Ciclismo

Jérôme Pineau: «En la Vuelta al País Vasco, peleaba con Valverde o Samuel Sánchez, pero una semana después, me caían palizas tremendas: había algo»

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Jérôme Pineau (Foto: Winamax Sport)
Jérôme Pineau (Foto: Winamax Sport)

Jérôme Pineau fue uno de los ciclistas franceses más sólidos de su generación, con trece participaciones en el Tour de Francia y una larga trayectoria como gregario de lujo en equipos como Quick-Step. En una entrevista en Winamax Sport ha repasado su carrera sin esquivar los asuntos más incómodos: el dopaje que marcó una época.

Pineau recuerda que una de las mayores frustraciones de su carrera llegó cuando comprobaba que podía competir de tú a tú con algunos de los mejores corredores del pelotón, pero que las diferencias se disparaban justo antes de las grandes citas de la temporada. Aquella experiencia, vivida en plena era del dopaje, le dejó la sensación de que algunos rivales seguían un camino que él nunca quiso recorrer. «Hacía la Vuelta al País Vasco con Danilo Di Luca. Era capaz de pelear por los puestos de cabeza con Valverde. Conseguía buenos resultados allí junto a Samuel Sánchez y compañía. Estaban a mi alcance. Pero una semana o quince días después llegaban los grandes objetivos, como la Lieja-Bastoña-Lieja, y entonces te caían unas palizas tremendas. Ahí empezaba la frustración y el enfado. Te decías: aquí hay algo, hay un camino que algunos están siguiendo».

Antes de llegar a esa conclusión, explica que había hecho todo lo que estaba en su mano para preparar su carrera con métodos de vanguardia. Había invertido en tecnología, trabajaba con especialistas y seguía un entrenamiento basado en datos, convencido de que no podía exigirse más profesionalidad. «Yo fui uno de los primeros ciclistas franceses en comprar un SRM. Invertí mucho dinero, porque en aquella época era muy caro. Tenía un SRM en casa, me entrenaba con un especialista que trabajaba con medidores de potencia y me seguía un médico deportivo. Es decir, consideraba que ya estaba haciendo las cosas muy bien».

Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)
Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)

Aun así, Pineau insiste en que nunca sintió que él fuera la principal víctima de aquella época. Cree que otros corredores franceses, con un talento extraordinario, sí vieron cómo sus carreras quedaban condicionadas por competir contra rivales dopados. Lo que más le molesta, asegura, es escuchar hoy que aquella generación no trabajaba lo suficiente. «A mí no me frustró no conseguir mejores resultados, porque no fui el más perjudicado. Creo que Sandy Casar sí fue engañado de verdad. También Pierrick Fédrigo, Sylvain Chavanel, los corredores de mi generación que eran realmente muy buenos. Lo que sí me molesta es escuchar a algunos antiguos decir que nosotros no trabajábamos lo suficiente. Eso no lo acepto».

Historial de clasificaciones irreal

Pineau sostiene que nunca se hizo ilusiones con pelear por ganar un Tour de Francia, pero sí cree que el dopaje le privó de conseguir resultados mucho mejores en las clásicas de las Ardenas. Recuerda que muchos de los corredores que terminaban por delante de él acabaron confesando años después que se habían dopado, mientras él competía, dice, únicamente con agua y analgésicos. «En las clásicas de las Ardenas mi sitio estaba más arriba. Cuando veo la cantidad de corredores que terminaron delante de mí y que después confesaron haberse dopado durante toda su carrera… Yo iba con agua y Doliprane. Evidentemente hay una pequeña diferencia. No tengo frustración, pero creo que mi lugar estaba entre los siete o diez mejores del mundo. Y eso no estaba nada mal, sobre todo porque en aquella época no éramos muchos los franceses capaces de estar ahí».

Al recordar aquellos años, Pineau rechaza que el dopaje fuera una simple decisión individual y asegura que el ambiente dentro del pelotón empujaba a muchos corredores a cruzar la línea. Explica que nunca recibió una propuesta explícita, pero sí convivió con un sistema en el que determinados resultados parecían inalcanzables si no se aceptaban ciertas reglas no escritas. «Nunca vino nadie a decirme: ‘Toma esto’. No funcionaba así. Era mucho más sutil. Veías que algunos daban un salto de nivel de un año para otro y te hacías preguntas. Había corredores que tomaban ese camino y otros que no. Yo decidí no hacerlo porque quería poder mirarme al espejo cuando terminara mi carrera. Si tenía que perder por eso, lo aceptaba».

Pineau explica que el problema no era únicamente Lance Armstrong. Aunque el estadounidense concentraba toda la atención mediática, dentro del pelotón la sensación era que el dopaje estaba mucho más extendido. Con el paso del tiempo, dice, entendió que los ciclistas franceses no habían dejado de ser buenos de un año para otro, sino que competían en condiciones desiguales. «Armstrong lo acaparaba todo, pero el dopaje era generalizado. Éramos conscientes de que había un problema. Sabíamos que no éramos peores que los demás. No puedes pasar de ser una nación que forma grandes ciclistas a desaparecer de un día para otro, salvo unos pocos corredores aislados en equipos extranjeros. Ahí es cuando te dices: aquí pasa algo. Yo todavía no hablaba demasiado del tema, pero con el tiempo fui comprendiendo lo que estaba ocurriendo».

Jérôme Pineau tras Erik Dekker (Foto: Cordon Press)
Jérôme Pineau tras Erik Dekker (Foto: Cordon Press)

A continuación, Pineau recuerda que las sospechas sobre el dopaje convivían con una ley de silencio casi absoluta dentro del pelotón. Explica que, cuando debutó en el Tour de Francia, ya existían dudas generalizadas sobre Lance Armstrong, pero que nadie se atrevía a hablar públicamente de ello porque la omertà era total. «Era mi primer Tour y yo estaba más preocupado por aprender que por otra cosa. Pero escuchábamos las conversaciones de los veteranos. Decían que seguían yendo igual de rápido, que seguían siendo igual de fuertes. Muchísima gente ya tenía dudas sobre Armstrong en aquella época, pero había una omertà total. No había que decir absolutamente nada».

También critica el papel que desempeñaban las instituciones del ciclismo en aquellos años. Recuerda que, siendo un joven debutante, le pidieron leer en público un manifiesto en nombre de todo el pelotón comprometiéndose con un ciclismo limpio, una escena que hoy considera casi absurda sabiendo lo que ocurría realmente dentro del deporte. «En aquella época Jean-Marie Leblanc me dio un papel y me dijo: ‘Eres el benjamín del Tour, vas a leer este compromiso en nombre de todos los corredores’. Hoy no lo haría ni loco. Les diría que se comprometieran ellos, no yo. Entonces era un chaval, era inocente y no era consciente del lío en el que estaba metido. Una semana antes me habían dicho que iba a correr mi primer Tour de Francia y estaba viviendo un sueño».

Más allá de las trampas de aquella generación, Pineau sostiene que el ciclismo no puede vivir permanentemente mirando al pasado. Cree que el deporte ha cambiado profundamente y rechaza la costumbre de poner bajo sospecha automática a cualquier corredor que domine con claridad una gran vuelta. «No podemos seguir diciendo siempre lo mismo. Cada vez que aparece un gran campeón, enseguida se le acusa de doparse. Yo no funciono así. He vivido aquella época y sé lo que era, pero también sé que el ciclismo ha evolucionado muchísimo. Hoy hay controles, seguimiento biológico, una preparación completamente distinta y, sobre todo, hay corredores que simplemente son excepcionales. No podemos condenarlos sin pruebas».

Jérôme Pineau en el Tour 2004

Cuando recuerda el Tour de Francia de 2004, Pineau insiste en que la historia no fue solo la irrupción de Thomas Voeckler, sino la de todo un equipo que se encontró de repente defendiendo el maillot amarillo contra los gigantes del pelotón. Asegura que aquella hazaña fue posible gracias al sacrificio colectivo de una plantilla sin grandes estrellas, convencida de que estaba viviendo un momento irrepetible. «Todo el mundo habla de la epopeya de Thomas, pero la primera epopeya fue la del equipo Brioche La Boulangère. Éramos una banda de chavales para los que nadie tenía grandes expectativas. Si Thomas llevó aquel maillot amarillo durante diez días fue porque todos nos vaciamos por él. Defendimos ese liderato como si estuviéramos jugando una final del Mundial. Sabíamos que no duraría para siempre, pero hicimos etapas increíbles porque aquello era mucho más que un corredor: era todo un equipo».

Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)
Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)

Pineau admite que el éxito de Voeckler tuvo un precio personal. Explica que eran amigos antes de que el Tour de Francia lo convirtiera en un fenómeno mediático y que la fama terminó alejándolos durante varios años. Con el tiempo, sin embargo, ha dejado atrás el resentimiento y cree que muy pocos habrían sabido gestionar una exposición semejante. «Thomas cambió y las cosas nunca volvieron a ser como antes. Éramos una banda de amigos, compartíamos piso, entrenamientos… De repente, uno de tus amigos está bajo todos los focos. Yo siempre he dicho que el Tour me quitó a mi amigo porque solo se hablaba de Voeckler y él acabó convertido en una auténtica estrella. Durante mucho tiempo estuve enfadado con él, pero con la perspectiva de los años ya no le guardo rencor. Había que ser muy fuerte para no caer en esa trampa».

Por otro lado, explica que fichar por Quick-Step supuso un salto enorme en su carrera, aunque nunca se vio como un líder capaz de ganar las grandes clásicas. Asegura que aceptó el cambio porque entendía que su mayor virtud era otra: convertirse en uno de los mejores gregarios del mundo al servicio de los grandes campeones. «Yo sabía que no era un líder, no era un campeón de los que ganan las grandes carreras. Pero también sabía que podía ser uno de los mejores gregarios del pelotón. Tenía talento para ponerme al servicio de los demás sin pensar en ganar yo. Cuando llegué a Quick-Step entendí que ese era mi sitio y que allí podría desarrollarlo al máximo».

Fue como cambiar de dimensión. Después de crecer en un equipo de amigos, pasó a compartir vestuario con el mejor bloque del mundo y descubrió una manera completamente distinta de entender el ciclismo. Aun así, dice que nunca sintió que lo miraran por encima del hombro, sino todo lo contrario. «Tuve muchísimo estrés antes de la primera concentración, pero en cuanto llegamos nos recibieron como si estuviéramos en casa. Tom Boonen fue el primero en decirnos: ‘Estáis en vuestra casa, os habéis ganado estar aquí’. Para mí era increíble. Pasé de entrenarme cerca de casa con el maillot de Quick-Step a sentir que había fichado por el Milan cuando de pequeño había probado con el Nantes. Los entrenamientos, la preparación, la forma de trabajar… era otro mundo».

Gregario de lujo

Además, asegura que la relación con Mark Cavendish nació de una forma completamente inesperada. Explica que, durante una concentración de pretemporada en Eslovaquia, ambos conectaron fuera de la bicicleta y esa amistad acabó convirtiéndose en una relación de absoluta confianza dentro del equipo. Con el tiempo, el británico empezó incluso a pedir expresamente que él formara parte de los bloques que trabajaban para sus esprints. «Para mí era impensable convertirme en el gregario de Mark Cavendish. Ya era una leyenda cuando llegó. Pero en una concentración hicimos muchas actividades juntos, hubo una gran fiesta y terminamos hablando hasta la madrugada. Ahí nació algo. Vio que yo era un buen soldado y conectamos muy rápido. Después, cuando un líder como él podía elegir a dos o tres corredores para tener siempre a su alrededor, me señalaba a mí. Esa fue la mayor prueba de confianza que podía recibir».

Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)
Jérôme Pineau (Foto: Cordon Press)

Aunque pasó buena parte de su carrera trabajando para otros, Pineau asegura que nunca sintió que ese papel fuera una renuncia. Al contrario, explica que encontró una enorme satisfacción en contribuir a las victorias de sus líderes y que aprendió a valorar el éxito colectivo por encima del reconocimiento individual. «Hay corredores que solo son felices si levantan los brazos en la meta. Yo no era así. Disfrutaba viendo ganar a mis líderes porque sabía que había puesto mi granito de arena. Cuando haces bien tu trabajo y un corredor como Cavendish o Boonen viene después a darte las gracias, sientes una satisfacción enorme. Eso también es ganar, aunque tu nombre no salga en el titular».

Al echar la vista atrás, Pineau resume su carrera con orgullo precisamente por haber encontrado ese lugar dentro del pelotón. Nunca fue el corredor que acaparaba las portadas, pero sostiene que acabó construyendo una trayectoria mucho más larga y sólida de lo que había imaginado cuando debutó como profesional. «Nunca gané un Monumento ni vestí el maillot amarillo, pero hice trece Tours de Francia, corrí en el mejor equipo del mundo y tuve la confianza de algunos de los mejores corredores de mi generación. Si me hubieran dicho cuando empecé que iba a vivir todo eso, habría firmado inmediatamente. Al final, mi carrera fue mucho más bonita de lo que había soñado».

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