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El Mundial que fue como unos Juegos Olímpicos pero con fútbol

A falta de información, los medios deportivos se ven obligados a fiarlo todo a la opinión. Quizá lo más lógico sería cuidarla pero sucede todo lo contrario: una devaluación constante. Opina cualquiera y en cualquier momento, sin la menor preparación, sin un instante para reflexionar. Hace unos días, en el programa denominado El chiringuito de jugones (Mega), dedicaron unos minutos a elegir a los mayores bluffs del Mundial 2022. Cristina Cubero, recién llegada de Doha, no sabía por dónde empezar: «Hay muchos». No obstante, rápidamente encontró el camino: tan sencillo como empezar a nombrar jugadores del Real Madrid. Cubero comenzó su lista por Vinícius Junior, a pesar de haber marcado un gol y facilitado otros dos en el torneo. Con treinta y dos selecciones a razón de veintiséis jugadores cada una, quizá no era la elección más lógica, pero menos sentido tenía buscarla fuera de los ochocientos treinta y dos jugadores que resultan de esa multiplicación. «Yo pondría a Vinícius y a alguno de la selección alemana. A Kroos o a cualquiera». Como sabe todo aficionado al fútbol —menos Cubero, si somos generosos y la consideramos como tal—, Toni Kroos dejó su selección en 2021, tras la Eurocopa. Dudamos seriamente que esta intrépida enviada especial haya podido sentirse decepcionada con su juego.

No es la primera vez que aquella decisión de Kroos destapa a un periodista español. Hace poco más de un año, Fernando Burgos contó en Radioestadio Noche (Onda Cero) que en el Real Madrid había «preocupación» por la posible convocatoria del jugador, que atravesaba un bajón físico. Nótese que Burgos no avisaba de un problema en ciernes sino de la preocupación en el club. Sus propios compañeros le corrigieron rápido, como a Cubero. No se crean que ella alteró mucho el gesto al darse cuenta del ridículo. Bajo las voces de sus compañeros, deslizó un discreto «Müller» y tiró para delante.

La subdirectora de Mundo Deportivo está de dulce. A unos días de acabar el Mundial, se erigió en trending topic debido a su aparición estelar en un vídeo de la Real Federación Española de Fútbol, que recogía el ágape ofrecido a los periodistas españoles desplazados a Catar para cubrir la información de la Selección. El vídeo, publicado en los canales oficiales de la RFEF, pasó absolutamente inadvertido durante nueve días, hasta que el periodista Enrique Marín lo compartió en su Twitter con un lacónico «No comment» y el emoji de la boca cerrada.

Entonces sí, el vídeo con el acto del restaurante comenzó a circular. Además de Luis Rubiales, tomaban la palabra los dos periodistas con más mundiales a sus espaldas: Joaquín Maroto, adjunto al director de As, y la mencionada Cubero. En el total extraído por la RFEF, Maroto expresaba su confianza en que Rubiales conseguirá para España la organización del Mundial 2030: «Creará muchos puestos de trabajo, entrará mucho dinero y todos seremos muy felices». A Cubero se le oía hablar del anfitrión de 2022, y en términos más que elogiosos: «Quizás es el Mundial más fácil para trabajar para los que nos gusta el fútbol, porque cada día tenemos un partido. Son como unos Juegos Olímpicos… pero con fútbol».

La última frase requería, al menos, un punto y aparte para procesarla como es debido. Pero la que elevó a Cubero entre los protagonistas del día en Twitter fue esta otra: «Nos habían vendido que Catar era un país donde tendríamos muchos problemas, las mujeres sobre todo. Al final, un Mundial es el Mundial de los periodistas, seas hombre o mujer, no hemos de hacer distinciones por eso. Catar nos está recibiendo de forma espectacular». Por lo visto, lo de la vulneración de los derechos humanos no era para tanto. Ni flagelaron a nadie en el descanso de los partidos ni nada.

Tras su merecida irrupción en los trending topics, Cubero dio una vuelta de tuerca más al disparate. Intentó responsabilizar del bochorno a Enrique Marín, el periodista que se había limitado a escribir «No comment» para compartir un vídeo de la RFEF. «Acabo de poner tu tuit en manos de los abogados de mi empresa», le avisó Cubero; «Gracias por demostrar ser patético». Seguramente, «patético» fue también una de las primeras palabras que acudieron a la cabeza de los abogados al conocer el encargo.

En la bio de su perfil de Twitter, tan visitado aquel día por su elogio a Catar, Cubero incurre en esa costumbre tan española de acumular coberturas para sacar músculo: «Siete mundiales, cinco Juegos Olímpicos, nueve finales de la Champions, ocho Superbowls…» Esperemos que en esos otros eventos se enterara un poco mejor de lo que pasaba a su alrededor. En esta ocasión, sin duda, ha quedado obnubilada. Durante un mes, Cristina se ha enamorado de Catar: de sus estadios, de sus hoteles, de sus restaurantes, de sus zonas mixtas… De todo menos del fútbol de Toni Kroos, que también comentó la jugada en Twitter: «Sabía que alguien me iba a echar la culpa», escribió con un emoji, el que llora de la risa. Que se vaya buscando un buen abogado.

5 Comentarios

  1. Uf Miguel, para un poco, que la has destrozado.

  2. ¡ Gracias por todo Leo Messi !

  3. Este es el mundial que ganó el gran Lionel Andrés Messi.

  4. Es la hora de reconocer que la verdad en el fútbol hace muchísimo tiempo que dejo de importar. Los aficionados, la inmensa mayoría de ellos, no quieren saber nada de tácticas, ni sistemas, ni de scouting (eso que se ha venido en llamar panenkismo por todos esos cuñaos de manual que siguen haciendo el mismo periodismo desde los tiempos de Carracuca), la gente quiere rumores, medias verdades o mentiras enteras. La gente quiere espectáculo, broza, amarillismo, bipolaridad. La gente quiere VENDER CLICKS. Al final, esto que sigue llamándose erróneamente periodismo deportivo no es más que el reflejo de un deporte que hace ya mucho que se convirtió en negocio, tal y como ocurre con el periodismo político y la democracia, que hace ya mucho que dejó de ser del pueblo y es propiedad del mercado.
    La labor de Miguel es un canto a algo que nunca volverá, por eso es tan necesaria. Pone en evidencia los valores, el seny, el señorío y al equipo del pueblo. La labor de Miguel no es poner en evidencia que esto no es periodismo, sino señalar la falsa pretensión de esta gente de decir que son buscadores de la verdad.

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