
El histórico club de fútbol popular italiano nació a medias como una protesta y como una broma de unos tifosi de la Fiorentina descontentos con la industria del calcio. Tras 16 años de existencia, se ha expandido como un proyecto formativo y accesible que devuelve el balompié a sus orígenes de barrio.
«Buscamos un fútbol más humano, pegado al suelo. Antes, el fútbol era popular, ahora se ha vuelto una cosa para ricos, casi como el golf o el tenis. Un chico para apuntarse a una escuela de fútbol en Italia paga 1000 euros de matrícula, 300 de materiales. ¿Para entrenar tres veces por semana? Aquí pueden venir todos. No tomamos decisiones por dinero».
Francesco Bragalone es el entrenador del primer equipo femenino del Centro Storico Lebowski, que disputa sus encuentros en la cuarta categoría de fútbol italiano, Promozione. Nos atiende en la única grada del estadio del club, la curva Moanna Pozzi —sí, en honor a la fallecida actriz porno italiana—, mientras prepara una charla a sus jugadoras bastante importante: perdieron su anterior encuentro y toca repasar los fallos.
Este veterano preparador cree que a las aficiones de los equipos grandes del Calcio «les gustaría tener que lo que tenemos aquí. El Lebowski es de sus seguidores y eso hace que se viva diferente. Todos se preocupan por todos. El primer equipo masculino es el más seguido, eso es normal, pero a mi todos los lunes o martes me comentan el resultado del femenino, y yo sé cómo han quedado todos los juveniles. El Lebowski es también que los chicos del barrio estén aquí y no en la calle, y te preocupas por los resultados porque te sientes en familia».
El CS Lebowski es el equipo más conocido del fútbol popular italiano, un club con estructura cooperativa y propiedad de sus socios, al estilo del ibérico Unionistas de Salamanca o el pionero United of Manchester. Su nombre es una referencia nada disimulada al personaje de Jeff Bridges de El Gran Lebowski (1998), de los hermanos Coen, cuya perfil característico con perilla y gafas de sol luce en el escudo.
Un club que empezó como una broma de aficionados descontentos con la Fiorentina y ahora cuenta con más de 300 jugadores distribuidos entre todas las categorías formativas tanto en el masculino como en el femenino.
Drugos, dudes, notas
«Eramos un grupo de amigos tiffosi de la Fiorentina cansados de lo que veíamos en el campo cada semana cuando leímos en el periódico que había un equipo en la ciudad que jugaba en la última categoría del fútbol italiano y tenía 0 puntos y 99 goles encajados esa temporada. O sea, era la mierda. Y decidimos que preferíamos animarlos a ellos».
Duccio, que solo quiere que se lo cite por ese nombre y como ‘ultra del Lebowski’, fue uno de los fundadores del actual club y del grupo original que un fin de semana de 2004 acudió a un partido del por entonces AC Lebowski. «Aquello, que era una broma, se convirtió en algo serio. Así que cuando el club iba a desaparecer, en 2010, decidimos que no lo haría. Seguiría existiendo y nosotros, todos los fans, seríamos los dueños».
Así nació la actual encarnación del Centro Storico Lebowski. El nombre viene de que «las conversaciones para crearlo fueron un banco en una plaza del centro histórico de Florencia, cuando todavía era un lugar que era nuestro, de los vecinos, hace 20 años. Llamarlo así era declarar que queríamos estar lejos de las ligas grandes». Ahora, cuando las instalaciones del club se encuentran en la periferia de la ciudad, «significa otra cosa: lo que antes tenías allí, eso somos nosotros. El centro ya es solo del turismo, no de la gente, pero esto sí es nuestro».
Lebowski, ‘The Dude’ en el original, ‘El Nota’ en el doblaje español, es ‘Il Drugo’ en la versión italiana, un sobrenombre de lecturas burguessianas —o kubrickianas, allá cada cual se apañe si libro o película— que en otras circunstancias sonaría bastante peor asociado a un grupo de ultras. En el caso del CS Lebowski, el bar del club une el sobrenombre del ‘héroe’ que le da nombre al club con el de osteria, taberna en la lengua de Dante, para convertirlo en la Drugosteria.
Duccio nos atiende haciendo pausas en su turno de atender el bar del equipo y mientras ayuda a preparar bocadillos para cuando los jugadores y jugadoras de los dos equipos absolutos acaben sus entrenamientos. Cuando le preguntamos si el Lebowski tiene objetivos deportivos, habla de «estar juntos y encontrar una especie de escapatoria a este mundo que solo crea dificultades. Ser felices haciendo las cosas como nos gustan. Buscamos un pedazo de sol».
The power to the fans
«Ganar no es secundario. Queremos ganar. Tenemos una estructura profesional. Pero ganar no es más importante que evitar los vicios del fútbol moderno. Ponemos límites éticos en los sueldos, porque no es un justo que un maestro o un conductor de autobús cobren menos que un futbolista. Eso no los pone más difícil… pero nuestro objetivo es ganar», explica Raffaele Ballini, entrenador del primer equipo masculino desde mitad de la temporada y director deportivo del club desde hace cuatro.
«Esta forma de trabajo es muy particular. Todo debe ser compartido y hecho a pequeños pasos. Y tenemos nuestra filosofía. Si encontramos un jugador fortísimo que quiere venir y nos podemos permitir, no debe tapar a nuestros jugadores con los que nuestros aficionados ya tienen un vínculo. Nadie es más importante que otro, no aceptamos que un jugador o un entrenador pueda limitar a quien lleva aquí 5, 6 ó 7 años».
Ballini tiene claro lo de respetar los resultados tomó las riendas del primer equipo masculino a primeros de este 2026 precisamente por la urgencia de los resultados. Hasta mediados de abril, el Lebowski se fajaba en las últimas plazas del Grupo B de Toscana de la Promozione, el sexto nivel del fútbol italiano, amenazando con descender a Prima Categoria.
Mientras el entrena a los hombres, su colega Bragalone anda gritando en vestuarios a las mujeres. Entre ellas hay una española, Patricia Ruth Martínez, que en nuestro país jugó en Alcoyano, Ontinyent o InterCity y aquí combina su beca Erasmus con el fútbol. Entre carreras para no llevarse una bronca extra, nos comenta que «el nivel es diferente al del España, pero crear un grupo humano como este es difícil».
«Para mi el Lebowski es la unión perfecta entre mantener la pasión por el fútbol y hacer algo a nivel social», explica Matteo, entrenador del masculino y que se gana la vida como profesor de español después de haber vivido unos años en Madrid. «Aquí yo soy militante, no solo un entrenador».
En su caso lleva siete años formando parte del club, tanto en diferentes tareas dentro de la estructura como en el rol de socio y aficionado. Defiende la mudanza a la periferia, en la Via de’ Vespucci —más cerca del aeropuerto que del Duomo de Florencia, casi fuera del término municipal—, que vivió hace tres años, como una forma de «estar más vinculados al territorio, nos gustaría crecer aquí más allá del fútbol, ser un club polideportivo».
La Scola Calcio nació en 2016 y para Matteo es el elemento más importante del club: «el fútbol es un medio para hacer algo más. No nos interesa solo crear jugadores, sino tener seres humanos con unos valores lo más abiertos posibles».
En su caso defiende el parentesco de estos clubs con las antiguas ‘Casas del Popolo’: «mi padre cada vez que viene me dice que le recuerda a eso. Eran espacios sociales, donde jugar al futbolín, encontrarte con la gente del barrio, tenían una vertiente política… Para mí es más el sentido de comunidad que el fútbol».
En España el CS Lebowski estuvo de actualidad para la comunidad futbolera en 2021 por ser el lugar de la retirada de Borja Valero. El ex jugador de Villarreal, Mallorca o Inter de Milán y canterano del Real Madrid, además de internacional absoluto, que acumuló hasta siete temporadas en la Fiorentina en dos etapas y sigue siendo vecino de Florencia.
Su debut en la sexta división del fútbol italiano fue celebrado por el club con un vídeo parodia del célebre anuncio ‘Take It to the Next Level’ de Guy Ritchie para Nike. En el mismo se veía, en cámara subjetiva, la trayectoria de un jugador holandés que pasaba de categorías inferiores al Arsenal y de ahí a jugar con su selección, con cameos de estrellas como Cesc Fábregas o Cristiano Ronaldo.
En la versión con Valero, este conducía hasta una ciudad deportiva en mitad de la nada, cocinaba, cargaba bidones de agua y recibía burlas de sus compañeros de equipo… para luego acabar todos tomando algo en el bar del club. El lema de la campaña era: ‘The Next Level Is The Power to The Fans’.






