
Ángel Fabián Di María ha repasado su carrera en Sports Illustrated, lo que ha servido para escuchar sus opiniones sobre los mejores jugadores de su tiempo, porque son con los que jugó, tanto en clubes como en la selección argentina. Como por ejemplo, Messi: «Es el mejor jugador de la historia y el poder estar con él cada día, el entrenar, todo, es algo hermoso».
Di María nació en Rosario en 1988 y, como él mismo cuenta, la pelota apareció casi al mismo tiempo que la capacidad de caminar, pero más importante fue para él tener como ejemplo a su padre: «Ayudaba a mi viejo durante toda la tarde mientras mi papá repartía carbón con mi vieja laburando también. Y al fin y al cabo uno lo que aprende de eso, ese sacrificio que los padres hacen por uno, pero nada, es una ayuda que a mi papá le venía muy bien y nosotros intentábamos hacerlo lo mejor posible entre todo lo que teníamos que hacer para poder también tener un plato de comida en casa».
La madre fue quien lo empujó hacia Rosario Central. No fue una decisión sencilla, y hubo momentos en que el propio Di María quiso dejarlo todo por culpa de un entrenador: «A muchos le pasa y muchos dejan o a muchos le pasa y te terminan apartando. Fue un momento en el que quise dejar de jugar, en el que no quería saber más nada y nada, mi mamá como siempre, cabeza dura de seguir, de seguir, de seguir, que los entrenadores pasan y es la realidad y los que siempre quedan son los jugadores. Entonces seguí por el mismo camino, lo seguí intentando y bueno, al final se terminó dando».

Con apenas unas pocas decenas de partidos en Central, Di María tuvo la oportunidad de ir al Mundial Sub-20 con Argentina y eso le abrió la puerta a Europa. El destino fue Portugal, concretamente Benfica, un lugar del que reconoce que apenas sabía que existía: «El Sudamericano primero, después el Mundial, y me dio el santo para poder ir a Portugal, un lugar que ni siquiera sabía dónde quedaba, no sabía nada de nada. Pero cuando llegué me sorprendí muchísimo y me encontré con una ciudad parecida a Rosario, muy muy parecida, una gente increíble, agradable, feliz. Sinceramente no tengo otra palabra de agradecimiento a toda la gente de Portugal, de Lisboa, de Benfica, por todo lo que me brindaron durante los cinco años en total. Y nada, desde el día que llegué me convertí tipo como en un ídolo, que todavía no era porque todavía no había ganado nada, todavía no era nada. Pero ellos me tenían de esa manera. Veían cosas que yo en ese momento no veía, pero mientras iban pasando los años se fue dando todo y terminé siendo muy querido».
Ángel Di Maria en el Real Madrid
Después de cinco años en Portugal, llegó el salto al club más grande del mundo. El Real Madrid: «Son muy pocos los que tienen la posibilidad de llegar ahí. Son jugadores que o son extraterrestres o los demás estamos tocados por una varita y te dicen: hoy tenés esa posibilidad. Creo que el Madrid es como si fuese una selección. Es una selección en un club. Están los mejores de cada selección ahí. Tener la posibilidad de compartir vestuario con toda esa gente, de ver las cosas que uno ve, es algo increíble. En ese momento estaba Cristiano, Bale, Benzema, Modric, Kaká, Iker Casillas, Sergio Ramos, Pepe. Tener esa posibilidad de vestir la camiseta del Real Madrid fue algo único».
Aún así, nunca se dejó vencer por el miedo escénico: «Nunca me di cuenta que estaba en el Madrid, nunca me puse a pensar: llegué al Real Madrid. Creo que por eso también hice la carrera que fui haciendo durante toda mi vida. A mí me gusta jugar, disfruto de jugar al fútbol, soy feliz dentro de una cancha y creo que no me doy cuenta en dónde estoy. Intento disfrutar los momentos. Estar en el Madrid sin darte cuenta, te das cuenta que estás en el club más grande del mundo».
Jugar en el Madrid significó también vivir los Clásicos contra el Barcelona. Para Di María, esos partidos eran algo sobrenatural: «Cuando se enfrentaba Barça y Madrid, sea Copa del Rey, sea campeonato, el mundo entero estaba mirando ese partido. Era como una final del mundo. Estaba del lado del Madrid jugando con extraterrestres, por así decirlo, que era lo que eran, pero del otro lado era exactamente lo mismo. El jugar contra Leo, el jugar contra Iniesta, contra Xavi, contra Busquets, Piqué, Puyol, era algo increíble para mí, era soñado y lo viví siempre de esa manera».
El Madrid llevaba más de una década sin ganar la Champions League. Di María lo vivió desde dentro y recuerda la liberación que supuso finalmente conseguirla bajo las órdenes de Carlo Ancelotti: «Madrid llevaba años intentando la décima, años donde arrancaba la Champions y los titulares eran el Madrid por la décima y la décima, y estaba esa presión, esas ganas de querer ganarla, las ganas de volver a triunfar otra vez en Europa y más que nada por los jugadores, por los técnicos que tenía el Madrid, y no poder lograr esa competición era algo chocante. Creo que merecíamos esa Champions porque habíamos hecho mucho para poder lograrlo, dejando afuera a uno de los candidatazos que era el Bayern Munich también en su momento, ganándole local y después haciéndole tres o cuatro de visitante. Creo que era merecido que seamos campeones».
Sobre Ancelotti, Di María tiene palabras que van mucho más allá del elogio técnico habitual: «Ancelotti fue toda una persona increíble en lo que es táctico, en lo que es el armado, en todo eso. Es lo justo y necesario, pero después en lo grupal, es espectacular. No tenés a nadie descontento, no tenés a nadie que esté enojado porque no juega, no tenés a nadie del club que esté o diga algo malo de él, y lo demuestra en los lugares donde estuvo, lo demuestra todo lo que ganó, demuestra la clase de persona que es porque donde va lo reciben de la mejor manera. Para mí fue en ese momento como un padre porque me bancó en un momento en el que parecía que ya se me había terminado un ciclo ahí y él me bancó y me terminó poniendo de titular cuando no tenía en ese momento un lugar para poder jugar».

Y aquí Di María entra en un terreno más pantanoso, su la salida del Madrid. Una historia que todavía está envuelta en cierto misterio, aunque tampoco es de gran importancia dado que el club siguió en un ciclo ganador que pasó por encima de todo y de todos: «Hay muchas veces en el que uno piensa que fue el presidente, que fui yo, que fue otro, pero hay mucha gente involucrada en el medio en la que no sabés si es verdad lo que te dicen, si no es verdad, y uno se termina calentando, pensando de una manera, y yo de mi punto de vista creo que no fue de esa manera y sé que también no fue de esa manera y podía haberme quedado también».
Mala experiencia en el Manchester United
Si hay un capítulo de la carrera de Di María que genera más preguntas que respuestas, es su paso por el Manchester United. Llegó en el verano de 2014 como el fichaje más caro de la historia del club en ese momento: «Llegado al United, que era un club en el que yo miraba los fines de semana a las nueve, diez de la mañana, el haber llegado ahí era como decir: antes lo veía por tele o jugaba la Play con el United y hoy estoy vistiendo la camiseta. Y disfrutaba, disfrutaba de eso. Yo no la pedí, ellos me dijeron para usarla y obviamente que no iba a decir que no, era una camiseta que habían usado las estrellas más importantes del United y tener esa posibilidad era algo muy lindo, pero con una linda responsabilidad».
El comienzo fue prometedor. Goles, asistencias, rendimiento. Pero poco a poco la relación con Louis van Gaal empezó a deteriorarse: «Empezó todo bien. Yo empecé haciendo goles, asistencia, todos los partidos, y llevábamos un mes y algo, casi dos meses, que iba todo bien, y un momento para el otro empezó a cambiarme mucho de posición, de buscarme posiciones raras en las que no había jugado, posiciones en las que no me sentía cómodo. Me decía siempre todo lo malo que hacía en el partido, pero no lo bueno. Casi todos los días tenía charla, todos los días me hacía ver los videos de los errores, y nada, era una de las cosas que más me empezaron a molestar, que más me empezaron a sacar, más que nada porque yo soy de arriesgar todo el tiempo y claro, es obvio que voy a perder, capaz que de las diez que intente, cinco pases las voy a perder, pero esas cinco que paso es muy probable que pueda terminar en una situación de gol. Y él no lo veía de esa manera. Nunca entendió que yo era delantero, nunca entendió que los defensores están para recuperar si yo la pierdo. Y ahí empezó todo el conflicto con él, y las cosas no se iban dando, y yo en un momento para el otro me bloqueé, se me salió la cadena, y él decidió empezar a ponerme en el banco, y no volví a ser titular».
La situación familiar tampoco ayudó. No estaban cómodos en Manchester: «Sabía que la familia también no estaba cómoda, no estaba feliz en la ciudad. El clima tampoco te ayuda mucho a que uno pueda estar muy contento. Y con la pelea con Van Gaal, todo se fue armando como una bola cada vez más grande, y obviamente uno no quiere que pase, pero agradezco que me hayan querido robar porque a partir de eso fue cuando le dije a mi representante que me quería ir sí o sí, que no quería saber más nada, si tenía que rescindir, si tenía que pagar, pero me quería ir sí o sí. Y ellos aceptaron que me vaya, entonces fue lo mejor».
Llegada al PSG
Tras al fracaso en Manchester, el PSG fue para Di María la penúltima batalla del guerrero: «Fue de los lugares donde más feliz fui también, no solamente por haber estado siete años en París, sino porque nació mi hija, porque me fui amado, porque llegué ya amado, porque todos los años que estuve ahí fueron títulos y títulos y títulos. Es lo mismo que pasaba con el Madrid cuando tenés a los mejores al lado, es como que entrás y decís: es imposible que no ganemos hoy. Tenés esa sensación, eso de entrar y decir: si no hace gol Neymar, hace gol Kylian Mbappé, si no hace Kylian, hace Edinson Cavani. Si no hace Verratti… tener esa posibilidad de tener un abanico de jugadores en el que cualquiera te puede ganar el partido te da esa sensación linda de que cada partido que vas a jugar sabes que lo vas a ganar».
Neymar: el compañero que va más allá del fútbol
Entre todos sus compañeros en el PSG, hay uno sobre el que Di María se extiende con especial afecto: «Cuando llegó y se empezó ya a juntar con nosotros, me di cuenta que lo que decía Leo se quedaba corto por la clase de persona que es, como sus amigos y después él. Fue siempre igual desde el día que llegó hasta el día de hoy. Nada, siempre desde el día que llegó abrió la puerta de su casa para todo, para lo que necesite uno, en todo sentido. Siempre, cuando venían los cumples de Mia, era él, todo ese show de cosas que él armaba, de gente que venía a cantar desde Brasil, de ser cumpleaños de quinientas personas, de que todos tus compañeros vayan, de que se iba de una manera tan linda con tu mujer, con tu novia, con lo que sea. Y nada, creo que eso a uno lo hace que se aferre más a esos compañeros y a dejar la vida por ellos. El cariño que le tengo es inmenso porque es no solamente un jugador extraordinario, de los mejores que ha sacado el fútbol, sino que como persona es diez veces más».

En medio de toda esa felicidad parisina, hay un momento que no tuvo gracia ninguna, perder la final de la Champions: «Veníamos de una Champions increíble. Pasó todo esto, lo del COVID, justo ahí que frenó un poco todo. Volvimos otra vez y terminamos llegando a una final con un estadio vacío, y creo que habíamos hecho una final increíble donde tuvimos muchísimas situaciones, donde jugamos muy bien la final, pero bueno, el fútbol es así y a veces se te escapa por nada. Uno lo acepta de esa manera, pero creo que ahí sí te puedo decir que me fui con la espina de no haber podido ganar la Champions porque creo que hicimos muchas cosas durante muchísimos años para poder lograrlo. Siempre ayudamos y aportamos muchísimo al club, todos juntos, para poder lograrlo, y no haber podido, con la cantidad de jugadores que habían venido, jugadores fueron pasando, estrellas, y no haber podido lograrlo. Sí, fue una espina que me quedó».
Messi en el PSG
Si hay una figura presente en toda la carrera de Di María, esa es la de Leo Messi. Compañeros en la selección argentina desde hace más de una década, la llegada del astro barcelonista al PSG en 2021 tenía pinta de ser estratosférico: «Tenerlo a Leo todas las veces que estábamos convocados a la selección y tenerlo ahí todos los días durante diez, doce, once días era algo espectacular, algo muy lindo, pero el poder compartir el día a día, la familia, el asado, juntarse, era obvio que era otra cosa. Y tenía esas ganas de poder disfrutar de todo eso con él, de poder estar con él, y nada, el que el PSG me haya dado esa posibilidad fue algo muy lindo, y la verdad que más que feliz de haber podido disfrutar ese año con él. Todos esos momentos en los que pude disfrutar con él, esos momentos en los que seguramente en su época disfrutaban con Diego Maradona, nosotros hoy lo disfrutábamos con Leo. Todo eso es algo único para uno. Es el mejor jugador de la historia y el poder estar con él cada día, el entrenar, todo, es algo hermoso».
La otra gran historia de Di María es, naturalmente, la selección argentina: «La camiseta de la selección no tiene comparación con nada, sobrepasa todos los límites. El saber que estás vistiendo una camiseta que en su momento vistió Diego, que en su momento vistieron grandes jugadores campeones del mundo, y el poder tener esa posibilidad de vestirla durante tantos años, no tiene precio».
Pero durante años, ese honor convivió con la angustia de no poder coronarlo con un título: «Creo que eso fue algo malo para la generación: para el Kun, para Masche, para Pocho, para Fer, para Vía, para todos los chicos que pasaron por esa mochila. El tener ese karma de no ganar, de tantos años, de tantas veces que llegaba a la final y perdía la selección, de que no pasaba de cuartos, de que no pasaba. Entonces todo eso se termina acumulando y al final termina pesando. Chile fue un año increíble donde merecimos más de lo que con lo que nos quedamos, pero el fútbol es así y te da esos golpes y bueno, la teníamos que bancar. Cuando las cosas no se dan, no se dan y es así».
El cambio llegó con Lionel Scaloni: «Empezó todo como normalmente a veces empieza la selección, alguien que viene no tiene nombre, que empiezan las críticas, que empiezan las cosas malas como normalmente pasa. Fue un cambio importante porque era gente que había vestido la camiseta, era gente que estaba involucrada en lo que era la selección, gente que estaba capacitada no solamente por quiénes eran, sino porque tenían algo ya en mente. Sabían que había que hacer un cambio de generación, que había que empezar a mostrar y a buscar y a probar chicos, que empieza a traer más a unos que a otros, empezar a armar un grupo, empezar a armar una sociedad alrededor de Leo. Y eso hace que poco a poco la cosa vaya agarrando ritmo, vaya agarrando el gustito, que la gente empezó otra vez a entusiasmarse con la selección. Y el haber salido tercero en la Copa América 2019 como que no fue un fracaso, como que fue algo positivo, hizo que todo empiece a encaminarse».
Hasta que llegó Qatar. El Mundial que Argentina necesitaba: «Ese golpazo como que nos lo dimos, pero a la vez dijimos: perdimos un partido que no teníamos que perder porque creamos situaciones, porque hicimos goles que estaban fuera de juego por nada. Era esa sensación de que perdimos, pero a la vez no pasó nada. Sí, con la responsabilidad de que venía México y que iba a ser complicado porque ellos con un empate les iba a venir muy bien, pero sabíamos que estábamos haciendo las cosas bien y que veníamos de una seguidilla de partidos y de trofeos como la Copa América, la finalísima, y veníamos encaminados a poder ir por ese Mundial».

Argentina remontó. Llegó a la final. Y en ella, Di María protagonizó uno de los goles más recordados de la historia de los mundiales: «Pude hacer el segundo gol y bueno, lo dije muchas veces: yo ya terminé empujando. La magia la hicieron los otros, la presión de Julián, el primer toque de Nahuel, el toque de Alexis, de Leo, de Julián otra vez. Nada, creo que ellos hicieron toda la magia y me dejaron a mí ahí como para que digan: hace otra vez otro gol en una final. Y se terminó dando un gol increíble, y para mí mirado goles y goles, pero creo que es uno de los mejores de la historia de un Mundial».
Cuando Argentina levantó la copa en Lusail, Di María pronunció unas palabras que no estaban planeadas pero que resonaron en todo el mundo hispanohablante: «Gracias, Diego». Una ofrenda espontánea al eterno número diez: «Fue algo hermoso, loco, porque no lo había ni siquiera pensado, pero se ve que sí, sí lo dije así. Siempre desde que él se fue, siempre le pedí, siempre intenté decirle que me dé una mano por todo lo que había sufrido antes y todo. Fue como un papá porque me protegió siempre de todo, siempre estuvo intentando dejarme al margen de todo. No sé si significaba algo que digo: me lleva a un Mundial. Sino que si significaba que me haya ido a ver al Benfica cuando yo tenía veinte años, el poder haber ido a ver a otros jugadores y haber venido a Lisboa a verme a mí en el Benfica. Ahí en ese momento no caía que él estaba ahí, que me había venido a ver a mí en especial porque era yo solo que estaba ahí en ese momento. Nada, fue algo increíble. Siempre hablaba, le decía cosas, lo más grande, pero a mí que las cosas no me iban saliendo no me decía nada, me dejaba que disfrutara, el no tener presión. Nada, la verdad que todo lo que viví con él fue todo lindo».


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