
Casemiro se ha despedido entre lágrimas de Old Trafford y ahora es el momento de echar la vista atrás. Cinco Champions League, tres Ligas españolas y una década instalada en la élite le permiten hablar con la autoridad de quien ha compartido vestuario con los mejores jugadores de su tiempo y ha llegado a lo más alto. Cuando se está ahí, no se pide perdón por opinar.
En una larga conversación de despedida con Rio Ferdinand, el brasileño ha repasado su carrera desde los campos de tierra de São Paulo hasta el Bernabéu y Manchester. Pero tal y como están las cosas en Madrid, lo más importante de todo lo que dijo fue su análisis del centro del campo del que formó parte junto a Luka Modric y Toni Kroos y, en la actualidad, el talón de Aquiles del Real.
Casemiro ha explicado que el secreto de aquel trío estaba en la conexión intuitiva que lograron construir durante años. Según ha explicado, Modric y Kroos tenían una relación especial con el balón, una tranquilidad inverosímil incluso en los momentos de máxima tensión competitiva: «Para mí, los dos tenían algo increíble con el balón. El balón nunca les quemaba. No importaba el momento del partido: tú se la dabas y ellos estaban tranquilos».
Cuando Casemiro estaba apurado
Esa sangre fría y esa personalidad es lo que les distinguía del resto de jugadores de máxima calidad del momento: «Por eso eran tan grandes. En esos momentos querían todavía más el balón. Recuerdo partidos en los que no empezábamos bien y Luka decía: ‘Dádmela. Yo soluciono el problema’. Toni Kroos era igual».

En el caso del alemán, Casemiro no ha caído en los clichés de si era un reloj, que si tenía mucha visión de juego o dotes de mando, sino que ha ido a por un apartado que hoy falta en el Real Madrid: «Y una cosa que me gusta decir es que Toni trabajaba muchísimo. Muchísimo. Corría muchísimo y defendía muchísimo. Cuando bajaba a iniciar la jugada… me encantaba. Toni caía hacia la izquierda, Marcelo subía, Cristiano se metía por dentro… y pum».
Eran tan buenos que cortaron el paso y la progresión de jugadores excelentes como Mateo Kovacic: «En el Madrid hay jugadores muy buenos que no juegan mucho. Kovacic era un jugador increíble. Ganó la Champions con el Chelsea, jugó en el City, era increíble. A veces no jugaba y sufría porque necesitaba jugar. Yo lo entendía. Pero delante tenía a Toni Kroos y Luka Modric. En el Madrid tienes que ser fuerte de aquí [dice señalándose la cabeza] no puedes mirar atrás. Siguiente partido, siguiente partido… si te domina la frustración, pierdes».
Da la impresión, por cómo se va abriendo Casemiro, de que ese Madrid llegó a jugar de memoria: «Porque era natural. Todo el mundo sabía lo que íbamos a hacer, pero era imposible defenderlo porque los jugadores eran muy buenos. Y Luka tenía una cosa increíble, siempre recibía girándose hacia adelante. Nunca controlaba hacia atrás. Siempre giraba, giraba y jugaba hacia adelante».

Ese es el comentario con la mayor carga de profundidad. En una época donde los entrenadores imponen la minimización del fallo, el juego es más conservador y hay mucho menos riesgo. Sin embargo, los números en las estadísticas lucen mucho: «El problema de la nueva generación es que vive de las estadísticas. Acabas el partido y dicen: ‘Ha completado el 97% de los pases’. ¿Pero qué pases? Pases hacia atrás. Pases negativos. Hay que jugar hacia adelante. Aunque pierdas algún balón».
Fútbol con riesgo
En ese punto utilizó a Bruno Fernandes como ejemplo de un futbolista que todavía conserva esa agresividad vertical que él considera imprescindible para marcar diferencias: «Claro que a veces hay que jugar fácil, pero a mí me encanta Bruno Fernandes porque siempre juega hacia adelante. Siempre intenta matar al rival con el pase. Pierde dos o tres balones, sí, pero siempre mira hacia delante. Eso me encanta». Es lo mismo que decía Cesc Fabregas recientemente. Cree que no habría podido jugar en el fútbol actual porque a él lo que le pedía el instinto era filtrar pases entre líneas de forma constante. Cuando salía uno, había una verdadera postal de fútbol, pero para llegar a eso había que fallar varios. Eso hoy no se consiente.
El excentrocampista madridista también ha comentado cómo es la presión constante que supone jugar en el Real Madrid, un club en el que la victoria nunca parece suficiente y donde el pasado pierde valor de forma instantánea. Muchos jugadores han confesado, verdaderamente pasmados, que Florentino Pérez, tras ganar una Champions, ese mismo día, ya estaba hablando de la siguiente.

Para Casemiro, esa exigencia permanente explica buena parte de la mentalidad competitiva que dominó aquella etapa: «Si ganamos solo La Liga, la gente habla. Si ganamos solo la Champions, la gente habla. Nunca están satisfechos. Pero eso es el Madrid. Me gusta el Madrid porque no miras atrás. Es lo siguiente. Lo de ayer no importa. Si miras atrás, olvidas hacia dónde vas».
Dentro de esa estructura, Casemiro asumió voluntariamente el papel menos visible del centro del campo, el del futbolista sacrificado que sostiene el equilibrio colectivo mientras otros concentran la atención y los focos y estadísticas ofensivas: «El del número seis en el Madrid o en el United es sacrificarte. Tienes que sacrificarte, renunciar al protagonismo. A veces todos iban hacia adelante porque necesitábamos ganar, y yo me quedaba. Yo no necesitaba ser protagonista en el ataque. Mi protagonismo era en la defensa. Eso hacía y eso me bastaba».
Los años 10 blancos
Sobre Cristiano Ronaldo, quizá la figura que mejor representa aquella era de dominio europeo del Madrid, Casemiro también saca a colación su obsesión competitiva permanente, incluso en partidos aparentemente menores: «Su ambición en cada partido es increíble. Da igual el rival. Recuerdo jugar contra equipos pequeños en casa y él necesitaba marcar. Goles, goles, goles. Esa ambición es increíble. Yo le quiero porque me dio muchos goles y trofeos. Es increíble».

También recordó el aura casi sobrenatural con la que el portugués afrontaba determinados encuentros, convencido de antemano de que iba a decidirlos: «Antes de los partidos, Cristiano siempre decía ‘hoy es un día increíble’. Lo sentía. Lo olía. ‘Hoy me siento increíble. Dadme el balón’. Y era así siempre».
De Karim Benzema, otro de los engranajes que hacía que todo funcionara en el ataque blanco, dice que era pieza táctica esencial para liberar espacios a Cristiano y Bale: «Empezábamos la temporada ya con 50 goles garantizados entre Cristiano y Benzema. Karim era el nueve pero no era un nueve. Era más un diez. Bajaba muchísimo, daba espacio a Bale, a Cristiano. Bale necesitaba espacio. Benzema se lo daba».
Sin embargo, la declaración más sorprendente llega cuando le preguntan por el jugador más completo con el que había compartido vestuario. Casemiro eligió a Gareth Bale, incluso por delante de Neymar o del propio Cristiano en términos de repertorio futbolístico: «Para mí, el jugador más completo de mi carrera es Bale. Cristiano es el mejor, claro. Cristiano es de otro nivel. Pero si quitamos eso, Bale es el jugador más completo con el que he jugado jamás. Ataca, defiende, cabecea, marca. Todo lo hace muy bien, muy rápido, muy fuerte. Bale es increíble».
Ahí le ha recordado a Ferdinand la capacidad decisiva del galés en las grandes finales europeas: «Marcó dos veces contra el Liverpool y contra el Atlético en finales de Champions. Cristiano es otro nivel, eso está fuera de conversación. Pero Bale es top, top, top».

Y después apareció Messi, el único futbolista del que Casemiro habló desde la adversidad. El brasileño reconoce que enfrentarse al argentino suponía una sensación de impotencia poco habitual incluso para jugadores de máximo nivel: «Contra Messi… te juro… yo nunca le hablaba mucho, no le empujaba mucho, porque si le enfadabas… era imposible. Imposible de verdad».
O rei?
Para explicar esa sensación recordó un partido concreto contra el Sevilla que terminó convertido en otra exhibición individual del argentino. «Recuerdo un partido contra el Sevilla, el Barça no jugaba bien, Messi estaba en el banquillo. Con 0-0 salió al minuto 18. A los dos minutos metió dos goles. Él solo. Es que Messi y Cristiano son otro camino. Otro camino completamente». Eso sí, había un tercero en discordia: «Neymar en los entrenamientos y en los partidos, cada balón que le caía… guau, para mí podía hacer cosas que Messi y Cristiano no podían». ¿Y dónde estaba entonces la diferencia? En la resistencia: «Messi y Cristiano mantuvieron ese nivel durante muchísimo tiempo, en eso son aliens».
El Clásico sigue siendo el partido más espectacular y exigente que ha jugado en su vida. Dice que lo recuerda como «pelea grande, pelea grande». Un choque duro, pero que lo disfrutaba al máximo: «Era un momento especial, cuando lo jugabas no lo disfrutabas tanto porque la presión era enorme, necesitabas ganar, pero ahora miras atrás y eran días preciosos… bellísimos».


¿Sabéis qué árbitro pitaba en la época de Negreira? Sí, un tal Megía Dávila, que actualmente trabaja para el Real Madrid.
¿Florentino tiene en su club a un señor que cobraba dinero del Barça (Según él)?
¿Por qué Megía Dávila niega esos pagos si le haría un favor a su club?
El bulo se cae día tras día.
Aprende a leer y luego opina.
Te entiendo, estás frustrado. Ni con los árbitros habéis conseguido nada. Bueno, la liga de camellos de el maquillado. Llora, desahogate.
No soy del Barça ni del Madrí pero al cargante que sistemáticamente inunda cada entrada de ‘Negreira, Negreira’ de forma obsesiva compulsiva le diría que para lo suyo hay psicólogos