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Siro López: «Topos hay en todos los equipos, ahora no está Casillas y se siguen filtrando alineaciones y broncas»

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Siro López

La casa está llena de radios. Algunas funcionan, otras no. Como el oficio. De madera, de baquelita, portátiles de otro tiempo. Son recuerdos de un oficio que ha cambiado muchas veces en medio siglo. Siro López ha pasado por prensa, radio, televisión, comunicación de clubes y ahora plataformas digitales.

Ha sobrevivido acasi todo: a García, a Pedrerol, a los presidentes, a la tele analógica y al algoritmo. Casi cincuenta años después, sigue hablando como en casa. Casi medio siglo de profesión que él mismo resume con una idea sencilla: ha tenido suerte.

Titulaste tu biografía Un tipo con suerte. ¿Te consideras realmente un tipo con suerte o esa suerte también se busca?

Creo que sí. También tiene que ver con el destino. Evidentemente, uno se mantiene en una profesión por lo que va demostrando día a día, pero es verdad que soy un tipo con suerte porque me he dedicado durante cuarenta y ocho años a lo que hubiera sido mi hobby. He tenido la suerte de dedicarme profesionalmente a algo por lo que habría pagado.

Entonces, ¿cómo no voy a sentirme un tipo con suerte? Si además la salud te acompaña, pues todavía más. Pero cuando hablo de suerte lo hago sobre todo en el plano profesional. El privilegio que supone dedicarte a aquello que te apasiona, a lo que habrías hecho incluso gratis, y que encima te haya permitido vivir de ello durante toda una vida.

Empiezas en un periódico, luego pasas a la radio, más tarde eres jefe de prensa de un club, después responsable de deportes en televisión… muchas reinvenciones.

Muchas veces esas reinvenciones no son decisiones personales, sino situaciones que te van empujando. Recuerdo muy bien cuando tomamos la decisión, en el año noventa y dos, de quedarnos en Antena 3 cuando José María García se iba a la COPE y nos ofrecía irnos con él.

Aquella noche nos reunimos en Madrid varios de los que trabajábamos con él para decidir qué hacíamos. Vivía en Barcelona y Javier Ares en Valladolid, y acabamos durmiendo juntos en la misma habitación del hotel donde nos habíamos reunido. Para nosotros era una decisión complicada porque el noventa por ciento de nuestra trayectoria profesional estaba vinculada a José María y a Antena 3. Estábamos un poco asustados y teníamos la sensación de estar asomándonos a un precipicio: «¿Qué habrá ahí abajo?». Luego la vida da muchas vueltas y tanto Javier como yo hemos trabajado en muchos sitios distintos, pero en aquel momento aquello era una situación de incertidumbre total.

Quizá ese fue el único momento en el que decidimos realmente nosotros. Después, la vida te va llevando a esas reinvenciones. Personalmente, no había hecho televisión, más allá de que te invitaran a una tertulia o a un programa. Y de pronto, cuando era jefe de prensa del Deportivo, me llegó la posibilidad de ser jefe de deportes de Telemadrid.

Nunca lo había hecho. Pero siempre he sido bastante valiente, entre comillas. A lo mejor incluso un poco osado. Y decidí probar. Ahora mucha gente dice que me he reinventado con Twitch y con YouTube, pero en realidad no hago nada distinto a lo que ya hacía. Llevo cuarenta años poniéndome delante de un micrófono y una cámara. La única diferencia es que antes lo hacía desde un plató y ahora lo hago desde mi casa: el mérito es de los que me rodean y técnicamente controlan el tema de internet.

Después de tantos años, ¿sigue habiendo miedo o ya todo es rutina?

Siempre hay vértigo. Cuando decides hacer un cambio en la vida, creo que a mucha gente le pasa lo mismo: aparece ese momento de pensar «a ver qué va a pasar». En mi caso el vértigo suele venir después de tomar la decisión. Primero decido con todas las consecuencias y luego pienso: «¿Dónde me he metido? A ver si esto va a salir mal». Pero en el momento de decidir no me genera vértigo. Lo tomo con todas las consecuencias y ya está.

Tú empiezas en la radio con José María García, una figura enorme.

José María García ha sido el mejor maestro que he tenido.

También ha sido muy criticado.

Incluso estando en desacuerdo con algunas cosas que él hacía y que yo no haría, para mí fue un referente antes de trabajar con él y también después. No había hecho radio nunca y lo poco o mucho que sé lo aprendí con él, pero en el estilo actual intento ser yo mismo. Siempre digo a los chavales que empiezan: sed naturales y vosotros mismos. No intentéis engolar la voz ni parecer otra persona.

La diferencia entre la radio o la televisión tradicional y Twitch es que aquí puedo ser más natural. En la radio o en televisión había ciertos límites de vocabulario o de tono según la empresa para la que trabajabas. Aquí me expreso prácticamente igual que en casa. Y eso genera mucha cercanía con la gente, sobre todo porque tienes el chat y puedes interactuar con quien te está viendo. En Twitch y Youtube puedo ser más yo mismo, sin ataduras.

¿Cómo comenzaste a trabajar con él?

Fue de forma bastante casual. Había empezado en el periódico Dicen, pero siempre pensaba que periodísticamente podía tener más recorrido en un medio oral que en uno escrito. Quizá porque escribiendo soy muy perfeccionista y me cuesta más.

En el periódico aprendí cosas que hoy parecen impensables: cuando acababa un partido a las once menos cuarto, el cierre estaba a las once y había que mandar la crónica inmediatamente. Tenía que redactarla prácticamente de memoria, a veces de folio y medio, y dictarla para que los mecanógrafos la pasaran. Ellos luego te corregían comas o algún detalle, pero la estructura debía tenerla ya en la cabeza. Era una manera de trabajar muy distinta a la de ahora.

Durante la mili estaba en Madrid y tenía permiso para dormir fuera del cuartel porque tenía familiares aquí. También influyó que estaba enchufado por Raimundo Saporta por el tema del baloncesto, así que me colocaron en intendencia y eso me permitió moverme bastante. Por las mañanas, cuando iba al cuartel, escuchaba la radio. Era el año 1982, cuando nace Antena 3 Radio, y ahí escuché a García.

Ese verano, alrededor de julio, fui a cubrir para el periódico la presentación del Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Antes, las presentaciones se hacían en el propio estadio y los periodistas estábamos dentro del campo, haciendo entrevistas a los jugadores cuando terminaban de entrenar. García estaba allí y un compañero de Mundo Deportivo me animó a hablar con él. Me acerqué y le comenté que trabajaba en Dicen, que estaba haciendo la mili en Madrid y que me gustaría trabajar en Antena 3 cuando abrieran la emisora en Barcelona, porque sabía que iban a empezar allí. Me respondió que lo llamara en septiembre, pero pensé que era una especie de táctica para librarse de mí.

Siempre he tenido psicología, una especie de sexto sentido, y me vino a la cabeza que si llamaba después de verano ni me lo iba a coger o que si se lo pasaba la secretaría ni se iba a acordar de mí, así que le expliqué: «Conozco a José Manuel Muñoz -la persona que tenía allí de corresponsal y que iba a ser el jefe de Deportes-, si quieres hablo con él y se lo digo». De esa manera mataba dos pájaros de un tiro, pues también así ya le podía decir a Muñoz que iba enviado por García.

Cuando acabé la mili en septiembre y volví a Barcelona, hice exactamente eso: llamé a José Manuel Muñoz para hablar con él. Me recibió, tuvimos una charla en la que me señaló que estaba dudando sobre si fichar a alguien más para fútbol o que controlara otras secciones como baloncesto o balonmano. Así llegó el mes de noviembre, el momento en que tenía que tomar una decisión y ahí influyó también la suerte.

En aquel momento surgió una historia con una jugadora llamada Marisol Paíno. Era una baloncestista pucelana a la que habían hecho analíticas y le salía muy alta la testosterona; tenía una forma un poco masculina incluso en la manera de jugar. José María García estaba muy interesado en el tema y logré localizar al médico que la había operado años antes en Valladolid.

Llamé a Mario Pesquera, que era amigo mío, y entre los contactos que tenía en baloncesto conseguimos el teléfono. El médico habló en antena con García, reconoció que la había operado de hermafroditismo y aquello fue un bombazo informativo: salió en todos los periódicos al día siguiente.

Después de eso, García llamó a Muñoz para felicitarle y Muñoz a mí para decirme que me fichaba: «Ya no tengo dudas. Necesito a gente como tú que también controle otros deportes». Así fue como entré en Antena 3.

Siro López

¿No imponía García?

Mucho. Imponen ya el micrófono y la radio, porque como no hacíamos prácticas… yo siempre pensaba lo mismo: «Para lo que valgo es la radio, para hablar, para charlar». Pues toma el micrófono. Me acuerdo de que los primeros días que me metía, ya no con García -con él ya era como si me metieran en la silla eléctrica-, sino en el programa del mediodía para hablar tres minutos, entraba con unos nervios increíbles.

Hubo un día, cuando ya llevaba tres meses en la radio, que me quedé en blanco de tan nervioso que me puse. Suerte que Muñoz, que era el que estaba presentando el programa, me rescató y siguió él. Hubo un momento en el que no sabía qué decir y no iba ni para adelante ni para atrás. Fue una de esas situaciones de «tierra, trágame». De los mayores ridículos de mi carrera.

Con García esa tensión me duró mucho. Nunca me quedé en blanco con él, pero me ponía muy nervioso porque nunca sabías por dónde te iba a salir, qué te iba a preguntar o qué reacción tendría según la respuesta que tú le dieras.

¿Y alguna bronca te cayó? Recuerdo algunas terribles a Pipi Estrada o Roberto Gómez.

Muchas. Pero a mí, broncas en antena no me metió demasiadas. La gente era muy insistente con el tema: «Es que García era muy maleducado y trataba muy mal a la gente», pero el mejor jefe que he tenido es él, con mucha diferencia sobre los demás. José era un tío que te exigía mucho, pero que después valoraba tu trabajo, te enseñaba una barbaridad y, normalmente, las broncas que metía eran casi todas justificadas.

Me acuerdo, por ejemplo, de una anécdota. Nosotros hacíamos el Carrusel y hay algo que la gente no ve ni sabe: por línea interna, los técnicos estamos comunicados en todos los campos. El técnico o el productor -en aquel caso López Feito o Raúl González– te decían: «Oye, dice García que, como está acabando el partido de la jornada, seáis muy breves. Que solo digáis tiempo y resultado». Minuto y resultado, que es lo que pedía.

Eso lo hacían cada jornada, tres o cuatro veces, durante muchos años. Pues hubo uno que entró en Galicia y suelta: «Bueno, aquí tiempo y resultado… el tiempo está un poco nublado». ¡Claro! ¿Cómo va a reaccionar García? Subiéndose por las paredes: «¡Pero bueno, en un concurso de tontos y de gilipollas, eres el primero seguro! Quedabas el primero sin discusión». Eso es algo que la gente no veía y generaba una imagen de García que no era real. Él era: perro ladrador, poco mordedor. A mí me ha echado cuarenta veces, pero todas justificadas. Tenía motivos para echarme, pero siempre con una razón.

Cuéntame la del CSKA de Moscú.

Tengo dos o tres, algunas de las cuales se ha enterado muchos años después. Hay una en Israel en la que llegamos a la segunda parte de un partido en Tel Aviv. La emisora había pagado el viaje para ir a narrar y resulta que llegué a la segunda parte.

Hubo un momento en el que en el Carrusel de Baloncesto de Copa de Europa, José María comentó: «Mira, yo estoy preparando el programa de las doce de la noche, que lo haga Siro». Entonces yo lo coordinaba desde allí y daba paso también al resto de campos. Christian García empezó a viajar conmigo y en esa temporada tocó un partido del Maccabi Tel Aviv.

Le dije: «Hostia, niño, no te puedes ir de Israel sin ir al Mar Muerto, sin ir a Jerusalén», porque a mí es una de las cosas que más me ha gustado de mi profesión: conocer el mundo. Nos fuimos a Jerusalén y a Masada, que está al lado del Mar Muerto, el mismo día del partido. Él, que siempre ha sido más ordenado y organizado que yo, me advertía: «Joer, vámonos, que no llegamos». Y yo: «Que no, niño, que llegamos dos horas antes, que lo tengo medido porque he venido muchas veces».

Y habríamos llegado dos horas antes si no hubiera habido un accidente en medio de la autopista que lleva desde el Mar Muerto hasta Tel Aviv. Nos pilló un caravanón y llegamos al descanso. ¿Y qué hice? Como de aquella no había móviles, le eché la culpa a los técnicos de telefónica de Tel Aviv. Cuando conectamos y José María gritó: «¡Joder, Siro, ¿qué cojones pasa? ¿Dónde has estado?!», yo le solté: «¡Ah, no me hables, no me vengas encima tú, que tengo a estos gilipollas que no tienen ni puta idea, que no saben conectar una puta línea y llevo así desde hace dos horas!». Y bueno, esa me salvó.

Una de las cosas que más me ha gustado siempre de esta profesión es viajar y conocer el mundo. Gracias al trabajo he podido ir a muchos sitios a los que probablemente no habría ido nunca y la de Moscú fue igual: se estropeó el metro apurando para ir a la Plaza Roja con mi exmujer. Una vez que vienes a Moscú y no conoces la ciudad, pues vas a verla.

El autocar salía a las seis de la tarde para el campo, por lo que cogimos el metro a las cinco y cuarto para llegar a las seis menos cuarto, y se estropeó. Llegamos a las seis y diez y el autocar ya se había ido. En Moscú, en aquella época, había taxistas oficiales y gente que se ofrecía a llevarte en su coche particular a cambio de unos rublos o dólares.

Cogí al primero que vi porque no podía ponerme en la parada de taxis. Un tío se ofreció a llevarme, pero entre mi inglés, el suyo y mi ruso, le intenté explicar que iba al pabellón del CSKA. Cuando llegamos a las siete menos veinte, aluciné: «Este no es el pabellón, que yo he estado aquí ya seis o siete veces, ¿qué me estás contando?». Finalmente, me hice entender: «Basketball, CSKA…» Me llevó, pero eran las siete y cuarto.

Andrés Montes me decía desde el estudio: «Chico, cómo tienes a García, de esta no sales». Pero García era así: en el momento se encabronaba mucho, pero no recuerdo que haya echado nunca a nadie de los nuestros. Fernando Soria vino con él de la SER y se vino a Antena 3, pero se fue en el año ochenta y ocho por decisión propia debido a que le pudo un poco la presión. No recuerdo que García echara a ninguno de los nuestros.

En aquellos años de Barcelona, la relación con los profesionales era más accesible, los jugadores…

No tenía nada que ver. Era una relación distinta entre los medios y los profesionales. Eso ha cambiado en todos los deportes, aunque en los minoritarios se note un poco menos. Antes, era todo mucho más cercano y no me vale eso de que hay muchos medios de comunicación, porque antes había muchas radios y mucha prensa escrita y la relación era mucho más próxima.

Todo esto lo empezaron complicando los capitanes de los equipos grandes: Zubizarreta, Hierro, Raúl… que intentaron protegerse más de los medios. Luego, los directores de comunicación que llegaron entre mediados y finales de los noventa no solo no lograron revertir esa situación, sino que se convirtieron en «viejas del visillo».

Cuando llegué al Deportivo, el director de comunicación anterior era Pati Blanco, que era directivo. Él era periodista, pero ya no se dedicaba al periodismo activo y llegué al club porque Pati se fue de director de comunicación del Corte Inglés. No había ese puesto y estamos hablando de un Deportivo que venía de perder la Liga en el 94.

En esa época no había casi jefes de prensa: Ricard Maxenchs en el Barça, que para mí fue el mejor y un maestro del que no se copió todo lo bueno que tenía, y Enrique Martín en el Madrid. Ahora se han convertido en policías. Y al jugador le va bien. La prueba de que la culpa es de los directores de comunicación es que los jugadores, cuando van a actos promocionales y con la Selección, sí hablan.

¿Por qué no lo hacen en los clubes? Porque los directores de comunicación no dan facilidades o, en algunos casos, es una deuda de favor: «Te permito el acceso a los futbolistas si no críticas». Eso, para mí, es lamentable.

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¿Cómo era eso de encontrarte a los jugadores por la noche? Imagino que siendo joven saldrías mucho.

Cuando era joven y estaba soltero, incluso de casado pero sobre todo de soltero, era de los que salía casi cada noche. Mis padres me decían: «Siro, no puede ser que llegues todos los días a las tres o cuatro de la mañana». Yo les contestaba, medio en broma pero muy en serio: «Es que esto forma parte de mi trabajo».

Muchos de mis compañeros de esa época, como Pipi o Juan Gato, conseguíamos las noticias más por la noche que por el día. Coincidías, hablabas… había cosas que te decían que no contaras porque formaban parte del off the record, pero a cambio de callar unas, te daban otras. Se generaba una especie de lazo. Te transmitían: «Cuéntalo, pero no digas que he sido yo», o «adórnalo un poco».

Era una relación muy cercana. Había algunos que conseguíamos esa cercanía -yo sobre todo en baloncesto, que era a lo que más me dedicaba- y otros a los que esa relación les distanciaba más. Si algo no lleva bien el deportista es que lo traiciones y que mezcles la vida personal con la profesional.

A mí lo que nunca se me ocurrió fue relacionar una cosa con la otra. Es decir, al día siguiente, te faltara una noticia o no, lo que no se te iba a ocurrir era soltar: «Este jugador no rinde porque la noche anterior estuvo conmigo tomando copas». Eso puede ser una buena noticia un día, pero mirando al futuro te estás cavando tu propia tumba.

Era la época de Diego Maradona.

Maradona organizaba las fiestas en casa, no salía. Salía más Menotti, al que te lo encontrabas junto con Rogelio Poncini, su segundo y con el que hice más relación. César salía casi cada noche, pero no de ligoteo ni nada parecido. Había una discoteca llamada Charly Max en Barcelona; abajo estaba la pista para la gente que iba a bailar y a ligar y arriba había una zona para tomarse una copa tranquilo con los amigos. A Menotti y a Poncini me los encontraba muchas noches tomándose una copa arriba; no los veías abajo ni bailando.

Menotti por aquel entonces debía tener cuarenta y pico años. Maradona no; a él se las organizaba mucho su representante, Jorge Cyterszpiler. Fue cuando tuvo aquella enfermedad que se vendió como hepatitis, pero realmente las informaciones que teníamos los que seguíamos la actualidad era que fueron unas purgaciones como una catedral. Fue una enfermedad venérea. Las fiestas en casa de Maradona ríete de las de Ronaldo Nazario.

¿Cómo surge lo del Dépor?

De forma casual. Una serie de circunstancias se te van apareciendo en el camino y a veces las coges y otras no. Cuando cerraron Antena 3 Radio yo estaba en Barcelona y todo el mundo me decía que me ficharían enseguida en otra emisora por mis contactos en baloncesto y que era bueno frente al micrófono. Sin embargo, en aquel momento, imperaba mucho, incluso en las emisoras nacionales, hacer programación en catalán. Me defiendo en catalán para hablar con la gente, pero no para ponerme delante de un micrófono.

No es lo mismo estar en una tertulia, como me pasa hoy en día en TV3, que ponerte a presentar un programa. Así, me quedé sin trabajar en la radio desde el 94 y me llegó la oportunidad de estar durante un año en Don Balón. En ese impasse me llamó la gente de Radio Voz, que era la antigua Antena 3 en Galicia.

Me contactó José Gerardo González para que narrara algunos partidos del Dépor y del Compostela por la zona mediterránea; así yo lo hacía desde allí y ellos se ahorraban el viaje. Al tiempo, Radio Voz creó una cadena nacional, que es donde estaba Andrés Montes cuando lo descubrió Alfredo Relaño, yo estaba preparando todo porque iba a hacer la Vuelta Ciclista a España y en ese momento me llamaron de una empresa de las que buscan profesionales para empresas: Onda Cero quería fichar a un jefe de deportes en Coruña.

Les transmití que yo era un tío caro, no por creerme nada, sino porque si me iba a Galicia tenía que mantener mi vida y mi casa en Barcelona, ya que mi mujer no se iba a venir. Para mi sorpresa, aceptaron la cantidad que pedí y empecé en Onda Cero para Coruña y Santiago. Al cabo de un año y medio, de pronto, creo que por motivos políticos debido a la disputa entre el alcalde Paco Vázquez y Augusto César Lendoiro, decidieron prescindir de mis servicios en febrero porque yo me puse en el lado del deporte, del club y los dueños de Onda Cero Coruña eran muy cercanos al PSOE. Les gané el juicio por despido improcedente porque no había motivos.

Justo en ese intervalo se fue Pati Blanco al Corte Inglés y el Dépor se quedó sin responsable de prensa. A través de un directivo, Javier Chaver, me comentaron que el presi quería hablar conmigo y ofrecerme el cargo. Charlé con Augusto y le pedí quince días para pensarlo, porque dar el paso al otro lado de la trinchera era complicado; había vivido siempre en el lado del periodismo y ahora tenía que contraponerme a lo que hacía antes: evitar filtraciones, que se trate a todos por igual… me lo pensé mucho, pero decidí probarlo.

Fue lo mejor que pude hacer, porque ver el fútbol desde el otro lado no tiene precio; me sirvió para hacer valoraciones que antes no contemplaba y para entender que a veces somos demasiado «libertinos» a la hora de juzgar sin pensar en las consecuencias o en lo que hay detrás de las decisiones de los directivos, presidentes, entrenadores o jugadores.

Estar en ese vestuario me abrió mucho los ojos. Te dabas cuenta de que tenías una imagen equivocada de algunos jugadores debido a tu trato con ellos desde la emisora y que otros eran más ariscos con la prensa pero tal vez fueran más positivos para el club. Para el equipo no es el mejor el jugador que filtra a la prensa algunas informaciones o si ha habido una bronca dentro del vestuario.

¿Qué jugador te sorprendió cuando le conociste desde dentro?

Mauro Silva. Me confirmó exactamente cómo era: muy transparente y muy parecido en el trato dentro y fuera. No es falso. Mi imagen de Mauro se confirmó. En cambio, había otros jugadores que fuera le hacían la pelota a la prensa y luego dentro eran los más reacios a salir ante los medios.

Al haber estado en la radio, sabías quiénes filtraban cosas. ¿No hubo charlas con ellos al llegar?

Alguna vez tuvimos un pequeño roce. Sobre todo al principio, me dirigía a alguno y le soltaba: «Tío, no es bueno que filtremos esto, no es bueno ni para el entrenador ni para el equipo. Y además, sé a quién se lo estás filtrando. Nos conocemos todos y vengo del otro lado». En Coruña éramos diez periodistas, nos encontrábamos siempre.

Es como cuando salían cosas que sacaban Fernando Burgos o Julián Ávila: yo ya sabía quién se lo había filtrado. Aquí nos conocemos todos. Cuando salió aquello famoso del «topo», fue una equivocación mía haberlo dicho y no debí hacerlo, pero aquí sabemos quién es amigo de cada quién; no hace falta ir a Harvard, sobre todo cuando llevas tantos años. La realidad es que topos hay en todos los equipos. Ahora no está Casillas y se siguen filtrando alineaciones y broncas. Y antes también, no solo era Casillas. Gente que se lleva bien con los medios hay en todos los sitios.

Siro López

Lendoiro.

De todos los que he conocido, no sé si es el más inteligente, pero sí el más listo. Y el que más sabe de fútbol. Veía vídeos que mandaban los representantes y, con cuatro imágenes de una recopilación, se daba cuenta enseguida: «Richard (el director deportivo del club, ndr), aquí nos la están colando, este es el bueno».

Cuando fichó a Rivaldo, no iba a por él; fue a Brasil a fichar a Amaral. Pero el Parma tenía derecho preferente sobre los jugadores del Palmeiras por el tema de Parmalat y fue quien se lo llevó. Fue una de las pocas veces que Augusto fue a Brasil, porque una fue para convencer a Bebeto y Mauro Silva junto a Luis Sánchez Doporto ‘Luisín’.

En esta ocasión, Lendoiro vio a Rivaldo en un partido cuando fue a por Amaral y preguntó: «¿Y este qué?». Rivaldo tenía veinticuatro años y no había sido internacional absoluto hasta el año que lo fichó el Dépor; solo había ido a las Olimpiadas de Atlanta. Lendoiro veía esos detalles. Pasó igual con Manuel Pablo; fue a fichar al Turu Flores a Las Palmas y le habían hablado de un lateral derecho jovencito, lo vio, y metió a Manuel Pablo en la operación.

¡Qué buen jugador era Manuel Pablo!

Sí, no fichó por el Real Madrid porque se rompió la pierna con Giovanella en aquel partido en el Bernabéu. No fue al Mundial por esa lesión y ya no volvió igual, pero aun así aguantó casi hasta los cuarenta en el Deportivo.

Dicen que Lendoiro no duerme.

Era atípico. Se levantaba a las once de la mañana e iba a la Diputación. Pero todas las noches, menos el sábado, se acostaba a las dos o tres de la madrugada. Siempre tenía algo. Había que acostumbrarse a él, aunque afortunadamente yo también he sido ave nocturna. Él llegaba al club a las seis de la tarde y era cuando se activaba. Por la noche me decía: «Vámonos a cenar», y era ahí cuando le contaba las novedades y él me contaba lo que quería. Negociando con los presidentes y los representantes, los mataba para los fichajes; les ganaba por agotamiento.

¿Por qué te vas del Dépor?

Te lo comentaba antes, siempre tuve en la cabeza que mi mundo era el otro: el periodismo activo. Me lo estaba pasando muy bien y aprendí mucho, pero echaba de menos la trinchera. Tanto es así que, ya en el año 1986 era amigo de Paco Moreno, que era el consejero delegado del Caja de Ronda -actual Unicaja- y me habían ofrecido ir de gerente ganando el triple que en la radio y respondí que no porque me gusta el periodismo activo, no estar en un despacho de gestor.

Un día, cuando quedaba un mes y medio para ser campeones, me llamó Manolo Lama, que estaba presentando los deportes del mediodía en Telemadrid además de lo que hacía en la SER. «Se ha ido Ricardo Medina -ideólogo de Madrid Directo, unos de los programas más exitosos de la cadena- aquí están buscando un jefe de deportes y les he hablado de ti. Te va a llamar la directora para ofrecerte el puesto».

Así fue, me contactó Ángeles Yagüe en marzo y quedamos para vernos en persona coincidiendo con la Semana Santa. Yo ganaba algo más en el Dépor, pero lo importante no era eso, por lo que acepté poniendo una única condición: «Queda un mes y medio para acabar la Liga y, aunque no hay nadie imprescindible, en el Dépor hacemos todos de todo: relaciones públicas, periodistas, director de comunicación… Hay muchos medios pidiendo acreditaciones en este final de temporada y televisiones extranjeras solicitando reportajes. Además, me hace ilusión ser campeón de Liga». Aceptaron que me incorporara más tarde y así se cerró.

¿Cómo conociste a Manolo Lama?

Manolo y yo nos conocimos bastantes años atrás, en 1982 o 1983, y curiosamente ese día estuvimos a punto de llegar a las manos. Fue en una final de Copa del Rey de Baloncesto entre Barça y Madrid. Estaba entrevistando a pie de campo a Epi, la estrella del partido, y Manolo se metió por medio. A García le daba mucha rabia que te levantaran la entrevista, así que empujé a Manolo y nos enzarzamos.

Al acabar el trabajo, él vino y me pidió perdón; me dijo que estaba empezando en la SER y que no se había dado cuenta. Ahí me ganó. Es uno de mis mejores amigos en la profesión porque es un tío muy legal.

¿Cómo le sentó a Lendoiro que te marcharas a Telemadrid?

No le sentó bien. Hubo unos meses de cierto distanciamiento, pero se solventó rápido. Para mí Augusto es como mi segundo padre, le quiero mucho y el sentimiento es mutuo. Cuando venía a Madrid me llamaba para cenar. Ese enfado duró poco.

Siro López

¿Cómo es tu etapa en Telemadrid? Porque ahí eres periodista, pero también tienes que gestionar la relación con presidentes que no son fáciles.

Me convencía y no me convencía. Siempre había dicho que si volvía al periodismo activo sería en Madrid o Barcelona; para volver a cualquier otro sitio, no regresaba. Estaba muy bien en Coruña. Pero cuando me llamaron, enseguida me ilusionó, porque es ser el jefe de deportes y estar para que se hagan las cosas.

Uno de los primeros temas que me dejaron claro fue que no me querían ni para narrar ni para presentar programas; simplemente gestión. Manolo Lama me recomendó por eso, porque tenía muy buena relación con la ACB –Telemadrid tenía el baloncesto- y con el fútbol por mis tres años como director de comunicación; en la Liga ya me conocía todo el mundo. Ese era el único punto que me hacía dudar.

Me habría gustado hacer un poquito más de periodismo deportivo, aunque lo hacía porque controlaba la edición de los programas. Curiosamente, al cabo de dos años, llegó Luis Mariñas para presentar el informativo de la noche y pidió que estuviera con él. En ese momento le quise colocar a Javier Reyero, porque lo iba a sacar de Fútbol es fútbol y se quedaba sin tele: «Mira, lo voy a quitar de allí porque me traigo a Manu Carreño».

Incluso me llegué a reunir con Manu, pero en Onda Cero no le dejaron y acabé fichando a Hirschfeld. Mariñas fue claro conmigo y me lo transmitió así: «No, el que quiero que esté conmigo en deportes eres tú», por lo que tuve que decírselo así a Reyero y eso fue lo que motivó que él se fuera de la tele. Empecé a presentar con Mariñas por la noche y, cuando se fue Manolo Lama del Telenoticias de mediodía, decidí que presentaríamos Antonio Mérida y yo.

¿Cómo era la gestión con los presidentes? Imagino que cada uno querría más protagonismo para su equipo e incluso Alfredo Relaño me comentaba que Florentino Pérez le llamaba para quejarse de las puntuaciones que daban a los jugadores en las crónicas de As.

A mí también me llamaba Florentino Pérez. Siempre he dicho lo mismo: el que tiene poder intenta utilizarlo y lo hace. Eso pasa en el deporte y en todas las facetas de la vida. Cuando me decían que Florentino ponía y quitaba periodistas, yo respondía: «¿Y Laporta? ¿Te crees que Laporta no lo ha hecho».

Uno de los motivos por los que me fui de Telemadrid es porque estaba hasta el gorro de que Enrique Cerezo o Ángel Torres llamaran a la directora general o el subdirector general, Ángel Vizcaino, porque consideraban que los minutos que le dábamos al Real Madrid se los teníamos que dar también al Atlético y al Getafe. Yo les respondía que ahí no tenía colores, que era un profesional interesado en la audiencia y que cuando hablábamos del Madrid durante quince minutos teníamos una audiencia; cuando venía el Atlético, bajaba; y con el Getafe, ni te cuento.

De cualquier modo, mi relación fue buena con todos y siempre estaré muy agradecido con Jesús Gil porque se volcaba con nosotros cada vez que le pedíamos una entrevista o cualquier cosa. Nunca podré decir nada en contra de Gil en cuanto a su trato y relación con nosotros. Con Ángel y Florentino, sucede igual.

¿Fue ahí donde conociste a Florentino Pérez?

Llegamos juntos. Cuando aterricé a Telemadrid, lo primero que hice periodísticamente pese a entrar como gestor, fueron las entrevistas de las elecciones del 2000, donde se presentaron Lorenzo Sanz y Florentino. Ellos no querían coincidir en un debate, así que les hice una entrevista a cada uno con las mismas preguntas y sin que ninguno supiera lo que le había preguntado al otro.

A Florentino ya le había conocido en Barcelona en las elecciones anteriores, las que perdió contra Ramón Mendoza, cuando fue a presentar su candidatura al Hotel Calderón. Me lo presentaron allí, pero él no se acordaba y cuando entramos en relación real fue en el 2000. Él se consideraba injustamente tratado por el periódico As y algunos medios de comunicación más como la cadena SER, a los que veía como amigos de Lorenzo, y yo mantuve una postura muy objetiva.

Coincidió que él llegó a presidente y yo a jefe de deportes. En aquel momento Telemadrid se veía mucho y teníamos el fútbol de los sábados y Fútbol es fútbol, que tenía audiencias impresionantes porque estaban los resúmenes y era el primer sitio donde podías ver los goles. La relación era muy fluida y en mi segundo año hicimos un programa semanal sobre el centenario del Madrid que dirigía José Joaquín Brotons y presentaba Juanma Iturriaga repasando la historia del club.

¿Tu relación con Florentino ha tenido altibajos?

He tenido una relación muy buena y fluida desde el 2000 hasta el 2021, cuando se presentó la Superliga. Todavía no sé el motivo exacto de la ruptura porque no lo he podido hablar con él, pero intuyo por dónde van los tiros por gente con la que he hablado y porque tampoco soy gilipollas. Él anunció la Superliga un lunes en El Chiringuito y yo había quedado el jueves con José María García para hacerle una entrevista en la sección Gracias por venirvde mi canal.

García me preguntó antes cómo era mi relación con Florentino y le dije que muy buena, que era mi amigo y conmigo siempre se había portado bien. «Ok, entonces me controlaré», me comentó. ¿Qué no me preocupe? Estábamos en la entrevista hablando de su trayectoria y de su historia, pero si tienes a García te sale la vena periodística y si coincide con la semana que se anuncia la Superliga, tienes que preguntarle sobre qué le parece la idea de esa competición.

García se despachó, se fue por los cerros de Úbeda como hace a veces y una de las cosas que dijo y luego sacaron en el Marca y en el As y tampoco me ayudó mucho fue que Florentino Pérez era el mayor cáncer del deporte español de los últimos años.

Lo que no salió, ni le transmitieron los que se lo dijeron -porque estoy seguro que Florentino nunca escuchó esa entrevista- fue lo siguiente que respondí: que no tenía razón. Me parecía una barbaridad y así se lo señalé a García: «No puedes decir esta barbaridad porque no eres justo con su trayectoria y te puede la enemistad que tienes con él». Pero eso no se publicó; solo quedó el titular entrecomillado.

A partir de ahí, y hasta que no me enteré de la situación, seguí mandándoles mensajes. Cuando no te contesta a uno piensas: «Bueno, se habrá despistado», aunque te extraña porque es una persona tremendamente educada y es muy difícil que no te conteste a un mensaje, tarde más o menos. Al segundo mensaje a los quince días tampoco me contestó; tampoco me cogió el teléfono otro día que lo llamé… y ya lo tienes más claro: «Hay ceniza, aquí han fumado».

Hubo un instante en que esa relación epistolar ya no existía, parecía que estaba hablando conmigo mismo y llegó un momento en que ya por dignidad también piensas: «Agradezco mucho lo que has hecho por mí y que me hayas echado una mano cuando lo he necesitado, pero no me voy a bajar tanto los pantalones».

Después, pasado bastante tiempo desde que rompí esa cadena, cuando se ganó la Champions al Liverpool le mandé un mensaje: «Presi, felicidades y tal, sé que es un premio al trabajo que has hecho, etc». Y ese sí me lo contestó al cabo de unos días. Además, no fue la típica respuesta de «muchas gracias», sino que iba más allá. Después, en algún cumpleaños o algunas fiestas también nos hemos escrito, pero ahora ando con dudas porque no sé si hemos vuelto a involucionar.

Intento ser agradecido a mis amigos y siempre lo he tenido claro: No creo en la objetividad, pues todos nos dejamos llevar por sentimientos, ya sean positivos o negativos, cuando damos una opinión. Unos serán más exagerados en la subjetividad y otros menos, pero todos somos subjetivos. Como no me muerdo la lengua, a lo mejor alguna crítica que he podido hacer, aunque eso también lo hacía antes…

Dices que él te ha ayudado. ¿Qué tipo de ayuda te ha dado Florentino Pérez?

Tanto profesional como personal. Por ejemplo, tuve un problema con Hacienda y no era capaz de encontrar una solución bancaria, porque era como una especie de pescadilla que se mordía la cola: como tienes la deuda, no te dan el préstamo. Le pedí ayuda al presi y él me puso en contacto con el Banco Santander, pero no pudieron ayudarme porque los bancos tienen su burocracia.

Entonces habló con Mediapro, que gestionaba Real Madrid Televisión, y como yo trabajaba allí, lo que hicieron fue adelantarme el dinero que me reclamaban. Me ayudó mucho, se preocupó. Otro detalle: cuando compramos la Champions, en Telemadrid me pidieron que hiciéramos un documental de Cristiano Ronaldo para vestir el primer partido del Real Madrid, que se iba a jugar en quince días.

Llamé al presi con prisas, porque se creían que eso se podía hacer de un día para otro, él  habló con Jorge Mendes y me facilitó todo. Es más, cuando decidí irme de Telemadrid, el que más insistió para que me quedara fue él. Me ofreció hablar con la directora general para que no me fuera, pero era una decisión mía.

Siro López

Cuando comienzas con Pedrerol, todavía estabas en Telemadrid.

Me llamaron Pedrerol y Joaquín Ramos Marcos cuando dejaron Canal+ y empezaron a hacer un programa en Intereconomía Radio. Personalmente no tenía mucha relación con él, lo conocía de Barcelona porque él empezó en la SER allí cuando yo ya llevaba ocho años en la profesión. Lo conocía de coincidir en algún entrenamiento cubriendo al Espanyol o al Barça.

El tema es que me ofrecieron hacer una tertulia diaria. Empezamos José María Sirvent -que en paz descanse-, José Damián y yo, los tres. Luego surgió lo de Punto Radio, seguimos los mismos y se incorporó más gente: Rodri (Fáez), Nacho (Peña), Irene Junquera… En Punto Radio parece que no acabó bien la relación con los que mandaban y se fue con Hugo Gatti a Televisión Española, donde creo que lo colocó Florentino Pérez.

En ese año yo no fui a Estudio Estadio porque era jefe de deportes en Telemadrid, pero luego en 2009 Pedrerol volvió a Intereconomía para hacer Punto Pelota porque en TVE no le renovaron el contrato al cambiar el director general y ahí me incorporé de nuevo a la tertulia.

Tú te marchaste de Telemadrid en 2010.

Ese año hubo un cambio en la Dirección General. Durante unos meses parecía que pasaba un examen cada día. La directora general venía de Sanitas y de medicina sabría mucho, de gestión también… pero de televisión, poco. No había tenido ninguna experiencia previa, solo de espectadora. Cada día era un examen: «Es que mi hijo me ha dicho…» Su hijo tenía dieciocho años. Si su hijo fuera Iñaki Gabilondo, pues vale, pero si cada día vienes con que él chaval te dice que esto habría que hacerlo así…

Llegó un momento en el que pensé: «No me sale a cuenta venir cada día a pasar un examen y aguantar comentarios de ese tipo». Eso, unido a que me propusieron en Intereconomía, a través de Pedrerol, hacer un programa al mediodía, Los Bigotes, con Iñaki Cano, hizo que hablara con la directora general: «Mira, no voy a renunciar a los diez años de antigüedad, pero igual es bueno que lleguemos a un acuerdo. Si tú no estás convencida y yo no estoy a gusto, lo mejor es que lo dejemos». Ella intentó convencerme para que siguiera, pero preferí irme. Me pagaron la indemnización y me fui a presentar el programa del mediodía, que duró tres meses.

Ahí siempre tuve la sensación, y creo que el tiempo me ha dado la razón, de porque se lo cargaron. Ese programa empezó a marchar muy bien pese a no tener medios, hacerlo sin imágenes, usando fotos del periódico, pero funcionaba. Sin embargo, cometimos un error: dar tres exclusivas de fichajes del Madrid. Ahí yo tenía muy buena relación con Florentino. Pedrerol también, pero yo la tenía igual o mejor.

Creo que ahí cavamos la tumba del programa, porque no hubo ninguna explicación lógica para acabar con Los Bigotes. Pedrerol nos vendió que había sido decisión del dueño de Intereconomía, pero no había razón objetiva para cargárselo y económicamente funcionaba bien. La conclusión a la que llegué es que se lo cargó Pedrerol porque habíamos dado aquellas tres exclusivas, él se las quería guardar para el programa de la noche, y así se lo dije a Iñaki Cano. De cualquier modo, seguí en Punto Pelota, cobrando lo mismo de Intereconomía.

Vuestra relación era buena en ese momento.

Sí, fluida. Siempre diferencio la relación profesional de la de amistad. A mis amigos los elijo por afinidades que podamos tener tanto personales como profesionales y estoy en el polo opuesto de Pedrerol. Había cosas que no me gustaban y se las decía, sobre todo al respecto de la relación que tenía con los trabajadores de su productora.

Chocamos más de una vez, incluso en público. Yo era el aceite, el que estabilizaba un poco el trato con la redacción. Era, junto a José Antonio Luque, que vino un poco después, los que calmábamos a la fiera. De hecho, en antena le llamaba «Trankimazin».

¿Cómo acabó todo?

Hubo un cambio, pero quise acabar bien. Contrariamente a lo que mucha gente piensa por las tertulias de Punto Pelota, que eran muy intensas y agresivas, soy todo lo contrario. Soy de los tíos más tranquilos del mundo; puedo tener un pronto, pero a los cinco minutos se me pasa. No me gusta la agresividad. Había veces que venía del programa y no me reconocía: «¿Cómo he podido reaccionar así?».

¿Pero esas reacciones no estaban forzadas?

No. Soy muy pasional, y si en el momento pienso alguna cosa, la digo con la intensidad de alguien que le pone pasión a todo. Pero no soy nada discutidor. Siempre le decía a mi madre: «Yo discuto si me pagan». Discutiré contigo e intentaré convencerte de que esta radio es marrón, pero si tú sigues diciendo que no, lo dejo. No me gusta discutir, ni en la familia. Allí había una tensión y una agresividad tan grande en las reuniones preparando el programa que te sentías mal.

Llevaba tiempo dándole vueltas a la posibilidad de dejarlo e incluso llegué a transmitirle que tal vez sería bueno para el programa que no saliese durante un tiempo, para no quemarnos. En octubre, dos meses antes de que nos echaran de Punto Pelota, me llamó Manolo Lama para irme a Tikitaka en Mediaset, pero le contesté: «Me gustaría, pero tal y como está la situación en Intereconomía, irme ahora es como tirarme del barco». Decidimos mantenerlo abierto pero no quise marcharme.

Al mes y medio echaron a Pedrerol, nos fuimos de ahí, Pedrerol hablaba de ofertas de 13TV y Atresmedia, nos reuníamos y me preguntaba: «¿Qué hacemos?». Hablaba en plural: «Nos ofrecen esto». Volví  a responder que no a Manolo y decidí continuar con él y nos marchamos a Atresmedia, pero noté que algo fallaba a los pocos días, en Navidad.

No pude ir a una cena que organizó para decirle a la gente que íbamos a Atresmediay, a partir de ahí, de llamarme tres veces al día pasó a no llamarme. Al principio pensé que sería por el tema de las fiestas y que cada uno estaba con su familia, pero me enteré por Twitter el 28 o 29 de diciembre que ya empezábamos porque lo puso alguno de los chavales.

Pasaron los días, él seguía sin llamarme. Fue así hasta que llegó la presentación para la prensa, momento en que finalmente me llamó y tuve que preguntarle: «¿Qué ha pasado? Me he enterado por Twitter de que hemos empezado y no me has llamado». «Bueno, también podías haber llamado tú», me respondió. «Hombre, lo lógico es que me llames tú que eres el jefe, igual que se lo has comunicado a los chavales».

En la presentación me fijé en detalles: se hizo una foto con todo el grupo de trabajo, con los que estábamos en el día a día, pero conmigo no contó pese a que fuera un poco su segundo. Ni palabra. Hubo también otro detalle sobre el programa: Atresmedia ponía el plató pero nosotros nos autofinanciábamos con patrocinadores.

Personalmente, le comenté que no hacía falta que me pagara lo que me pagaba antes Intereconomía, que con que me cubriera los mínimos me valía, que ya mejoraríamos con el tiempo, pero él insistió en pagarme lo mismo. Sin embargo, el 7 de enero cuando me reincorporé, me dijo que no podía pagarme lo prometido.

Le propuse alternativas: comentar partidos de Segunda o ir más a la tertulia del mediodía. Ahí me soltó: «No, porque me he dado cuenta de que cuando entras tú, baja la audiencia». ¿Me estás diciendo que por un minuto y medio que yo esté le afecta a la audiencia? También le pedí ir al especial del Balón de Oro y llevó a Tomás Roncero. A mí no. Empecé a notar todo esto y ahí llamé a Manolo Lama: «¿Sigue en pie eso que me comentaste?».

Llegó final de mes, volví a cruzarme con Pedrerol por el pasillo al acabar un programa y me contó: «Oye Siro, que tampoco te voy a poder pagar lo que hablamos hace veinte días». Me lo comunicó cuando me tocaba cobrar, después de que le puse todo en bandeja en diciembre. Todo eso sumado a la frialdad y al distanciamiento que había mostrado en esas semanas.

Él es mucho de amores y odios; de premiar y castigar. Por eso, ahí le respondí: «No te preocupes. Mira, no te lo había comentado antes, pero en el mes de octubre me llamó la gente de Mediaset para que me fuera a TikiTaka y además hacer el Mundial de Baloncesto y el Europeo del año siguiente. De este modo, te ahorro un problema a ti y a mí también me va bien, porque cambio de aires y me hace ilusión volver al baloncesto».

Lo que había sido un «no» a todo durante los quince días anteriores, cambió. Me preguntó si había firmado y, como le respondí que no, me pidió un tiempo para convencerme. «Te doy el tiempo que quieras, pero la decisión está tomada», contesté.

Me llegó a ofrecer presentar el programa de mediodía con él, porque Lara ya se había ido. ¡Presentar el programa con él! De pasar a que yo bajaba la audiencia a presentar juntos. También hacer los partidos de Segunda del Deportivo de la Coruña y el Lugo… dármelo todo. Pero personalmente lo tenía claro: «Ahora no me vale».

Aun así, aguanté quince días, fuimos a cenar un día y fui claro: «Ya está, no pasa nada. Además, soy una pieza más». Fue ahí donde me dijo que yo era una pieza muy importante para él y para la relación con la redacción, aunque le contesté: «Ya, pero esto se ha roto. Cuando se ha roto algo, es difícil» e incluso le hice la coña: «Espero que mañana no me des de hostias». «¡No hombre! Si somos amigos!», recuerdo que me transmitió. Me acuerdo que esa misma noche me enteré de algo que había en la Federación de Fútbol e incluso le llamé para decírselo para que mandara a alguien y me dio las gracias.

Pues llegó el lunes, salió publicado que me iba a Mediaset y montó un programa para ponerme a parir, pero sibilinamente: «Cada uno elige su destino». Haciendo ver que me iba por dinero, cuando no fue así. Juntó a todos los tertulianos y lo hizo el lunes, el martes, el jueves -que me presentaban a mí en el otro programa-… Montó un cristo, me mandó mensajes de que era la peor persona que había conocido. Hubo un momento en que ya le respondí: «Olvídate de mí, relájate, ya está».

Siro López

Hace un tiempo Pipi Estrada defendió a Pedrerol argumentando que es como García.

No tienen nada que ver. Llamé a Pipi cuando salieron esas declaraciones. Eso lo dijo para blanquear precisamente a Pedrerol con el motivo de la denuncia que él me presenta a mí diciendo que yo le hacía competencia desleal y que había dicho mentiras sobre el maltrato al que sometía a la gente. Le expuse: «Pipi, no insultes a García, tío, no me puedes comparar».

Ni el trato a la gente… García era muy exigente, pero no le he visto insultar, denigrar ni echar a nadie. «No lo insultes, no puedes comparar». García se subía por las paredes cuando se enteró de esas declaraciones. Son incomparables. Lo único que puedes decir es que Pedrerol es muy exigente, igual que García, pero exigentes somos todos.

Cuando estás en un trabajo intentas sacar lo mejor posible de todos. Cuando yo era jefe de deportes de Telemadrid era exigente. ¿Qué es ser exigente?,¿qué las cosas salgan bien?, ¿qué los que narran sean buenos? Eso es obligatorio. Insultar a la gente no es ser exigente.

Choca que participaras ahí y ahora tus programas sean un remanso de paz.

A veces me caliento porque soy pasional, pero creo en la discusión y la diversidad de opiniones; si no, una tertulia no tiene razón de ser. El debate lo enriquece la diversidad, pero no la agresividad, el insulto y las situaciones que viví y de las que fui protagonista. De rozar límites que no están bien.

Ahora con tu propio canal tienes más libertad, pero también todo depende de ti. Eres el mascarón de proa.

El canal se llama Siro López y la marca es Siro López, eso es verdad. Pero también es cierto que si no te rodeas de gente se queda corto. Cuando empezó García, el periodismo que se hacía en radio y televisión era muy unipersonal. No había tertulias. Era la opinión de García y luego entrevistas a gente de actualidad. Con el tiempo eso cambió. Pienso que el primero fue José Ramón de la Morena en radio con la tertulia del Sanedrín y a partir de ahí todos hemos ido siguiendo un modelo más plural.

Al principio mi canal era muy personal y durante el primer año prácticamente hacía todo yo: opinaba de fútbol, jugaba a videojuegos, hablaba con gente, hacía de todo. Pero luego te das cuenta de que si quieres atraer a más gente es bueno rodearte de distintas voces. En una tertulia, por ejemplo, habrá gente a la que le guste más Látigo Serrano, otros preferirán escuchar a Canut hablando del Barça y otros querrán otra visión. Siendo un canal muy personal, también tienes que abrirlo a distintas percepciones para atraer a más público.

El contenido de tus directos en Twitch ha evolucionado mucho hacia lo periodístico.

Intento desarrollar mi profesión. La cabra tira al monte. Puede haber un factor de divertimento, claro, pero también es un divertimento que a mí me gusta. Había gente que al principio pensaba que cuando hacía cosas con Ibai Llanos era una postura un poco forzada para ganarme a ese público, como algo calculado. Pero no era así. Pensar que puedo ganar dinero haciendo cosas que antes hacía en casa fuera de antena, jugando con mi hijo a videojuegos o probando juegos, es maravilloso.

A mí lo de Twitch me hizo gracia también por eso: muchas de las cosas que hago ahora ya las hacía antes en casa. Jugaba con mi hijo al Minecraft o a juegos de submarinos y pensaba: si ahora puedo seguir haciendo lo mismo y encima me pagan por ello, pues maravilloso. Con mi hijo también jugábamos mucho a simuladores. Recuerdo que hacia 2010 nos compramos uno bastante doméstico para correr carreras.

Nos pasábamos horas compitiendo, y claro, todo eso antes lo hacíamos en casa sin que lo viera nadie. Ahora lo haces delante de una pantalla y de pronto se convierte también en contenido. Pero hago lo mismo que he hecho siempre: periodismo. Hablar de deporte, comentar la actualidad. Eso es lo que me gusta y lo que me divierte.

¿En qué momento decides que ahí hay un espacio para ti? ¿Necesidad u oportunidad?

No fue por necesidad; ahí estaba trabajando. Ha habido momentos en los que estaba en peor situación tanto económica como laboral, porque en ese momento colaboraba en la COPE desde 2010, hacía partidos de baloncesto en Real Madrid Televisión y participaba en el canal de YouTube y Twitch Colgados del Aro.

No era una cuestión de trabajo ni de necesidad económica. Fue, literalmente, por culpa de mi hijo. Después de la pandemia vimos que Colgados del Aro tenía mucha repercusión, llegaba a mucha gente de perfiles distintos y mi hijo Xavi empezó a insistirme: «Papá, abre tu canal». Yo le respondía que Twitch y YouTube eran plataformas para gente joven, que lo que hacía Ibai iba dirigido a un público muy concreto y que a esa gente no le iba a interesar lo que pudiera decir un señor de sesenta y cinco años.

Además, el éxito de Colgados del Aro tenía que ver con el grupo y unas personas que tenían una forma diferente de ver la vida y el deporte. Allí estaba Juanma López Iturriaga, que había sido jugador de élite; estaba Pablo Lolaso, que venía del mundo de Twitter; estaba yo… Era la mezcla lo que funcionaba. Por eso pensaba que si me ponía yo solo a hacer un canal me iban a ver cuatro, pero mi hijo insistía cada quince días hasta que un día le dije: «Vale, abrimos el canal. Pero si dentro de una semana no me ven más que tus amigos, lo cierro o lo dejo abandonado».

Para mi sorpresa, el primer día nos vieron unas quinientas personas. El segundo día quinientas cincuenta. El tercero seiscientas. Y pensé: «A ver si este va a tener razón». Además, me ayudó mucho Ibai. Recuerdo que al cabo de un mes y medio de abrir el canal había un Barça-Madrid, yo estaba haciendo un poco de tertulia y me mandó un mensaje: «Oye, ¿quieres que entre?». Gran parte de los trescientos y pico mil seguidores que tengo en Twitch vienen por Ibai, estoy convencido que más de la mitad son por él.

Cuando el canal empezó a crecer un poco vi que Ángel Martín tenía una publicidad en su Twitch y se me encendió una bombilla. Soy muy amigo del consejero delegado de Estrella Galicia desde mi etapa en el Deportivo, así que le escribí: «Oye, igual no os interesa nada, pero estoy empezando con esto y a lo mejor queréis poner publicidad». Se portaron de maravilla porque entonces tendría unos treinta mil seguidores, que es muy poco, pero entraron como patrocinadores y siguen hasta hoy. Entonces empiezas a pensar que esto puede ser un divertimento, pero también una forma de tener un pequeño sobresueldo haciendo algo que te gusta y te divierte.

Siro López

Si García hubiera nacido en el año 2000, ¿habría acabado en Twitch?

Sí, no me extrañaría. El periodismo tradicional ya está en Twitch y en YouTube. Programas como Tiempo de Juego o El Partidazo se emiten también en esas plataformas. Al periodismo tradicional le ha costado, porque durante un tiempo veía esas plataformas como un enemigo, pero yo siempre decía lo mismo: no son un enemigo, son un socio. Ojalá los que estudiábamos en la facultad en los años setenta hubiéramos tenido una ventana como la que tienen ahora los jóvenes, incluso para experimentar.

Estudié en Barcelona y ni siquiera teníamos instalaciones propias, estábamos de prestado en Económicas y no teníamos ni plató de televisión ni estudio de radio. Las únicas prácticas de radio que hice fueron en cuarto de carrera, porque el profesor era director de Radio Sabadell y nos llevó un par de días. Todo lo que sabías era teoría.

Ha habido un gran cambio en estas plataformas.

Sí. Al principio YouTube y Twitch eran sobre todo plataformas de creadores que hacían contenido relacionado con videojuegos, viajes o entretenimiento. El periodismo informativo no era lo que la gente iba a buscar allí, pero creo que hay un antes y un después alrededor de 2020, incluso de la pandemia. Ahí empezaron a aparecer creadores que hacían contenido más periodístico.

En información general, gente como Ángel Martín o Facu Díaz y en deportes empezamos a aparecer algunos más. Ahí está Gerard Romero, por ejemplo, que empezó un poquito antes que yo y que fue muy valiente porque dejó su trabajo en RAC1 para lanzarse a esto. Después llegó también Rubén Martín y poco a poco se fue sumando más gente que veía que podía haber una salida profesional en estas plataformas.

¿Cómo ves el futuro de Twitch y YouTube? Parece que cada vez hay más gente para repartir el pastel.

Twitch creo que ha bajado; de hecho, Ibai ya hace poco por allí. Pero YouTube sigue en expansión, no es una moda, lleva desde 2005 y cada vez paga mejor. Los anunciantes están más interesados en estas plataformas y los medios tradicionales se están incorporando. Es una puerta que se ha abierto y no se va a cerrar, lo que es muy bueno para periodistas, estudiantes y empresas.

Para el deporte también es positivo porque abres una ventana para que equipos modestos retransmitan sus partidos y eso da una oportunidad a los anunciantes y patrocinadores. El futuro es muy bueno y para la prensa tradicional es: adaptarse o morir. Está pasando igual que cuando llegaron las páginas web: o te adaptas o desapareces. Ahora, los grandes periódicos viven mucho más de la publicidad online que de la del papel, que será un diez por ciento de la recaudación total.

¿No te duele, como periodista de toda la vida, que ahora influya más un titular para el algoritmo que el trabajo de la noticia?

Es el gran cambio al que me tengo que acostumbrar. A mí me ayuda Rotochop, que lleva muchos años en redes sociales y además ha hecho Comunicación Audiovisual. Y una de las peleas que tengo es que todavía sigo sin entender: para mí, antes, con un buen titular era importante.

Ahora, puede ser un gran titular, pero si estás hablando del Real Madrid y no pones «Real Madrid», eso no tiene el recorrido que antes podía tener. Ahora estás en manos del algoritmo y eso, para mí, que vengo del periodismo tradicional, me genera más peleas. Incluso, cuando haces una tertulia en YouTube, para rentabilizarla mejor también la debes tener muy estructurada, porque la gente va a buscar lo que le interesa. Por suerte, la gente joven ya ha cambiado ese chip.

Siro López

¿Dónde te ves de aquí a cinco años?

¡Qué me quede como estoy! (risas) Me veo como estoy, aunque siempre tengo una asignatura pendiente: hice periodismo deportivo porque me encantaban los deportes y quería conocer mundo, hacer turismo, y eso se cumplió. Pero siempre me ha quedado la espina de hacer un programa de viajes estilo Españoles por el mundo. De aquí a cinco años me gustaría estar haciendo un programa de viajes, quizá centrándome menos en la tertulia futbolística y más en el binomio fútbol-turismo.

12 comentarios

  1. Roban y luego lloran

    Laporta y Flick han destruido por completo a Florentino Pérez.
    Están peor de lo que pensaba

  2. Negreira Negreira Negreira

    🏆 ¿Qué relato es más acertado?

    1️⃣ El de las ligas «ROBADAS» de Floren y Arbeloa.

    2️⃣ El de Marcelo y Casillas que no veían el balón cuando jugaban vs el FCB.

  3. Negreira Negreira Negreira

    Rafael louzan reconoció a Pedrerol recibir PRESIONES ARBITRALES por parte de Florentino perez

    Se cesó a TODO EL CTA,excepto a Yolanda parga,MUJER DEL DELEGADO del Real Madrid

    En cualquier pais sería un ESCÁNDALAZO,Aquí LO TAPAN

  4. Negreira Negreira Negreira

    La seguridad del Bernabéu está quitando pancartas que piden la dimisión de Florentino Pérez. Otra imagen que no veréis en los medios. Pero Negreira.

  5. No si todavía nos divertimos más, este final de temporada es histórico.

    Ojalá otra temporada igual y más lloros del anciano.

  6. JMª García : » El invento de Negreira es de Saporta, que era un genio, le dice a Bernabéu que necesitaban un gerente, y traen a A Calderón, el tío q mandaba los árbitros en Esp».
    » ¿Tenía razón el Barça para quejarse de los árbitros en esa época? Todas las razones del mundo»

    • Yo, yo mismo y Tebas

      Creo que Jan te pagaría más si no se notase tanto que eres el mismo con diferentes seudónimos.
      Date prisa que se os va a cerrar pronto el chiringuito.

      • Hola chaval! Me alegra mucho que estés bien. Pero para ser alguien en la vida tienes que terminar tus estudios en ese colegio para niños especiales.
        En esta jornada ni Barça ni RM se jugaban nada, y, sin embargo, es un resumen magnífico de lo que ha sido la temporada.

        El Barça gana a pesar de que le pitan un penalti inexistente (Gavi se anticipa al golpeo de Isco y este chuta al suelo. De hecho, sigo sin ver el contacto tras varias repeticiones así que la velocidad con la que el árbitro determinó en el VAR que era penalti me tiene sorprendido)…

        …y el RM gana gracias a un gol que debería haber sido anulado (es increíble que el VAR no llamara al árbitro a verlo)

        Lo dicho, el resumen de la temporada en una jornada 37 intrascendente para ambos

  7. Madridista preocupadísimo

    Lo que de verdad le importa, a Florentino, es que adelantando las elecciones, se asegura pillar con el pie cambiado a Enrique Riquelme y, caso de llegar a las urnas, seguramente ganar por las mil ventajas estatutarias que se ha ido concediendo y porque es posible que todavía tenga crédito ante los socios. Eso hoy, porque con uno o dos años más en blanco, la situación sería irrespirable y la derrota, segura. Y como necesita dejarlo todo atado y bien atado, el sucesor, la reforma y el encaje legal para que parezca que el socio seguiría siendo el dueño, aunque no lo fuera, los conciertos y unas cuentas maquilladas, necesita que le den lo más caro, el tiempo. Ya mismo, que mañana aún puede ser peor. Y pasado mejor no contarlo.

  8. Negreira Negreira Negreira

    MUY URGENTE

    ¡Las autoridades fiscales españolas confirman que NINGUN ÁRBITRO HA RECIBIDO JAMAS DINERO DEL BARÇA tras haber inspeccionado cada línea de cuenta

    BOOOOOOOOOMMMMMMMMMM

    @MiguelGalanCNFE

  9. Que entrevistón. enhorabuena a JD.
    Es la confirmación absoluta de que este tipo es un mamporrero convicto y confeso

  10. Negreira Negreira Negreira

    Si esto se lo hace a un simple candidato a la presidencia, no quiero imaginar que llevará haciéndole al Barça todos estos años.
    La banca española se desmarca del aval de Enrique Riquelme

    Bancos como el Santander le han denegado el aval. Busca financiación en bancos extranjeros

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