
Tiene 69 años y 50 en la profesión. Dos prótesis de cadera y el pelo negro como en los noventa cuando aparecía su foto de enviado especial en la portada de Marca. Enrique Ortego habla desde el orgullo del que se resiste a ser vencido. «En mis planes de hoy no entra la jubilación. Me encanta lo que hago», rebate frente al paso del tiempo.
Ha escrito en casi todos los periódicos de España y en algunos ha doblado en periodos distintos: ABC, Marca, As, El País, Diario 16…. No hay casi ninguna Radio en la que le falte por hablar. Tampoco hay casi ningún partido que le falte por ver a él que se declara «un hombre de fútbol, fútbol y a veces fútbol». Es la historia de un superviviente y de un hombre que ha tenido siete vidas en el periodismo. «Sí, se puede decir que sí», admite.
¿Qué edad tienes?
69 años.
¿Y sigues viviendo del periodismo?
Sí, claro. Podría estar jubilado, pero como tengo trabajo… Cobro la jubilación activa que te pagan el 50% y te dejan ingresar todo lo que puedas ingresar por tus colaboraciones. Sigo pagando autónomos y, mientras tenga trabajo, seguiré.
¿Ingresas mucho?
No me quejo. Sí es verdad que he trabajado mucho. Llevo 50 años trabajando y, lo que digo, no me quejo.
En estos tiempos de precariedad periodística.
En estos tiempos de precariedad posiblemente se sigue valorando todo lo que he trabajado hasta ahora… Me mantengo vigente.
¿Y te sobra trabajo?
No, sobrarme no. Hay momentos que tengo más. Ahora, desde que cerró Relevo, me falta la pata de la Prensa escrita que es a lo que más me he dedicado en estas décadas. Echo de menos escribir. Pero me vuelco en Onda Cero dónde me han renovado contrato y dónde comento partidos en el Radio estadio y después participo en la edición nocturna del programa…
Tengo lo de los libros y lo que pueda surgir. Las editoriales son conscientes de que he escrito más de 20 libros y aunque me considero más periodista que escritor, me defiendo ante los grandes desafíos editoriales.
Así que no hay final.
Sin obsesionarse. Cuando llegue llegará. De momento, ni pensarlo. Mira, empecé con 19 y a los 69 años ahí sigo, haz cuentas. Y no debería pasar nada. Me gusta, esta es mi vida.
¿Y cómo empezaste?
Fue haciendo partidos de Segunda B y Tercera y haciendo entrevistas para periódicos de provincias en la agencia en la que me dieron la primera oportunidad (Saphan Press). Ya no existe. Estaba especializada en la Prensa del corazón… pero también surtía de contenidos a la Prensa Regional y ahí encontré mi hueco.
En deportes, propiamente, no tenían a nadie, y me metí de cabeza. Un par de años después me quedé de corresponsal en Madrid de La Gaceta del Norte, que era un periódico del País Vasco muy fuerte. Ahí comenzó todo, si recito todos los periódicos en los que he colaborado nos tiramos media mañana.
¿Por qué tantos cambios?
A veces obligados y otras porque me gustaba lo que me ofrecía el nuevo destino. Siempre he sido valiente en este sentido. Dejé Marca en 1990 cuando ya estaba muy asentado y me fui a un periódico por nacer que se llamó Claro y duró seis meses. Estuvimos más tiempo preparando el lanzamiento de lo que luego duró en la calle. Había mucho dinero.
Nos llevaron a Múnich y a Hamburgo para ver cómo se hacia el Bild allí en directo. Tenía 25/30 redactores y colaboradores a mi cargo. El equipo lo modelé yo. Me pude llevar a mucha gente de Marca. Parecía un gran proyecto….
¿Y eso sería posible hoy en día?
No, ahora lo sustituyen todo las redes. Ahora cada persona es un medio de comunicación en sí mismo.
Mientras tanto, Enrique Ortego sigue sobreviviendo.
He trabajado mucho y he tenido suerte. Sin suerte no consigues nada en esta vida. Cuando he tenido un problema, o me han despedido o han cerrado el medio en el que estaba, inmediatamente he encontrado trabajo. Mira, cuando me pasó lo del AS, a la semana siguiente me llamó Inda para que volviese al Marca. Cuando me pasó lo de la SER, me llamó Paco González para irme a la COPE.
Fue cuando el desembarco de los hombres de Deportes de Prisa en la Cope. Yo me había quedado en la SER con José Ramón, pero cuando se vio forzado a despedirme… Bueno, es una historieta muy larga de contar, el caso es que Paco me llamó y me dijo que, si me quedaba sin nada de radio, me fuera con ellos. Un detallazo por su parte. La verdad es que siempre he alternado dos o tres medios a la vez… Un pluriempleado puro y duro.
Has hecho dinero en la profesión.
Para vivir. No me quejo. No he pegado nunca ningún pelotazo, si es por lo que preguntas. Todo ha sido poco a poco, mes a mes con una nómina y con las colaboraciones. Luego, de autónomo puro y duro. Y lo bueno es que con una cuota de autónomo cubres todo, puedes trabajar en la Radio, en la Televisión, en el periódico… Incluso, durante diez o doce años pagué dos veces a Hacienda, como trabajador por cuenta ajena y como autónomo, pero a la hora de cobrar la jubilación solo cuenta un día, no el doble que había pagado.
Hay mucho que contar.
Te podría contar que he hecho, como enviado especial, nueve Mundiales en directo y nueve Eurocopas…. Otros dos más, los últimos, como quedado especial en la Redacción. Estuve presente en los estadios casi 50 finales de Copas de Europa….
50 vidas.
Todo eso deja dentro de ti un bagaje, una experiencia. Una circunstancia positiva es que los periodistas podemos cambiar de medio, pero lo que hemos aprendido, los contactos que hemos conocido, nos lo llevamos con nosotros cuando nos vamos a otros sitios. Cuando Enrique Ortego se fue del ABC, después de 17 años, se llevó consigo todo lo que había aprendido. Esa propiedad intelectual ya era mía: los conocimientos vividos te acompañan vayas donde vayas.
¿Eres un buen periodista?
Yo creo que sí. Diría que soy bastante completo. No me especialicé en nada. Hacía, hago de todo: crónicas, entrevistas, reportajes… puedo gestionar una sección o dirigir un grupo de redactores. Me gusta mucho. Es más, no sé decirte qué me gusta más, si el periodismo deportivo como tal o el propio juego del fútbol. Ahí estamos empatados. En mi caso se han juntado las dos cosas. Y te diría que forman parte de las cinco que más me gustan. ¿Se puede pedir más?
¿Y ha sido todo tan perfecto?
No, no. He dejado muchas cosas por mi profesión. Por ejemplo, no viví el crecimiento de mi hijo. Estaba siempre de viaje. Era mi primera época de Marca, finales de los 80. Hacía también fútbol internacional e iba a todos los sitios. Me iba dos semanas a Milán y estaba con Sacchi o con Capello o con Hiddink en Eindhoven cuando le tocaba el PSV al Madrid en la Copa de Europa. He sacrificado mucho, en ese sentido, a la familia y lo de mi hijo ya te digo que me pesa. Pero el pasado ya no se puede revivir. Hay que aceptarlo como fue.
¿Qué años tiene tu hijo?
Mi hijo es del 86, o sea, que tiene 40 años. Nació cuando volví del Mundial de Méjico 86.
¿Y a qué se dedica?
Es ilustrador en el más amplio sentido de la palabra. Crea de todo. Empezó haciendo comics para Marvel y DC. Ahora vive en el Reino Unido y hace de todo: diseña revistas, dibuja ilustraciones, posters de películas…Ha colaborado en todos mis libros de la colección del Real Madrid. Es un todoterreno. Al principio, el comic era su pasión. Pero luego ha querido hacer otras cosas.
¿Y en qué se parece al padre?
Es más perfeccionista que el padre. A veces me asusta lo perfeccionista que es. Quizá porque yo a mi edad ya sé que la perfección no existe. Pero él insiste hasta encontrarla.
Recuerdo la foto de Enrique Ortego en Marca de enviado especial en el Mundial de Méjico 86.
Sí, ahí estuve. Cada día hacía un partido. Belarmo iba con España como cronista y Maroto en los vestuarios. Yo estaba en Mexico DF, que era mi sede. Cada día iba a un partido distinto al que pudiera llegar por las conexiones. Y cuando jugaba España hacía el refuerzo. En los Mundiales y en las Eurocopas me gustaba moverme, ver partidos, hacer entrevistas, no quedarme quieto 40 días en la concentración de España. Cuando, por desgracia, nos eliminaban pronto yo siempre me quedaba hasta la final.
¿Has visto algún futbolista mejor que el Maradona de Méjico 86?
Pienso en Messi, pero siempre he tenido debilidad con Maradona. Primero por sus condiciones futbolísticas y después porque se portó muy bien conmigo en el plano profesional. Cuando tuvo esos lances con la droga o con la justicia, mi hijo me decía, «joder con tu amigo», pero era como si yo no lo visualizase o no quisiese reconocer la influencia negativa que tenían algunos de sus actos.
Yo sabía algo de lo que hacía. Estuve en Nápoles muchas veces. Hubo años en los que la noticia estaba allí. Ganó el scudetto, la Copa de la UEFA. Cuando le pedía una entrevista me la daba. Maradona llegó a hacer gratis para Marca la publicidad de unos concursos de juegos que se hacían antes en los periódicos…
Y eso no se olvida.
Si él me decía que sí, yo me iba a Nápoles y me hospedaba casi siempre en un hotel cerca de su casa que me reservaba su equipo de trabajo. Incluso estaba en una habitación cerca de una de las que él tenía alquilada para sus compromisos. Claro que había veces que me pasaba allí dos o tres días sin rascar bola en espera de que me recibiese, pero al final siempre lo hacía. Incluso si me veía solo me decía «vente a comer o a cenar con nosotros».
Él nunca tenía prisa para hacer la entrevista. Siempre me decía, «pero que tienes que hacer en Madrid, mejor que aquí, mañana la hacemos…» lo que siempre digo, soy de los que no sólo he visto jugar a Maradona en directo muchos partidos, también he conocido, al menos un poco, como persona.
¿Y cómo era la persona?
Diego te trataba como uno más. Te decía, «súbete a La Sacristía a comer que estoy aquí con Carnevale, con Bagni…» Con Bagni estaba mucho, subías y hablaba contigo con total confianza. Te sentaba en su mesa, incluso en una silla cercana. Recuerdo que una noche me preguntó si tenía algo que hacer y me dijo «vente conmigo a Roma, vámonos a Roma», y recuerdo que yo le dije… «pero ¿cómo vamos a ir a Roma si son las nueve o las diez de la noche?»
¿Y?
Y fuimos. Vaya si fuimos. Tardamos hora y media u hora y tres cuartos. Eran 200 kilómetros y poco ¡Qué velocidad! Pasé un miedo que ni te cuento. Cenamos en Roma y nos volvimos a Nápoles sobre las tres de la mañana. No me acuerdo mucho de los detalles, pero pasar, pasó. Ese fue el Maradona que yo conocí.
Él conducía y yo iba de copiloto sin carné de conducir, porque no me lo saqué nunca. No me acuerdo de la marca, nunca me gustaron especialmente los coches, por eso no me saqué el carné. Era de dos plazas eso sí. Era un cochazo, de los de las películas… Grande Diego.
Un afortunado.
Recuerdo cuando fue el Madrid-Nápoles de Copa de Europa. Se portó conmigo maravillosamente. En México 86 le empecé a tratar y un día, hablando con él, le dije: «si eres campeón del mundo te llevamos a Madrid un día, paga el periódico todos los gastos y visitas la Redacción». Y un día, a primeros de septiembre, me llamó y me dijo que venía a un programa de TVE, a Estudio Estadio, que nos íbamos a ahorrar hasta el viaje.
El día anterior, juraría que era sábado, tenía una comida en la Embajada argentina con varios compatriotas suyos y su palabra fue que después de la comida vendría a Marca que entonces estaba en la calle Recoletos. Me dio el contacto de un tal Parodi…
Hombre de contactos entonces.
Era un puntazo periodístico. Para mí era increíble que un hombre que acababa de ser campeón del mundo hacía dos o tres meses, viniese a Marca. Estábamos todos nerviosos preparando algo distinto para recibirle, pero Diego que no venía, que no llegaba… Las horas pasaban y no se sabía nada, se hacía de noche y queríamos hacerle unas fotos por la Puerta de Alcalá, por Cibeles… Teníamos cuatro fotógrafos preparados.
En la eterna espera, tuve que escuchar en la redacción algún comentario irónico: «este se cree que va a traer a Maradona como si fueran Hugo Sánchez o Butragueño, que ya los tiene controlados». Eso lo escuché yo y me hice el sordo. Tragué saliva. No podía hacer más de lo que había hecho.
¿Qué pasó al final?
Que vino. Llegó sobre las ocho y media o las nueve de la tarde, pero vino. Se paseó por toda la redacción. Fue a los talleres. Vio todas las fotos de la final del Mundial. Estuvo tres cuartos de hora más o menos. Es uno de los grandes orgullos que me quedan en la profesión: haber llevado a Maradona al periódico, sobre todo en el momento en el que se trataba. Era lo máximo. Todo lo mal que lo pasé la noche anterior mereció la pena, porque yo sabía que Maradona nos iba a hacer esperar, pero también estaba convencido de que no me iba a fallar.
¿Cuál es la siguiente anécdota?
Lo último fue cuando Maradona vino al Sevilla. Volvió a portarse muy bien conmigo. Me dio para Blanco y negro que era el dominical del ABC la única entrevista con fotos de toda la familia. Fue en la habitación del hotel en el que estaba con la mujer y con las niñas. Yo le expliqué lo que significa Blanco y negro en la Prensa española.
Después, volví a verle de pasada. Creo que alguna vez que Marca lo trajo a España. Siempre que me veía, me decía con ese acento suyo, «hay que comer sin sal, Ortego» por el peso, y yo le contestaba, «me llevas el peso más que mi médico».
Eres historia del periodismo deportivo.
Llevo muchos años. He escrito muchas páginas de la historia del fútbol español y mundial. Suena pedante dicho así, pero…. no lo mismo que nunca me he dejado atrapar por la nostalgia y vivo el presente, la actualidad, si es verdad que me he convertido en un hombre de lágrima fácil al recordar ciertos acontecimientos vividos. Me emociono a veces.
Has sido fútbol.
Ya lo creo. De pequeño me castigaban en casa sin leer los periódicos deportivos o amenazándome que el fin de semana siguiente no iba a ir al fútbol con mi padre. Yo lo tenía claro. En cuarto de bachiller, cuando nos hicieron las pruebas en las que teníamos que elegir qué estudiar, yo elegí letras, claro, y después me dijeron que había sido el único alumno que había especificado que quería ser periodista deportivo. Los que decían abogado, no especificaban si era penalista o laborar.
Los médicos tampoco señalaban la especialidad. Sin embargo, yo puse periodista deportivo porque no quería ser otra cosa. Mi deporte ha sido el fútbol. He tenido alguna bronca con mi equipo de trabajo porque sólo tenía orejas y ojos para el fútbol.
¿Dónde estudiaste?
En el Buen Consejo. Enfrente del Metropolitano antiguo. En Reina Victoria. Estudié desde primero de bachiller. Antes vivía por Santa María de la Cabeza, Palos de la Frontera y había ido al San Saturio, pero no tenía campos de deporte, casi, casi ni patio. Tenía unos primos que habían ido al Buen Consejo y yo decía a mis padres que quería ir a un colegio con campos y patios para jugar al fútbol. Les convencí. Y como teníamos la posibilidad de conseguir plaza en el Buen Consejo, fui allí.
Escribiste la biografía de Di Stéfano. ¿Cómo era?
Tímido. Creo que le caí bien. Siempre le trataba de usted. Luego, surgió lo del libro. Me lo ofreció El País Aguilar. Me dijeron que me llamaban porque sabían que tenía cierto acceso a él. Se lo propuse. A Di Stefano le gustó la idea y durante seis meses iba todos los lunes a su casa a escucharle.
¿Qué descubrió uno en casa de Di Stéfano?
Poco… siempre íbamos directos a un salón que tenía una mesa redonda con faldas, como le decía yo. A media mañana su señora Sara nos ofrecía un café y no parábamos hasta la hora de comer. Nos fuimos conociendo más. Estaba claro que me fue cogiendo cariño. Le gustaba hablar del fútbol del pasado y yo le mantenía la conversación. Sabía de lo que me hablaba.
Estaba bastante a su lado. Tengo mil anécdotas con él. Hubo un momento que por su delicada salud tomaba muchas pastillas antes de comer y cuando las sacaba las ordenaba en la mesa como si fuese la alineación de un equipo de fútbol, un 4-4-2 y cada una ocupaba su puesto: la del corazón, la de la tensión….
Fue un personaje único. Hace muchos años J. J. Santos y yo teníamos un programa en Tele 5 que se llamaba Futbolisimo en el que se daban partidos antiguos y conseguimos las imágenes del 7-3 del Real Madrid al Eintracht de Frankfurt de la Copa de Europa. Di Stefano nunca había visto ese partido completo. Cuando nos quisimos dar cuenta se había dado la vuelta a las cámaras y estaba delante del monitor viendo el partido.
Y firmas la biografía con Relaño.
Sí, hubo un momento en el que la editorial me pidió que me echase una mano Relaño para que hubiese alguien de Prisa. Debía ser un tanto raro que el jefe de Deportes de ABC fuese quien escribiese solo la biografía autorizada de Di Stéfano.
¿Y te gustó?
No me importó para nada y, durante los últimos meses, él venía conmigo a casa de Di Stéfano. El libro lo escribimos en primera persona, tal y como don Alfredo nos lo iba contando. Con su jerga, con sus palabras en argentino. Lo leías y lo estabas escuchando. Alfredo, en realidad, era lo que parecía.
Todo ese carácter huraño que tenía, era porque era muy tímido y tenía muchos tiros dados y recibidos. Pero yo he pasado tertulias con él, con Luis Suárez y con Luis Aragonés maravillosas. Siempre digo que tengo cuatro patas en mi vida periodística: Di Stéfano, Luis Aragonés, Luis Suárez y Vicente Del Bosque. Me gustaría hacer algún día un libro sobre los cuatro.
¿Qué contarías?
Mis convivencias con ellos. Algo diferente. Tengo vivencias en las que estábamos muchas veces solos… Pero comprendo que para las editoriales y los presuntos lectores son cuatro personajes del pasado. Hay por el camino muchas generaciones que no saben quiénes son o como mucho conocen el nombre. De hecho, salvo Vicente, los demás han fallecido. Si dentro de nada hablaremos de Messi o Cristiano y ya nos parecerá pasado…
Pero aún se puede jugar ese partido.
Mira, un año después de ganar la Eurocopa 2008 le propuse a Luis Aragonés ir al hotel, a la habitación donde se habían concentrado en Austria, donde se gestó el triunfo. En principio me dijo que no, que no era nada nostálgico, todo lo contrario, que esas historias solo le interesaban a la prensa, pero lo debió comentar en casa y le dijo su mujer, Pepa, que era una idea muy emotiva.
Nos fuimos con un fotógrafo. Luis enloqueció recordando todo lo vivido el año anterior. Fue directo a su habitación, comenzó a contar momentos. «Me pasé horas sin poder dormir, mirando a esta lámpara. Así me salían las alineaciones…»
Periodismo.
Durante dos años estuve con Del Bosque haciendo entrevistas para El País. El las hacía en persona. Las preparábamos juntos, pero quien daba la cara ante el entrevistado era él. Yo luego le ayudaba a transcribirlas. Vivimos ratos maravillosos. Íbamos a todos los sitios en coche… Prefería seis horas al volante que el avión.
Durante todo ese tiempo confirmé lo que ya sabía, que Vicente es una enciclopedia futbolística y de vida. Me contaba que tenía la manía de seguir a todos los futbolistas que había tenido en la Ciudad Deportiva. Los lunes cogía el As y el Marca y se ponía a buscar alineaciones de Segunda, Segunda B a ver si habían jugado ese día y lo que habían hecho.
Mucha vida.
Para mí una buena comida y una buena tertulia futbolística es lo más de los más. Esos cuatro caballeros de la mesa redonda me abrieron su círculo. Lo que más les molestaba, a los cuatro, era que después de estar cuatro o cinco horas juntas, les dijera que quería hacerles una entrevista, «Llevamos medio día juntos y ahora quieres más. Anda, invéntatela, ¿Qué te voy a decir nuevo si sabes más de mi vida que mi familia?»
¿Te inventaste muchas entrevistas?
No, hombre, por favor. Te lo juro. Yo no he tenido ningún problema con una sola entrevista en mi vida. Sólo con Caparros, cuando era entrenador del Granada, por culpa de un titular en Marca en la portada. Durante la conversación me dijo que, por lo menos, iba a pedirles a los futbolistas que luchasen ante el Madrid. En la conferencia de prensa rompió hasta el periódico. La cita era textual. Yo hasta entonces tenía la mala costumbre de no grabar las entrevistas. Pero a raíz de entonces las grabo todas.
¿Y te reconciliaste con Caparros?
Sí, me contó que llegaron los jugadores y le dijeron, «anda, míster, que confía mucho en nosotros» y llegó el responsable de prensa y le montó un número y le dijo que cómo se le ocurría decir eso. Entonces Caparros salió caliente y cogió el Marca y lo rompió en medio de la sala de prensa. Yo le llamé inmediatamente. Él y yo sabíamos lo que había dicho. Me pidió perdón y me dijo que había tenido un mal momento. Ahora nos hablamos sin problemas. Hay que saber perdonar.
Resulta feo eso de inventarse entrevistas.
Ahora no hay ni posibilidad, porque no llegas a los futbolistas, pero antes era muy habitual inventarse entrevistas que no decían nada. Y entonces, claro, nadie se quejaba. Pero eran entrevistas tipo, «¿te gustaría jugar el domingo?» y responder «sí me gustaría jugar y marcar un gol» o «el Barcelona es el equipo más difícil.» Se detectaban rápido y sé de gente que lo ha hecho. Eso sí, ninguno se inventaba una entrevista diciendo «Maradona: estoy hasta las narices de fulano o mengano…»
¿Las leías?
Al contrario. Te puedo decir que cuando llegué de Redactor jefe a ABC hice un decálogo de cómo no se podía titular nunca. Y lo cumplimos a rajatabla en los 17 años que estuve.
¿Escribes bien?
Hay días que sí y días que no. Hay días que me leo y pienso, ayer estaba inspirado, y otros en los que pienso que he hecho una faena de aliño. Creo que soy bueno entrevistando porque la gente tiene mucha confianza conmigo y se abre más de lo normal con un periodista. De hecho, mis entrevistas son conversaciones, son muy hiladas, lo llevo todo muy preparado.
¿A los 69 años qué pintas entrevistando a un chaval joven?
Dependiendo de quien sea ese chaval y de lo que tenga yo que preguntar y él que contar.
Pero digo a tu edad porque esta es una profesión para jóvenes.
Muchas veces me gastan bromas en la radio: «¿Algún día te vas a jubilar?» Yo siempre contesto que algo mal estarán haciendo ellos para que yo a mis años pueda seguir en activo y bien. En Onda Cero, ahora, comento los partidos del Real Madrid, del Barça y de la Selección. ¿Qué más se puede pedir? Si acaso dar las gracias por la confianza que me ofrecen. Por la noche, en el programa participo tres o cuatro veces por semana. Gracias a los «Edus», García y Pidal, que me estarán leyendo.
¿Y eso es un trabajo? ¿hablar un ratito de fútbol?
Claro que es un trabajo. ¡No te jode! Me sigo preparando los partidos como hace 25 años. Así que para mí es un trabajo. Lo que sucede es que al mismo tiempo que trabajo, me lo paso bien, me divierto. Me respeto mucho a mí mismo y más a mi profesión. No voy a la Radio como si fuese al bar de la esquina. Intento hablar con sensatez y conocimientos y para ello debes estar preparado, documentado. Es mi punto de vista.
Fuiste un ciudadano del mundo.
Viajé por medio mundo, sí. Yo pensaba que lo iba a echar más de menos ahora que ya no viajo…
Y gratis.
Y gratis. Y, además, en la época buena en la que ibas en el avión del equipo, ibas al mismo hotel, te lo daba todo hecho El Corte Inglés, hablabas con los jugadores en el hotel, en el avión, yo era de los que la mañana de los partidos me iba a dar una vuelta por la ciudad. Sí, me considero un ciudadano del mundo, es una buena definición para la que ha sido mi vida.
El hombre de las siete vidas Enrique Ortego.
Como los gatos, dicen. He sido muy inquieto. Por eso quizá cuando me he caído, cuando me han despedido, o no me han renovado un contrato, me he levantado rápido. No me paraba a pensar en la «putada» que me habían hecho, y me las han hecho en momentos que podían haber sido muy críticos en mi vida profesional. Hay momentos en la vida que hay que tenerlas presente. Pero lo fundamental es levantarte y no quedarte a vivir en el rencor.
Supiste reinventarte.
Sin ir más lejos, con la colección de libros oficiales del Real Madrid. Al viajar tanto había visto que en otros países había muchos libros de fútbol. En Italia y el Reino Unido, sobre todo. Y aquí no había una colección buena más allá de momentos aislados o aniversarios. Entonces pensé en la historia y el presente del Madrid, me fui a Florentino Pérez y se lo propuse y me dijo que sí, adelante.
Reconozco que el club me ayudó en ese momento a ponerla en marcha. Yo quería comenzar con Cristiano Ronaldo que había llegado esa temporada con el Real Madrid. No había nadie mejor para comenzar… Si Cristiano decía que sí… no creía que ningún otro jugador se iba a negar. José Ángel Sánchez me echó una mano con Jorge Mendes.
¿Y cómo es Florentino?
He convivido mucho con él y hemos hablado mucho. Cuando me preguntan si somos amigos, siempre me paro a pensar. La palabra amistad como tal es muy fuerte. Sí, claro que he tenido y tengo buena relación con él, pero también hemos tenido momentos tensos, de levantarnos la voz, incluso. Lo digo en plan fino. Hemos tenido buenas broncas telefónicas.
Mi mujer escuchaba y se asustaba. De vez en cuando Pitina, la mujer de Florentino, también me lo decía cuando nos encontrábamos en el avión. «Vaya broncas que tenéis por teléfono». Pero siempre le estaré agradecido porque siempre me ha cogido el teléfono y se ha sentado a dialogar conmigo, alguna que otra entrevista incluida.
¿Y cómo se le contesta a gritos a un presidente del Real Madrid?
Yo soy de levantar la voz y él también. Cuando te dicen una cosa con la que no estás de acuerdo… pues saltas. Pero yo prefiero decir las cosas a la cara que por la espalda.
¿Qué te decía?
Imposible recordar tantas situaciones, ni resumirlas. Una noche, era viernes, me llamó para decirme que le habían dicho que al día siguiente iba a publicar en ABC una información sobre Raúl y que escribía que iba a renovar siete años. Me dijo que no lo publicase, que me iba a equivocar, que no era cierto. Le contesté que tenía bien agarrada la noticia y que, en cualquier caso, el tiempo diría si era verdad o no… No lo quitamos. Salió publicado. Semanas después renovó por siete años y si no fueron siete, fueron seis.
¿Sigues teniendo trato con Florentino?
Menos que antes, claro. Ya no soy jefe y no tengo la necesidad de llamarle a diario para comentar la información como me pasaba antes. Son momentos profesionales. También he dejado de escribir los libros del club. A mi edad y con mi trayectoria no podía ni debía soportar comportamientos que no se pueden soportar. Y ahí me quedo.
Le veo menos porque no viajo. Antes era otra cosa, quedábamos algunos sábados a tomar un café, también era una relación Real Madrid con ABC o Marca. Desde luego, siempre me cogía el teléfono. Le estoy agradecido por haberme permitido escribir la colección de libros: Cristiano, Di Stéfano, Zidane, Casillas, Sergio Ramos, corazones blancos (Amancio, Butragueño, Ronaldo Nazario y Gento), la Liga de Mou y luego las obras sobre las Champions ganadas: La Décima, la Undécima, la Decimosegunda, la Decimotercera, la Decimocuarta…. y la Decimoquinta que tengo en mi casa, a buen recaudo.
Puedes morir tranquilo.
Joder, que pregunta. No me quiero morir. Ni pensarlo. Quiero seguir trabajando, seguir pasándomelo bien escribiendo, comentando. Aún tengo edad para disfrutar y seguir fajándome…Es un privilegio. Creo que se me nota que estoy contento.
Y sin fecha de caducidad.
Cuando no me quieran en ningún medio o yo me vea mal, sabré dar un paso al lado. De salud estoy bien. Excepto las dos prótesis de cadera. Afortunadamente hice la recuperación muy bien y eso me permite andar mucho, ir al gimnasio y como tengo el pelo negro parece que no tengo la edad que tengo. Sí estoy feliz.










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Se pueden contar con los dedos de una mano y, probablemente, sobrarían, los periodistas deportivos decentes de este país. Ortego es uno de ellos.
Arbeloa ha tenido la suerte de que Bellingham y Mbappe se rompiesen. La ausencia de esos dos le sentó muy bien al Madrid, que volvió a competir juntando currantes en el campo… Han vuelto esos dos y ha vuelto el Madrid de los dos últimos años
Impecable Lamine Yamal. Se ha despedido uno a uno de sus compañeros, ha saludado a todos los rivales, ha aplaudido con agradecimiento sincero a la afición azulgrana y se ha ido ovacionado por la afición del Atlético, entrando solo al túnel de vestuarios. Tiene 18 años. Volverá.
Le conocí a Enrique como becario en el diario ABC. Estuve un año allí entre 1998 y 1999. Recuerdo mucho que sus almuerzos se extendían hasta las 4 de la tarde. Algo que aquí, en Argentina, no es nada habitual. En esa época tenía la suscripción a revistas de fútbol europeas. Entonces tenía una carpeta en donde recortaba artículos sobre distintos futbolistas. Y así tenía un seguimiento de muchos jugadores. Él tenía un peso propio en la redacción del diario al ser jefe de deportes. Una época inolvidable para mí.