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Carlos Martínez: «En 36 años nunca se me ha acercado nadie a decirme que soy de su equipo, siempre soy del rival»

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Carlos Martínez

Treinta y seis años después, Carlos Martínez (Madrid, 1964) sigue narrando como si fuera la primera vez en Movistar Plus+. Sin hartazgo, sin impostura y con la misma mirada limpia con la que un veinteañero aterrizó en un CANAL+ que era todavía una utopía. No ha cambiado por dentro. Sigue creyendo que el fútbol es, sobre todo, un privilegio y un pretexto magnífico para contar las cosas bonitas. Las feas, dice, ya se las deja a otros.

En esta conversación, cuando ya enfocamos la recta final de la temporada, el narrador más clásico y a la vez más moderno de la televisión española repasa su vida entre micrófonos: desde narrar un combate de Mike Tyson que duró poco más de un minuto hasta recorrer el césped de Wembley en silencio con un Maldini todavía imberbe, pasando por cuarenta días de locura junto a Maradona o veintiocho años al lado de Michael Robinson. Porque para él el fútbol nunca ha sido solo un partido.

36 años.

Esta es la liga trigésimo sexta. Correcto. Ni más ni menos.

¿Y qué queda de ese chaval de veintitantos que entró desde la Ser?

Todo, porque la verdad es que yo tengo la misma sensación que cuando comencé. A veces lo habló con Julio (Maldonado) especialmente, que estamos en la tele desde el mismo momento. Miro a ayer y me parece que es la primera temporada. No tengo ninguna sensación de que ha pasado tanto tiempo. Me siento igual a la hora de ir a los partidos, a la hora de enfrentarme a los encuentros y a la hora de hacer lo que hacemos.

Quizá tenga que ver con que al final seguimos siendo un poco los mismos, entre comillas. Álvaro (Benito) ya lleva seis o siete años con nosotros, pero Julio y yo llevamos juntos esos treinta y seis. El día a día se hace muy nuevo, a pesar de llevar tanto tiempo juntos.

¿No hay sensación de hartazgo, de decir: «Otra vez lo mismo»?

Para nada. Soy un privilegiado, y lo sé desde el primer día. Primero, porque llegué a esto casi de casualidad, fruto del azar y probablemente sin pensar nunca que iba a tener la responsabilidad de narrar el fútbol en la tele. Y después, porque cada uno de los días que me siento a narrar un partido, tengo la sensación de que soy un privilegiado.

No es que lo sienta, es que lo soy: no estoy picando en una mina, no tengo un horario de ocho a tres, no tengo treinta días de vacaciones marcados por mi empresa o por mi jefe… bueno, me los marca el fútbol. Pero soy un privilegiado y, por lo tanto, cómo no disfrutar de ser un privilegiado.

Como dicen los aficionados: «No se cumplen años, sino temporadas»

Nosotros seguimos mirando los años como cuando estabas en el colegio, que los mirabas de septiembre a mayo y las vacaciones en medio. Las nuestras duran un poco menos, últimamente cada vez menos, porque la liga comienza cada vez más pronto; pero efectivamente, para mí los años comienzan cuando comienza el fútbol, que ya no es en septiembre, sino cuando se disputa la Supercopa de Europa, que suele ser entre el 8 y el 12 de agosto.

¿Te imaginabas llegar a este momento cuando empezaste?

De ninguna manera. Vine aquí para ser un miembro de la redacción, un miembro del equipo y de un sueño que consistía en hacer tele de pago en el año 90. En esa época era una utopía auténtica pensar que en este país iba a haber gente suficiente para pagar por la tele, porque veníamos de La 1 y La 2, se habían abierto las autonómicas y las privadas, y el público en general tenía la sensación de que le sobraba tele como para pagar por otra.

Poco a poco empezó a funcionar la mezcla de fútbol y cine, el hecho de no tener publicidad en las películas y que los formatos fueran completos. Y creo que, sobre todo, el fútbol. Siempre barro para mi casa diciendo que el éxito fue un poco el fútbol y la enorme fortuna que tuvo esta casa de vivir dos finales de liga consecutivas como las Ligas de Tenerife, que pusieron a CANAL+ en el centro de la ecuación.

Veníamos de las cinco Ligas de la Quinta del Buitre y llegó el Barça de Cruyff, que dio un toque de modernidad al fútbol. ¿Hasta qué punto pudo ayudar el hecho de que entroncara justo ese primer fútbol «moderno» en España con vosotros?

Entiendo lo que dices, pero también es verdad que la Quinta del Buitre era un equipo muy moderno, un equipo que además estaba hecho casi de iconos pop, porque estaban Butragueño, Martín Vázquez, Míchel… era gente que tenía una imagen muy bien construida y muy agradable para el espectador.

A mí la Quinta del Buitre no me suena antigua en absoluto, entre otras cosas, porque es el fútbol que he vivido y del que he disfrutado; porque antes de disfrutar con el Barça de Cruyff, que disfrutamos los amantes del fútbol, el Madrid de la Quinta del Buitre fue un equipo absolutamente excelso.

Pero lo que terminó por pasar es que hubo más alternancia. En esa alternancia sí que está bien la aparición de la tele para contar el fútbol de una manera un poquito más cercana y a la vez más tecnológica: queríamos acercarnos al espectador y hacerle sentir desde el salón de su casa la mayor cantidad de emociones que pudieran vivirse desde la butaca del estadio. Y además, ser tremendamente respetuosos con el juego. En ese cóctel tuvimos la fortuna de vivir una etapa del fútbol español que empezó a ponerse de moda y a poner los primeros cimientos para que luego, unos cuantos años después, empezara a lucir el fútbol de la selección a nivel internacional.

Carlos Martínez

Te recluta Alfredo Relaño.

La costumbre con Alfredo después de los programas, después de terminar La ventana del deporte o posteriormente El larguero, era seguir juntos, seguir hablando de trabajo, de deporte, viendo películas de deporte y viendo reportajes de deporte, la mayoría de las veces en su casa. Como es así, seguramente lo negara, pero en una de esas charlas de madrugada me dijo: «Voy para la tele, tengo que formar esto. Yo sé que tú vales para algo, pero no sé para qué. Entonces, ¿te quieres venir?».

Yo tenía muchas ganas de cambiar, más que nada porque para encontrar un espacio en esta profesión tiene que existir el hueco y la radio estaba maravillosamente bien armada: José Ramón era un éxito absoluto y él tenía un equipo muy concreto en El larguero. Yo trabajaba ahí también, pero él tenía un equipo muy concreto.

Las narraciones estaban ocupadas porque empezaba a hacerlo ya directamente Manolo Lama, que había ocupado ese puesto después de que los históricos narradores de la casa se hubieran ido jubilando. No había demasiada progresión, más allá del baloncesto, porque Manolo había empezado en el baloncesto, pero ya empezaba a narrar fútbol y empezaba a haber un cierto hueco en el baloncesto, que luego aprovechó Pacojo.

Personalmente, la tele me parecía un campo en barbecho en el que intentar demostrar lo que podía hacer. Sin embargo, jamás imaginé que ya desde la primera temporada me iba a tocar narrar el fútbol, y nada menos que el partido de Liga de los domingos.

¿Qué crees que vio Relaño en ti?

Supongo que lo que vio en casi toda la gente que reclutó para la casa, porque lo más absolutamente increíble de esa primera redacción es que no había nadie con experiencia televisiva. Nadie, absolutamente nadie, excepto los realizadores, lógicamente.

Me acuerdo de que a nosotros nos dieron unos cursos de llevar las cámaras, de posiciones, de ópticas, de encuadres y de montaje, porque en esa época se empezaba a llevar una cosa en la tele que tenía que ver con que la capacidad del redactor fuera también para editar sus propios reportajes. Pero digamos que toda la caterva de jóvenes que recolectó Relaño no teníamos realmente idea de lo que era estar en la pantalla.

Probablemente por la inconsciencia de todos, y al contrario de la gente más veterana que podía pensar que algo no se podía hacer, nosotros no sabíamos que no se podía hacer y lo hacíamos. No tuvimos ninguna barrera mental para desafiar todo el rato lo que se había hecho siempre. «Esto se había hecho así». Es que nosotros ni sabíamos cómo se había hecho, por lo que lo hacíamos de otra manera, de la que nosotros pensábamos.

Llegaste a CANAL+ para hacer boxeo.

Correcto. Vine aquí para ser un redactor, pero el primer gran derecho deportivo que compró la casa -porque en ese tiempo todavía existía el veto de Televisión Española, el antiguo veto de Pilar Miró-fue el boxeo. Telecinco daba boxeo y además lo daba muy bien, era la época dorada de Mike Tyson, que era un icono mundial, fuera de que te gustara el boxeo o no te gustara el boxeo. Mike Tyson era como Usain Bolt en su momento, como Tiger Woods.

Todo el mundo estaba detrás de Mike Tyson y también en España era un personaje superpopular. La casa, a través de Alfredo, compró un montón de peleas suyas y había que narrarlas. Entonces, ¿qué ocurría? Que como se llevaba tanto tiempo sin narrar boxeo en España, tampoco había muchos referentes de narración de boxeo más allá de los de Telecinco, Jaime Ugarte y Xavier Azpitarte, que ya eran los que hacían aquello allí.

A mí el boxeo me gustaba, había practicado y, por lo tanto, tenía la posibilidad. Además había tenido un maestro extraordinario en la radio, que era Julio César Iglesias, al que había oído hablar muchísimo de boxeo y había practicado mucho hablando de boxeo con él. Y me eché al ruedo: la primera transmisión que se hizo en esta casa en directo no fue un partido de fútbol, sino un combate de boxeo desde Las Vegas.

Fue una velada espectacular con Mike Tyson contra un chico que le había ganado los Trials americanos, que se llamaba Henry Tillman, y de semifondo Foreman, en una de sus vueltas, contra un campeón brasileño que se llamaba Maguila Rodrigues. Era una cosa espectacular y mí me mandaron a Caesar’s Palace, de Las Vegas, a narrar aquello.

Imagínate, para un chaval de 24 años, lo que podía significar aquello, en una posición como en las películas, en la que poco menos que tenías que ponerte el periódico para que no te salpicara el sudor, porque estábamos en la primera fila de ring. Se armó un gran programa televisivo con presentadores y comentaristas aquí, vinieron José Luis Garci, Julio César Iglesias… y yo allí narrando. Y como eran las peleas de Tyson, la primera duró 1 minuto y 14 segundos…

Pensaba que duraría todavía menos, como la de Marvis Frazier.

Me acuerdo perfectamente: 1 minuto y 14 segundos. Y la de Foreman, dos asaltos. Con ese poquito hubo que montar ni se sabe cuántas horas de programación, porque claro, eso había que redifundirlo, porque eran las tres de la mañana. Venga a repetir las cosas, venga a contar, desde un punto de vista, desde el otro, los comentaristas… Pero la verdad es que la velada, lo que fue la narración del combate de Tyson, fue de 1 minuto y 14 segundos, y la de Foreman, dos asaltos. Había más veladas para completar, pero las que interesaban duraban eso.

Carlos Martínez

Acabas en el fútbol.

Sí, también producto del azar. Había habido unos torneos de verano, que Alfredo había comprado. En aquella época los torneos de verano tenían importancia: el Teresa Herrera, el Colombino, el Costa Verde… se habían hecho como cinco o seis torneos por toda España. ¿Por qué? En realidad, no tanto por emitir cosas, sino por rodar el equipo. Alfredo tenía la necesidad de saber si lo que había contratado funcionaba a la hora de poner un partido en la pantalla.

Había asegurado muchísimo con el comentarista, que iba a ser Jorge Valdano, y por ahí fuimos apareciendo narradores para hacer partidos. Yo había hecho un torneo que habíamos comprado, un triangular extraño, en el que participó la Real Sociedad con otros dos equipos y donde se jugaban tres partidos de cuarenta y cinco minutos entre los tres.

También había ido a Wembley con Maldini a narrar y, al parecer, sin que nosotros lo supiéramos, eso había quedado bastante bien. Cuando llegó el momento de esos torneos de verano, mi misión era hacer el inalámbrico, iba a hacer las entrevistas al pie de campo.

El primer torneo fue el torneo Colombino, lo iba a narrar José Ángel de la Casa, pero el día del primer partido, José Ángel comentó que no le habían otorgado la excedencia de Televisión Española, quedaban tres horas para empezar, y Alfredo me dijo: «Lo haces tú». Desde entonces hasta hoy he fallado dos partidos: uno porque me mandó Alfredo -muy bien mandado- a hacer el intento del récord de la hora de Induráin, a Colombia, y por lo tanto era incompatible; y otro, que ha sido ni más ni menos que un Clásico, Madrid-Barça, que me perdí porque enfermé de COVID. Dos partidos en treinta y seis años.

La famosa «Espada» eran palabras mayores.

Lo habíamos narrado en Burdeos con Perico Delgado y ahí lo había batido, luego se lo volvieron a quitar y marchó a Bogotá a intentar hacerlo en altura,por la facilidad,y ahí no lo consiguió. Induráin ya estaba en el final de su carrera y en la mitad de la prueba se bajó de la bicicleta.

Quiero ir a ese primer partido que narras con Maldini en Inglaterra.

Si yo presumo de no haber cambiado demasiado por dentro, Maldini no ha cambiado absolutamente nada. Maldini sigue siendo el mismo friki del fútbol. Para él, estar al tanto de cualquier novedad, de cualquier cosa, es prioritario. Muy buena parte de su tiempo se dedica al fútbol, no ya al de la tele, me refiero al fútbol en general. Un fútbol que con toda seguridad jamás va a poder utilizar.

Podrías decir: «Julio es el mejor especialista de fútbol internacional porque es el que más ve». Y es verdad. También podrías decir que tiene más datos que nadie sobre el fútbol, porque además los colecciona y los clasifica, y porque tiene todas las revistas habidas y por haber, de cualquier lugar que te imagines.

Pero es que hay mucho exceso sobre lo que él puede llegar a utilizar. Él sigue informándose de cosas que, desde luego, desde el punto de vista de la eficacia, jamás va a sacarle rendimiento. Coleccionar o estar viendo la Copa de Asia sub-18, de ahí difícilmente va a llegar un jugador a Europa, pero él trabaja todas y las ve todas con la misma pasión.

Aquel partido fue nada menos que en Wembley, por lo que si yo soy un privilegiado, imagínate Julio, que ya entonces era un loco del fútbol internacional que no te puedes imaginar, y de pronto se encuentra prácticamente sin capacidad de afeitarse con la posibilidad de empezar a trabajar profesionalmente con el fútbol en Wembley, el estadio, quizá con Maracaná, más mítico de la historia. Pues allí arrancamos.

¿Cómo fue el postpartido? Imagino a dos chavales jóvenes pensando: «Vamos a tomarnos una pinta, que hay que digerir esto».

Lo que hicimos fue bajar al césped. Entonces el fútbol estaba menos gobernado por normas de lo que está ahora. Todo, en realidad, era más de andar por casa. Entonces, cuando terminó el partido, hicimos todas las despedidas, nos quedamos un buen rato y cuando vimos que había posibilidad, nos bajamos al césped y recorrimos Wembley por el centro los dos, casi sin hablar, y para nosotros fue como una experiencia mística. No te voy a decir que no. «¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?».

¿Te fijaste en algún referente en aquellas primeras narraciones?

Probablemente igual que casi todos los demás que vinimos a la tele, lo hacíamos de nuevas y por lo tanto queríamos hacer las cosas de manera diferente. Yo tenía muy claro que había que acelerar el ritmo de la narración en televisión. Para mí, el referente era José Ángel de la Casa, que era una figura indiscutible y además amigo, que también nos ha dejado hace poco. Pero yo no quería hacer las cosas como José Ángel.

Quería tener el respeto que José Ángel le tenía al juego, el nivel de conocimiento para interpretar las cosas que José Ángel tenía del juego, pero yo no quería narrar como José Ángel, porque pensaba que había que narrar de una manera un poco más radiofónica.

Venía de la radio, pero tampoco quería hacer radio del todo, porque se había producido un episodio que a mí me marcó mucho precisamente en el verano previo al comienzo de las transmisiones: Antena 3 también compró una serie de partidos y José María García, que entonces era el director de todo, puso a un narrador mítico, a Gaspar Rosety, a hacer un partido en La Línea de la Concepción, del torneo de La Línea.

Se puso a narrar ese partido con la pasión con la que Gaspar narraba los partidos en la radio, y tú, en la terraza del bar donde lo estabas viendo, te parecía que aquello no pegaba. Entonces dije: «Tampoco tanto».

Si te pones a mirar narraciones de los años 90, 95, 2000, verás que el ritmo de nuestras narraciones se fue acelerando poco a poco. Lo primero que hicimos fue que las acciones centrales del juego, los goles, las ocasiones… ya se empezaran a narrar en la línea de lo que podría ser una narración radiofónica y el resto del tiempo respiraba más.

Poco a poco fui acelerando las narraciones para que tuvieran emoción de principio a fin, de manera que a día de hoy prácticamente a una narración nuestra podrías quitarle la imagen y te parecería que estás en una narración radiofónica.

De hecho, ha ocurrido una cosa terrible para mí, que es que las narraciones radiofónicas casi han desaparecido, porque como realmente ahora la radio por los carruseles solo tiene un partido, hay veinte o veinticinco personas que hablan en ese mismo tiempo, con lo cual los tiempos de narración de toda la vida se han recortado, porque hablan tres comentaristas en mesa, tres que están en el plató, dos arbitrales, uno que aporta los datos y el tiempo de narración de la radio, para mi gusto, cada vez es menor. A mí, como perteneciente a este oficio, lo que me gusta es escuchar el ritmo de narración.

Carlos Martínez

Han pasado los años y cuando escucho la canción de Desafío Total me viene el partido del CANAL+ a la cabeza…

Felizmente lo hemos recuperado. Estaba un poco olvidado sin utilizarlo un tiempo y a base de insistencia, Enrique lo vio fenomenalmente bien, se ha recuperado y creo que es un acierto.

No existía el temor de «¿va a querer la gente pagar por ver algo que ha sido gratis hasta ahora?».

Existía, y mucho, porque la sensación general del país era: «No voy a pagar por ver la tele. Si yo antes veía dos canales y ahora tengo seis o siete a mi disposición, no tengo tiempo de ver tantas películas, tantas series, tantos programas como me ponen en las privadas y en las autonómicas. Esto es un disparate, ¿quién va a pagar por ver la tele?».

El concepto de pagar por consumir no existía. Sin embargo, fíjate que sí existía en los videoclubs donde había una cierta cultura de coger tu peliculita para el fin de semana y verla por la noche. Sin embargo, por ver la tele, entre comillas, parecía una entelequia. Y realmente el principio fue duro, porque el número de abonados que se tenían que hacer no terminaban de salir. Las cuentas, el break even de la compañía con el número de abonados que tenía que tener, costó conseguirlo.

Pero apareció ese final de liga escandalosamente atractivo para los espectadores, una última jornada en la que se juega el campeonato, una última jornada en la que Madrid y Barça están jugándosela Liga, quién gana, quién pierde. Y claro, nadie tenía la capacidad de poner los dos partidos a la vez, entre otras cosas porque había una normativa entonces muy proteccionista, que era que si había fútbol en abierto no se podía poner el resto de la jornada contra ese partido.

En este caso, como en las dos últimas jornadas del campeonato, por norma, los equipos que se jugaban algo tenían que jugar a la vez, la única solución real para que se vieran los partidos era que les diera CANAL+. Y los hizo CANAL+.Y vaya la que se lio, porque lo que no hizo el Plus es hacer que pasara lo que pasó ahí: se dieron una serie de circunstancias que hicieron de aquello algo absolutamente mítico.

La forma de ver el fútbol era mucho más moderna con la realización de Víctor Santamaría, que en muchos momentos recordaba a la de los toros.

Nosotros teníamos claro en el libro de estilo -por decirlo de alguna manera, que yo creo que nunca se escribió- qué era importante y qué no era importante. Lo primero que era importante, la primera norma, era el respeto absoluto al juego. Es decir, que no fuéramos invasivos. Y luego pasó con los toros igual: que no se fuera invasivo, que no se alterara el espectáculo porque nosotros lo estábamos retransmitiendo. El espectáculo era el que era y nosotros retransmitíamos el espectáculo que era.

Y la segunda era intentar acercarnos lo más posible a todo aquello que el espectador se perdía en general. Veníamos de unas retransmisiones en las que hacer un partido con seis o siete cámaras era el acabose. Empezamos a poner una serie de gadgets tecnológicos que ayudaban a medir la distancia de la barrera, la velocidad de los disparos, se metieron minicámaras dentro de la portería, se puso el travelling para intentar seguir el juego, la velocidad de un extremo para ver el centro en el momento en que se producía.

A lo mejor te tirabas cinco partidos para ver ese plano, pero el día que veías ese plano ya tenías un spot de publicidad del asunto. En definitiva, todos teníamos claro que, ya que pretendíamos que se pagara por ver aquello, tenía que ser sustancialmente diferente y, por tanto, mejor a lo que estaba acostumbrado el espectador. Ese fue el leitmotiv. Entonces, las dos personas más importantes de la historia del Plus para mí son Víctor Santamaría y Alfredo Relaño, Alfredo Relaño y Víctor Santamaría. Los demás estamos bastante por detrás.

Había mucho mimo. Alfredo Relaño recordaba que incluso puso una cámara arriba en el fondo para grabar el sistema del Albacete de Benito Floro.

Claro, porque el concepto de la idea era: ¿Por qué teníamos muchas cámaras? ¿Por tener muchas cámaras? No, porque cada una de esas cámaras tenía una función de enseñar algo que no era fácil de ver. Víctor ponía un montón de cámaras alrededor, por ejemplo, del área, en distintas posiciones, porque para nosotros era como si nos clavaran una lanza en el costado que hubiera un penalti y no se aclarara: que un árbitro pitara un penalti y tú en tu casa no tuvieras las suficientes tomas como para ver clarito que de verdad había pasado aquello.

Igual pasaba con el fuera de juego. Aquello era una tensión muy grande. ¿Por qué? Porque toda la pretensión que tenía la retransmisión era enseñar realmente el juego de la mejor manera posible. Entonces la cantidad enorme de cámaras que había no eran plásticas.

Luego, efectivamente, el equipo de realización y el equipo de cámaras era un equipo tremendamente cohesionado. De hecho, los cámaras, los operadores de vídeo, los operadores de sonido, los operadores de imagen, eran siempre los mismos.

Teníamos el equipo que iba viajando a todos los lados. ¿Por qué? Porque había una coordinación extraordinaria. Tú veías a Víctor Santamaría realizar y te partías de la risa, porque había un mezclador, que en su momento fue el primero, Eliseo Cortizo, que venía de la gallega, como la primera hornada de realizadores, y Víctor de pie delante de sus dieciocho o veinte monitores y el otro pinchaba exactamente lo que el otro quería, que de vez en cuando decía cinco, pero de cada siete pinchazos no decía nada. Ni señalaba.

El otro ya sabía lo que Víctor quería con un gesto. La dinámica, el lenguaje audiovisual que generamos era muy potente y, además, muy descriptivo. Por ejemplo, eran muy llamativas las cadenas de repeticiones: cuando pasaba algo, empezábamos a poner las repeticiones, de manera que en el tiempo en que las televisiones clásicas ponían una o dos, nosotros poníamos ocho para aclarar al espectador la mayor cantidad de información posible.

También había normas muy claras: si la imagen dos es la que te deja claro el asunto, no sacábamos la tres, la cuatro, la cinco, la seis, la siete y la ocho para epatar. ¿Por qué? Porque la cosa era aclarar. ¿Ya se ha aclarado? Pues está aclarada. Ya está. No por seguir sumando capas al sándwich. Creo que la gente lo entendió. No sé si consciente o inconscientemente, empezó a valorarse las retransmisiones del Plus como algo sustancialmente mejor y eso fue probablemente parte del éxito del arranque.

Carlos Martínez

Estaba el partido del domingo, pero luego llegaba cada lunes El Día Después (Actualmente, los lunes en Movistar Plus+), como complemento perfecto.

El Día Después llegó a tener un 20,5 % de share. Eso, trasladado a cualquier programa deportivo a día de hoy, es una locura imposible de alcanzar. Los programas deportivos que ahora presumen de éxito no pueden tocar una cifra parecida ni de cerca. Con el mérito de que veníamos de codificado y volvimos a codificado. Es decir, esto arrancaba de cero, era una cita a las 20:30. ¡Pam! A poner la tele, que viene El Día Después.

¿Por qué? Porque la filosofía de El Día Después era la misma de las retransmisiones, era la misma del fútbol: enseñarte el fútbol lo mejor posible y, además, de una manera lo más divertida posible, sin hacer grandes dramas. El Día Después no pretendía generar polémica. Al revés, pretendía aclararla con las jugadas, que con el tiempo contratamos a Ramos Marcos para que nos explicara, o con la pizarra de Michael, para que nos explicara tácticamente las cosas a partir del segundo año, ya que el primero fue Nacho Lewin con Jorge Valdano.

En definitiva, lo que intentábamos todos y cada uno de nosotros era acercarnos al fútbol. La entrega era descomunal. Ahora, traspasado a los usos y costumbres del momento, creo que sería imposible. La vida de un ENG nuestro, de un reportero, consistía en que cogía su coche, su cámara, se iba a Valencia cuatro o cinco horas antes del partido, se dedicaba a buscar cosas por la ciudad, porque siempre veíamos reportajes antes e iba grabando distintas opciones.

Luego llegaba el partido, se comía el partido completo de arriba abajo buscando historias, no buscando retransmitir los highlights, que para eso ya estaban las cámaras de los highlights. Nosotros buscábamos historias que contaran el fútbol: un día era un señor, otro día era un recogepelotas, otro día era el del entrenador, otro día el del ante el centro, otro día una lucha de Pepito con Juanito. El tipo iba allí con los ojos muy abiertos para intentar encontrar cosas que tuvieran sustancia.

Después de eso, cogía el coche, se volvía por la noche, llegaba a Madrid a la una de la mañana, que no eran las carreteras de ahora, se ponía a montar distintas opciones: esto para el Ojo, esto para Coros y Danzas, esto para lo otro. Y a las ocho o las nueve de la mañana se iba a su casa.

Cuando nosotros llegábamos del partido, de la retransmisión, teníamos una reunión a las diez o diez y media de la mañana, revisábamos todo ese material y se decidía qué era para vídeo y qué no era para vídeo. Y se llamaba al redactor y se le decía que viniera porque tenía un vídeo. Se había acostado a las ocho y a las doce estaba aquí como un clavo para hacer tres minutos de televisión y entregarlos a las ocho de la tarde, siendo tres maravillosos minutos de televisión.

Esa era la vida de los ENG y ese era el secreto de El Día Después. Se podía presentar mejor, se podía presentar peor, pero las historias eran de los ENG. Y este programa, treinta y seis años después, sigue siendo exactamente igual. Lo que hacemos nosotros en la mesa no importa, lo podrían hacer los teleñecos. Lo que importa es que contamos historias y que la magia del fútbol es que treinta y seis años después seguimos encontrando historias.

Toda esa generación que crecimos con El Día Después, ahora lo vemos con nuestros hijos.

Lo que hemos redescubierto nosotros y de lo que estamos mas orgullos en los últimos dos o tres años es que efectivamente eso está pasando. A lo mejor solo tiene que ver, por quitarnos mérito, con que hay cada vez menos formatos en la tele para compartir en familia, pero El Día Después es un programa para compartir en familia, que le va a gustar al padre, a la madre y a los hijos, sean o no forofos del fútbol.

Porque al final el fútbol es una excusa para hablar de la vida, de las historias de la gente y de cómo es el personal. A veces para hablar bien y ver que hay una acémila racista a la que hay que denunciar, y la mayoría de las veces para hablar de que hay un montón de gente buena por el mundo que vive sus ilusiones y que se lo pasa lo mejor posible.

La mirada de El Día Después sigue siendo esa mirada amable: nosotros no vamos a poner nunca voz a Mbappé para meterle en un lío, sino para pasar el mejor rato posible, porque seguimos pensando que el fútbol es entretenimiento y que nosotros estamos para entretener.

El Día Después me lleva a la figura de Michael Robinson, que ha convivido contigo veintiocho de años. Te leí una frase muy bonita en la que lo comparabas con Karlos Arguiñano.

Creo que son los dos mayores comunicadores, en cuanto a traspasar la pantalla, de los que ha habido en los últimos treinta o cuarenta años en nuestro país. Claro que hay grandes comunicadores en nuestro país, pero gente que ha traspasado la pantalla como para convertirse en alguien al que todo el mundo invitaría a la celebración del cumpleaños o la comunión de sus hijos, Michael y Karlos Arguiñano.

Se cumplen ahora seis años de su muerte y yo le echo mucho de menos. Estoy muy bien con Julio y con Álvaro, lo pasamos genial, pero con Michael fueron veintiocho años de mi vida, de viajar y de compartir. Además, cuando estás al lado de un personaje tan carismático, es imposible no echarle de menos. Pero Michael, como él decía, vivió dos vidas en una, se lo pasó muy bien, hizo pasárselo muy bien a la gente y no se fue ni pronto ni tarde: se fue cuando le tocó y lo único que podemos hacer los que le queremos es recordarle con la sonrisa que él hubiera deseado que tuviéramos.

Se fue en paz y en calma, que es complicado.

Hasta en eso fue una lección extraordinaria su adiós. A mí un día, en medio de la terapia, me dijo: «A ver, esto me va a matar, yo lo sé, pero me va a matar un día. No me va matar cada uno de los días que pasen hasta que me mate, así que le den». Y efectivamente, en esos dieciocho meses de pelea, claro que no renunció a buscar terapias de todo tipo, como se debe, pero no le vi derrotado por el cáncer en ningún momento.

De hecho, el último partido que hicimos fue en Anfield, con el Atlético de Madrid, y fue el último con público antes de la pandemia. Al día siguiente de ese partido se cerró todo y Michael cerró el capítulo del fútbol también.

Imagino que cuando ibas a los campos con él es como si lo hicieras con Beyoncé.

La tele es un fenómeno un poco curioso, al que la gente le da una importancia que realmente no tiene. Nosotros ni hemos inventado la pólvora, ni hemos salvado vidas, ni hemos inventado el nuevo antibiótico que cure no sé qué. Entretenemos los domingos, pero es verdad que Michael siempre decía eso, que nos dejan entrar en los salones de la casa y que, por lo tanto, nos convertimos en personajes muy familiares.

A Michael todo el mundo le quería saludar, hacerle una gracia. En aquella primera época no había tanta historia de los teléfonos y, por lo tanto, la gente nada más que le pedía un autógrafo, o cuando ya los móviles empezaron a ser archipopulares, ya hacían cincuenta millones de fotos. Él no vivía eso con demasiada felicidad.

Él, la mayoría de su tiempo libre se pasaba en sitios donde no hubiera jaleo. No es que le molestara la popularidad, pero sí le molestaba ese momento en el que estás conversando con un amigo y alguien viene y te interrumpe, y luego viene un segundo, un tercero, un cuarto y un quinto, y al final dejas de conversar con el amigo o directamente decides que no vas a ir con el amigo a ningún bar nunca más, porque no puedes tener una conversación.

Lo llevaba regular ese tipo de cosas y en algún momento pudo llegar a ser hasta hosco, hasta borde, pero no ha habido un personaje más popular. Ir a donde fueras con él era como ir con una megaestrella, que es lo que era.

Carlos Martínez

Muchos fines de semana me meto a twitter y te veo como trending topic. ¿Cómo te sientan las críticas?

No creo que eso sean críticas. Para mi gusto, distingo claramente lo que es una crítica y lo que es el calentón, el exabrupto de alguien que vive de una manera tan apasionada las cosas, que decide que le ha gustado o no le ha gustado en función de que su equipo ha ganado o perdido.

Yo puedo ser el mejor narrador el día que su equipo gana y tener la culpa el día que su equipo palma, porque alguien la tiene que tener. Luego sueltan cuatro tuits, por cierto, diciendo barbaridades que a nosotros no se nos ocurriría ni pensar de los futbolistas que han perdido.

Me hace gracia porque yo lo veo casi como un estudio sociológico: igual cuando me ponen a parir, me pongo a mirar y de pronto descubres que ese señor que te está tachando de anti su equipo acaba de decir unas cosas de sus jugadores que piensas: «Si alguien desde la prensa dijera algo similar, no es que sería anti, sería de delito».

Es el calentón que tiene el fútbol, pero a mí no me afectan en absoluto. Primero, porque acusarte de cosas que tú sabes que no eres, ¿qué más da quién te acuse? Es que a mí me acusan los del Barça, los forofones del Barça, de ser madridista, pero no madridista, sino poco menos que cobro de Florentino. Los forofones del Madrid, que al revés, que soy el antimadridista más recalcitrante de la Tierra; los del Betis, del Sevilla; los del Sevilla, del Betis. En treinta y seis años nunca se me ha acercado nadie a decirme: «Tú que eres de mi equipo». Eso no me ha pasado.

Yo siempre soy del equipo rival. Entre otras muchas cosas, he llegado a desarrollar la teoría, que charlo a veces con amigos que son muy forofos y que dicen lo mismo, en función de lo que son, si son del Barça creen que soy del Madrid, si son del Madrid creen que soy del Barça. Yo les digo: «Lo que te pasa es que no me has oído nunca cantar un gol de tu equipo.

Tú, en el silencio de tu casa, cuando canto un gol del rival y lo canto emocionado porque lo merece, es como si te clavo un puñal en el costado; tú estás en silencio absoluto, como si estuvieras en la catedral de Sevilla escuchando la misa del gallo, y aquello te resuena como ‘me están hiriendo’. El día que yo canto un gol de tu equipo, que lo canto igual, por cierto, es que tú no me oyes porque estás ahí pegando brincos y abrazando al de al lado. Y por lo tanto, siempre me oyes contar los del rival y nunca los tuyos». Creo que eso se extiende a casi todo.

Las redes lo que sí han traído es la capacidad de que la gente que tiene, entre comillas, peor humor, se encuentren entre ellos y consigan alimentar teorías que a veces son recogidas por los medios de comunicación serios. Felizmente, poco a poco ya deja de pasar, pero el «Carlos Martínez enciende las redes», visto una semana detrás de otra en periódicos serios, a mí me llevaba a pensar mal del periodismo, porque la realidad de la vida no es la que pasa en las redes.

La realidad de la vida es pasearse alrededor de un estadio donde la gente generalmente lo que quiere hacer es una foto, felicitarte, hablar bien, hablar de El Día Después, decir que le gusta cómo narras. ¿Que alguien se acerque a increparme? Me ha pasado, pero rarísimamente, mientras que lo otro te pasa permanentemente. Si fuera por lo que dicen las redes, habría que salir con una tanqueta a la calle a protegerte, no podría ir ni a comprar el pan.

Florentino dijo en 2021 que «Movistar no nos trata bien».

Porque Florentino piensa que lo que ocurre en la tele en general y en los medios en general no es suficientemente de su agrado. Y la verdad es que si no es suficientemente de su agrado, es que se están haciendo las cosas bien, porque la idea de los medios de comunicación no es ser suficientemente del agrado de un presidente, sino contar las cosas con la emoción y la pasión que pasan.

Porque, entre otras cosas, a nosotros nos pagan igual, la misma cuota, el abonado del Murcia que el del Madrid, el del Barça, el del Atlético de Madrid o el del Zaragoza. No hay distingos y debemos tratar a todos los abonados con el mismo respeto.

«Nosotros estamos para contar las cosas bonitas, no para regocijarnos en las feas», te he escuchado decir alguna vez.

Esa es una filosofía de esta casa que te decía al principio. No voy a obviar la verdad y si veo una entrada que va a hacer daño, intentaré señalarla como algo peligroso. Pero en vez de hacer un editorial de dos minutos y medio para crucificar a quien lo haya hecho, será un comentario que deje claro que nosotros pensamos que eso está mal hecho, pero no un drama nacional.

Igualmente, si un árbitro se equivoca o no con un penalti, diremos que creemos que se ha equivocado, pero no haremos una teoría de la conspiración para parecer que todo el mundo altera los resultados para que pasen no sé qué cosas. Pues no, porque entre otras cosas no creo en ello. He visto tanto fútbol como para saber que eso es ridículo. Intentar decir que los árbitros pitan para un lado, pitan para otro, de manera organizada, con un señor que llama y levanta el teléfono y dice: «Oye, esta semana o este año…»

Eso no cuela, eso no va a ningún lado. Pero la gente paga por ver lo que hacemos. Así que, ¿por qué no intentar que pase el mejor rato posible? Y si veo dos sombreros, un caño y una cosa espectacular, ¿por qué no voy a dedicarle los adjetivos que merece y voy a hablar de lo excepcional que es eso? ¿Por qué no voy a hacer eso en vez de dedicarle el triple de tiempo a un mal control? Todos hacemos malos controles. Yo me equivoco de manera permanente, nos equivocamos todos. La cosa es qué aportas o qué dejas de aportar.

Carlos Martínez

¿Qué te parece que ahora en los partidos puedan seleccionarse otras pistas de audio que no sean la vuestra?

Me parece fantástico. Hace muchos años que pasó y me acuerdo cuando me lo contó el entonces director general de contenidos, Alex Martínez, lo hizo hasta con cuidado, como diciendo: «Te va a molestar, pero hemos decidido…» Y le dije: «¿Por qué me va a molestar? Esto es una tele, la gente paga por ella, por lo tanto darle la mayor cantidad de servicios posibles a la gente, al abonado, es lo correcto».

Claro que una narración en tu lengua vernácula te puede apetecer, cómo no, suma. Lo importante es que seas abonado y que estés feliz por ser abonado. Yo no soy nadie. El día que me jubilen vendrá uno y lo he dicho tantas veces que la gente no se lo va a creer, pero con que no sea tartamudo, no pasa nada. Al día siguiente se acaba el problema.

Al revés, a mí me parece que lo que eso genera es la capacidad de que el abonado encuentre su lugar para ser feliz. Pasa muchas veces, que es curioso, que hay alguien muy acérrimo de un equipo y que tiene una versión de ese equipo, pero sin embargo decide escuchar la nuestra para criticar: Bueno, para gustos, los colores.

En el año 2022 se apuntó la posibilidad, pero ¿qué supondría para ti dejar de narrar?

Cuando me retire, que espero que sea dentro de muchos años, porque francamente no tengo ninguna sensación ni de aburrimiento, ni de cansancio, ni de hastío, ni de nada por el estilo, me dedicaré a otras cosas y ya está, porque no tengo ninguna sensación de trascendencia. Habrá otro, lo hará mejor o al menos igual, y no pasará absolutamente nada, ni para el que lo haga, ni para la tele, ni para mí mismo.

¿Lo voy a echar de menos? No. Voy a disfrutar cada momento como disfruto en la actualidad y el día que se acabe este momento disfrutaré de otras cosas. En el fondo, soy un disfrutón y eso lo aprendí mucho de Michael. Lo que hay que hacer es disfrutar de lo que tiene uno delante y no estar comiéndote la cabeza demasiado con lo que podrías haber hecho. Lo que podrías haber hecho es lo mismo que lo que no has hecho.

No has hecho lo que podrías, has hecho lo que has hecho. Pues ya está. Llevo treinta y seis años en esta casa disfrutando del primero al último. Seguiré estando aquí mientras me aguanten, porque no tengo ninguna sensación de querer jubilarme ni de apartarme de nada. Y el día que pase, buscaré actividades, que hay cien millones, para seguir disfrutando de la vida, que es de lo que se trata, y para intentar llevarse bien con la gente, que también me apetece.

¿Con qué momento te quedas de todas tus retransmisiones? Intuyo que el gol de Iniesta.

¡Claro! El gol de Iniesta.

¿En que momento de la jugada sabes que es gol?

Una de las cosas que debes hacer si narras es intentar estar lo más encima posible de la acción con tus palabras. Y para eso tienes que intentar mentalmente, y no verbalmente, anticipar las cosas. A mí me da tiempo hasta a cantar que no están fuera de juego porque lo tengo clarísimo. Cuando la pelota va a salir, ya digo no solamente va a ser gol, sino que no están fuera de juego.

Porque al final desarrollas una habilidad a la hora de narrar que tiene que ver con eso. Si la única dificultad que tiene lo mío es decir quién lleva la pelota y qué opciones va a haber. Es simplemente acompañar a la gente, pero sí que hay una sensación.

Ese Mundial, desde el partido contra Suiza, cuando terminó el partido, me dio la corazonada de que íbamos a ganarlo. Tenía la sensación de que aquella selección no podía hacer otra cosa que crecer. Ahí hubo una serie de momentos absolutamente claves: el penalti de Casillas contra Paraguay, el gol de cabeza de Carles Puyol en la semifinal de Alemania… Fueron pequeñas intuiciones.

Antes de ir al lanzamiento de ese córner contra los alemanes, en la narración digo: «¿Por qué no va a ser de córner?», que no metíamos un gol de córner desde el siglo XV. «¿Por qué no?» Pues ahí fue el animal de Puyol, se tiró por encima de toda esta gente y le pegó como si tuviera un martillo pilón.

Para ganar un Mundial tienen que pasar muchas cosas, Tienes que ser muy bueno y tienen que darse ciertas circunstancias. Hay un montón de equipos en la historia que han merecido ganar la Champions y no la han ganado. Hay otros que la han ganado cuando nadie se lo esperaba, y en el Mundial pasa un poco igual. Ganar, además, es una costumbre.

Brasil ha tenido muchos equipos, pero ellos creen que pueden ganar un Mundial. El Madrid, la Champions. Incluso en años en los que no hay muchas razones objetivas, salen y la ganan. Eso forma parte del ADN de los equipos. Aquella selección ganó dos Eurocopas y un Mundial seguidos, sabía ganar. Y quién sabe con esta generación…

¿Ves que se puede repetir ahora?

Esta generación a mí me gusta mucho, porque tiene mucho de eso. Yo arranqué la transmisión del Mundial diciendo algo así como que nunca habíamos tenido el derecho a pensar que íbamos a vivir una final, porque el aficionado y el jugador eran, entre comillas, acomplejados o hechos a la idea de que no había opción real de ganar las cosas. Que haríamos un buen papel, que lo haríamos bonito… pero que ya llegaría un codazo, un no sé qué, un árbitro, lo que fuera, e íbamos a quedar fuera siempre.

Esta generación, la que tiene ahora Luis de la Fuente, no la veo contaminada de nada de eso. Al revés, la veo contaminada de lo contrario, de: «Somos buenos y podemos demostrarlo». No de crecidos, que es otra cosa que es fea, pero «somos buenos y podemos demostrarlo». Y a mí no me extrañaría que nos volvieran a traer una estrellita.

Carlos Martínez

En Italia o Estados Unidos había grandes equipos, pero nunca nos llegamos a ver realmente como campeones.

Correcto. Y es una mentalidad que se ha construido a través del éxito de los equipos y de las selecciones, porque los títulos no solamente han llegado porque España lo hiciera bien, sino porque han llegado un montón de títulos a nivel de clubes. El Sevilla ganando varias Europa League, el Atlético de Madrid, el Villarreal… Estamos hablando de un par de décadas del fútbol español ganando mucho aparte de las Copas de Europa del Madrid y del Barça, de una facilidad para la victoria que ha hecho que eso se convierta en parte del ADN del futbolista español.

También esos jugadores que se han ido a la Premier a ganar.

Y que han seguido ganando. Nosotros somos una referencia clara en el fútbol mundial, no solo como país, sino como futbolistas y también como técnicos.

Antes habías vivido un Mundial con Maradona.

Otro privilegio. Fueron cuarenta días con Diego todos los días. Eso no tiene precio. A veces con Julito lo decimos: «somos tan inútiles que ni siquiera tenemos una camiseta firmada por Maradona». Al final, por no andar pidiéndolo… y eso que nosotros todos los días estábamos juntos, hablando de fútbol hasta las cinco de la mañana.

En primer lugar, le pillamos en una época maravillosa para él, porque él venía de la estancia en Cuba, de operarse el estómago, y estaba en 70 kilos y para jugar.  Estaba con pechuga de pollo, lechuguita y agua mineral, y estaba imponente. Fue una especie de tiempo en el que controló sus adicciones de manera total y aquello fue el paraíso. Si te gusta el fútbol, el paraíso, porque Diego es Dios en el fútbol. El día a día era muy ajetreado, porque antes hablábamos de Michael: pues eso multiplicado por cinco mil. Diego no podía hacer nada que se considerara normal.

Tenía que llegar a los hoteles por la puerta de atrás, teníamos que esconderle con furgonetas tintadas, para ir a comer, se reservaba un restaurante a ser posible cutre, en una barriada cutre de una ciudad a veinte kilómetros de la que estábamos, a la que se llamaba a la familia argentina que lo regentaba para decir que cerraban el local y que le llevábamos una sorpresa, pero que no podían decir nada a nadie…

Allí llegaba la familia y nos daban de comer y nos quedábamos hasta las cuatro o las cinco de la mañana, con un asado, con una pizza, con una pasta, porque uno no podía ir a un restaurante normal ni podía pasearse por ningún lado. Hay un montón de anécdotas. Cuando a la gente se le va la boca hablando del poco ejemplo que ha sido Maradona, no es consciente de lo difícil, de lo imposible que era ser Maradona.

Te voy a contar una anécdota de un día que define un poco de qué va la cosa. El primer partido del turno del día era un España-Ucrania. Estábamos en Leipzig y después se jugaba Alemania-Polonia, que es un duelo histórico y regional. El hotel en el que estábamos se situaba justo enfrente de un parque donde estaba el fan fest, y era tan grande que habían puesto una pantalla gigante y otra al lado para tener a veinte mil alemanes en un lado y veinte mil alemanes en el otro.

Era una avenida por la que pasaba el tranvía, limpia, diáfana, el parque y la fachada del hotel. Cuando nosotros terminamos el partido contra Ucrania, le mandé a Diego con los asistentes que tenía y con el chófer al hotel, porque nosotros seguíamos con el postpartido de España. Salimos corriendo cuarenta o cincuenta minutos después de hacer el postpartido para ver el Alemania-Polonia, porque Julio y yo no nos queríamos perder nada.

Llegamos al hotel y el parking, como era un edificio muy antiguo, estaba debajo del parque y no estaba debajo del hotel, con lo cual había que salir y cruzar la calle para ir a la puerta. Detrás teníamos el jolgorio del fan fest de los alemanes y cuando vamos cruzando el paso de cebra, de pronto miro a mi izquierda y veo a Maradona con el guardaespaldas que le acompañaba, que era un chico cubano que tenía unos brazos como mis piernas, en el perfil del guardarraíl del tranvía, mirando las pantallas gigantes del fan fest.

Cuando lo vi pensé: «Otra vez», porque nos hacía una de esas cada poco. Al momento, me acerco y digo: «Tú no puedes estar aquí. Tú ya lo sabes. Tú no puedes estar aquí. Hay cuarenta mil alemanes, veinte mil de ellos borrachos. Tú no puedes estar aquí, lo sabes». Y él se me pone a hacer un discurso de Martín Fierro y empieza: «Estaba allí en mi suite, mirando qué grande es el fútbol. Mira estos tipos, míralos, son alemanes, mira cómo vibran. Yo estaba allí en mi jaula con el cristal, quería sentir, y he bajado para sentir el fútbol, porque el fútbol es lo más grande». «Ya, ya digo, pero tío, tú no puedes estar aquí».

En eso, pasa un grupo de rezagados por el paso de cebra, de esos que venían de incorporarse al partido, como veinte o treinta con las banderas. De repente, uno se gira un poco y empieza: «¿Maradona? ¿Maradona? ¡Maradonaaaaaa!». Entonces comienza a surgir un clamor: «Maradona, Maradona» y empieza a salir gente del fan fest. Los guardaespaldas, un alemán por aquí, otro por allá…Había cuarenta metros a la puerta del hotel y casi no llegamos; salió la gente de la seguridad del hotel, hicieron un pasillo, nos lo hicimos entero como pudimos. Eso era Maradona: una persona que quería tener un contacto con la normalidad y que no podía.

Carlos Martínez

¿Qué significaría narrar una final de Champions entre Real Madrid y FC Barcelona?

No he narrado una final de Madrid-Barça en Champions. He narrado finales de la Euro con España ganando. He narrado una final de un Mundial ganando España. He narrado finales de equipos españoles a punta pala y ganándolas. De hecho, todas las que he narrado, menos la del Betis, las han ganado los equipos españoles, siempre. Y sí, claro que falta una final más, Madrid-Barça, para poderla narrar.

De hecho, yo creo que es una asignatura pendiente, no mía, sino del fútbol europeo. Estamos hablando de dos de los gigantes nuestro continente y si hablamos de ellos, como mucho nos salen seis o siete. Dos de ellos no se han enfrentado en una final, que son Madrid y Barça. Del mismo modo, lo que es evidente es que nos hace mucha ilusión que lleguen los equipos españoles a la final. Y ya te digo, si son dos, mejor.

Llevamos muchos años de duopolio Real Madrid – FC Barcelona en la Liga. ¿No llega un momento en el que el producto se empobrece? No sé cómo valoras tú eso desde dentro.

Si no podemos hacer nada, yo intento valorarlo lo menos posible. ¿A mí me gustó narrar la Liga del Dépor? Pues claro. ¿Me gustó narrar la Liga del Valencia? Pues claro. ¿Me gustó narrar la Liga del Atlético de Madrid? Pues claro. Lo cual no quiere decir que me disguste narrar la del Madrid o la del Barça, pero el tiempo en que vivimos es este, en estos instantes, y no podemos hacer otra cosa más que contar lo que ocurre, y no inventar cosas que no ocurren.

¿Ocurre que ahora mismo Madrid y Barça se están jugando el campeonato un año detrás de otro y que los demás están bastante más atrás? Ojalá llegue el momento en el que haya más disputa, porque cuanta más disputa hay, más bonito es el deporte, en el fútbol y en todo.

Cuando Merlene Ottey ganaba ochenta carreras seguidas de cien metros lisos estaba bien, pero ya llegaba un momento que decías: «Oye, a ver si algún día no gana Merlene Ottey». Esto es igual, podría ser interesante, pero lo que hay es lo que hay, y es Madrid y es Barça, y es contar esa circunstancia. Lo que desde un punto de vista comercial es más rentable para la cadena, como no puede ser de otra manera, es que las cosas duren lo más posible y que haya emoción hasta el final.

En la Liga, en la Champions, en la Euroliga, en el torneo de la galleta y donde sea, porque cuanta más emoción hay, más capacidad hay para vivir las emociones. Y como esto va de vivir emociones y nosotros de transmitirlas, cuanto más dure, mejor.

Se nota que físicamente tú te cuidas.

Bueno, es más genética que cuidarse.

Me han dicho que haces submarinismo.

Hago muchas cosas: hago submarinismo en cuevas, esquío, escalo, ando por el monte todo lo que puedo, juego al golf, pero yo al gimnasio no.

¿No hay ninguna preparación para afrontar tanto partido?

Tengo mis rutinas. En mi tiempo libre no soy como Julio. Veo mucho fútbol, como te puedes imaginar, pero no tanto como Julio. El tiempo libre lo dedico a hacer cosas en la naturaleza y además, en muchas ocasiones, solo.

Esta mañana he ido a las seis de la mañana al Alto Tajo y me he acabado de hacer una ruta por ahí solo de veinticinco kilómetros. Me gusta mucho el contacto con la naturaleza y con las cosas que se pueden hacer. Me gusta esquiar y esquío lo más fuerte que puedo, me gusta escalar y escalo las paredes más grandes que puedo y me gusta bucear, y ahora me ha dado por el buceo en cuevas, y hago buceo y ya está. Pero eso de ir al gimnasio, no. Hace veinticinco años que yo no voy al gimnasio.

No te voy a preguntar cuál, pero ¿tienes equipo?

No. La verdad es que, como todos los que hemos llegado al periodismo deportivo, lógicamente era porque nos gustaba de pequeños. Tenía mi equipo, que en mi caso no era rebeldía, era el de mi familia, que todos eran del mismo equipo y todos siguen siendo del mismo equipo. He nacido en Madrid, pero toda mi familia se enfada porque no disfruto o vibro cuando me toca narrar y estoy en casa con mi hermano viendo el partido.

Dice: «Es que te da igual». Pero es que para mí ya es trabajo. Es muy diferente. A mí me encanta el fútbol, disfruto con una acción individual del que sea, pero ver el partido con la sensación emocional de «va a ganar mi equipo», hace veinte años no me pasa. Simplemente no ocurre. No sé si incluso envidio esa sensación.

Veo a Alvarito, que evidentemente por su trayectoria y por haber jugado tanto es simpatizante del Real Madrid, como todo el mundo conoce, pero tiene la ecuanimidad para hablar de los demás con la profesionalidad que se nos exige a todos. No sé si envidio esa sensación de pasarlo bien o pasarlo mal en función de si gana o no. La verdad es que, como te decía antes, no la tengo. Termina el partido y ya está.

Carlos Martínez

Esto choca con los días en los que vivimos hoy de periodismo de bufanda.

Creo que hay mucho ruido en el periodismo de camiseta. Hacen mucho ruido los que ejercitan la profesión de esa manera, que yo creo que es perfectamente lícita, pero hay muchos más periodistas que no ejercitan la profesión con la camiseta y lo que ocurre es que hacen menos ruido. Uno de los componentes de nuestra sociedad, de eso no hay ninguna duda y las redes sociales ayudan, es que el ruido domina la escena.

La notoriedad, la algarabía, la capacidad de dar espectáculo está muy presente en nuestras vidas y el periodismo de toda la vida no era eso. El periodismo de toda la vida es informar, contar… y ese hace mucho menos ruido. Y ese, que hace mucho menos ruido, sin embargo, para mí es el mayoritario y, por cierto, el que yo consumo.

26 comentarios

  1. Pingback: Carlos Martínez: 36 años narrando el fútbol desde la pasión y la dedicación - Hemeroteca KillBait

  2. No es Merlene Ottey el mejor ejemplo de «ganadora» 🙂

  3. Uno de los tipos más despreciables del periodismo deportivo español (y son legión) por su repugnante y nada oculto antimadridismo. No creo que haya un solo ser con el cerebro en funcionamiento que piense que este ser es del Madrid, por mucho que él diga que seguidores barcelonistas le tachan de madridista. Cuando se junta con Maldonado (llamar Maldini a este hombrecillo es una absoluta herejía) es como escuchar el no-do franquista en versión antimadridismo. Y por cierto, él es del Atleti y, por supuesto, furibundo del Barsa (inolvidable aquel «se nos escapa la liga»).

    • Roban y luego lloran

      El NO-DO era franquista. Tan franquista que nunca habló mal del Madrid. José Andrés es madridista, con eso está dicho todo.

  4. Una entrevista muy interesante.Hace bastantes años que no vivo en España pero recuerdo las retransmisiones de Canal + que eran claramente mejores al resto. Por los narradores, los cámaras, etc. Dicho esto, me llama la atención que con tantas entrevistas futboleras en este medio no toque nunca hablar de Negreira. Carlos Martínez ha vivido toda esa época. La pregunta sobre Florentino casi nunca falta en cambio. Ya sabemos todos lo que piensa el presidente del Madrid sobre la pensa desde hace más de dos décadas.

  5. ¿Nada que preguntar sobre Negreira?

    Carlos Martínez era director de un programa de TV en el que participaba el hijo de Negreira (que no es árbitro) en… ¡valorar las actuaciones arbitrales! Hay videos por la web, y por supuesto que la dirección de sus valoraciones ni cotiza.

    Esto, Carlitos que se pone muy digno, nunca lo ha aclarado ¡Con las ganas que tiene de hacerlo! pero como no le preguntan…

    En fin, que si Negreira no existe, o peor aún, no tiene la menor importancia, que vayan al juzgado y se lo digan al Fiscal, al Juez y a la Guardia Civil, que llevan años haciendo el gilipuertas investigando cacofonías.

    • Roban y luego lloran

      Figurate José Andrés que es nada lo de Negreira que lleva 3 años y solo se estira por tu equipo que está de acusación.

      Aquí te dejo la anterior
      ⚖️ El Tribunal Supremo confirma la absolución del jugador de fútbol Neymar y exdirectivos del FC Barcelona en relación con su fichaje en 2013

      «Era BCN o Madrid y mi corazón siempre pidió para ir al Barça» Neymar.

      Esto es lo que nunca pudo soportar Florentino, que había ofrecido más dinero del que ofrecía el FCB para fichar a Ney.

      De aquí salió el bulo de que el FCB pagó 95M€, para justificar sus relatos. Ahora es Negreira.

  6. Se os ha olvidado preguntarle cuántas veces es capaz de decir la palabra «costado» en una retransmisión. Una vez conté 117 veces, dos de ellas antes incluso de que empezara el partido, incluyendo varios «saque de costado» por «saque de banda», y un maravilloso «cambio de costado» cuando los equipos cambiaron de lado al empezar la segunda parte.

  7. «Se nos esca… se le escapa la liga al Barça». Nada más que añadir, señoría.

  8. Roban y luego lloran

    El Barcelona es el único club al que le anulan goles legales sin ningún tipo de disimulo. Ya son cuatro en las dos últimas temporadas. No existe ningún otro equipo tan perjudicado por los arbitros en los últimos años. Ninguno se le acerca.
    Ayer Ferrán.

    • Tic, tac, viene la FIFA

      Me has hecho caso y estás haciendo horas extra para acabar tu colección de juguetes pagada por Jan, muy bien. Porque si eres un adulto tienes un problema serio.

      • Roban y luego lloran

        Un tipejo que se pone tic tac habla de madurez. Así es el madridista medio

      • Pobre tic tac

        Hoy ya te darás cuenta que eres un engañado más y víctima del madridismo sociológico. El pobre seguro que no aparece más. Y no es el Barça, Negreira o yo, es él que vivió engañado.

  9. ‘ Y la verdad es que si no es suficientemente de su agrado (Florentino) , es que se están haciendo las cosas bien‘.
    Creo que en esta respuesta está todo lo que se debe saber de C. Martínez. Nunca le oiréis decir algo mínimamente parecido de Laporta, Rosell, Bartomeu o Gaspart, presidentes del FC Barcelona que pagaron a Negreira 8.4M€ entre el 2001 y el 2018. Negreira era el vicepresidente de los árbitros y decidía qué árbitro subía o bajaba de categoría, si se iba a la nevera o arbitraba la final de la Copa del Rey.
    Como bien dice Josif, él se pone muy digno mientras ha tenido al hijo de Negreira en su programa (el mismo al que han pagado miles de euros árbitros actuales de la Liga) o no dice ni pío cuando Mediapro censura imágenes que no le molan al dueño de esa productora (que casualmente es socio del FC Barcelona).
    Por cierto, se le ‚olvida‘ al entrevistador y al entrevistado que el comentario sobre Movistar lo hace Florentino respondiendo a una pregunta de un socio en una asamblea del Madrid. El socio se refería a la censura y selección de las imágenes durante las retransmisiones de los partidos.

    • Roban y luego lloran

      José sigue llorando por un bulo. En cualquier caso, supongamos que se pagaba por calificar a los árbitros que es lo que hace Yolanda Parga. Respétate muchacho.

  10. Yo quito sus comentarios cuando juega el Madrid. Todos los madridistas sabemos de qué pie cojea este señor. Ahora venís con esta entrevista para intentar blanquearlo y si lo hacéis es por algo. Me ponía cabreadisimo porque se pone de árbitro y enjuicia las jugadas, curiosamente siempre encontra del Madrid. Además se de su estrategia, es sibilino, en jugadas o faltas a favor del Madrid baja su tono y deja dudas de si es o no falta, sin embargo cuando es al contrario levanta el tono le pone más énfasis y se adelanta muchas veces diciendo va a sacarle tarjeta o va a pitar penalti. Parece que sus palabras las escuchan en el VAR. Se te nota mucho Carlos Martínez. El madridismo debe boicotear a esta panda de antimadridistas y sus medios.

  11. Negreira Negreira Negreira

    ULTIMA HORA

    Rafael louzan reconoció recibir PRESIONES ARBITRALES por parte de Florentino perez

    Se cesó a TODO EL CTA,excepto a Yolanda parga,MUJER DEL DELEGADO del Real Madrid

    Saquen conclusiones DEL ESCÁNDALO del cerro grande de ayer

  12. 🗣️Héctor Bellerín: “¿Las quejas del Real Madrid tras el empate? Yo también me puedo quejar de la mano de Brahim. Que el Madrid se queje después de todo es surrealista”.

  13. Shenzhen2020

    No pienso leer nada de lo que diga este señor. La deriva de sus comentarios, y de todas las retransmisiones de Movistar, desde la ausencia de Michael Robinson (el único, visto lo visto, que tenía valores e integridad), es lamentable y vergonzosa.

  14. Roban y luego lloran

    Un Barça lleno de niños, en la peor crisis económica de su historia, ha ganado 3 de las últimas 4 Ligas.

    Por eso y muchas más cosas, somos el mejor club del planeta.
    Como tiene que estar el merengon medio señores, esto es lo que les hace echar espumarajos estos ultimos años, y ellos en el mejor momento economico de la historia del deporte y con bappe

    • Tic, tac, viene la FIFA

      «El mejor club del planeta». Hay que tenerlos cuadraos para decir eso después de haber sido eliminado tres veces en diez años por el Atlético de Madrid. O por el peor Inter de los últimos 50 años. O por el Salchicha de Frankfurt humillándote en el Spotify.
      Aquí juegan con red, desde que se fue Erzik (el último año que ganó la Champions, curioso) son el hazmerreír en Europa. Igual de curioso que dejar de pagar a Negreira justo cuando deja el cargo de vicepresidente. Igual de curioso que al dejar de cobrar les amenace, diga que les puede ayudar con el VAR y hacerse Roures con el control. Igual de curioso que meter a uno de la junta directiva del Barça justo antes de que salga a la luz el Caso como presidente del CSD y que lo único que haga en esos meses es votar a favor de acortar las penas de corrupción deportiva. Y así todo.
      Ya sé que te pagan por decir estas cosas por las redes, pero no hace falta llegar a este nivel de bochorno.

      • Roban y luego lloran

        Ahí está. El peor Inter llega a la final, y todas las eliminatorias con el Inter con arbitraje José Plaza. Lo del Atlético ni lo digo. Ahí tenemos contra el Betis lo que lloraron los franquistas, y le robaron al Betis dos penaltis y una expulsión. Así todo, el madridismo sociológico. Todavía habla de opiniones pecuniarias. El pobre.

  15. Pruebas y + pruebas

    BREAKING: Gianluca Rocchi, designador de árbitros en SerieA y SerieB, es investigado por complicidad en fraude deportivo y presiones ejercidas sobre el VAR & AVAR en las dos últimas temporadas.

    El Inter-Verona (codazo no sancionado de Bastoni) y Udinese-Parma, bajo lupa.

  16. Este señor , el otro que no tiene ni idea de fútbol pero mucho de datos ,Alvarito pignoise que iba de ecuânime y Matèu el atroz son peor de lo peor en comentarios pro madridistas . Omiten muchas jugadas que deben ser señaladas por no perjudicar al obispo de Concha Espina , son excesivamente corporativos , aduladores y alucinados con cualquier jugada normal , son antiatléticos … Mucha gente piensa lo que piensa y no somos ni haters , ni desalmados ni gentuza . Somos seguidores de un equipo y nos gusta el fútbol , intentamos respetar su trabajo y siempre les respetaré como individuos pero no hacen bien su trabajo . Son vendedores y lo entiendo , venden todo y subrayan y omiten todo lo necesario para enfocar y proyectar todo hacia el madridbarcelonismo , solo les interesa que tofo confluya ahi , que todo sea sibilinamente dirigido para beneficiar a estos dos y después al Real Madrid . Yo no soy ningún hater , no odio a nadie pero es odioso el trabajo que hacen . Afortunadamente se puede usar el volumen o cambiar de emisora . No puede venir este señor o alguno de los otros tres citados de víctima cuando desprecian explícita , implícita y constantemente con sus comentarios y omisiones a equipos rivales del Real Madrid principalmente. Solo tienen que ver y escuchar el último derbi en el Bernabèu , pero aparte de este partido mediático su interpretaciòn o mutismo de muchas jugadas en partidos menores es increíblemente zafia por partidista y seguidista con sus intereses , que no son otros que preparar el madridbarcelonismo constante . Son lamentables , los cuatro . Yo no soy ningún hater señores , estoy harto de sus milongas y victimismo .

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