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Iván Pérez: «Del Madrid te marca su competitividad; del Betis, que es como una religión»

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Iván Pérez

Nació y creció en una calle de Getafe, la Alonso Mudarra, donde tres chavales –él, su hermano Alfonso y Víctor Sánchez del Amo– que se pasaban las tardes pateando un balón y soñando con metas improvisadas entre porterías de cartón terminaron jugando en Primera División. Se enfrentó a Guti siendo apenas un niño, pasaron los años, e Iván Pérez (Getafe, 1975) escaló desde la cantera del Real Madrid hasta debutar con el primer equipo e incluso marcar. De ahí al Real Betis y luego a un Deportivo de la Coruña con el que ganó una Liga pero no terminó de cuajar.

Del salto a Burdeos como campeón de Europa sub-21 al abismo mental en Leganés, donde el pánico le hacía rogar que acabara algún partido a los cinco minutos, Iván trazó una carrera que comenzó con unas botas heredadas de Hugo Sánchez y estuvo marcada por lecciones de Aragonés. Simpático y ocurrente, repasamos una trayectoria de goles, desafíos y pasiones que no caducan a los cincuenta, cuando el torero sigue siendo torero y el futbolista, futbolista.

Eres de Getafe.

De toda la vida. Como todos los chavales de la época, empecé jugando en mi colegio, el Ortiz de Echagüe, pero muy prontito comencé a jugar en un equipo que se hizo en el barrio llamado Deportes Alfonso, que no tenía nada que ver con mi hermano, y donde nos juntamos varios amigos de Getafe.

Podemos considerar que ese equipo de fútbol sala es el inicio de todo, comenzamos a jugar la liga de Madrid, ganamos el campeonato y después en la copa nos enfrentamos a un equipo que era nuestro mayor rival. Era el Rayito, un equipo en el que jugaba Guti y estaban otros chavales que eran buenísimos como Miguelito o Pepe de la Sagra, que luego pasó por Atlético de Madrid y FC Barcelona. Aquellos eran duelos apasionantes y tras ganar en una ocasión jugamos la fase final del campeonato de España en un pueblo de Toledo representando a Madrid.

Salimos desde aquí e incluso nos despidió el alcalde, Pedro Castro, porque era histórico que un equipo de Getafe disputara la final del campeonato de España. En aquel torneo nos enfrentamos contra un equipo de Valladolid en el que curiosamente estaba Benjamín Zarandona, que años después fue amigo mío y compañero en el Real Betis. Ese torneo de fútbol sala nos lo acabamos llevando por penaltis y fue el primer paso de lo que vino después.

En ese Deportes Alfonso jugaba un tal Víctor Sánchez del Amo, que creo que no era malo.

Hemos compartido prácticamente toda nuestra infancia, ya que después de Deportes Alfonso dimos el paso juntos al fútbol once. En este caso fue en un equipo que también es una tienda de deportes: Deportes Sol y Mar. Fue mi padre el que ahí ya nos organizó para dejar el fútbol sala, dar el siguiente paso y llevarnos ahí. ¡Y a nosotros nos costó! En el fútbol sala estábamos cómodos y además era un tipo de juego en el que aprendías mucho, tenías que pisar mucho el balón y los controles eran importantes. Jugando con aquel equipo de Deportes Sol y Mar tuvimos la oportunidad de enfrentarnos al Real Madrid en la ciudad deportiva y, aunque perdimos por goleada, se fijaron en nosotros y nos llamaron a tres jugadores para hacer una prueba. De aquel trío que hicimos la prueba, finalmente nos quedamos Víctor y yo.

Ahí tuvimos quizá algo de ventaja, porque normalmente cuando vas a hacer la prueba del Madrid te juntan con veinte o treinta chavales y es difícil destacar, pero nosotros tuvimos la suerte de que entrenamos con el equipo, por lo que el entrenador está más pendiente de ti y es más fácil que te vean. De este modo, tras estar entrenando un tiempo con ellos, Víctor y yo nos quedamos en el alevín con once o doce años. Si echo la vista atrás recuerdo haber coincidido en esos años con Fernando Morán, Álvaro Benito, Guti, José María Movilla, García Calvo… ha habido muchos, aunque no sé concretamente a qué altura llegamos a jugar juntos y si fue en alevín, infantil o cadete.

Toda una vida juntos. ¿Mantienes un vínculo fuerte?

Ahora él está entrenando fuera de España, pero seguimos en contacto. Incluso tenemos un grupo con los amigos de toda la vida. Nos vemos poco, pero coincidimos en alguna comida o cena del Real Madrid e incluso en algún partido, aunque él ahora no tiene tiempo. Pero él mencionaba una cosa que es verdad y, si te paras a pensar, no es muy normal: de nuestra calle -Alonso Mudarra- han salido tres futbolistas de primera división que han jugado en el Real Madrid, como somos mi hermano Alfonso, él y yo.

Me da la sensación de que tu padre era muy futbolero.

No jugó profesionalmente, pero su ilusión era que sus hijos sí lo hicieran. Ha sido súper exigente con nosotros y eso cuando pasan los años lo agradeces. Siempre nos decía: «Hacedle caso a los entrenadores», pero una vez llegábamos a casa nos corregía lo que consideraba que habíamos hecho mal. También ha sido muy insistente con la noche, el alcohol, el tabaco… y ahora se agradece. A día de hoy, voy a cumplir los cincuenta años, no he probado el alcohol en la vida y eso es gracias a mi padre, al igual que me pasa con el tabaco.

No digo que haya jugadores que puedan beber o fumar y me he encontrado absolutamente de todo, pero al final yo lo hice así y se debe, en gran medida, a lo que nos enseñó mi padre. Él remarcaba que vivíamos de nuestro cuerpo y tenías que cuidarte. Como decía Luis Aragonés, en el fútbol hay tiempo para todo: «Si juegas el sábado, no salgas el viernes. Pero si acaba el partido ese sábado y has ganado, tómate algo, que no pasa nada». Mi padre ha influido mucho en nuestras carreras, tanto en la de mi hermano como en la mía y ha sido el artífice que nos empujó a todo esto.

«La noche tiene laberintos», decía Luis.

¡Sí! (risas). Laberintos para perderse…

Iván Pérez

Hay jugadores que apuntan que tener un padre muy pendiente puede generar presión en los chavales, pero tu opinión es muy distinta.

A nosotros nos ha venido bien, porque nos ha llevado por el buen camino. Ahora que tengo el título de entrenador de fútbol base y hay algunos padres y madres que he visto… He estado entrenando a chavales y canteras y el enemigo número uno son los padres cuando ellos son los que tienen que ayudar a los niños. En otras palabras: animarlos, apoyarlos si tienen una lesión o transmitirles un «sigue trabajando» si el entrenador no les pone. Sin embargo, en mi época he visto a algunos padres pedir a sus chavales: «Tú no se las des, tira» o «Si metes veinticinco goles, te regalo una bicicleta». Eso no puedes hacerlo porque les conviertes en envidiosos. Los padres deben ayudar a sus hijos y no meterles presión, que para eso ya está el entrenador.

Cuando yo estaba con los chavales siempre se lo comentaba: «Tú date cuenta que yo soy vuestro entrenador durante una hora, pero las veintitrés restantes son vuestros padres». Llegan a casa y a algunos los ayudan, a otros no, otros meten presión… Cuando hice las prácticas en Getafe para sacarme el curso, pedía las notas a los chavales y había algunos padres que no me las traían. ¿Por qué? Porque su hijo no había aprobado ninguna y sabían que si me las traían, el chaval no iba a jugar cuando tendría que ser al revés, estar de mi lado. «Oye, Iván, vamos a ver de qué manera podemos hacer para que el niño reaccione, no le pongas estos partidos a ver si aprueba…»

Y volviendo a tu infancia, ¿cómo fue tu evolución en la cantera del Real Madrid? Creo que tuviste un récord goleador durante muchos años.

Pienso que antes era más fácil marcar goles, ya que el Madrid era muy superior a todos los rivales en cada partido. Comencé en el alevín, infantil B, luego el A, cadete B, cadete A… casi todos los partidos era de 8-0, 8-1, 9-0, por lo que indudablemente el delantero iba a marcar muchos goles. Curiosamente en mis primeros años jugaba siempre por la derecha y el delantero era Víctor, pero creo que fue Antonio Quiroga o Luis Palmero el que pidió que nos cambiáramos, por lo que al final a Víctor lo pusieron por la derecha y a mí de delantero.

En cuanto al tema del récord que me comentas, hubo una temporada en alevín o infantil en la que marqué ciento veintiséis goles y fue un récord hasta que luego lo superó Portillo. Me hizo mucha ilusión que Barritos, delegado del Deportivo de la Coruña, con el que estuve hace unos meses porque me invitaron al veinticinco aniversario del título de liga, me comentó que le había llamado el delantero de la selección española y que yo tenía un récord de ser el máximo goleador de las inferiores de la selección o algo así, aunque no sé si habrá alguno que lo habrá superado.

Aquel juvenil del Real Madrid que jugó la final de la Copa con el FC Barcelona.

Jugamos en Zaragoza y perdimos, pero el Barça tenía un gran equipo con Celades, Roger, creo que Iván de la Peña… aunque nosotros no nos quedábamos atrás e incluso Raúl ascendió para jugar ese partido con nosotros. Pese a la derrota fue nuestra primera experiencia bonita de sentirse casi como un futbolista profesional.

¿Y cómo era ese Raúl que siendo un niño ya juega una final de Copa juvenil?

Tengo una imagen que no se me olvidará. Fue en el primer entrenamiento que hizo con nosotros en el campo de debajo de la ciudad deportiva. Echamos un partidillo y se le veía un hambre brutal. No sé si marcó uno o dos goles en el partidillo, pero yo le miraba y pensaba «Este chaval va a llegar», ya se le veía. Hay jugadores a los que en seguida, salvo que tengan muy mala suerte con las lesiones o les pueda pasar cualquier otra cosa, notas que van a llegar y Raúl ya miraba hacia arriba. Aunque sea un niño de quince años, se nota.

Luego, de la vida del futbolista la gente solo ve una parte y piensa: «Los futbolistas tienen mucho dinero», pero no todos son así, porque a lo mejor uno que juega en segunda B o, incluso, en segunda A, alguno que deja el fútbol tiene que seguir trabajando. Pero es cierto que en el fútbol, la recompensa es muy bonita cuando juegas en primera división y tienes para tu coche, tu piso, para montar un negocio… Sin embargo, atrás hay una historia y esa historia es muy sacrificada. En mi caso, no he tenido infancia con mis amigos, no he podido irme tampoco un verano con ellos a Torrevieja o a Gandía porque cuando acaba la temporada te tirabas un mes en Venezuela o Chipre con la selección con quince o dieciséis años.

Yo tenía que ir con una autorización del Madrid a mi profesor de música, que era la última asignatura del día, para que me dejara salir antes e irme a entrenador, porque si no, no llegaba. Con trece o catorce años tenía que coger el autobús y el cercanías solo o con algún compañero como Víctor, me han quitado el dinero y me han pegado de camino a la Ciudad Deportiva porque teníamos que cruzar un poblado para llegar.

Era una infancia sacrificada porque además no podías salir demasiado, no probar el alcohol, cuidarte por las noches… yo estuve con una chica muchos años en esa época y al final el hecho de tener novia tan pequeño era casi mejor, porque te daba estabilidad. Muchas veces, piensas: «Tener novia tan pequeño…», pero, por ejemplo, yo prefiero que mi hija ahora tenga un novio porque da estabilidad. En mi caso, venía a Parquesur, me tomaba una crepe y a las nueve y media estaba en casa.

¿Te has arrepentido alguna vez?

No, porque la recompensa es muy bonita.

¿Y esa gente que ha hecho lo mismo que tú y no ha triunfado?

Pasa, mucho. El fútbol es complicado. Durante mi etapa en la cantera he tenido compañeros que eran muy buenos. De hecho, no me olvido del caso de uno que tenía una calidad tremenda, era fantástico, pero no le gustaba: la noche, las chicas, el alcohol, el tabaco… Con esto, te digo que si tienes un sueño debes perseguirlo y renunciar a muchas cosas; ya cuando llegues ahí al filo, te saldrá bien o te saldrá mal. En mi caso cayó cara, pero podría haber salido cruz, aunque puse todo de mi parte.

Tuve un compañero en Girona, que además jugó en la cantera del Madrid, al que, cuando llegué, vi hacer dos o tres cosas que no había visto en la vida. Era un mediapunta, cazaba un saque de puerta del portero, lo paraba con el pecho y era capaz de bajarlo. Le comentaba: «Tú no vas a ganar dinero en el fútbol porque no te sale de los cojones». ¿Y por qué?  Porque salía, porque fumaba y porque no se cuidaba; aunque luego le veías entrenar y era un espectáculo. Ganó dinero, pero podría haber ganado más.

¿Decimos el nombre o que lo busque la gente en BD Fútbol?

Deja, deja, que lo busquen.

¿Desde pequeño eras del Real Madrid?

¡No, qué va! Yo era de la Real Sociedad de toda la vida. Cuando de pequeños jugaba con mis primos a las chapas cada uno tenía su equipo de chapas. Era de Arconada, López Ufarte, Gajate, Zamora… todos aquellos del doblete. De hecho, tuve la suerte de jugar en Atocha y es un recuerdo muy bueno que tengo.

Además, hay una anécdota ahí; López Ufarte era uno de mis ídolos y tuve la oportunidad de coincidir con él en un partido de estos de retirados que se jugaba en Ibiza: en el calentamiento me acerqué a él un poco nervioso y le comenté: «¿Te puedo decir una cosa? Tú eras mi ídolo!». «¡No jodas, Iván!», me respondió. «Sí, te lo juro». Para mí era auténtica pasión, me compraba los cromos, me hacía el equipo de chapas…

Luego seguí hablando con él y le comenté que había jugado con el Real Madrid el trofeo de Irún, que tenía el nombre de Robert López Ufarte y él me dio el trofeo de máximo goleador en ambas ocasiones. Se lo iba contando e incluso me daba algo de vergüenza porque estaba ahí nervioso junto a él.

Iván Pérez

Volviendo a Raúl, imagino que te enfrentarías a él cuando estaba en el Atlético de Madrid.

Soy un desastre con el tema de los nombres y los años, pero me enteré mucho tiempo después de que habíamos jugado un partido en Cotorruelo, la final de la Copa de Madrid contra el Atlético en el típico campo de tierra. Cuando acabó la primera parte íbamos perdiendo 2-0 y te puedes imaginar, una de las cosas que tengo que agradecer al Real Madrid es cómo te inculcan ese gen ganador que provocaba que en nuestra época no pasara por la cabeza de ninguno de nosotros la posibilidad de perder.

Al llegar al vestuario, vino Del Bosque y nos dio una charla que no veas: «¡Eh! Que somos el Real Madrid, tenéis la segunda parte para arreglar esto». Luego, se quedó Quiroga y fue él el que nos pegó cuatro voces animándonos: «Hacedme caso, que le vamos a dar la vuelta al partido. A darlo todo, nos dejamos la piel, que vamos a ganar». Ahí ya nos miramos todos unos a otros convencidos de que íbamos a ganar, hicimos el uno a dos, el dos a dos y en la prórroga hice el tres a dos. Cuando marqué, me fui a abrazar a Quiroga, porque él fue el artífice de todo eso. En ese partido, viendo algún video después, estaba Raúl en el Atlético.

Cuando la gente ve las famosas remontadas del Real Madrid, muchos se preguntan «¿qué es lo que tiene este equipo en las segundas partes?» Es precisamente eso. ¿Se puede explicar? Es complicado, porque al criarte en el Madrid, te hacen tan competitivo que no les vale otra cosa que no sea ganar.

Nosotros, a lo mejor, jugábamos un partido en un torneo en cualquier ciudad y si perdíamos con el Atleti, el Barcelona o el que fuera, sorprendía. No era nada habitual el hecho de perder y por ninguna de nuestras cabezas pasaba la idea de que el Atleti nos ganara. Estábamos obligados a ganar y, de alguna manera, te meten ese gen ganador desde que eres pequeño. ¡Y seguimos con él! Ahora jugamos con los veteranos o en fútbol indoor y no se pasa la idea de perder. Podemos hacerlo, pero nunca vamos a dar nada por perdido, vayamos con dos goles en contra o con tres.

¿Esa presión por tener que ganar todos los partidos, no es fuerte para unos chavales?

¿Sabes qué pasa? Estamos hablando del Real Madrid, y al final el Real Madrid es la élite. Y ahí tienes competencia, estás obligado a ganar. Es cierto que de pequeño te meten presión, pero cuando ya eres más mayor esa presión la llevas mejor. Te hablo de la prensa, el tema de ser gente muy conocida que en el día a día no pueden pasear por la calle.

Es muy importante tener tu vida controlada, porque si no tienes una estabilidad emocional en tu día a día, en el fútbol no te va a ir bien. Personalmente, he tenido la suerte de estar en equipos muy buenos, y lo primero que hacen es ponerte a una persona que te ayude en todo lo que necesitas.

Imagina un jugador del Real Madrid, cuando sale de la ciudad deportiva nadie sabe su vida, si su mujer tiene un problema, si el hijo no está bien en el colegio, si alguno de sus padres tiene una enfermedad o no duerme por las noches porque está preocupado. Sin embargo, lo ves en el campo y dices: «Joder, qué mal partido ha hecho». Pero no sabes qué está pasando detrás. Por eso, es muy importante tener una estabilidad fuera que te ayude a todo eso.

¿Qué día piensas: «Ya soy futbolista«?

Cuando estás en el juvenil A ya te das cuenta de que vas quemando etapas, estás a dos pasos de llegar y te vas haciendo ese tipo de comentarios de: «Me queda poco, estoy muy cerca de cumplir mi sueño». Había despuntado en las inferiores, pasé por la selección de Madrid… pero es ahí, en el juvenil, cuando ves que queda muy poquito para abrir la puerta y ver la gloria, que es tu sueño.

En el Castilla coincides con Rafa Benítez.

Con él estuve muy bien, era una persona de la casa, que estaba muy encima del jugador, que había jugado al fútbol, aunque no en la súperélite, pero que ayudaba muchísimo al futbolista. Era tremendamente metódico e incluso una vez me dijeron que ataba a los centrales para trabajar en la línea de cuatro que y no se desajustaran. Tenía sus métodos y en la cantera del Real Madrid es muy querido, ya que han pasado muchos jugadores por ahí.

Fue capaz de decirle a Modric que no le diera de exterior…

Yo a Modric no me atrevería a decirle eso. Él fue muy atrevido, si yo fuera entrenador de Modric lo tendría claro: «Haz lo que quieras…»

Tu salto al primer equipo fue en un momento complicado, la temporada en que Valdano acaba cesado y te dio la alternativa Arsenio Iglesias. ¿Fue ahí cuando entraste en dinámica o empezaste antes?

De vez en cuando te podían subir, porque a lo mejor había jugadores que se iban con la selección, pero fue ese año en el que se lesionó un jugador del primer equipo, no sé si era Zamorano, me llamaron para decirme que iba a debutar. Soy un tío bastante tranquilo, pero cuando salimos del hotel tras la charla e íbamos camino del Santiago Bernabéu en el autobús, me puse un poco nervioso: nos acercábamos al estadio y ahí te dabas cuenta de la grandeza de lo que es el Real Madrid, con la gente esperando… Y eso que, con todo mi respeto, era contra el Espanyol, y no íbamos bien en Liga.

Sin embargo, eras consciente: «¡Qué grande es el Madrid!». Quizá no lo piensas en el momento, pero yo he tenido la suerte de estar en la historia del Real Madrid. A mí me llamó un día un amigo y me lo soltó: «No sabes lo que has hecho, estar en la historia del Madrid». Hace poco hice el tour del Bernabéu con mi hija y hay un sector en el que aparecen unos planetas, pones tu nombre y ahí salía yo. De hecho, incluso compré el cromo de mi hermano y el mío en la tienda. Cuando ves esas cosas te das cuenta de que has tenido la suerte de jugar en el mejor equipo de la historia. El sueño de aquel chaval del alevín finalmente se cumplió.

Arsenio Iglesias.

Era un señor que ahí ya era mayorcete que había hecho historia en el Deportivo de la Coruña, en aquella época lo tuvo complicado y se quiso ir. Tuvo aquel problema de Soler por el que si le ponían había que renovarlo y tal. Personalmente, le agradeceré toda la vida el haber podido debutar con él y Mariano García Remón, que me conocía de la cantera. Él siempre tendrá un huequecito en mi corazón, fue el que se acercó ahí el día del Espanyol mientras estaba sentado en el banquillo: «Neno, salga usted a calentar, hombre». Siempre le tendré un cariño especial.

Iván Pérez

Esa temporada hubo un Real Madrid – Albacete en el que le reconoció a Pedro Riesco: «Pedriño, estoy hasta los huevos de estar aquí. Hace dos meses que llegué y parece que llevo toda la vida. Aquí entra todo el mundo al vestuario y no me respeta ni Cristo».

Date cuenta que él era un hombre que llevaba toda la vida en el Dépor y tuvo aquella época dorada, pero el Real Madrid es un equipo muy grande. Hizo lo que pudo…

Jugaste tres partidos en el Real Madrid.

Debuté contra el Espanyol y el último partido, fue en Zaragoza, donde salí en todas las televisiones por aquella historia entre Raúl con García Remón en el que él se cabreó. ¡Pues el cambio era yo! Me vieron todos mis amigos. El otro partido, el segundo, fue ante el Mérida, y ahí hubo varias cosas: fue mi primero como titular, marqué mi primer gol, se despidieron Michael Laudrup y Míchel, que incluso se me cayó alguna lágrima. Aquel fue un día muy bonito.

¿Cómo es marcar en el Bernabéu?

He tenido la gran suerte, sobre todo en cantera baja y con la selección, de marcar goles importantes, pero es muy difícil explicar la felicidad que se siente cuando marcas un gol. Aquel gol contra el Mérida tenía a toda mi familia en el campo, mis amigos… es una alegría inmensa y es complicado explicar lo que se te pasa por la cabeza.

Por ejemplo, tuve la suerte de marcar el gol de la final del campeonato de Europa con la selección sub-21 que nos sirvió para quedar campeones y fue mi madre la que me vino a la cabeza. No sé lo que sentirían Fernando Torres o Andrés Iniesta con esos goles en las finales de la Eurocopa y el Mundial, pero me encantaría preguntárselo, porque la alegría y esa luz que te entra por dentro es difícil de explicar.

Hablas de la salida de Míchel y tanto Butragueño como Martín Vázquez ya lo habían hecho antes. El ciclo de la Quinta podía darse por acabado, porque ya sólo quedaba Sanchís. ¿Cómo mirabas tú a esos jugadores?

Como un espejo. Tengo todavía presente la antigua ciudad deportiva, que todos los que hemos pasado por allí la tenemos en la cabeza porque es histórica: había un pasillo, a la izquierda estaba el primer equipo y a la derecha el juvenil, el Castilla… y ahí nos cambiábamos. Para mí era inalcanzable y cuando unos íbamos para un lado y otros para el otro, siempre te parabas en el centro: «¿Cuándo podré ir alguna vez a esa parte?». Los veías tan grandes que te daba vergüenza cuando estabas con ellos.

Solamente he pedido dos cosas en mi vida cuando era más chiquitillo: las botas de Hugo Sánchez y los guantes de Buyo, con el que entrenó en Valdebebas y se lo he recordado luego un montón de veces. En cuanto a lo de Hugo, imagina lo que fue para mí acercarme a él muerto de vergüenza y preguntarle: «Juego en el juvenil, ¿me podrías dar tus botas?». Con todo esto, me refiero a que cuando llegas allí, todos te ayudan. Y más cuando eres un chico que ellos saben perfectamente de dónde vienes. Míchel, Martín Vázquez, Butragueño, Chendo… todos saben de dónde vienes y te ayudan en todo lo que pueden porque ellos han pasado por ahí.

A ti te dio las botas Hugo Sánchez y tú a un niño llamado Joaquín cuando jugabas en el Betis.

Fue una alegría que me llevé hace poco, hace un par de años jugamos un partido benéfico en el campo del Betis y allí estaba Joaquín. Le dije que si nos tirábamos una foto juntos, él estaba firmando unos autógrafos y en ese momento me comentó: «Hombre, Iván, ahora te voy a contar una cosa que te vas a quedar alucinado».

Me quedé parado porque no sabía a qué se refería y cuando nos estábamos haciendo la foto fue cuando me soltó: «Cuando era pequeño, estaba en las categorías inferiores del Betis, te pedí unas botas y me diste unas Joma con las Jota amarilla que todavía las tengo en casa». Me dio una alegría tremenda. En ese momento, piensas: «Hugo Sánchez me dio unas botas a mí, siendo tan grande como era. Cuando a mí me viene un chaval de la cantera y voy a hacer todo lo que pueda por ayudarle. ¿Cómo no voy a hacerlo? Conmigo lo han hecho, así que siempre que pueda voy a hacerlo».

Y hablando del Real Betis, llegas allí desde el Real Madrid.

Nos metieron en la operación de mi hermano. El Real Betis lo quería y, entonces, Lopera hizo una oferta de 1150 millones de los que 1000 eran por Alfonso y 150 por Valerio y yo, por lo que fuimos para allá. La ciudad es espectacular y el equipo, increíble. Allí el Real Betis es como una religión. He tenido la gran suerte de estar en un equipo sensacional y ya desde el principio la gente por la calle te inculca lo que es el Betis desde el primer día. Fue una etapa difícil, hubo muchos entrenadores y muy distintos como Luis Aragonés, Javier Clemente, Cantatore, el portugués Oliveira… pero si tuviera que quedarme sólo con una cosa, te diría que pertenecer al Betis es otra de las cosas que quedará para siempre en mi vida.

Iván Pérez

¿Cómo era jugar con tu hermano?

Te puedes imaginar. Como hermano pequeño, para mí ha sido el espejo donde mirarme. Siempre lo comento, y no es pasión de hermano, Alfonso ha sido uno de los mejores jugadores que ha habido en España. De los más completos. De hecho, cuando ahora vamos a Valdebebas y hablo en la cafetería con dos futbolistas que han jugado como él, como Toril y Juanjo Vallina, me dicen que para ellos ha sido, si no el mejor, uno de los mejores que ha dado la cantera del Real Madrid.

Si te pones a analizarlo ves que tiene pierna izquierda, pierna derecha, remate de cabeza. No era excesivamente rápido, pero era potente en el uno contra uno, con regate y bueno en el quiebro, conozco muy pocos delanteros que les dé igual salir en el regate a la izquierda o la derecha, ya que podía pegarle con las dos. Ha habido pocos futbolistas tan completos como él. ¿Qué pueda haber alguno que vaya mejor de cabeza? Sí. ¿Qué tengan más gol? Probablemente.  Pero más completos, muy pocos.

Hubo un 0-4 en Vallecas en el que marcó tres goles y salió aplaudido.

Contra el Rayo Vallecano, precisamente, marcó un penalti con la izquierda pese a ser diestro.

En el Betis era Dios.

Era Dios y, de hecho, todavía es Dios cuando va por allí. Casi ni podía salir a la calle, porque además, con lo apasionada que es la afición del Betis…

¿Qué te aportó Luis Aragonés?

Le tengo mucho que agradecer, pensaba como jugador y eso se notaba. El siempre estaba de este lado; era el entrenador, pero te ayudaba, algo que es muy complicado. Personalmente, me he llevado muy bien con todos los entrenadores, pero gente como Luis Aragonés o Javier Clemente eran de los que hablaban contigo y eso siempre se agradece.

Por ejemplo, con Irureta me llevaba muy bien pero echaba de menos que hablara conmigo. Estuve muchos años en el Dépor y me tenía un cariño especial que yo conocía, cada vez que veníamos de vacaciones o al final de un entrenamiento tenía muchos gestos de cariño hacia mí; pero yo necesitaba el cariño futbolístico de que contara más conmigo.

Volviendo a Luis Aragonés, él ya el primer día que llegó al vestuario del Betis nos comentó: «Chiquitos ­—así como hablaba él—si ustedes tienen algún problema, me llaman. Estoy aquí para entrenarles y para ayudarles». Que un entrenador te diga eso, además un tío que ha sido jugador de primera división, es muy importante.

Por aquel entonces yo tuve un problema en el Betis, ya que tenía un pequeño quiste y recibí un balonazo en un entrenamiento que me hinchó toda la cara, por lo que me tenían que operar. Sin embargo, el médico del Betis me dijo que la operación me la tenía que pagar yo. En ese momento, pensaba que yo me tendría que pagar la operación si llegaba a mi casa y me pegaba con la puerta, me abría la cabeza y me tenían que coser, pero no por algo que me hubiera hecho en un entrenamiento, por lo que fui a ver a Luis a su despacho, toqué en la puerta y le comenté: «Míster, ¿puedo entrar?».

Una vez dentro, le expliqué porqué tenía la cara hinchada y que desde el club me habían informado de que la operación me la tenía que pagar yo. «¡Pero cómo se va a pagar usted la operación! Váyase, váyase ahora y déjeme hacer unas gestiones y tal». No sé si tardó un minuto o dos, pero apareció allí en el vestuario con esos andares tan característicos: «¡Chiquito! Que a usted le operan esta tarde en la clínica tal y no paga un puto duro».

Yo era un futbolista joven, casi recién llegado, y que un tío con la historia de Luis Aragonés me ayudara así… Lo normal hubiera sido que se pusiera a ayudar a mi hermano, Denilson, Finidi, Alexis… pero que lo hiciera conmigo de esa manera fue espectacular. ¿Cómo no van a matar los jugadores por él? Ha sido alguien muy querido en todos los sitios por los que ha estado.

Luis me lo señaló: «Usted no se va a ningún lado porque quiero que esté aquí conmigo, va a jugar muchos partidos», pero luego, desgraciadamente, se fue por aquel enfado con Lopera. Él fue siempre muy claro conmigo, igual que sucedió luego con Javier Clemente, que en este caso fue al revés: «Iván, tú eres muy joven, lo tienes complicado para jugar. Si viene algún equipo, dímelo porque te voy a ayudar a salir».

En todos los equipos en los que he estado he tenido mucha competencia que me ha complicado el poder jugar. Durante mi periplo en el Betis estaba Denilson, Oli, mi hermano… En aquel momento, cuando Clemente te comenta eso, lo primero que piensas es «Joder, este tío no me quiere», pero ahora estoy eternamente agradecido. Hace un tiempo coincidí con él y se lo comentaba: «Lo que pido a un entrenador es sinceridad». El futbolista necesita comunicación, aunque sea para decirle que no le quieres.

Luis y Clemente chocaron mucho con Lopera.

Como presidente, si el equipo iba bien, era el mejor del mundo. Pero si el Betis iba mal, era muy difícil para el jugador. Tuvo alguna con mi hermano, con Cuéllar, Solozábal… él era genio y figura, era su Betis, pero para el jugador a veces era complicado. De hecho, para irme del Betis al Girondins de Burdeos tuve que renunciar a un dinero importante.

Él te hacía renunciar a ese dinero porque sabía que a lo mejor en el nuevo equipo te iban a mejorar ligeramente la ficha, pero te aprieta tanto que al final acabas renunciando. Pero bueno, en mi familia le recordamos con un cariño especial porque con nosotros se ha portado muy bien.

Para recuerdo, aquel partido ante el Vejle en Copa de la UEFA en el que marcaste tres goles (5-0).

Aquel fue un día para mí que no olvidaré. Una alegría increíble, con todo el mundo regalándome los periódicos del día siguiente. Habíamos perdido en la ida y era necesario darle la vuelta, pero aunque yo marqué los tres goles, fue una labor de todo el equipo. Siempre recordaré ese partido como una noche mágica y se quedará en mí como uno de los encuentros que me marcó como futbolista del Real Betis.

Iván Pérez

Te marchas al Girondins, pero antes fuiste campeón de Europa sub-21 con España en 1998.

Llegamos al torneo con muchísima ilusión y además teníamos un equipazo con grandísimos jugadores. Ganamos los cuartos, semifinales y final por 1-0 y en los tres partidos tuve la suerte de marcar los goles. No se me olvida, sobre todo, la final por algo que pasó. Unas jugadas antes del gol hubo un córner que sacó Valerón y al portero se le escapó la pelota.

Ahí me acordé de algo que siempre me advertía: «Tienes que colocarte bien en los córners. Debes estar bien colocado e intuir dónde va a caer el balón». ¿Cuántos goles ha marcado Raúl? Vamos a redondear y diremos que mil. Y de esos, ¿cuántos han sido por estar bien colocado y ser el más listo?, a lo mejor han sido ochocientos. Por eso, cuando en ese córner vi que se le escapaba la pelota al portero recordé todo eso y pensé que me había equivocado porque tenía que haber estado mejor colocado para aprovechar un rechacé.

Así, en la jugada del gol intenté situarme mejor, Valerón volvió a sacar, al portero se le escapó nuevamente, el balón fue para atrás y ahí me tiré con todo. Me jugué la cabeza, porque el portero podría haberme dado un puñetazo y dejarme sin ella, acabé dentro de la red, pero marqué el tanto que valió el campeonato de Europa y fui máximo goleador.

Y salto a Francia.

En ese tipo de torneos hay muchos representantes, hubo uno que me vio y se puso en contacto con el Betis para transmitirles que me querían fichar. Ahí fue donde Javier Clemente, como te comentaba antes, me ayudó a hablar con el club para que me dejara salir y fui para allí. Tengo que reconocer que no conocía absolutamente nada de Francia, por aquel entonces ya había Internet y yo andaba por allí en Sevilla mirando: «Esta gente va bien clasificada». También observé que tenía a dos de los máximos goleadores de la categoría: Lilian Laslandes y Wiltord, así que pensaba «¿y esta gente para que me quiere a mí?».

Antes de ir hablé con Torres Mestre, que estaba allí: «Vente para aquí, que el equipo está muy bien y estamos ahí ahí para quedar campeones de Francia». Siempre he sido echado para adelante y me fui: «Me voy. A tomar viento. Me tengo que arriesgar». Con los dos bicharracos que había en la delantera jugué por la derecha, pero fue una experiencia muy bonita, salimos campeones y tuve buenos partidos.

Un año y vuelves a España para fichar por el Deportivo de la Coruña.

Renuncié a jugar la Liga de Campeones, de lo que me arrepiento un poco. Allí en Francia, estaba muy bien en el equipo y muy cómodo en la ciudad. Además, la afición, los ultras que estaban detrás de la portería, me tenían mucho cariño. Incluso Torres Mestre me comentaba: «Eres un cabrón, acabas de llegar y los tíos te cantan a ti», porque cuando salía a calentar la gente me aplaudía y me cantaban.

Sin embargo, el día a día allí era más difícil, porque el jugador francés va muy a lo suyo. Aquí, en España, llega Finidi, el mismo día nos le llevamos a cenar y Finidi ya no se quiere ir del Betis nunca. En Francia el día a día es distinto: «Bonjour» todos los días, entrenabas y para casa. No tenía relación con los compañeros y ellos no hacían mucho para fomentarlo, cada uno tenía su vida.

Por eso, en esa pretemporada mi padre me dice que el Rayo Vallecano me quiere para irme cedido una temporada y cuando estaba en conversaciones para llegar me llamó Víctor: «¿Has firmado?». Cuando le comenté que no, fue tajante: «No firmes todavía, que Lendoiro quiere hablar contigo». De ir un año cedido al Rayo, y luego volverme a Francia, a darme cinco años como me daban, elegí al Dépor.

Coruña.

Junto a Sevilla, es una de las ciudades más bonitas de España. Eso que dicen del clima y que está todo el día lloviendo, no es así. He estado cinco años allí y hubo un invierno muy duro en el que llovía bastante, pero no llueve todos los días. Hablamos de una ciudad preciosa para visitar y muy volcada con su Dépor.

Juegas poco.

El Deportivo es otra parte de mi vida, pero no tuve mucha suerte. Jugué muy poco, prácticamente nada. Aunque tenía grandes jugadores por delante, creo que me merecía más. Es cierto algo que me dijo Lendoiro recientemente en una charla: «Tenías a Djalminha, Makaay, Bota de Oro, Pandiani, Turu Flores, que venía de las Palmas…»

Iván Pérez

Me decías antes que Irureta no hablaba demasiado.

Por eso te comento que creo que me merecía algo más, estuve cinco años en el Dépor y en cuatro de esas pretemporadas yo acabé como máximo goleador. Incluso hubo un año que igualé el récord de Bebeto de goles en partidos seguidos, y eso que jugaba 45 minutos. Me pasé todo el verano corriendo, preparándome físicamente para llegar bien a la pretemporada, marqué en seis o siete partidos consecutivos pero llegó el final del verano y te soltaban: «No estas inscrito».

¿Cómo es posible esto? ¿Cómo se digiere? Yo llegaba a mi casa y me ponía a llorar. Así te lo digo. Fue una etapa muy bonita pero muy complicada personalmente, porque no lo entendía. ¿Por qué? Entonces, no tenías esa explicación después de haber estado corriendo veinticinco días a cuarenta grados por Getafe. Eso te frustra y mentalmente me afectaba, personalmente era de los que llegaba el primero y se iba el último.

¿Nunca te quejaste? Dicen que quien no llora no mama.

Si volviera a jugar al fútbol, y pudiera volver atrás, actuaría de otra manera. Educadamente, eso sí. Hay una frase que digo siempre: Para triunfar en el fútbol, no en todos los casos, pero hay que ser un hijo de puta, futbolísticamente hablando. Si crees que mereces algo, tienes que ir al entrenador e informarle: «Estás siendo injusto conmigo, no me merezco esto, estoy aquí el primero y esto es así, así y así». Como creo que he sido demasiado bueno, no iba a hablar con el entrenador… y él no hablaba conmigo. No te digo quitar a Djalminha, Makaay o Diego Tristán para meterme a mí, lo que digo es que me merecía algo más que quedarme sin convocar.

Él te comentó que te quería como un Juan Sabas.

Eso fue el único día que creo que habló conmigo. Fue en mi primera pretemporada, cuando iba charlando con todos los jugadores que llegábamos como Jaime, José Manuel, César, Fernando… y al llegar a mí me comentó: «Te he estado viendo en Francia, has estado bien, habéis quedado campeones y me puedes venir bien para los últimos minutos, un tipo Sabas para revolucionar los partidos».

Ahí pensé: vaya, un tío que acaba de llegar al club, que venía de jugar en Francia y ser campeón, y este hombre me dice que me quiere para los últimos minutos. ¡Por lo menos no me digas eso! Dime que empiezo de cero, que me lo tengo que ir ganando poco a poco, no me sueltes que me quieres para los últimos minutos. Salí de aquella charla y no sé si estaba por ahí Víctor o Jaime y se lo comenté: «No voy a jugar ni un partido».

Con tanta estrella, ¿cómo eran esos entrenamientos? Lo de Djalminha debía ser alucinante..

Personalmente, los dos que más me impresionaron fueron Valerón y Fran. Con Valerón había coincidido en las inferiores de la selección y, aparte de ser un fenómeno como persona, era talento puro. Valerón era el típico jugador que parece que se la ibas a quitar pero nunca lo hacías. Como delantero, tener a un jugador como ese detrás de ti es una auténtica bendición. Personalmente, hay tres jugadores con los que he tenido la suerte de jugar con los que solamente tenías que hacer un desmarque y sabías que te la iban a poner delante del portero. Eran Valerón, Guti e Iván de la Peña.

¿Quién era el líder de aquel vestuario?

Era algo grupal. Pienso que Lendoiro era muy listo y aquel verano fichó a muchos españoles, de tal manera que formamos un grupo muy bueno entre los españoles, los brasileños que ya estaban, argentinos como Scaloni, Schürrer y el Turu… Fue un buen grupo.

Iván Pérez

¿Cómo se plantea uno el tener que luchar por un puesto con gente de ese nivel?

Para mí fue difícil, porque sabía que por mucho que hiciera no iba a jugar. Fíjate lo que te estoy diciendo. Para mí, cada vez que salía a jugar era un examen en que la única posibilidad que tenía era suspender. Si lo hacía bien, daba igual y sabía que el siguiente partido no iba a jugar.

Sois campeones de Liga, pero juegas sólo 27 minutos en 3 partidos. ¿La sientes como tuya?

Cuando perteneces a una plantilla y estás en el día a día, juegas en mi caso la Copa del Rey, algún partido de Liga y eres parte del vestuario, sí. El campeón no es solamente el que mete los goles, los campeones son todos, porque tan importante es el que juega como el que no lo hace. Nosotros éramos un grupo y, para que las cosas vayan bien, no solamente son los once que juegan. Hay gente que crea un buen ambiente, otros que tiran del vestuario, o los que ayudan cuando les toca jugar unos minutos.

Quizá son más importantes los que no juegan que los que lo hacen, pues jugar es más cómodo. Luis Aragonés siempre hablaba más con el que no jugaba que con el que jugaba. El que juega está contento y Luis, que era un tío muy listo, sabía que tenía que ayudar al que no jugaba. ¿Para qué? Para que no decaiga. Aquel vestuario del Dépor éramos todos y todos tirábamos hacia adelante.

Esa celebración.

La vida y el fútbol, incluso el deporte, le debía eso al deportivo de la Coruña. Después del palo tan grande que supuso lo sucedido unos años antes, todo el mundo esperaba que acabara pasando lo que nos pasó. Nos debían una y lo supimos aprovechar con los grandes jugadores que había y el equipazo que montó Lendoiro. Con aquella Liga, el club respiró, se quitó aquel peso de encima, esa piedra que tenían desde el penalti de Djukic. La ciudad se echó a las calles, fue un espectáculo que recordaremos toda la vida.

Tengo fotos, he estado no hace mucho y he visto algunas en el paseo de Coruña aquel día que festejamos y, como dije allí, son cosas que hay que celebrar por todo lo alto, no se sabe si va a volver a darse la situación de que un equipo humilde pueda ganar la Liga.

¿Quién fue el culpable de que os pusierais ese pelo terrible después de ganar?

El más listo fue Fernando Sánchez Cipitria, que se casaba poco tiempo después y se pintó con unas tizas, pero a los demás, en diez minutos nos pasaron de nuestro color de pelo a rubio. ¡Y luego no veas que costras me salieron!

Las dos siguientes temporadas te marchas cedido a Numancia y Leganés.

Sinceramente, no estaba bien físicamente. Y te digo el porqué. En mi caso, lo que sucedió es que llevaba mucho sin jugar en Coruña y cuando llegas a un equipo nuevo en enero, es complicado porque las piernas no te dan, la cabeza no te da. Si no te responden los pulmones, no lo hacen las piernas.

Y yo, físicamente, no me encontraba bien. ¿Cuándo te empiezas a encontrar bien? Cuando te dan cinco o seis partidos, pero si juegas unos cuantos y no te encuentras bien, el entrenador te quita. En Coruña, como casi siempre jugaban los mismos, tenía que coger el fondo físico en los entrenamientos, pero tampoco lo coges porque en una hora u hora y media… Por todo esto no llegué muy bien.

En Leganés fue especialmente complicado.

Estábamos en el equipo para intentar salvarnos y al final lo conseguimos, pero fue una etapa difícil. Tengo mucho cariño a todos los equipos en los que he estado y el Leganés es uno de ellos, pero soy de Getafe y existe esa rivalidad. No es la misma que entre Madrid y Atleti ni Betis y Sevilla, pero existe. Yo venía de un equipo grande por aquel entonces como el Deportivo, que había ganado lo que había ganado, y ¿qué espera la gente de ti? Que metas dieciséis o diecisiete goles. Pero el equipo no andaba bien. Y yo el primero, ni mental ni físicamente.

¿Qué sucedió? De alguna manera la gente la pagó un poco conmigo, esperaban mucho de mí y no estuve a la mejor altura por todas esas circunstancias, por lo que para mí fue muy duro. Quizá estamos hablando de la etapa más dura de mi vida, porque me bloqueé mentalmente, no quería jugar al fútbol y me pasaron cosas que son difíciles de explicar en tu cabeza. Empezaban los partidos, miraba el marcador del campo del Leganés y quería que se acabase el partido. Imagina lo duro que es para la mente de un jugador que vayan cinco minutos de partido y solamente quieras que acabe.

No quería tocar el balón, me daba miedo hacerlo. Tenía inseguridades y fue muy difícil para mí que tus propios aficionados te chillen y te insulten. Hubo un partido en casa contra el Recreativo de Huelva en que el entrenador me quitó al descanso y ahí me destrozó. Me fui a la ducha, allí me cogió el utillero, me dio un abrazo y me puse a llorar.

Ahí se cumplen los porqués que te digo del fútbol: por qué me pasa a mí, por qué me chilla mi propia afición, por qué no quiero tocar el balón, por qué quiero que se acabe el partido… Entonces, llega un momento en que me caigo al suelo. Pero en el fútbol es tan bonito triunfar como levantarte después de una caída.

Efectivamente, en Leganés el entrenador me tuvo que quitar: tenía miedo a jugar, no quería el balón, la gente me chillaba, y me terminó quitando. En ese momento, contacté con un amigo mío que pese a que no ejerce, es psicólogo. Dado que no estábamos cerca, hablábamos de vez en cuando y me mandó una serie de libros de autoayuda para que junto a las llamadas que tenía hablando con él me viniera arriba. No era muy de leer, pero eso me vino muy bien: leer, comprender… y llegó un momento en que pude salir de esa situación de sufrir dentro de un campo de fútbol.

De hecho, hubo un partido en el que ya el técnico me convocó, pude salir diez minutos y dar un pase de gol a un compañero; en el siguiente o dos después marqué un gol. De alguna manera, salí de una situación que no era fácil y recomiendo a todo el mundo que haga deporte, y en la vida en general, que tiene que tener un psicólogo, porque cada uno tenemos nuestros problemas y tienes que contarlos para que te ayuden. Al final, si me lo como todo, no voy a salir nunca de la situación.

Iván Pérez

El no querer salir al campo me recuerda a algunos pasajes del libro «Subcampeón» de Zuhaitz Gurrutxaga, ex de la Real Sociedad.

He visto un documental de Iniesta a ese nivel y que lo pasó mal. Hay una frase que digo mucho: nosotros nos ponemos un partido por la tele y vemos a los jugadores en una pantallita cuadrada, pero como te comentaba antes, cada uno tiene su vida. Todo el mundo necesita gente que le escuche y le ayude.

Desde fuera siempre se justifica todo con que ganáis mucho dinero.

¡La cuenta! Cuando alguien está jugando al fútbol, la cuenta ni la mira. Nosotros, tanto mi hermano como yo, cuando íbamos ganando un dinerillo y tal, todo lo hacía mi padre. Nosotros nos dedicábamos a lo nuestro. Los jugadores de fútbol no saben ni lo que tienen en el campo. Ahora, se lo tienen bien ganado. La gente puede decir lo que quiera, pero el futbolista se lo ha ganado.

Ya de vuelta, eres testigo de dos de los momentos clave en la historia del Deportivo: el famoso 4-0 al AC Milan y la eliminación ante el Oporto en semifinales de Champions.

La remontada fue algo histórico, ya que nos daban por muertos. Te puedes imaginar, un equipo humilde como nosotros dando la vuelta a una eliminatoria ante un histórico como el Milan. Fue una de las primeras grandes fiestas que hubo en la ciudad. En cuanto al partido ante el Oporto, ¡uf! Un jarro de agua fría, creo que teníamos equipo para haber llegado a aquella final. La expulsión de Andrade con Deco, cuando le dio aquella patadita y le decía al árbitro: «Pero si somos amigos». Amigos, pero roja. Son dos momentos que quedarán en la historia del club.

El rival en la final era el Mónaco. ¿Crees que ese Dépor podría haber sido campeón de Europa?

Pienso que sí. Creo que fue el mejor equipo de la historia del Deportivo de la Coruña si te pones a pensar en los jugadores que había. Lendoiro era un presidente muy inteligente, aprovechó el descenso del Atlético de Madrid para traer a Molina, Valerón y Capdevilla, tres internacionales. Diego Tristan, punta en la selección, Manuel Pablo y Romero, en la selección, Maurio Silva, campeón del Mundo. Duscher, Scaloni… un equipazo.

Se acaba tu contrato en el Deportivo y te marchas a Segunda División B, al Girona.

Me voy a Girona porque es un tema que se lo comento mucho a los chicos cuando los he entrenado: tienes que jugar. Si no juegas, no te quiere nadie. Da igual dónde hayas estado, si no juegas no te quieren. Mira el caso de Isco, y yo tengo un 1% de lo que ha conseguido él. Él tuvo la gran suerte de que el entrenador del Betis, que lo conocía de Málaga, lo llamó. Pero si no le llama el entrenador del Betis… Si no juegas, estás muerto en el fútbol.

En mi caso, estuve muchos años en los que prácticamente no jugué de seguido. Entonces, me salió la opción del Girona, aunque allí tuve muchos problemas de aductores que me tenía que ir a tratar a Cádiz con Lorenzo Buenaventura, que ahora está con Pep Guardiola en el Manchester City y era recuperador. Fue la última etapa de mi carrera deportiva porque no me encontraba bien físicamente y dentro del equipo hubo muchos problemas y demasiados cambios de entrenador.

Echaron al Tato Abadía, pero éramos muchos los jugadores que estábamos muy de acuerdo con el técnico y aunque en las primeras jornadas nos pitaron algunos penaltis y no levantábamos cabeza, teníamos jugadores para estar mucho más arriba. El hecho de que tengas buenos jugadores no te asegura el éxito y hay muchos factores, incluidos los futbolistas que no juegan, que tienen que tirar en la misma dirección, ayudar al equipo y estar con los compañeros. Con el final de la temporada acabó mi contrato y estando un día en Gandía tuve una conversación con mi padre.

Él siempre había sido muy exigente con nosotros y un día me dice: «Ven y siéntate, que tengo que hablar contigo». Luego, fue muy claro: «Mira, has estado en el Real Madrid, el Deportivo de la Coruña, Burdeos, Betis… has tenido la suerte de pasar por grandes equipos y date cuenta que no vas a poder estar en uno mejor. Es decir, si te quieres ir a Madrid y estar en un equipo de Segunda B o Tercera porque quieres seguir jugando, bien. Pero te advierto, te arriesgas a que te metan doscientas patadas y que además no te paguen. Otra opción es, que te vayas a Madrid y lo dejes».

Que me dijera eso mi padre fue duro, porque durante toda mi vida estaba ahí metiéndote presión. Entonces, me fui a Madrid. Es verdad que me fui de casa a los diecisiete o dieciocho años y estuve por ahí dando vueltas hasta los treinta, con algunos altibajos mentales, no jugar, cosas en el Betis… Por eso, al final pensé: me voy. Me llamaron de los veteranos del Real Madrid y de alguna manera sigo ligado al fútbol, porque a día de hoy necesito jugar al fútbol.

Iván Pérez

Ahora juegas al pádel.

¿Sabes qué pasa? Antes, cuando los jugadores de fútbol lo dejaban, a todos les daba por jugar al golf, pero hoy es el pádel. Y hay mucho nivel, nosotros tenemos un grupo de futbolistas que juegan muy bien. El cuerpo todavía nos aguanta, somos muy competitivos y nos encanta jugar. Muchos dicen que no es así, pero para mí, el pádel no es excesivamente lesivo. Lo es más el fútbol, que tiene mucho más impacto, salto, giro, regate… el pádel es ocupar posición, dos pasitos para adelante, dos para atrás. Realmente, donde tengo problemas al día siguiente es cuando he jugado al fútbol.

Tantos equipos, fichajes, goles… ¿hay algo de lo que te arrepientas?

Me queda el haber disputado la Liga de Campeones, que renuncié. Y me dio pena, porque cuando llegué al Déporesa carrera tan buena que llevaba se apagó un poco. Me hubiera gustado también haber jugado en la selección absoluta, aunque no tuve oportunidad porque no me iban a llevar cuando no jugaba y no hice méritos para ello, aunque jugué desde la sub-15 a la sub-21.

Hablemos de fútbol ficción, pero si ahora mismo estuvieras en Burdeos y te llamara Víctor otra vez para decirte «no firmes por el Rayo porque el Deportivo te quiere»…

Entonces no hubiera quedado campeón de Liga. No hubiera cambiado nada; mi vida es la que he hecho, estoy contento aunque si me hubiera gustado hacer más y creo que tenía posibilidades para lograrlo. En las categorías inferiores lo hice muy bien y hasta que llegué al Deportivo, pero los cinco años que estuve en Coruña creo que podían haber dado más de sí. Sin embargo, al final hice lo que pude y la carrera es la que tiene cada uno.

Ahora voy a hacer cincuenta años y sigo necesitando jugar. Si a mí me quitas el fútbol ahora, me matas. Necesito que sea martes y jueves para ir a Valdebebas a jugar al fútbol, porque lo necesito. Es mi vida y si estoy lesionado, lo paso mal. Con esta edad, ya te duele la rodilla, la espalda o los aductores, pero el fútbol ha sido mi pasión y como decía un día Ramón Calderón, el que fue presidente del Real Madrid y con el que coincidí un día, me da mucha rabia que a los jugadores les digan exjugadores de fútbol. No señor, el jugador de fútbol va a ser jugador de fútbol toda la vida. ¿Tú escuchas a alguien decir «extorero»? ¿A qué no? El torero es torero para siempre. Esta es mi vida, y mi vida es el fútbol.

4 comentarios

  1. Acojonante… en cope Paco González, Relaño y Sanchís: «Vuelve la tranquilidad al Bernabéu… gracias a la derrota del «Barca»

    Insisto, si todavía queda alguien que crea que fue casual la designación de Gil Manzano y Del Cerro Grande, ya puede ir espabilando.

  2. Pingback: Iván Pérez: recuerdos de su infancia y carrera desde Getafe hasta Primera División - Hemeroteca KillBait

  3. Esta radicalización (vuelve Negreira al discurso florentinista) en su discurso se explicaba como consecuencia de la salida del club azulgrana del proyecto de la Superliga y su acercamiento a la asociación de clubes europeos, la antigua ECA, y a la propia UEFA. Sin embargo, detrás de este mensaje está también una estrategia para poder llevar a un segundo plano el gran cambio que el presidente blanco quiere emprender en el club. Cambio que no es nada fácil porque supone romper con la actual situación de ser un club propiedad exclusiva de sus socios.

    Se trata de la sociedad mercantil que quiere crear dentro del club amparado por el gran valedor de este proyecto y persona de la más absoluta confianza, Anas Laghari. Una sociedad que el club pretende valorar inicialmente en torno a unos ocho mil millones de euros, pudiendo llegar a los diez mil millones de euros, y donde en torno al 80-90% pertenecen al club y el porcentaje restante inicial, a una sociedad externa. Siempre debe ser mínimo o superior al 5%, como establece la Ley de Sociedades de Capital.

    Pero esta operación es un riesgo importante a futuro para el Real Madrid conforme a su status inicial. Está claro que este nuevo escenario permite la entrada de «dinero fresco» con lo que poder acometer por ejemplo importantes fichajes de jugadores. ¿Pero quién asegura que no sea esta nueva sociedad quien proponga estos fichajes? E incluso ¿quién asegura que lo que actualmente pudiera ser un 10% no se incremente con futuras ampliaciones de capital? Además, cuanto más incremente a futuro su porcentaje en esta sociedad, más capacidad decisoria podría tener dentro del Real Madrid, llegando incluso a superar el 50% dentro la misma, lo que le otorgaría el control absoluto en la sociedad.

    Por eso, y según ha sabido MD, la asociación para la defensa del patrimonio del club quiere pedir a Florentino Pérez que los Estatutos del club limiten y prohíban que supere este 50%. Está claro que no es una operación fácil, que aún debe pasar el trámite de una Asamblea extraordinaria e incluso un referéndum de los socios. Y por eso esta radicalización del mensaje de ‘Negreira’, para meterse a los socios en el bolsillo de cara a este trámite complicado que quiere llevar a cabo en el Real Madrid y que supone acabar con su filosofía tradicional de club solo de los socios.

    De Mundo Deportivo

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