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Corentin Moutet: «Jugué contra Alcaraz, fue mucho mejor que yo y salí muy contento porque me enseñó todo lo que mi juego necesitaba mejorar»

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Corentin Moutet nunca ha encajado en el molde del tenista perfecto. Francés, zurdo, imprevisible y tantas veces señalado por sus estallidos de ira en la pista como admirado por su talento. El francés se ha confesado en Tennis Insider Club y ha explicado desde sus ataques de ira a quiénes son sus referentes.

Sobre su historia, Moutet cuenta que empezó a jugar al tenis a los dos años, cuando su madrina le regaló una raqueta por su cumpleaños. Su padre era entrenador y la familia pasaba largas jornadas en el club. El propio jugador insiste en que sus padres nunca lo empujaron hacia la competición y que, durante años, ni siquiera fue consciente de que el tenis pudiera ser una profesión: «Para mí, nunca fue un trabajo como cuando era joven, ¿sabes? Veo a algunos chicos hoy en día que se lo toman tan en serio tan pronto y yo no tenía esto, ni siquiera sabía que era un trabajo. Para mí era un juego hasta muy tarde, de hecho, no sabía que se podía vivir de ello. Ni siquiera sabía que cuando veía a Nadal en la televisión, no conectaba, no era como si jugara como yo, y luego se convirtió en una broma. Yo solo pensaba que iba a ser un juego para siempre».

Su tenis, hecho de dejadas, golpes cortados y variaciones, tiene origen en las horas de minitenis con amigos de la infancia y la influencia de un entrenador zurdo, exjugador profesional, que trabajó con él durante tres años: «Nunca fui potente, así que tuve que encontrar mi camino, y creo que cuando eres joven juegas con pelotas blandas. Hacía muchas dejadas en casi todos los puntos porque no podía hacer un golpe ganador con esas pelotas blandas. Y también tuve un entrenador de tenis que era el exjugador Simon Saudi, zurdo, que había dejado de jugar apenas un año antes de empezar a entrenar. Creo que él educó mucho mi estilo de juego: hacía muchos slices, muchos drops, era muy inteligente en la cancha. Fue mi entrenador durante tres años, y cuando eres muy pequeño siempre te gusta ver a tu entrenador como al mejor tenista del mundo. Así que lo estaba viendo y pensaba: quiero jugar como él».

La derrota que nadie le enseñó a gestionar a Corentin Moutet

Entre los siete y los dieciséis años apenas perdió partidos. Esa racha, dice, le dejó sin las herramientas necesarias para afrontar los años posteriores en el circuito profesional, donde las derrotas empezaron a acumularse: «No sabía que no había aprendido a perder. Y eso fue difícil para mí durante mucho tiempo, porque cuando las cosas empezaron a ir mal no sabía qué estaba pasando. Estoy acostumbrado a ganar y estoy acostumbrado a ganar fácilmente. No tenía que esforzarme, no tenía que buscar soluciones, siempre había las mismas: hago un slice, hago una dejada, y el tipo no sabe cómo jugar contra eso. Cuando ganas, ganas, y te gusta, es bueno, pero no hay nada que hacer. Cuando pierdes, es tan bueno, porque el oponente te muestra tu punto débil, te muestra qué tienes que mejorar. Y esto nadie me lo enseñó, porque no perdía».

Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)
Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)

El propio jugador reconoce que su comportamiento en pista, con raquetas rotas incluidas, tiene relación directa con esa dificultad para asumir la derrota: «Sé que esa no es la forma de hacer las cosas. No quiero hacerlo. Cuando pierdo un set es muy duro, no sé cómo no romper la raqueta. Quiero, pero no puedo. Siempre estaba pensando: mi entrenador, está bien, sé que esa no es la manera, como romper raquetas, no quiero hacerlo, no puedo evitarlo, es demasiado difícil para mí. Enséñame cómo debería ser, cómo lo haces, porque para mí es tan difícil, sabes, cuando pierdo un set es tan difícil que no sé cómo no romper la raqueta».

Ganar como prueba de valor personal

Uno de los tramos más íntimos de la conversación aborda la manera en que, de niño, asoció el resultado deportivo con el cariño de sus padres y con su propio valor como persona. Moutet recurre a un recuerdo muy concreto para explicarlo: «Cada vez que ganaba, mis padres me llevaban a McDonald’s, y a mí me gustaba McDonald’s. Ya no me gusta, pero antes sí. Entonces tenía que ganar para ir a McDonald’s, ¿sabes? Pensaba que me querían más si ganaba, que les gustaba más, lo cual no es cierto. Es como si los padres quisieran darte una recompensa, pero al mismo tiempo conectas las cosas equivocadas. Todo el proceso para mí fue como destruir toda la falsa creencia que tenía, para reaprender después cuál es el propósito real, por qué estoy jugando al tenis. Porque al principio jugaba con mis amigos solo por diversión, porque me gustaba, eso es todo, nada más. Y luego todo lo que implicaba el circuito me dio la falsa creencia de que tengo que ganar más dinero, que tengo que hacer que los medios hablen de mí. Como si yo fuera mejor persona si ganaba. Tuve que destruir todo eso, y algunos chicos me ayudaron con eso, pero no fue fácil. Fue un proceso muy largo».

Alcaraz, la derrota como espejo

El francés sitúa en su último enfrentamiento con Carlos Alcaraz un punto de inflexión en la manera de encajar los malos resultados: «Este año, por ejemplo, contra Alcaraz, fue mucho mejor todo el partido, no tenía solución, nada, y estaba muy feliz de jugar ese partido, porque obviamente si puedo ganar, obtendré la victoria, pero si no, él me va a mostrar muchos puntos de mi juego que tengo que mejorar. Y esto es muy importante, luego vuelves a la pista de entrenamiento y tienes muchas cosas en las que trabajar. Siento que eso es lo que realmente importa, porque te desapegas de si eres mejor persona cuando ganas o cuando pierdes. Ya no me siento tan mal cuando pierdo ni tan bien cuando gano, porque solo estoy tratando de aprender de ello, y me enamoro del proceso completo de mejorar».

Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)
Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)

Además, Moutet describe la relación con la prensa de su país como una de las cargas más pesadas de su carrera, especialmente en los momentos en que su comportamiento en pista se convierte en noticia durante semanas: «Cuando pierdo me enfado tanto que al día siguiente todo el mundo dice: mira cómo se comporta. No me gusta perder, así que claro que me porto mal. Y luego salen artículos sobre ello y la gente empieza a pensar que eres un tipo malo. Y tu familia dice: pero no es un tipo malo, lo juro. Todo se complica tanto que siento que los medios no ayudan, la presión viene de ellos. Los medios van a estar hablando de ello durante dos semanas, te etiquetan como un alborotador y la gente piensa que eres el alborotador. Esa es la realidad de un día, pero me desperté al día siguiente con una sonrisa. Entonces, ¿por qué sigues contándome sobre mi locura del día anterior?»

Sobre esa misma contradicción, el tenista señala lo que considera una doble vara de medir por parte de la propia organización del circuito: «Te dan diez mil por romper una raqueta y luego lo ponen en una recopilación, porque van a vender entradas en las redes sociales de la ATP. Como aficionado te encanta ver al humano detrás del tenista. No tienes que romper la raqueta a propósito, pero cuando sucede es parte del juego, la gente va a hablar de ello. Romper una raqueta no rompe todas las cosas que estamos haciendo. Cuando ves toda la temporada hay tantas cosas que inspiran a los niños. Si romper una raqueta hace que un niño se porte mal, entonces creo que los padres no están haciendo su trabajo».

La música como espacio propio

Aparte del tenis, Moutet dedica parte de su tiempo libre a la música, una afición que viaja con él en forma de micrófono portátil y que describe como un territorio de libertad frente a las exigencias del circuito: «Siento que en nuestro mundo, el mundo del tenis, tenemos que encajar en algo, y siento que casi nunca puedes decir lo que quieras ser exactamente. A veces tienes que saludar a gente que no quieres, y a mí no me gusta eso. Cuando estás en la música puedes decir lo que quieras, como quieras, en cualquier momento, y estás solo. Es algo que va más allá de la conversación normal o de las cosas superficiales, trae emociones, puedes compartirlo, pero incluso para ti mismo ayuda a sanar de alguna manera, a dejar salir cosas que están dentro de ti y que a veces ni siquiera sabes que tienes hasta que están saliendo».

Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)
Corentin Moutet (Foto: Cordon Press)

Roland Garros, el único lugar que siente como propio

Pocos torneos generan en Moutet la sensación de pertenencia que describe al hablar de Roland Garros, donde vive cerca y donde, según cuenta, reparte entradas entre amigos y músicos ajenos al circuito para acercarlos al tenis: «Me encanta porque mi familia es de allí. Puedo invitar a tanta gente que casi me odian, porque pido muchas entradas y mi mánager siempre me dice cuántas necesito, y yo digo: no, ¿cuántas pueden dar? Tengo muchos amigos, mucha gente que quiero que descubra el tenis, gente de la música. Me encanta invitarlos y decirles: mira, tal vez no te guste, pero inténtalo. Vivo cerca de allí, llego y siempre ha sido así, me siento como en casa. Estoy tan seguro de que puedo vencer a cualquiera ahí. Siempre les digo a mis entrenadores: en dos semanas, tal vez sea campeón de Grand Slam. Digo que disfrutemos, porque juego bien aquí, y tal vez en dos semanas eso ya no pase».

Un deporte que considera aburrido de ver

Preguntado por el estado actual del circuito como espectáculo, el francés no esconde su distancia crítica con el formato tradicional del tenis y reclama más espacio para la personalidad de los jugadores: «Para mí, me obligué a ver tenis ahora porque quiero aprender del juego, pero como entretenimiento es muy aburrido. Durante mucho tiempo no vi tenis porque estaba aburrido, prefería ver otra cosa. La entrada a la pista debería ser más importante, deberían crear más personalidad alrededor de los jugadores. Antes jugábamos con trajes y una pelota blanca sobre césped, y solo la gente de cierto perfil practicaba este deporte. Eso ya no es así, y en mi opinión no debería ser así. Cuando la gente dice cuál es el valor del tenis, como si hubiera un libro que lo dijera, no hay uno: todos somos diferentes, venimos de todo el mundo, crecimos de forma distinta, tenemos códigos distintos».

El objetivo: retirarse sin remordimientos

Finalmente, a sus veintiséis años, Moutet admite que el proceso de separar su identidad del resultado deportivo sigue en marcha, y sitúa la paz personal, más que los títulos, como la meta que quiere alcanzar antes de colgar la raqueta: «Todavía tengo muchas cosas que aprender y todavía no estoy contento con la forma en que juego al tenis, con la forma en que disfruto del circuito. Todavía duele. Quiero encontrar la paz en mi actividad antes de poder parar. Estoy listo para jugar hasta los cuarenta, si no tengo lesiones, pero en algún momento pararé. El objetivo es retirarme sin remordimientos. Es lo mejor, porque no puedes controlar lo que vas a ganar, pero sí puedes controlar hacerlo a tu manera, y creo que ese es un buen reto».

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