Opinión

El fútbol español se ha convertido en un lodazal y peligra la organización del Mundial 2030, que es lo que les importa

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Rubiales abandona la Audiencia Nacional junto a su abogada, Olga Tubau (Foto: Cordon Press)

Alexia Putellas, Irene Paredes y Misa Rodríguez declararán este lunes en condición de testigos a partir de las 10 de la mañana ante el juez de la Audiencia Nacional que investiga al expresidente de la Real Federación Española de Fútbol Luis Rubiales por presuntos delitos de agresión sexual y coacciones. Dos de ellas lo harán por videoconferencia, probablemente las capitanas de la selección, así que sólo veremos a Misa entrar y salir ante una nube de periodistas que, lógicamente, están siguiendo el caso. Ya pasó el viernes, cuando declaró Patricia Pérez, la jefa de prensa de la Selección española de fútbol femenina mientras la Guardia Civil registraba durante más de 12 horas las oficinas del Comité Técnico de Árbitros de la Federación con el fin de recopilar documentación en el caso Negreira. Casi al mismo tiempo, el diario El Mundo publicaba el expediente con el que la FIFA suspendió a Rubiales con frases como que «dañó considerablemente la integridad y la reputación del fútbol y ocasionó un perjuicio a nivel global a la selección». El panorama es desolador. El fútbol español está metido en un lodazal y la organización del Mundial 2030 con Portugal y Marruecos corre peligro, que es en realidad lo que preocupa seriamente a instituciones y gran parte de los medios de comunicación.

De los sucesivos escándalos no sólo se ha informado en nuestro país, sino que el descrédito es general y el daño reputacional ya está hecho aunque el fútbol masculino siga a su bola, como si nada pasara. Las jugadoras, con sus comunicados, sus gestos y sus palabras han dejado claro que no piensan tragar ni tolerar y la inacción del CSD al principio no hizo más que agrandar la herida, unirlas en defensa de Jenni Hermoso y que todo el mundo presenciara el fango en el que han estado metidas hasta que proclamaron un Se acabó que se ha convertido en viral a pesar de la resistencia con la que tuvieron, y tienen, que lidiar porque Rubiales es sólo un síntoma, no la enfermedad.

Ahí está el otro prohombre del fútbol español, Javier Tebas, mojando pan en la salsa y presentándose como un aliado cuando ni siquiera se ha enterado de lo básico. Según declaró hace unos días en una entrevista a Movistar+, no le gusta la palabra machismo «porque está manipulada políticamente y en este caso se trata de una falta de respeto a la dignidad de la mujer. Machismo tiene una connotación más bruta, porque respecto a la dignidad de la mujer a lo mejor no parece tan animal, no parece una conducta de falta de respeto a la mujer, pero es más una conducta de falta de respeto a la mujer». Ni Groucho Marx adrede, oiga. Y no fue el único en retratarse durante la semana.

Jenni Hermoso es la máxima goleadora de la historia del Barça, nueve jugadoras azulgrana (Aitana Bonmatí, Cata Coll, Irene Paredes, Laia Codina, Maria Pérez, Alexia Putellas, Mariona Caldentey, Salma Paralluelo y Ona Batlle) fueron campeonas del Mundo con la selección española y tres de las 15 que enviaron la carta a la RFEF (Mapi León, Patri Guijarro y Claudia Pina) lo vieron desde su casa. Albert Luque, director de la selección masculina, tendrá que declarar como investigado ante el juez de la Audiencia el próximo 16 de octubre, por haber coaccionado presuntamente a Jenni Hermoso. Luque es colega y pareja de pádel de Enric Masip -asesor y mano derecha del presidente del Barça Joan Laporta– que el jueves publicó en su cuenta de instagram un mensaje de apoyo a su amigote:  «Eres de las mejores personas que me he cruzado en la vida, un hombre íntegro, discreto, buen tío y auténtico. Siempre en tu equipo, amigo mío. Eres un grande». Al día siguiente, mientras las mundialistas recibían un discreto homenaje en Montjuïc en la previa del Barça-Sevilla, Masip estaba sentado en el palco detrás de Laporta, tan pancho. Los espacios seguros que reclaman las futbolistas no sólo brillan por su ausencia en la RFEF, sino también en una institución como el Barça que modificó sus Estatutos en el 2021 para añadir que «el club luchará por la erradicación de todas las actitudes machistas, homófobas y racistas en el ámbito social y deportivo». Les quedó fetén, pero a las primeras de cambio el asesor del presidente falta al respeto a las jugadoras para apoyar a un investigado por coacciones. Muy normal todo.

Ese mismo viernes tampoco vimos ni una sola pancarta en la que los socios y aficionados del Barça manifestaran ya no su repulsa, sino tan solo su desagrado o incomodidad, por el caso Negreira. A nadie parece importarle demasiado la incógnita de por qué se pagó durante décadas nada menos que 7,3 millones al vicepresidente del Comité Técnico de los Árbitros y la imagen fue la del presidente del Sevilla sentándose en la grada con una pared detrás mientras el club azulgrana, muy dignamente, anunció que rompía relaciones.

El postureo, en fin, está a la orden del día mientras la imagen de la marca España está gravemente comprometida y el Mundial 2030 corre peligro. Barrer y esconder la mierda debajo de la alfombra ya no es una alternativa, pero hay quien todavía no se ha enterado y mucho me temo que tendrán la jeta de terminar echando la culpa a las futbolistas. Hay que ver la que han liado.

2 Comentarios

  1. Pingback: Cómo el fútbol masculino dice no entender las movidas que montamos en el fútbol femenino

  2. ¿qué le parece a la periodista el famoso video de Jeni Hermoso en el autobús riéndose con lo del piquito?
    ¿Se sentía coaccionada o vejada?

    Considero a Rubiales un gestor despreciable, corrupto y que jamás debería haber accedido a cargo público ninguno.
    Pero la causa que se ha montado a propósito por una torpeza del calvo… bueno, al fin y al cabo son los tiempos que corren.

    Ya escribió sobre ello Tom Wolfe. «La hoguera de las vanidades».

    Abro el paraguas

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