Entrevistas NFL

Pepe Brasín: «La gente está volviendo a su equipo, a su ciudad, a su pueblo. Y eso explica muy bien la sociedad»

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Viste de oscuro, pide un agua con gas, tiene alrededor de los ojos esas arruguitas que nos salen a los que vimos el Tour de Roche. Ah, y sonríe, sonríe casi siempre. Pepe Rodríguez (Cangas del Narcea, 1976), es Pepe Brasín por herencia de blasón, Pepe el de la Nueva por recuerdo cangués y Pepe Diario por contar cada día a mogollones de gente cosas sobre deporte mainstream y sobre deporte menos mainstream. Con estilo propio, buscando el detalle por encima del dato, historias antes que números…

Pepe ha sido muchos Pepes, pues, y ahora dirige un experimento anómalo, uno que igual ni se podía hacer y hoy resulta éxito y ejemplo. Hablar sobre deportes de otra manera. Estilo y desarrollo, análisis grande, sin perder de vista los sentimientos. Aquello que siempre hubo, aunque debías rascar. Lo que hoy parecieran nichos. De forma directa, con colaboradores que controlan, con un conocer hondo del tema. Voz reconocible, estilo innegociable. La barba canosa más insustituible del podcast español…

Preguntamos a Pepe sobre todo. Sobre cómo es crecer adorando a Perico (lo que se sufre), sobre hacer mil trabajos antes de terminar en algo que disfrutas de tal modo que ni trabajo parece. Sobre periodismo, radio e inteligencia artificial. Sobre la NFL y los canapés que pone la Liga. Sobre libros y periódicos. Él responde siempre, no se esconde, ese punto de inocencia, de niño grande, que resiste a crecer. Y a veces gotea ironía desvergonzadamente septentrional, el sarcasmo suave de a quien orbayaron los domingos cuando iba al cole.

Disfruten.

¿Eras el clásico niño que narraba partidos?

¿Delante de la tele? No, pero sí era el que… me lo contaba mi abuela, que con cuatro o cinco años, coincidiendo con el Mundial 82, tenía una libreta en la que iba apuntando los resultados de cada partido, con las banderas de los países. Y siempre le llamó la atención muchísimo a ella. Y es verdad que, desde que tengo uso de razón, me encantaba eso de llevar la documentación de lo que pasaba… Ya ves, luego estaba en los periódicos, pero tenía ese ansia de… También con seis o siete años empezaban las ligas y yo tenía una libreta en la que apuntaba los resultados y la clasificación, como si no estuviese en otro lado. Tenía esa idea de dejarlo todo guardado.

¿Recuerdas los papeles esos que regalaban los domingos en los bares, con todos los resultados y tal?

Sí, claro, por supuesto.

Eso se ha perdido; el que lo tenga guardado igual tiene un dinerín… ¿Tú has guardado algo de eso?

Nada, no he guardado nada; en general no tengo yo mucho apego material, no soy de coleccionar. Hubo una época en la que llegué a tener dos mil discos y en sucesivas mudanzas dije «esto no tiene ningún sentido». Y ahora no tengo nada.

¿Cómo recuerdas al Pepe de niño?

Yo era un niño… (piensa), digamos que un pelín (vuelve a pensar) iba a decir taciturno, pero no creo que esa sea la palabra; yo era más bien alegre, pero no era nada popular, no era nada atleta, enclenque, un chavalillo quizá visto como un empollón por los demás. Y me refugiaba mucho en mis mundos, me gustaba mucho el deporte como un mundo ajeno al real.

¿No hacías deporte?

Sí, claro, estuve en el Narcea de fútbol. Malísimo.

¿De qué jugabas?

Lateral izquierdo; todos los inútiles que somos zurdos nos ponen de lateral izquierdo… Hasta que descubres que eres aún más lento que inútil, y entonces no sirves ni de lateral. Era muy malo. Luego el baloncesto se me dio algo mejor, porque los que no tenemos ninguna capacidad física en el baloncesto tenemos una cosa que no te permiten otros deportes, que es tirar, perfeccionar la muñeca y tienes un cierto valor como tirador, porque ni saltas, ni corres, molestas un poco, no tienes habilidad con el balón, pero tirar sí puedes. Entonces, mal que bien, en las pachangas del patio me defendía. Y luego hice mucha bicicleta, y karting, claro. Esas son las cosas que más he hecho.

¿Y ver deporte?

Todo, eso sí, todo.

¿En directo también?

Sí, sí… cuando mi padre podía, una vez al año, porque no había para más, íbamos al Molinón, a ver el partido del Sporting.

¿Y el equipo del pueblo?

Claro, mi padre era socio del Narcea y bajábamos a verlo. Regional Preferente hasta una vez que subimos a Tercera División, y la directiva, con aires de grandeza, decide fichar, fichar gente que no es del pueblo, para que se pueda competir en Tercera. Y yo recuerdo bajar con mi padre al primer partido de aquel año, y ver a uno de Grao tirar el balón al río. Me cogió de la mano y me dijo «para ver a uno que no es del pueblo tirar el balón al río marchamos», y marchamos. Creo que fue la última vez que fui a ver al Narcea.

Yo conozco un poco categorías inferiores de Cantabria y aquello es el submundo futbolístico, una cosa muy divertida.

Hombre, claro. Creo que ya menos, pero aquello era una macarrada infinita.

Prácticamente no habría hierba…

Claro, claro, y los hooligans eran los propios jugadores, cuando había bofetadas no era entre gente de la grada, sino que salían los jugadores a la grada a pegarse.

¿Tú alguna vez has visto de esas?

Sí, claro, desde luego.

¿Y alguna vez has participado?

Como receptor (ríe), siempre como receptor.

¿Y partidos más exóticos? Rollo ir a ver al Madrid y eso.

Sí, me llevaban al Bernabéu mucho, sí. Yo viví un Sporting de Gijón empatando a cero en el Bernabéu, con Ablanedo en la portería, aquella época. Y luego con catorce años me vengo a vivir a Madrid y empiezo a gestionármelo yo, prácticamente cada temporada de aquellas voy a ver al Sporting al Calderón y al Bernabéu.

O sea, que eres del Sporting, no del Oviedo.

No, no, (vuelve a reír), en absoluto.

¿Tú siempre has sido Pepe?

Sí, hubo una época que me rebelé e intenté no serlo, con gran fracaso por mi parte, porque no me gustaba, me sonaba antiguo. Pero mi madre siempre quiso que fuera Pepe y he sido Pepe a pesar de haber intentado ser Jose (lo dice con ese acento), o Jose Antonio, o lo que fuese.

¿Y Brasín? Vosotros sois los Brasines, tengo entendido.

Sí, es el nombre de la casa de mi padre, el nombre de la casa de mi madre es Regueiro. En las aldeas de Asturias nos conocemos más por el nombre de la casa que por el apellido. La casa de mi padre, en la aldea de El Pládano, es Brasín, y la de mi madre, en una aldea que se llama Acio, es Casa Regueiro. De hecho cuando empecé a firmar artículos pensé en ponerme de nombre Brasín Regueiro. Pero quedó Pepe Brasín, que es básicamente como me llama la gente en la calle mayor de Cangas.

¿Y de dónde viene ese Brasín?

Nunca lo he investigado, sin haberlo mirado tengo el pálpito de que algún antepasado mío, hace bastantes siglos, se llamaría Blas, que en gallego va a «Bras», y el hijo sería el Brasín… Pero es elucubrar, no tengo ni idea.

Tú naces en Cangas del Narcea, tus padres son de aldeas de los alrededores, muy cerquita.

Correcto, a unos diez kilómetros. Pero ellos ya vivían en Cangas, habían bajado. Sí que nacieron en la aldea, fueron a la escuela en la aldea, pero cuando se casan bajaron a Cangas. Y yo ya nazco en Cangas.

Ese espacio tiene que marcar mucho cuando eres niño… Un sitio aun hoy relativamente aislado, relativamente grande ejerciendo como capital de comarca, y con una personalidad muy marcada, todo eso de la minería y tal.

Sin duda. Yo la infancia la recuerdo muy violenta, muy dura. No es que lo notes en el momento, pero la violencia soterrada estaba permanentemente… de maestros a niños, de niños entre sí, de niños contra las niñas. Era un sitio tremendamente agresivo con las mujeres, con las chicas, no hay más que ver que emigrar emigramos casi todos, pero volver solo volvimos los chicos, chicas casi ninguna volvió. Estábamos además en pleno apogeo… cima pero yendo hacia abajo, quizá… de minería. Mucho dinero, un pueblo con muchísimo vicio, con muchísima actividad a diario, nocturna. Y mucha violencia. No me refiero solo a que la gente se pegase, sino en las relaciones entre la gente, violencia verbal, violencia emocional, si quieres. Era un sitio duro, yo no recuerdo mi infancia como algo infeliz, que estuviese mal o complicado, pero tampoco con gran felicidad, ni en un sitio idealizado.

¿Tenías familiares en la mina?

Sí, sí, mi tío Antón trabajó en la mina, y más gente. Mi padre trabajaba la madera y el monte, y la madera la vendía en la mina, así que era una simbiosis obvia.

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Tu padre, entonces, maderero, y tu madre sus labores, como todas las madres.

Sí, pero había poco dinero y había que hacer cosas… cajera de supermercado, limpiar, acabó de dependienta en tiendas.

¿Ellos te transmiten esa cultura del trabajo exigente o querían que escaparas de todo eso?

Ni una cosa ni la otra, siento que todos tiramos para adelante como pudimos. Pero la obsesión de mis padres era que no hiciéramos lo de ellos, id para adelante, a otro lado, a otra esquina de la vida, no solo geográfica. Estudiad… Eso siempre, era como «hostia, no viváis esclavizados así». Pero siento que más que racionalizarlo o hablarlo era un ir para adelante continuo todo el mundo. Ellos bastante tenían con lo suyo, éramos cuatro críos en casa, puedes imaginarte… Era sobrevivir cada día. Que tampoco suene una historia épica de supervivencia, entiéndeme, pero es lo que teníamos, lo que había.

Visto ahora, ¿echas de menos aquello?

Ni lo idealizo, ni lo romantizo, pero si hablas de si me gustaría vivir en Cangas la respuesta es sí. Yo vengo a vivir a Madrid con catorce años, y con veintiséis decido volver a Cangas, y estoy allí doce años, hasta los treinta y ocho. Y fue a posta, no me empujó la vida, fue porque me dio la gana.

Y si volvieras, ¿al mismo pueblo?

Sí, Cangas, Cangas.

Bueno, villa, ¿no?

Sí, es villa, a ciudad no llega. Siempre nos quedamos con lo de villa.

Te lo digo porque en esos sitios si llamas «pueblo» a una «villa» puede haber hostias.

Puede haber hostias. Y si quitas la «ele» en «del Narcea»… cuidao. Ha habido problemas diplomáticos muy serios con este tema, y muchas víctimas. (Ríe)

¿Cuáles eran tus ídolos deportivos de pequeño?

Perico Delgado. Muchos más, Quini… pero creo que Perico es el número uno absoluto. Perico era Perico, yo me desvivía por él.

Nunca mejor dicho, porque daba sinsabores.

Quizá fuese parte del asunto. Siempre se ha contado que Perico era una estrella del pop en España quizá porque perdía tanto, porque los dramas que le pasaban daban para gran historia. No sé si será verdad, yo desde luego de niño no pensaba en todo eso.

¿Cuándo te das cuenta de que te gusta el deporte más que a la media?

Uf, yo creo que desde siempre. Desde eso, desde el Mundial de España 82, con cuatro años, nunca he tenido una conciencia de mí mismo que no estuviese enviciado al deporte. Antes me preguntabas cómo era… yo pasaba las tardes pegado a Estadio 2, y si te ponían cross pues cross, y si eran las carreras de Alcañiz pues las carreras de Alcañiz, y lo que fuese pasando por allí.

A día de hoy, ¿cuántos deportes sigues?

¿Seguir de verdad?

De verdad, de poner la tele, que haya quince tíos y conozcas a doce.

¿Liga o deporte? Porque es diferente.

Dime todo y así me asusto más.

La NFL, y en fútbol americano también sigo el universitario. Por supuesto el baloncesto en todas sus facetas, Euroliga, NBA, NCAA… El fútbol, el ciclismo, el tenis, la Fórmula 1, las motos… ahí solo Moto GP, las demás no.

¿Rallys ya no?

De lejos, fui tan cunetero de rallys en los ochenta y los noventa que…

Mucho vicio también ahí.

Mucho, muchísimo, pero me encantaba el ambiente, ir allí, ufff… Ahora lo sigo de lejos, te puedo decir los coches y pilotos importantes, pero no lo veo.

Aquellos coches ochenteros de Grupo B, que eran ataúdes.

Totalmente… el Audi Quattro, que era el más emblemático. O el R5 Turbo Copa, que a ese se le conocía popularmente como el «Ataúd». A Michèle Mouton, que fue la primera mujer que ganó rallys, con un Audi Quattro, le preguntaron «y esto, ¿cómo se controla?», y ella respondió que esto no se controla, sales de la curva, aceleras a tope, cierras los ojos, frenas a tope en la siguiente curva y a ver cómo vas…

Te faltarán algunos deportes.

Sí, el béisbol, el hockey sobre hielo, la NHL.

¿Cómo se puede seguir el béisbol en España?

Lo pones en la tele y lo ves (sonríe).

Pero, ¿lo echan en la tele?

Hombre, ¿cómo no van a echar por la tele una de las ligas que más factura del mundo? Pero a mí todo esto, gracias a Dios, me nace con internet, cuando llega internet dejo de ver lo que me echa Olga Viza para elegir lo que quiero ver yo.

Vamos concluyendo… ¿el golf?

Sí, pero solo los Majors, ahí soy turista, casual

¿Qué más?

Qué me falta por decir… bueno, el automovilismo aparte de la Fórmula 1, sigo la Indy Car por Álex Palou, y veo la Nascar los domingos por mi hijo, que es un viciado y ahí nos la tragamos. ¿Se me olvida alguno?

Tú sabrás, yo no creo que existan más deportes.

Bueno, sí, boxeo, claro, boxeo y UFC.

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¿Traineras? ¿Bolo asturiano?

No, pero lo cubrí para el periódico, el bolo vaqueiro, allá por Cangas. En general los deportes olímpicos… atletismo, natación, remo… no les encuentro la gracia, porque siempre gana el mejor, el que más corre gana. Si no hay un factor táctico, azar, equipo, no le encuentro la gracia. Veo, como todo hijo de vecino, los cien metros lisos de los Juegos Olímpicos, pero suele ganar el plusmarquista mundial.

¿Y nunca has ido a ver, por ejemplo, las traineras en la Bandera de la Concha, que es algo muy potente?

Me parece más folclórico que deporte, y no lo digo como algo peyorativo o menor, ojo. Nunca he ido a verlo, no me ha dado por ahí. Y es espectacular, las imágenes de las traineras en el mar, una pasada. Pero desde el punto de vista deportivo no me atrae. Ah, en el listado de las competiciones deportivas, ¿podemos meter videojuegos?

Eres el entrevistado, tú mismo.

Simulador, me encanta. Sigo las competiciones y participo incluso en alguna.

¿Eres bueno?

(Responde muy rápido, sonriendo) No. A ver, no llego a participar en alto nivel, pero sí soy un aficionado, conduzco mucho.

Entiendo que una simulación de estas realistas, tú te das un golpe y el coche se desgracia.

Sí, claro, cómo no.

Pregunto, que yo solo llegué al Mario Kart, y ahí tenías hostias infinitas.

No hagamos de menos al Mario Kart, pero esto es otra cosa. Esos, o el Carlos Sainz ese mítico, no son simuladores, son videojuegos, no quiero yo hacer una separación tajante, que los simuladores también son videojuegos, pero en el concepto simulador se busca simular lo más posible la realidad, así que si te pasas de frenada tiene consecuencias. Hay un intento de parecerse a la realidad.

¿Y en qué tipo de competiciones participas?

Amateurs, pero bien organizadas y todo. Es muy divertido, muy divertido. No me pongo nervioso, y me divierto muchísimo. Creo que ahora mismo, aparte del trabajo, que también es un poco afición, este es mi gran hobby.

Y simuladores de aviones, ¿has probado?

Sí he probado, pero no llego a entrar mucho. Me gusta pero no para dedicarle muchas horas. Es fascinante, ojo, el último Flight Simulator puedes sobrevolar el planeta entero con sensación de que de verdad estás viendo el planeta, pero nunca he entrado mucho…

Avanzamos, ¿tú estudias periodismo?

No, no, qué va. Yo acabo COU y me matriculo en Informática. Por motivos que no vienen al caso suspendo todas, me echan y me matriculo en Economía, en la Universidad Carlos III, en Getafe. Tampoco estudio nada, y tarde o temprano me acaban echando también. Así que he estudiado hasta COU, qué puedo decir.

Entonces vuelves a Cangas de Onís…

Por favor, te pido un respeto, es Cangas del Narcea, lo de las hostias cuidadito (risas).

Esto se queda en la entrevista… Entonces vuelves a Cangas del Narcea y empiezas a trabajar como periodista local.

Pero hemos pegado una elipsis grande, eh, yo he hecho muchísimos trabajos antes del periodismo. Yo empiezo trabajando de mozo de almacén por ETTs, luego acabo en Pikolín con movimiento de colchones, de sábanas, para tiendas aquí en Madrid. Luego me sale un trabajo en la web incipiente del BBVA… es porque yo mentía en el currículum, decía que estudiaba Informática y Economía, las dos cosas. Así que pensaron «este es el ideal, nos viene de fábula», y estuve un año allí, un año muy divertido. Después vi la oportunidad en un chiringuito financiero… pero chiringuito, chiringuito, de parche en el ojo y dos tibias cruzadas debajo de una calavera. Yo esto a veces lo cuento como leyenda urbana, pero a mis oídos llegó, no sé si será verdad, que mis jefes acabaron en la cárcel, no tengo ni idea. Allí estábamos intentando engañar a gente para que invierta con nosotros, imagínate, unos chavales que no tenían ni la más remota idea.

Es el lobo de Wall Street total.

Pero en cutre. Aunque siendo muy cutre un compañero mío, con veintidós años, se había comprado un Ferrari. Había mucho dinero, había mucho riesgo de perder todo ese dinero y había mucho riesgo vital, a ese mismo amigo le partieron las piernas en un garaje.

Pero eráis prestamistas de la mafia o qué.

Qué va, nosotros llamábamos a la gente, «invierte con nosotros, te vas a forrar, opciones de acciones, papapá», y éramos unos chavales a los que, de manera hiperexcitada, nos daban promesas de grandeza, solamente económica, claro, pero grandeza. El que era más hábil mentía más, y más, y más, y la gente perdía mucho dinero. Y eso, a uno lo atacaron en un garaje, unos empresarios de un pueblo de Andalucía, que subieron a Madrid a pegarle, no sé si con un bate, con un palo de golf o lo que fuera.

Aprovecharían para ver al Madrid, supongo.

Digo yo, ya que venían… Total, que allí estuve año o año y medio, y sentía que aquello no era vida, aquella sí la sufrí bastante. Es verdad que hubo un par de meses que pegué un pelotazo económico como jamás pensé que fuese a pegar… Luego lo fundí todo, eh, porque un desgraciado de un amigo mío se casa en Miami, fuimos cinco días a Miami y no quedó ni un céntimo de todo aquello. Total, que yo veo que eso no puede ser. Y ya barruntaba, tenía ganas de dejar Madrid, soñaba con volver al pueblo.

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¿Y por qué?

Porque en toda aquella época, la final de los estudios y la primera de los trabajos, mi verdadero paraíso era cada tres meses irme a Cangas. Navidad, Semana Santa, el Carmen… era una felicidad absoluta.

Es donde respirabas.

No solo eso, sino que encontraba que mi cultura era esa, se parecía mucho más a mi anhelo de pasármelo bien. La forma de relacionarme, las amistades.

¿Tú sigues teniendo amigos allí de la infancia?

De la infancia es excesivo, pero de los catorce años o así sí. Los de la infancia sigues encontrándotelos, no digo que sean amigos íntimos, pero sí están por allí. Entonces con veintiséis años decidimos, porque fue una cuestión de pareja, volver.

Tú en Cangas, ¿haces eso tan de pueblo que es no quedar con la gente? Que sales a los sitios de toda la vida y vas encontrando peña.

Por dios, Marcos… Evidentemente.

Es que esto lo va a leer gente de veinte años y van a alucinar, esa forma de encontrarse sin móviles e historias.

Si a algún amigo mío le mando un whatsapp para salir por Cangas ellos se preocupan, se preocupan profundamente. Tú sales y allí está el que está, te vas encontrando a la gente. Yo siempre decía una frase: «yo salgo con Cangas», no con nadie. Porque luego aunque te los encuentres vas de grupo en grupo… Salgo con Cangas.

Vuelves allí y sigues haciendo cosas antes del periodismo.

Pasan cinco años. En esos cinco años tengo el último videoclub de España.

¿Es verdad?

No, es una frase hecha, imagino que aún hay videoclubs hoy, si hay hasta tiendas de vinilos… Eso, yo monto una tienda de videojuegos, con enorme fracaso como todo lo que había hecho en mi vida por entonces. Y mi suegra tenía un videoclub, uno de los más exitosos de la época dorada de Cangas, que con la minería y eso tenía muchos videoclubs, y muy potentes. Entonces me encargo de él cuando ella quiere dedicarse a otra cosa, la tienda de videojuegos la fusiono, tal y cual. Después monto una tienda online… fíjate, yo tengo un videoclub cuando la gente ya no alquila películas y monto una tienda online antes de que la gente tenga internet… Así que una tienda online fatalmente gestionada por mí, todo eran fracasos, uno tras otro. Era de productos de allí, vender el chorizo, la miel de Muniellos, el queso… Y hago eso, estoy también con la Asociación de Pequeños Empresarios del Suroccidente de Asturias, allí trabajo un año… Haciendo cositas, vaya, todas de un nivel bajo por mi propia culpa, no echo la culpa a nadie, es todo por mí, por mi nula capacidad de trabajo, tanto en solitario como en equipo, y mi nulo interés por hacer cosas que no me… Eso me cuesta una enormidad. Y entonces, ya con treinta y un años, un día llevando a mi hijo mayor a la guardería, escucho que al corresponsal de La Nueva España, mítico de toda la vida en Cangas, lo ascienden y se lo llevan a Oviedo.

¿Y cómo entras tú ahí?

(Sonríe) Cojo el Clio, me planto en Oviedo y les digo: «Creo que soy la solución para vuestro problema en Cangas del Narcea».

¿Y te cogen con esa presentación?

Luego me lo han contado, estas cosas depende cómo lo vivas tú y cómo lo viven en el otro lado. Primero la persona que hacía la corresponsalía allí me echa una mano, porque me conocía de toda la vida, venga, yo te hago una entrevista, y les digo tal y cual… Y luego la que fue mi jefa muchos años en La Nueva España, Mariola Riera, me decía «claro, estábamos aquí, era lunes después de elecciones al Parlamento Asturiano», imagínate el jaleo, y ella dijo «ha venido un loco que dice que es nuestra solución en Cangas», y, Gonzalo, el director, no sé si será leyenda urbana, le dijo «que escriba una semana y después ya veremos». Y mira, siete años.

A mí me gusta mucho eso del reportero local, de pueblos, que es como una entidad omnímoda, que sabe todo lo que pasa, que todo el mundo lo conoce, que es de toda la vida. Es un pequeño «barón», tal y como lo dicen a veces de los políticos.

Hay un poco de eso, sí, yo pasé a ser «Pepe el de La Nueva». Pasé de ser un chaval más o menos conocido, como nos conocemos todos en el pueblo, pero también más o menos anónimo, a ser lo que dices tú, una personalidad, porque todas las fuerzas vivas de política, asociaciones, gente que hace algo, que te come una oveja el lobo, cualquier cosa… hay que llamar a «Pepe el de La Nueva». Es ahí cuando empiezo a conocer de verdad mi pueblo. Que no lo conocía, no, ni de lejos.

¿Cuál es la historia más rara que cubres?

Hay varias, eh, pero creo que la de Tomasín es suprema, esa saltó a título nacional. Tomasín era un hombre que vivía en el monte, pero vivía en el monte literalmente, y mata a su hermano con un arma casera, hecha por él mismo, y después huye. Él vivía en una cabaña en el monte y huye directamente al monte, está la guardia civil persiguiéndolo treinta o cuarenta días. Hay una serie de anécdotas a lo largo de ese tiempo… La relación que hacemos con los de su pueblo, la relación con la guardia civil, el hecho de que todo el pueblo defendiese a Tomasín…

¿Por qué?

Porque el pueblo entiende que el hermano abusaba de él, Tomasín era un hombre… con capacidades especiales, digámoslo así. El caso es que en Tineo, que es de donde eran, de una aldea de Tineo…

¿Aun más recios que en Cangas del Narcea?

No me hagas hablar de este tema que no quiero perder amistades, entre Cangas y Tineo… Y eso, que el pueblo estaba del lado de Tomasín. Recuerdo el día que lo atrapa la guardia civil, lo llevan al juzgado, nosotros estábamos haciendo las fotos y andaba medio Tineo allí ovacionándolo. Aquello fue… Y tragedias he cubierto alguna de las que no se te olvida jamás. El asesinato de la familia de Silvia Brugos (resopla). Silvia Brugos es una concejala del PSOE en Degaña, electa, y en la noche electoral su exmarido, un minero, la llama y le dice «hoy estás muy feliz, te he visto en la tele, pero mañana vas a llorar». Y a las cuatro o las cinco de la madrugada se planta en su casa con un machete, asesina a su padre, a su actual pareja, a su hermano y cuentan que salió uno de los hijos, lo vio y dijo «qué haces, papá», y él al verlo huye. Pero cubrir aquello fue…

Y alguna historia menos truculenta, rollo friki.

Había un tipo en aquella época en Cangas… que no era de Cangas, creo que era de Navia, llegó allí casi por casualidad, sin oficio ni beneficio, viviendo de lo que le daban y durmiendo donde le dejaban. Pues decía que era amigo de Joaquín Sabina y de Yoko Ono. Era pintor, artista, contaba aquello y nadie le creía, evidentemente. Entonces a mí me llega esa historia y digo «joder», pero me dicen en el periódico que hay que contarla, tal y cual, una vez me llega desde Oviedo que a la propia Nueva España alguna amistad de él les sugiere que hagan un reportaje a ese hombre. Y yo, ¿será verdad lo que cuenta? Pero más que sea verdad es que es pintoresco, será una historia atractiva. Hablas con él y la historia mola, sea verdad o mentira (se detiene un momento), siendo mentira, qué coño.

Sabina aún, pero Yoko Ono es picar más alto.

Bueno, es que él decía que iba a llamar a Yoko Ono para que viniese a Cangas a una exposición que iba a hacer con sus obras. Ya falleció, este hombre.

¿Fue Yoko al entierro?

No, no… pero es que además este hombre tuvo otra historia en El País, porque antes de fallecer salió en El País diciendo que alguien se encargase de su perro. Aquello fue una bizarrada, evidentemente.

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Vuelves a Madrid en 2014, ¿vienes con algún plan?

Ninguno, así como yo me voy para Cangas convenciendo a mi pareja, me vuelvo a Madrid convencido por mi pareja. Ya habían nacido los tres críos, ya habían sido criados, queríamos que se criasen en Cangas, en pueblo, pero ya tenían una edad, y a ella se le estaba haciendo muy pequeño Cangas. Entonces me dijo de volver y… Primero me parece bien, porque de los siete años que estuve en La Nueva España los cinco primeros probablemente sean los más felices de mi vida profesional… El grupo de gente que generamos con los otros medios… El Comercio, La Voz de Asturias, la TPA, Onda Cero… hoy el es día que los veo por la calle y les pego un abrazo, fue una maravilla. Y también con mis jefes allí y mi descubrimiento del periodismo, lo poco que sepa hoy, si sé algo, lo aprendí aquellos días… con todos los inmensos errores que cometí, uno tras otro, tras otro, tras otro, que los piensas ahora y me avergüenzo un montón. Pero fue el proceso que pasé, y los pasé con mucha sensación de plenitud profesional.

Pero te quedan dos años.

Esos últimos dos años ya son otra cosa, empiezas a ver cambios en los compañeros de otros medios, porque algunos cambian corresponsales, otros quitan compañeros, tú empiezas a contar las mismas historias todo el rato, tienes también ciertos problemas… Yo cubrí mucha parte del fin de la minería y eso te genera problemas con cierta gente, en ciertos bares… Hay cosas que te van rascando y ya no es la misma ilusión inicial. Entonces, cuando me propone mi expareja volver a Madrid creo que ella tiene razón, se le está quedando pequeño, hizo un esfuerzo en ir a Cangas y me parecía justo, no me parecía mal un cambio. Pero me planto aquí con una mano delante y otra detrás.

Tú cuando vuelves a Madrid ¿ya tienes hecho lo de Sillon Ball?

Sí, el blog.

¿Eso cómo surge?

Vicio, vicio. Trabajando en La Nueva, aunque el corresponsal de provincias lo es veinticuatro horas, porque incluso cuando descansas si pasa algo gordo…

Tienes que ir.

No es que tengas, es que quieres, no se te ocurre que venga uno de Oviedo. Si estás allí estás veinticuatro siete.

El ternero de dos cabezas es mío.

El oso atrapado en Muniellos… Pero no es que sea mío, nunca tuve eso de «esta exclusiva para mí», pero sí que pensaba «qué van a venir de Oviedo»… Pero también hay muchos días relajados, que en dos horas lo ventilas todo, que no pasa absolutamente nada. Yo tenía tiempo y el vicio por el deporte seguía allí. Así que blog.

Sillon Ball, que es muy descriptivo de lo que hacemos.

Sí, totalmente. Y Sillon Ball ya existía como blog, pero cuando vengo a Madrid, que tengo aun menos que hacer, yo estaba enviciado con un programa de radio americano, que era el Dan Patrick Show, y quería emularlo. Me gustaban mucho los podcast, me gustaba mucho hablar y me gustaba mucho escuchar. Así que hago un podcast en Sillon Ball, que se llama Sillon Cast, no para que me escuche nadie, sino casi como currículum… Si alguien quiere saber qué hago pues esto es lo que hago.

Quizá el «salto» tuyo llega con la NFL. Eras de los pocos que la seguías en España.

Sin duda, llega con eso, pero no éramos tan pocos, entiendo que es un nicho, pero no éramos tan pocos.

Yo me pregunto cómo puedes aficionarte y seguir la NFL en aquel momento, cómo te aprendes siquiera las reglas, ¿jugabas al Madden o qué?

Sí jugaba, sí, pero antes de eso, ya a finales de los ochenta, y derivado de que sigues la NBA, empiezas a buscar todo tipo de revistas de baloncesto, que te cuenten de la NBA…

Sí, pero ¿cómo llegas a ello? Porque yo no veía revistas que te hablasen de la NFL.

Pero casi de manera adyacente a todo lo que tenía que ver con la NBA se colaban cositas de la NFL, estamos en el mismo país, una mímesis, básicamente lo mismo. Y en el 88 o el 89 se emite ya la Superbowl en España, y ya flipo.

¿También con los comentaristas mamaos?

No, no, eran serios de narices, aquella gente se lo tomaba muy en serio. Yo desde entonces sigo la Superbowl, y trato de buscar información por todos lados. Ya en el 93 o 94 la compra Canal Plus y emite la NFL. Y en aquella época tratas de rascar información donde puedes, amigos que tienen una parabólica con Eurosport Alemania… como podías, básicamente. Pero con el cambio de siglo y la expansión de internet (chasquea la lengua) está todo a tu alcance, todo a tu alcance. Yo recuerdo la época del chat IRC, luego la gloriosa época del Foro NFL Hispano… no éramos cuatro, eh, no te diré que éramos cuarenta mil, pero éramos unos cuantos. Y no solo enviciados con la NFL, intercambiando información y lo que podíamos, sino con espíritu comunicador, de escribir, analizar, hacer algo más que estar allí.

Te lo preguntaba porque aun hoy las mismas reglas digamos que no son conocidas por todo el mundo.

En dos días las pillas, en dos días… Si no fuera así no le gustaría a la inmensa mayoría de americanos.

A mí un deporte que se practica con hombreras como si fuese un concierto de Locomía… Pasamos a preguntas más serias, ¿cuántas veces has visto el capítulo de Los Simpsons de la Superbowl?

Lo mismo que los demás, Los Simpsons van en bucle y los ves de principio a fin, he visto todos el mismo número de veces. Temporadas tres a la nueve, eso sí, ahí me circunscribo yo, de la temporada tres a la nueve habré visto… si te digo treinta veces cada uno no me quedo corto. Pero a los fans de la NFL y de Los Simpsons nos gusta más la referencia a los Denver Broncos en el capítulo de Hank Scorpio. Ese nos gusta más, es más nuestro.

Al hilo de esto de la NFL entras en As, y te he leído en una entrevista que entras allí fascinado.

Eso me lo cuenta Mariano Tovar, que es el jefe de la sección que me contrata, y un día me dice «tío, eres el último que ha entrado a esta redacción como si fuera un museo», porque es verdad que los becarios, los chavales y tal no tienen lo que tienes tú de… Yo entro allí y veo pasar a Juanma Trueba, o veo pasar a Alfredo Relaño, gente que he devorado, he devorado, me he fijado en cómo leen, cómo escriben, en la radio, en todos laos, para mí eran estrellas. Y estar allí con ellos… Puedo parecer naif e inocentón, pero no olvido la primera vez que Juanma Trueba me dijo «vaya talento tienes para escribir», te juro que es uno de los días más surrealistas y de éxtasis en mi existencia. Para mí era entrar en un sitio que yo idolatraba.

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Tú empiezas a escribir de la NFL, haces también algo de NBA, si no me equivoco.

Pero porque lo pido, «¿os puedo ayudar en esto?», y tal, pero realmente yo estaba en la sección de NFL.

De NFL te hago la pregunta… cuando hablas de un deporte tan minoritario y tan técnico, ¿hasta qué punto debes meter un elemento de pedagogía en una narración?

Depende del contexto, eh, pero en sitios grandes claro que factorizas y lo piensas todo el rato. Tampoco sé si lo hago bien o no, pero eres consciente de que ciertas cosas las sobreexplicas, ves una jugada que cualquiera que siga el deporte la entiende, pero… En la Superbowl, narrando para la tele, ya ni te cuento, me noté que sobreexplicaba un montón de cosas, porque imaginas que hay mucha gente que no ha visto jamás un partido de fútbol americano. Ojo, sin menospreciar al que sí, que yo he estado en el otro lado, el del espectador que entiende y ve cómo hay un tío explicando que el balón es ovalado y tal… Muchas gracias, pero tira para adelante.

Carlos de Andrés nos contaba que es consciente de cuando emite en Teledeporte, en La 2 o en La 1, y que en La 1 se dedica a explicar los avituallamientos y tal. Y no creo que esté mal.

Yo tampoco creo que esté mal, pero Carlos es un maestro, así que él lo hace que ni lo notas. Yo procuro hacerlo, sí, claro… no en Pepe Diario, eh, ahí voy a calzón quitado, ahí tiene que venir la gente enseñada de casa, no puedo estar yo enseñando a la peña todo el día, ¿vale? (sonríe).

¿Ves miraditas raras en la profesión? Sobre todo en ese primer momento, mira el friki de los deportes raros.

Sí, claro.

¿Alguna por encima del hombro?

Más bien como «nos están quitando algo nuestro» o «este salario estaría mejor en fútbol, en alguien que sigue al Madrid». No verbalizado, eh, pero alguna vez lo sentí. Pero vamos, completamente natural, en una empresa de trescientos empleados cómo no va a haber…

¿Y nunca te han hecho el chistecito de «explícame esto», «esto es así o asá»?

Sí, muchas veces, pero respondes de buenas, si quieres te lo explico. Nunca me rebrinqué, o yo creo que no. Igual si preguntas a alguno… (ríe). Tenía muy claro dónde estaba y cuál era mi rol.

Precisamente por ese aspecto friki, y perdona la expresión pero se entiende muy bien, ¿alguna vez te han puesto problemas para hacer alguna entrevista?

No, creo que nadie se ha fijado. Por ejemplo, te dije antes que mi ídolo era Perico y yo entrevisté a Perico. No creo que supiera nada de mí, si era un friki o no… También entrevisté a Valverde, a Toni Bou… no creo que nadie pensara nada sobre mí, pues un señor que viene del As a entrevistarme.

Ya que has citado a Perico y a Valverde, y dado que tenemos ambos una edad, ¿tú ves diferencias entre el deportista de antes y el de ahora?

Hombre, claro, todas, ha cambiado el mundo, no tiene nada que ver la profesionalidad… Es una gran verdad, es lo que es. Los grandes deportistas ahora mismo… creo que es post-Jordan, para mí Michael Jordan es el Jesucristo del deporte, y que nadie se tire de los pelos con la herejía.

El antes de Cristo y después de Cristo, ¿no?

Correcto, todo lo que es después de Jordan no concebimos a un deportista de élite sin que sea una empresa y una imagen andante. Y eso también va en las declaraciones, en cuándo son, el contexto en el que hablas…

Lo difícil que es acceder, por ejemplo, a un futbolista, por muy perruguero que sea.

Pero incluso a ese, si lo tuvieras aquí sentado, sería difícil llegar a él. Ya no es que no puedas hablar con ellos, es que no puedes hablar de ciertas cosas, de cierta manera… Bueno, es lo que hay, no pasa nada. Tampoco Perico era como Bahamontes.

Estando en el As ya empiezas con Pepe Diario.

La secuencia concreta es que yo hago Sillón Cast con Sillón Ball, entro a trabajar en el Diario As y peleo por seguir haciendo el podcast, porque yo creía mucho en el formato podcast en general y en particular para mí, es lo que más me gustaba hacer. Yo consumo mucho podcast y es lo que más me gusta. No sé si se me da mejor que escribir, no tengo ni idea, pero sí lo prefiero, porque escribir es cansado, escribir es un esfuerzo y hablar no es ningún esfuerzo. Así que yo quería hacer podcast. En aquel momento en el As el podcast ni existía ni era algo… alguno sí había, Zona Roja, pero no era algo estratégico. Entonces era como «si quieres hazlo, pero en tus ratos libres, no es dentro de tu jornada, ni de tu salario, ni nada». Pero para mí eso seguía siendo un lujo, una barbaridad. Recuerdo que Abellán, cuando le dan el programa nocturno de deportes, el de García, lo llama El Tirachinas, y lo llama así por una frase de García.

La de «ellos van en trasatlántico y nosotros navegamos con tirachinas», ¿no?

Pues para mí pasar de hacer Sillón Cast a hacer Diario As América, que es como lo llamé, aunque no fuese dentro de una gran estrategia global, o se me pagase, o… Coño, pasé a tirar con cañón, dejé el tirachinas y tiré con cañón.

Y ahí creces.

Estuve tres años haciéndolo, y al primer año ya… Primero, era el único diario de deporte, quitando los programas deportivos de la radio que subían. Y acabo siendo el más escuchado.

 

Desde casi el principio era sostenible.

Ni idea, aquello era en abierto, lo ponía el As en la web, no había patrocinadores, ni suscriptores, nada.

¿Y cuándo empieza a ser sostenible?

Yo entro en Diario As en marzo de 2015 y para 2018 la sección de NFL ha mutado por completo, el proyecto ya no tiene nada que ver, se producen una serie de traumas dentro del grupo que hace que se despidan compañeros míos como Michel y como Fernando Díaz, maravillosos, la sección en sí misma ha cambiado, y el caso es que aquello llegó al fin, el sueño llegó al fin.

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¿Te marchas de As?

No, yo tengo la fortuna, el honor y el agradecimiento de que cuando aquello termina en el As se me valora, ya sea por la sección de Más Deporte, de Baloncesto, y me quieren tener allí ofreciéndome diferentes cosas, además de seguir escribiendo de NFL, aunque no en la sección en sí misma. Pero yo también estaba un poco cansado de cómo estaba la situación, no era muy estable, no era muy agradable, y también estaba un poco cansado de hacer Diario As América fuera del trabajo, hacer un sobreesfuerzo. Y me digo: ¿esto vale o no vale? Esta serie de oyentes, esta gente recurrente, ser el número uno en el Apple Podcast, ¿esto vale algo o no vale nada? Así que decido sacarlo de As, llamarlo Pepe Diario y ponerlo de pago. Sin más ideas de si vale, si gano cuatro perras, lo compagino, y si no lo dejo de hacer, que también estoy haciendo un poco el canelo. Me lleva unos meses montarlo, contacto con Fran Izuzquiza y la gente de Yes We Cast, él me ayuda a montar Pepe Diario, es un sabio, no lo hubiera podido montar sin él. Primero me echa una mano, y también se convierte en mi consejero. Él flipa, me dice «tío, esto no lo ha hecho nadie en España, no sé siquiera si se puede hacer técnicamente», bueno, vamos a intentarlo. Y alucina con la idea. Izuzquiza me lleva, incluso, a una Escóbula de la Brújula… Yo cojo un día el teléfono y me llama Jesús Callejo, que llevo escuchándolo toda la vida, desde La Rosa de los Vientos… Siempre pongo la misma metáfora, yo me considero un tío que toca punk rock, conoce tres acordes, toca en salas, tiene su público pero toca en salas… Callejo es Mick Jagger. Es como si los Rolling Stones a mí, con mis tres acordes y mi guitarrita, me llevan a tocar a un estadio, que es la Escóbula. Entre Canales y Jesús Callejo babeaba, yo babeaba.

Me sumo alegremente a esa idea, que incluso a Callejo lo entrevistamos en Jot Down. Pero volvemos a lo tuyo, Izuzquiza te ayuda y sales.

Nace el cuatro de julio del año 2018. Yo por aquel entonces organizaba un festival, que se llama el Prestoso Fest. El festival sigue existiendo, pero yo dejé de organizarlo justo ese año… Fui parte del grupo organizador, vaya, durante un tiempo. Y se me junta todo, pongo en marcha esto, el Prestoso se bautiza como Prestombury de toda la lluvia que cae… Hay un momento, entre el viernes y el sábado, que pensamos que vamos a perder no el dinero que teníamos ahorrado sino todos los ahorros de nuestra vida, no puedo estar más desesperado.

¿Por qué ese miedo?

En la lluvia huracanada del viernes al sábado la sensación de que se iba a joder todo el equipo, entero, el festival, de que no iba a tocar nadie al día siguiente, que teníamos que devolver el dinero de las entradas… Al borde de un ataque de nervios absoluto. Y el lunes empieza Pepe Diario. Lo habíamos programado, en plan idea loquísima, para tantos seguidores. Bueno, pues se apunta un número mayor, tan mayor que tumban la web. Creo que ese día es el momento más bajo de mi existencia… me está saliendo todo tan mal que solo tenía ganas de abandonar.

¿Pero por qué es malo tener muchos suscriptores?

Yo en aquel momento no sabía que eran suscriptores, o que no funcionaba por los suscriptores, en aquel momento solo sabía que no funcionaba nada. Y una mujer mucho más lista que yo, mi ex mujer, me dijo «tranqui, coge el Alsa, vete a Madrid, apágalo todo y no te preocupes de nada». Y cuando llego a Madrid está todo arreglado. Y multiplicando por mucho la idea inicial más optimista de suscriptores.

Entiendo que empieza a ser sostenible desde el primer día.

Desde el primero. Tan así que yo tenía pensado «lo dejo, no lo dejo», y con los números iniciales bajo al Diario As y digo «me voy».

Tu programa se llama Pepe Diario y tú eres Pepe, pero tienes muchos colaboradores, algunos de ellos auténticos especialistas en deportes no mayoritarios… ¿Cómo llegas hasta esa gente?

Porque los admiro, porque todos ellos el que no tiene un blog tiene un podcast, todos ellos hablan de deporte, a todos los he consumido.

Cambiando un poco de tercio, ya sobre la profesión… ¿Tiene que dar noticias un periodista?

No lo sé, no soy capaz de hablar de teoría del periodismo, no soy periodista, no he sacado la carrera.

Pero consumes mucho periodismo.

Pero no tengo opinión, me da exactamente igual. Sospecho que en esta era en concreto la mayoría de los que vivimos de esto estamos en el show business, tengo esa sensación.

¿A qué te refieres con eso?

A que vendes entretenimiento, la gente tiene que entretenerse. Y creo que la inmensa mayoría de los que triunfan de verdad, y no hablo a nivel personal sino gente de otro nivel, entretienen. Y no parece que dar noticias sea relevante. Pero igual no son periodistas…

Y en ese entretener a la gente, ¿se asume de forma natural que estás dentro del sistema, que no eres una voz crítica?

Supongo que sí.

Pero tú eres una voz crítica.

¿Tú crees? No sé, puede que sí.

Igual no eres tan faltón como otros, pero sí haces críticas.

¿Y eso es estar fuera del sistema?

No, pero hay gente que está tan imbuida por el sistema que todo es alabar, y tú les conoces.

Claro, y les va muy bien… a algunos. Pero tiene que ser parte del todo, no hay una uniformidad en la manera de contar ciertas cosas, existe Carlos de Andrés y existe Antonio Alix.

Es un cambio muy grande a lo que mamamos tú y yo de críos, que eran García y de la Morena.

No hay duda, pero es que ha cambiado el mundo.

¿Tú qué prefieres, que te gusta más?

Mira, sin romantizar el pasado… Yo, que era un oyente compulsivo de García, lo escuchaba todo el rato, todo el día, hoy no toleraría a ninguno de los dos. Creo que hay gente mejor que ellos haciendo comunicación deportiva, no sé si periodismo, pero muchísimo mejor. Les concedo a ambos que son dioses revolucionarios, que quede claro, ni de lejos me pongo a la altura de ninguno. Pero mi gusto particular… yo huí de ellos, si acabo en la NFL es porque huyo de ellos. Descubro el periodismo norteamericano, que también tiene lo suyo, eh, no hay nada perfecto, pero… a mí me parecía otro rollo.

Nuestra época, que decía antes, es el García vs. De la Morena, pero también es Transworld Sport, que era una ventanita a otras cosas.

Esos sábados por la mañana, antes de NBA en Acción. Vas viendo y tal, pero la clave es internet, en vez de escuchar a García o de la Morena escucho a Patrick, pero porque puedo, porque hay internet, de lo contrario no podría.

Una cosa que has hecho tú es demostrar que se puede narrar algo viéndolo en una pantalla, huir de esa necesidad de estar en el sitio obligatoriamente.

Es lo que hay, y lo trato de hacer lo mejor posible. Los deportes que más me gustan, y donde tengo mayor nicho profesional, tengo que hacerlo, no me queda otra. Pero no te niego que me encantaría más hacerlo desde allí. Yo he narrado dos partidos en vivo de la NFL, la Superbowl y el del Bernabéu, y no tiene nada que ver… Lo que te fijas, lo que puedes contar.

¿Hay tanta diferencia de organización entre la NFL y la Liga, por ejemplo? Se habló mucho tras ese partido del Bernabéu.

Otra galaxia, es como ver una peli de Hollywood y… no quiero decir una peli española, porque hay mil niveles diferentes, pero… Esto es una superproducción de Hollywood a nivel medios, no hablo de calidad, categoría, que te guste más o menos. Pero a nivel medios es otra dimensión.

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¿El catering está bien?

El catering está bien, pero es lo de menos. Es mejor en la Liga (ríe).

Si yo te contara cosas de carreras ciclistas.

El gañotismo del periodismo español que no falte, ¿no?

También juegas mucho con la interactuación del oyente, ¿hasta dónde se puede llevar?

Es buena pregunta, esa… Creo que hay que limitarla mucho, tiene que ser parte del show, parte de la gracia, y si es recurrente, los mismos chistes con la misma gente, mejor.

El chiste recurrente, el secretario de Murphy Brown, por ejemplo.

A mí eso me gusta y creo que es importante. Pero cuando pasas esa raya, y la interacción con el oyente o espectador pasa a ser el centro, yo, como consumidor, me borro, y me imagino que los oyentes también. A mí no me interesa nada la opinión del señor medio, y esto no es arrogancia, no es hacer de menos a ninguna persona… Es que si yo estoy escuchando a X persona quiero que siga por ahí, si me hace un «preguntas y respuestas de la audiencia» lo apago. No me interesa. Y si yo estoy haciendo el programa y pienso «mmm, a mi audiencia le gustaría que hoy hablase del Madrid y tal» ese mismo día muere el programa por completo. Cuando yo creo Pepe Diario lo hago con la idea de mirar solo una estadística, que es la del banco a final de mes, la única que me interesa. ¿Por qué? Porque si yo hiciese caso a la estadística el primer día el noventa y siete por ciento hubieran escuchado NFL y no lo demás, y entonces hoy no estaría hablando de ciclismo. Y no me da la gana que el oyente marque la línea, no puede ser. Acabas convirtiendo todo en una masa amorfa genérica donde todo el mundo habla de lo mismo. Entonces… interactuar con la audiencia, bromear con ellos, pero desde el principio lo dije… esto es un producto, y tú eres un consumidor. Ni siquiera tolero lo del mecenas o la aportación, no quiero mecenas, que me aportes, que me ayudes… Yo te vendo este producto, si te gusta lo compras, pero la relación tiene que quedar muy clara. Me pasa como consumidor, cuando el programa es demasiado dependiente de lo que quiere la masa que lo escucha no tiene ningún interés.

¿Sigues consumiendo periódicos en papel?

No.

¿Revistas?

Tampoco. Dejé de coleccionar, hubo una época en que coleccionaba revistas de videojuegos, y una vez se me pasó ese apego físico no me interesa.

¿Crees que se pueden recuperar los formatos largos que había en revistas de papel? Pienso, por ejemplo, en esos artículos monstruosos de Sports Illustrated.

Sí, sí creo, no a nivel masivo, pero sí… si hay gente que aún compra vinilos. Las cosas nunca mueren del todo, el boxeo ya no es el boxeo de los años cincuenta, pero sigue habiendo boxeo. Hay un hueco para todas las cosas, no puede ser masivo pero sí existe una demanda, mayor o menor, pero existe una demanda. Lo que no sé es si hay manera de pagarlos, hacer esas revistas y artículos vale pasta, vale pasta porque es tiempo de gente, de escribir, viajes, estar allí, hablar con la gente… ¿hay dinero para sostener eso? Eso habrá gente más lista que yo que lo puede decir. Pero que existe demanda de esos productos no me cabe duda. Artículos que no es que te los leas ahora, es que los lees durante los próximos veinte años.

Preguntas más tontas… Tu equipo de la NBA.

Detroit Pistons.

¿Los marrulleros de los ochenta?

Con Bill Laimbeer, sí. Va unido con lo que hablábamos antes en la entrevista, a mí me caía mal mucha gente cuando era niño, no me gustaba lo que había alrededor, y todo el mundo era de los Lakers y de los Celtics. Y había un equipo que pegaba a los Lakers y a los Celtics, y yo no podía pegar a nadie aunque me gustaría pegar a gente que tenía carpetas de los Lakers y de los Celtics. Entonces me lo pusieron a huevo. Eso de niño, luego de mayor, de muy adulto, racionalicé que Detroit era una ciudad industrial, en el Cinturón del Óxido…

Esa es muy interesante eso que dices, porque parece que el equipo tiene las mismas raíces, la misma filosofía, que la propia ciudad.

Eso es, eso es. Y yo pensaba que si se acabó la minería en mi pueblo allí se acabaron las fábricas, y entonces racionalicé. Siempre ha sido Detroit la ciudad y el equipo defensivo, feo… Pues como yo.

¿De la NFL?

Buffalo Bills, exactamente por lo mismo… Buffalo, ciudad más fea que la madre que la parió, de obreros, sin… Pero esto es racionalizado de mayor. De pequeño las primeras Superbowls que veo siempre llegaban los Bills y siempre perdían, y en la banda estaba un señorín, hoy sé que es Marv Levy, una leyenda de la NFL, que me caía muy bien porque llevaba un jersey de lana como los que tejía mi madre, así que no entendía que perdiese siempre. Y por eso iba con ellos.

¿Y de ligas futboleras?

Solo soy del Liverpool, porque un amigo mío, Antonio Núñez, jugó en el Liverpool, y aquel año me vi todos los partidos. Soy del Liverpool por Antonio, y del Borussia de Dortmund por mi hermano. Mi padre adoraba a la selección alemana, y desde el Mundial 82 había como una parafilia por el fútbol alemán, mi hermano compraba la Don Balón y en el cuarto teníamos pósteres del fútbol alemán. Y siendo como somos, que no somos muy listos, elegimos el Borussia en vez del Bayern.

¿De béisbol?

Voy a rueda del otro, del baloncesto, porque también soy de Detroit, de los Tigers. Soy de todos los equipos profesionales de Detroit y de Buffalo, de todos.

¿Has ido allí?

A Estados Unidos sí, pero no a esos sitios. Tengo el viaje del Cinturón del Óxido prometido, y lo acabaré haciendo. Pero tienen que ser quince días muy concretos donde pille partido de la Universidad de Míchigan de fútbol americano, partido de los Buffalo Bills, partido de los Detroit Lions, partido de los Pistons… tengo que hacer coincidir todo para verlo en esos quince días.

En universidades Míchigan, entonces.

Sí.

Bobby Knight nada.

Nada.

Un tío simpático, relajado.

(Sonríe) Sí, como todas las leyendas del deporte americano en esos tiempos. En Europa no lo notamos, pero hay grandes rivalidades en el deporte norteamericano, y esa del Midwest es muy potente… entre Indiana, Míchigan, Ohio, Milwaukee, Minnesota, todos los equipos de esa zona tienen grandes rivalidades.

Otro cambio… ¿no crees que muchas veces en España el periodismo deportivo se ha convertido en un nicho para gente que le gusta el deporte? Que se renuncia a escribir historias más amplias.

Puedes tener razón, sí. Pero yo creo que existe de todo, y muchas veces tomamos por periodismo deportivo lo que es más popular. Pero hay de todo, yo como consumidor puedo escoger lo que me da la gana, en todos los deportes, en todos hay gente escribiendo y hablando con enorme nivel.

¿Y no crees que antes había más de lo otro?

Creo que era más masivo, más conocido. Estaba todo muchísimo más concentrado y de lo que había lo notábamos más.

¿Consumes formatos gallinero, tipo El Chiringuito?

No, nunca los he consumido, ni siquiera cuando estaban de moda, ahora creo que ha bajado un poco. Nunca me han interesado, no. Eso no quita que no conceda enorme mérito a gente que es capaz de entretener y llegar a un perfil que quiere eso. A mí no me molesta nada, no me ofende nada, no soy guardián de las esencias.

¿Radio o prensa escrita?

Hoy radio. Hubo mucha época en que hubiera dicho prensa escrita, pero hoy sí, radio. Me siento más cómodo haciéndolo.

¿Y para consumir?

También, de lo que yo escucho sí. La generalista no, desde luego, la generalista mejor la escrita. Pero lo que yo consumo, gente haciendo maravillosos podcasts… creo que está mejor.

¿Tú entiendes el periodismo igual con independencia del formato?

Sí, lo que escribía, lo que digo y lo que cuento por la tele si me ponen.

¿Modulas el estilo, la forma, el cuidado por las metáforas?

Yo no puedo dejar de ser quien soy, pero evidentemente no te expresas igual hablando que escribiendo, aunque seas el mismo con la misma idea. Pero no sé si es consciente, la verdad.

¿Te molesta que vean el periodismo deportivo como un género menor?

No.

Te la pela.

Totalmente.

¿Y crees que se ve como un género menor?

Sí. Igual lo es, ojo.

¿Te han dicho alguna vez eso de «cuándo vas a tratar temas serios»?

Sí, sí, muchas.

A mí me dicen que a ver cuándo escribo un libro.

(Ríe). El deporte es de niños tontos normales. Pero con el deporte se puede contar la sociedad, es una idea que se ha visto tantas veces que no tiene ni gracia… El deporte te explica y te vertebra la sociedad actual, desde la Segunda Guerra Mundial en adelante, más que la religión. O esa frase de Paul Auster diciendo que no entendía mucho el fútbol pero lo admiraba porque permite que los europeos se odien sin matarse.

Un auténtico friki del deporte, Auster.

Sí, sobre todo del béisbol. Y avanzo más, no sé si a ti te pasa, igual es mi entorno… La mayoría de la gente que conozco viaja a sitios y va a ver casi más estadios que catedrales. O va a ver deportes que ni siquiera le interesan. Esto es una superficialidad, pero creo que explica mucho. Y a nivel de tribu… me voy a meter a sociólogo, aquí el espabilado, no sé de periodismo —voy a saber de sociología—… Creo que hemos pasado una época en la que la globalización llegó al extremo, el péndulo tocó el extremo, y la gente está volviendo a la tribu. Se nota en el folklore, en muchas cosas, pero sobre todo en el fútbol… Están todos los campos llenos, y una inmensa cantidad de clubes en España, por ejemplo, en máximos históricos de socios. La gente está volviendo a su equipo, a su ciudad, a su pueblo. Y eso explica muy bien la sociedad.

Un periodista deportivo al que admires.

Ha salido ya dos veces en la conversación, y va a parecer que estoy obsesionado, pero Dan Patrick sin duda. Hace un programa de deporte en general, tres horas diarias. En su época en ESPN lo conocí menos, pero cuando la dejó y montó un proyecto por libre, luego con la NBC… me parece una referencia absoluta.

¿Y español?

Es que tengo que citar amigos, y parece que… No hay nadie que admire más en el periodismo deportivo español que a Juanma Rubio, pero es que a la vez es un amigo íntimo, así que parece que digo a mi amigo. Pues mira, lo voy a decir porque es la verdad, me parece el más honesto, el más comprometido con todo lo que hace, tiene una calidad inmensa en cuanto a escritura, en cuanto a pensamiento, desarrollo de ideas, ser capaz de dirigir una sección, dirigir gente, en cuanto a punto de vista… Todo, es el número uno. Y me da igual que quien lea esto sepa de sobra que es un amigo íntimo.

Un libro deportivo que tenga que leer.

Moneyball, por ejemplo. Y luego ¿El periodista deportivo de John Ford se considera deportivo?

Para mí no.

Para mí tampoco.

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¿Lees mucho libro deportivo?

No, yo no leo libros deportivos, no me interesa. Mira, Juanma Rubio se los lee todos, todos. Yo solo leo ciencia ficción.

Pues Cixin Liu no me vas a convencer, porque me aburre soberanamente.

Es que la ciencia ficción china tiene un problema, que carece de personajes, así que es complicado… Pero la cantidad de ideas que hay en la trilogía es una barbaridad.

¿Alguna vez te has planteado escribir un libro?

Sí, me contrataron, me dieron dinero y todo.

¿Y qué pasó?

Igual es tirar piedras sobre nuestro propio tejado.

A ver si lo tienes publicado y no lo he leído.

No, no. Mira, me contactan para escribir un libro, cosa que agradezco muchísimo, y me dicen que ponga la idea que quiera. Yo noto que a la mayoría de los periodistas deportivos nos dicen de escribir un libro y como si está en blanco, que sea para seguidores. Y yo planteé hacer el origen de la NBA y la NFL en España, esto que decías antes de narrar la NFL sin emborracharse. Empecé, hice el trabajo de campo completo.

El Ramón Trecet ochentero.

Hablé con él, sí, también con Relaño, que es el que lleva tanto la NBA como la NFL al Plus, con Pedro Barthe, con Paco González, que tenía el Made in America en Carrusel, donde entraban Ponseti y Paniagua… hablé con todo el mundo. Y tenía todo para escribir el libro. Y cuando me puse a escribirlo, a las cuarenta páginas, me dio tanta vergüenza lo que estaba escribiendo…

¿Por qué?

Porque era muy malo, era malísimo.

Eso te lo corrigen en la editorial.

No quiero que me corrijan en la editorial, no quiero ser parte de lo que no me interesa, no era el tono.

También te lo pudo corregir la Inteligencia Artificial… ¿Nos amenaza la IA?

No… depende en qué. Creo que es un instrumento, y los instrumentos se usan. ¿Cuántas veces hemos contado esto? ¿Amenazó el coche a la industria de los carruajes de caballos? Acabó con ella, pero hicimos coches, ¿no? La gente va a seguir escribiendo, y las ideas que sigan escribiendo son propias. ¿Que exista gente escribiendo amenaza que tú escribas? No. Entonces, ¿por qué amenaza que tú escribas el que escriba la Inteligencia Artificial? No tengo miedo a la tecnología ni tengo miedo a los instrumentos, toda la historia de la humanidad ha tenido instrumentos que aparecen.

Vamos enfocando el final, ¿sientes que a veces el periodista es más protagonista de lo que debiera?

Sí (rotundo), sí, y a mí me parece poco interesante. Sin ninguna duda, y de manera completamente innecesaria para mi gusto.

¿Ves un problema en esta nueva generación de periodistas que son amigos del deportista, casi voceros?

Sí, no sé si un problema, pero que es poco interesante y poco estimulante lo que te cuenten sí. Pero problema no, volvemos al origen, tiene que haber para todos. Ahora, si alguien es amigo de Cristiano Ronaldo o de LeBron James y todo lo que publica es beneficioso para ellos… Pues oye, disfruta, pero a mí no…

Tú sabes, por ejemplo, que las entrevistas estas a youtubers y tal… Un youtuber no va a apretar nada, no va a preguntar nada incómodo.

Sin duda, sin duda. Pero, ¿cuántas has visto de esas?

Yo ninguna.

Pues yo tampoco… entonces, ¿qué más nos da a nosotros?

Que a lo mejor el deportista se acostumbra al masaje y luego se revuelve ante una entrevista de verdad.

Eso seguro. Si todo fuese en eso, todo quedase en eso, esto se convertiría en algo mucho más plano y mucho menos interesante. Pero, como dijimos antes, siempre hay resquicios de humanidad, siempre hay pequeñas fugas en la presa por donde podemos colarnos, y ver, y entender la realidad, y las historias, y lo que les pasa, aunque lo quieran controlar todo. Es más, cuanto más lo quieran controlar más encontraremos esas pequeñas fugas.

Pero ¿no crees que ahora son más frecuentes reacciones contrarias, de revolverse, cuando preguntas algo tirante a un deportista de cierto nivel? O ni siquiera tirante, con que no sea cómodo me bastaría…

Sí, es verdad, pero creo que es el signo de los tiempos, es lo que hay, y a mí no me interesa. Pero nunca me ha interesado la entrevista directa al protagonista que trataba de venderme algo.

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¿Tú has hecho ese tipo de entrevistas amplias?

Ahora no, hice en La Nueva España, y no a protagonistas deportivos. A los deportistas puedo hablar cuatro cosas con ellos, y tal… Pero ¿eso ha existido? Tú a Perico en su época dorada, ¿podías hacerle una entrevista como la de hoy?

Seguramente más que ahora, o al menos eso creo.

Pues quizá, no te digo que no, puede ser. Ahora hay más publirreportajes, correcto. Lo que no sé es si eso es un problema o no, es lo que hay. A mí me gusta mucho más la entrevista al deportista retirado que al activo, así que no me molesta tanto. Pero me haces pensar, sí, puede ser que haya cambiado.

¿Tú crees que nos reprimimos quienes nos dedicamos a esto? Pienso fundamentalmente en la sobreexposición por las redes sociales.

Hay gente que sí y otros que no. Yo creo que a mí no me pasa, y a ti tampoco. Pero tú y yo no somos masivos.

Bueno, yo soy bastante masivo.

Yo también quisiera adelgazar, pero ese no es el tema (sonríe)… Yo nunca lo he pensado, pero es probable que exista un riesgo real de que si metes la pata un día en un tuit inocente, un chiste que se te va de las manos y tal… te pueda costar un precio muy alto en tu vida personal o profesional. Pero no me siento en esa situación porque no soy tan masivo, ni siento que la gente me juzgue así, porque creo que se entiende que soy medio tonto.

¿Alguna vez te han querido comprar?

En qué sentido.

Decirte, «me vas a hacer una entrevista a este tío con estas preguntas», o «vas a contar esta cosa sobre este equipo».

Jamás, y jamás lo permitiría. Pero que llamen, que hablando se entiende la gente (sonríe).

¿Y alguna vez has rechazado a un patrocinador por contrario a tus ideas?

Y por poco dinero. No pretendo quedar aquí de pureta, de tío con unos valores muy fuertes… A mí me han llamado, como a todo el mundo, muchas casas de apuestas, y he dicho que no. Pero es que igual no me han ofrecido un dinero que digas… no sé cómo explicarlo, no estoy aquí yo ni para salvar el mundo, ni para educar a nadie. Pero creo que, entre comillas, ensuciar el podcast debe ser por algo que yo crea que está guay o por mucha pasta.

El deportista que más te ha asombrado.

Michael Jordan.

¿Y el que más te ha emocionado?

Perico, ¿no?

¿Algún hecho concreto?

El Tour del 87, con Roche, total. Todo el Tour, me acuerdo de verlo de amarillo en la crono final… fue una cosa… el Tour del 87 creo que marca mi vida. El día de La Plagne es el más obvio, pero recuerdo el Tour entero.

¿Qué te gustaría hacer que aún no has hecho?

Un programa de radio mainstream, yo dirigiendo como ahora. Pero tenemos una edad que si no han llamado… (risas). Pienso que podría hacerlo guay, que podría hacer un gran programa de radio.

¿Qué te hubiese gustado narrar?

Me hubiese gustado narrar… mira tú la tontería… la promoción en la que el Sporting se salva de bajar a Segunda contra el Lleida.

¿Eres más panenkita o colesterol?

Hostia, ¿qué es ser colesterol?

Ser colesterol es ser como Roberto Gómez, que hablas más de las comidas que te empotras que del lateral derecho del Borussia Dortmund.

No, hombre, mucho más panenkita. Pero con reparos también, eh, a mí me interesan las historias, creo que la visión científica y táctica del deporte es bastante mentira. Creo que no es real, no tiene la importancia que se le da, y lo que es seguro es que me interesa bastante menos que la historia, que la narrativa, que el drama. Así que eso, panenkita en oposición a colesterol, colesterol no me interesa nada. Pero me dices panenkita en oposición a narrador histórico y prefiero lo segundo.

Si volvieras a nacer, ¿serías periodista?

No lo soy, aunque ejerzo la profesión.

Vale, reformulo, si volvieras a nacer, ¿harías lo que haces ahora?

Si me dejasen sí, me gusta mucho, soy muy feliz, me encanta lo que hago. Pero claro, si nazco en un cuerpo apolíneo para ser ganador de la NBA casi lo prefiero también.

Casi te me adelantaste al cierre… ¿cambiarías todo por un pase en la Super Bowl?

No, todo no… Además, yo no envidio peña, no envidio a la gente que es estrella o son los mejores del mundo. Claro que tienen una vida que desde fuera es la leche, pero te pones a rascar y no sé si quiero esa vida… quiero esa pasta, pero esa vida no sé yo. Pero nunca he sentido eso en mi vida, nunca con nada he pensado que cambiaría todo. Tengo mil cosas en mi vida que adoro, ¿cómo voy a cambiar mil por una? Sería imbécil.

BRASIN007

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