Futbol Reportajes

Gibraltar, treinta mil habitantes, cien equipos de fútbol y 57 espectadores

El único estadio de fútbol de Gibraltar: el Victoria Stadium, en la Winston Churchill Avenue.

A pesar del Brexit, sigue siendo perfectamente posible visitar el peñón con un DNI español. Al menos, si aparcamos el coche en La Línea de la Concepción y cruzamos la frontera a pie. Aparcar en Gibraltar puede hacernos sudar. Sin embargo, debido al constante trasiego de personas, los controles de documentación se llevan a cabo de a través de unas máquinas automáticas y no lleva más de cinco minutos.

Una de las imágenes más curiosas de este diminuto país de apenas treinta mil habitantes es que, antes de poder ver algo, hay que atravesar la pista de aterrizaje del aeropuerto nacional. Tiene cuatro vuelos diarios, a lo sumo. Desde ahí se ve el único estadio de fútbol de Gibraltar: el Victoria Stadium, en la Winston Churchill Avenue. En mi caso, a pesar de las muchas veces que he visitado el peñón, sigo sin acostumbrarme a este lugar. Las diferencias entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar, la comarca andaluza aledaña, pueden llegar a ser muy notables. El cambio, que es brusco, se hace raro a la vista, pero este es un reportaje sobre el fútbol gibraltareño.

Uno de los grandes atractivos de la liga de fútbol del peñón es su gratuidad. Tanto si vas a ver el clásico del país, entre el Lincoln Red Imps y el Europa FC, como un partido entre los equipos más modestos, el precio es el mismo. Nada. Es más, podríamos ver dos partidos seguidos por cero euros. Basta con ocupar un asiento y esperar a que pasen las horas.

En el Victoria Stadium no solo juega la selección nacional, también todos los equipos de la liga masculina, femenina, segunda división, juveniles y canteras. El estadio acoge todos los partidos de la GFA (Gibraltar Football Association). Una asociación que, por cierto, se fundó en 1895 y es una de las más antiguas del mundo. A pesar de que el fútbol del país se encuentre en pleno proceso de desarrollo y profesionalización, la liga se disputa desde el año 1907; la española es del año 1928.

Las jornadas se juegan por turnos y durante la semana. Es decir, podríamos emplear toda una tarde de sábado con dos encuentros de corrido o ir a ver partidos de la primera división todos los días de la semana a la misma hora. La máxima categoría del balompié gibraltareño la disputan once equipos, a razón de cinco partidos por jornada con una escuadra descansando.

El partido

Antes de que comience el primer partido de la jornada, las calles próximas al estadio están pobladas de niños que se dirigen a unas pistas cercanas a donde jugarán los profesionales en menos de diez minutos. Todos van ataviados con las equipaciones completas de los distintos clubes que disputan la liga. Se ven las del Machester 62, el Lynx FC, el College 1975 y el Lions Gibraltar. ¿Aficionados? Puede ser, pero son canteranos yendo al entrenamiento.

Es sábado, la Bahía de Algeciras está completamente encapotada y acaba de arrancar la tarde de fútbol. Medio centenar de personas se reúne en la tribuna oeste del Victoria Stadium, la principal; enfrente, en la otra grada, hay siete personas contadas. «La gente no es de ningún equipo, como en España; quien viene a ver un partido, en la gran mayoría de los casos, es porque tiene un familiar juega aquí», responde Jonas, un aficionado, al preguntar por qué hay tan pocas personas asistiendo al encuentro. Al término de la primera parte, sorprende ver la grada tan despoblada en un partido que enfrenta al cuarto clasificado, el St. Joseph’s, y al quinto, el Lynx FC.

No hay recogepelotas ni vallas publicitarias. Llama la atención el perfecto estado del césped artificial, el cual, según nos cuenta, es nuevo. Los rollos de la antigua hierba, amontonados en unos de los fondos de la pista olímpica que rodea el campo de juego, dan fe de ello. Sarah, otra aficionada, que presencia sola el partido, anima al Lynx «porque su hijo está jugando». El Lynx o sus rivales esa tarde, todo depende de qué colores defienda el futbolista de su casa. Eso es lo que cuenta. Es por ello por lo que reina la tranquilidad entre el público: «Las aficiones se respetan muchísimo. También los jugadores. Como no hay hooligans acérrimos, es más sencillo conseguir un clima de respeto. Las personas que son de un equipo por ser de un barrio concreto, por ejemplo, o por tradición familiar, son la minoría. Y ni aun así hay locos», asegura Jonas. Ambos se esmeran en dejarnos claro que el ambiente futbolero es de lo más sano. Se nota rápido, de todas formar. En los momentos previos al partido pudimos ver a miembros de los cuerpos técnicos de los dos equipos que jugaban en el turno siguiente, el de las 18:30, tomando unas pintas en el sports bar del Victoria Stadium: Europa FC y College 1975 FC.

Puede ser complicado quedarse con una sola curiosidad del fútbol gibraltareño. Desde la grada principal del Victoria Stadium, se ve perfectamente el estadio Municipal de La Línea, donde juega sus partidos como local la Real Balompédica Linense. La distancia entre ambos campos, de países distintos, es poco más de un kilómetro en línea recta.

Los cánticos de las gradas son sustituidos por el graznido de las gaviotas, el ruido de un avión se cuela por completo en en el partido y, si bien el idioma oficial del país es el inglés, la liga se juega en español. El silencio que hay entre el público nos deja tener una experiencia futbolística completamente inmersiva; escuchamos a la perfección las conversaciones que mantienen los jugadores entre ellos, las quejas al árbitro y las indicaciones de los entrenadores. Todo se desarrolla en español. La afición, sin embargo, pide las faltas o reclama alternando las dos lenguas. Es normal escuchar a alguien decir: «¡Cuidado, cuidado! ¡Lo llevas detrás! Talk to him!»

El nivel del partido no es desdeñable. La liga tiene un nivel equiparable al de la actual Primera o Segunda RFEF. De hecho, el campeonato doméstico está repleto de jugadores que han disputado la antigua Segunda División B. No podemos esperar grandes arrancadas, disparos potentes a la escuadra ni movimientos tácticos espectaculares, pero tampoco pensar que ahí juega cualquiera.

«Tenemos que intentar subir el nivel para que entren sponsors»

En la última fila de la grada, un grupo de aficionados comenta en pie la primera parte del partido. St. Joseph’s gana por 2-0 y muestra una notable superioridad, a pesar de que ambos equipos están muy pegados en la tabla. Ahí se encuentra Michael, secretario técnico del Lincoln Red Imps. Bromeamos con que si hace de ojeador, pero no. «Aquí venimos siempre los mismos», dice. Su hijo juega en el Lynxk y también quiere que ganen.

Gibraltar es muy pequeño, reconoce, «un pueblo grande». Quien vive el fútbol, lo hace con pasión. A pesar de que no sean una comunidad muy grande. Los campeonatos más consumidos por la población son LaLiga y la Premier League. Según Michael, el noventa y cinco por ciento de los gibraltareños aficionados al fútbol son del Real Madrid y del FC Barcelona en cuanto a equipos españoles, «puedes encontrarte alguno por ahí, perdido, que le guste el Sevilla o el Betis, pero son muy pocos». Donde sí hay variedad es en las preferencias inglesas: «Hay mucha gente del Manchester United y del Liverpool, sobre todo, de esos dos, pero poco a poco salen algunos del City, del Chelsea, ¡incluso gente del Nottingham Forest!». Su club, de hecho, debe el nombre, los colores y el escudo al Lincoln City FC, de la ciudad homónima.

El Lincoln Red Imps se fundó en 1976 y comenzó su periplo en la liga de veteranos, la cuarta categoría. Desde su primera temporada en primera, la edición de 1984, han ganado veintiséis campeonatos de treinta y siete que se han disputado. Es decir, que los Red Imps acaparan todos los focos del fútbol nacional. Estos éxitos le han servido para encontrar una importante vía de financiación: «Aquí los clubes se financian de dos maneras: o tienen dueño o tienen sponsors. No hay otra. Nosotros, por suerte, jugamos todos los años los qualifiers de la Champions y la Europa League y de ahí cogemos muchos fondos. Pero para otros es imposible». La temporada pasada, en la primera edición de la UEFA Conference League, el Lincoln llegó a la Fase de Grupos junto al Copenhague, PAOK de Salónica y Slovan Bratislava. El St. Joseph’s y el Mons Calpe se cayeron de la competición en la primera ronda clasificatoria.

Esta circunstancia provoca grandes diferencias de presupuesto entre los clubes de la liga. «Como en España, ni más ni menos». Jugar en el Lincoln no solo supone asegurarte muchas posibilidades de conseguir el título de campeón de liga, también salir de Gibraltar y disputar partidos europeos. Michael es consciente de estas diferencias y reconoce que una superioridad tan grande no ayudaría a desarrollar el fútbol del peñón, otros equipos también deben subir de nivel para hacer una liga más competitiva e interesante para el aficionado: «Hay que subir el nivel para que entren sponsors. Si no, esto es imposible». Actualmente, las empresas más interesadas en patrocinar el fútbol nacional son las casas de apuestas.

Los últimos informes llegados a las secretarías de fútbol de Gibraltar reflejaban que los partidos de su liga, tan modesta, movían un millón de euros cada uno. Un asunto controvertido y que el pasado verano salpicó a la propia competición doméstica después de que se desarticulara una organización criminal dedicada al amaño de partidos en el sur de España y Gibraltar. «Este año han venido a dar una charla a los jugadores para que no hagan tonterías», lamenta Michael.

Cómo equilibrar el reparto de talento en Gibraltar

Los Red Imps tienen mucha facilidad para fichar jugadores, reconoce su secretario técnico. Por el mero hecho de servir como escaparate para los propios futbolistas. En realidad, la fuerza del sentimiento no condiciona los traspasos. A los profesionales no les importaría jugar en Lynx, el College o el mismo Europa con tal de progresar. No hay esa pasión por unos colores. «Con la selección es distinto. Apúntalo: aquí, cuando el equipo nacional tiene un partido, viene muchísima gente al estadio. La selección es otra cosa distinta, sin duda. Se sigue con mucho interés», advierte Michael.

Para Michael, que solo haya un estadio, esta falta de recursos, influye en el mayor escollo que tiene el país: la cantera. Los escalafones inferiores también deben entrenar y jugar la liga: «Salen del colegio a las tres y hasta las cinco entrenan o tienen partidos más tarde. Por eso, los equipos de la Premier entrenan en España». Hay que hacer hueco a todos. Cada equipo alquila un campo en la Línea de la Concepción, San Roque, Algeciras, Tarifa… «algunos se van hasta Castellar de la Frontera». Veinticuatro kilómetros. Algunos jugadores viven en el lado norte de la frontera, en España, pero otros muchos no. El principal problema que encuentran estos futbolistas que viven dentro del peñón es la cola de coches que encuentran para entrar a casa. La frontera entre ambos países suele atascarse con frecuencia y los tiempos de espera pueden alargarse mucho y de manera imprevisible.

Actualmente, solo hay una división. La segunda es, en realidad, una competición de reservas donde ocho jugadores de campo tienen que ser sub-23. Por debajo, empiezan las categorías de cantera: sub17, sub14, sub12, sub11 y sub10. Los niños y niñas que juegan al fútbol por debajo de los diez años forman parte de una escuela de fútbol nacional. La Federación Gibraltareña de Fútbol ha creado un sistema de draft en el que los clubes elijan a los jugadores que salen de esa academia común. Así, el talento se reparte entre los once clubes que hay en el país –hay cien equipos en total– sin que influye el músculo financiero y, más adelante, el nivel de los equipos se equilibre. «Si no, nosotros iríamos a la escuela y robaríamos a los mejores. Todo el mundo querría jugar en el Lincoln. Me parece un acierto este sistema».

Para potenciar el talento local, existe la regla del home ground player por la cual todos los equipos de la primera división deben contar con cinco jugadores nacionales sobre el campo. «Sin esta regla, solo jugarían futbolistas españoles venidos de la Segunda B». Michael confía en que, poco a poco, el balompié del peñón crezca y saque talentos: «Ahora mismo, el único jugador que ha salido de aquí es Tjay De Barr. Del Lincoln. Ahora juega en el Wycombe Wanderers, de la tercera división inglesa. También salió en su día Albert Hammond padre, el músico. Pero eso, una persona. Esto es muy pequeño, treinta mil habitantes. Es normal que sean pocos», cuenta el secretario técnico.

El movimiento de futbolistas en el mercado estival suele ser movido. Menos del cincuenta por ciento de los traspasos salen de la liga y hay mucha rotación de equipos. Esta temporada, la liga se ha comenzado a emitir por las televisiones locales –también se pueden ver en Youtube– y los clubes están desarrollando estructuras internas más profesionalizadas. Con el nuevo draft de jóvenes talentos, Michael espera tener un fútbol local de mayor nivel y más equilibrado en los próximos años. Si el resto de los equipos de la liga tienen mejores plantillas, más exigentes, sus Red Imps se verán obligados a subir el nivel. De momento, el único nombre que le hace resoplar al ser preguntado es el del Europa CF. Desde la entrada del milenio, solo ellos en el año 2017 y el Glacis United, en el 2000, han conseguido arrebatarle un título liguero. Una hegemonía a la altura de la que ejerce el Bayern de Munich. O mayor, si cabe.

«Nunca he sido tan famoso como el día que ganamos al Celtic»

Hasta el momento, las experiencias europeas del fútbol gibraltareño son muy discretas. Sobre todo, teniendo en cuenta que la federación se adscribió a la UEFA en 2013 y que, desde entonces, participa en sus competiciones. A la FIFA entró tres años más tarde. Como ya hemos dicho, la única participación de un equipo del peñón en competiciones continentales de clubes pertenece al Lincoln Red Imps. Sin embargo, no es el momento más épico que ha vivido el club.

Ocurrió el 12 de junio de 2016, la tercera temporada en que los Imps disputaban las previas de Champions League. Tras sufrir en la primera ronda contra el Flora Tallinn, el sorteo llevó a uno de los equipos más duros al Victoria Stadium. Lincoln Red Imps y Celtic de Glasgow se citaban en el Victoria Stadium para disputar la ida de la segunda ronda.

Nada más comenzar la segunda mitad, en el minuto cuarenta y siete, un balón dividido va a parar en el pie izquierdo de Liam Walker que, sin dudarlo, controla rápido y patea el esférico desde el medio campo a su delantero, que había iniciado el desmarque. El número 7, Lee Casciaro, cubre la pelota con todo lo que tiene, cuerpea con Efe Ambrose, se la acomoda, coge la espalda al defensa de los hoops, y envía el balón al fondo de las mallas defendidas por Craig Gordon. 1-0. Así finalizaría The Shock of Gibraltar, como titularía la prensa escocesa el primer partido oficial de Brendan Rodgers al frente del Celtic. El número 10 de los visitantes lo llevaba nada más y nada menos que todo un Moussa Dembélé que no consiguió anotar un gol.

Gibraltar – Gales (Sub-21) 14 de junio de 2022

«Me preparé como cualquier otro día. Ni siquiera nos concentramos. Dos horas antes del partido, yo estaba en mi casa. Prefiero mi cama a la de un hotel. El público sí estaba muy encima, pero nosotros fuimos con la mentalidad de que no nos golearan. Esos días fui tratado como un profesional, de las entrevistas que tuve que dar y el calor de la gente que recibí», recuerda el delantero. Ahora que su hija mayor es más consciente de todo, admite, ha visto el gol repetido: «Me dice que salgo en Youtube, que qué hago ahí. No ha visto esa parte de mí y la está descubriendo».

Lee Casciario es historia viva del Lincoln, equipo donde empezó a jugar con ocho años. Tuvo oportunidad de jugar en España, pero prefirió quedarse. Desde que debutara con el primer equipo, en la temporada 2008, reconoce que tanto su club como el resto de clubes han progresado mucho. Él es uno de los que, cuatro veces por semana, cruza a España para entrenar. La mayoría de sus compañeros se dedica exclusivamente al fútbol, algo que no ocurría demasiado antes de que el fútbol del peñón pasara a ser parte de la UEFA y comenzase la profesionalización total. Él, además de ser el artífice de la mayor gesta futbolística de su club, es policía del ministerio de Defensa.

Además de Lee, hay más Casciaro en los anales de la selección. Sus hermanos Ryan y Kyle tienen veinticuatro y veintiséis internacionalidades cada uno. También los Chipolina: Roy, máximo goleador del combinado nacional con cinco tantos, Joseph y Kenneth. «Si lo piensas, no es tan raro. Al ser un lugar tan pequeño, en cuanto haya una familia de deportistas, es más fácil que todos lleguen a jugar en primera división y, más tarde, en la selección. Lo veo como algo más normal aquí», reconoce Lee.

Cuando se habla de este deporte con sus protagonistas, la conversación vuelca rápidamente a la necesidad de seguir trabajando en el desarrollo de talentos. En otros países como Gales, Lichtenstein o Andorra, los equipos más laureados juegan en otros países: Swansea y Cardiff en Inglaterra; FC Vaduz en Suiza; y FC Andorra en España. ¿Sería beneficioso que el Lincoln Red Imps se integrara en el nuevo formato de Primera, Segunda o Tercera RFEF? Para Lee no. «Si nos metemos a jugar en España, sería inalcanzable disputar las previas europeas. Ahí es donde cogemos más financiación, donde tenemos los retos más ilusionantes de la temporada. Financieramente no, futbolísticamente seguro que sí. De momento, estamos bien así. Hay mucho que mejorar, pero meternos en la federación española no sería un avance». A futuro, Casciaro cree el siguiente paso del fútbol nacional es exportar jugadores a ligas extranjeras: «Lo más importante es mandar futbolistas a Europa y que, cuando vengan a jugar, la selección tenga más nivel. Es lo mejor que podemos hacer a corto plazo».

De momento, el delantero no se plantea la retirada. Con cuarenta y un años, le queda gasolina. Todo el mundo le conoce por los años que lleva siendo una de las referencias del mejor equipo del país. Le gustaría ayudar a desarrollar este deporte en Gibraltar, pero todavía no sabe lo cansado que estará: «Llevo toda la vida amarrado al fútbol. Mi mujer es profesora y, cuando cuelgue las botas, quizás estoy un poco saturado. Me gustaría viajar en verano con la familia o disfrutar de unas vacaciones. Claro que me ilusiona contribuir a mejorar el fútbol de mi país, pero no sé si será justo después de la retirada o un poco más adelante».

Roy Chipolina (izquierda) y Lee Casciaro (derecha) sostienen el último trofeo de campeones de liga de los Red Imps

Más allá del Victoria Stadium

Fuera del estadio principal hay más vida futbolera. Sobre todo, después de que Gibraltar comenzara a disputar competiciones internacionales. Cuatro de los once equipos que compiten en la primera división se fundaron tras la admisión del país en la UEFA. Desde la federación, además, han puesto en marcha un proyecto para remodelar el Victoria Stadium. El fútbol femenino existe, por supuesto, pero con menos equipos y está mucho más lejos de profesionalizarse.

Muy cerca de la Grand Casemates Square, en la Line Wall Road, hay una tienda de deportes con material de la selección nacional. Las camisetas cuestan sesenta libras. Sin embargo, para hacernos con una equipación del Lincoln, por ejemplo, tendríamos que hacerlo por la página web del club. Por cierto, treinta y ocho libras. Pero por ser el Lincoln, la referencia futbolística del país, porque el resto no vende sus camisetas. Ni siquiera el Europa FC o el Glacis United. ¿Cuántas camisetas deberían vender los Bruno’s Magpies, Europa Point o Mons Calpe para que el negocio funcione? A saber. De momento, el futbol de Gibraltar está en otras batallas.

Material deportivo de la selección nacional

2 Comentarios

  1. Interesantísimo. Muchas gracias y muchos éxitos a la selección de Gibraltar «manque» pierda.

  2. Muy interesante. La pasada tenmporada pude ver algunos aprtidos en Footers, que tenía los drechos de la liga gibraltareña, este año no se si se puede ver en alguna parte.

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