principio de tu carrera tienes toda la vida por delante, así que no estás angustiada. Estás emocionada. Al final de la carrera, aterrada de que la gente diga que deberías haberte retirado cinco años antes».
Martina Navratilova y Chris Evert: rivalidad, empatía y un documental
Si hay una relación en la historia del tenis que merece una película, es la de Martina Navratilova y Chris Evert. Rivales absolutas durante más de una década, protagonistas de algunos de los partidos más icónicos del circuito femenino, y que acabaron construyendo una amistad que hoy tiene algo de hermandad.

Navratilova recordó en Newport que entre ellas hubo de todo: «Respeto, cariño, rivalidad e incluso momentos de odio competitivo». Pero insistió en que nunca desapareció lo más importante: «Por encima de todo, siempre hubo respeto. Y también empatía. Creo que siempre fuimos muy empáticas la una con la otra».
La extenista checa también habló de cómo los medios intentaron alimentar una enemistad entre ambas: «La prensa trataba constantemente de enfrentarnos, como suele hacer muchas veces con las mujeres. Pero aprendimos a manejarlo». Con el tiempo, la rivalidad acabó transformándose en una relación profundamente cercana: «Ahora solo hay cariño entre nosotras».
Navratilova recordó además un detalle que, según ella, definía perfectamente su vínculo: «Muchas veces ves nuestras fotos en el apretón de manos y no sabes quién ha ganado porque las dos estamos sonriendo». Incluso en la derrota existía admiración mutua. «Cuando gané mi primer gran partido contra Chris, ella fue increíblemente generosa. Estaba feliz por mí aunque hubiera perdido».

Y resumió hasta qué punto llegaron a ser cercanas: «Si tenía que perder contra alguien, prefería perder contra Chris». Pero todo esto lo sabrá pronto el público actual, están trabajando en un documental sobre su relación y su rivalidad, que previsiblemente verá la luz el próximo año.
Un calendario que nadie frena
Ahora el tenis es muy distinto. El tenis moderno lleva años debatiendo si sus jugadores juegan demasiado. Navratilova y Roddick coincidieron en que sí. Para la extenista checa, el problema lleva años fuera de control: «Llevo décadas insistiendo en que habría que acortar el calendario y mirad dónde estamos ahora: es todavía más largo».
Navratilova explicó que el problema no es solo la cantidad de torneos, sino cómo se ha transformado el circuito: «Cada vez hay más torneos de dos semanas en vez de una. Puede que no juegues muchos más partidos, pero pasas más tiempo fuera de casa, más semanas viajando y eso termina acumulándose». A eso se suman los Juegos Olímpicos, la Copa Davis, la Billie Jean King Cup y el resto de competiciones paralelas: «Al final no existe una verdadera pretemporada».

La consecuencia, según ambos, es física y mental. Roddick defendió que una temporada más corta reduciría lesiones y mejoraría el producto: permitiría descansar, entrenar y hasta que los aficionados echaran de menos el tenis durante unas semanas. Navratilova estuvo completamente de acuerdo: «Yo siempre he preferido calidad antes que cantidad».
De hecho, contó que en la parte final de su carrera tomó medidas por su cuenta para encontrar ese descanso que el circuito no le daba: «Cuando tenía casi 40 años dejé de ir a Australia porque necesitaba crearme yo misma una offseason. Terminabas en noviembre, podías descansar diciembre y luego prepararte bien para volver».
Creen que hay que cerrar la temporada antes del 1 de noviembre y garantizar semanas reales de descanso y preparación. Eso, argumentan, no solo reduciría lesiones y mejoraría el nivel de juego, sino que haría algo que rara vez se menciona: daría a los aficionados la oportunidad de echar de menos el tenis.
El reloj de saque y sus trampas
Otro aspecto del tenis actual que enerva a la extenista son las pérdidas de tiempo. Navratilova confesó que cronometra con el reloj en la mano los tiempos de saque mientras ve partidos en casa. «He contado 15 botes antes de un segundo saque. Y luego doble falta. ¿En serio?»

Para ella, el problema no es la existencia del shot clock, sino que sigue aplicándose de manera poco rigurosa: «A veces siguen dejando 35 segundos entre puntos. Lo estoy contando y pienso: esto no tiene ningún sentido». Así se producen las trampas más frecuentes en el circuito actual, muchos jugadores, cuando el reloj está a punto de agotarse, lanzan la pelota y la dejan caer a propósito para reiniciar la rutina. Para Navratilova eso va contra el espíritu de la norma: «El lanzamiento forma parte del saque. Es una habilidad», defendió Martina. «Si lanzas la pelota, deberías jugarla. No tendría que haber repeticiones infinitas».
Ahora considera que si el jugador inicia el movimiento antes de que expire el reloj, puede atrapar la pelota y volver a sacar, siempre que golpee dentro del tiempo permitido. Pero si deja pasar el reloj y utiliza el lanzamiento para ganar segundos extra, debería considerarse falta automática.
El experimento del dobles mixto
Sobre los dobles mixtos del US Open, que han sido partidos más cortos, con grandes estrellas participando y estadios llenos, una idea que ha generado más conversación en una semana que el dobles tradicional en años. A Navratilova le gusta el formato: «Me encanta la idea y me encanta que haya llevado gente al tenis. Jugadores que normalmente no habrían participado terminaron jugando».

Sin embargo, cree que el formato introduce demasiado componente aleatorio. «Cada vez que acortas un formato, igualas el terreno y todo se vuelve mucho más azaroso», explicó. Y añadió una reflexión que resume perfectamente su postura: «El tenis no necesita más azar; necesita más mérito».
Navratilova recordó incluso una experiencia propia para ilustrarlo. Contó un partido en el que su pareja dominaba claramente: «Ganamos el primer set 6-1, fuimos muchísimo mejores y aun así terminamos perdiendo en el super tie-break». Para ella, ese tipo de desenlaces distorsionan el verdadero desarrollo del encuentro: «Puedes ser claramente el mejor equipo y perder fácilmente».
También señaló una paradoja importante, mientras el circuito sigue quejándose del exceso de calendario, este nuevo formato añade todavía más días y más carga competitiva a una temporada ya saturada. Aun así, su balance general fue positivo. Cree que el experimento merece continuidad y ajustes: «En conjunto, me parece una gran idea». Y propuso incluso ampliarlo a más equipos y más días de competición. Lo único que le cuesta aceptar es que esos títulos tengan exactamente el mismo valor estadístico que los grandes títulos tradicionales de dobles mixtos: «No me gusta que siga contando como un título normal».
Sobre Sharapova y el talento precoz
Navratilova también recordó el momento en que conoció a Maria Sharapova siendo una niña, durante una clínica en Moscú. El padre de la rusa le preguntó directamente qué debía hacer con aquella niña obsesionada con el tenis. Martina no dudó: «Se veía que era especial. Lo notas en cómo caminan, cómo se comportan, cómo se concentran. Prestaba atención a todo y se veía que lo deseaba de verdad».

Aquella conversación terminó cambiando la vida de Sharapova. «Le dije que, si quería dedicarse seriamente a esto, cuanto antes se fuera a Estados Unidos, mejor». Navratilova recomendó entonces la academia de Nick Bollettieri, donde acabaría formándose la futura campeona de cinco Grand Slams.
La mentalidad de los campeones
Otra de las reflexiones más interesantes de la extenista fue la diferencia entre talento y mentalidad competitiva. Para ella, la verdadera separación entre buenos jugadores y campeones aparece cuando toca soportar el dolor de perder: «Los campeones quieren estar exactamente ahí. No preferirían estar en ningún otro lugar. Van a hacer todo lo posible, de forma justa, para ganar el partido».
Pero añadió algo aún más importante: «La gente a veces no se entrega del todo porque así, cuando pierde, duele menos. Puedes decir: ‘Bueno, tampoco me importaba tanto’. Pero cuando lo das absolutamente todo y aun así pierdes, entonces sí que duele de verdad».

Según Navratilova, esa mentalidad no se puede fabricar artificialmente: «Puedes mejorarla, apoyarla, ayudarla a crecer. Pero no puedes crearla. Tiene que venir de dentro». Y ahí volvió a enlazar con Sharapova: «Maria tenía eso desde el primer día».
El Hall of Fame y el peso de la historia
Durante la conversación también apareció varias veces el recuerdo emocionado que sigue teniendo para Navratilova volver al Hall of Fame de Newport. «Es abrumador cuando te paras a pensar en ello», admitió. Y elogió especialmente cómo el Hall of Fame ha sabido modernizarse sin perder el vínculo con el pasado: «Han conseguido evolucionar manteniendo intacta la sensación de historia. Es como Wimbledon: lo expanden, lo modernizan, pero sigue pareciendo el mismo lugar de hace cien años».
Incluso contó que recientemente encontró viejos vestidos de competición guardados en cajas y decidió donarlos al museo: «Mi mujer quería tirarlos y le dije: ‘No, dáselos al museo. Seguro que encuentran un sitio para ellos’».

