Análisis táctico

La nueva España vuelve a rescatar elementos del viejo fútbol

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Pedro Porro (Foto: Cordon Press)
Pedro Porro (Foto: Cordon Press)

Quién iba a decir que en la antesala de Italia 90 ya se estaba hablando del que sería el futuro éxito de la selección.  Las crónicas comentaban la obsesión del seleccionador por «los bajitos» y los jugadores de la Quinta, tras dejar atrás a Miguel Muñoz, agradecían que por fin el balón circulase por la hierba y no por alto. Yugoslavia nos devolvió al mundo real y en los 90 se abandonó esa senda.

No se puede decir que la selección de Clemente no fuese competitiva, a veces no entra la pelota y a veces pasan cosas raras, que se lo digan a Noruega, que te tiran del campeonato, pero en Jot Down el propio seleccionador vasco reconoció que él apostó por una España «de casta» y «de raza».

Después, Camacho, pese a las imágenes que han quedado para el recuerdo de su sudoración y exaltación en el banquillo, se dio un giro ofensivo. Hierro volvió a la defensa y el centro del campo trataba de dominar con Guardiola, Baraja y Valerón, cuando no se salía con cinco jugadores netamente ofensivos. En 2002, se cayó sacando onces con Raúl, Valerón, Luis Enrique, Tristán y De Pedro. Un equipo hecho para robar arriba y plantarse rápido en el área, pero… a veces no entra, a veces, pasan cosas raras.

Iñaki Sáez echó el equipo más atrás, pero apostó por el que luego sería un rasgo distintivo: la posesión. El vasco buscó más equilibrio con un doble pivote, normalmente formado por Albelda y Baraja, y todo iba bien en la Eurocopa de 2004, dominando a Grecia en la que era nuestra segunda victoria en fase de grupos, hasta que ocurrió algo inusual, un pase de Tsartas teledirigido a Charisteas cayó como una china en un parabrisas, resquebrajándolo entero para quedarnos, ante el último partido de la liguilla ante Portugal, completamente rotos.

Camacho durante la preparación del partido contra Corea de 2002 (Foto: Cordon Press)
Camacho durante la preparación del partido contra Corea de 2002 (Foto: Cordon Press)

Lo que ocurrió después con Luis Aragonés es bien conocido. Aunque se crea que hubo una revolución, en realidad empezó con una propuesta continuista con dos pivotes. Así nos echó la Francia un Zidane «jubilado» y, con la lección aprendida, el sabio de Hortaleza propuso que cuatro centrocampistas técnicos monopolizaran la posesión intercambiando posiciones. Esa fue la gran revolución. Por fin fuimos campeones.

A ese juego, Del Bosque le introdujo un concepto moderno, la minimización del error. La selección de Luis era más atrevida, mucho más vertical, pero con el exentrenador del Madrid, se dejaron de arriesgar pases en el último tercio. También fue campeón. Con un buen Mundial, duro, pero efectivo. Y una Eurocopa de 2012 absolutamente brillante.

Entremedias, el fútbol de los años 10 cambió completamente. Todos los equipos empezaron a tratar de asegurarse la posesión, a salir con el balón jugado. Fue el final de los tuercebotas, hasta el portero ha tenido que aprender a distribuir con el pie como si fuese un mediocentro de veinte años atrás. También, los clubes han desarrollado una preparación física impresionante, nunca se han hecho más sprints durante un mismo encuentro. Y, merced a la tecnología, todo se basa en la minimización del error. El resultado es un fútbol mucho más igualado en términos generales donde, paradójicamente, están decidiendo las genialidades. Así, el Real Madrid, mientras todos trataban de jugar como ordenadores, lo fió todo al regate eléctrico y callejero de un Vinicius.

Durante ese periodo de transformación general, la selección cosechó resultados muy pobres. La que había asombrado al mundo con un fútbol altamente influyente, navegó sin rumbo, aunque también sometida a las cosas raras, en este caso, propias, como la destitución surrealista de Julen Lopetegui.

Nadie entendió tampoco el nombramiento de Luis de la Fuente, pero de su mano España volvió a levantar una Eurocopa con un fútbol brillante. Y ahora está en una nueva final de la Copa del Mundo. Bendita interinidad. Solo queda repasar qué ha cambiado, analizar cuál ha sido su revolución pase lo que pase en la final.

Ahora todas las selecciones saben jugar con la posesión, el toque español ya no es disruptivo. Y sin embargo, las ventajas han llegado con un fútbol extremadamente vertical. Se critica a Lamine Yamal por su toma de decisiones en los metros finales y porque su capacidad en el uno contra uno no es la de antes de la lesión de esta primavera, pero en realidad está guionizando una película de terror sobre los defensas rivales. Su decisión es un no parar, lo que también es una postura estratégica.

Lamine Yamal ante Theo Hernández (Foto: Cordon Press)
Lamine Yamal ante Theo Hernández (Foto: Cordon Press)

«O me la robas o es gol», decía Javi Roldán en estas páginas que es su divisa. Si hay que destacar a Yamal, es porque es capaz de arrastrar en este lance a un lateral, un central e incluso un interior, pero es toda la delantera española la que está jugando así. En la era de la minimización del fallo y la posesión medida, España se las juega todas, lo intenta todo el rato, roba arriba y no para de atacar. En ese sentido, es parecida a la selección de Camacho, partiendo de la base de que sigue teniendo un componente fuerte de la de Luis Aragonés. Se vio claramente en fases del partido contra Francia que alguno querría en NFT: Corre el balón y el rival detrás. Una fórmula que, paradójicamente, la selección empleó en la semifinal para defender el 1-0 y con la que consiguió un 2-0 prodigioso.

Recientemente, Cesc Fabregas comentaba que él no habría podido jugar en el fútbol actual por su tendencia a intentarlo constantemente. Una asistencia con 20% de posibilidades de llegar a su destino, y las cifras son tal cual generadas por algoritmos extraídos del tracking de los partidos, nunca debe darse. En eso insisten categóricamente los entrenadores de hoy. Pero en la España actual no es que se den, es que se plantean como una blitzkrieg ¿Cuál es la clave? Una recuperación tras pérdida muy bien organizada y entrenada permite hacerlo una y otra vez. Es como darle a un cajón que cierra mal.

El fútbol actual tiene un vicio detestable, que es dejar pasar ventanas de oportunidad por miedo al fallo. Por este motivo, muchos futbolistas juegan con medio segundo de retraso con respecto a lo que exige el juego. Si un equipo acaba de romper esa tendencia es España, que ha tomado un ingrediente propio de finales de los ochenta y principios de los noventa. En 2008, cuando inició su revolución, lo que rescató fue la asociación de los setenta, de Cruyff a los brasileños. España enseñó al mundo a cuidar el balón, ahora a atreverse con él.

6 comentarios

  1. Sergi Serrano Lera

    Bien triste como el artículo pasa de Julen Lopetegui a Luís de la Fuente, como si por el medio no hubiera habido más de 6 años y no hubiera pasado por ese banquillo un tal Luís Enrique, triplecampeon de la Champiosn League, con dos equipos diferentes y en un periodo de más de 10 años de diferencia.
    Si España juega es atrevida es gracias a él, y gracias al futbol que él a defendido des de que es entrenador. Ademàs de ser el artífice del relevo generacional que trajo a la seleccion a jugadores como Unai Simon, Rodri, Laporte, Oyarzabal, o Pedri, o más adelante Gavi, Cucurella o Ferran.

    Sin negarle un ápice de virtud a Luis de la Fuente y en como a continuado con esa idea, negar la evidencia de su artífice original, es ridiculo.

    • Jaime Angulo

      Sin duda, no se pueden omitir esos seis años de Luis Enrique, tanto en lo bueno (sus dos ediciones en la National League) como en lo malo (el Mundial de Qatar 22) La goleada a Costa Rica tuvo el efecto contrario que el empate ante Cabo Verde, «un mal de equipo» que se acentuó con el paso de los partidos: competentes ante Alemania, flojos ante Japón y peor ante Marruecos. Es cierto que aquella selección no contaba con extremos como Williams o Yamal, no contaba con tantas soluciones como la selección actual, pero Luis Enrique acabó engullido por su idea de posesión sin riesgo, ese miedo al riesgo que se comenta en el artículo y que hace que los partidos sean soporíferos, por mucho que se conserve la pelota. Si no hay intención, los pases horizontales no sirven de nada. Por supuesto, Luis Enrique tomó nota, y aplica lo aprendido de forma magistral en el PSG.
      Sin olvidar a Clemente, que hizo equipos competitivos que quizá merecieron algo más en el mundial del 94 y la euro del 96, el fútbol es un juego de errores y si ahora España está donde está, es por el trabajo de estos últimos 25 años. Camacho, Aragonés, Del Bosque, Lopetegui, Luis Enrique, De la Fuente… Ya lo dijo Henry en su gran análisis pospartido, los automatismos que tiene la selección se aprenden desde los nueve años. Parece fácil, ¿no?, pase, desmarque, pared y 2-0 a Francia. La triangulación de toda la vida, ahora indescifrable para el resto, es lo que hace diferente a España. Y a mí me hace sentir orgulloso porque detrás hay un trabajo y una convicción colosal.

  2. En el Mundial de 2002, Raúl se lesionó contra Irlanda en Octavos de final y en Cuartos no jugó contra Corea… Si hubiera estado, al menos nos habrían anulado un par de goles legales más.

  3. Tal vez ganemos. Antiguamente los jugadores españoles estaban acomplejados, por ser españoles. Una tanda de penalties era una tanda de pasarle el balón al portero contrario. Ahora, con la ESO los jugadores no piensan en complejos o no piensan en nada.

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