
Esta temporada marca el trigésimo aniversario desde que Cruyff dejó el banquillo del Barça. Se trató de una salida inesperada. Su último equipo estuvo muy cerca de ganar, pero un par de resultados cambiaron el escenario. Cuando parecía renovado, fue despedido y entonces tomó una decisión radical, acorde a su propia persona. Rechazó propuestas de Valencia o Real Madrid que le ofrecían «prácticamente un cheque en blanco», según dijo en France Football, y no volvió a dirigir de manera oficial. El caso pasó de ser un drama culé a serlo futbolístico, por lo tanto, ya que la figura de Cruyff es inabarcable.
En busca de otro equipo ganador
Aquel 95/96 fue un curso particular desde el inicio. Por primera vez Cruyff tenía que vérselas con Núñez sin el escudo de los títulos, examen que en casi veinte años de presidencia solo había superado Venables.
Para recordarlo, Jot Down Sport ha contactado con Eduard Molina Romeu, escritor del libro Dream Team II: lo que pudo ser y no fue. «Después de ganar cuatro Ligas y la primera Copa de Europa del club, se había dado un año sabático en que solo se ganó la Supercopa de España, entonces el verano de 1995 llegó a Barcelona muy movido».

Como apunta el autor, el mal se arrastraba de la temporada anterior. Tras el desastre en la final de Atenas, el Dream Team había empezado a descomponerse por voluntad del técnico. Salieron entonces los veteranos Zubizarreta, Goikoetxea y el ídolo Laudrup, quien para colmo acabó en el Madrid. Eran jugadores estructurales del equipo exitoso, por lo que la recomposición se antojaba delicada.
Cruyff consideró que lo mejor era empezar por sustituir al crack por otro crack. De este modo, aquel primer mercado llegó Hagi. Volvía a la Liga tras exhibirse en el Mundial y estaba destinado a suceder a Laudrup como alma creativa del equipo. Si, en su primer Barça, Cruyff se vio a sí mismo en las virtudes del enganche danés, ahora consideraba a Hagi «su 10 preferido de Europa», según contó en Líbero el propio jugador. Pero entre los problemas físicos (cinco lesiones en su primer curso) y «la actitud de la afición por haber estado en el Madrid», lo suyo no funcionó.
Tampoco lo hizo cada una de las apuestas con las que Cruyff pretendió girar la política de contrataciones en pos de la economía. «Todos esos fichajes que hicimos fueron suyos», expuso recientemente el entonces directivo Parera en Relevo. Lopetegui, Escáich, Eskurza y Sánchez Jara apenas tuvieron incidencia en un equipo donde solo se sostuvo el internacional Abelardo. Para más faena, en invierno Cruyff perdió a Romario, rebelado tras ganar USA ‘94, y su recambio fue Korneiev. El ruso firmó libre al lesionarse Hagi en la Supercopa y promocionó desde el B en enero siendo defendido por Cruyff como el nuevo Stoichkov, pero su fútbol acabó por no engañar a nadie.

De tal modo, en un equipo acostumbrado a ganar, el experimento de fichar poca clase alta y mucho futbolista humilde conllevó perder cada título de manera prematura. «Está claro que debe haber cambios. No sirve quedarse con los mismos, viendo lo que ha pasado», aseveró Cruyff la noche del 18 de junio de 1995, según recoge el citado libro. Llegarían entonces las salidas más dolorosas, el final del Dream Team.
La salida de Stoichkov finiquita el Dream Team
Cuenta Eduard que «a los pocos días ya se anunciaban los tres nuevos fichajes de bandera: Figo, Popescu y Kodro. A la vez que saltaba la bomba de que el club no quería ejecutar la cláusula de renovación de uno de los estandartes del barcelonismo, Hristo Stoichkov».
Con el fichaje de Kodro, el Barça pretendía recuperar la facilidad goleadora marchada a Brasil con Romario. Jugando para una Real de mitad de tabla, el bosnio había competido el Pichichi a Zamorano, así que nada podía salir mal. Y sin embargo saldría.
En cuanto a Popescu, a su llegada avisaba de que era «un jugador totalmente diferente a Koeman», a quien ya había sucedido en el PSV un lustro atrás. El técnico también lo consideraba distinto y no tendría problema en recomponer el centro del campo para aprovechar al rumano, un futbolista de corte físico. Se difuminó la posición de 4 y fue afectado Guardiola, pero Popescu acabó entre los mejores ese curso.
No obstante, era el joven Figo quien estaba llamado a ocupar el lugar de Stoichkov tanto en la parcela ofensiva del equipo como en el sentimiento del culé. Se trataba de una misión complicada, ya que, aunque solo tenía 28 años, el búlgaro había reducido las cifras de manera alarmante la última temporada, pero su ascendencia en la afición daba para competirle al propio Cruyff. «La relación entre Stoichkov y Cruyff no fue amistosa, sino de choque entre caracteres fuertes. Aquel acusaba a Cruyff de que su decisión no era futbolística, sino que lo que tenía eran celos de que un jugador le ganase en protagonismo», explica Eduard.
Por si interceder en esa relación fuera poco peso a la espalda de Figo, el Balón de Oro le echó un cable a la salida: «Me voy porque Cruyff no me quiere. Di mi palabra al Parma y yo no soy como Figo». Pero los jugadores inmortales como Figo tienen sus propias reglas. Así, de entre todos los herederos del Dream Team, el portugués acabaría por ser el único verdaderamente a la altura futbolística. Y también lo estaría en la sentimental, ganándose la capitanía a base de regates, asistencias, goles y besos al escudo, de ahí que doliese tanto su futura marcha al Madrid.
Popescu y Figo demostraron ser adecuados en el plan de renovación, pero aquella plantilla echaría en falta el rendimiento de otras nuevas piezas que siquiera tuvieron la posibilidad de demostrar su valía por asuntos ajenos al juego.
Prosinecki para devolver lo de Laudrup
«Antes de terminar junio se presentaron los últimos refuerzos: Cuéllar y Prosinecki, el definitivo de los extracomunitarios. Lo que esta vez pretendía Cruyff era formar un equipo con gente de la casa y cinco extranjeros de gran potencial, manteniendo a Hagi por el desembolso que se había hecho porque Núñez lo quería rentabilizar».
Aunque se recuerde poco, Cuéllar era un excelente mediapunta que aunaba desborde y olfato goleador, por eso lo querían tanto Barça como Madrid. Contó a Jotdown Sport que tuvo «la opción de ir a los dos grandes, pero lo del Real Madrid fue porque me quería algo más Mendoza que Valdano. No es que Valdano no me quisiera, pero el que apostaba fuerte era el presidente. Y, en el Barça, era Johan quien tenía interés en mí». La negociación con Lopera fue dura, al incluir el pase de Sánchez Jara, pero concluyó satisfactoriamente para Cruyff.
Al contrario, más sencilla resultó la de un Prosinecki descartado por el máximo rival. La temporada anterior ya había apalabrado su futura llegada al Barça, previa cesión en el Oviedo y una vez conseguida la carta de libertad. En rueda de prensa, Núñez habló del fichaje dejando caer que el Madrid se les había llevado a «Milla, Nando, Laudrup y ahora Soler». A priori era un acuerdo interesante para ambas partes, ya que se esperaba que Núñez devolviera a Mendoza la Liga ganada alrededor de Laudrup y que el croata recuperase su estatus de mejor centrocampista de Europa. Por eso Prosinecki eligió el Barça en lugar de ir con su valedor Antic. «Siempre es mejor fichar por el Barça que por el Atlético de Madrid. Creo que tengo algo que decir en el fútbol español. En el Madrid tuve bastantes problemas por lesiones y por diversas circunstancias. Ahora estoy más maduro. Hay diferencia como jugador y persona», declaró entonces para El País.
Con todos ellos, el Barça 95/96 estaba destinado a campeonar o morir. «Se le ha dado a Cruyff todo lo que ha pedido», sentenciaría Núñez, con su habitual tono de advertencia.
La Quinta del Mini cubre las lesiones
Se respiraba esperanza cuando Cuéllar y Prosinecki fueron lo mejor de la pretemporada, firmando actuaciones que el Gamper no olvida. Sin embargo, pronto llegaron problemas físicos que los alejaron del rendimiento. El equipo se resintió y hubo de activar la alternativa canterana que, no obstante, Cruyff tenía prevista.
Recuerda Eduard que «más allá del famoso 1-5 contra el Betis en el Villamarín, donde el juego fue aplastante, este año la Quinta del Mini coge mucho peso ya desde la primera fecha de Liga, en Valladolid. De la Peña, Roger y Celades mantienen presencia en los onces de Cruyff, así como Óscar, el cedido Carreras y Jordi. También a esto ayudó que en la primera jornada se lesionara Cuéllar de larga duración y que a Prosinecki le empezase a fallar el físico, demostrándose un jugador de cristal. Ahí ganaron más peso los canteranos, entre ellos Roger, centrocampista de espectacular zurda que por ejemplo en el Bernabéu dejó destellos de calidad».
El último Barça de Cruyff se fue moldeando sobre la marcha debido a las circunstancias. Sin Koeman en la zaga, el técnico priorizó el 4-3-3 a la neerlandesa sobre su clásico 3-4-3, con Nadal ejerciendo de líbero y Popescu como central bisagra. En una propuesta asimétrica y menos posicional que la del Dream Team, Roger se hizo con la titularidad desde el principio en una banda izquierda desprovista de extremo. Era quien equilibraba la defensa y el ataque en un sector compartido con el veloz Sergi, quien desde su posición como lateral marcador transitaba el carril.
El otro canterano que se asentó en el equipo fue De la Peña. «Pese a su irregularidad y a su falta de trabajo en los entrenamientos, Johan le da bola y es un jugador clave», rememora Eduard. La figura de la Masía aprovechó que Cruyff veía a Prosinecki demasiado acaparador para jugar en el centro del campo, entonces lo limitó al rol de extremo derecho para aprovechar su regate. «Para jugar bien, Prosinecki tenía que tener el balón continuamente. Venga balón y balón y balón. Johan le decía que jugara a un toque o dos, y esto a Prosinecki no le iba bien. Su rendimiento quizá fue más culpa nuestra que suya», expondría Rexach en el documental sobre su figura producido por Movistar.
A De la Peña también le benefició el hecho de que Hagi estuviera disponible a cuentagotas. El técnico usaba al canterano como nexo con una delantera de tres en la que Bakero ejercía de mediapunta y Figo con Kodro alternaban el 9 con las bandas. Cruyff sabía que De la Peña era un talento genuino y lo respetaba. Caso similar a Hagi, quien expresó lo que el técnico esperaba de ellos de la siguiente manera: «Cruyff entendió la libertad de un modo fantástico. Te permitía tomar decisiones y te lo pedía, confiaba en ti, te animaba a dar un paso adelante y hacer que tu personalidad creciera».
El Barça empezó a rodar a base de juego y resultados, tanto en UEFA como en Liga. Entre ellos llegó un importante empate ante el vigente campeón sobre el que Guardiola aseguró tratarse de «un gran papel. Somos contundentes, más agresivos. Hacía años que el Barça no empataba en el Bernabéu y, la última vez que sucedió, la Liga fue nuestra». Eran nueve victorias, dos empates y ninguna derrota en los primeros meses. Aunque, más allá de la euforia, lo cierto es que el equipo no tenía la redondez necesaria para ganarlo todo.

La pugna con el Atleti de Antic
«La primera derrota en Liga llegó en la jornada 10, ante el Compostela de Vázquez, que aquella temporada se convirtió en el matagigantes. El partido del Barcelona fue desastroso, sin jugadas intrincadas ni ocasiones de gol. Esto transmitió a Johan un mal sabor de boca que se unía al mal juego del partido anterior, pese a la victoria ante el Valencia. El estilo-Barça de tocar el balón que se había visto desde pretemporada empezaba a coger un ritmo descendente y poco fluido. El mal juego llegó a provocar que Cruyff hiciera incluso cambios que no eran de su estilo, retirando en la segunda parte al creativo De la Peña para ingresar a Abelardo, un defensor neto. En ese momento el equipo ganaba y al final perdió 2-1. Cruyff dio un tirón de orejas en rueda de prensa, diciendo que habían perdido mucho el balón y jugado fatal, frases que iban directas al corazón del futbolista para que reaccionara».
Tras los ajustes motivacionales y tácticos de Cruyff, los siguientes partidos el juego del Barça mejoró, pero los resultados no acompañaron, cosechando muchos empates. Afinó en febrero tras golear al Madrid en Liga y eliminar al Espanyol en cuartos de Copa, victorias importantes para el estado de ánimo.

Después de eliminar al PSV en cuartos UEFA, el equipo encaró los meses decisivos con todo en juego. Abdicado un Madrid que cesó a Valdano y recuperó al jubilado Arsenio Iglesias para el tramo final, «la pugna entre Atleti y Barcelona por la Liga fue bonita. Faltando nueve jornadas, el Atleti perdió en el Bernabéu y los de Cruyff se pusieron a tres del liderato», apunta Eduard.
Pero si los títulos se definen en las áreas, el Barça sufrió a su portero y a su goleador. Busquets no paraba y Kodro no marcaba lo suficiente. Todo lo contrario a lo que sucedía en el Atleti, donde Molina acabaría como Zamora y el equipo como segundo en el ranking de goleadores.
Aun con ello, el Barça se sostuvo hasta que entró el abril más oscuro de su historia. El día 10 perdió la final de Copa ante el Atleti, con gol de Pantic en la prórroga. «Fue un partido muy disputado, con ocasiones para ambos equipos y un chut al poste de Jordi», evoca el autor del libro. «Aunque ganar la UEFA seguro que hubiera salvado la temporada», como sucedió años atrás con la Recopa, en el estreno de Cruyff.
Sin embargo, unos días después fue eliminado en semifinales europeas por el Bayern, donde otra pésima noche de Busquets hizo malo el meritorio empate conseguido en Munich. Y acto seguido se alejó de los de Antic definitivamente en Liga, cuando todos esperaban lo contrario en el Camp Nou, al sufrir un 1-3. «Sencillamente, la moneda cayó cruz en vez de cara. Esto fue lo que impidió que, pese a las lesiones, un buen Barça pudiera hacer el triplete. Al final, en la tabla se coló hasta el Valencia».
Cruyff es despedido del Barça
Enemistado con la directiva, los acontecimientos precipitaron el cese de Cruyff. Recuerda Eduard que «un día antes del Barça-Celta de la penúltima jornada de Liga, los diarios catalanes sacaron portada de que Robson sería el próximo entrenador culé. Cruyff no sabía nada y se enteró por la prensa. Cuando Gaspart entró por los pasillos del Camp Nou y fue a saludar a Cruyff, este le saltó a la yugular, diciéndole que era un Judas y un servidor de su jefe, a quien ofensivamente llamaba enano. Dicen que saltaron sillas en la charla sobre el despido de Cruyff, aunque Gaspart lo niega».

La noticia era cierta. Robson había sido objeto de deseo en los primeros años presidenciales de Núñez. Fue, de hecho, quien recomendó el fichaje de Venables en 1984, ya que él dirigía a Inglaterra. Desde entonces había sido consejero del mandatario y esperaba su momento para dar el salto a un club de la entidad del Barça. Núñez aprovechó lo de perder tres títulos en un mes para, con la afición de su parte, cumplir su antiguo deseo. Eso fue el fondo y las desmedidas exigencias de Cruyff fueron la justificación pública.
Repasando toda la historia entre ambos, cuenta el escritor de Dream Team II: lo que pudo ser y no fue que «el primer año de Cruyff los resultados no le acompañaron y fue Núñez quien le echó la mano, ya que los socios no estaban de parte de mantenerlo en su cargo. Pero a partir de ahí empezó entre ellos una batalla de egos, un tira y afloja continuo. Ambos eran personas humildes que se habían labrado el camino con constancia en el trabajo, eso hacía que cada uno quisiera tener su protagonismo, pero Núñez tenía celos porque año tras año el aficionado parecía posicionarse de parte de Cruyff. En esta temporada 95/96 es cuando Cruyff le pide ser director general y tener toda la responsabilidad, desde fichajes hasta el fútbol base, pasando por elegir los servicios médicos. Núñez no lo acepta y ahí se da el pulso que acaba por ser definitivo. El punto culminante es una reunión en el piso del presidente, donde Cruyff le marca una serie de nuevos fichajes que Núñez en principio hace como que acepta pero luego, con las derrotas, usa de argumento contra el entrenador. Cruyff le había pedido a Blanc, Pizzi, Rui Costa, Overmars, Giggs o Fran, y el presidente le dijo que no eran un club millonario para renovar la plantilla entera cada año».
Rexach toma el puesto de Cruyff
El cruce de declaraciones públicas fue propio de otros tiempos. Cruyff atacó y Núñez contraatacó con ironías como: «A mí me tocó la lotería y por eso invertí 2.000 millones de pesetas en nuevos jugadores. Yo no sé la lectura que hará Cruyff».
La afición sufrió tal quebranto que, a día de hoy, late el enfrentamiento entre nuñistas y cruyffistas.
Pero Cruyff salió aún más afectado, ya que además de lo profesional perdió algo íntimo. Y es que la destitución se llevó por delante una amistad que parecía sólida. «Johan es destituido fulminantemente y Rexach, en lugar de irse con él, se mantiene en el banquillo, entonces ahí acaba una relación que era como de hermanos. En la última jornada en Riazor, Rexach forma un once prácticamente pleno de canteranos, con el debut de Roca, Pimienta, Rufete o Setvalls, algo con lo que siempre había soñado Cruyff. Nunca se sabrá si lo hizo como homenaje a los ocho años de trabajo junto a Johan o si se trató de una machetada por la espalda a su hasta entonces amigo».


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El misterio es que ningún medio se pregunte como la chapuza del Bernabéu pasó de presupuestarse en 500 millones a costar más de 2.000 millones de euros.
Más feo que un frigorífico por detrás, sin poder hacer conciertos, con el techo roto y teniendo que pintar el césped… recurrir al despido de cruyff, no me lo esperaba.
Simplemente es un reportaje sobre un libro que salió hace pocos meses a la venta sobre el último Barça de Johan Cruyff.
¿Os habéis dado cuenta de la agresiva campaña que están montando contra el Barça por el caso Negreira? Son patadas de ahogado porque saben que el asunto llega a su fin y no tienen absolutamente nada para condenar al Barça. Claro, si fuera tan barato comprar árbitro todo el mundo lo haría. Además, ni el árbitro que trabaja en el Real Madrid y que arbitraba en esa época ha denunciado que el Barça le pagaba. BULAZO del bueno para manchar al Barça.
Jajajaja Jan, déjalo ya. Agresiva campaña, dice, cada mes un recuadro chiquitín en algún diario deportivo no pagado por LA CORPORACIÓN.
Hay que tener bemoles …
Nunca le perdonaré a Núñez de habernos privado del segundo proyecto de Cruyff. Suyos son los fichajes de Blanc, Luis Enrique y Pizzi, y tenía apalabrados a Molina, a Zidane desde el Girondins y a Ryan Giggs.
Molina; Ferrer, Blanc, Sergi; Popescu, Guardiola, Roger, Luis Enrique; Figo, Zidane y Giggs.
Cruyff veía a Lucho para hacer el mismo rol de Bakero en el vertice del mediocampo. A Molina y Blanc como elementos claves de esa salida desde atrás que le hicieron apostar por Busquets como sustituto de Zubizarreta.
No sabemos si la entrada de la Ley Bosman hubiese cambiado la planificación. Pero ese once, con Abelardo como DFC, Nadal como MC, Celades como alternativa a Pep, De la Peña en mediocampo y que Roger pudiese entrar de LI, Oscar como suplente de LE, Jordi para el EI, Pizzi para el ‘9’… la plantilla iba a tener alternativas de sobras, tenía muy buena pinta, muy equilibrada.
Núñez le dio a Robson ese verano todo el dinero que le negó a Cruyff.
RECORDAD que Xabi Alonso le dijo DE TODO a Gil manzano y no le saco amarilla
Hoy expulsó a Hansi flick por un aspaviento
TODO PODRIDO
– ATRACO FRUSTRADO y VICTORIA ante el girona
– Gil manzano A CASCAR
– Gol LEGAL de Eric García y PENALTAZO A Marcus Rashford
– QUE PELOTAS TIENES Araujo
– Hansi Flick TE AMO MUCHO
– Vinicius BALON DE PLAYA
A mi me avisáis cuando le piten su penalti al Madrid
Recordemos que el Real Madrid le compró un pasaporte falso a Slaughter, con el que ganó una Liga y una Copa del Rey cometiendo alineación indebida y aquí no ha pasado nada…