Fútbol argentino

Hugo Maradona, un hombre empeñado en ser diferente de la persona a la que más se parecía del mundo

Hugo Maradona, internacional sub-20

– ¿Cómo es Diego como hermano?
– Diego es un fenómeno, como hermano es un fenómeno, mi mejor amigo, mi mejor hermano, nos trae todo.
– ¿Tú juegas en Argentinos Juniors?
– Sí.
– ¿Y de qué juegas?
– De 9.
– ¿Piensas en ser como Diego?
– No, nunca pensé en llegar a eso, porque mi hermano es un marciano, no se puede discutir, no es de este mundo.

Con tan solo diez años, Hugo Maradona (1969) ya sabía lo que significaba ser hermano del Diego. Por aquel entonces el mítico 10 todavía no había salido de Argentinos Juniors para sumarse primero a Boca Juniors y luego a FC Barcelona y Nápoles. Todavía no se había convertido en el mejor futbolista del planeta ni había cargado sobre sus hombros a todo un país hasta convertirlo en campeón del Mundo en 1986. Sin embargo, el Turco lanzaba su particular declaración de amor a su hermano al ser entrevistado en televisión. Probablemente, la más sincera que recibió el de Villa Fiorito en toda su carrera profesional. También, sin quererlo, fue una maldición para el propio Hugo.

La historia de Hugo Maradona es la de un futbolista engullido por la herencia, encorsetado por las expectativas tan altas que se posaron en él desde que era apenas un niño y empeñado en ser diferente de la persona a la que más se parecía en el mundo. Los apellidos de peso se pegan como cinta americana a los más pequeños. Estos se pasan toda la vida soñando en distinguirse, deshacerse de una mochila llena de piedras y demostrar que están a la altura. Hugo no fue una excepción.

Poner a Diego Maradona frente a su hermano era como hacerlo ante un espejo: alrededor de 165 centímetros, centro de gravedad bajo y muy potentes en su tren inferior. Por si fuera poco, mientras el Pelusa era zurdo, Hugo era diestro. Excepcional manejo de balón, desequilibrio en el uno contra uno y con una notable técnica, los dos exhibían también un sensacional golpeo de libre directo. Pendiente en la oreja izquierda, media melena, tendencia a coger peso, «el Turco era el más Diego de los Maradonas», recuerda quien le conocía.

Nueve años menor que Diego y tres que Lalo, Hugo era el menor de la saga. Al igual que sucedió con los anteriores, sus primeros pasos en el mundo del fútbol fueron en Argentinos Juniors. Tan buenas sensaciones dejó en las inferiores del Semillero del Mundo que debutó en el primer equipo siendo apenas un niño con16 años. Fue un año después de que en 1985 logrará su primer éxito internacional: el Sudamericano sub’16.

En un equipo de jóvenes talentos entre los que también se encontraban Fernando Cáceres o Fernando Redondo, fue Hugo Maradona el que acaparó todos los focos gracias a sus buenas actuaciones. Los ojos estaban puestos en el hermano de la por aquel entonces estrella del Nápoles. Y lo cierto es que supo lidiar a la perfección con su papel de líder y llevó a los suyos hacía el título. Aquel equipo de jóvenes imberbes logró captar la atención del gran público: los partidos eran retransmitidos por televisión y el estadio de Vélez Sarsfield se llenaba para disfrutar de su juego. De hecho, todavía se recuerda el último y decisivo partido de aquel campeonato con Brasil enfrente.

Con 40.000 espectadores en las gradas del José Amalfitani, Hugo Maradona protagonizó el que probablemente fue el mejor partido de su vida y donde además marcó dos tantos que definían a la perfección sus cualidades. El primero nació fruto de una falta dentro del área de Brasil debido a una retención por parte del portero canarinho. Mientras los jugadores de ambos equipos discutían con el árbitro, Maradona gritó a su compañero para que le pasara el esférico y marcó el 1-1 a puerta vacía ante la incredulidad de todos.

Pero lo mejor llegó en la segunda parte. Con Brasil venciendo 1-2, el centrocampista pedía el balón e insistía para dar la vuelta al marcador. Así, el rechace de un disparo del propio Maradona que se estrelló contra el larguero fue a parar a la cabeza de Frutos para sellar la igualada y el propio Hugo hacía el 3-2 protagonizando una sensacional individual en la que se fue deshaciendo de los rivales hasta entrar en el área y batir al portero con un derechazo. Hasta la celebración de los tantos recordaba a las de su hermano Diego. ¿La única diferencia? El Turco llevaba el 9 a la espalda.

La victoria disparó los elogios hacía el adolescente. El seleccionador argentino Carlos Bilardo señalaba que «es la versión derecha de Diego» y la portada de El Gráfico mostraba una imagen de los dos hermanos con la camiseta albiceleste bajo el título: «La dinastía Maradona. Fútbol de hoy y de mañana». El propio 10 era clave para que el Nápoles cerrara su incorporación en verano de 1987 cuando acababa de alcanzar la mayoría de edad y tan solo acumulaba un puñado de partidos en la elite. Sus palabras, para cualquiera que quisiera analizarlas, sonaban a amenaza: «Mi contrato aquí acaba en dos años. La única forma de renovarlo es si la entidad trae a mi hermano Hugo. Me encantaría jugar con él y si mi hermano viniera a Nápoles estaría muy feliz».

Sin embargo, el sueño de verlos jugar juntos es casi una quimera: la limitación de extranjeros (únicamente dos por equipo), unida a la presencia del brasileño Careca, provoca que el pequeño de los Maradona tenga que abandonar su habitación en la via Scipione Capece 3/A de Nápoles que posee su hermano para marcharse cedido al modesto Ascoli.

Hugo Maradona con la camiseta de Ascoli

El presidente Costantino Rozzi estaba eufórico. De hecho, afirmaba que su flamante incorporación era un futbolista de primer nivel. «No se trata de únicamente una apuesta, sino que hablamos de un gran jugador. Es potencialmente parecido a su hermano Diego, pero Hugo es hasta más guapo». El propio futbolista, por su parte, también se muestra confiado en sus cualidades y ya el día de su presentación ponía las cartas sobre la mesa: «Soy Maradona, tengo un nombre que respetar. Estoy muy feliz y tengo que demostrar que puedo jugar en la Serie A. Es inútil hacer comparaciones con Diego, es demasiado bueno, pero haré todo lo posible para marcar un gol contra el Nápoles y amargar a mi hermano».

De cualquier modo no pudo cumplir con su amenaza y fue incapaz de ver puerta en los 32 minutos en los que coincidió con su hermano en la segunda jornada. Tampoco marcó en los otros 18 partidos oficiales que disputó aquella temporada en la que se convirtió en un habitual del banquillo e incluso la grada.

Esto no impidió que el jugador dejara huella entre algunos compañeros. Domenico Agostini, con el que compartía línea de ataque en aquella temporada, todavía recuerda con cariño al argentino. «Todas las semanas llegaba al vestuario y lucía las botas que el Pibe de Oro recibía como regalo de su patrocinador. El resto, obviamente, teníamos mucha envidia y lo mirábamos con espuma en la boca. Una vez le pregunté si podía probármelas. ‘Me quedan perfectas’, le dije. No lo pensó dos veces y me dijo: ‘Quédatelas, te las doy’. Era unas Puma México y nunca habían llegado a Italia, solo se podían tener en Sudamérica. Eran como un guante, era como jugar sin ellas… y además se las había puesto Diego», reconocía en una entrevista concedida en su país.

Pese a lo gris de una temporada que podría considerarse un fracaso, Diego Maradona seguía en sus trece y afirmaba que Hugo «es todavía mejor que yo». Pero las ofertas por él en Italia brillaban por su ausencia y llegó el momento de dejar el país de la bota de forma temporal. Su destino en esta oportunidad se encuentra en Madrid. Concretamente en el Rayo Vallecano, equipo que venía de disputar la promoción a Primera División la temporada anterior pero había sido noqueado por el Murcia.

En Vallecas eran días de otro fútbol. De partidos a las doce de la mañana. De padres, hijos y abuelos subiendo por la Avenida de la Albufera. De bota de vino y bocadillo al descanso. De pinchos morunos mientras los que no habían ido al campo preguntaban: «¿Cómo ha quedado el Rayito?». Faltaban años para que llegara José María Ruiz Mateos para cambiar el nombre del estadio, mutilar el nombre de la Agrupación Deportiva para dejarlo en Rayo Vallecano de Madrid e incluso rediseñara el escudo.

En 1988 el equipo venía de un largo peregrinar por el desierto de la Segunda División después del descenso de 1980. El técnico era ahora Felines, quien había sido clave para el primer ascenso de la historia del club en 1977 con un cabezazo ante el Getafe y dio pie a aquel Rayo Matagigantes que tan buen rendimiento mostró en la máxima categoría durante tres años. Ahora esos tiempos parecían lejanos y los rivales que visitaban Vallecas eran muy distintos a los de una década antes. Los Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid o Athletic Club habían dado paso a Figueres, Mollerussa y Sestao y los grandes espectáculos en el estadio eran los conciertos de históricos como Bob Dylan y Queen.

Según recuerdan las crónicas de la época, el cuadro madrileño pagó 24 millones de pesetas al Nápoles por la cesión del jugador de 19 años, si bien se precisaba que el cuadro italiano «se ha comprometido a jugar un encuentro amistoso en Vallecas a últimos de agosto. El Rayo espera recaudar en él una cifra tal que el fichaje temporal de Hugo Maradona pueda ser amortizado con ella». Sin embargo, este choque nunca llegó a disputarse y los aficionados de la barriada nunca pudieron ver a Diego Maradona correteando por el césped de su estadio. Sí que pudieron disfrutar durante dos temporadas del Turco, que cuando fue consultado por las razones que le habían llevado al equipo señaló que le «gustaba la idea de venir a España, vivir en Madrid y jugar en un conjunto con aspiraciones serias de subir a Primera División».

Aunque a su llegada Hugo afirmaba que ya conocía al equipo y lo había visto jugar, el argentino se quedó muy sorprendido cuando el día de su presentación recibió la camiseta que iba a vestir y vio que tenía una franja roja que le cruzaba el pecho. «¡Ché, pero si esta es la camiseta de River!», exclamó asombrado. Y es que al consultarle a su hermano Diego sobre algunos detalles del Rayo Vallecano este le comentó que vestía de verde. «Ahora espero que me den una foto de Hugo para llevársela y ver qué cara pone cuando vea a su hermano vestido con esta camiseta», medió un Guillermo Coppola que por aquel entonces también representaba al menor del clan.

Diego Armando Maradona con sus padres y sus dos hermanos, Hugo y Lalo

El Rayo Vallecano no sería el primer equipo español con el que jugaría Hugo Maradona. Un año antes, el jugador se había enfundado la elástica del Granada. El cuadro andaluz acababa de subir a Segunda División y buscó un fichaje de relumbrón con el que poder dar publicidad tanto al propio equipo como a la ciudad. Surgió el nombre de Lalo Maradona, hermano mediano que por aquel entonces jugaba en Boca Juniors y por el que el cuadro argentino pidió una cantidad que los nazarís no podían afrontar. Ahí emergió la figura de Diego Maradona, que compró él mismo el pase de su hermano para que pudiera jugar en el cuadro andaluz.

Tras esto se reunió con el propio presidente del club a fin de organizar un partido amistoso cuya recaudación iría destinada a devolver el dinero al 10. Este enfrentaría sobre el césped de los Cármenes al Malmöe sueco con un Granada que además de contar con el propio Lalo Maradona también tendría en sus filas tanto a Diego como a Hugo. Los tres hermanos compartieron terreno de juego un 15 de noviembre de 1987 en un partido que finalizaba con 3-2 para los andaluces y en el que marcaron Diego y Lalo.

De cualquier modo, el rendimiento del mediano de los Maradona no fue el esperado en tierras granadinas, pues en la temporada de su debut apenas disputó 19 partidos y el equipo descendió a Segunda División B. Ya en la categoría de bronce su aportación fue incluso menor y apenas estuvo ocho choques. Tras su salida, fue protagonista de un largo peregrinar por distintas escuadras de Venezuela, Argentina, Estados Unidos o Canadá antes de poner punto y final a su carrera profesional. De este modo, su momento de gloria en nuestro país fue el paso por la edición de 2005 de Gran Hermano VIP, donde se mantuvo durante 45 días. «Técnicamente es mucho mejor que nosotros dos, sin lugar a dudas. Es el más elegante de los tres, es el más dotado técnicamente, lo que pasa es que nosotros le ganamos en condición física, en lo demás nos pinta la cara», llegó a decir Diego Maradona de él. Casi nada.

Más implicado que su hermano Lalo, Hugo sí ofreció un buen rendimiento en España. Pese a que desde el propio Rayo Vallecano se reconocía que fue contratado aunque no existían informes sobre él en el cuerpo técnico y que la principal motivación fue el gancho de su apellido de cara al público, el centrocampista formó una de las parejas de extranjeros más seductoras de la categoría junto al inglés Laurie Cunningham. Con el 9 a la espalda y el balón cosido a la bota derecha como el Diego hacía con la izquierda, Hugo recordaba en mucho más que eso a su hermano. La arrancada al recibir el balón, la forma de correr e incluso de caer cuando le hacían una entrada parecían sacados del catálogo del Pelusa. Para la memoria colectiva dejó varias acciones de notable nivel y un total de seis tantos, algunos de los cuales de notable importancia como el que dio la victoria en la visita al Xerez en la jornada 25.

Por este motivo, cuando el Rayo Vallecano se jugaba el ascenso a Primera División en el último partido de la temporada frente al Deportivo de la Coruña, todos los ojos estaban puestos en el argentino. Pero el choque ante los gallegos estuvo lejos de las expectativas. Pese a mostrarse participativo no estuvo acertado e incluso no se atrevió a lanzar un penalti con 1-1 en el marcador. Esto no fue obstáculo para que el equipo lograra el ascenso después de vencer por 2-1 y Hugo Maradona fuese designado mejor jugador del campeonato por parte de la prensa, tal y como se jactaba su hermano en la biografía «Yo soy el Diego». El público invadió el estadio para festejar el ascenso por todo lo alto con los Férez, Botella, Cota y compañía mientras el alcalde Juan Barranco lo celebraba en el palco. El diario Marca llevaba a su portada la gesta bajo el titular «Como un Rayo».

En el resumen de la temporada elaborado por Mundo Deportivo para analizar a los distintos jugadores del Rayo Vallecano, el diario señalaba que «El pasado verano Francisco Fontán sacó pecho al anunciar el fichaje de Hugo Maradona, el hermano de Diego que llegaba con todas las alabanzas italianas después de una buena campaña en el Ascoli. Sin duda fue un perfecto reclamo para devolver la ilusión a la apática parroquia rayista. Hugo, sin embargo, pronto demostró que es un buen jugador. Pero, desgraciadamente, Maradona sólo hay uno. Aun así, a lo largo de esta temporada ha alternado actuaciones auténticamente brillantes con otras mucho más deslucidas».

Su buen rendimiento durante la temporada provocó que Carlos Bilardo apostará por él para formar parte de la dinámica selección argentina con vistas a la Copa América de 1989. Sin embargo, el Turco no estuvo en la lista final y fue uno de los dos descartes del técnico, por lo que perdió la oportunidad de compartir equipo con su hermano en partido oficial.

De este modo, su gran aportación para una selección argentina con la que no llegó a debutar en categoría absoluta fue el papel vital que tuvo en la clasificación para las semifinales del Mundial de 1986. Concretamente, en el que está considerado el mejor gol de la historia de los Mundiales. Había que remontarse seis años atrás, cuando Diego Maradona protagonizó en Wembley una acción espectacular en la que logró deshacerse de varios jugadores de la selección inglesa antes de ponerse mano a mano con el portero y definir tocándola a un costado cuando este salía. La pelota se escapó por poco y todo quedó en maletas de un viaje a ninguna parte. A la conclusión del partido, el joven Hugo llamó a su hermano.

– ¡Boludo!, no tendrías que haber tocado… Le hubieras amagado, si ya estaba tirado el arquero.
– ¡Hijo de puta! Vos porque lo estabas mirando por televisión.
– No, Pelu, si vos le amagabas, enganchabas para afuera y definías con derecha, ¿entendés?

Y eso es precisamente lo que hizo Diego Maradona el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca de la Ciudad de México para hacer el 2-0 en el marcador. Tocado por su ausencia final en la Copa América de Brasil y seriamente golpeado por la muerte, ese mismo verano, del que había sido uno de sus compañeros más queridos la temporada anterior en Madrid, el inglés Laurie Cunningham, en un accidente de tráfico, ya nada fue igual para Hugo Maradona. Protagonista de un largo culebrón hasta que finalmente terminó aceptando una nueva oferta de cesión, el argentino tuvo un rendimiento muy discreto en su segundo año en Vallecas. Lo hizo en un equipo que fue colista prácticamente de comienzo a fin y que únicamente ganó seis partidos en toda la temporada. Aunque disputó 29 encuentros, apenas aportó 3 goles y estuvo a años luz de aquel jugador del que habían disfrutado los aficionados vallecanos apenas un año antes.

No cabe duda que la temporada 1989-1990 fue tremendamente convulsa para el Rayo Vallecano. Si unos meses antes del ascenso se produjo un cambio en la presidencia con la dimisión de Francisco Fontán y posterior victoria de Pedro García Jiménez en unas elecciones para las que incluso editó una cinta de cassette que entre los títulos incluía «Sevillanas ‘Pal’ Rayo», el curso comenzó mal y terminó peor. Tres entrenadores pasaron por el banquillo (Felines, Manuel Peñalva y Emilio Cruz) y ninguno logró evitar el triste desenlace.

Aunque por el barrio se recordará para siempre un espectacular 4-4 en Vallecas frente a un Atlético de Madrid que por aquel entonces entrenaba Javier Clemente, el Rayo Vallecano estaba en Segunda División y Hugo Maradona hizo las maletas sin mirar atrás. Precisamente el propio equipo madrileño intentó años más tarde el fichaje de su hermano Diego Maradona en septiembre de 1996, según se encargaba de confirmar su agente Guillermo Coppola, del que se dijo que incluso podría viajar a negociar a la capital de España: «La presidenta del Rayo se ha mostrado interesada en contratar a Diego». Sin embargo, al igual que sucedió con aquel amistoso de pretemporada de 1988, la posibilidad nunca se concretó.

Hugo Maradona en el Rapid de Viena

En lo que a Hugo se refiere, tras un paso poco lustroso por Austria en el Rapid de Viena y un regreso a Sudamérica para defender los colores de Deportivo Italiano en Venezuela y Progreso en Uruguay, el argentino decidió marcharse a Japón, donde se convirtió en una de las estrellas del campeonato entre los años 1991 y 1998. Defendió los colores de PJM Futures, Avispa Fukuoka y Consadole Sapporo y despertó la pasión de los aficionados asiáticos gracias a su técnica y los más de 80 goles que anotó en este tiempo, muchos de ellos de libre directo. A los 30 años, y después de un breve regreso a su país para jugar en el modesto Brown de Arrecifes, Hugo Maradona colgaba las botas.

Sin fortuna en su faceta como técnico, Hugo Maradona vivió los últimos años de su vida en Nápoles después de haberse casado con una napolitana y falleció debido a un paro cardiaco alrededor de un año después que la muerte de su hermano Diego conmocionara el mundo. Apenas unos meses antes había anunciado su intención de presentarse a las elecciones municipales de la ciudad italiana.

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