
Solo cuatro veces ocurrió, solo cuatro veces. En ciento veintitrés años de historia que tiene este rollo (menos ediciones por un quítame allá Verdunes y blitzkriegs), ya son julios. Solo cuatro veces. En 1964, en 1974, en 1985, en 1995. Se interrumpe la cadencia por un yanqui inexistente de cuyo nombre no quiero acordarme. Se vuelve a interrumpir por el inglés sheldoncooperizado que quedó en póker, hostión mediante. Pero ya ven, más o menos.
Y, ahora, repetimos.
Solo que hay más.
La Iliada de Tadej Pogačar
Se empieza por él. Por quien puede andar pentacampeonando. El sucesor de los mejores, el que mira directo a ojos de la historia. Es Aquiles cada tarde, es Steve Austin entrando a un bar con ganas de movidón. ¿Tienes un ratito libre por los muros flamencos? Pues para allá que voy. ¿Arrancar cual motocicleta en Poggio? Ídem. ¿Roubaix tras campeón mundial de Cx? Venga, va. Lieja ni se compite, porque pa qué. Luego carbonilla helvética y mejor cara que los de la orgía esa de Astérix en Helvecia. Corre poco pero gana mucho, en proporción y números totales. Difícil de mejorar (salvo que te llames Eddy, y aun así cuesta).
¿Resumen? Que Tadej es máximo favorito en la canícula del Hexágono (y pinta a canícula gorda, y ese será rival de espesor para nuestro elemento-psicopático-mascarilla preferido), que se nos suma al club de los que ganaron aquí cinco veces. Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Ahí es nada. Si lo logra se pondría, además, con más Monumentos que todos menos uno (con más Monumentos que todos los demás sumados, menos uno) y con más Mundiales que todos menos uno (con más Mundiales que todos los demás sumados, menos uno). Vean qué historia les cuento, amiguetes.

Si me preguntan a mí… menos contundencia de la que algunos imaginan, más facilidad de la que otros proponen. Vamos, que a principios de agosto está buscando Tadej nuevos retos, nuevas pantallas ocultas (el «mundo estrella» de Super Mario World podría ser un buen desafío) y haciendo vídeos tontérrimos en bici y sin bici, porque el chaval es… eso, un chaval, y deja que los chavales camelen pero critícalos si se graban con tráfico abierto.
Ay.
Así que mejor me centro en lo otro, y dejo las grandilocuencias para el año que viene, cuando vuelva Tadej (porque va a volver Tadej, no hagan caso de chorradas sobre hacer solo Clásicas o descentralizar calendarios) a probar las mieles que nunca nadie probó. A triunfar sobre la sombra del doblete Dauphiné/Burdeos-París, a rematar la faena en Pra Loup, a no volverse loco por Superbagnères, a fingir que Les Arcs es únicamente un puerto feo de narices. Vean que las tres primeras (las tres primeras de cuatro) están entre gestas más renombradas de sus protagonistas, porque no hay dominador más grande que quien impone su sello hasta en el fracaso (por eso nadie dice «el Waterloo de Wellington», melifluo pansinsal inglés).
Es, también, ser grande.
Dos cachis de calimocho, cubilete y dados
Me centro en lo otro, digo, que es cosa de interés, que es cosa, además, como para secarse cuatro lagrimitas, porque ya ni cerca quedan. Los jóvenes, los jovenzuelos, los gymbros que vienen prestos para tomar pódiums, Bastillas y tres colacaos antes de dormir. Que siempre los hubo, jóvenes, pero antes estaban a calimochos y no bicis veintiún días…
Vean, por ejemplo, lo de Paul Seixas. Paul Seixas cumple veinte en septiembre, y yo cuando me tocaba cumplir veinte (aunque lo hago en febrero… feliciten a este ajado juntaletras) pues tenía los pensares en madrugadas y rock urbano, por verbigraciear, nada parecido al entrenamiento de locos que llevan estos mozucos. O, si lo prefieren, que trae el tío dni para hacer el acceso universitario (si hubiese repetido, que tampoco es tan grave), y preocupar mucho-mucho a sus viejos cuando escoja carrera de letras, dónde vas, eso no tiene salida, mira tu primo el ingeniero, dónde vas.
Etcétera.
Y ahí está, con ambiciones justificadas. Justificadas por su evolución (ya hizo un 2025 interesante de narices, recién cumple la mayoría de edad), justificadas por esta primavera, cada carrera mejor que la de antes, cada una con más dominio, con más… sí, con más arrogancia en su puño de hierro. Igual hasta le vino bien el golpazo en Dauphiné, oigan (entendiendo que no se hiciera mucho daño, como dicen) por aquello de bajar un poco las fiebres. Pero es que antes estuvo Itzulia, y aquello fue un mearse en la concurrencia tremebúndico. Sin cumplir los veinte, insisto.
Con esas edades solo ha ganado el Tour un tal Henri Cornet, que en realidad se llamaba Henry Jardy, y al que dieron como vencedor meses más tarde de terminar la edición de 1904, segunda de siempre. ¿Causa? Pues que echaron a los cuatro primeros por fruslerías como coger trenes, no hacer el recorrido completo, arrojar chinchetas a sus rivales y, en general, atentar contra el buen desempeño deportivo y la vida de varios paisanos. Ya ven, otros tiempos, más estrictos. Así que monsieur Jardy permanece indeleble como benjamín de todos, pero después poco más hizo (vale, un adoquín), y nunca entró en el top five en épocas en que concluían el Tour, sin sangre en los muslos, poco menos que el top five.
Y, ahora, Seixas. Seixas con credenciales, Seixas con todo para pegarse un hostión supremo (está a un cachito de que salga Houellebecq por la tele animándole), pero también Seixas con todo para pisar pódium y hacer historia. Historia grande. Un prodigio. A Hugo Koblet le llamaron «Mozart de la bici» por ganar etapa en Suiza con veintidós años. Seixas tendrá veintidós años en… 2029.

Solo que la lectura puede ser más amplia. O tener miras mayores, si quieren. Escribí yo, por estos mismos lares, sobre el acontecimiento loquérrimo que fue la Grande Boucle de Egan Bernal. Por ser primer escarabajo ganando en Francia, sí, pero también por hacerlo con solo veintidós añitos. Desde la Gran Guerra no se veía cosa parecida. Un año después mejoraba eso Pogačar. Que resulta, aun hoy, el segundo más pipiolo de siempre (Bernal es cuarto, se cuela Faber por medio). Lo que quiero decir es que pasaron 110 añucos entre François y Egan, y solo doce meses (pelín más, vino el covid) entre Egan y Tadej. Ahora un lustro… y Seixas con opciones. Que no gana (presupongo) pero con opciones. Antes que nadie, con opciones.
Sumen, a eso, lo de Isaac del Toro. Veintidós, casi un Giro en su wikipedia (debió ganarlo, pero la cagó a lo grande en Finestre), escudero de lujo por la Grande Boucle. Si sube al cajón no podría sorprender. Cerca de una Grande a los veintiuno, candidato a pódium galo con veintidós. Otra vez casi inédito en la historia. Y pareciera haber pauta. Juan Ayuso, que nos suena ya veteranísimo, tiene veintitrés. Él también logró pódium en Madrid siendo aún adolescente. Remco, niño prodigio, va por los veintiséis, y lo vemos cual coetáneo de Bahamontes. No existen casualidades.
La tendencia se sostiene, sospecho. Vamos, que en siguientes campañas cada vez veremos a más jovenzuelos destrozando marcas de precocidad, hasta el punto de repensar algunas cosas establecidas desde que Desgrange se depilaba patucas (Paul puede retirarse con seis maillots blancos al mejor joven del Tour… más que amarillos tienen ningún otro ciclista hoy). Hay más control, hay más datos, hay más conocimiento… y eso redunda en más opciones. Hoy cualquier chavalín con potenciómetro (cualquier chavalín con potenciómetro y alguien que sepa calibrar el cacharruco, leer el cacharruco, interpretar el cacharruco) sabe si está para ganar la salida del domingo en la Sociedad Cicloturista Torrelavega (tramo libre por Alisas) o para competir de tú a tú en Lombardía. Así que se saltan peldaños. Muchos, a lo loco. A mí no me gusta, porque pierdes romanticismo, pero es lo que hay. E irá creciendo, seguramente. Son las nuevas reglas del ciclismo y del mercao. O al revés, quién sabe.
Sea como fuere… no cambian los julios. Siempre hay, entonces, bicis por Pirineos y Alpes (también por Catalunya, este 2026), siempre hay emociones, siempre hay historias por contar. De veteranos y noveles, mezcladitos. Y aquí estaremos nosotros, para hacérselo más ameno. Para contar si la juventud asalta el poder o si no hay quinto malo…


Muchas gracias por el artículo. Se presenta un Tour apasionante.
Los Tours de Francia tienen más o menos el mismo valor que los trofeos nacionales del Barsa. Sabremos en ambos casos si hubo trampas dentro de unos años?