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Paulo Henrique Ganso: El genio incomprendido del Sevilla

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Paulo Henrique Ganso (Foto: Cordon Press)

Paulo Henrique Ganso, mejor centrocampista que Sócrates, según el propio Sócrates, un genio de la pelota, en palabras de Neymar, llegó al Sevilla en 2016 rezando porque se le entendiera.

Él es un camiseta 10 sudamericano. Un creativo, un asistente. Fue comparado con Riquelme, de quien a su vez se declaró fan. Y ya se sabe lo que le sucedió al de Boca en su llegada a un fútbol español que, desde los dosmil, desconsideró la esencia de los enganches.

Sampaoli pide a Ganso para el Sevilla

Ganso sabía que arriesgaba en su paso a Europa. No obstante, deseaba que, en su condición de argentino, Sampaoli supusiera para él lo que Pellegrini supuso para Román, así podría huir del estigma. Que aprovechase esa «sutileza técnica que no se ve a menudo en el fútbol actual», que el técnico apreció en Ganso, por la que decidió ficharlo. Todo lo que Sampaoli debía tener claro es el «nosotros jugamos la pelota para Ganso y él resuelve los problemas de la gente», expuesto por Neymar sobre aquel Santos campeón de la Libertadores.

Sin embargo, lo primero que Sampaoli le pidió fue que se retrasase y que ejecutara labores más relacionadas con la implicación táctica defensiva. Labores distintas a las que le habían llevado a ser el mejor mediocampista de su país. «Pero me adaptaré pronto», se resignaba Ganso. Lo primero fue pedirle adaptación y lo segundo fue no usarlo.

Sampaoli no lo ponía y explicaba que «en la posición de Ganso están Franco Vázquez, Iborra e incluso Correa. Hay competencia activa desde el principio y me volqué con otros nombres porque creía que el equipo necesitaba otra cosa». Además de ellos, el técnico también veía más nivel, para jugar por zonas interiores, en futbolistas como Nzonzi o Kranevitter. El entrenador que confía en un futbolista ve en este la paz mundial, mientras el que no confía, forma los castillos en el aire que sean necesarios.

Desde sus primeros meses, se leyeron críticas en prensa respectivas al estilo de Ganso, aunque él había sido sincero sobre cómo sentía el juego: «en fútbol hay que pensar y que corra el balón». La exigencia física no cesó y el Sevilla quiso traspasarlo en el mercado invernal. «Estoy trabajando duro y me encuentro físicamente mejor», se justificó entonces Ganso. No fue suficiente.

Si un redactor aprovechaba la derrota ante el Madrid para escribir que el fútbol de Ganso sólo «vale para países de menor nivel», otro hacía de menos su doblete de abril ante el Granada concluyendo que sin embargo «es un jugador poco adecuado para el alto ritmo del fútbol europeo» y que sólo puede mostrar su talento en partidos de escasa exigencia.

La realidad, por su parte, no atiende a razones banales e indica que, en su primera temporada, Ganso participó en dieciséis partidos, diez de ellos como titular, de los que su equipo ganó la mayoría y solo perdió ante Barça y Madrid, plantillas contra las que hubiera perdido aunque tuviese a Maradona.

Al respecto de aquel año, diría Ganso que«cuando una persona te pide ir a un club y no te hace jugar, algo está mal. Pero cuando esa persona siquiera habla con vos, no conversa, está equivocada». Y es que Sampaoli no conversaba porque no podía defender ante él su injusta decisión.

Todo lo expuesto muestra que los periodistas suelen tener más claros los clichés que el fútbol y que la mayoría de entrenadores sigue la misma senda. Entre estos últimos se encuentra por supuesto Sampaoli y también Berizzo, cuyas decisiones siquiera pudieron ser salvadas por la clasificación.

Berrizo deja de usar a Ganso y es despedido

Relevado Sampaoli, el Sevilla 17/18 empezó con Ganso como eje de los ataques desde el vértice superior de un triángulo de centrocampistas. Con ello cosechó victorias y un pase ronda copera. Berizzo lo usó en Liga y el equipo no perdía, mientras lo sentaba en Champions y el equipo no ganaba.

Sin embargo, el entrenador no supo interpretar las señales y dejó de contar con Ganso desde la sexta fecha. Justo ahí llegó la primera derrota. Su sustituto fue Banega, ídolo de las dos Europa Leagues conseguidas, que había regresado del Inter tras una temporada. El técnico sólo los juntó una vez. Desde un 4-2-3-1, Nzonzi sostenía, Banega daba sentido al inicio combinativo propuesto por Berizzo y Ganso aportaba clarividencia entre líneas para favorecer a los atacantes. Así se ganó a Las Palmas.

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Pero el resultado fue insuficiente, ya que Berizzo priorizó mantener el doble volante compuesto por Nzonzi y Krhon-Dehli, futbolistas de equilibrio físico-técnico. Confundió las razones del juego hasta que fue cesado en diciembre.

Ganso había participado en once alineaciones con Berrizo y el Sevilla sólo perdió uno de esos partidos. Los datos no hacen más que apoyar una teoría basada en la lógica: de haberlos jugado el crack brasileño, a poder ser junto a Banega, el técnico argentino hubiese acabado la temporada.

Regresar al hogar para ser feliz 

Llegó Montella al banquillo y descartó a Ganso. El curso acabó con un Sevilla confeccionado para competir en Champions tomando, con apuros, la última plaza de Europa League.

Tras un breve paso por el Amiens, Ganso volvió a Brasil en 2019 y en adelante manejó el juego del Fluminenese. Habiendo conseguido la Libertadores, es hoy uno de los lustros más exitosos de la historia del club gracias a Ganso. Porque, como dijo la leyenda sevillista Luis Fabiano: «Ganso, por su visión de juego, calidad e inteligencia sobre el césped, es un jugador único en el fútbol actual». Y quien no lo haya sabido ver es el único culpable.

Un comentario

  1. Gabriel Drouet

    Gran artículo! Un saludo muy grande desde Ecuador, me llamo Gabriel Drouet, tengo 18 años y quiero ser periodista deportivo. Me gustaría tener la oportunidad de charlar contigo.

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