Ojipláticos, cuando Argentina anunció su alineación para estrenarse ante Argelia. ¿Con este equipo pretende Scaloni revalidar el campeonato del mundo?
La zaga tiene que ser una broma. Romero ha estado a punto de descender con el Tottenham. No hace más que dar patadas y sumar tarjetas rojas, el tipo. A su lado, Lisandro Martínez. Ni se sabe las temporadas que Lisandro Martínez ha pasado lesionado en un United que conoció tiempos mejores. ¿Montiel no es el lateral derecho que, hace apenas dos años, en Sevilla no le daban dorsal ni con la reserva? La desconsideración de Montiel continuó en su breve paso por la Premier, esa liga que marca el compás del fútbol actual, entonces tuvo que regresar al empobrecido River de la pobre Primera División Argentina. En el costado izquierdo del 4-4-2, se lee: Facundo Medina. ¿Pero este no juega como central? Además, a sus 27 años no ha salido de la Ligue 1, la quinta competición europea.
Del centro del campo en adelante nada mejora. Lo primero que encuentras es un equipo sin pivote y te explota la cabeza porque no ves la estructura, la posicionalidad, el equilibrio. Y a ver quién es el Lillo que analiza ahora. La de mediocentro, en esta Argentina, es una posición fantasma donde aparecen los interiores naturales Enzo Fernández y Mac Allister (y todos los demás). El primero ha jugado casi como delantero en un Chelsea de media tabla, con el saco reciente de entrenadores. Mientras Mac Allister no es nadie sin su Gravenberch. Aparecen ambos, decía, a veces separados y otras casi juntos: ¡que se van a pisar!
Pero la palma se la lleva la siguiente «línea». Porque líneas no se ve ninguna, más bien se ve un garabato. Durante el Bélgica-Egipto del lunes, los narradores de DAZN querían suicidarse porque el entrenador africano había quitado al banda izquierda y entonces el equipo era asimétrico. Con líneas o sin ellas, lo que está claro es que no se puede jugar sin extremos porque cómo diablos van a aparecer los espacios interiores, los espacios indefendibles, el tiempo y el espacio.
En esa no-línea de mediocampistas, Scaloni alinea como titular a Thiago Almada, suplente del Atleti porque es peor que Lookman, que Giuliano y tuvo suerte de que se fuera Gallagher. No queda un colchonero que no quiera vender a Almada, después de una sola temporada, porque se sienta estafado por un jugador que solo destacó en la liga de granjeros estadounidenses. Pero va Scaloni y lo pone a jugar junto a De Paul y Messi, dos jubiletas también por EEUU, para hacer algo ante Francia, la Inglaterra de Tuchel o una Portugal que tiene la medular del PSG bicampeón de Europa. Concretamente Messi tiene 38 años y ya no está para estos trotes, por favor.
Entonces echa a rodar la pelota y al momento Messi marca un gol que le anulan por el hombro porque por las botas sería faltar al respeto al fútbol. Argentina no presiona arriba porque Messi no va a presionar, algo imperdonable en el fútbol moderno, ya se sabe, pero Argelia no ve la pelota porque el centro del campo es un rondo donde siempre pagan los del peto verde. Pasan los minutos y Argelia se va al descanso un gol abajo porque De Paul, como desde hace una década, ha encontrado a Messi y este, como desde hace una eternidad, ha vuelto a encontrar la red (pelota mediante, se entiende). Es el verdadero poder de la amistad.
En el descanso ingresa Nahuel Molina, otro suplentón en su club. Y poco después lo hacen Nico González, ídem de ídem, y Julián Álvarez, que estaba tocado. ¡Al final Scaloni va a convertir el equipo en el cuarto clasificado de la liga española! Sale también Otamendi, que este verano ha regresado a River para morir. Cerca de un siglo de vida, entre Otamendi y Messi, para que aún sigan jugando mundiales. ¡Ya está bien! Dice Scaloni que lo compensa con el joven Nico Paz, descarte del Madrid que ahora está en el Como. No parece el equipo de los sueños, esta Albiceleste.
No obstante, sus futbolistas siguieron a lo suyo. Toque, toque. Paz y amor. «…Tengo que conseguir mucha madera, tengo que conseguir, de donde pueda. Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura…» Suenan Los Gatos mientras el grupo danza alrededor de la hoguera. Algún filósofo dijo que el fuego es el origen de todas las cosas y símbolo del movimiento constante. Todo fluye. Scaloni y Aimar saben que todo fluye. Argelia percibe que todo fluye, alrededor de Messi. Entonces acaba la mejor exposición de lo que va de Mundial, con tres goles del 10. “Dios me regaló demasiado y todo lo que viene ahora es disfrutar”.
Nosotros seguiremos buscando razones y los jugadores argentinos seguirán en su locura de jugar desde el disfrute, hasta levantar de nuevo una copa donde (por más que ganen) nadie les espera.



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