El 17 de septiembre de 1921, entre veinte y treinta mil personas se congregaron en el Agricultural Showgrounds de Sídney para ver algo que nunca habían presenciado, un partido de rugby femenino. Dos equipos, las Metropolitan Blues y las Sydney Reds, saltaron al campo con camisetas y pantalones cortos y jugaron un encuentro que los periódicos, en general, reseñaron de forma positiva, sin reproches. La favorita del público fue Maggie Moloney, una chica de quince años, hermana de un jugador del South Sydney, que marcó cuatro ensayos y dejó alucinados a los presentes con su velocidad y su dominio del juego. Era la mayor concentración de espectadores que había acudido en Australia a un evento deportivo protagonizado exclusivamente por mujeres.
¿Por qué sucedió esto? Porque tres días antes del partido, la New South Wales Rugby League (NSWRL), que había apoyado la iniciativa desde el principio, prohibió a sus miembros participar en el evento. El secretario del organismo, Horrie Miller, que había organizado sesiones de entrenamiento nocturnas para las jugadoras bajo los focos del Sydney Sports Ground, dio un giro de ciento ochenta grados y amenazó con sanciones. La razón oficial era que el partido estaba patrocinado por un promotor privado, la empresa de material deportivo Mick Simmons Ltd. La prensa de Sídney calificó aquella decisión de zarista y autoritaria, pero los federados que iban a jugar el partido se retiraron bajo amenaza de descalificación. Las jugadoras, sin embargo, no se echaron atrás.
Lo ocurrido en Sídney aquel septiembre fue el pico más visible de una ola que recorrió el mundo anglosajón entero en 1921. En toda Australia, ese año se registraron dieciséis iniciativas de fútbol femenino entre el fútbol australiano, soccer y rugby en ciudades tan dispares como Perth, Melbourne, Brisbane, Wellington o Auckland. Simultáneamente, en Inglaterra, el equipo femenino Dick, Kerr Ladies recibió ese año más de ciento ochenta peticiones para jugar partidos por todo el país. En el Boxing Day de 1920, un partido en Goodison Park había atraído a más de cincuenta y tres mil espectadores. El fútbol femenino, en el contexto anglosajón se estaba convirtiendo en un espectáculo de masas.
Como explica la historiadora Katherine Haines, esta oleada se debió a lo que podría denominarse como moda viral. Las mujeres australianas llegaron a conocer lo que ocurría en los campos ingleses y franceses a través de los periódicos, de revistas importadas de Gran Bretaña, del boca a boca de las miles de personas que circulaban entre ambos hemisferios tras la guerra, y también de los noticiarios cinematográficos. Al menos seis noticiarios Pathé que mostraban partidos de fútbol femenino circularon antes de 1921. Uno de ellos recogía un partido nocturno del Dick, Kerr Ladies jugado bajo focos militares con balones pintados de plata. Las jugadoras de Sídney también pintaron sus balones de plata para entrenar de noche. Semejante imagen se quedaba grabada en las retinas.
Las fundadoras del movimiento de Rugby League femenino en Sídney, al escribir a la NSWRL para pedir su apoyo, citaron expresamente lo que hacían las mujeres en Inglaterra y Francia. Una de ellas explicó la elección del uniforme diciendo que las futbolistas lo llevaban así en Inglaterra y Francia. Resulta que la fundadora del equipo femenino de fútbol australiano en Melbourne era una emigrante recién llegada de Gran Bretaña. Las impulsoras del soccer femenino en Wellington habían jugado al fútbol en Inglaterra. Les sobraban modelos, lo que faltaba era permiso.
Pero nunca llegó. 1921 fue el año del pico y también el año del giro. Del hasta aquí hemos llegado. En diciembre, la Football Association inglesa prohibió a las mujeres usar los campos de sus clubes afiliados con el argumento de que el fútbol era completamente inadecuado para el sexo femenino. La noticia se publicó en toda Australasia. En enero de 1922, una conferencia nacional de organismos de soccer australianos aprobó una resolución calcada: siguiendo la decisión de la Asociación inglesa, la conferencia decidió por unanimidad no reconocer el fútbol femenino en ninguna de sus formas y prohibir el uso de los campos de la asociación para ese tipo de partidos. La autoridad inglesa había hablado y el eco llegó hasta las antípodas.
El efecto fue inmediato. Si el soccer era inadecuado, el fútbol australiano también lo era. Los empleadores que habían permitido a sus trabajadoras disputar partidos benéficos retiraron su apoyo. Los clubes de rugby cerraron sus campos. La Queensland Ladies Soccer Football Association, que había atraído a diez mil espectadores en su primer partido público y había intentado construir una estructura independiente apoyada en una red de organizaciones deportivas femeninas, siguió adelante hasta junio de 1922, pero, en abril de ese año, la prensa informó de que las chicas están asustadas de la opinión pública. El Aotea Ladies Football Club de Wellington resistió hasta 1924, pero también acabó disolviéndose por falta de acceso a campos.
La prohibición de la NSWRL en Sídney solo fue tres meses que la de la FA inglesa. La motivación oficial del organismo australiano, además, no fue médica ni moral, sino administrativa, el problema era el promotor privado. Pero las razones profundas eran más complejas. La NSWRL era una organización joven que había nacido ella misma gracias a promotores privados en 1907. Sabía perfectamente lo que una competición independiente respaldada por capital privado podía hacer a la hora de crear una liga rival y aumentar la competencia.
La NSW Ladies Rugby Football League había organizado su partido inaugural con la intención de recaudar suficiente dinero en taquilla para crear una competición femenina por distritos, espejo de la masculina, que fuera económicamente autosuficiente. Mick Simmons Ltd invirtió trescientas libras en publicidad. Las jugadoras tenían previsto jugar un segundo partido en Newcastle, ciudad donde la compañía también tenía tienda. Desde la perspectiva de la NSWRL, aquello era el embrión de algo que podía crecer.
Pero la prohibición funcionó. La liga femenina jugó dos partidos más en Newcastle en 1922, ambos con la oposición de la NSWRL, y se disolvió en 1923. En septiembre de 1922, la secretaria de la organización escribió al periódico Truth para explicar la situación, las chicas habrían jugado en Sídney hace mucho tiempo, pero el organismo masculino les bloqueaba el acceso a los campos cada vez que lo intentan. Era la misma táctica que la NSWRL utilizaba contra el soccer para mantener su dominio territorial. Las mujeres habían sido tratadas como una liga rival más, pero en el lance el fútbol femenino quedó herido de muerte.



