Boxeo

Juan Martínez Perales, el púgil olvidado que pintaba acuarelas

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A los aficionados al boxeo les atrae la historia de este deporte, la evolución de las guardias, posiciones, golpes y su estética con respecto a los guantes, calzado y diferentes ropajes del equipamiento. Es el arquetipo del caballero clásico. En YouTube pueden verse combates históricos en blanco y negro y en technicolor, así como en GolStadium con los comentarios de Jaime Ugarte y Emilio Marquiegui. Y si además estos aficionados gustan de la fotografía antigua, aleatoriamente pueden encontrar la foto extraviada de un boxeador al que no reconocen pero que detrás puede arrastrar una historia que amerita ser contada.

Un caso práctico:

Un joven púgil mira de frente. Posa en guardia adelantando su puño izquierdo vendado. El derecho, también cubierto, lo tiene recogido en el costado. Cabellera engominada, peinado hacia atrás. No lleva más prenda este boxeador que un calzón que parece ser de color verde o rojo. Y lo parece porque esta es una fotografía en blanco y negro, más en concreto de los años cuarenta y con el marco festoneado, tomada en un estudio con luz artificial. Está dedicada a una persona (Raquel) en un día (Viernes, 12 de julio de 1946) y lugar concreto (Baria, Almería):

–A la más simpática de todas las ‘Raqueles’, con verdadero afecto, le dedico esta foto como un pequeño recuerdo del tiempo que pasamos en Estadística. Su amigo… J. Martínez Perales.

Esta fotografía fue adquirida a un coleccionista norteamericano en el Rastro de Madrid por doce euros. Eso es lo que reza por detrás –muy suavemente a lápiz– junto a una referencia: F. 1767. Se diría que ha estado pegada en algún momento por los restos de pegamento que hay en sus cuatro esquinas. Incluso por la doblez en la derecha, pudo haber estado guardada en algún libro o cartera. Pero Churchill Wheeler, el tipo que la vende, la conservaba en muy buen estado dentro de un archivador. No en vano entrega la foto protegida por un plástico y un refuerzo de cartón pluma con el sello de su tienda (Fotos e imágenes Churchill. Calle Juanelo, 13).

Raquel

En el establecimiento de Churchill Wheeler se pueden encontrar pósters de películas clásicas, postales, diapositivas y fotografías de todo tipo (de grandes dimensiones y más pequeñas, de finales del siglo XIX, de soldados, de niños de los sesenta jugando, de estrellas de Hollywood, de cantantes, de la realeza…), ordenadas y etiquetadas debidamente por temática. Churchill se dirige a una estantería que le queda a la izquierda en un rincón. Pasa el dedo por cartel del lomo de uno de los álbumes: «Deportistas». Sin tener que pasar las páginas de plástico del archivador de color granate, abre por donde empiezan las fotografías de los boxeadores. A primera vista, la más antigua data de los años veinte. Destaca una en concreto, la del peso pluma de nacionalidad belga, Arthur Wyns. «Cuando una postal tan bonita como ésta tiene agujeritos de chincheta y marcas de óxido, está claro que en algún momento de su historia estuvo en un corcho o en una pared bastante tiempo porque alguien la quería contemplar. ¿Un fan? ¿Su mánager? ¿Su pareja? ¿Su madre? Sea quien fuera Mr. Arthur Wyns era todo un winner», cuenta Churchill observando con detalle la imagen de Wyns con sus puños desnudos.

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Hay más: Vergil «Lefty» Cooper, un boxeador estadounidense de los cincuenta; Paulino Uzcudun en una foto de prensa hecha en 1926; una postal de Marcel Cerdan con su autógrafo serigrafiado; Francisco Puente en 1957; un púgil desconocido que ha firmado como «Paco» la instantánea… En algún momento tuvo Churchill una postal de lino publicitaria del restaurante neoyorquino de Jack Dempsey, abierto en 1935 en las proximidades del Madison Square Garden: «Uno de los platos estrella del local era su tarta de queso y nadie menos que el Presidente francés Charles De Gaulle recibía envíos de dicha tarta varias veces al año. El restaurante, como buena institución neoyorquina, apareció en la película El Padrino entre otras películas y series de televisión». Advierte Churchill que ese tipo de artículos están muy solicitados. Algunos, como esta postal de Jack Dempsey, estuvo muy poco tiempo a la venta. «Si lo ves en mi perfil de Instagram y estás interesado, escríbeme un privado. A mí también me gusta el boxeo y estas cosas se agotan rápido».

Señala ahora Churchill una foto hecha a pie de ringside de un boxeador descansando en su esquina. Carece de color y está desenfocada. Diríase que es defectuosa, pero Churchill tiene un razonamiento: «Uno de los más interesantes aspectos de esta foto es que el enfoque sea sobre el entrenador, cuya cara refleja el nerviosismo, la tensión y, tal vez, la duda de este breve momento de descanso». Su dedo índice hace un círculo alrededor de la cara del preparador, otro desconocido como «Paco» o J. Martínez Perales.

Es posible que la Raquel de la dedicatoria de la instantánea de Martínez Perales fuera una persona muy cercana al boxeador, tal vez una admiradora, incluso alguien de su entorno (una «amiga» con la que estudió). Si la foto terminó en un anticuario, puede que la familia de la tal Raquel (o ella misma) la vendiera en algún momento. A lo mejor se perdió, alguien la encontró y decidió deshacerse de ella. Churchill sugiere localizar a Raquel, que echando cuentas ya debe tener una edad muy avanzada (más de 90 años) y a lo mejor ha fallecido. Asegura el coleccionista no saber con exactitud la procedencia de la foto. Seguramente haya salido de un lote, como muchas piezas del resto de la colección.

Treinta y cuatro noches sin corona

Según los datos recogidos en BoxRec, Juan Bautista Martínez Perales es un peso welter nacido en Antella (Valencia) en algún momento de los años veinte del siglo pasado. Debutó oficialmente el 15 de julio de 1942 contra Emilio Colomer en el Gran Price de Barcelona, foro en el que se granjearía la mayor parte de la carrera hasta el 30 de enero de 1946, frente a Juanito Beltrán, con el que se enfrentaba por tercera vez. La fotografía encontrada en los álbumes de Churcill, tal y como consta en la fecha escrita por Martínez Perales (12 de julio de 1946), tuvo que ser firmada entre los combates frente a Domingo Lorente (Plaza de Toros de Las Arenas, Barcelona – 21 de abril de 1946) y Pedro Asensio (Frontón Vista Alegre, Madrid – 11 de enero de 1947), el penúltimo antes del definitivo, contra Mario Llorens (Plaza de Toros de Valencia – 30 de marzo de 1947). Martínez Perales estaba por lo tanto en el ocaso de su carrera deportiva.

El último duelo, frente al valenciano Llorens, se saldó con una derrota, otra más. Perales llevaba sin ganar desde el 22 de noviembre de 1944, cuando por puntos superó al canario Agustín del Pino en el Gran Price de Barcelona. Aunque Del Pino se cobraría la revancha en el mismo ring el 4 de julio de 1945.

En total son 34 los pleitos reconocidos en BoxRec, con un 61% de victorias por KO. Pese a no llegar a ser campeón nacional –de hecho, «nunca fue campeón de nada»– su carrera fue seguida por la prensa deportiva, que resaltaba su bravura en el ring. El Mundo Deportivo, en su número del 19 de abril de 1944, habló de él como un «pegador» con la fuerza concentrada en las manos: «El levantino posee un estilo discreto y en un terreno puramente técnico no es nada del otro jueves. Pero su punch es de los que hacen daño y con Martínez Perales en la lona el KO es siempre posible». Y el Señor Goya, su mánager, decía de él: «como mi discípulo es joven, tiene el tiempo por delante». Se comprueba que el boxeador protagonista de esta historia, aunque lozano, parece ser que no gozaba de gran talento para ser un campeón.

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Revisando el historial de las peleas disputadas por Martínez Perales, llaman la atención las tres descalificaciones que tiene en su haber:

-3 de marzo de 1943. Gran Price de Barcelona. Descalificado por golpear bajo en el segundo round (de ocho) a su adversario, el vigués Antonio García.

-18 de marzo de 1944. Plaza de Toros de Valencia. Descalificado por golpear bajo y dar un puñetazo en el cuello a Estanislao Llacer en el quinto asalto (de ocho).

-24 de diciembre de 1944. Plaza de Toros de Valencia. Descalificado por golpear bajo a Juanito Beltrán en el octavo y último capítulo del combate.

[Los datos anteriores se han reconstruido a partir de hemerotecas deportivas y archivos boxísticos contemporáneos.]

Quedó también constancia de la primera derrota de Martínez Perales por knock out en el número 6.140 de El Mundo Deportivo, ante el portugués Augusto de Souza el 11 de agosto de 1943 en la Plaza de Toros de Las Arenas. Cinco días después de la contienda, este mencionado diario publicaba una entrevista a Martínez Perales (realizada en la redacción el sábado 14 por la tarde) en la que se mostraba deprimido por haber malogrado el combate: «Es la primera vez que pierdo un combate por KO en mi vida. No puede figurarse el efecto moral que esto me ha producido. No cejaré hasta conseguir un nuevo encuentro con el portugués, a cuya nobleza y cualidades de excelente púgil, no tengo nada que objetar».

-Y ¿saliste desprevenido?

 -Así fue. Mi barbilla quedó demasiado al alcance de Souza y vino el rayo antes de que pudiese evitarlo.

Martínez Perales además entregó una carta a El Mundo Deportivo en la que le pedía a Souza el desquite: «Supongo que tal y como se resolvió el combate no puede negarse a esa pretensión mía que hago pública, confiando en su deportividad», anunciaba.

-Considerando que el resultado del combate celebrado el pasado miércoles ante el portugués Souza fue debido más que a otra cosa a un golpe de suerte que me sorprendió en frío, espero de su parte me conceda el desquite en las condiciones que quiera. Celebrar nuevamente este combate es para mí, en estos instantes, la mayor ilusión, ya que no deseo otra cosa que rehabilitarme ante el público barcelonés que tanto me alienta y anima en mis peleas y que con seguridad habrá comprendido que este mal paso mío, no fue debido a otra cosa que al fatal “golpe en frío” que en más de una ocasión cortó en flor una carrera pugilística brillante.

 Por esta causa estoy dispuesto a pelear de nuevo con Souza confiando en que su deportividad me conceda lo que pido como yo no habría dudado en hacer por él en igual caso. Y desde luego que el desquite sea en Barcelona, ante el mismo público que me vio caer.

Martínez Perales y Souza volvieron a verse dos meses después, el 13 de octubre de 1943, en el Gran Price de Barcelona. Augusto de Souza cumplió pero perdió a los puntos. Y hubo una tercera ocasión antes de acabar el año, el 17 de diciembre, también en el Price de Barcelona, donde el portugués cayó por KO en el quinto asalto (de ocho). «Se me había dicho que Souza no era temible. Que yo podía hacer un buen combate con él. […] Otros púgiles españoles habían conseguido buenos resultados frente al ex campeón portugués de los mediano-ligeros», declaraba Juan Martínez Perales.

Antes del regreso, Europa

En base a lo recogido en los registros oficiales, Juan Martínez Perales estuvo peleando durante cinco años, de 1942 a 1947, sin embargo, antes de su regreso a España en 1940, compitió extensamente en Europa. De hecho, se sabe que estuvo peleando en varios países europeos desde 1934 hasta finales de los años 30 (previo al inicio de la Guerra Civil Española en 1936). No está claro si su salida se debió a razones políticas, simplemente deportivas o por necesidad, pues no hay constancia documental exacta. Algunas investigaciones sobre boxeadores levantinos de aquella época sugieren que muchos deportistas valencianos emigraron durante esos años, algunos como exiliados políticos y otros en busca de continuidad deportiva. Tampoco hay que olvidar que Perales había cursado Estadística, ya que Raquel, la mujer de la dedicatoria de la foto encontrada en la tienda de Churchill Wheeler, parece que fue su compañera.

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En el estudio firmado por Víctor Agulló Calatayud y Recaredo Agulló Albuixech en el número 18 de Laberintos, revista de estudios sobre los exilios culturales españoles, se exponía que «en Vallejo (estadio del Levante F.C.) estaba ubicado el canódromo y en la plaza de toros una generación excepcional de boxeadores lograba títulos europeos y mundiales. Muchos de estos boxeadores murieron antes de cumplir 50 años, buena parte de ellos en la miseria, víctimas de las consecuencias físicas que acarreó la guerra, la cárcel, el exilio o la posterior represión franquista».

Por otro lado, en los archivos de memoria histórica aparecen múltiples registros (15) de personas con apellidos Martínez Perales en las filas republicanas, aunque no se identifica directamente a Juan Bautista. En todo caso, su vuelta a España en 1940 –ya concluido el conflicto– marcó el comienzo de su trayectoria boxística.

-Juan Martínez Perales: el Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional, fechado en Barcelona el 1 de junio de 1938, publicaba en la relación de combatientes para cubrir vacantes en el empleo de sargento de infantería el nombre de Juan Bautista Perales, pero siendo Sánchez su segundo apellido. A priori no sería la misma persona, aunque este es el documento que enlaza la base de datos del Ministerio de Defensa. Tampoco cuadran las fechas, dado que el boxeador regresó a España en 1940.

-Juan María Martínez Perales: soldado trabajador y de escolta.

[Los datos anteriores se han reconstruido a partir de los archivos examinados en Combatientes.es y el Centro Documental de la Memoria Histórica.]

Durante la Guerra Civil Española, varios púgiles defendieron la causa republicana: algunos se alistaron en las milicias, otros combatieron en el Ejército Popular, y no pocos acabaron en campos de concentración o en cárceles franquistas. En ese contexto aparece Juan Bautista Martínez Perales, aunque no se ha probado su participación directa en el conflicto, pero su biografía entronca con una generación de boxeadores de entreguerras, cuyas vidas transitaron del cuadrilátero al destierro, y en muchos casos, al olvido.

Óleo sobre lienzo

Tras retirarse del pugilismo, Martínez Perales desarrolló una faceta artística como pintor. En la prensa queda constancia de que llegó a exponer sus obras. El 1 de mayo de 1981, El Mundo Deportivo publicó que en la sala Esplai de la Caja de Pensiones de Mollet (Barcelona) se inauguró una muestra conjunta de acuarelas y óleos de dos ex boxeadores: el semipesado Germán Monzón y el welter profesional Juan Martínez Perales. En la nota se ensalzaba precisamente la pintura de Perales: «cuya habilidad con los pinceles supera, si cabe, a la que exhibió en otros tiempos en el ring». Esta reseña de 1981 es el testimonio más relevante encontrado sobre su obra. Se indica que la exposición incluyó «magníficas acuarelas y óleos» del boxeador valenciano.

No se han localizado otras referencias posteriores o catálogo específico de su arte, por lo que se ignora cuántas exposiciones realizó o si sus cuadros permanecen en colecciones públicas. Tampoco hay críticas de arte que lo mencionen, más allá de elogiar genéricamente su destreza. Lo cierto es que, pese a haber sido notablemente mencionado en medios deportivos, su carrera pictórica no parece haber sido muy difundida en círculos artísticos formales. Sin embargo, el reconocimiento de 1981 sugiere que al menos en la Cataluña de esa época se le consideraba un pintor competente dentro de su ámbito aficionado.

El apellido compuesto Martínez Perales tiene presencia en otras figuras públicas de la Comunidad Valenciana, aunque no se ha podido confirmar parentesco directo, pues no hay evidencia documental que lo respalde. Asimismo, en el ámbito de las Fallas de Valencia existe la comisión Hierros–Juan Bautista Perales, que homenajea a un personaje local (sin el «Martínez») dedicado al mundo fallero. Y está Rafael Martínez Perales, anterior falleret de la comisión del Trampot. Este hecho refleja cómo los apellidos «Martínez Perales» aparecen en ciertos contextos culturales valencianos, pero no se han hallado vínculos familiares claros entre estas personas y el boxeador.

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La figura de Juan Bautista Martínez Perales emerge como la de un deportista de modestos éxitos atléticos y talento artístico discreto. No quedan crónicas suyas, apenas un puñado de combates perdidos. La fotografía de este reportaje es hoy la única prueba concreta de una vida que sigue siendo, en buena parte, un misterio. La historia de Juan Martínez Perales ha sido difícil de reconstruir: pocos datos, escasos registros y muchas incógnitas. No fue campeón, pero estuvo peleando en Europa antes de la guerra y sobreviviendo en los rings españoles después. Su dedicatoria a Raquel y su gesto en guardia son, de momento, lo único que permite contar su historia, aunque sea a contraluz y en blanco y negro, escrita como una breve crónica de una carrera sin títulos.

Juan Martínez Perales es la muestra de que tras una fotografía perdida puede haber un posible hilo del que tirar, en el momento en el que el aficionado al boxeo se sumerge en los catálogos de fotos antiguas de boxeadores que una vez intentaron firmar con letras de oro su nombre en las páginas de la historia y se quedaron por el camino.

4 comentarios

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  2. Me ha encantado

  3. ¡Felicidades por el reportaje!

  4. Carlos Martínez Manso

    No me lo esperaba….Me ha hecho mucha ilusión leer este reportaje. Quiero felicitar al señor Carlos H. Vázquez a la vez que le invito ha profundizar en la vida de J.Bautista Martinez Perales, ya que por ser mi padre, conozco al detalle toda su biografía. Obran en mi poder decenas y decenas de artículos de prensa sobre su carrera pugilística y también sobre su afición por la pintura. El calzón al que hace referencia en este artículo es de satén y de color granate y obra en mi poder desde hace muchos años. La vida de este hombre es digna de una novela de aventuras y no tiene desperdicio. “Estadística” fue uno de sus oficios y la dedicatoria de la foto va dirigida a una compañera de trabajo. No solo fue púgil, también fue policía y escolta del alcalde de Barcelona José María de Porcioles, fundador en España de la International Police Association (IPA), además de inventor y guía turístico entre otras muchas cosas…También fue un gran padre.
    No habría cosa en la vida que me hiciera más ilusión que (hace años que traigo en mente escribir sobre mi padre…), si llega a sus ojos este comentario y quisiera conocer más detalles sobre la vida de “la V2” (que es como le apodaba la prensa deportiva de la época), aunque solo sea por curiosidad o diversión, me contactase a través del correo electrónico y gustosamente le referiré la “vida y milagros” de J.B. Martínez Perales, que da para muchos más artículos y a cuál más interesante. Gracias una vez más.

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