
Tadej Pogačar, el ciclista esloveno considerado el mejor corredor del mundo en la actualidad y ganador hasta la saciedad de todo lo que se le pone por delante, ha dado una entrevista en la televisión pública suiza en italiano, RSI Sport, en la que ha hablado de su mentalidad competitiva sin ningún tipo de complejo, aunque sí que le ha dado la importancia debida a su equipo. También ha mencionado lo lacerante que le resulta la presión del deporte de élite y lo mucho que le alegra el crecimiento del ciclismo en Eslovenia, un país de apenas dos millones de habitantes.
Quizá lo más destacable de la charla sea cuando Pogačar opinado sobre su reciente duelo con el joven Paul Seixas, a quien le reconoce el mérito de motivarlo, de sacarlo del letargo de ganar siempre: «Sí, ha sido una buena sensación volver a competir contra Paul. Tenía miedo de pensar algo como: ‘Vale, está a mi rueda, me rindo’ o lo que fuera. Pero me empujó aún más, porque además creo que es un buen chico y muy maduro para su edad. Corre con el corazón, sin miedo. Y al final me alegró competir contra él, porque demostró que también puede ser el mejor del mundo. Así que sí, creo que me dio un poco más de motivación de cara al futuro».
Pese a ser una figura global del deporte, Tadej Pogačar insiste en que fuera de la bicicleta lleva una vida completamente normal. «Siempre pienso en mí mismo como una persona normal», asegura. Cuenta que cocina, limpia el apartamento, hace papeleo, va al supermercado y también lava la bici o el coche: «Cuando estoy fuera de la bici hago cosas normales como todo el mundo. Cocinas tu cena, tu comida, limpias el apartamento, haces papeleo, vas al supermercado… Lavo la bici, lavo el coche, lo que sea». Reconoce que la gente lo considera alguien «especial», pero matiza enseguida que eso ocurre «solo sobre la bici». Todo ocurre sobre el sillín: «Tengo suerte de tener unas piernas, unos pulmones y un corazón tan buenos para hacer algo especial sobre la bicicleta».

Esa necesidad de normalidad se traduce también en la búsqueda de días tranquilos que, según confiesa, escasean. Su refugio es Mónaco, donde vive junto a su pareja Urška Žigart, a quien llama cariñosamente Dška, y donde puede permitirse salir en bici a tomar un café y volver a casa a descansar al sol. «Esos días no son muy frecuentes. Muchas veces es a tope, o haciendo el trabajo normal de la vida cotidiana», explica. El mundo moderno, dice, lo pone difícil: «Todo es tan rápido, tan accesible. Todo el mundo te necesita en un momento y todo tiene que estar hecho en un segundo. Siempre tienes la sensación de que alguien te mete prisa». Por eso valora tanto esos instantes de calma, porque son los menos. «Siento que hay demasiado pocos días así».
Uno de los temas recurrentes en cualquier conversación con Pogačar es el de los récords y la historia del ciclismo, aunque él asegura que intenta no pensar demasiado en ello. «No me molesta mucho, pero cuando escuchas esto en cada entrevista, cada rueda de prensa y cada zona mixta, hablando de récords e historia, al final se te queda un poco en la cabeza, aunque sea de manera subconsciente», reconoce. Aun así, insiste en que no corre persiguiendo marcas: «No persigo nada. Solo quiero vivir el momento y disfrutar lo que tengo ahora, y ver adónde lleva el camino. Si rompo algún récord, lo rompo. Si no, no importa». Y deja clara su forma de entender el ciclismo y la vida: «No voy a obsesionarme con nada».
Esa actitud tiene mucho que ver con su tierra, donde lo normal es llevar una vida sencilla sin pretensiones. Para Pogačar, nada llega fácil, y eso es precisamente lo que da valor a las cosas: «Para todo lo que es bonito, igual que cualquier trabajo que haces bien, tienes que esforzarte mucho. En el deporte, en la vida normal, para cualquier cosa buena tienes que pasar por momentos duros y disfrutar los buenos». El sufrimiento es, sencillamente, parte de la experiencia: «Lo importante es disfrutar de lo que haces incluso cuando estás sufriendo y te duelen las piernas».
Tadej Pogačar en la carretera
En cuanto a su mentalidad en carrera, el esloveno solo se preocupa por la relación entre su nivel y sus espectativas. Perder, en cambio, no le quita el sueño siempre que haya dado todo. «Lo que más me molesta es si no puedo mostrar la mejor versión de mí mismo, pero no ocurre muy a menudo. Siempre me empujo al límite, intento dar lo mejor. Así que siempre estoy contento, incluso si pierdo, si siento que lo he dado todo». Y concluye: «Puedes estar decepcionado, pero nunca realmente enfadado».

Ahí también entra el papel del equipo, que es conocido que es como una familia. El ciclismo tiene la paradoja de que solo uno sube al podio, pero detrás hay una maquinaria entera. Pogačar se siente permanentemente en deuda con ellos: «No puedo expresar lo agradecido que estoy a los compañeros, al equipo entero, al personal, a la dirección, a todos los que están involucrados. Al final yo estoy en el podio si gano, pero este deporte es tan grande como un equipo».
Pone como ejemplo las clásicas, donde sus gregarios trabajan mucho más duro y durante más tiempo que él, y solo él recibe el reconocimiento. «A veces me siento mal por los compañeros porque solo un tipo sube al podio, pero ellos han hecho sacrificios increíbles para llevarme hasta allí», admite. Incluso llega a imaginar un futuro en el que «todo el equipo suba al podio al mismo tiempo». Una de esos cambios que podría tener este deporte para hacerlo más atractivo y que él consideraría «un buen movimiento».
Sobre la táctica en carrera, Pogačar revela cómo sus hombres y él se adaptan a los cambios y la incertidumbre. La estrategia puede cambiar en cualquier momento, y la clave está en combinar los datos con las sensaciones. «Si sigues la táctica al pie de la letra puedes hacer la cosa más estúpida del mundo y sentir que te has reventado», advierte. «En el ciclismo hay tantas opciones, tantas variantes y pueden pasar tantas cosas durante la carrera que es muy difícil seguir un plan exacto».
Los ataques legendarios de Tadej Pogačar
Sus famosos ataques desde lejos, explica, funcionan mejor cuando la carrera es muy dura y el grupo perseguidor colabora mal entre sí. «Cuando la carrera es muy dura me gusta irme desde lejos y esperar que los de detrás no colaboren». Pero no siempre sale bien. En el Amstel Gold del año pasado se fue de lejos, el grupo de atrás cooperó bien y lo cazaron en los últimos diez kilómetros. «Tienes que intentarlo y si no lo intentas no sabes. A veces también necesitas tener suerte».

La evolución del ciclismo hacia un deporte mucho más científico y analítico es otro de los asuntos por los que se interesa el periodista. En su octava temporada como profesional, Pogačar reconoce que ahora presta mucha más atención a los datos y al análisis. «En el pasado corría mucho más por sensaciones, pero debo admitir que con toda la tecnología que tenemos ahora ayuda a entender las sensaciones a través de los datos». Sin embargo, no reniega del instinto, para él, lo más importante sigue siendo cómo te sientes y hasta dónde crees que puedes llegar. La máquina todavía no ha logrado sustituir eso.
Fuera de la competición, Pogačar dedica especial atención a los aficionados más jóvenes. Firma autógrafos, da bidones y se hace fotos con los niños de forma sistemática: «Quizá me miran como un referente y yo también quiero que sean buenas personas en el futuro. Sé que no voy a marcar una gran diferencia para la mayoría, pero si puedo hacer feliz a un niño con un bidón y enseñarle algo para el resto de su vida, eso está bien».
En esa misma línea trabaja con la Fundación Pogačar, dedicada a becas educativas, una labor en la que se implica cada vez más y que ve como una posible vocación para después de su carrera deportiva. «Es increíble ver lo agradecidos que están los estudiantes cuando les damos las becas», dice.
Todo por la patria
Hablando de su país, Pogačar recuerda que cuando era niño el ciclismo existía, pero que fue el éxito de Primož Roglič, sobre todo sus etapas en el Giro y sus victorias en carreras de una semana, lo que disparó la popularidad. La pandemia también contribuyó, con mucha gente subiéndose a la bici por primera vez. Hoy el ciclismo es un deporte muy seguido en todo el país, no solo en determinadas regiones.

Aun así, la historia de Roglič le sigue pareciendo «bastante alucinante». «Un saltador de esquí que sufrió una caída muy grave, hizo rehabilitación sobre la bicicleta y terminó convirtiéndose en el mejor ciclista del mundo», resume sobre su compatriota. Pogačar explica que su propio camino fue distinto, porque él estuvo ligado a la bici desde niño, aunque también practicó otros deportes como fútbol y carrera de orientación. «Quizá después de mi carrera en carretera practique algún otro deporte, aunque probablemente nada demasiado serio», comenta. Y al hablar de Roglič, fantasea incluso con otro cambio de disciplina: «Creo que con Primož podemos ver que, después del ciclismo, podría volver a otro deporte y también ser el mejor allí».
Aun así, reconoce las dificultades que afrontan los países sin tradición ciclista frente a potencias como Francia, Bélgica, España o Italia, donde están las grandes carreras, los mejores equipos y los mayores patrocinadores. «Para países más pequeños, especialmente los del bloque del Este de Europa, siempre es un poco más difícil».
Y añade una reflexión algo pesimista sobre el futuro: «Ahora probablemente estamos en el pico, pero quizá dentro de diez años bajemos un poco otra vez y el ciclismo no sea tan popular como ahora».. Cree que eso podría hacer todavía más difícil el camino para los jóvenes que quieran llegar al profesionalismo, especialmente en países pequeños. Aun así, mantiene cierto optimismo: «Trabajaremos duro para seguir siendo una nación ciclista y quizá en el futuro sea más fácil para los niños llegar a profesionales, tener mejores carreras alrededor y más apoyo».

