Entrevistas de fútbol

Ángel Férez: «Era de locos cómo Luis Aragonés le daba dinero todos los meses a excompañeros suyos que estaban en la ruina»

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Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)
Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)

Se crió en la cantera del Real Madrid e incluso fue convocado para un partido del primer equipo aunque no tuvo la oportunidad de debutar y se marchó al Rayo Vallecano. En el cuadro de la franja se convirtió en ídolo, logró un histórico ascenso en 1989 y fue dueño de la portería durante tres años hasta que irrumpió la figura de Wilfred. Ángel Férez (Sevilla, 1966) hizo las maletas, pasó por Mérida y Cádiz, equipo con el que también fue preparador de porteros y analista de rivales.

Y en 2008, llegó su gran oportunidad. Primero una llamada de César Mendiondo y Jesús Paredes, y luego una reunión con Luis Aragonés le llevaron de cabeza al staff de una selección española con la que se convirtió en campeón de Europa. Pieza importante también para el Sabio de Hortaleza en su etapa en Turquía al frente del Fenerbahçe, repasamos con Férez una vida dividida en dos etapas a cuál más interesante y que marcan dos épocas muy diferentes del fútbol en nuestro país.

¿Madrid o Sevilla?

Yo nací en Sevilla, pero toda la familia, mis hermanos, padres, tíos, abuelos… somos de Madrid. Mi padre trabajaba en obras de carretera, se marchó a Sevilla junto a mi madre y fue allí donde ella se quedó embarazada. En aquella época era normal que la mujer fuera junto al marido allí donde este trabajara, y como ella era ama de casa lo hizo así, pero apenas siete meses después de mi nacimiento ya estaban de vuelta a Madrid. Por lo tanto, en mi DNI pone que he nacido en Sevilla, pero si te digo la verdad me siento madrileño.

Una auténtica familia de futbolistas.

Somos cinco chicos y soy el segundo, pues sólo hay uno mayor que yo y luego hay tres por debajo. Todos hemos jugado y todos hemos salido de la casa blanca. La familia Férez, la saga de los Férez es súper conocida en la ciudad deportiva del Real Madrid, pues todos hemos jugado allí. Sin embargo, fui el único que llegué al fútbol profesional, pues mi hermano Vicente, que también era portero, a lo máximo que llegó fue a Segunda División B. De cualquier modo, todos hemos jugado al fútbol y, como te digo, nuestra familia es como la Llorente, pues éramos de los más conocidos en la ciudad deportiva.

Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)
Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)

¿Y cómo empezaste a jugar al fútbol?

Vivía en Tetuán de las Victorias y mi padre era un hombre al que le gustaba mucho el fútbol. Él había jugado de portero, nos enseñaba y a mí me ponía a jugar con un balón en un campo que teníamos cerca de casa. ¡Todavía recuerdo aquellas porterías grandes! Le llamábamos «el campo de las chapas», porque además de ir a practicar fútbol también íbamos de críos a jugar. ¡Era un complejo deportivo para todo! (risas) y allí mi padre nos enseñaba a tocar el balón, a jugar… Él colgaba la pelota de un palo para que saltáramos a alcanzarla y fue ahí donde empezamos.

Mi barrio estaba relativamente cerca tanto del Santiago Bernabéu como de la ciudad deportiva y recuerdo ir con unos amiguetes y mis hermanos al estadio, rellenar una hoja para hacer la prueba y que nos llamaran para jugar el Torneo Social. Por aquel entonces tenía nueve años, y estuve en aquel torneo interno que se celebraba en la ciudad deportiva. Como sabrás, los nombres de los equipos eran los de los jugadores que estaban en el primer equipo o en el filial y yo estuve en el Roberto Martínez y el Guerini, así que fíjate si hace años.

Estuve ahí un par de años y me cedieron a Peña Penalty, un equipo con el que jugaba en la Chopera y pasé dos años antes de volver a la ciudad deportiva y entrar en el juvenil C del Castilla, al año siguiente estuve en el Real Madrid C de juveniles y uno más tarde en el Castilla juvenil A, donde quedamos subcampeones de Copa del Rey frente al Athletic Club en la Romareda.

Después de esa temporada me subieron al tercer equipo del Real Madrid, con el que jugamos en Tercera División y fuimos campeones, aunque no pudimos ascender porque precisamente el Real Madrid Castilla estaba ya en Segunda. Al año siguiente ya ascendí al Castilla en Segunda División, que fue donde debuté en el fútbol profesional antes de irme al Rayo Vallecano.

Estás convocado por el Real Madrid en aquella temporada de la famosa huelga de septiembre de 1984.

Sí, en aquella jornada de huelga el Real Madrid se enfrentaba al Sporting de Gijón y formó un equipo con futbolistas del Tercera División y el Juvenil A para jugar, por lo que nos convocó a Juan Canales y a mí, que por aquel entonces estaba en el Tercera División. Lo que pasa es que finalmente fue Juan Canales el que jugó ese partido que empatamos a uno, a la semana siguiente todo se arregló y él se volvió al Juvenil A y yo a mi equipo.

Aquella cantera del Real Madrid tenía jugadores que luego fueron muy protagonistas.

Cuando estaba en Tercera División coincidí con jugadores como Julio Llorente o Sebastián Losada. Echando un vistazo a fotos que tengo de la época también estaba por ahí Geni, un central que acabó llegando también al fútbol profesional. También recuerdo que hizo la pretemporada con nosotros Paco Llorente, aunque luego no se quedó, fue cedido al Móstoles y más tarde firmó por el Atlético de Madrid.

En el filial tienes que pelear por la portería con Julen Lopetegui.

En el Castilla ya coincido con jugadores que prácticamente todos acabaron jugando en Primera División. En mi primer año, los porteros éramos Serna, que era el más veterano y luego acabó fichando por el Valencia, Lopetegui y yo. Ya en el segundo año en que él se marcha, subieron a Juan Canales y nos quedamos Julen y yo con él.

Ángel Férez
Ángel Férez

En aquel Castilla, Vicente de Bosque acompañaba a Juan Santisteban en el banquillo.

Vicente era un hombre enamorado del fútbol y tenía los conceptos tremendamente claros. Date cuenta que, al final, cuando has sido jugador, sabes empatizar con los jugadores porque más o menos haces lo que a ti te hubiese gustado que hiciesen contigo o lo que crees que hay que hacer para que el futbolista esté bien. Y para eso, Vicente del Bosque era un lince. Además, él manejaba muy bien a todos los jugadores, pues era un poco el apagafuegos de la gente que no tenía minutos o no estaba en buen momento. Si estabas mal, él era el que te cogía y hablaba contigo. Personalmente, quiero mucho a Vicente y tengo un muy buen recuerdo con él, pues cuando yo tenía 17 añitos y estaba en el Tercera División, me subieron para un Trofeo Marbella debido a que se había lesionado Alía, que era el portero que había entonces, y Vicente me acogió como si fuese mi padre. Vicente se portó muy bien desde el primer momento y luego cuando coincidí con él en el Castilla siempre me animaba a seguir y me ayudaba en los entrenamientos, pues es verdad que pese a encontrarme en un buen momento no tenía muchos minutos. Le tengo mucho aprecio.

Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)
Ángel Férez (Foto: Jesús Vargas)

Y con 21 años, te marchas al Rayo Vallecano.

No tenía muchos minutos en el Castilla y subir al primer equipo era muy complicado. En ese momento estaba también Lopetegui, que veía firmado desde la Real Sociedad y había sido campeón de Europa sub’19, por lo que sabía que muchas oportunidades de subir al primer equipo no iba a tener. En esos meses me surgió la posibilidad de firmar por el Rayo Vallecano, que estaba en Segunda División y tenía un proyecto joven, por lo que hablé con Felines y decidí irme allí.

Cuando firmé, el presidente era Pedro Fontán. Yo nunca había tenido representante, pero en aquella época empezó Dorna, que luego se hizo cargo del tema de las motos, me cogió, fuimos allí a hablar para el tema del contrato y por allí estaba Felines también. Antes, negociar un contrato no era como ahora, pues normalmente se ganaba mucho por objetivos. Tenías un sueldo y si eras el portero menos goleado, pues tanto más; si jugabas veinte partidos, tanto, y si jugabas treinta, pues algo más. Entonces, hubo una cantidad en el tema de los partidos, que mi representante pedía una cosa y el Rayo Vallecano daba otra. En un momento de la negociación que vi que no estaban llegando a un acuerdo, cogí a mi representante, lo paré y le dije: «Mira Dani, eso me lo voy a ganar yo». En ese momento, Felines me miró: «¿Cómo?». «Sí, que eso me lo voy a ganar yo, porque los partidos los voy a jugar», le respondí. Pero él volvió a soltarme: «Oye, que a ti se te firma para entrenar, no para jugar de titular», así con sus dos cojones. Y empezamos la pretemporada y estuve como cuatro partidos sin tener ni un minuto. Luego, fuimos a jugar a Leganés y en Getafe, me puso a jugar todo el partido y a partir de entonces disputé todos los partidos.

Felines, historia viva del Rayo Vallecano.

Felo era un hombre súper cercano. Era un tío que sabía lo que se cocía dentro del fútbol y manejar muy bien a los jugadores. Muchas veces, de tan cercano que era, te olvidabas de que era tu entrenador, pues era más como un amigo. Desde que empecé en Vallecas tuve una gran relación con él, acuérdate que a mí me puso incluso de capitán. ¿Qué ocurre? Pues que en el fútbol al final se cruza gente que si no vas con ellos, tienes problemas. Cuando llegó otro presidente (Pedro García, ndr) había un jugador al que Felo no quería, el presidente sí, y hubo un pulso ahí en el que el que salió perdiendo fue Felines.

¿Te refieres a Botella?

Sí, exacto. Botella al final le echó un pulso, era muy amigo de Pedro García y…

Cota llegó a pegarse con él.

Y le tiró una bota. Bueno, al final él era un tío con carácter, además era el único de Vallecas que había ahí y es verdad que lo sentía como suyo. Es verdad que lo llevaba dentro y cuando veía que uno no funcionaba bien sacaba ese carácter loco que tenía y entonces… Tengo que decir que Botella era muy mala persona, era insufrible y no podías estar con él. Tenía muchos problemas y mi primera lesión en la rodilla la tuve por él. Fue en un entrenamiento en el que estábamos haciendo tiros a puerta y con el típico balón que tiran desde fuera del área, rechazas y se te queda cerca. Estaba lloviendo, yo me tiré otra vez a por el balón y él se lanzó con todos los tacos por delante, me arrasó e incluso me dio en la cara. En ese momento me levanté: «¿Tú estás loco?». Y él me respondió con un: «Te jodes». Le advertí que no pasara cerca de mí y en un balón dividido, como estaba el campo mojado y había muchas huellas, en vez de ir con las manos me tiré con los pies, se me quedó la bota enganchada en una de las marcas, me senté encima de la rodilla y rompí el menisco. Este chico era muy mala persona, pero en el campo luego te daba mucho. Todo lo que cogía lo metía, porque el tío tenía muy mala leche, a los rivales los mataba… y es cierto que en el césped aportaba. También es cierto que yo, muchas veces hubiera preferido que no nos diese tanto y hubiera sido un mejor compañero.

La gran esperanza joven del Rayo era Javi Rey.

Recuerdo que Javi era súper joven cuando debutó con el primer equipo y todo el mundo hablaba de él para ser jugador de uno de los equipos grandes de la Liga española. Muchos veían en él estandarte del equipo pese a su juventud. Sin embargo, luego se fue al Murcia y a partir de ahí, desapareció. No sé, porque le perdí la pista, si fue porque salió de casa o cualquier otra razón, pero de ser un jugador futurible para los equipos grandes de España pasó a ser nada.

Proyecto nuevo 21

En tu primera temporada jugáis la promoción ante el Real Murcia pero os ganan 3-0 en la ida.

Sí, luego empatamos a uno en casa. El tema es que nosotros ese año teníamos demasiada juventud y el Murcia contaba con un grupo de gente veterana que sabía cómo disputar los partidos complicados. La Primera División te marca, pues puedes ser penúltimo, pero se ve que la gente tiene más tablas. Pienso que nosotros pecamos de ir a tumba abierta, de decir «vamos a por ellos», en vez de ser más resolutivos en defensa, aguantar, defender y salir al contrataque. Recuerdo que salimos allí queriendo meter gol desde el minuto uno y ¿qué pasó? Que nos cogieron y nos metieron tres.

Os desquitáis la temporada siguiente.

Hicimos una campaña espectacular. Teníamos a Hugo Maradona, Laurie Cunningham, Soto, Jesús. Pero luego, en defensa el año en Primera… En Segunda si dábamos con esos jugadores, pero luego necesitábamos otra cosa. Cuando estuvimos en Primera División, fuera de casa sumamos sólo un punto, fue en las últimas jornadas y contra el Celta de Vigo, que acabó penúltimo.

Me hablabas de Cunningham.

Era un espectáculo. Laurie era el típico jugador cuya carrera se estaba acabando y quería enseñar a los chavales jóvenes todo lo que él había aprendido y no cayésemos en los errores que había cometido él. Es cierto que era un gran jugador, porque tenía mucha calidad y cuando estaba en Inglaterra lo quisieron todos los equipos top del mundo. Luego, vino a España, se lesionó, Madrid es una ciudad complicada y le pillaron en la discoteca con la pierna escayolada. Y fue todo eso lo que él nos quiso inculcar a nosotros. Hubo un día en que veníamos de viaje desde Bilbao y hablando en el bus y él nos comentaba el tema de que hay tiempo para todo, que en el fútbol había que tener cabeza, que el fútbol son dos días, que el dinero que ganes en el fútbol es el dinero que ganes y los dos amigos que hagas. Nos lo quería inculcar porque sabía que eso precisamente le había faltado a él en su carrera. Era un tío entrañable.

¿Dónde estabas cuando muere?

Había estado de vacaciones en Gandía y acababa de volver a casa. Llegué a casa alrededor de las tres de la mañana del viaje y a las ocho y media o las nueve me despertó mi madre: «Ángel, te llama Jesús». Era mi compañero del Rayo, que me soltó: «Oye, gato, ¿te has enterado de lo de Laurie? Están diciendo que ha fallecido en un accidente de tráfico». Nada más colgar puse la televisión y lo estaban dando en las noticias. ¿Qué hice? Como tenía muy buena relación con Laurie y su mujer, cogí el coche y me fui al Anatómico Forense, donde estaba ella sola. Hay por ahí incluso unas fotos que aparecieron en ABC. Fue un palo, porque era una persona que te hacía mejor sólo con su presencia en el vestuario.

Por ahí estuvo también Hugo Maradona.

Maradona era igual que el hermano pero en diestro, la tipología era idéntica. Parecían iguales, super rápidos, gorditos… Luego, él no estaba ni endiosado ni nada. Hugo era un chaval que vivía la vida y al que le gustaba disfrutar de la comida y un buen vino. Cuando se casó su hermano Diego nos invitó, pero era imposible, pues irte a una boda a Argentina suponía gastarte un dinero que no tenías. Pero era un tío al que le gustaba vivir, estar con los compañeros, disfrutar, sus comidas, sus cenas… Vivía cerca de Nuevos Ministerios, en la calle Orense. Alquiló un piso que había que verlo, y cuando ibas allí parecía que estabas en una boda. Te agasajaba con lo mejor que tenía. Era un crack.

Pedro Riesgo me comentaba que él le confesó a Hugo que era muy seguidor de su hermano y este le regaló unas botas suyas usadas.

A Hugo, lo que le pidieses. De hecho fue él el que habló con su hermano para que nos invitase a la boda.

Se llegó a apuntar que Giuliano Giuliani, portero del Nápoles, cogió el VIH en aquella boda de Diego Maradona. ¡Cómo sería!

Yo a Diego no lo conocí, pero conociendo a Hugo, me imagino lo que sería. Porque aquella boda era estar una semana entera ahí. La despedida de soltero, lo mismo era de dos o tres días. Por eso te digo que haber ido a esa boda era haberse gastado lo que ganabas en todo un año.

Ángel Férez en su primer año en el Castilla (Foto: @angel_ferez/instagram)
Ángel Férez en su primer año en el Castilla (Foto: @angel_ferez/instagram)

Vaya recuerdo aquel partido del ascenso frente al Dépor en la última jornada.

Te puedo decir que estábamos confiados en que íbamos a ganar el partido. No sabíamos cómo ni en que minuto, pero estábamos confiados. Lo primero, porque sabíamos que el campo iba a estar a reventar y al final eso nos iba a dar un apoyo extra. Y luego, también éramos conscientes de lo que nos estábamos jugando y que lo hacíamos contra un equipo que tampoco se jugaba mucho, aunque pudiera venir primado, que eso estaba a la orden del día. Durante aquella semana no hicimos nada especial e incluso seguíamos quedando por las mañanas en los soportales para desayunar. Antes de ir a entrenar, en aquellos años, solíamos quedar en una calle contigua a Payaso Fofó, nos ponían unas mesas allí y desayunábamos. De hecho, había ocasiones en las que incluso después de entrenar nos íbamos a tomar unas tapas y unas cervezas. Aquellos días previos hicimos lo mismo que ya habíamos hecho durante todo el año y no hubo nada especial.

Luego, el partido no fue sencillo, pues se nos puso cuesta arriba porque empezaron marcando ellos, pero al final le dimos la vuelta. Cuando terminó el partido empezamos a correr todos como idos, buscábamos entre los que estaban ahí para ver a quién podías abrazar y como saltó tanta gente, recuerdo que incluso alguien me subió a hombros y cuando llegué al vestuario no llevaba ni el pantalón ni la camiseta. Todo el mundo tenía rodeados a los jugadores, nos abrazaban, nos besaban… y hasta que nos pudimos meter dentro de la caseta creo que pudieron pasar quince o veinte minutos, por lo menos. Cuando llegamos al vestuario, eso era de locos con todo el mundo allí, jugadores, periodistas… metimos al entrenador a la ducha, al presidente y a todos los que pasaban por allí. Unos días después del ascenso fui a un colegio cerca de Aranjuez para estar con unos niños que lo necesitaban junto a Morón y nos dieron de regalo un plato de porcelana con los nombres de la alineación de los que normalmente jugábamos y mi madre lo tuvo colgado durante mucho tiempo en su casa. Ahora no sé dónde estará.

Al año siguiente se nota el cambio

Si te digo la verdad, nosotros pensábamos que podíamos hacer una buena campaña, pero necesitábamos gente más veterana que conociese la Primera División para ayudarnos. ¿Qué pasó? Que no hubo fichajes y los que hubo eran chicos también de Segunda División. Yo aquel año me había operado de la rodilla y me perdí el primer partido de la temporada, que jugamos en Zaragoza y donde el portero fue Villalvilla. Ya para el primer partido en casa, en la jornada dos frente al Valladolid, sí que estuve y hay una anécdota curiosa, pues tanto su portero, Ravnić, como yo fuimos a los que nos tocó pasar el control antidopaje. Recuerdo estar ahí esperando y lo recuerdo apareciendo con una botella de cerveza de litro y un paquete de Winston. ¡Cuando lo vi no me lo podía creer!

Ese año, como no jugué el primer partido pero sí el segundo, a Villalvilla no le sentó bien y empezó a hacer una serie de declaraciones sobre Felines, de por qué le había quitado… fue un año complicado en ese tema, porque Villalvilla pensaba que él tenía que ser el portero titular sin habérselo ganado. Y subió al club e incluso llamó al periódico As para decir que estaban haciendo una injusticia con él. Menudo jaleo. Creo que en Primera jugué veintitantos partidos y él el resto.

La diferencia entre Primera y Segunda a finales de los ochenta era muy grande. Mi hermano David siempre me ha señalado que yo había estado adelantado a mi tiempo, pues en aquella época ningún portero quería jugar el balón, se limitaba a pegar un patadón para adelante y que fueran los de arriba los que se peleasen. A mí gustaban otro tipo de situaciones. Te dabas cuenta que el salto de Segunda a Primera era gigante. Ahí vas tú con toda la ilusión porque pasas de división, llegas a la categoría de oro del fútbol, una liga como la española que es de las más duras, piensas que te da y que tienes que mantenerte, pero como no tengas un equipo fiable del 1 al 25 es muy complicado.

Y eso que os reforzáis con Juan Sabas, que hizo una gran temporada.

A Sabas ya le conocía porque coincidíamos algunas veces que salíamos los domingos por la noche después de los partidos. Los equipos íbamos a Joy Eslava, por lo que a Sabitas ya le conocía. Cuando él firmó por el Rayo yo sabía que iba a acabar jugando porque no creo que hubiera, o si había eran muy pocos, jugadores tan desequilibrantes como él en Primera División. Esa velocidad, lo listo que era dentro del área, su golpeo de balón… había muy pocos jugadores en España que lo tuviesen y Sabas era uno de ellos. Además era súper humilde y curraba como un cabrón. Se desgastaba no sabes cómo. Por eso Felo, que era un tío listo, en el momento en que lo vio entrenar un par de veces y competir dijo: «este es mi 7».

Férez junto a Luis Aragonés (Foto: @angel_ferez/instagram)
Férez junto a Luis Aragonés (Foto: @angel_ferez/instagram)

Pedro Riesco era muy jovencito, pero ya fue convocado para un partido ante el FC Barcelona.

Estaba Pedrito también, sí. Éramos íntimos amigos y de esa época con los únicos que todavía tengo contacto es con él y con César Mendiondo, que el año del ascenso se marchó al Español y luego coincidí con él en la selección.

Riesco se lesionó la clavícula después de una entrada de Cota en un entrenamiento.

Cuando hablo con los chicos del Almería siempre les pongo a Cota como ejemplo: él nunca se caía al suelo, tenía un muelle y antes de caer ya estaba de pie. Esos balones divididos en los que él se tiraba, en la época de hoy sería expulsado dos de cada tres partidos, porque las entradas que hacía Cota eran de locos y cuando había un balón dividido iba con la plancha a matar. Tengo algunos vídeos grabados en los que se ve cómo se tiraba y cuando tocaba el suelo con el culo se ponía otra vez de pie. Y eso se lo cuento a mis chicos en Almería, que mi compañero en el Rayo, Jesús Diego Cota, era un lateral derecho que nunca se caía al suelo por eso era súper difícil driblarlo.

El día grande de esa temporada fue un 4-4 sensacional ante el Atlético de Madrid.

¿Tú has visto ese partido? Estaba Abel de portero, Ferreira, Futre… me acuerdo que llovió y estaba el campo horroroso, lleno de barro. Lo mejor de ese partido es que te lo juegas contra uno de los equipos más importantes y mejores de la Liga. Íbamos perdiendo 1-3, luego empatamos a 3 y ellos se pusieron 3-4, porque el último gol nuestro lo anotó Berg. Hubo penaltis, porque a Futre le hicieron uno y a Sabas otro, que por cierto era muy discutible. Yo tengo por ahí grabado el resumen el algún sitio. Pero imagínate: empatar así con el Atleti es casi como haberle ganado el partido.

Fue subir y bajar.

En casa ganamos algunos partidos, pero no era sencillo cuando fuera de tu estadio sacas tan solo un punto. Nosotros teníamos un poco asumido que íbamos a descender, porque veíamos que el equipo, sobre todo fuera de casa, no tenía fundamentos para sacar puntos. El día que empatamos en Vigo frente al Celta, ya estaba Emilio Cruz como entrenador y cuando acabó el partido nos dijo: «no nos da». Sabíamos que al equipo no le daba para salvarle. Luego, tras el descenso, quieras o no estás con el chip de Primera pero en Segunda División: fútbol más aguerrido, más fuerte… y empezamos la temporada regular. Ahí me lesioné otra vez la rodilla, que es cuando vino Wilfred y el tío lo hizo espectacular.

Wilfred.

Era tan bueno… un bendito. Cuando llegó se ganó el puesto porque hizo una temporada extraordinaria y ante eso no puedes hacer nada. Además, teníamos una muy buena relación porque él era muy bueno, no tenía maldad y entrenaba como un bestia. Nunca tuvimos ningún problema y ante eso tú sólo puedes seguir trabajando para estar bien el día que te toque. El año del último ascenso, en la temporada 1991-1992 con Camacho de entrenador, a mí me habían operado por tercera vez de la rodilla en enero o febrero, y no había jugado prácticamente nada, pero recuerdo que en la última jornada frente al Castellón Wilfred pidió el cambió antes de acabar la primera parte. Cuando lo vio, Camacho le comentó a nuestro fisio: «Pepe, mira a ver qué le pasa el negro, que está pidiendo el cambio», pues él le llamaba cariñosamente el negro. En ese momento nuestro fisio fue a la portería y Wilfred le señaló que dolía el estómago. «Pues si le duele el estómago, que se aguante», respondió Camacho cuando Pepe vino a comentarle qué es lo que pasaba. Cuando terminó el primer tiempo, Camacho se me acercó para apuntarme que me fuera preparando porque creía que Willy se iba a quitar. Ya en el vestuario con empate a uno, le volvieron a preguntar qué le pasaba y él respondía: «dolor de estómago, mucho dolor de estómago» y sin decir nada, se quitó la camiseta. Por ese motivo jugué yo la segunda parte en aquel partido en que ganamos 4-1.

¿Cómo te sientes cuando pierdes el puesto?

A ver, yo sé cómo es el fútbol y, sobre todo, en el puesto en el que estaba. Si entra un portero que lo está haciendo bien, tú tienes que esperar tu momento. No es como un lateral, un delantero o un centrocampista, que pueden jugar en varios puestos: el portero sólo puede hacerlo en uno. Entonces, si había un portero que lo estaba haciendo bien como es el caso de Willy, yo lo único que podía hacer era entrenar. Pero entrenar con alegría, porque si entrenas enfadado, al final no te va a salir nada, pues la frustración te lleva a no estar concentrado y que las cosas salgan mal. El día del segundo ascenso, mi alegría era haber demostrado que llevaba bastante tiempo sin jugar y, en una situación complicada, en un partido difícil, jugándonos la vida, estuve bien y di lo que la gente esperaba de mí.

La llegada de Camacho fue clave para el ascenso. ¿Qué cambió?

Siempre he pensado que los futbolistas que juegan en equipos grandes y se convierten en entrenadores van a mejorar tu fútbol, pues están acostumbrados a un toque exquisito de balón, un buen trabajo de posicionamiento y un buen número de aspectos importantes. Camacho venía del Real Madrid e intentaba que su equipo hiciera las cosas que él hacía en el Madrid. Y es verdad que él, el tema de ruedas de pase, evoluciones con centro y remate y finalizaciones, hacía mucho. De este modo, gracias a los trabajos de posesión, de posición y de finalización, mejoras mucho.

Otro ex del Real Madrid que estaba por allí era Ricardo Gallego.

Gallego ya vino un poco terminando su vida deportiva y es verdad que tenía mucha calidad y distribuía, pero trabajo defensivo era lo justo. Al final, eso condiciona a un jugador del centro del campo, pero claro, luego tú le dabas un balón y lo ponía donde quería. Además era un tío humilde que se involucró en el equipo, intentó ayudar todo lo que pudo y lo cierto es que tengo un buen recuerdo de él.

Antonio Calderón.

Con Antoñito estuve hace un tiempo porque es el entrenador del Torremolinos. Ya el año pasado nos enfrentamos a él y el día que te hablo jugamos un partido amistoso en Almería contra ellos. Tenemos una relación muy buena, porque además de compañeros en el Rayo también nos hemos visto en Cádiz. Antonio era un jugador con una calidad depurada, una zurda sensacional y él sí que era un jugador de Primera División contrastado.

José María Ruiz Mateos.

Mi relación con Ruiz Mateos era muy buena y con Paloma, que era la hija y la única que estaba allí en el club, exquisita. José María, como era un hombre muy ocupado, sólo aparecía cuando quería un poco de risas e iba a las comidas. El tío quería que fuesen todas las mujeres también, para conocerlas.

Ángel Férez y Hugo Sánchez (Foto: @angel_ferez/instagram)
Ángel Férez y Hugo Sánchez (Foto: @angel_ferez/instagram)

Después del ascenso te marchas a Mérida.

Antes de aquel ascenso yo y había hablado con Camacho y él me comentó que sí quería podía renovar, pero que no iba a tener minutos porque iba a llegar un portero nuevo como Toni y tendría pocos minutos. Por aquel entonces yo tenía 25 años y decidí que no me podía quedar, pues venía de una temporada en la que había jugado muy poco y no podía quedarme otra igual. Surgió la posibilidad del Mérida, que estaba en Segunda División y con un proyecto para ascender porque estaba Pepe Fouto metiendo dinero. Hablé con él, me apuntó que querían formar un equipo para ascender fichando jugadores importantes y algunos extranjeros y firmé por dos años. Allí estuve bien, pero el proyecto no comenzó como debía, los jugadores extranjeros que llegaron iban a lo suyo y el entrenador era Fabri González, que estaba como una cabra. Luego llegó Ufarte, el que luego sería segundo entrenador en la selección española con Luis Aragonés. La cosa seguía sin funcionar como ellos querían y como a Fabri le estaban pagando por meses, echaron a Ufarte y volvieron a traerlo: un desastre. Los dos años fueron un desastre, aunque es verdad que jugué mucho. Jugué casi todos los partidos, pero era complicado.

Última parada, Cádiz.

Hay una anécdota súper curiosa. En el antepenúltimo partido de Liga de Segunda División cuando era jugador del Mérida, nos enfrentábamos al Cádiz. El Cádiz tenía que ganarnos para tener opciones, pero nosotros les metimos 2-4 y al final ese año descendió a Segunda División B. A esas alturas yo ya había firmado con ellos, tenía un precontrato con el Cádiz porque me había llamado Hugo Vaca, que por aquel entonces era secretario técnico del equipo, para decirme que estaban interesados en mi fichaje. Yo le comenté que mi contrato con el Mérida iba a terminar y no quería quedarme más tiempo, por lo que firmé un precontrato con la mala suerte de que el equipo terminó descendiendo.

Mi etapa en Cádiz la recuerdo con mucho cariño, pues entré allí con buen pie. Jugamos el Trofeo Carranza y en el primer partido eliminamos al Real Madrid, que por aquel entonces estaba entrenado por Jorge Valdano y donde jugaban Martín Vázquez, Hierro, Míchel, Laudrup, Luis Enrique, Buyo… En el segundo partido jugamos contra el Sevilla de Luis Aragonés y también ganamos por penaltis. Además, yo fui protagonista, porque contra el Real Madrid paré dos penaltis y en el último partido paré el último penalti y ganamos el trofeo. Y para la gente de Cádiz, pues Ángel Férez ya era un ídolo. Tuvimos buena temporada, pero el club lo había comprado el señor Jesús Gil y cuando se llevó a Mami Quevedo y Kiko dejó de pagar, por lo que estuvimos seis o siete meses sin cobrar.

Al cuarto año de estar en Cádiz jugamos una promoción de ascenso a Segunda División en la que nos tocó el Real Madrid B, el Barcelona B y la Cultural Leonesa, no logramos subir y ya el siguiente volví a tener otra lesión de rodilla, fui a Sevilla a ver al doctor Madrigal y me dijo que no podía seguir jugando. Tenía 31 años, esto sucedió en enero y me quedaba un año y medio de contrato, porque había renovado el verano anterior. Hablé con Fran Canal, que era director deportivo y me comentó que cómo íbamos a decir que se iba a retirar uno de los ídolos de la afición cuando seis meses antes había renovado. Como no teníamos entrenador de porteros, finalmente comunicamos que mi rodilla no aguantaba más pero que iba a seguir en el club en esa labor.

Y de Cádiz, a la selección española de Luis Aragonés

Después de catorce años, seguía siendo entrenador de porteros del Cádiz. Habíamos logrado ascender a Segunda División, luego a Primera y más tarde descendimos nuevamente. Pero hay un detalle: cuando Víctor Espárrago vino al Cádiz en 2004 yo tenía una muy buena relación con él, me preguntaba sobre distintos temas y un día que comentó que como no teníamos a nadie que hiciera los informes de los rivales había decidido que además de entrenar a los porteros fuera yo el que realizara esos análisis.

Pasó el tiempo y, a principios de 2008, recibí una llamada de César Mendiondo y Jesús Paredes, que había sido preparador físico mío tanto en el Castilla como en el Rayo Vallecano. Ellos sabían que yo hacía informes y contactaron conmigo para comentarme que necesitaban a otra persona que ayudara a hacer informes para la selección española, pues César no podía solo. «¿Tú tienes informes que hayas hecho para enviárselos y que los vea el míster?» Yo les mandé un informe, Luis Aragonés lo vio y un viernes me llamaron de la Real Federación Española de Fútbol para decirme que si me podían mandar un billete de avión porque tenía una reunión con el seleccionador. En ese momento, hablé con el club para informarles de lo que pasaba y desde el propio club me dijeron que sí, que fuera. Me desplacé a Madrid, tuve una reunión con Luis Aragonés y ahí me dijo que le gustaban mucho mis informes, que eran muy parecidos a los que hacía César y que me necesitaban para que fuera a la Eurocopa. «¿Quieres formar parte del cuerpo técnico?». Yo no lo dudé y le respondí que sí, tras lo cual vine a Cádiz para hablar con el club y explicarle la situación al presidente, pues mi contrato acababa al final de esa temporada. El presidente me apuntó que no había problema, podía irme y cuando acabara la Eurocopa el director deportivo me iba a mandar un nuevo contrato para firmar.

Me fui con la selección, comencé a viajar y a ver partidos, pero cuando estaba en el campo ayudaba a Ochotorena a entrenar a los porteros. Estuve así unos meses, en los que los lunes tenía que ir a Madrid, a la Federación, para entregar los informes: «He visto al Betis, al Sevilla y he visto a Juanito y a nosequién», y le daba los informes de los jugadores que, en teoría, estaban en la lista. Cada uno teníamos que ir a un sitio a hacer los informes de los jugadores para la convocatoria de la Eurocopa. Como te decía, iba a lunes a Madrid, volvía y entrenaba con el Cádiz y luego me iba de viaje. Fue así hasta la concentración de la Eurocopa, durante la cual se jugó un Cádiz – Hércules en la última jornada de Segunda División que acabó con 1-1, después de que Adrián Paz fallara un penalti en el último minuto, y descendimos.

Paralelamente, en el viaje a Rusia Luis Aragonés se enteró que la Federación quería coger a Vicente del Bosque para entrenar a la selección española. ¿Qué pasa? Que Luis, que era un tío un listo, dijo: «Aquí me están haciendo la cama, así que nos vamos». Habló con Vicente Montes, su abogado que le llevaba el tema de los fichajes y le comentó que le había llamado del Fenerbahçe y que hablara con ellos.

El míster charló con el Fenerbahçe y después del partido de la fase de grupos contra Rusia, estábamos en la cena y nos pidió que subiéramos todos a su habitación a las doce de la noche para tener una conversación. Todo el cuerpo técnico fuimos allí y empezó con Armando Ufarte, su segundo: «¿Tú te vienes conmigo a Turquía? Porque tengo que formar un cuerpo técnico para ir allí». Ufarte le respondió que tenía que hablar con la familia y Luis dijo que teníamos hasta tal día para decírselo. Después de Ufarte, habló con Jesús y así con todos los demás. Yo era el último que había llegado y el míster ya había preguntado a Ochotorena y este le había dicho que sí le gustaría, pero que con la selección y el Valencia, él tenía que hablar con su gente y que le diera un poco de tiempo. Así, llegó hasta a mí y me soltó: «Oye Ángel, si Ochotorena no viene, ¿tú te vienes conmigo». Y yo, que no esperaba ni que me preguntase, le confesé: «Míster, yo me voy nadando». Fue decirle eso y… ¿tú sabes que Luis Aragonés hacía un gesto así de bajarse las gafas y mirar por encima? Pues me hizo justo eso. Yo pensé: «ya la he cagado» y me fui emparanoiado, así que fue a hablar con Jesús Paredes:«Profe, tú que conoces más al míster, ¿la he cagado, verdad?». Él me comentó que estuviera tranquilo pero yo seguí con el runrún toda la noche hasta que a la mañana siguiente en el desayuno Luis se me acercó: «Ángel, después del entrenamiento sube a mi habitación que quiero hablar contigo». En mi cabeza sólo estaba que me iba a echar, a mandarme directamente para España, pero fue justo al contrario, porque cuando subí a la habitación me expuso: «Mira, he pensado que aunque venga Ochotorena, tú me haces los informes de los equipos y ayudas a Ochotorena con los porteros. Y si no viene, te doy tanto dinero y tú me entrenas a los porteros y me haces los informes». Imagina mi cara, pasar a un equipo de Champions League.

Por aquel entonces yo seguía esperando la llamada del Cádiz, pero no llegaba. De hecho, jugamos la final, la ganamos, el Cádiz todavía no me había llamado y no fue hasta que yo regresé cuando hablamos. Llamé a Barla para comentarle que estábamos a día 2, mi contrato se había cumplido y que quería hablar con el presidente. «Con el presidente no hablas», me respondió él, así que le advertí que si no hablaba con el presidente no lo haría con nadie. A los cinco minutos fue el presidente el que me llamó, le conté lo que pasaba y me fui a hablar con él. «Mira, presi, he estado esperando que Barla me llamase y no lo ha hecho, no me ha hecho una oferta de trabajo y sin embargo Luis Aragonés si lo ha hecho. Él me da la posibilidad de irme a un equipo de Champions donde voy a cobrar diez veces más que aquí además de dar un salto deportivo. Mi contrato se ha cumplido hace tres días y si ahora me decís vosotros que no, me quedo en la calle». Antonio Muñoz me deseó mucha suerte y el día 4 ya me estaban esperando en Múnich para unirme a la pretemporada del Fenerbahçe, que estaba en Austria concentrado.

Esa noche en la habitación del hotel eres el único que le dijo «sí» de primeras.

César Mendiondo dijo que sí y el resto le señaló que tenían que hablar con su gente. Es que eso es una noticia de la leche, y decir «sí» al principio igual no es fácil. Pero para mí sí lo fue, porque entrenar con Luis Aragonés para mí era un máster, estar cerca de mi entrenador ideal.

Proyecto nuevo 13

Durante su etapa en la selección española se le atizó mucho.

Él tuvo un problema que todo el mundo sabe con Raúl y le empezaron a meter caña que no sabes cómo.

¿Cómo definirías a Luis Aragonés?

Pese a todo lo que se publicaba acerca de que era un vinagre, Luis era un hombre tremendamente cariñoso con su gente, con sus jugadores y el que más apoyaba tanto a sus futbolistas como al cuerpo técnico y su gente más cercana. Yo no he visto un tío más solidario que se gastase más dinero en los amigos que tenían problemas. Era de locos cómo le daba dinero todos los meses a excompañeros suyos que estaban en la ruina.

Antes de esa Eurocopa fue entrevistado en «Tengo una pregunta para usted» y estaba convencido de que iba a ganar el título.

¿No has visto la primera charla que da en Las Rozas en el documental que se hizo? Está grabada: palabras textuales. Después de la charla en la que come la cabeza a todos los jugadores, Puyol y Pepe Reina salían de la sala diciendo: «Vamos a ser campeones». Les prometió: «Si ustedes me hacen caso, somos campeones de Europa». Esto, en la primera charla en Las Rozas, antes de irnos a Austria, literal. Y los chavales se fueron de ahí convencidos de que podían ganar la Eurocopa.

Luis fue protagonista de muchos videos con jugadores en su carrera, pero todos le querían.

Eso lo hacía para que espabilasen, porque no había persona que quisiera más a Luis que Eto’o. Era como su hijo. Lo que poseía era una forma increíble de transmitir las ideas que tenía, su filosofía de vida. Cuando tú tenías un problema, o lo tenía uno de los chicos, hablaban dos minutos con él y cambiaban su percepción completamente. Y luego, en el fútbol, lo que él transmitía era tan positivo y con tal poderío que la gente salía convencida de que iban a ganar el partido. Y eso es lo que al final provoca que tengas un plus más que los otros equipos.

El equipo comienza la Euro como un avión, pero ¿cuándo creéis en el cuerpo técnico que lo vais a conseguir?

Con la fase de grupos. En los primeros entrenamientos que estuve, cuando se hizo la primera rueda de pases que vino Jesús Paredes, escuchaba cómo sonaba el balón y era increíble. Tú no mirabas y todos los golpeos sonaban igual, al primer toque. Y ahí te das cuenta de la calidad que había en el equipo. Luego observas la fase de grupos, la suficiencia del equipo, el trabajo que hacían  sin parar de correr en todo el partido y veías que había muchas posibilidades. Es verdad que luego te toca Italia en cuartos y ¡buf! Pero es que cuando no era uno era otro: cuando Iker no metía una mano venía Torres, o si no era otro.

Tú que has sido portero: háblame de Iker.

Iker tenía un don. Iker lo tenía todo. Por donde lo mirases, era bueno. Era el típico portero que desde bien jovencito se veía que tenía algo especial. Y él era listo y todo lo que hacía bien, pues lo hacía. Se complicaba poco. Cuando veía que había mucho riesgo y que el riesgo que iba a correr era mayor al beneficio, no lo hacía. Tú ves porteros ahora como Unai Simón o Ter Stegen, que juegan bien con los pies pero al final arriesgan mucho. Y el beneficio que sacan no es para tener un riesgo tan fuerte.

¿Crees que hay que tener suerte?

La suerte existe, entre comillas. La suerte se busca. Cañizares miraba los balones, pegaban todos en el palo y la gente decía «que suerte», pero no es así. Siempre hay que tener una chispa de suerte, pero son muy pocos los que tienen lo que tenía Iker. En los momentos clave salía su estilo, su nivel y te dabas cuenta de los puntos que le había dado al Madrid y los éxitos internacionales.

¿Para ti ha sido el mejor?

Sí, para mí ha sido el más completo.

¿Con qué partido te quedas de aquella Euro?

Sin duda, el de la final. Porque en la charla el míster ya dejó claro a los jugadores que las finales no se juegan, se ganan. Y así fue.

Ángel Férez (Foto: UD Almería)
Ángel Férez (Foto: UD Almería)

Aquella charla previa con Fernando Torres en la que le dice que iba a ser clave…

Al final, todo lo que dijo, salió. Y los jugadores le hicieron caso de la A a la Z. Y ese fue uno de los puntos por lo que España logró la Eurocopa. Porque la calidad de los jugadores era obvia, todos dieron un nivel top, pero está claro que lo que transmitió Luis, los chicos lo llevaron a rajatabla desde el minuto uno. Al final se hizo todo lo que el míster dijo en aquella primera reunión de Las Rozas.

España siempre ha tenido buenos jugadores, pero lo que no ha tenido son buenos equipos. Luis Aragonés consiguió hacer un equipo de buenos jugadores, pero sobre todo hizo un equipo. A lo mejor, otros años la selección tenía algún jugador bueno, pero cuando juegas con los mejores equipos de Europa no te vale con tener un buen jugador. La prueba la tienes en Inglaterra, que tiene jugadores buenos, pero no un equipo completo. Y España lo tenía. Te pones a mirar las alineaciones y decías: Sergio Ramos era la leche siendo tan joven, Torres lo mismo. Puyol, que era una bestia, Cazorla, Xavi o Iniesta, un equipo que del medio del campo para adelante te hacía un rondo.  Hacer un equipo de una selección es muy difícil. Hay veces que se gana una Eurocopa con un equipo muy compacto como Dinamarca o Grecia, que lo hicieron y eran malos para aburrir pero iban todos a una. Sin embargo, en el caso de España, además de que se actuaba como equipo tenía una calidad enorme.

Siguiente etapa, Turquía.

Nosotros vivíamos en un condominio que estaba al lado del circuito de velocidad de Istanbul Park, estaba formado por chalets y el dueño era el presidente del Fenerbahçe. Nos querían dar unos pisos en la zona europea, pero era mucho tiempo para ir a entrenar y nosotros teníamos que estar más o menos a las ocho de la mañana en la ciudad deportiva, por lo que era una locura. Allí vivían también Dani Güiza, Josico, Lugano, los brasileños… Había muchos jugadores y luego el staff, Carlos Cascallanas, César Mendiondo y yo en un chalet cada uno. Era un sitio que no estaba terminado del todo y a nuestras casas, sobre todo en la zona del jardín, les faltaban cosas. Eran casas de lujo, con piscinas privadas, la mía tenía cinco habitaciones, dos plantas y un salón que era como mi casa de Almería. Estuvimos viviendo allí un año, porque en un principio pensábamos que se iban a quedar a vivir nuestras mujeres, pero no vinieron porque era inviable que se quedasen. El colegio bilingüe que había allí estaba a dos horas y meter a mis hijas o que lo hiciera César, que tiene un niño y una niña, hacer dos horas de ida y otras dos de vuelta era una paliza. Al final, estuvieron un mes más o menos y se volvieron a España.

Luis se equivocó de camino y llegó al entrenamiento una hora y media tarde el día de su cumpleaños, el equipo empezó el entrenamiento sin él y advirtió a Mendiondo que no volviera a suceder.

Sí, aquello era de locos. Vas por una autopista de cuatro carriles y, de repente, ves a uno que viene por el arcén marcha atrás. Se saltan una salida y en vez de esperar a la siguiente, frenan y van marcha atrás. El tráfico es un caos. El míster vivía en la zona europea y nosotros en la asiática, donde estaba la ciudad deportiva de Samandira, por lo que para llegar, él tenía que cruzar el puente… y como lo hicieras en hora punta te podías tirar tres horas para cruzar en cuanto te despistaras. Era prácticamente al principio, no conocíamos mucho, la ciudad de Estambul es tres veces Madrid y el pobre se perdió. Sin embargo, cuando él llego yo estaba con los porteros y no me enteré de lo que habló con César (Mendiondo) y Carlos (Cascallana).

Perdéis la final de Copa y Luis reconoce que se ha equivocado de portero.

Cuando estuvimos en Turquía, nuestros tres porteros eran internacionales. En la pasada Eurocopa, el titular de la selección fue Fehmi Mert, que en nuestra etapa en el Fenerbahçe era muy jovencito, tenía apenas 18 años y tuvo una lesión de tobillo súper grave. Además, teníamos a Volkan Demirel y Volkan Babacan, que también fue internacional y hace unos años lo quiso el Celta de Vigo e incluso me llamó para decírmelo, porque es el único con el que tengo contacto.

Volkan Demirel era el que jugaba prácticamente todos los partidos de Liga y Babacan se ocupaba de la Copa. Él hizo unos partidos muy completos y creo que sólo encajó un gol en todos lo que jugó en la competición. Esa final de Copa la jugamos en Ankara y durante la semana el míster me iba preguntando y yo le comentaba que Babacan estaba siendo fiable, que no nos habían metido goles, habíamos ganado todos los partidos y que creía que merecía jugar. Es cierto que en esos momentos era joven, el míster me decía que era un partido complicado y a ver si le iba a poder la presión, pero yo conociéndolo sabía que era un tío súper tranquilo. Además, hablé con el propio Babacan y me dijo que estaba dispuesto, se encontraba bien, tranquilo y así se lo transmití al míster. Sin embargo, casi en la primera jugada, en el minuto cuatro o cinco hubo un córner, lo sacaron en corto y el que recogió el balón, en vez de centrar, tiró a puerta. Babacan había intuido que el jugador iba a dar un  pase y salió de la portería, por lo que la pelota se metió por el primer palo. Así pues, en el minuto cinco ya íbamos perdiendo 1-0 y ahí fue el míster cuando dijo: «Creo que nos hemos equivocado». Luego, el partido fue como fue, creo que perdimos 4-2 pero ya no fue culpa de él. Ya vas contrarreloj intentando empatar, te meten el segundo…

En aquel equipo estaba Roberto Carlos.

Era espectacular, marcó un montón de goles siendo lateral izquierdo. También teníamos a Edu, un central brasileño que jugaba con Lugano y era buenísimo, pero se lesionó y eso nos mató. También teníamos a Alex, un mediapunta zurdo brasileño que tenía una calidad de la leche. Había un equipo muy bueno, pero el vestuario estaba dividido: por un lado los turcos y por otro los brasileños, españoles y el uruguayo. Eran todo grupos.

El tema del idioma sería difícil para Luis para transmitir su mensaje.

Fue un poco lo que nos mató. A nosotros nos pusieron como traductor a un chico muy joven, con 22 años, muy buen niño, Umut, que había aprendido castellano en Argentina. Sabes que allí hay cosas distintas y no es lo mismo el castellano que el argentino. Un día, Roberto Carlos, que entendía turco, nos avisó en una charla para que habláramos con el chico porque no estaba traduciendo lo que le decía el míster, ya que había cosas que no entendía. Eso era un hándicap, pues no llegaba lo que el míster quería transmitir.

(Foto: udalmeriasad.com)
(Foto: udalmeriasad.com)

¿Y la directiva?

Al principio muy bien, pero la situación ya comenzó a empeorar cuando jugamos uno de los primeros partidos de  Champions en casa contra el Arsenal y perdimos 2-5. De hecho, en el descanso ya íbamos 1-3 y bajó la directiva. Lo hizo el presidente junto a un séquito que siempre iba con él y la cosa fue a peor, pues el míster no le dejó entrar al vestuario. Es verdad que luego mejoró la cosa porque empezamos a ganar partidos de Liga, nos pusimos arriba y la gente se puso las pilas, pero al final son directivas muy complicadas. A ellos, la posibilidad de perder nos les entra en la cabeza con el dineral que gastan.

A nosotros nos pasó con el Bursaspor, donde perdimos un partido que íbamos ganando 0-1 en el minuto 85 y que, en caso de haber logrado la victoria casi hubiéramos igualado con la cabeza. Para ir a Yaluba tienes que ir en autobús hasta Yalova y de ahí coger un ferri. En ese ferri podía entrar todo el mundo… ¡puf! menos mal que nosotros llevábamos mucha seguridad, pero cuando llegamos a Estambul los coches nos paraban en mitad de la autopista poniéndose delante del autobús. Estuvimos metidos un montón de horas en Samandira hasta que nos pudo sacar de allí la policía. Allí son extremistas para todo, para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno eres Dios y para lo malo, el demonio.

Esa etapa en Turquía duró sólo un año.

La cosa estuvo complicada, en Liga quedamos por detrás del Besiktas y fuimos subcampeones de Copa ante el propio Besiktas. Eso para el Fenerbahçe es un desastre, no cumplimos los objetivos que habían marcado y entonces esta gente empezó a buscar entrenador. Nosotros nos vinimos para España y Luis le transmitió a Vicente: «De aquí nos piramos, habla con esta gente y entérate, porque creo que están buscando un entrenador y si es así vamos a denunciar porque tenemos contrato en vigor». Al final, Vicente llegó a un acuerdo y nos vinimos. De todas maneras, todo lo que teníamos en Estambul ya lo habíamos mandado para España.

Etapa dura.

Te digo una cosa: creo que fue una experiencia positiva en todos los aspectos, pues conoces una liga nueva, cómo se vive en estos países, aprendes a competir a nivel top enfrentándote a los mejores equipos del mundo, por lo que para mí fue una gran experiencia. Creo que si la directiva le hubiese hecho caso al míster, podríamos haber estado mucho tiempo. Luis, al final, tenía las ideas muy claras en cuanto a echar a una gente para firmar a otra, pero ellos no querían gastar dinero en prescindir de jugadores que no valían ni para la Segunda División de aquí en España y que a lo mejor estaban cobrando tres millones al año. No iban a echarlos y pagar porque decían que eran buenos, pero lo cierto es que no daban el nivel. Si al míster le hubieran dicho: «Venga, haz tú el equipo», hubiera sido distinto. El míster me comentaba: «Si a mí me dejasen hacer lo que quiero, este equipo en cinco años es campeón de Europa». Lo que pasa es que esa gente no es así. Y estamos hablando de hace dieciséis años.

¿Y después?

Nos fuimos de allí y al llegar a España me llamó Almería. Alberto Benito, que fue compañero mío en Cádiz, donde jugaba de mediocentro, era director deportivo en la época de Unai Emery y me preguntó cómo estaba mi contrato con el míster, pues quería que me fuera a trabajar con ellos en Primera División.

Cuando supe del interés, lo primero que hice fue llamar a Luis Aragonés y ser sincero: «Míster, me acaba de contactar el Almería porque quieren que vaya allí a trabajar. ¿Qué pensamiento tenemos?». Él fue muy claro: «¿Qué pensamiento tenemos? Pues que curres, que te vayas a trabajar en el Almería y en caso de que nos llame un equipo, que te pongan una cláusula de rescisión, se paga la cláusula y nos vamos. Pero tú no salgas del círculo. Métete a trabajar y cuando salga otro equipo, miramos. Y si nos llama una selección, ni te vas, sigues trabajando ahí y en las ventanas UEFA que están para todos los equipos, tú te vienes y listo».

Ángel Férez (Foto: udalmeriasad.com)
Ángel Férez (Foto: udalmeriasad.com)

Luis ya tenía más de 70 años, pero tenía idea de seguir entrenando.

Él lo que quería era coger una selección, porque no quería el día a día. Su idea era coger una selección y seguir cosechando triunfos. En esa época le quería Rusia. También estaba la opción de Portugal por su relación con Paulo Futre, que le dijo que esperara porque igual le llamaban. Fíjate que también le llamó el Sevilla faltando once jornadas para que terminara la temporada 2010-2011, pero no hubo un acuerdo con Monchi. También lo hizo el Villarreal y más de lo mismo. Él quería coger una selección.

¿Seguiste manteniendo contacto con Luis cuando acabó la relación profesional?

Lo típico: hablabas un día y le preguntabas qué tal estaba, él te preguntaba por las niñas… a lo mejor una vez al mes. Era eso, al final cada uno estaba en una ciudad, yo entrenando todos los días… Estuve durante nueve años en el primer equipo hasta que me operaron de la rodilla, luego tuvieron que ponerme una prótesis y me bajaron al fútbol base. Al final van pasando cosas, te vas olvidando un poco de la gente.

¿Cómo te enteraste de su muerte?

Me llamó Jesús Paredes. Me acuerdo que ese día yo estaba en un hotel, porque jugábamos contra el Elche en Almería y no pude ir a Madrid. No sabía ni que el míster estaba enfermo, pues muy pocos eran conocedores de la situación más allá de su familia y el profe Paredes. Cuando Paredes me llamó para contarme lo que había sucedido y le pregunté qué había pasado ya me contó que llevaba un tiempo enfermo, nadie sabía nada y él no quería preocupar a nadie. Es que era la hostia. Era un diez en todo.

3 comentarios

  1. Luis empezó la época dorada de la selección, a pesar de tooooda la prensa. En contra de todo el madridismo. A él se le debe todo.

  2. Pingback: Ángel Férez recuerda su carrera y anécdotas con Luis Aragonés en el fútbol español - Hemeroteca KillBait

  3. Javier Ortega

    Grande angelito loconozco hace muxos años y asu hermano Vicente algunas pachangas jugamos en el pueblo vallecas ferez tengo algunos wantes suyos de la media luna como oro en paño guardo

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