Entrevistas

José Antonio González Linares: «Los periodistas sabían que había EPO, pero nunca me he parado a pensar por qué no decían nada»

Es noticia

linares005

Suena, al fondo, la voz de Javier Ares mientras canta referencias en el Tour. Toño sonríe. «Me lo pongo y voy escuchando, verlo ahora me cuesta, por un problema en los ojos». Hay cuadros que lo muestran con maillots míticos. El del Kas, el de Campeón de España. También copas, fotografías. Lleva, como funda de móvil, una reproducción en pequeño del jersey que vistió Teka.

Todo ciclismo, sí.

José Antonio González Linares (San Felices de Buelna, 1946) lleva casi ochenta años respirando bicis. Desde que se puso a cortar árboles para comprarse una, concretamente. Después fue ciclista profesional, y de los muy buenos, de los que ganaban y hacían que ganasen otros. Más tarde se retira, se sube a un coche, empieza como director. Y, sin casi tiempo, periodista. Hasta para ser alcalde aquí, en su puebluco, tuvo ratines Toño. Una vida completa. Y siempre con manillares y piñones.

Julio, calor y grillos que hacen cricri, también vacas mugiendo. Enfrente, el verdor moteado en blanco del monte Dobra. Nos trae José Antonio hasta su casa, a ese jardín que antes cortaba a dalle y ahora le cuesta mantener, porque las fuerzas no son las que tuvo cuando ventilaba etapas por el Tour. «Pero gané más carreras, oye», dice entre risas, y me entrega un papel donde ha mecanografiado (tinta roja) todos sus éxitos. Muchos son. Empezamos a hablar sobre ellos, sobre victorias, también sobre fracasos, polémicas y travesuras. Se le pone a veces, a Toño, una sonrisa de crio chico, un gesto casi infantil de quien recuerda y habla sobre trastadas, sobre amigos y rivales, sobre tiempos donde lo pasó tan bien. El sol cae lentamente.

Te puede contar tantas cosas este hombre…

Tú naces en 1946.

En esta casa nací.

¿Y cómo era esto?

Pues el pueblo tenía más habitantes que ahora, pero estaba… como todos los pueblos, muy abandonado. Había mucha industria en Los Corrales (a un puñado de kilómetros), estaba Nueva Montaña Quijano (fábrica metalúrgica), y todo el pueblo trabajaba allí, como tres mil obreros hubo. Aquí había mucho obrero mixto, que tenían también ganado. En mi casa también teníamos vacas. Así se vivía en los pueblos… entonces no tenías agua, no tenías ningún vecino, ibas a un manantial que hay aquí cerca. Después un mexicano (un indiano, emigrado a América que hizo riqueza allí y realizó labores filantrópicas en su lugar de origen) puso varias fuentes públicas en los barrios y después ya empezó a meterse en las casas.

Todo barro, imagino.

Todo, carretera de piedra, el asfalto llegaría en el año cincuenta y cinco, o así.

Poco más y lo pones tú.

(Sonríe). Mucho puse, mucho.

¿A qué se dedicaban tus padres?

Mi padre trabajaba en la fábrica de Quijano, y luego teníamos muchas fincas y bastante ganado, vacas de leche. Pero él marchó muy joven a México, yo aun no había nacido, dejó aquí a mis dos hermanos mayores. Marchó porque teníamos un tío allí que estaba bien montado. Mi padre era un hombre muy ambicioso, siempre quería las mejores fincas, tenía ya máquina para sembrar en aquellos años, la única que había en el pueblo, para el panizo, para todo. Y se empecinó en ir para México con dos tíos míos que vivían aquí también, en una casa allí que le llamaban «La Venta», ahí hubo un bar muy grande. Total, que se marchó para México y yo nací cuando él iba en el viaje. Y luego… tenía yo tres años… Él ya tenía un rancho en México, que nos iba a llevar a todos, y un día estaba echando gasolina al tractor, ahí, con el cigarro y… y voló. Voló y esto fue ya una ruina, porque una mujer sola, con tres hijos… sí, mucho campo, once cabezas de ganado aquí en la casa, que la cuadra era esto mismo… Se levantaba a las cinco de la mañana mi madre, para atender al ganado, ella y una chica que a los quince años vino a vivir aquí, a mi casa. Aquí se casó y vivió muchísimos años. Ayudaba con el ganado, el marido trabajaba en la fábrica. Todavía vive, ella fue como mi madre.

Os sacó adelante tu madre… a mí siempre me han contado que tú a ella la adorabas.

Mi madre es la que más tiraba de nosotros, pero la mujer murió con sesenta y tres años y se puso muy pronto enferma, con los nervios y esto que te cuento, se le marcharon otros dos hijos a México y tal. Y la pobre mujer pues ya estuvo muy mal… se levantaba a las cinco todos los días y ordeñaba las diez vacas a mano ella sola. Y así fuimos tirando. Los otros dos hermanos, te dije, se marcharon para México, que se equivocaron, porque el que era mayor que yo había terminado los estudios en los frailes, en Los Corrales, una escuela de formación que tenían los Quijano, eran el sitio de donde mejor preparado salías, salían torneros, mecánicos, todo. Mi hermano era tornero, estaba trabajando allí y por las tardes se iba a Torrelavega a estudiar para hacer perito, era muy inteligente. Pero al segundo año no callaba, porque el mayor de todos había ido a México, y éste que le reclamaba su hermano, que le reclamaba su hermano, mi madre no quería que se fuera y… Al final, ya sabes, los hijos cuando se empeñan… Marchó allá, y allá se quedaron los dos.

Cuando tú vas a los Juegos Olímpicos, ¿los ves?

Sí, sí. Yo voy a México en el año 66, en el 67 y en el 68 para los Juegos. Esos Juegos no se iban a hacer, porque decían que a tres mil metros de altitud no se podía competir. Entonces hicieron dos preolimpiadas, selecciones de todos los países del mundo. Participamos y… el primer año ganó la selección española los 100 kilómetros contrarreloj a una media de cincuenta por hora.

¿Quiénes eran tus compañeros?

Mascaró, un mallorquín; Ochotorena, que era guipuzcoano; el madrileño Gómez Lucas y yo. Y luego estaba un valenciano para la prueba en línea, y yo, que hice cuarto. Batimos todas las medias, claro, se demostró que por la resistencia del aire ibas mucho más deprisa. Estuvimos un mes aclimatándonos, luego se supo que con siete días era suficiente.

Y dices que fueron tus hermanos a verte.

Sí, no los había vuelto a ver desde que se marcharon. Ya ni escribían, que a mi madre eso… bueno, pues eso la trajo la muerte.

Y de tu primera bici, ¿te acuerdas?

Claro. Fui a trabajar ahí, en el río Besaya, para comprarla. Ganaba setenta pesetas diarias, mi madre no podía darme las 3200 pelas que valía una bicicleta de ciclista. Una no muy buena.

¿Qué edad tendrías?

Catorce años. Trabajaba con los árboles. Iba allí a las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, hacíamos cien hoyos de cincuenta por cincuenta en pedreguera… te metías unas pechadas. Trabajaban allí paisanos de treinta años, yo era el crío. Cuando vino el ingeniero a pagarnos el primer mes preguntó, «al chaval, ¿cómo le pagamos?», y el encargado dijo que nada, que el chaval trabaja como los demás, hace los cien hoyos y si le paga menos me diría que hiciera la mitad de trabajo. «No jodas, tal». Sí, sí. Y allí me pagaron setenta pesetas, y poco a poco saqué para la primera bici. Mi madre bastante hacía que me dejaba ir a trabajar, la mujer. La muchacha que vivía con nosotros me llevaba la comida. Un pucheruco de alubias y unos huevos, que es lo que había en casa.

¿Y cómo era aquella bici?

Era una marca Letona, azul, muy bonita… para mí muy bonita, una joya, era. La compré en el Garaje Fernández, que está aquí, en San Felices, y ellos me ayudaron mucho, porque cuando empecé a correr me llevaban a las carreras en una moto. A esa familia le encantaba la bici, todos los hijos corrieron. El padre iba en taxi, y el hijo me llevaba con la moto.

linares002

¿Ibas en la moto de paquete con la bici?

Llevaba la bici al hombro, sí. Y así íbamos a Laredo, a Castro, con las carreteras de antes. Para las dos ruedas habíamos hecho un soporte en la moto. Hasta Bilbao fuimos a correr el Gran Premio de San Salvador del Valle, pero allí me llevaron la bici en el coche, porque claro… casi tres horas hasta allí, con aquellas carreteras, el cuadro clavado aquí, y reventao. Ahí fue mi primera carrera fuera de Cantabria.

¿La ganaste?

Sí, la gané. Estaba un poco sorprendido, porque en Cantabria salíamos sesenta chavales a principio de temporada, luego a mitad igual éramos cincuenta, cuarenta. Pero allí salimos doscientos tíos… de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya… Había ciclistas como de aquí a la casa aquella, toda la carretera llena de gente, invadida, y yo le decía a Fernando «mecagoendiez, dónde me has traído, no me jodas». Y él me dijo que a ver cómo podía pasar, que tenía que empezar de los primeros, porque después era imposible adelantarles. Yo ahí todo nervioso, de un sitio a otro, me dirían de todo, pero ahí que llegué a la cabeza. Salí el primero, no miré para atrás, y llega un puerto, la pancarta de Premio de la Montaña, esprinto para la montaña y digo «joder, qué ocurre aquí, no me pasa nadie», miro para atrás y no venía nadie… Iba solo. Gané la carrera con seis minutos.

¿Tú a esas carreras ibas con algún club?

Llevaba un maillot de Garajes Fernández, el de aquí. No tenían equipo, a mí me hizo el maillot una chica del pueblo, que vivía en esa casa de ahí abajo. Maillot de lana, entonces eran todos así, yo corrí el Tour con maillots de lana.

¿Y de qué color era?

Era azul, y una tira blanca aquí, en el pecho, que ponía «Garajes Fernández San Felices de Buelna».

De aquellas, ¿cómo entrenas? ¿Tenías alguna idea, algún plan?

Yo no, yo me iba a entrenar y andaba cincuenta kilómetros, luego corríamos ochenta o cien, porque competíamos los de quince años con los de dieciocho. Ya el primer año les gané una carrera… Ellos llevaban unos equipazos… El Motobi San Miguel, que corrían Pontón, Samantiaga, hombres de dieciocho años. Pero yo gané una carrera, y siempre estaba entre los cinco o seis primeros. Yo solo, atacaba uno, atacaba el otro, se organizaban los equipos, yo no tenía, eran como profesionales. Después hubo una selección en Polanco para ir al Campeonato de España. Fue una contrarreloj por Mogro, Cudón, bastante dura, lloviendo y todo. Yo gané la contrarreloj, metí un minuto y pico al segundo y me tuvieron que llevar al Campeonato de España, a Valencia. Y a partir de entonces me ayudó mucho el seleccionador nacional, Gabriel Saura, que todavía vive, tengo que llamarlo un día. Él me llevaba a las concentraciones, en invierno me llevaba un mes a Navacerrada, haciendo cultura física, corriendo, te daban teórica, un poco de ciclismo, de preparación… aprendí más allí que en profesionales. Y después en febrero o principios de marzo nos solía llevar a Cambrills, a Mallorca o al sur, para que entrenásemos el equipo nacional. Salíamos mucho a correr al extranjero y ya nos daba ruedas y tubulares. Porque entonces había que comprarlo todo…

Tú entonces corrías ya en un club de Eibar.

Después de aquella carrera que corrí en Vizcaya me fichó el Velosolex-Orbea, que era un equipo muy bueno de Eibar, y me llevaron a vivir allí. Vivía en la «Pensión Oriotarra».

¿Con cuántos años es eso?

Tendría quince o dieciséis años. Lo pasé jodido, porque nunca había salido de mi casa, nada más al Campeonato de España, y allí estaba todo el año. Salía a entrenar setenta kilómetros, y después me sentaba en la plaza de Eibar, viendo pasar los camiones con matrícula «Santander» y se me iban los ojos, me entraban ganas de echar la bicicleta a la caja y… Una morriña de cojones, me entró. Pero aguanté, aguanté. Después me fichó el Ferrys, ya en juveniles para pasar a aficionados. Corrí un año en Ferrys y luego me fichó Kas. Estuve tres años de amateur con ellos, que estaba siempre allí también, en Matiena. El Kas tenía un equipazo de cojones. Ahí me cambió mucho la vida, porque en el Kas querían que pasara a profesionales, pero la Federación nos había tenido desde chavalillos y quería aguantar el equipo que tenía hasta la Olimpiada. Antón Barrutia y Langarica (Directores del Kas) querían que pasara, me decían que iba a perder tres años esperando, que no me lo pensase, que aquello de los Juegos era una carrera de un día, una lotería. Total, que no sé a los demás, pero a mí me pagaron siete mil pesetas al mes en la Federación, y otras siete mil el Kas. Entonces era mucho dinero y… ya ahí vivía de puta madre. Me daban material, el Kas la bici completa, ruedas, otra bici del equipo nacional con la bandera española…

Las bicis del Kas, ¿eran Marotias?

No, eran Massi, italianas. Marotias eran las de la Federación. Yo lo conocí, a Marotias, era de aquí, de Cantabria. Le encargué un cuadro y no me lo quiso cobrar, me lo regaló. Color oro, precioso. También hacía las del equipo nacional, y las del Fagor.

A ti te regaló la bici, pero sabes que una vez Eddy Merckx se presentó en su casa para comprarle tres cuadros y no quiso regalarle nada, aunque el otro le decía que todas las marcas del mundo se peleaban por la publicidad que era «vestir» a Merckx…

Le dijo que tenía que comer, sí. Marotias era muy buena persona, pero decía «joder, éste con todo el dinero que tiene, y yo con cinco hijos». Él tenía el taller al lado del río, y siempre decía que a sus hijos no les gustaban las piedras del río rebozadas, que preferían comer otra cosa.

¿Cómo era aquel Kas?

Cuando yo pasé estaban Aurelio González, Gregorio San Miguel, Carlos Echevarría, Gabica. Y Langarica quería meter a jóvenes, nos pasó a seis, a Gómez Lucas, a Tamames, a mí, a Uribezubía… No renovó a Pérez Francés, que marchó a correr al BIC. Él estaba aun bien, pero sabía que la forma de ser de José con los chavales no…

Siempre tuvo fama de hombre difícil.

Yo me hice muy amigo de él, mucho, porque él era de Peñacastillo. En el Kas era íntimo amigo de Carlos Echevarría, siempre compartían habitación, cuando llegó me ponen de compañero a Carlos, así que hacemos relación. Nos íbamos a veces por nuestra cuenta a Moraira, al lado de Alicante, a entrenar. Los tres, hicimos muy buena relación. Pero ya no estaba en Kas, Pérez Francés. Allí seguían Gabica, que era una gran persona, o Aurelio González, que era un cacho de pan… Caímos muy bien, yo por lo menos. Después ya ficharon a Fuente, que todavía no era nadie, ni siquiera en amateurs.

En amateur corrió con el Horno San José, de Torrelavega.

Estás bien informado, ¿eh?

Se hace lo que se puede… Él corrió dos o tres Vuelta a Cantabria de amateurs.

Ah, pues yo solo coincidí con él en profesionales, después.

Luego te preguntaré por la Vuelta a Cantabria que ganas tú, ya con los profesionales, que tuvo polémica.

¿Qué polémica?

¿No hubo polémica?

No, para mí no.

linares003

A ver, cuéntame.

Sale la etapa de Laredo, treinta kilómetros contrarreloj, la gano y Santamarina, que corría en el Werner, hace segundo. A la tercera etapa subíamos El Escudo camino a Reinosa. Y yo ya sabía cómo tenía que subir el Escudo, a mi ritmo, y sabía que allí pierdo máximo un minuto. Y eso porque no había el desarrollo que tenemos hoy.

¿Con cuánto subías de máximo en El Escudo?

Con un veintitrés atrás.

¿Y plato de cuarenta y dos?

Cuarenta y cuatro, si llevo un cuarenta y dos no me quedó. Te decía… la gente daba empujones, pero empujaba a todo el mundo, a mí ya me avisó un árbitro, que le había dicho Momeñe, el director de Werner. Nada más coronar, sin llegar al balneario de Corconte, ya tenía a Perurena cerquita, no subió muy lejos de mí. Y también otro compañero que Antón (Barrutia) le mandó esperar. Y entre los tres, en cinco kilómetros, cogimos a los de delante, a Santamarina y dos más. Ellos a rueda hasta Reinosa, y allí ganó Peru. Así que no digan que…

Pero ellos dicen que te han empujado, y hasta terminan retirándose como protesta.

Pero es que empujaron a todos. En un puerto como El Escudo… y en el Giro me han empujado, y en el Tour de Francia me han empujado, cómo no te va a empujar la gente, no lo puedes evitar. Eso es la excusa que ellos pusieron, el árbitro lo tenía encima y vio que solo me habían dado unas palmadas. En otra etapa llegamos a Los Corrales. Por Hijas, veníamos. Le dije a Peru (Txomin Perurena) que se pusiera a rueda porque iba a entrar por las fábricas de Quijano como un loco, y como no te sueldes bien a rueda te voy a soltar. No jodas, decía él, y yo que sí, que lo conozco como mi casa.

Acababais en el Stadium Forjas, ¿no?, en la pista.

Sí, allí. Aquel día lloviznaba un poco, y era de ceniza. Así que entré como le dije y ya no miré para atrás. Entré, mecagondiez… Media pista, saco. Entonces gano otra etapa, otra que gana Peru, y los otros lo que querían es cobrar las dietas para marcharse medio equipo a casa. Antonio San Miguel, el organizador de la Vuelta, se las dio. Así que polémica ninguna. Mira cómo andaba yo que gané… quien debía ganar era Peru, pero andaba tanto que… En la última etapa, llegando a Santander, tuve que frenar al lanzarle el sprint para que ganase él, porque le llevaba el maillot verde. Y Peru era un loco de los maillots verdes, como era tan regular… Me decía «no me jodas, no me hagas la llegada, que vas demasiado deprisa, hoy me defiendo solo».

¿Fue Peru tu mejor amigo en el ciclismo?

Sí, el mejor, con diferencia.

Es una persona de la que nadie habla mal.

Es que quien hable mal de Peru es para llevarle al paredón. Nosotros nos hicimos muy amigos desde aficionados, y cuando le ficha el Kas siempre compartimos habitación. Él venía aquí, a esta casa, con la mujer y las gemelas, y el poco tiempo que teníamos lo pasábamos aquí.

¿Te ayudaba a segar? Porque era fuerte.

Era fuerte y le gustaba ganar a todo… «mecagoental, trae la guadaña, que yo siego». No jodas, que me la clavas en el suelo y me la jodes. Era bruto como él solo, y para segar a dalle hay que mamarlo.

Todo el mundo dice de Peru, también, que era alguien muy honesto, que si te daba su palabra ya lo tenías.

Era la mejor persona que yo he conocido.

Otro compañero tuyo, Fuente.

Con Fuente también me llevé muy bien, y con López Carril. Tarangu era muy raro, diferente a todo. Yo le llamaba «el lunático», ahí viene «el lunático», cuando bajaba al comedor, casi siempre el último, así, con cara seria, y no decía ni buenas noches. Luna llena hoy, le decía, de cachondeo, Carril y yo estábamos siempre de cachondeo. Pero Tarangu nada, ni hablaba, cuando estaba él en forma y bien… no hablaba con nadie. Yo a veces iba a tomarle el pelo a Vicente (López Carril), porque Tarangu siempre dormía con López Carril, y entraba y estaba fumándose un pitillo, una humera de la hostia… y yo le decía «joder, Carril, este te ha jodido cuatro años de tu carrera deportiva, te está intoxicando». Y ahí ya saltaba el otro, «anda, cabrón, Pasiego, vete a tomar por el culo». (Ríe). Él me llamaba «Pasiego».

¿Y eso de que desesperaba hasta a los compañeros de equipo por sus despistes y tal?

Eso es verdad, yo siempre tenía que estar al lado de él. Yo iba muy fuerte en plano y a él le gustaba correr detrás, que es un sitio muy cómodo, te evitas las caídas. Y siempre ahí con él. El día de San Remo, en el Giro 1974, iba de líder, había ganado dos etapas y le sacaba dos minutos a Merckx.

Había pasado la crono, además.

Sí, en Forte dei Marmi. Él decía «a mí este hijoputa no me quita el maillot hoy», y nosotros le decíamos que qué importaba, que lo que no podía es acabar reventado por la crono. Y al día siguiente, en una etapa que no era muy dura pero se hacía el final de la Milán-San Remo, amaneció un día de cojones, con lluvia y tal. Cogimos la cabeza y allí no se movía nadie. Entonces ataca Baronchelli y se marcha con López Carril. A nosotros no nos importaba, porque Carril subía tanto o más que Baronchelli, así que Barrutia dijo que ya tirará la Molteni. Pero la Molteni que no tira, seguíamos nosotros, a dos minutos o así. Y entonces Fuente empieza a decir «hay que coger, hay que coger, mecagonmimadre», y yo le decía «cállate la boca, no empieces a tocar los cojones, mira qué día de agua, tú come, lo que tienes que hacer es comer».

Entonces Antón, el director, se arrimó y me dijo que no cogiéramos, y yo que no, que para qué. Y a Tarangu se le cruzó la vena y se puso a tirar… nah, tiró diez kilómetros y quedó reventado, y después llevarlo medio a empujones. Merckx venía muy jodido, por eso no tiraban, iba tocado. Subíamos, aquellos puertos son muy tirados, y los vas viendo, vas viendo a los ciclistas, y yo veía a Merckx, con la maglia verde de la montaña, que iba ahí, a nada, a un minuto, pero Tarangu… Venga a empujarle, agarrado al coulotte, al maillot, todos bien jodidos, muy tocados. No sé cuántos minutos perdió. Sé que llegamos a la meta y él me dijo «espera, espera», pero yo tiré para el hotel, «ahí te quedas». Y se quedó, porque le gustaba montar el espectáculo, toda la prensa rodeándole. «Chico, chico», le llamaban. Y dice: «Ahora estoy siguro que vinto a este Giro, porto mas morale que esta torre de ahí atrás», y señala un campanario. Nos lo contaban y nos descojonábamos de risa.

linares008

Y ¿cómo se puede trabajar con alguien así?

Ya lo conocíamos, nosotros, ya habíamos ganado dos Vueltas a España con él, y no habíamos tenido problemas. Pero en el Giro sí, se ponía… buah. Andaba mucho en el Giro siempre. Aquel Giro lo tenía que haber ganado con una pata. Antes de las Tres Cimas de Lavaredo se pasó toda la noche sin dormir, comiendo tarta de chocolate y fumando, sentado con Gabino, el masajista, en la habitación. Le miraba la presión, y 22 de presión, tenía, y había que subir a Lavaredo. Este mañana… Nos decía Gabino en el desayuno que no sabía si podrá subir. Pues llegó, arrancó abajo, estaba lloviendo también… Tenía que haber arrancado a tres kilómetros, pero lo hizo abajo, se marchó y le llevaba dos minutos a Merckx. Ganó la etapa, pero casi le muerde el otro.

Al otro día salimos de allí, de las Tres Cimas, bajando, un frío de puta madre. Y nos dice Fuente de atacar desde la salida, que no nos pusiéramos mucha ropa. Doscientos kilómetros, cuatro puertos y todos los italianos bajaban con capuchón de lana, guantes hasta el codo, impermeables, maillot de manga larga… Nosotros con el maillot de manga larga, solamente, porque sabíamos lo que iba a pasar. Arrancamos a toda hostia, mecagüendiez, luego se veían en el valle maillots tiraos, impermeables, guantes, todo dios tirando ropa. Y Kas a toda hostia, quedaron fuera de control como treinta tíos, que luego los repescaron. Al otro día, por la mañana, nos vino un italiano, Gualazzini, que era así de grande, «porco dio, no tienes vergoña, no tienes vergoña, bandido, tanti hombre a la maison después de sufrir tanto». Los habían repescado, pero igual ni sabía.

Por acabar con Tarangu, os costó dinero en el Tour de 1973, que vosotros habíais pactado con Ocaña.

Joder, ahí nos engañó Ocaña. Él vino a pactar, porque sabía quién era el Tarangu. Dijo que controlásemos las primeras etapas llanas los dos equipos, y luego en la montaña… hostia va y hostia viene, el que más pueda se la lleva. Hicimos dos etapas, bien. Llega la tercera y… yo iba el último con éste, a cola de pelotón, y vemos que empieza a acelerarse. Coño, qué raro, si no hay ningún sprint especial, aquí pasa algo, y él que qué cojones iba a pasar. Joder, que entramos en un pueblo de calles estrechas y adoquinadas. Ocaña había cogido a cinco equipos y había preparado la batalla allí. Cuando quise llevar a Tarangu delante… llevarle yo, porque Carril y estos estaban en cabeza, ellos corrían en su sitio… Cuando quise llevarle para organizarnos ya nos llevaban tres minutos y pico, ya me contarás. El director no pudo comprar a ningún equipo para nos echara una mano, y nos metieron una minutada.

Pero Luis, además, le intentó comprar camino de Les Orres.

Luis atacó aquel día en el primer puerto, Tarangu se soldó a rueda y los dos solos. Ya llevaban como tres minutos y Luis le decía que pasara, y éste callao, negando, él era así, no decía nada, no hablaba nada. Luego en el hotel nos contaba «¿me pides que te pase? Te voy a pasar en la meta, hijoputa. Además si le paso me deja, porque iba como un avión». Sacaron como diez o doce minutos a Thévenet, a Zoetemelk y toda esta gente. Y a media subida del puerto final, que es donde iba a atacarle el Tarangu, pinchó. Y se le jodió la etapa, hizo segundo, estaba segundo en la general. Y Ocaña vino a hablar con nosotros. Con el Tarangu no, porque con el Tarangu no se hablaba.

¿No se hablaban, Ocaña y Tarangu?

Cómo le va a hablar, con lo que le hizo, ¿tú le hablarías? Siete horas los dos allí escapados, Ocaña que tires, que tal, que nos arreglamos, y el otro así, callao. Y entonces vino Luis a hablar con Carril y conmigo, y dice, «mira, os voy a decir la verdad, a mí me gustaría repartir el dinero, etapas y esto con vosotros», porque Luis era muy español, mucho más que francés, «pero os voy a decir que tengo todo el Tour comprado, todo. Vosotros entráis, pero si no… entre todos los equipos cada vez que sale un Kas, a rueda». Se lo decimos a Tarangu en el hotel, yo creo que lo mejor es esto, que nos amargan, que nos joden. Pero él que nada. Y así fue, ganó una etapa López Carril en la zona de Niza, un día de perros, por toda la cordillera de allí, y luego yo hice segundo en otra, una escapada de cuatro, me ganó el inglés Wright. Y nada más. A Tarangu le putearon y le quitó Thévenet el segundo puesto. Y él esto lo rumiaba, lo iba pensando, pensando. Un día de lluvia me hizo parar porque quería cambiarse el coulotte para poner uno seco. Y se montó una batalla de cojones, claro. «Déjate de coulottes, vete aunque sea en pelotas, ¿no vamos todos mojados?». Mecagüental, una dificultad para cazar de la hostia, él a rueda, claro. Hizo tercero aquel Tour.

Ocaña, ¿cómo era?

Con nosotros, los españoles, se llevaba muy bien. A mí me quiso fichar, de hecho estuvo como medio año sin hablarme, me había comprometido con él ganando el doble que en el Kas. Era el año 72.

¿Y por qué no fuiste?

Pues porque he sido siempre muy enamorado de mi gente, yo estaba muy bien en el Kas, el Kas era una familia y allí me lo pasaba muy bien. Sabía que me iba a ir a Francia y los franceses no nos podían ni ver. Lo tenía hecho con Luis, luego me arrepentí y le dije que no, en Kas me firmaron un contrato de cuatro años, me subieron el sueldo, aunque no lo que él me daba. No me arrepiento, era feliz, con mis compañeros, con López Carril, con Fuente, con Peru, con Pesarrodona, que era también del grupo nuestro. Lasa no era muy del grupo nuestro.

Era un poco más suyo, ¿no?

Mucho, mucho. Pero nosotros le poníamos firme. Recuerdo una etapa en la Vuelta 74, que salimos de León, la zona del Bierzo, lloviendo, una zona de baches, las carreteras llenas de carbón, que íbamos nosotros negros como carboneras. Como llovía llevábamos el impermeable y había una escapada de doce, pero no sabíamos quiénes eran. Y yo creo que fue Elorriaga, que me viene y me dice, «que va el Lapa allí», el Lapa le llamábamos, porque se soldaba a rueda. Y yo que no, qué cojones va a ir, si no veo ningún chubasquero amarillo. «Es que se ha puesto uno verde», decía Javi. No jodas… Levanto la mano, pasa Antón y cuando nos dan los números vemos que va allí Lasa con Agostinho, que era el que más andaba de toda la Vuelta. Y Tarangu de líder, era la Vuelta de 1974. Mecagoendiez, nos pusimos todo el equipo a tirar y lo dejamos en un minuto, y llegando a Pajares ya veíamos los coches a lo lejos. Entonces Tarangu llevaba al cuello unas gafas de motorista, unas de esas antiguas, se las pone y se tira bajando Pajares. Llovía de cojones, estaba peligroso, una niebla… Se marcha solo, Padrún, Santo Emiliano, la carrera destrozada. La meta era en el Naranco y ganó la etapa allí arriba. Yo iba con Peru junto a Ocaña, y a Ocaña le gritaban de todo… hijoputa, escupiéndole, y Peru diciendo a la gente que eso no se hace, eso no se hace, no hay derecho. Déjalos, Peru, que todavía nos van a dar una hostia a nosotros (ríe).

A ti te quiere fichar Ocaña pero antes, de amateur, te quiere llevar a Bélgica el mítico Flandria.

Sí, cuando estaba de amateur, una vuelta que corrimos allí en Bélgica, que era todo adoquín. Yo andaba en ese terreno… Ahí me equivoqué yo, me tuve que haber quedado allí, era un ciclista para correr en ese terreno. En el primer Tour de Francia que corrí llegamos a la etapa del pavé, se hace la selección de siete tíos y ahí estoy… los siete mejores de las Clásicas, con Godefroot, Merckx, de Vlaeminck, Poulidor, con esos. Siete éramos, a toda hostia por las piedras. Yo llevaba unas llantas Fiami, que son las más ligeras que hay, porque en Kas con Langarica, para estas cosas, estábamos más atrasados que los bomberos. Llevaba la llanta ligera, un tubular Clemenzeta, que era el mejor que había, de sello verde, finito, pero servía para carreteras buenas, para puertos con buen piso. Ellos llevaban cuarenta o cuarenta y dos radios en la rueda trasera para las piedras, unos tubulares así (abre los dedos), y llevaban doble correílla en el rastral… mecagon, a mí se me salía el pie, todo el día tirando, la bici de lado a lado, pegando unos bandazos con aquellas ruedas… ¿Qué sabía uno? No te fijabas en los demás, y encima era un día de lluvia, que casi no ves a los otros antes de salir…

linares006

Y aun así aquella etapa, que termina en Valenciennes, casi la ganas.

Entré en el velódromo el primero, solo, pero había una bajada para ir a la pista con una curva de noventa grados, ni lo conocía. Allí entro con el 53×13, que si lo conozco ya pones el 15 para salir rápido de la curva. Pues llegué, fiuuuu, una frenada que casi me pego la hostia contra el muro de la curva del velódromo. Luego lanza otra vez la bicicleta… Ganó de Vlaeminck, hice cuarto, me parece. En los últimos cincuenta metros me echaron mano.

¿Te hubiese gustado dedicarte a las Clásicas, entonces?

Sí, porque yo ya vi en aquella Vuelta a Bélgica de amateur que en el pavé iba como un tiro.

¿Y te gustaba? ¿Te divertía lo del traqueteo y tal?

Sí, yo iba muy a gusto, ponía las manos arriba y disfrutaba. Los demás españoles… Mira, me tituló un artículo Jacques Anquetil, que escribía en L´Équipe, y puso «el falso español nos ha sorprendido». Falso español porque un español atacando en el pavé, llegando delante con Merckx y toda esta gente…

Tú además andabas fenómeno con frío y con agua, me imagino que de entrenar aquí a diario.

Sí, yo rendía como un veinte por ciento más con frío y agua. Por eso a mí aquello… Hubiera ganado muchas carreras. A mí me ve el director del Flandria, que dirigió a Zoetemelk, a van Looy, a de Vlaeminck, y es él quien me dice de irnos.

Vosotros en Kas entiendo que las Clásicas…

Íbamos a la Milán-San Remo, pero solo a por el material. Desde Vitoria hasta el hotel Ciampione de Milán… Tres días y pico para llegar en el autobús del equipo. Salías de Vitoria y todo Francia la cruzabas sin un metro de autovía, pueblo, pueblo, pueblo. Luego llegabas a Niza y cogías ya lo de La Turbie para Montecarlo y la autovía de Italia. Pero antes… Llegábamos allí, todo el día sentados en el autobús, comiendo chocolate que comprábamos cuando paraban en las gasolineras, las piernas así, hinchadas, gordas como qué. Cuando vas concentrado paras, entrenas un rato, tal… nosotros no. Luego llegábamos, te levantabas a las seis de la mañana, comías el arroz y tal, ibas a por tu bicicleta y no la encontrabas, porque eran todas las bicis nuevas y las habían montado por la noche los mecánicos. Imagina, diez bicis, toda la noche sin dormir. Y con el material que caía.

A ver, que me aclare… ibais porque las bicis eran italianas, las cogíais el día que llegaba el autobús desde Vitoria y las estrenabais al día siguiente en la Milán-San Remo, que son trescientos kilómetros…

Si, también cogíamos más bicis, los tubulares, volvía el autobús que reventaba. Y eso, que lo que te tocaba de material, yo hice la Milán-San Remo con una bici que era dos tallas más grande de lo que yo uso. No me jodas, Azkárate, le decía al mecánico, que además mira qué tija me has puesto, yo gasto un doce y tú me has puesto un once. Y él respondía que qué más daba, si aquí venimos solo a por el material.

¿Y nunca pensasteis que por ejemplo Perurena podía haber aspirado a esa carrera?

Pero nosotros no éramos nadie en aquellos años con Langarica.

Se hacía lo que decía él y ya.

No había ningún tipo de táctica, Antón luego sí, pero Langarica… Nada más nos dio una táctica en una Vuelta a la Comunidad Valenciana. «Táctica Langarica, de Dalmachi», decía Peru (ríe), a veces de cachondeo me lo decía, «mañana táctica Dalmachi», jamás nos dio otra. Pues ese día subíamos La Carrasqueta, bajábamos a Alcoy, y en Alcoy hay empedrado, con adoquines, y después ya coges toda la cornisa hasta Benidorm, un terreno durísimo, mucha subidas de tres, cuatro kilómetros… durísimo. Y entonces dice Dalmacio, que subimos La Carrasqueta a toda hostia, todo el mundo en fila, la bajada es cortita, «entonces Linares coge la cabeza, el control de avituallamiento está en Alcoy, donde el pavés, vosotros lleváis comida de más en los bolsillos y atacas allí, y todos a rueda tuya. Después empiezan las subidas y tú, Tarangu, a toda hostia y ya allí está hecho». Y esa fue la primera táctica que nos dio.

Justo… arranco en el empedrado y escucho que detrás me grita Peru, «cabrón, que no tires tan fuerte», era sin querer, yo miraba más a Tarangu, que tenía que atacar luego. Empezamos a subir, yo a rueda de Tarangu, y empezó Tarangu a toda hostia, «más fuerte, más fuerte», le decía, eran principios de temporada y a principios de temporada él no estaba muy preparado, «más fuerte, que se ha quedado Pontón», que era el líder, y éste pimpam, pimpam, yo a rueda, los otros ni hablaban. Cuando coronamos cojo la cabeza, me pongo a tirar, empieza la siguiente subida y le digo que pase, que le toca a él… Me pasó un poco y… enseguida se fue para boxes. ¿Y ahora qué? Me pasó otro poco López Carril, iríamos diez. Sesenta kilómetros quedaban a Benidorm y tuve que tirar yo solo hasta Benidorm. Ganó Peru.

Salió bien la táctica de Dalmacio.

La táctica de Dalmachi, nunca más nos dio una táctica. Aquella vuelta la ganó Peru. El último día había que vigilar a un holandés, Tabak, que era muy bueno. Había que dar unas vueltas a un circuito, saltó Tabak, y yo me fui a su rueda. Y Peru que se queda quieto… Mecagoenlaputa, me tengo que descolgar y me pongo a tirar de Peru. «Eres un cabrón», le decía,«na más tienes que marcar la rueda de ese pero, claro, quieres ganar también la etapa hoy, me dan ganas de coger y liarme yo también a hostias en el circuito y a ver qué pasa con todo». Pero nada, me puse ahí, le cogimos y justo ganó Peru la etapa.

La victoria tuya más conocida seguramente sea la crono de Forest en el Tour de Francia.

Pero yo gané una Vuelta al Levante, cuatro al País Vasco y seis etapas, un campeonato de España de fondo en carretera, la Vuelta a Cantabria, seis o siete etapas en la Vuelta a España… gané muchas carreras.

Pero es que en Forest ganaste a Merckx.

Aquello fue lo que más me vendió, pero yo en ese Tour de Francia tuve que haber ganado también la etapa de Roubaix y la crono de Burdeos, que eran siete kilómetros y al arrancar rompí la biela, según salía. No había ni bici de recambio, me dieron la de Gandarias. Gané la otra contrarreloj y allí salía a ganar. Hice segundo en otra crono, también, que ganó Merckx. Y en Burdeos quedé el ocho o el nueve, pero hice el mejor tiempo, porque lo completé con la bici de Gandarias después de cambiar y todo. Ese día volaba, volaba. Todos preguntándome qué había tomado, y no había tomado nada, nada. Ya habían empezado los controles serios, y yo había tomado mis cositas, que no daban positivo, pero solo llevaba normalmente un tubito de optalidol y dos pastillas de colastier, que era como cafeína, muy dulce. Recuerdo que lo llevaba envuelto en papel de aluminio, y durante mi primer Tour lo saco así, a mitad de una etapa, para tomármelo, y me dice Gabika, «cuando lleguemos al hotel me vas a enseñar el tubo», y yo le digo que se llama colastier, «no me jodas», se echó a reír, luego lo vio en el hotel, «no me jodas, cómo vas con dos pastillas de colastier, que esto no vale ni para tomar por el culo, joder, y lo llevas allí, en frasquito». Coño, pues para mi cabeza, me sirve… Y él sigue, «que no te vea nadie sacar de ese frasquito, que parece que llevas ahí una bomba».

linares009

Volviendo a lo de antes de la biela… ¿por qué se parte?

Luego vieron que tenía una pequeña fisura, ahí se nota cómo eran de atrasados los españoles. Yo me acordaba después de Bahamontes, de Julio Jiménez, de Trueba y tal… todos aquellos eran fenómenos, con aquellas carreteras y ese material. Nosotros teníamos dos mecánicos, Letona y Azkárate, y entonces el segundo, que tuvo que poner un juego de bielas nuevo, me dice: «no se lo digas a nadie, llevas corriendo toda la temporada con una biela de 170 y otra de 172,5». Yo siempre llevaba 172,5, como Merckx y toda esta gente, teníamos mucha pierna y para hacer palanca. Y mira, todo el año con medidas diferentes.

De lo que dijiste antes sobre las pastillitas… ¿tomabais mucho más entonces?

No, no, nada, yo nunca he tomado nada, porque acababan de entrar los controles antidoping y tal. Y en el equipo ninguno, que yo sepa, nadie.

Vale… ¿y fuera? Los dominadores extranjeros.

Ah, aquellos sí. Belgas, holandeses, franceses… El equipo Kas nunca llevó médico al Tour de Francia, llevábamos solo al masajista. Tú venías al hotel destrozado de caídas, y el masajista te enjabonaba las heridas con jabón Chimbo, así, luego mercromina, y fuera. Y cuando había alguna cosa jodida venía el médico del Tour, o Langarica pedía ayuda a otros equipos, porque él conocía a casi todos los directores. Qué cojones vamos a saber lo que tomaba nadie… sabíamos que tomaban, eso sí. Ya con los años pues te enteras, el Tour aquel de Fuente, de Ocaña, pues ya…

Aquella etapa que ganas a Merckx en su misma casa, dijimos… ¿lo has hablado alguna vez con Eddy?

No, nunca.

¿Hablabas con él? ¿Se podía hablar con Merckx?

Sí, sí, yo hablaba mucho. Él era muy agradable, con nosotros se llevaba muy bien.

Pero ¿no coges manía a alguien que gana siempre?

No (pone cara de extrañeza), con Eddy todo bien, era un tío… Mira, te voy a contar una historia. Nosotros terminamos el Giro aquel de tantas batallas, y de allí nos vamos a correr la Vuelta a Suiza, sin pasar por casa. Después hacíamos el Tour, pero yo no, que había doblado Vuelta y Giro. Allí, en Suiza, estaba Merckx también, y en el hotel donde estábamos los dos equipos nos dice a Carril y a mí, «¿por qué no vamos a medias en la Vuelta esta? La vamos a ganar, porque con el equipo vuestro y el mío no hay problemas, pero no nos vamos a pegar las palizas gordas, ahora que no está aquí el Tarangu vamos a no ir a hostias todo el rato». Después de un Giro reventados, si nos enciscamos en Suiza, luego viene el Tour…

Eso es en 1974, que ganáis por equipos también en Suiza.

Sí, y entonces dijimos a Eddy que vale, que de acuerdo, que íbamos a medias con todos los premios. Un día había dos etapas, que antes había mucho doble sector, era una etapa en línea y una cronoescalada. Y entonces en el orden del día sale que al equipo que gane en el cómputo de las dos etapas le iban a dar un lingote de oro. Estaba con nosotros Martos, un catalán muy agarrado, hacía honor a la fama, «oye, joder, no podemos darle esto, Toño, el lingote lo vamos a ganar nosotros seguro», porque aunque ganara Merckx la cronoescalada en el cómputo de varios corredores íbamos a ganar nosotros, teníamos a Aja, a Carril… Y seguía. «Esto lo vamos a ganar nosotros sin manos, vamos a decirle que no entraba en premios porque no salía en la lista inicial de premios». Vamos, no me jodas, a mí no me parece serio.

Llamo a Carril y Carril que asiente, «no le falta razón a Martos, tampoco me parece serio, pero no le falta razón». Bueno, pues a ver qué decidimos, porque si sale que nos lo quedamos tenemos que ir tú y yo, Vicente, a decírselo. Sí, decía él, si eso es lo jodido. Total, que Aja y todos dicen que sí, que el lingote no entra en los premios, cómo va a entrar, no viene en la lista, es una prima que sale… Fuimos a decírselo y joder, se puso de una hostia, yo pensaba que nos iba a mandar a tomar por el culo allí mismo… Pero el hombre dijo que bueno, pero que con una condición, que se quedaba él con el lingote, lo pagaba y se quedaba con él, así quedó tranquilo. Así que se lo llevó para Bélgica y nos dio un pastón. Fue Carril quien le lleva el lingote y nos trae el dinero.

Una vez te leí que tenías que pegarte con los gregarios de Merckx para coger agua de las fuentes. Es una imagen que a los chavales de hoy no les entra en la cabeza.

Y en los bares, entrábamos a coger cocacolas, cervezas, o lo que sea. «Paga Torriani», decíamos, porque en el Tour no se paraba tanto, era sobre todo en el Giro, los italianos eran más… Tengo yo una fotografía en un bebedero, cerca de Suiza, que cae un chorro de agua helada y ahí sale Merckx metiendo el bidón y yo dándole un empujón. Le dije que no nos jodiese, que hasta en el agua quería ser el primero, quita para allá, mecagondiez, lleno dos bidones, meto la cabeza, los pies, la hostia… A él también le gustaba el agua fresquita, que el bidón enseguida se te ponía a veinte grados.

Aquellos bidones, además.

Nosotros teníamos un truco, porque poníamos alrededor una badana de aquellas de secar los coches, de cuero, cosida entera, y una tela de fieltro verde, como un tapete de jugar a las cartas, puesta encima. Tú lo mojabas y el agua estaba… no helada pero sí agradable. A mí aquello me lo hizo la chica que vivía en casa, la que me crio, que cosía muy bien. Y me lo robaron en el Giro de Italia, una etapa en Dolomitas, que subía yo con el cabrón de Peru por allí, hacía un calor… y él echándome coca cola por la cabeza (ríe), cagontumadre, no me eches coca cola, no podía yo ni hablar, y él descojonándose y venga a echarme más. Esa etapa llegué yo tan zumbado que me cogieron el bidón de la bicicleta, me cebaría a beber y luego ni lo vi.

Por todo lo que cuentas… ¿tenía un ambiente tan festivo el ciclismo de entonces?

Sí. Yo he hecho muchos Tours, tengo ahí la placa de haber estado en veinticinco, entre ciclista, director y periodista, luego hice más. Y eso, como periodista bajaba con Ares al comedor en los hoteles de los ciclistas y veías en la mesa que cada uno bajaba a una hora, aquí tres, aquí dos, a la media hora otro… nosotros siempre desayunábamos y cenábamos juntos. A ellos los ves que no hablaban ni dios. A los ciclistas ahora no les puedes decir ni «buenos días». Nosotros con Miguel (Indurain) no teníamos problema, porque era tan buena persona… Era igual que Peru, no hacía mal a nadie, era mejor persona que ciclista, con eso te lo digo todo. Quien le llevaba la prensa, Francis Lafargue, se cabreaba, pero Miguel era así, nosotros nos arrimábamos a la mesa mientras cenaba, ¿te esperamos un rato luego para unas cosas?, y él decía que sí. Tenía todo programado, masajes, descanso, tal, y alguna entrevista ya cerrada, pero… En la meta peleándose todos los periodistas para meter la alcachofa, cuarenta grados, y él decía que tranquilos, que si se peleaban se iba, pero si estaban tranquilos iba a atender a todos. Y atendía a todos.

linares004

Los de tu generación, cuando os retiráis, ¿mantenéis el contacto? No sé, para cenar alguna vez o algo. Tú con Peru, por ejemplo, coincidías en las carreras…

Claro, con Peru sí. Nosotros nos seguíamos viendo porque colgamos la bici y fuimos muy pronto directores, yo con Teka y él con Orbea, con Euskaltel… Y después de cenar seguíamos saliendo a tomar una copa por ahí, nos veíamos en todas las carreras. A Merckx le veíamos, claro, y a otros.

Citas el Teka… alguna vez te escuché que estás un poco desconforme con tu salida del Kas.

Aquel Kas no era el que yo había conocido. Echaron a Langarica, le echó un tal Urraca, que era sastre y se hizo manager, y metió a Eusebio Vélez. Urraca empezó a renovar el equipo cuando fichó a van Impe, pasó a Criquielion, nada más quedaron Juan Fernández y Ladrón de Guevara de los antiguos. Echaron a unos cuantos, te mandaban una carta comunicándotelo. Y un día, durante la cena, que estaba él allí, yo dije «a mí como me manden una carta, después de estar entre profesionales y amateurs trece años en el Kas, vengo a buscar al manager a la sastrería y»… Lo dije para que me escuchara, no dijo nada, claro.

A mí me llama y me pide un favor muy grande, que si no me importaba ir hasta Espinosa de los Monteros para hablar, que caía a mitad de camino. «Pues fíjate que me parece que no, porque tú no te mereces nada, me llamas para decirme que prescindes de mí, y me vas a explicar lo mismo que a Pesarrodona, a López Carril, a esta gente que se han dejado la piel por el equipo, que quisieron quedarse con la bicicleta y no se la quisiste ni vender». Antes, con Dalmacio, todo el mundo que se marchaba en el equipo y llevaba unos años se iba con la bicicleta de recuerdo. Y él que coño, que tal, y yo… Mira, yo en el fondo tengo muy mala leche, pero tengo muy buen corazón, soy sensible. Así que le dije que iba, pero que viniera bien preparado porque le iba a decir de todo. Fuimos y le dije de todo, le dije que lo peor que hice en mi vida fue quedarme en el Kas, que lo hice siempre por los compañeros, y que me pesaba mucho cuando él, Urraca, nos lio para echar a Dalmacio Langarica.

Porque Urraca nos llevó después de un Giro de Italia a comer con Luis Knörr (dueño de Kas) y con Vélez, y empezó a meter, que si Dalmacio estaba mayor, que si… La verdad es que estaba mayor, pero a nosotros no nos dijeron que lo iban a echar, así que dijimos que podían hacerlo entre Vélez y Dalmacio, que vaya a alguna carrera… Y resulta que se le cargaron. Joder, nos llevamos un disgusto de cojones, sabíamos que no era buen director, entonces ningún director era alguien que supiera mucho de tácticas y viera todo el rato ciclismo, pero había sido una institución, y a nosotros nos trataba con cariño, era un hombre… Y le dije a Urraca que había sido un traidor, él y Eusebio. Entonces nos fichó a unos cuantos el Teka. A Peru, a Pesarrodona, a López Carril, a mí.

¿Y qué tal en Teka?

Pues fiché por dos años y nada más que corrí uno, porque estuve con hepatitis. Cogí tres veces hepatitis, dos en el equipo, porque allí nos pinchaba el masajista redoxon en vena a todo el equipo con la misma aguja de cristal, que la hervían cuando la hervían.

¿Qué era eso del redoxón?

Vitaminas, allí a nadie le pusieron nada de nada, que yo sepa, hasta lo comprábamos con nuestro dinero. Te ponían la vitamina c, por ejemplo, que en el culo duele mucho, y la aguja se iba mancando. Recuerdo un día en el Gran Premio de Amorebieta, iban a pinchar a López Carril, y le digo «ven, ven, que están afilando la aguja, que está espuntada», (ríe), mecagonsos, notabas cómo entraba la aguja espuntada en el culo, y yo le decía al masajista, «cabrón, tira ya la aguja, que no tiene punta, que me has hecho un daño al sacarla de cojones»… Pues contra la fregadera estaba afilándola. Entonces cogió todo el equipo hepatitis, y a mí me preocupó, porque la cogí dos veces en poco tiempo. Fui a un médico de Santander muy bueno, y luego a Crespo, otro de Torrelavega, porque no me quedaba muy conforme, y me dijo «mira, de la hepatitis se moría mucha gente en la mili, yo hice la mili de médico, y venga a poner vacunas con la aguja de cristal, que la hervíamos pero luego se comprobó que aquello valía de poco. Así que te enterabas que fulano a los tres años había muerto del hígado, alguien que igual ni bebía ni tenía nada». Y entonces yo cogí miedo, las curaba enseguida, pero… Una la curé en un mes y al mes fuimos a correr un critérium a Colombia Fuente, Carril, Perurena y yo. Nos pagaron trescientas mil pelas de entonces por ir a cuatro carreras en Medellín. El médico me dijo que tenía una suerte de cojones, que tuve la hepatitis b y se me curó sola, que eso pasa de mil veces una.

Luego salió un tratamiento. A este, a Crespo, le dieron hace poco un premio, porque se pasó todo un verano curando de hepatitis a los presos de El Dueso (el Centro Penitenciario que hay en Cantabria). Pero en mi época no… estaban adelantados los extranjeros, el primer médico de medicina deportiva que hubo en España fue Javi Ceballos, de Molledo, que hizo una Vuelta a España en Teka conmigo. Nosotros no llevábamos médicos ni nada, qué cojones, no sabíamos ni lo que te ponías, «esto es bueno», decía un compañero, y tú te lo ponías. Igual te sentaba mal, porque sin análisis qué coño sabes. Pero es que éramos más duros que las piedras.

linares001

(Más tarde, dentro de casa, José Antonio me enseña una fotografía de los cuatro compañeros que fueron a correr esas carreras a Colombia).

Mira, te voy a contar algo. Fuimos allí a correr y yo no podía con las piernas, había pasado un mes antes la hepatitis. El caso es que llega el primer día, y es un circuito alrededor de Medellín, y gana Peru. Perfecto, esto es fácil. Ahora, el segundo día ya nos meten a subir unos puertos enormes, de esos que hay por allí, y me descuelgo rápidamente, y a mi rueda Tarangu, que estaba ya fuera de temporada y de forma. Parados, íbamos parados, y yo diciéndole «nos van a echar, estamos fuera de control». «Calla», respondía, «que yo cubico, que yo cubico». Entonces escucho un ruido detrás, y veo que llevamos a no sé cuántos chavales a rueda, con bicis de paseo, campanas, con cascabeles colgados del manillar. «Tarangu, que estamos fuera de control». Y él que no, «que yo cubico, yo cubico», con todos aquellos chavalucos detrás. Total que entramos y… fuera de control. Mecagondiez, ya te lo decía yo. Salgo corriendo para el hotel, muerto de vergüenza, imagina, y veo que Fuente se tira allí, justo cuando pasamos la meta, y empieza a gritar, finge que tiene calambres, que le duele todo, para que nos readmitieran, no nos dieran fuera de control. Nada, nos echaron. Menuda comedia hizo.

Hablábamos del dopaje, y los pinchazos.

Yo de director ya conocí la EPO.

¿Lo llegaste a ver?

Sí, lo llegué a ver. En mi equipo no, ¿eh?, en otros. Y de equipos del Tour…

¿Y eso lo conocíais todos?

Lo conocíamos todos. De ciclista no, pero ya de director sí.

Y si todos lo saben, ¿cómo vas a una carrera conociendo que una serie de ciclistas llevan el motor trucado, y además es peligroso para ellos?

Bueno, eso no lo sabíamos tanto, en la época que yo estaba de director no sabíamos que era peligroso. Después ya sí, estuve luego veinte años en la radio, y entonces ya sí.

Pues te hago una pregunta malpensada… si no sabes que es peligroso, sabes que funciona y sabes que no da positivo… ¿por qué no lo usáis en Teka?

Porque no, en Teka no se usaba, nunca.

¿Y por qué?

Pero si no teníamos ni un médico. Para usar la EPO necesitas un médico que te vaya haciendo constantemente los análisis en el autobús, en el hotel, para mirar el hematocrito, todo, tienes que estar muy organizado, neveras, las bolsas de sangre, llevarlas… Todo eso es mucho dinero, tienes que estar muy organizado. Yo sabía quién lo llevaba, pero nosotros no.

Y entonces me surge otra pregunta… ¿por qué nadie, de entre quienes no lo usáis, dice nada?

Y por qué yo voy a decir «oye, que todos estos van con EPO»… ¿Qué saco?

Hombre, tú eres el que vas limpio, el que corre en desigualdad de condiciones con los tramposos.

Ya, pero yo no puedo lanzar una bomba si no tengo ninguna prueba. Yo lo sé, como lo sabía todo el pelotón.

¿Y periodistas?

Periodistas también.

¿Y por qué ellos no dicen nada?

Pues no lo sé, sinceramente nunca me he parado a pensar eso.

Entiendes que es diferente lo que hacían antes los belgas y los holandeses, como dijiste antes de los setenta, que esto de la EPO. Que es más peligroso.

Sí, mucho más peligroso. Y lo de las transfusiones de sangre, también. Pero mira, cuando eres ciclista y director tampoco estás mucho a estos asuntos, estas en tu mundo, haces tus rutinas. Fue después, como periodista, cuando más me he enterado de cosas.

Ya que hablas de tu siguiente etapa… ¿cómo llegas a ser director en Teka?

Yo soy director de Teka porque echan a Peru por buena persona, le echan los ciclistas, porque los ciclistas, la mayoría, son unos cabrones, cuando es cosa de ellos a escurrir el bulto, y cuando hay algo mal, asunto del director. A Peru le gustaba salir por la noche, pero era un tío que a las seis de la mañana estaba desayunando con los ciclistas, no dejaba una carrera, no daba la nota en ningún lado. Entonces Revuelta me dice «tienes que venir de director, que me voy a cagar a Peru». Yo le decía que cómo coño se podía cargar a Peru, que era un buen director. «Coño, que se me quejan los ciclistas y tal», mira, los ciclistas son unos cabrones, que yo he sido ciclistas hasta hace cuatro días, y enseguida los muertos, cuando la cosa va mal, al director. Y él que mira, lo tiene decidido, que si no quería ir yo iba a fichar a otro.

¿Te dice a quién?

No, no me dice nada. Entonces me comenta que me lo piense. Yo hablo con Peru, y a él no le pareció bien, le dije que estaba pensando, que le había recomendado a Revuelta que siguiera con Peru, pero que estaba convencido de quitarlo y poner a otro. Y que a mí, sinceramente, aquello no me agradaba mucho, parecía que le echase yo. Peru me dijo que hiciera lo que me pareciera más conveniente. Pero después me confesó que había sido como un jarro de agua fría para él en un primer momento, aunque más tarde supo del asunto y mira, mejor que lo cogiera yo, que hay que coger las cosas, que igual si no nunca era director. Se solucionó y hemos seguido la vida como amigos.

Tengo un par de preguntas sobre tu etapa de director… Vosotros, en Teka, sois de los primeros en traer colombianos a España… ¿Cómo era trabajar con ellos?

Muy difícil, porque era la primera vez que venían a España, Revuelta los trae aquí, a Cantabria, a vivir. Pero ellos nunca habían salido de Colombia, mucha morriña, la familia era la hostia, y estaban siempre… iban a entrenar, se venían en seguida, eran difíciles. Ahora ya no, y cuando estuve en Seur ya era otra cosa, los cogió Maximino y los puso en Calpe, en unos apartamentos, y allí estaban contentos, por el clima, y entrenaban más. Pero entrenaban poco, eran muy vagos.

Los entrenamientos de aquí ¿se los ponías tú? ¿Les decías por dónde tenían que ir y eso?

No hacía falta, al ciclista le sueltas en el desierto y se pone a rodar. Yo he llegado a Francia o a cualquier lado, salías del hotel, no conocías nada y enseguida te organizabas para entrenar. A los colombianos les costó, pero ya se hicieron, y les dije que para la Vuelta al País Vasco tenían que estar bien. En la Vuelta al País Vasco tuve, en Seur, a Ugrumov, que hizo segundo.

¿Cómo era él?

Tenía mucha clase, mucha. Después se marcharon a Italia y allí Ugrumov, que era ya mayor, era la hostia. Hizo segundo en aquel Giro, que llegó Miguel y estaba agarrado a las vallas, muerto.

Y tú también estás en famoso día de Cotos en 1985, con Perico y Recio. Tú eres uno de los directores españoles que no tira por detrás, y quería preguntarte por esa historia…

No sé lo que te habrán contado, pero yo te voy a contar lo que pasó, y lo que te diga va a misa. Yo tenía a Dietzen cuarto en la general, Mínguez segundo a Pacho Rodríguez. Y entonces éste, el Mortadelo, que corrió conmigo y ya le llamábamos Mortadelo, Roland Berland, era director de Robert Millar en el Peugeot. Él no tenía equipo, y en esa etapa arranca Recio, y luego Perico, que estaba a seis minutos en la general, era la última jornada dura, por los puertos, y allí a Millar no se le marchaba nadie porque subía más que nadie. Y atrás todos quietos, yo no voy a tirar para salvarle los muebles a Mínguez y que gane Mínguez la Vuelta, por ejemplo… yo voy de cuarto y no tengo que tirar, si fuera segundo… Porque yo veía que Millar iba a hundirse como un Machichaco, porque ya iba solo. A mí se me arrimó Berland, corrimos mucho juntos de amateur y nos llevábamos bien, y me ofrecía dinero para que tirase. A todo esto Butanito (José María García) por delante, toda España escuchando, «todos los españoles unidos para que gane Perico, que va a ganar la Vuelta», venga y venga, y toda España escuchando, «los españoles no van a tirar, ¿cómo van a tirar a por un español?». Venga, hijoputa, ¿estamos aquí veintidós días de carrera y vamos a perder todo por ti? Si te pones a tirar, ¿qué pasa? A mí me ofrecen dinero, era el único que llevaba tres hombres allí, no había gente que… El Skil de Caritoux también llevaban dos, pero no se debían llevar bien, porque se vendían por todo y aquel día no quisieron. Así que no tira nadie. Y cogen la minutada.

linares007

Entiendo, entonces, que no es algo premeditado, que hubieseis tenido en mente desde antes de salir.

No, no, qué va, una escapada, pam… atacan, se van, carrera loca desde los primeros kilómetros, pues lo normal es… La cosa es que él debía tener un equipo comprado desde antes de salir, llamar a la empresa y decirles que ganan la Vuelta pero necesita dinero para comprar gente. Pero nada. Cogen tres minutos, cuatro, y aquí no tira nadie. Al final entre todos ponemos una marcheta para llegar, porque teníamos que llegar a meta, pero… Eso es lo que pasó, y eso se lo he dicho yo a Perico en un Larguero, mil personas allí, que él ganó una Vuelta a España pero me jodió de tener un piso o dos más en Santander. Qué más quería De la Morena, que era muy de Perico pero en el programa quería circo… Ese es el único día que me ha dado vergüenza ser director, lo he dicho muchas veces. Me dio vergüenza.

Al hilo de lo que dices… tú te retiras de director y muy rápido entras en el mundo de comentar carreras, el periodismo… No sé cómo te surge eso, si lo tenías en mente…

No, yo no. Yo cuando estaba de director llevaba siempre la emisora de José María García en el coche, y nos iba haciendo preguntas a Mínguez, a Manolo Saiz, a otro director que no recuerdo ahora y a mí. Entrábamos en antena, la escapada qué, va a llegar, no va a llegar, éste tiene que currar y tal… Yo era muy lanzado hablando. Y así estuvimos todo un año. Entonces acaba la temporada y Antena 3 es comprada por la Ser, y a García se lo cargan, ponen a Javier Ares de director. Con Javier tenía ya muy buena relación, también era amigo del Tarangu. Entonces nos llama a los dos y nos pregunta si queremos hacer con él la Vuelta a España de comentaristas, cogemos un coche cada uno, llevamos a un técnico y a un periodista, y él nos iba preguntando. Y así empezó la cosa, hicimos la Vuelta a España, salió de puta madre, arrasó, porque Javier es muy bueno, y terminada la Vuelta a España venía el Giro. ¿Queréis hacerlo? Pues sí, yo no tengo nada que hacer, ¿vamos al Giro, Tarangu? Pues vamos, dormíamos juntos. Hicimos el Giro, luego el Tour, y así hasta que Fuente murió. Después seguí yo solo.

Estuviste dos décadas.

En esas me llamaron los Franco, que eran los que hacían la Vuelta a España para ser director de su equipo, el antiguo Dormilón y esas cosas. Ellos me apreciaban mucho, y querían que dirigiera el equipo para animar la carrera. Les dije que bien, pero que debía hablar antes con la Ser, porque llevaba unos años con ellos y me trataban bien. Hablé con Javier Ares y me mandó donde Ramón Gabilondo, que es quien lleva la pasta, que él hablaría para que me quedase. Entonces fui allí, me ofreció una pasta y Javier me dijo que no se me ocurriera volver al coche, que ya había sufrido bastante. Y empecé a vivir con él. A conocer a mundo, porque de ciclista no conocías, ibas que ni veías, de director igual, concentraciones, todo el año fuera de casa… Ahí estaba muy bien, me pagaban más dinero que a Perico Delgado. Hay un momento que a Javier le ofrecen bastante pasta para ir a Onda Cero, quiere que me vaya con él y le digo que sí. Me voy a hablar con De la Morena y con un tal Gabela, que era el jefe entonces. Tú no te puedes ir, no puedes marcharte, nos vienes mejor que Ares. Entonces fuimos a comer y me dijeron que esto no sonaba a la Ser, que teníamos mucha audiencia pero era todo «Ares y Linares», «Ares y Linares», pero no era la Ser. Así que nos interesa que te quedes, con Manolo Lama, con un colombiano que ya conocía de Radio Caracol. Y yo que no, que no, que me voy con Ares. Mira, vamos a hacer una cosa… nosotros vamos a firmar un contrato sin clausula por si te quieres marchar en cualquier momento, y la cifra la pones tú. Tras. Ahí me desarmó, cogí y firmé. Nunca me he marchado. Luego me quiso llevar Manolo Lama a la Cope, pero me quedo perdiendo dinero, porque esos detalles… me desarman.

Y tu última faceta, por así decir, ha sido la de alcalde aquí, en San Felices de Buelna

Veinticuatro años, estuve. Llego casi de broma, porque yo no soy político. Me vino un íntimo amigo mío, desde niños, que vivía aquí, en Los Corrales, y me dice que si quiero presentarme con el PRC (Partido Regionalista de Cantabria) para alcalde de San Felices. No me jodas, voy a ser yo alcalde, si no paro en el pueblo desde niño. Yo ya sé que me quieren mucho aquí, pero no… Después me llama Revilla, o Marcano, y quedamos para comer en un restaurante de aquí cerca. Y allí ya me meten el veneno de las bicicletas, «coño, que te preparamos un equipo amateur, para que saques chavales», ellos consiguen el sponsor de Margutsa. Yo tampoco quería ir a las carreras con los chavales, pero mi amigo sí, a él le encanta el ciclismo desde siempre. Total, que me liaron y me presenté… Me presenté y veinticuatro años, y siendo el alcalde más votado de España. Mira la broma.

Tres últimas preguntas te tengo… ¿Prefieres tu ciclismo o el de ahora?

Yo el de antes, porque el ciclismo de ahora va muy programado, de hace diez años para acá. Todavía el de Miguel tenía más margen de libertad, pero desde entonces a hoy esto ha cambiado de tal manera que… Las carreras salen, van controladas por el ordenador, no puede atacar nadie de un equipo con líder, la mayoría tiene un gran líder así que va todo bloqueado, hay una escapada que lleva seis minutos y saben que en el kilómetro tal la van a coger, vamos a tal velocidad, nos ponemos a tanto… Estamos viendo cuatro horas de ciclismo y sirven solo los kilómetros finales. Me gustan las Clásicas, es lo que más me gusta, sabes que bajan la bandera y hay hostias, pim pam. Luego me he animado un poco cuando empezó Pogačar y esta gente, que no van tan controlados, pero ahora…

Imagina que puedes volver a una carrera de cuando eras profesional con las piernas de cuando eras profesional… ¿cuál eliges?

A mí me gustaría volver a correr las Clásicas, especialmente. Y me iría a correr a Bélgica, sin ninguna duda.

Y uno de tus días de profesional, ¿cuál te gustaría repetir?

Pues en el Tour de Francia, etapas de pavés. O correr el País Vasco, porque en el País Vasco me transformaba, ya gané de amateur la Vuelta a Navarra y tres etapas. Yo allí disfrutaba, mi vida ha sido en el País Vasco, viví allí desde crío y a mí los vascos me han tratado… mejor que en Cantabria. Me han hecho cinco homenajes.

Y ya la última… ¿lo has pasado bien en el ciclismo?

Mucho, he disfrutado en todos los campos. De director he sufrido más, de director se sufre mucho porque ves al ciclista que no puede, que va tiritando, que se ha caído, y tú no puedes hacer nada. Y luego en el hotel tienes que llamar al jefe y explicar lo que ha pasado. Y el gerente no lo entiende igual.

linares010

¿Y cuándo se sale más? ¿De director, ciclista o periodista?

J.A.G.L.: (Sonríe) De ciclista nunca salí.

¿Y entre los otros dos?

De director sí, aunque no mucho, porque tenías que conducir. Y de periodista también. No me impedía para mi trabajo…

9 comentarios

  1. Pingback: José Antonio González Linares recuerda su carrera y los secretos del ciclismo profesional - Hemeroteca KillBait

  2. Dos muy grandes….
    José Antonio González Linares ( El saber del ciclismo) y Marcos Pereda ( El saber contarlo)
    👏👏👏💯💯

  3. Impresionante, dos cracks

  4. Lector ocasional

    En primer lugar, felicitaros por atreveros a publicar otra entrevista con tantos detalles del funcionamiento desconocido en este caso del ciclismo. Lo que se llama periodismo. Echo de menos la elocuencia de los entrevistados en el digamos periodismo castellano donde se premia el ocultismo y no se transmite el conocimiento ni se enfrentan ni muestran las realidades para intentar hacernos entender que es señal de vulnerabilidad, cuando se dice que la información nos hará libres.
    En cuanto a la entrevista, hay varios comentarios que me llaman la atención.
    Me produce pena la forma en que habla de su madre, con desapego de quién describe como una buena persona y madre dedicada y entregada a sus hijos. También me parece raro que una persona tan humana y conocedora de tantos detalles diga que desconoce porqué los medios de comunicación no hablan públicamente del dopaje que conocen. Hay una explicación obvia que supongo es la que dice entre líneas.
    Me gusta su lealtad y compañerismo, aunque todos somos los más guapos delante del espejo.
    Y por encima de todo los detalles que ni siquiera las retransmisiones televisivas del ciclismo que he visto, y son muchas, dan los especialistas, como la influencia de los materiales, el equipamiento, la estructura deportiva de cada equipo tenían en los resultados, y los tejemanejes existentes en su época que ayudan a entender comportamientos de los equipos de las carreras y situaciones relacionadas con ensombrecer los éxitos de ciclistas españoles. Me refiero a las acusaciones de dopaje que tuvo que sufrir Perico Delgado cuando ganó su Tour de Francia, mientras que cuando ganaron Thevenet, Fignon, Bernard Hinault, Zoetemelk, LeMond, Van Impe, etc no trascendieron en la retransmisiones según mis recuerdos. Y posteriormente escuchar comentarios sobre el posible dopaje de Miguel Indurain, muy probable por cierto en mi opinión teniendo en cuenta que su médico era Sabino Padilla, que recordemos se retiró el año que dejó de ganar el Tour y que ganó Riis, quien después reconoció haberlo ganado dopado. Pero no poner en duda teniendo en cuenta lo que comenta González Linares que ya a finales de los años 70 había dopaje con EPO, que todos esos corredores que he citado pudieron ganar sus Tours dopados.
    Y por último, sigue utilizando el lenguaje y palabras que se utilizaban hace más de 30 años y me ha divertido escuchar optalidón, mercromina, el yo cubico del Tarangu, y varias expresiones coloquiales digamos malhabladas pero que usábamos muchos en esa época y eran muy conocidas.
    Cuidaros y que os vaya muy bien.

  5. Lector ocasional

    Lástima que no haya debate.
    Ayer busqué información sobre el Tarangu Txomin Perurena, Linares y el Kas. Resulta que en el giro en los años 70 los españoles ganaban bastantes etapas y creo que fue en el del 72 que Fuente fue 2°, pues el tercer y cuarto también fueron españoles.
    Era muy pequeño pero recuerdo cuando Thevenet y Van Impe ganaron el Tour, y sobre todo el tour de Van Impe lo recuerdo como emocionante. Y en general todos los de los años 80 fueron buenísimos. Hinault se escapaba y sacaba mucha ventaja en una etapa intermedia, en una de montaña le metía tiempo uno y al día siguiente en otra de montaña lo recuperaba, ganaba al sprint. Que decir de los tours de Fignon y del resto. Ahora no hay eso y creo que principalmente las comunicaciones inalámbricas y lo que dice Linares de saber la distancia que te llevan los escapados, desvirtúan el deporte. Yo lo suprimiría. Ni auriculares, potenciómetros, información de distancias entre grupos ni nombres de corredores escapados. Que cada uno se organice para estar informado y para regular según sus sensaciones. Cada equipo 2 coches para repuestos y comunicarse cara a cara con sus corredores y que gane el mejor. Además optaría por una única marca de bicicletas con diferentes cuadros, bielas,cámaras, ancho de rueda, tipos de rueda, tamaño de rueda, piñones, platos y demás. Que cada corredor elija el que le acomode más en cada etapa, que cada uno personalice la bicicleta a su gusto. Por soñar que no quede.

    • Marcos Pereda

      Muchas gracias por leerlo, y por comentar… Señalas una parte que disfruté muchísimo en la charla con Toño, que son esas expresiones «antiguas»… Es riqueza de lenguaje que estamos por perder.
      Thévenet es otro que tiene una historia enorme, l contó en parte Revuelta en otra entrevista que hicimos aquí
      Y eso, que gracias de nuevo, de verdad

  6. Otro señor que ha estado 150 años vinculado al ciclismo en todas sus facetas pero que nunca se ha enterado de nada sobre drogas ni muchísimo menos metérselas. Que despiste, oiga.

  7. Qué grandes recuerdos de un grande de verdad. Por edad, no le vi correr, pero de director y de comentarista me dejó muy buenos momentos. Sin pelos en la lengua y hablando siempre muy clarito. Gracias, Toño.

  8. Javier Varona Ruiz

    A José Antonio González Linares no le vi correr por diferencia de edad pero nunca olvidaré su voz en la radio narrando la Vuelta a España, un sabio del ciclismo.
    Magnifica entrevista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*