Premier

El día en que medio Londres quiso entrar en Wembley

Es noticia

Proyecto nuevo 2026 06 26T215741.038

El 28 de abril de 1923, un sábado por la tarde, se jugó la primera gran final de fútbol en el nuevo estadio de Wembley. Bolton Wanderers se enfrentaba a West Ham United. El estadio era espectacular, inaugurado apenas unos días antes, y la prensa llevaba semanas hablando de él. Esa combinación resultó fatal. Nadie supo prever cuánta gente querría estar allí. Se calcula que medio millón de personas se pusieron en marcha hacia el norte de Londres aquella mañana. Muchas no tenían entradas. Muchas otras ni siquiera sabían si las necesitaban. El resultado fue uno de los días esperpénticos de la historia del deporte inglés, que no han sido pocos.

Wembley se había construido con demasiada rapidez. El estadio era parte de un proyecto más amplio vinculado a la Exposición del Imperio Británico, que abriría sus puertas en 1924. El recinto tenía capacidad para 126.000 espectadores y disponía de cuatro estaciones de cercanías a pocos minutos. Las compañías ferroviarias organizaron servicios especiales desde toda Inglaterra. El tiempo acompañó. Parecía que todo estuviese invitando a los aficionados a pasarse por el estadio.

Los problemas comenzaron mucho antes de que empezara el encuentro. Las carreteras desde el centro de Londres estaban completamente atascadas. Algunos trayectos tardaron horas. Muchos aficionados abandonaron los transportes públicos y decidieron ir andando, buscando atajos a campo través, saltando vallas, cruzando vías de tren. El corresponsal del Bolton Evening News describió cómo tuvo que escalar una pared, esquivar rollos de alambre de espino y abrirse paso por obras inacabadas para llegar a su sitio en la prensa, quince minutos después de la hora prevista de inicio.

Dentro del estadio, la situación se fue complicando desde la una y media de la tarde. A esa hora, según el informe del superintendente Landon, responsable policial del operativo, ya había dentro entre 115.000 y 135.000 personas. Se ordenó cerrar los torniquetes. La multitud que esperaba fuera, en lugar de volver a su casa, comenzó a trepar por las vallas. Y se juntó el hambre con las ganas de comer. Quienes estaban en las primeras filas subían para escapar de la presión de la masa que empujaba desde atrás. Un reportero del Daily Mail escribió sobre su experiencia y dijo que en ese momento tenía que elegir entre saltar o ser aplastado.

En el cuarto de hora siguiente, entre 50.000 y 100.000 personas entraron sin pagar. Los pasillos interiores se colapsaron. Los accesos a las gradas, que se habían cerrado por saturación, tuvieron que reabrirse. Y el único espacio vacío que quedaba era el campo de juego. La gente fue ocupándolo. Entonces, la policía montada entró al campo y fue empujando a la multitud hacia los bordes, centímetro a centímetro. El agente George Scorey, sobre un caballo llamado Billy, se convirtió en la imagen del día. Las fotos lo mostraban en blanco, aunque en realidad era de un gris sucio. Las cámaras lo redimieron cromáticamente y la historia hizo el resto.

El rey Jorge V también apareció en el palco real. Su presencia hizo que miles de espectadores se desplazaron hacia ese lado para verle, lo que liberó espacio en otras zonas y ayudó a descomprimir el campo. El estadio entonó el himno nacional. Según los informes oficiales, la masa estaba de buen humor, pero había una tragedia en ciernes. El partido empezó con cuarenta y cinco minutos de retraso. Bolton ganó 2-0. Sin embargo, el Bolton Evening News se quejó de que la victoria de sus jugadores había quedado eclipsada por el circo del exterior. Casi todos los periódicos coincidieron en que aquello no podía repetirse.

Las cifras de heridos fueron objeto de debate. El Daily News habló de centenares de víctimas y publicó imágenes de camillas. El Daily Telegraph estimó unos mil casos atendidos por los servicios de primeros auxilios, la mayoría leves. El secretario de Estado del Interior informó al Parlamento de que solo 22 personas habían sido trasladadas a un hospital, tres de ellas en estado grave. No hubo muertos. El propio Scorey reconoció después que al llegar al estadio pensó que la situación no tenía remedio. La multitud, dijo, respetaba al caballo.

1923 FA Cup Final 4706196

El gobierno nombró una comisión de investigación presidida por el exsecretario de Estado Edward Shortt. El comité se reunió en varias ocasiones durante el resto de 1923 e inspeccionó estadios en Inglaterra y Escocia, el hipódromo de Doncaster y el aeródromo de Hendon. La Football Association, la organización que había convocado la final, se negó a comparecer. Consideraba que la responsabilidad era de la empresa que gestionaba el estadio.

El informe Shortt, publicado en marzo de 1924, contenía recomendaciones técnicas detalladas para lo sucesivo. Tenía que haber separación mínima de doscientas yardas entre las zonas de desembarco del transporte y las puertas del estadio, muros perimetrales infranqueables, mejor señalización, accesos a las gradas desde la parte alta para que el público se distribuyera hacia abajo de forma natural, barreras antiavalanchas cada quince filas, presencia de ambulancias en recintos con más de diez mil espectadores. También proponía extender la venta anticipada de entradas, medida que tardaría poco en adoptarse para las finales de Wembley.

Como explica el historiador Jeffrey Hill, el comité optó por no imponer regulación legal. En su lugar, confió en la autorregulación de los organismos deportivos y en la cooperación voluntaria entre clubes, fuerzas del orden y administraciones de transporte. El argumento era que las multitudes inglesas sabían comportarse. Que el orden emergía de forma natural cuando se daban las condiciones adecuadas. El propio informe citaba como prueba de ello que, en medio del caos de Wembley, las recaudaciones de las taquillas llegaron intactas a las cajas. El desorden no era lo mismo que el delito.

Esa confianza en la autogestión de las masas resultó cara con el tiempo. Muchas de las recomendaciones del informe se aplicaron de forma parcial o directamente se ignoraron. La regulación legal sobre la seguridad en los estadios no llegó hasta décadas después, y solo lo hizo tras tragedias que podrían haberse evitado.

Lo más duradero de este incidente en Wembley  en 1923 fue la historia que se construyó sobre ellos. Un día de desorganización lamentable se fue convirtiendo, con el paso de los años, en una demostración de la tranquilidad del pueblo inglés ante la adversidad. El caballo blanco, el rey en el palco, los aficionados cantando el himno…  todo encajó perfectamente en un relato de nación ordenada y en su famosa flema británica.

El Daily News, el mismo periódico que tituló su crónica ‘La Batalla de Footerloo’, señaló que la policía inglesa había preferido la paciencia a la fuerza. En otros países, insinuaba el diario, la situación se habría resuelto de otra manera. Esa comparación implícita con la violencia policial extranjera reforzó la idea de que lo sucedido en Wembley era, en el fondo, motivo de orgullo.

Durante décadas, millones de aficionados ingleses se iniciaron en el fútbol a través de libros y revistas en los que aparecía la figura del policía a caballo. La imagen funcionaba como un símbolo de que el fútbol inglés era un espacio de civismo, de buen humor, de orden no organizado. Esa imagen retrasó la adopción de medidas de seguridad obligatorias. Si la multitud sabe gestionarse sola, ¿para qué regularla?

La respuesta a esa pregunta llegó de forma brutal en varias ocasiones a lo largo del siglo XX. Hillsborough, en 1989, fue la más devastadora. Noventa y siete personas murieron aplastadas en una tribuna del Sheffield Wednesday. Las causas tenían mucho en común con lo que había ocurrido en Wembley sesenta y seis años antes y lo típico en estos casos. Hubo exceso de aforo, falta de coordinación, confianza excesiva en la capacidad de autorregulación del público. La diferencia fue que en Wembley el mito salió indemne. En Hillsborough ya no hubo mito que sostener.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*