Historia del ciclismo

Mads Pedersen: «Lo que hacemos en el ciclismo profesional no es sano; prefiero que mis hijos hagan bádminton»

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Mads Pedersen (Foto: Sigma Sports)
Mads Pedersen (Foto: Sigma Sports)

Mads Pedersen ha hablado en Sigma Sports. El encuentro ha sido en su casa de Mónaco, con vistas al Mediterráneo, entre dos spaniels llamados Walter y Carlo y varias piezas de cerámica hechas por su mujer. Con un café en la mano, antes de subir al Col de la Madone, el danés ha expresado una idea que sobrevuela el sector, pero nadie suele atreverse a mencionar. Ha dicho: «El deporte es sano hasta cierto punto. A partir de ahí empieza a ser insano, y lo que hacemos en el ciclismo profesional no es sano. Lo único bueno del ciclismo profesional es que da a otra gente las ganas de empezar a montar en bici, a jugar al fútbol, al balonmano o a lo que sea».

El campeón del mundo lleva esa reflexión hasta el terreno familiar. «¿Desearía que mis hijos fueran ciclistas profesionales? En absoluto», afirma. Pedersen ya tiene pensada la alternativa. «Si pudiera tomar la decisión por mis hijos, les diría: busca otra cosa. Juega al bádminton, al hockey o al tenis. Además se gana más dinero y esas cosas», cuenta entre risas.

La comparación con su propio padre, camionero durante 35 años, le viene al pelo: «Todo tiene que ver con cómo usas el cuerpo. También lo digo porque he visto a mi padre. Fue camionero durante 35 años y tiene las dos rodillas para cambiar y ya le han cambiado la cadera». Pedersen pone como ejemplo el desgaste de sus propias rodillas tras un entrenamiento largo en montaña y lo compara con un cajón de Ikea que no deja de abrirse y cerrarse. No quiere eso para la siguiente generación de su prole: «Si mis hijos vinieran y me dijeran que quieren ser ciclistas profesionales, empezaría enseñándoles todo lo malo, para que tal vez encontraran otra cosa».

La muñeca todavía recuerda ese desgaste. Pedersen llegó a la primavera con una fractura que le obligó a operarse y que condicionó buena parte de su temporada de clásicas: «Todavía no está como debería. Empujamos los límites para volver a la carretera ya dos semanas después de la operación, y eso ralentiza un poco el proceso de curación. Estábamos dispuestos a asumir el riesgo por las clásicas, porque este año cumplo 31 años y no me quedan cinco oportunidades más de hacer esto. No podía dejarlo pasar».

Mads Pedersen y Wout Van Aert (Foto: Cordon Press)
Mads Pedersen y Wout Van Aert (Foto: Cordon Press)

La prisa por volver tiene una explicación clara: «No estoy matándome en los entrenamientos para ser quinto en Flandes. Intento ganar los monumentos». Ese mismo hilo lleva la charla hasta el nivel que exhibe Tadej Pogačar en las clásicas de adoquines. Pedersen recuerda la Paris-Roubaix y el momento en el que el esloveno remontó y superó a Wout van Aert con él a rueda. «Está en otro nivel. Lo que hizo en Roubaix es otra liga. Esa imagen en la que acelera, alcanza a Wout y lo deja atrás, íbamos haciendo 750 vatios y aun así pasó de largo».

El danés valora también el ataque de Van Aert justo antes de una sucesión de curvas a derecha e izquierda, y lo relaciona con que Pogačar tal vez tenga un punto flaco en las curvas: «Fue inteligente. Primero por asumir la carrera después del Arenberg, luego por atacar en una curva a derecha y otra a izquierda, sabiendo que Tadej quizá no es tan bueno en las curvas». Sobre la rivalidad generacional con el esloveno, Pedersen se queda con la parte buena: «Cuando la gente me pregunta si me molesta correr en la misma época que Tadej, es bonito, porque algún día espero ganarle en un monumento. Eso lo hará aún más bonito».

Con Mathieu van der Poel, Pedersen se detiene en la victoria del neerlandés en la Paris-Roubaix y en las críticas que recibió en redes sociales por no colaborar más con Pogačar en los kilómetros finales. Cuenta que respondió a un comentario que calificaba el triunfo de «victoria vacía» de forma despectiva: «No suelo meterme en los comentarios. Escribí que no era una victoria vacía, que miraran el camino que ha recorrido y lo inteligente que fue con la energía que le quedaba. Lo hizo a la perfección. Para mí es justo lo contrario de una victoria vacía».

Para Pedersen el triunfo de van der Poel fue épico: «Esta victoria es aún más bonita que cualquier otra, porque está ganando al que considera mejor ciclista de la historia. Limpiamente, en su día». El danés define también a Van Aert como un corredor completo, capaz de leer una carrera igual que un trazado: «Es un corredor puro, un corredor inteligente. Estos tipos leen las carreras y los trazados en su beneficio».

Sobre Mathieu van der Poel, Pedersen hace unos comentarios muy breves. Lo sitúa, junto a Van Aert y Pogačar, en el bloque de corredores que han marcado la última década de clásicas, el mismo grupo generacional al que él pertenece desde hace años y en el que, según insiste, cualquier victoria o buena colocación se convierte ya en un triunfo solo por la competencia que hay. Al menos para él.

Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)
Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)

Remco Evenepoel aparece de forma igualmente breve en la conversación, dentro de ese mismo repaso a los corredores que, en palabras de Pedersen, elevan la exigencia de las grandes citas del calendario actual y explican, en parte, por qué cualquier resultado destacado en esta generación pesa más que en otras. Pero sobre Jonas Vingegaard Pedersen aprovecha unas declaraciones recientes de su compatriota sobre el riesgo en el ciclismo para matizar su propia visión del oficio: «Jonas ha dado una entrevista hace poco. Para mí no va tanto de peligro. Él tiene sus opiniones y yo tengo las mías en esto. Para mí va más de cómo te vas destruyendo el cuerpo».

La charla familiar tiene un capítulo aparte con su hermano pequeño, Martin, corredor del equipo de desarrollo de Trek. Pedersen recuerda la noche posterior a una caída, con la clavícula y la muñeca rotas todavía sin inmovilizar: «Llegué a la habitación tarde por la noche y tenía un aspecto horrible. Martin me dijo que me metiera en el jacuzzi y empezó a limpiarme las espinas de zarza de la cara, el cuello, la espalda y las manos. Le dije que ya era suficiente y él me contestó que no, que no era suficiente, y siguió limpiándome».

Dos semanas después, en Mallorca, los papeles se invirtieron: «Me dijo que tenía muchas ganas de hacerme sufrir en la bicicleta. Volaba en las bajadas mientras yo todavía llevaba la escayola y solo podía frenar con el freno trasero». Al final se lo tiene que tomar con humor: «Si hubiera sido un compañero de equipo, le habría pegado un puñetazo. Con mi hermano es distinto: cuando puedo, se la devuelvo, y cuando no puedo, la acepto».

El propio Pedersen explica por qué renuncia sistemáticamente a los campos de altura antes del Tour de Francia, otra decisión que enlaza con esa idea de dosificar el desgaste físico y mental: «Nunca voy a campos de altura. Sé lo suficiente sobre mí mismo para saber que pasar tres semanas y media en altitud, bajar para el campeonato nacional y luego ir al Tour son dos meses fuera de casa. Es la mezcla de no ver a mi mujer y a mi familia, eso lo podemos sobrellevar, pero no quiero pasar dos meses seguidos viendo a mis compañeros de equipo».

Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)
Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)

Eso lo dice partiéndose de risa, pero en realidad tiene una explicación técnica: «Si miras los datos puros, la altitud sí marca una pequeña diferencia, pero con todo el entrenamiento de calor que se ha incorporado al sistema sabemos que podemos llegar casi al mismo sitio. Si entreno como entreno yo y tengo que ir a altitud, necesito una semana extra de adaptación, porque la primera semana necesito mucho entrenamiento. Si me quito cinco días casi sin entrenar, voy a perder un poco de forma, y eso me pasará factura cuando lleguemos al Tour».

La Paris-Roubaix Pedersen la define como la carrera que más se parece a su forma de entender el ciclismo: «Es tan extrema. No hay puertos, no hay nada. Son los adoquines los que deciden, y tienes que pensar en mucho más que en ir rápido de un punto a otro. También tienes que hacer que tu material aguante». Ganarla en categoría élite, después de haberlo hecho ya de júnior, sigue siendo una cuenta pendiente: «Sería un sueño ganar la carrera más extrema del calendario. Seguiré peleando, seguiré soñando con esta carrera hasta el día que me retire».

La casa de Mónaco funciona también como refugio del propio ciclismo. Pedersen guarda la mayoría de sus trofeos en un trastero en Dinamarca y no exhibe apenas nada en las estanterías: «Cuando llego a casa, ya no va de ciclismo. Si miro todos los trofeos y los maillots, siempre hay algo ahí. El ciclismo está siempre presente, y ahora simplemente no lo veo. Ha desaparecido».

La confianza en su entrenador sigue la misma lógica: «Nunca sería capaz de entrar en tantos detalles. También sé que otra gente es mejor la mayor parte del tiempo, más perfeccionista de lo que yo soy. Por eso no tengo ningún problema en dejarle todo lo relacionado con el entrenamiento a mi entrenador. No tengo que pensar en ello, porque creo que lo que hace es perfecto».

Porque si algo tiene claro este ciclista es que pedalear de forma recreativa y en competición son dos universos completamente distintos: «La bici es ahora un trabajo para mí. Tener esta libertad, como cuando era joven, ya no es lo mismo que cuando sales simplemente a disfrutar y a tomártelo con calma. Ahora todo va de hacer estos números, estas calorías, estos esfuerzos. Por eso me encantan los coches. Aquí me desconecto más».

Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)
Mads Pedersen (Foto: Cordon Press)

Por otro lado, habla largo y tendido del material de carrera. Pedersen detalla el sistema de doble válvula que probó este año, un neumático tubeless con una cámara interior de plástico capaz de aguantar hasta seis bares sin tocar la cubierta: «La idea inicial era que, si pinchabas en el tubeless normal, pudieras terminar el sector con esta cámara interior. Lo que descubrimos fue que, cuando la cámara pequeña pincha, suelta esos seis bares dentro de la cubierta grande. Básicamente recuperas tres bares y medio en la cubierta grande cuando pinchas la pequeña».

Su propio pinchazo de este año le parece el mejor ejemplo: «Tuve un pinchazo en el primer sector. Podía haber continuado, pero la presión habría sido demasiado baja para pasar el Arenberg. Si hubiera pinchado después del Arenberg, habría continuado la carrera sin cambiar de bicicleta».

Antes de despedirse, Pedersen recuerda su primera carrera, con número dorsal incluido, y la humildad que le enseñó apenas una semana después de proclamarse campeón local: «La gané y pensé: ‘soy un campeón, esto es increíble, soy el mejor’. Pero mi padre me dijo: ‘tranquilo, tigre, esto es solo la carrera local entre tres clubes’. Y una semana después, en la carrera oficial, en una prueba de doce kilómetros, me descolgaron con seis minutos de diferencia».

 

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