La prensa deportiva

Miedo y asco en el periodismo deportivo

¿Los recaderos están sustituyendo a los periodistas? ¿No son también recaderos los periodistas? ¿Quién diablos es Ramón Álvarez de Mon? Desde la salida de Messi del FC Barcelona vengo siguiendo con una cierta periodicidad a un señor que se llama Ramón Álvarez de Mon. Es abogado especializado en derecho fiscal con bufete en Almagro, colaborador habitual del foro madridista La Galerna, comentarista en Radio Marca y que cuenta con más de cien mil seguidores en su canal de Youtube, en el que se dedica a desgranar la actualidad madridista.

¿Por qué le sigo? Básicamente se debe a que me parece un tipo educado, sus contenidos tienen interés, se esfuerza en mantenerlo actualizado y cuenta con un par de colaboradores que me llaman la atención y le permiten mantener su tono formalito de chaval educado en colegio bien. Pero quizá lo que más me llama la atención, por lo inusual, es que te cuenta las cosas con una sonrisa, es muy articulado y parece disfrutar de lo que hace.

Siendo un canal madridista, su popularidad se debe a que ha seguido con mucho interés la actualidad de la crisis económica del Barcelona, su principal rival. Como es abogado fiscalista, entendió mejor que muchos periodistas el sistema de control económico de LaLiga, y eso le hizo ganarse a una gran audiencia cuando predijo con acierto la no renovación de Messi. Y dispone, además, de fuentes en el club blanco que le mantienen más o menos informado de la situación de ciertos fichajes. En los de Endrick, Tchouameni, Rüdiger e Iker Bravo lo clavó punto por punto.

Se recuerda a menudo que se equivocó con el fichaje de Mbappé, que dio por hecho y firmado. Pero casi todos los periodistas deportivos que siguen al Madrid hicieron lo mismo. Ramón, al menos, fue uno de los pocos comunicadores patrios que dedicó un tiempo más que considerable a pedir perdón por los errores cometidos. De hecho, fue el que más tiempo dedicó (y dedica) al mea culpa. Dicho error le ha hecho, con el tiempo, mucho más prudente, no lo contrario.

Ramón tiene una tertulia con señores más mayores que he dejado de ver porque uno de ellos, famosete de la tele, es de esas personas “sin filtros” que “dice lo que piensa”. Lo que normalmente implica que no piensa lo que dice. Incluye un entretenido segmento de análisis de fútbol con un Marcos López que saca a pasear su pizarra de OK Diario y que habla de tácticas con el patrocinio de Restaurante Palermo, un debate semanal y educado con un youtuber del Barcelona, entrevistas ocasionales y colaboraciones con periodistas de otros medios.

Ramón está claramente engranado en el mecanismo de comunicación del Madrid, que le nutre de información jugosa a sabiendas de que siempre la va a vender bien. Acaba, además, de escribir y presentar un libro sobre la gesta en Champions de nuestro equipo.

Algún purista me podría decir que no es un periodista de verdad. Pero no le he escuchado nunca decir que lo sea. En Twitch, hablando con Ibai Llanos, Siro López y Gerard Romero, ha negado activamente su condición de periodista. Cuando dice «llevo poco tiempo en esto y no soy periodista, así que tengo mucho que aprender», lo hace sin que se le detecte ni un ápice de ironía. Siempre deja claro que trabaja principalmente con fuentes del Madrid, no presume de contrastar ni de tener infinitos contactos, es socio compromisario, es obvio que quienes hablan con él desde el club tienen buena información y aquí termina todo.

No se pone por encima de otros periodistas incluso cuando saca exclusivas y les trata con respeto, siempre reconoce las de los demás e intenta no responder al hate a menos que pueda hacerlo de forma graciosa. Me gustó una respuesta en la que agradeció a un espectador barcelonista enfadado, con un tono perfecto, su contribución al canal, y le recordó que su visita vale tanto como cualquier otra. Últimamente, eso sí, le he visto bastante pasmado por el hecho de que muchos medios le copien descaradamente sin citarlo.

No me cabe ninguna duda de que habrá redacciones en las que le echen en cara no tener el título de periodista, hacer cosas propias de los periodistas sin serlo, presentar información claramente de parte o no tener ningún interés en buscar entre las vergüenzas del club, centrándose casi siempre en lo positivo.

Es obvio que Ramón pasa recados. Pero, aún así, siempre es educado con los rivales, reconoce cosas buenas al Barcelona y su gestión, parece sensato y no le he escuchado nunca gritar, insultar ni mentir a sabiendas. Su figura es tan peculiar que muchos no saben qué hacer con ella. A menudo se le acusa de decir cosas que no ha dicho y se le mete en sacos en los que nunca ha estado. Si yo fuese el Real Madrid, le pasaría a él toda mi información. TODA.

Se nota además que no es periodista en que, cuando La Libreta de Van Gaal le ha echado algo en cara, él lo ha aceptado con deportividad, y cuando se han producido episodios vergonzosos como la manipulación del Twitch de Luis Enrique por Juan Antonio Alcalá, no ha dudado en criticarlos.

¿Pero no son recaderos muchos periodistas?

Si somos honestos, los periodistas deportivos más o menos famosos suelen ser incluso más partidistas que él. ¿Son menos recaderos? Cuando escucho el podcast de Miguel Gutiérrez (aka @lalibreta) -que no me interesa porque sea de fútbol sino porque habla de periodismo- me hincho de escuchar a supuestos periodistas de raza cantar goles como si los hubiesen metido ellos, mofarse de los rivales o gritar como hooligans irrespetuosos ante los triunfos de su equipo, escenificando una enfervorizada y grosera pasión de hincha. Y les escucho mentir mucho. Todo el rato. A menudo, a sabiendas. Como escribió el propio Miguel Gutiérrez recientemente, el periodismo deportivo es tan de camiseta, que ya es de “camisetas”, en plural.

Mientras a Ramón el club básicamente le entrega en bandeja de plata la información, tampoco oculta nunca de dónde le vienen las cosas. A los periodistas y los medios deportivos les cuela mandanga todo el mundo. Los agentes, los exentrenadores en busca de equipo, los has-been que presumen de saber dónde se ha comprado una nueva casa el futuro (no) fichaje y los johnjohnes de la profesión, extraordinariamente ubicuos y que no tienen tanta información como para llenar de información todas las tertulias en las que participan… Los medios, además, no dejan de llenar Internet de titulares de clickbait. Titular real de un medio de referencia que me salta al buscar «Real Madrid» en Google: «La esposa del árbitro de la final del Mundial de Rusia sube la temperatura con estas fotos».

Gerard Romero, el gran éxito del periodismo deportivo del año que dejamos atrás -en mi humilde opinión-, sí es un periodista radiofónico en el sentido más tradicional -ignoro si tiene el título y me da lo mismo-, pero mucha de la información que maneja le viene del mismo lado que a Álvarez de Mon. De dentro del club. En su caso, el Barcelona de Joan Laporta. Y tiene claro que «estrimea» única y exclusivamente para el barcelonismo. ¿Es un periodista/recadero? No le sigo lo suficiente ni tengo medida al cien por cien su independencia o la variedad de sus fuentes. Mentiría si afirmase lo contrario. Me dicen, eso sí, que no tiembla cuando tiene que dar malas noticias o criticar. Ahí está una de las grandes diferencias entre periodistas y mandados.

Iñaki Angulo, otro youtuber madridista que es objetivamente más popular que Ramón, con más de medio millón de suscriptores, es más parecido a Gerard Romero, en el sentido de que juega la baza del «periodista rebelde no asociado a los medios tradicionales». Me da perezote también porque es otro de los que «dicen lo que piensan» y se mete en todos los charcos a su disposición. Se lleva muy bien con De Mon, eso sí, y realizan colaboraciones habituales. Pero, con todos sus parecidos, no tienen mucho que ver.

Miedo y asco

El crecimiento de la importancia de todos estos personajes y el crecimiento objetivo de la figura de Ibai Llanos ha hecho aparecer un miedo creciente en el periodismo deportivo, que no sabe si pasarse a los nuevos medios, como ha hecho Siro López, si colgar directamente sus mejores momentos, si criticarlos o, directamente, si odiarlos e intentar sabotearlos. El Twitch de Luis Enrique durante el Mundial, y las encendidas reacciones que generó, ha provocado todas esas reacciones de forma simultánea.

Esto no pasa sólo en el ámbito del periodismo deportivo. Después de los famosos audios de Villarejo y Ferreras la ciudadanía tiene dudas -siempre las han tenido, pero quizá hoy más que nunca- sobre el rol que ejerce el Cuarto Poder. ¿Es tal en España o ejerce apenas como un apósito de alguno de los tres primeros?

El recadero, como el director de Comunicación, tiene la ventaja de saber siempre para quién juega. En su podcast, Pablo Iglesias trabaja para fomentar la marca Pablo Iglesias y desarrollar los conceptos de Pablo Iglesias, haciendo el trabajo propagandístico a Pablo Iglesias. Nadie tiene dudas de a quién favorece. Del mismo modo, La Última Hora se presentó como medio de comunicación independiente cuando es, a todos los efectos, un órgano de Unidas Podemos, como El Socialista lo es para el PSOE. El Debate de Bieito Rubido es propiedad de la Asociación Católica de Propagandistas. Sobre ciertos temas, su postura está predefinida. Ni siquiera podemos decir que ninguna de esas webs oculte demasiado su afiliación, como no lo hacen Fox News o Alex Jones. Es información completamente de parte.

Pero si el periodismo está tan mal y en cada periódico puedes trazar el ADN de su influencia, objetivos, paganinis y demás, ¿por qué necesitamos más periodistas? ¿no vivimos más tranquilos si nos limitamos a seguir sólo a nuestros recaderos preferidos? En cierta forma, creo que ya está pasando. Para leer a madridistas hablando bien del Madrid no necesito leer la prensa. Ramón me sirve. Y las crónicas que me envía el club después de los partidos, con su resumen y sus fotos, están sorprendentemente bien escritas.

¿Pero sabéis qué pasa con los periodistas de verdad? Que están por todas partes. Es difícil controlarlo todo y hacerlo todo el tiempo. Todos a la vez, a su manera independientes de quien paga, llenan páginas y páginas de información veraz y ayudan a construir la democracia. Es imposible enterarse de qué pasa en el mundo leyendo un solo medio. Pero, en realidad, siempre lo fue. Dedicando tiempo, esfuerzo, criterio y, a veces, dinero, es posible enterarse de muchas de las cosas que pasan en el mundo si aprendemos a discernir entre recaderos y periodistas, sin que ninguno de ellos sea necesariamente malo por sí mismo. Podemos tener una visión de la vida más consistente si leemos medios de todo tipo y de distintos países en distintos idiomas. Si nos tomamos la molestia de buscar y seguir a personas que, en lo suyo, demuestren ser de confianza.

En los comentarios del recomendable canal Saber y Empatar, un sitio por y para panenkitas, hay quien les dice que han salvado el periodismo deportivo, cuando no hacen periodismo deportivo. Y es verdad que aún vemos ejercicios interesantes en este sentido, como la revista Panenka, que dio origen al término. En cada medio, además, existen periodistas competentes que hacen menos ruido que los cuñados o los tertulianos que van a programas de medio pelo a cantar canciones.

¿Es difícil hacer este esfuerzo de filtrado? Muchísimo. ¿Merece la pena? Más que nunca. Un ciudadano que quiera ejercer tiene la obligación de estar informado. Si la cita atribuida a Thomas Jefferson dice que «una ciudadanía bien informada es la mejor defensa contra la tiranía», Al Gore afirmó después que «la ciudadanía bien informada está en peligro de convertirse en una audiencia muy entretenida».

A ese respecto, el historiador Timothy Snyder, en su (excelente) Sobre la tiranía, hace una encendida defensa de la necesidad de confiar en la verdad y en los hechos. «Te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres escuchar y lo que sucede realmente». Abandonar los hechos, renunciar al periodismo, es el camino más corto para perder la libertad. «Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder porque no hay fundamentos para hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo y la cartera más gorda paga las luces más brillantes».

Si eres del Madrid y tampoco necesitas saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, Ramón te puede valer. Tampoco veo a nadie, periodista o no, que lo haga mucho mejor. Pero si quieres ser un buen ciudadano y defender el modo de gobierno del que nos dotamos los ciudadanos, bien harías en buscar y proteger el buen periodismo.

Escribí Cómo evitar que tus hijos estudien periodismo no porque haya dejado de amar el oficio, sino porque quería que las futuras generaciones supiesen a qué se enfrentarán cuando lo ejerzan. A qué tipo de presiones, a qué tipo de problemas. Quería que entendieran que el futuro de la profesión no está necesariamente en manos de los medios para los que trabajan. Que el respeto que recibirán no es el mismo. Que tendrán mucha responsabilidad sobre sus hombros y que cada ápice de independencia tendrá un precio.

Puede que vivamos un auge del recadero y que el entretenimiento esté sustituyendo a la información. Pero quien diga que no hay buen periodismo, o que no se hace mejor periodismo que hace veinte años o que hace cien años, está mintiendo. Lo hay, y magnífico. Pero hay que saber buscarlo.

Encuentra a tus periodistas de referencia. Incluso a tus recaderos más fiables. Pero no dejes de creer en que se puede avanzar en la búsqueda de los hechos y, hasta cierto punto, de la verdad. Porque la verdad es como el último libro de Juego de Tronos. No vamos a llegar a verlo, pero el camino para encontrarlo ha valido la pena.

3 Comentarios

  1. Tenía que ser JotDown donde se hablara tan abiertamente de la revolución del periodismo deportivo y las nuevas corrientes.

    Los medios tradicionales parecen ir perdiendo peso…pero Marca sigue siendo la web española con más visitas (sin contar Google y Facebook). Sin embargo, estas webs cada vez están más orientadas al clickbait. Los titulares amarillistas contienen solo medias verdades o frases sacadas de contexto..para que hagas click y llegues a un vídeo cortado de 15 segundos o a una noticia de 10 líneas aclarando el engañoso titular.

    Luego está la radio, el medio con más poder desde los tiempos de García y De la Morena. Ahí gana el cuñadismo tertuliano, el periodismo con bufanda donde los de siempre hablan de lo de siempre con más o menos arte y gracia.

    Y por último, la tele. Recuerdo con cariño Estudio Estadio o el Día Después; ahora, por temas de derechos audiovisuales, el periodismo deportivo televisivo es un circo y el Chiringuito su máximo representante. Ver a sus tertulianos es divertido a su manera, un placer culpable como First Dates; pero llamar a lo primero periodismo deportivo es como llamar cine al programa de citas de Carlos Sobera.

    En medio de todo esto, dos corrientes «nuevas».

    Por un lado, la figura del «insider» con canal de Youtube o Twich. Alguien con una combinación de contactos en el club, amigos importantes y algo de carisma. Ramón tiene las dos primeras y el carisma lo sustituye con educación elegancia; Iñaki Angulo solo tiene buenos amigos pero lo compensa con una dosis extra de chulería y antiwokismo; Ibai va sobrado de las dos últimas y es un comunicador excelente. Se han sabido adaptar a las nuevas generaciones y llegan a mucha gente a través de sus videos de Youtube. Junto con los directos de Luis Enrique, han cuestionado el papel del periodismo tradicional. ¿Hacen falta, son necesarios, qué aportan? Yo creo que sí pero no a cualquier precio. No vale llegar a la rueda de prensa y preguntar por lo mismo de siempre.

    En cualquier caso, a mí de esta gente me falta algo. Ramón cuenta los rumores de siempre quizá con algo de antelación pero su ventaja (mucha educación y conocimientos financieros) no van a ser la panacea más allá de temas muy concretos, y no me parece que sea un gran comunicador. Pero sobretodo, como dice el artículo, se ve muy claro que son mensajeros. Que hablan de lo que el club quiere que se hable. Y el periodismo siempre ha sido justo lo contrario a eso.

    La otra corriente es el periodismo panenkita. Amantes del fútbol que tratan de analizar el juego y la táctica con rigor científico. A mí se me hace algo pesado. El fútbol tiene mucho de emoción, de estados de ánimo, más que de pizarra. Y sin embargo es la corriente que más me ilusiona e interesa. Porque hablan de fútbol. Porque huyen de polémicas, de amarillismos y rumores, de clickbait. Porque son independientes y honestos. Si evitan el sobreanálisis y el exceso de pozarra, son maravillosos. El equilibrio perfecto es Miguel Quintana. Su programa en radio marca es una pasada. Es un panenkita moderado que habla de fútbol para todos, sin creerse Cruyff. Empezó con una web demasiado técnica y elitista (ecos del balón), siguió con su canal de Youtube y ahí está ahora, cumpliendo su sueño: programa en Radio Marca (en prime time durante el mundial) y comentando partidos en Dazn. Larga vida a este tipo de periodismo deportivo

  2. Brillante pieza que arroja luz en el mundo del Periodismo Deportivo. Sí, los ciudadanos necesitan estar informados. Sí es importante un buen periodismo deportivo en torno a un negocio que mueve millones. Saludos.

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