
¿Mourinho, en 2026, para volver a ganar títulos? Florentino está de broma, dice la mayoría madridista. Se acumulan los artículos cuestionando la capacidad del técnico. Se lee, por ejemplo, en Marca: «Una Premier en once años como logro más destacado y en los últimos nueve, sólo una Conference». Mourinho tenía sentido en 2010, cuando venía de ganar dos Champions, la última tras eliminar al temible Barça de Guardiola.
Hoy no, porque ya no sabe dirigir. La periodización táctica, metodología de entrenamientos que popularizó, ¡es un fraude! A Mourinho se le cayeron los conceptos por el camino. A su pizarra se le borraron las flechas. Por eso ya no gana. «Poco parece para el banquillo del Real Madrid», concluye la citada columna. Aunque sea el mismo banquillo al que cierto día llegó Zidane, con la única experiencia de haber fracasado en el Castilla, para ganar tres Champions de momento.
Pero es que Mourinho tiene 63 años y está anticuado, oiga. Mourinho chochea para el fútbol, casi tanto como Florentino ante los micrófonos, repite el entorno merengue. ¿Acaso los especialistas no recuerdan su reciente experiencia con Ancelotti? A saber: el italiano, tras salir del Bayern en 2018, llevaba tres cursos dirigiendo clubes menores como Napoli y Everton, momento en que Florentino lo recuperó para mayor causa. «Se me ha presentado una oportunidad inesperada», reconoció el técnico.

Como Ancelotti ya no levantaba copas, la crítica recibida entonces por el presidente fue la misma que la actual. El resultado de apostar por Ancelotti, sin embargo, fueron dos nuevas Champions para el club, amén de una Liga y una Copa en la que eliminó al Barça por goleada. Una decena de títulos en cuatro temporadas dirigidas, antes de volver a marchar, cumplidos 65 años.
Sucede que, para valorar con justicia al actual Mourinho, cabe repasar las circunstancias de los equipos en los que no ganó. Cuál fue su desempeño y el devenir de los mismos cuando él se fue. Esa racha negativa que se remonta una década, hasta el Chelsea al que había regresado desde el Madrid.
El declive de Mourinho empieza en el Chelsea
El segundo Chelsea de Mourinho ganó la Premier gracias a la fiabilidad defensiva de la pareja compuesta por Terry y Cahill, inquebrantable por delante de Courtois. En el ataque destacaban desde Matic a Diego Costa, pasando por Willian y Oscar, buenos futbolistas pero lejos de ser top mundiales. De estos, solo estaba Hazard y un Cesc de vuelta. Los centrales jugaron todo y el equipo acabó como menos goleado.
El siguiente curso iniciaron con recurrentes problemas físicos, resintiéndose la estructura. Terry, de hecho, sufrió el viejazo y solo duraría una temporada más en activo. Sin poder alinearlos juntos en varios partidos, Mourinho hubo de usar a Zouma más de lo aconsejado a esos niveles. El Chelsea cosechó derrotas hasta que, en diciembre de 2015, el portugués fue cesado por caer ante el Leicester.
No obstante, el equipo estaba clasificado para octavos Champions, como primero de grupo, cuando lo tomó Hiddink, un entrenador de dilatada trayectoria. A las primeras de cambio se eliminó ante el PSG, perdiendo ambos partidos. La temporada acabaría con el Chelsea en mitad de tabla y el Leicester de Kanté y Mahrez como campeón, entonces los blues compraron a la figura francesa. Con Kanté en lugar de Oscar, el equipo dirigido por Conte subió el nivel, cambió de estilo y recuperó la Premier. Pero a la siguiente temporada no alcanzaría siquiera puestos Champions, sencillamente porque la cosa no daba para ser un equipo estable.
Dirigir a un United en descomposición
El despido afectó a la reputación de Mourinho. Por eso consideró la oferta del United, que por entonces solo tenía nivel para acceder a la UEFA. Dirigido por otro técnico fiable, como Van Gaal, había sido quinto porque tenía una plantilla mediocre y envejecida. En los dos siguientes cursos se retirarían Carrick, Schweinsteiger y Rooney, los mejores del equipo, a quienes Mourinho apenas pudo utilizar. La defensa de área pasaba por un conjunto de futbolistas sobrevalorados, como Bailly o Rojo, que el técnico hubo de cambiar cara a la siguiente temporada para que jugasen Smalling y Jones, más futbolistas de nivel limitado.
No obstante, reforzarlo con Pogba e Ibrahimovic permitió al United de Mourinho ganar aquella UEFA. Desgraciadamente el delantero sueco pronto se agotó, cumplidos los 36 años, y con Lukaku en su lugar, el United quedó segundo de la Premier 17/18. El campeón fue el City, que había invertido aún más dinero en jugadores como Walker o Bernardo Silva para evitar que Guardiola pasase otra temporada en blanco. Mourinho no llegaría a Navidad ese año, dejando atrás un United que desde su despido no ha vuelto a ganar títulos.
El Tottenham como punto de quiebre
Su siguiente elección fue incluso menos adecuada. A mitad de curso firmó con un Tottenham que despedía a Pochettino pocos meses después de alcanzar la final Champions. Tamaño éxito había confundido a la directiva de los spurs, que ya exigía pelear la Premier a alineaciones como las de City o Liverpool, por entonces las mejores del mundo. Con Mourinho el Tottenham fue eliminado de la Champions, pero dobló el porcentaje de victorias en la Premier (del 25% al 50%) y consiguió salvar el curso en puestos europeos.

Lejos de reforzarse para responder a las aspiraciones, el equipo perdió la jerarquía de Vertongen atrás y el impacto de Dele Alli en la zona media, quien a los 23 años empezaba a poner fin a su carrera. Trató de recuperar a un Bale sin ganas de fútbol ni estado de forma, cedido desde el Madrid, pero fue imposible. Así las cosas, le dio para pelear por Europa y Mourinho no pudo completar una sola temporada en el banquillo del Tottenham.
Acumuló su tercer despido en abril de 2021, apenas diez días antes de celebrarse la final de la Carabao a la que había llegado tras eliminar a Chelsea y United. Teniendo en cuenta que el club no ganaba un título desde 2008, parecía algo a considerar. No permitieron a Mourinho disputarla y con Mason en la dirección la perdieron contra el City, equipo al que habían conseguido vencer durante la temporada.
«Lo más ridículo fue que un club con la sala de trofeos vacía me despidiera dos días antes de una final», rememoró. La realidad es que, desde la salida de Pochettino, el Tottenham había entrado en un periodo sombrío debido a que la plantilla se debilitaba en torno a sus dos únicos grandes futbolistas, Son y Kane, hasta perder también a ambos y jugarse el descenso.
Bajar a la Serie A para tomar impulso
Denostado en Inglaterra, Mourinho tuvo que aceptar dirigir en la Serie A, una competición en horas bajas. Se hizo cargo de la Roma, un club cuya dimensión está lejos de la ciudad eterna que representa. Con todo, ¿qué hizo Mourinho en la Roma? Ganar el primer título para el club desde la Coppa de 2008. Aquella Conference fue, además, el segundo europeo de su historia. La consiguió después de que el equipo sustituyera a Dzeko por la promesa británica Abraham, quien completó con Mourinho la mejor campaña de su carrera.
El equipo cogió plaza UEFA y se reforzó con Dybala, entonces subió otro escalón competitivo y pudo alcanzar una nueva final europea, perdida por penaltis ante el Sevilla. Fue la noche en que Mourinho esperó al árbitro en el parking para decirle que su actuación fue vergonzosa. «El árbitro parecía español, un resultado injusto con tantos episodios de los que habría que hablar. Lamela debió ser expulsado y en su lugar lanzó el penalti», amplió en rueda de prensa.

La recompensa de la directiva a los méritos fue cesarlo a mitad del siguiente curso, cuando ya había pasado la fase de grupos de una nueva Europa League. «Es difícil entender cómo un entrenador que alcanza dos finales europeas consecutivas acaba siendo despedido (…) La gente me decía por la calle: ‘Llévanos a Dublín’. Yo tenía la tercera final consecutiva en mi cabeza», reconoció más tarde. Sin Mourinho, la Roma sería eliminada en la competición y De Rossi, el sucesor, solo aguantaría cuatro fechas de una campaña 24/25 en la que también caería Juric.
El prestigio acaba en ruinas
Para entonces Mourinho ya estaba en Turquía. El Fenerbahce lo contrató para ganar la Süper Lig. La última del club fue una década atrás y actualmente era tiranizada por el Galatasaray de Okan, que entonces contaba con los goles de Osimhen. Uno de los mejores nueves del mundo para la liga turca, aunque parezca mentira, en una delantera que también tenía a Icardi y se reforzaría con Morata en el mercado invernal. Las estrellas del Fenerbahce eran, por su parte, Tadic y Dzeko, que entre ambos sumaban casi ochenta años. Previsiblemente, el equipo fue segundo. Esto dio acceso a la previa para la siguiente Champions, donde sucedió una situación que refleja bien el estado psicológico del fútbol actual.
Tras eliminar al Feyenoord, el Fenerbahce perdió por la mínima ante el Benfica y Mourinho fue cesado sin contemplación. No pasaba un mes cuando el propio Benfica despedía a su entrenador por perder contra el Qarabag el primer partido de Champions, y firmaba en su lugar a Mourinho. O sea, Mourinho no valía para el Fenerbahce pero era la solución a los problemas del Benfica, equipo que lo había eliminado porque era mejor. Para colmo, paralelamente el Fenerbahce compraba una de las estrellas del Benfica, Akturkoglu, entonces Mourinho tenía que mejorar los resultados de Lage con peor plantilla que este. De manicomio todo.

Si bien el Benfica de Mourinho no conseguiría arrebatar la Primeira Liga al Porto, venció antes 4-2 al Madrid de Arbeloa y así accedió a los play-off de la fase de liga en la Champions, a los que al mismo tiempo mandaba al rival. Fue tal el impacto que podría afirmarse que aquella noche de enero Mourinho se ganó su reválida en la élite, como futuro del Madrid. Mientras tanto, en Turquía, un Fenerbahce reforzado con Ederson, Asensio y Kanté volvía a quedar segundo. Lo hizo de la mano de Tedesco, un joven entrenador al que habían concedido la selección belga cara a la Eurocopa de 2024 por su visión moderna del juego. A ver si al final la culpa no la iba a tener Mourinho, sino que el Galatasary es mejor, debió de pensar el presidente.
El talento no envejece y las carreras no mienten
Resumen de los hechos: ninguno de los equipos que tomó Mourinho tras su salida del Madrid en 2013 mejoró tras su marcha, sino más bien lo contrario. En un mundo que vive la falacia de creer que la metodología, las tácticas y los entrenadores que las aplican son los responsables de las victorias y las derrotas, perder le fue condenando. Los ceses calaron en su prestigio, entonces hubo de aceptar peores ofertas en un mundillo regido, también, por las tendencias. Mourinho dirigió cada vez equipos con el balance entre expectativas y capacidades de plantilla desajustado. En peores equipos no pudo ganar los títulos que las directivas y las aficiones le pedían porque no había verdadera posibilidad, hasta que acabó dirigiendo en Turquía y con la reputación por los suelos.
Análisis de la realidad: Mourinho es el mismo de siempre. Es un gran entrenador, pero —igual que cualquier otro entrenador— no es ningún mago. Por eso es tan buen fichaje hoy como lo fue hace quince años. Florentino dice que lo firma para que les devuelva la «competitividad» que les insufló entonces. Eso es una tontería, como cualquier otra explicación del rendimiento de un equipo que no pase por la calidad y complementariedad de los futbolistas disponibles.

Si a Mourinho le fichan a los centrocampistas de categoría que el Madrid necesita, ganará como ganó hasta 2012 en cada buen equipo que pudo dirigir debido a que ganaba. Ganará como ganó Ancelotti en el Madrid cuando venía de no ganar en el Everton y Florentino lo rescató para darle una plantilla aún con Modric y Kroos. De lo contrario, Mourinho no podrá confeccionar la mejor alineación de Europa, siquiera de España, y entonces perderá. Perderá como perdió en los malos equipos que tuvo que dirigir porque perdía, como perdió el caduco y pasivo Ancelotti y como perdieron los actualizados y enérgicos Alonso y Arbeloa en el Madrid defectuoso de las dos últimas temporadas. La única diferencia de Mourinho con estos últimos, y con cada entrenador moderno, es que ya acreditó su capacidad para aprovechar grandes plantillas. Si se dan las condiciones futbolísticas, Mourinho hará un Ancelotti que volverá a callar bocas y a enseñar fútbol. Porque el tiempo no mengua el talento y las Champions, aunque envejezcan en la memoria, nunca mienten.

